Connect with us

Con voz propia

Guatemala, ejemplo para México

Guatemala ha dado un ejemplo al mundo al meter a la cárcel a su presidente por corrupción y abuso de poder, demostrando con ello inteligencia ciudadana

Avatar

Published

on

 

El expresidente de Guatemala, Otto Pérez Molina. Foto: EFE

El expresidente de Guatemala, Otto Pérez Molina. Foto: EFE

Ricardo V. Santes Álvarez

El pasado 25 de abril, el diputado Amilcar Pop denunció penalmente al presidente Otto Pérez Molina, y a su vicepresidenta, Roxana Baldetti, por la comisión de supuestos delitos, entre ellos, asociación para delinquir y enriquecimiento ilícito. Tras la renuncia de Baldetti, el 8 de mayo se revelan operaciones de la estructura fraudulenta “La Línea”, dos días después de que el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) acusaran a su exsecretario privado, Juan Carlos Monzón (prófugo), de liderar la red. El escándalo se da en medio de multitudinarias manifestaciones que exigen la salida del Presidente y el reemplazo del gabinete. El 25 de agosto, el MP revela nexos de Pérez Molina con “La Línea”. El 27 de agosto, cientos de guatemaltecos inician paro nacional reiterando la exigencia de renuncia. La Procuraduría recomienda dicha renuncia. El Congreso integra la comisión pesquisidora para evaluar el antejuicio al presidente. El 28 de agosto, el jefe de Estado rechaza renunciar: “No podemos romper las leyes del país, aquí deben de haber elecciones (…) yo estoy aquí; no voy a darle la espalda al pueblo de Guatemala, no voy a esconderme…”, declara. El 1 de septiembre, el Congreso retira la inmunidad a Otto Pérez al considerar que existen suficientes pruebas para procesarlo. El 2 de septiembre el MP emite orden de arresto en su contra. En la madrugada del 3 del día siguiente, se confirma que el mandatario entregó carta de renuncia. El Congreso la aceptó y, sin mayor preámbulo, fue enviado a prisión. El viernes 4, el ahora ex Presidente Otto Pérez Molina despertó tras las rejas.

Cronología del caso Otto Pérez Molina

TeleSur

El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), que año con año elabora la organización Transparency International mide los niveles de apreciación de esa práctica negativa en el sector público de 175 países y territorios. La escala utilizada va de 0 a 100, donde el valor mínimo significa ‘altamente corrupto’ y el valor máximo ‘muy limpio’. En la medición 2014, misma que puede consultarse en el sitio web de la organización, sin sorpresa vemos que Dinamarca y otros nórdicos, junto con Nueva Zelanda, ocupan los primeros cinco lugares; esto es, son las perlas de la honestidad y el buen desempeño.

Para Latinoamérica, las cosas no pintan bien, pues no obstante que Chile y Uruguay ocupan, ambos, el sitio 21, y Costa Rica el 47 (IPC de 73 y 54, respectivamente), mostrándose como los tres menos corruptos de la región, los demás examinados quedan debajo de los 50 puntos. Reprobados. México, por caso, se ubica en el sitio 103, con un IPC de apenas 35; sí, de 100 puntos posibles, apenas alcanza 35. Vergonzoso.

El diccionario de la Real Academia Española define corrupción como una práctica que se realiza en “las organizaciones, especialmente en las públicas, consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. Un punto de inicio para buscar causas, explicaciones y alternativas de solución a este cáncer es, por tanto, la actividad de los servidores-funcionarios públicos. No es que esa mala práctica no ocurra en otros ámbitos, pero resulta más dañina cuando impacta en el erario.

Si gustamos criticar a otros países del área, es mejor andarnos con cuidado. Cuba, Brasil, El Salvador, Perú, Colombia, Panamá y Bolivia quedan por arriba en el índice; son menos corruptos. Inclusive ocupando México mejor posición en la región que otros, como Argentina, Ecuador, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Nicaragua, o Venezuela, no hay garantía que las cosas sean mejores acá que allá. De la misma forma, no hay seguridad que allá nada cambie, como acá.

Para muestra, un botón. Guatemala, ocupante del lugar 115 (IPC de 32), acaba de dar una lección de democracia y dignidad a todas las naciones del área y de otras geografías. El pueblo guatemalteco ha demostrado que, cuando está decidido y unido en aras de un objetivo común, logra lo que se propone: ha enviado a prisión a quien hasta el amanecer del 3 de septiembre fue su presidente, Otto Pérez Molina. Ni más ni menos. La acusación, como se relata arriba, es diversa, pero queda claro que el enriquecimiento ilícito y la asociación para delinquir se ubican en el dominio de la corrupción, por haber utilizado el ex-presidente su alto encargo y la inmensa cantidad de medios a su alcance, para obtener un provecho personal. “La Línea”, en concreto, se traducía en que hombres de negocios pagaban sobornos (“moches”, pues) a funcionarios gubernamentales y oficiales aduaneros para que se les permitiera evadir derechos de importación.

¿En dónde los mexicanos hemos escuchado o sabido de algo parecido? En nuestro país, ¿quién puede dudar que el cargo de un funcionario sea, en la mayoría de los casos, vía libre para incurrir en actos que le garanticen ventaja de cualquier índole? Es difícil hallar un servidor público que sea inmune a la corrupción; tal vez por eso, al primer mandatario mexicano Enrique Peña Nieto, se le llena la boca cuando dice que es un asunto cultural. Su mensaje es que no le busquemos “tres pies al gato” ni cosa por el estilo; que somos mala sangre y que no hay vuelta de hoja. Y si ello es así, es un sinsentido pedir explicaciones sobre casas blancas o casas “malinalcas”, inmuebles “donados”, pinturitas regaladas, bitácoras de helicópteros, o contratos oscuros. Es un despropósito de algunos inadaptados porque todo ello es parte de la normalidad. Es más, tan interiorizado está el virus “cultural” que las pesquisas de los ministerios públicos, las resoluciones de las cortes, o las exculpatorias indagaciones de instancias de la función pública son viciadas por definición. Sí ¿y qué? Total, así somos. Si en el subcontinente no hay nada que hacer, pues en México menos.

Por fortuna, del Sur (no del Norte) llega una alentadora lección: la corrupción, pueblo mío, NO es cultural. Son los corruptos quienes tratan de convencernos de que ese mal es compartido por todos para justificar sus pillerías. El pueblo guatemalteco, harto de gobernantes sucios, ha mandado al cabecilla de la banda, el mismísimo mandatario de la República, a donde debe estar: la cárcel. Cierto es que, como lo señalan analistas, el hecho ocurrió gracias al apoyo de una instancia externa como la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Sin embargo, lo importante es que aconteció, lo que demuestra que la limpieza de una sociedad es factible cuando el interés surge, primeramente, desde ella misma. NO de sus “líderes” incrustados en el gobierno (ellos están muy bien con el actual estado de cosas) o en los partidos políticos. NO de ministerios de función pública, NO de sistemas nacionales “anticorrupción”, ni elefantes blancos semejantes. Por otro lado, las ayudas de fuera son imprescindibles, pues de eso se trata ser parte de la comunidad internacional.

La terrible situación que pasa México en todos los ámbitos, que ha derivado en la falta de credibilidad y confianza en sus instituciones, tanto en el interior como en el exterior, ha orillado al propio Peña Nieto a reconocerla como inmenso desafío para lo que resta de su malogrado desgobierno. Es, sin duda, una circunstancia que demanda atención urgente. El país ha tocado fondo, y si la sociedad no se organiza y cambia el rumbo, las consecuencias serán funestas en el corto (muy corto) plazo. Los hermanos guatemaltecos han dado el ejemplo y por ello merecen un sincero agradecimiento. Los mexicanos… ¿Cuándo?

Inicio

@RicSantes

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Arteleaks

Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, de Styron

Alberto Farfán

Published

on

Recordando a William Styron

Por Alberto Farfán

Lejano a nosotros desde hace catorce años, el escritor norteamericano William Styron (1925-2006) puede considerarse uno los autores de gran importancia de nuestro vecino país, quien nos lega una serie de obras para conocer con grata atención. En Un lecho de tinieblas (1951), su primera novela publicada a los 26 años, Styron nos relata el suicidio de una joven miembro de una peculiar y enigmática familia de Virginia, en cuya atmósfera se respira cierto aire faulkneriano. Las pasiones destructoras que socavan las instituciones de la sociedad y la absurdidad de la vida militar son el tema de La larga marcha (1955). Por otro lado, en Esta casa en llamas (1960), ambientada en la Italia de los años cincuenta, nos refiere que la violencia individual no constituye un remedio eficaz contra la decadencia moral.

Ganadora del premio Pulitzer en 1967 y reconocida a nivel mundial, la novela Las confesiones de Nat Turner refiere la verdadera historia de una sangrienta rebelión de esclavos que se suscitara en 1831 en Virginia; no obstante lo cual, grupos de militantes afroamericanos arremetieron contra nuestro autor acusándolo de racismo, pues para ellos el protagonista resultaba ser un negro con mentalidad del ominoso blanco norteamericano.

La decisión de Sophie (1979), que relata las vicisitudes de una superviviente del Holocausto, fue llevada al cine e interpretada por Meryl Streep con un gran éxito internacional. Con esta novela nuestro autor volvió a conocer la gloria, sin embargo, también tuvo que enfrentar una serie de cuestionamientos, ya que fue acusado de hacer una utilización acrítica de la exterminación de los judíos europeos por los nazis en aras de la comercialización.

En 1993 publica Una mañana a la orilla del mar: Tres relatos de juventud, cuyo sustento narrativo descansa en los momentos dolorosos de su infancia (amén de ciertas obras póstumas). Pero antes da a conocer su texto Esa visible oscuridad: Memoria de la locura (1990), sobre el cual deseo abundar con cierto detalle.

De este relato, titulado de manera exacta como Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, surge inexorable el testimonio de un hombre que se enfrenta con el infierno. Los abismos de la locura y la inconsistencia de psiquiatras y la medicina, más los deseos de muerte, el suicidio, se entrelazan vertiginosamente para abatirlo.

En ciertos instantes pareciera que su autor refiere una honda y, al mismo tiempo, terrible pesadilla de ficción que reúne todos los elementos necesarios para su inequívoca cristalización. Sin embargo, nada de lo escrito es resultado de la imaginación creadora. Styron nos habla de la experiencia vivida, de su propio caso clínico.

Nuestro autor visita al psiquiatra por presentar insomnio, pero, en realidad, es objeto de un trastorno depresivo mayor (TDM), nunca diagnosticado oportunamente.

Y a pesar de que “el horror de la depresión es tan abrumador que excede con mucho toda posibilidad de expresión”, Styron viaja a París para recibir un premio, el cual bien valía un regocijo interior; no obstante, su actuación es desastrosa. A su retorno nada cambia. Su malestar se agudiza. Se encuentra inmerso en el pánico, en la ansiedad; hay confusión, fallas de enfoque mental, agitación, temor difuso. “La oscuridad me invadía tumultuosamente, tenía un sentimiento de terror y enajenación, y, sobre todo, de sofocante ansiedad”. Experimentaba “pánico y desgobierno, y la sensación de que el proceso de mi pensamiento se hundía bajo una marea tóxica e inenarrable que obliteraba toda respuesta placentera al mundo viviente.”

Debido a su afección, Styron investiga en diversos textos de autoridades en la materia, además de acudir con otro especialista; los anteriores a quienes recurrió por insomnio, que aún persistía, sólo le recetaron dosis de halcion y lorazepam. Pero su estado no se modifica. “La locura de la depresión es, generalmente hablando, la antítesis de la violencia. Es una tormenta, sí, pero una tormenta de tinieblas. Pronto se manifiestan síntomas como la lentitud cada vez mayor en las respuestas, una semi parálisis, el corte de la energía psíquica hasta casi cero. Por último es afectado el cuerpo, y se siente socavado, exangüe.”

Por ello, ya empieza a definirse por el suicidio, que no lleva a cabo porque oportunamente pide se le interne en una institución mental. En este sentido, Styron hace un llamado con respecto al uso del halcion, cuya peligrosidad no es cosa de la imaginación, pues, si así fuese, no hubiera sido “terminantemente prohibido en los Países Bajos”, afirma. Pero también llama la atención sobre la negligencia de algunos médicos al prescribir dosis de otros medicamentos similares sin un diagnóstico adecuado.

De impecable factura, Esa visible oscuridad: Memoria de la locura nos arroja a la terrible odisea del infierno interior, pero además nos obliga a reflexionar acerca de nuestra vulnerabilidad en manos no siempre consecuentes con su profesión.
Finalmente, estimado lector, lo invito a leer todas sus obras como un mínimo homenaje.

Continue Reading

Con voz propia

#Justicia para….

Avatar

Published

on

Contrafilo

José García Segura

En dos semanas más se conmemora en México el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer. Ese festejo será triste otra vez. Hace apenas 24 horas, Florisel Ríos Delfín, alcaldesa perredista de Jamapa, Veracruz fue secuestrada y asesinada por un grupo armado que opera en la región.

La semana anterior, policías de Cancún, Quintana Roo pusieron fin, a tiros, a una manifestación feminista. Para no ir muy lejos, ¿Se acuerda usted de Diana (Diana Carolina Raygoza Montes) estudiante nayarita asesinada hace tres años en su propia casa?, y de la estudiante mexiquense, o de….

Un reporte reciente del Sistema Nacional de Seguridad Pública refiere que feminicidio, homicidio culposo, lesiones dolosa y/o culposa,
secuestro y trata de personas están a la alza, aun en medio de la pandemia.

Deje le cuento que el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer se conmemora cada 25 de noviembre en honor a
las activistas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, asesinadas hace más de medio siglo por la policía secreta del entonces presidente dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Día de la NO violencia verbal o física, sexual, psicológica… contra indígenas, refugiadas, migrantes, que habitan en comunidades rurales o
remotas, indigentes, recluidas, con alguna discapacidad, ancianas o que enfrentan un conflicto armado.

Violencia de pareja o no. Violencia doméstica o no; violencia patrimonial, económica…

La Organización de Naciones Unidas revela que “mujeres y niñas constituyen la mitad de la humanidad” y que la violencia contra ellas
se ha convertido en un grave problema de salud pública.

Para la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres “han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual
por terceros en algún momento de su vida”.

Expertos aseguran que la violencia de pareja tiene un elevado costo social y económico para la mujer, su familia y la sociedad y que puede
tener consecuencias mortales, como el homicidio o el suicidio.

En México el Instituto de las Mujeres publicó recientemente un texto alusivo:

“No es mi cumpleaños o ningún otro día especial; tuvimos nuestro primer disgusto anoche y él me dijo muchas cosas crueles que en verdad
me ofendieron. Pero sé que está arrepentido y no las dijo en serio, porque él me mandó flores hoy.

No es nuestro aniversario o ningún otro día especial; anoche me lanzó contra la pared y comenzó a ahorcarme. Parecía una pesadilla, pero de
las pesadillas despiertas y sabes que no es real; me levanté esta mañana adolorida y con golpes en todos lados, pero yo sé que está arrepentido; porque él me mandó flores hoy.

Recibí flores hoy y no es día de San Valentín o ningún otro día especial; anoche me golpeó y amenazó con matarme; ni el maquillaje o las mangas largas podían esconder las cortadas y golpes que me ocasionó esta vez.

No pude ir al trabajo hoy, porque no quería que se dieran cuenta. Pero yo sé que está arrepentido; porque él me mandó flores. Recibí flores hoy y no era el día de las madres o ningún otro día especial. Anoche el volvió a golpearme, pero esta vez fue mucho peor.

¡Le tengo tanto miedo! dependo tanto de él que temo dejarlo. Pero yo sé que está arrepentido, porque él me mandó flores hoy.

Recibí flores hoy. Hoy es un día muy especial: “Es el día de mi funeral”.

Continue Reading

Con voz propia

Ackerman, el Covid y otras historias de horror

Ramses Ancira

Published

on

Historias para armar la Historia

Ramsés Ancira

 Esta semana John Ackerman mostró que no tiene ningún rigor profesional como comunicador, es un vulgar propagandista del gobierno en turno y ni siquiera tuvo el tacto de aprovechar la oportunidad periodística para abordar el tema de la violencia y los feminicidios en Cancún, como atinadamente se lo propuso la conductora Sabina Berman en el programa “John y Sabina”.

Con tono conciliador, Sabina Berman inició la emisión en vivo del programa del 10 de noviembre: “Esta noche como notarán, hemos vuelto al formato original del programa, el formato que mantuvimos a lo largo de todo el año pasado, el formato igualitario. A veces yo presento, a veces John lo hará, ambos elegiremos los temas a tratar y los invitados, y no habrá un conductor que ceda y quite la palabra. La igualdad tiene sus problemas, sus tropiezos, pero la igualdad es más fértil que el monotemático autoritarismo”.

Durante la hora de duración del programa, Ackerman jamás le respondió a Berman. Definitivamente no es el mismo que hace seis años convocaba a la participación ciudadana en los grandes debates de México.

Conocí a John Ackerman en el Club de Periodistas de México, durante una conferencia de prensa donde se hablaba de la corrupción de Enrique Peña Nieto como gobernador del Estado de México y de todos los gastos injustificados de su administración.

Dio tres datos que se me quedaron en la memoria, uno de ellos el presupuesto destinado a desayunos escolares, si se hacía la cuenta del dinero y se repartía entre el número de desayunos, resultaba que el precio promedio era más alto, que los costos más altos de los menús en restaurantes.

El otro fue que a todos y cada uno de los diputados del Estado de México, incluidos priistas, panistas y perredistas, les había regalado una camioneta de lujo al terminar su administración y empezar a prepararse como candidato a la presidencia de la República. Al parecer solo un legislador, del Partido del Trabajo, había rechazado el regalo.

El tercer dato que dio Ackerman estaba relacionado con las obras que se habían encargado en el Estado de México a la empresa española OHL para la construcción de vialidades. Los contratos establecían, según se dijo entonces, que a cambio de la concesión de carreteras urbanas se realizarían obras gratuitas, situación con la que no habían cumplido.

En 2014, Ackerman lanzó la iniciativa de un Congreso Popular. La inscripción podía hacerse por internet y la posibilidad de una democracia real, con la participación directa de los ciudadanos y no a través de representantes que ni conocemos, ni realmente nos representan. Realmente me entusiasmó. Me adherí al proyecto.

Los niveles de violencia y agresión a los que hemos llegado, dijo entonces  el también profesor de la UNAM, son inadmisibles.  Las marchas son buenas, pero desgastantes. “Los desplegados de las grandes figuras públicas también son importantes, pero tienen menos impacto que antes…tenemos que empezar desde ahora a construir experiencias de poder popular y de trabajo conjunto”.

El primer y prácticamente último acto del Congreso Popular fue una marcha para protestar “por el traslado de lo público a lo privado”. El aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917 fue la ocasión para anunciar el inicio de una serie de debates sobre los asuntos nacionales más importantes.

¡Que se vayan todos!, era la consigna.

Artistas como Daniel Giménez Cacho, y académicas como Irma Sandoval, entonces directora del Laboratorio de Documentación y Análisis de la Corrupción y la Transparencia de la UNAM, convocaron al Congreso Popular, en aquel tiempo se ignoraba que era la esposa de Ackerman.

También participaron en este Congreso varios escritores, como Elena Poniatowska, Javier Sicilia, Julio Hernández, autor de la columna Astillero, Guadalupe Lizárraga, fundadora de Los Ángeles Press y Paco Ignacio Taibo, además del autor de esta columna.

Ese mismo año, ocho meses después ocurrió la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, pero el Congreso Popular no realizó deliberaciones. Prácticamente había desaparecido. Tengo la impresión de que muchos de los convocantes sintieron que Ackerman solo deseaba llevar agua a su molino.

Así lo señaló recientemente el director de la revista Proceso, Jorge Carrasco, cuando dijo que este es un proyecto periodístico y no un proyecto político como el de Ackerman y agregó “tus declaraciones sobre el “periodismo sicario” no pueden ser compartidas por esta casa editorial”.

En efecto, el reduccionismo de Ackerman de comparar a quien tenga el mínimo desacuerdo con el proyecto presidencial, con un asesino a sueldo del crimen organizado, no debería ser tolerado en un programa subsidiado por un medio público como es Canal Once.

 

El Covid y las clases sociales

Algo mal debe estar haciendo la Secretaría de Salud si todos los días aparece México entre los cinco países con mayor número de muertes por Covid, y una posibilidad es que lo que está mal es ser demasiado obedientes con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre qué medicinas se pueden usar y cuáles no.

El Tec de Monterrey montó un hospital para atender a enfermos de COVID y ha muerto uno de cada 10 pacientes; en la Secretaría de la Defensa Nacional 12 de cada 100; en la de Marina 16 de cada 100 y en Hospitales Privados 18 de cada 100. En los Institutos Nacionales la muerte asociada a este virus es del 27%, en los Hospitales de PEMEX del 36%; en el ISSSTE el 38% y en el IMSS 43%.

No se vale lo que dijo Hugo Gatell de que los muertos ya están muertos. Urgen congresos de médicos, que pueden ser virtuales, para que nos cuenten sus experiencias buenas y malas; las medicinas que emplearon y los resultados que tuvieron.

 

Bitácora suplementaria

Las críticas al presidente Andrés Manuel López Obrador por no felicitar a Joe Biden como presidente electo de Estados Unidos han llegado de todas partes. En realidad, la Doctrina Estrada de no reconocer ni desconocer gobiernos, al menos hasta que estos sean oficialmente reconocidos, ha sido benéfica en la historia de México. Hoy, y hasta enero, Donald Trump seguirá siendo presidente y sigue tomando decisiones radicales, como la de haber despedido al jefe del Pentágono Mark Esper.

Apenas el 11 de noviembre se hizo oficial el triunfo de Trump en Alaska. Esto no cambia los resultados definitivos, pero ¿cuál es la prisa?

Continue Reading

Trending