Guatemala: culpar a las víctimas

Migrantes guatemaltecas esperan el tren "La Bestia" en Méxco para viajar a la frontera norte. Foto: motherjones.com
Migrantes guatemaltecas esperan el tren “La Bestia” en Méxco para viajar a la frontera norte. Foto: motherjones.com

Mary Lawlor*

Tras la publicación de mi último artículo de opinión en The Irish Times sobre la crisis humanitaria de los niños/as indocumentados que llegan a los Estados Unidos desde Centroamérica, un lector escribió y cuestionó algunos de sus conceptos básicos.

“Es desconcertante que diez familias controlen la política en un país de más de 6 millones de habitantes”, sugiere el lector, “me parece que la responsabilidad primaria del bienestar del pueblo de Guatemala yace en el propio pueblo, y no justifica la condición de migrantes”.

Esto es una apología estándar del “culpar a la víctima” para mantener el statu quo. Sí, de alguna manera parece increíble que en el 2014 todavía sea posible que una elite pequeña – pero poderosa- pueda ejercer semejante control sobre la economía y la vida de un país de 14 millones de habitantes, pero es así.

Es un hecho que cada comentarista independiente sobre la situación en Guatemala identifica la enorme diferencia entre quienes tienen y quienes no tienen como una de las causas profundas de la tensión y el conflicto social en el país. Es claro que la violencia de las pandillas, el tráfico de drogas y el impacto causado por décadas de guerra civil también forman parte de esta ecuación.

De acuerdo con el Annual Human Rights Review del Departamento de Estado de los EE.UU., “Guatemala […] se encuentra entre los países latinoamericanos con los más altos niveles de desigualdad, cuyos indicadores de pobreza -especialmente en las áreas rurales e indígenas- se ubican entre los más altos de la región”.

Si uno mira el CIA World Factbook para Guatemala, puede hallar un análisis que va aún más lejos: “La distribución del ingreso permanece sumamente desigual, donde el 20% de la población, que representa a los más ricos, da cuenta de más del 51% del consumo general de Guatemala. Más de la mitad de la población está por debajo de la línea nacional de pobreza y el 13% de la misma está sumida en pobreza extrema. Entre los grupos indígenas, la pobreza, que alcanza al 38% de la población, llega a un 73% y la pobreza extrema, al 28%. Casi la mitad de los niños guatemaltecos menores de cinco años sufren desnutrición crónica, uno de los índices de desnutrición más altos del mundo”.

La pobreza no la causa el pueblo, sino un gobierno corrupto que ha priorizado sus propios intereses políticos y económicos por sobre el bienestar de las personas. Otra vez, citando al Departamento de Estado de los EE.UU.: “Los principales abusos de los derechos humanos incluyen la corrupción institucional generalizada, particularmente en los sectores policial y judicial, la participación de la policía y el ejército en delitos graves, como el secuestro, el tráfico de drogas y la extorsión, y la violencia social, que a menudo incluye violencia letal contra la mujer”. Ésta es una descripción del fracaso de las políticas de un gobierno que debería haber actuado en favor de los intereses del pueblo, pero que con demasiada frecuencia se vuelve un agente de mayor represión.

Pero en los términos del cuestionamiento principal del lector, me permito citar una edición reciente de The New Republic que se refiere a la estructura de la sociedad guatemalteca: “[Guatemala es] un lugar donde existen relaciones feudales e intrigas familiares, dominado por la violencia. Un puñado de familias controla la gran mayoría de la tierra, la riqueza y el poder, y se reparte los monopolios. La familia Castillo, por ejemplo, es dueña de Cervecería Centro América, la principal cervecería, la familia Gutiérrez, de Pollo Campero, la imitación nacional de KFC. Hay familias cementeras y familias rancheras… y en las sombras están los nuevos ricos, como los Leones y los Mendoza, activos en el tráfico de drogas.”

Estas son las personas que controlan la economía y que con su riqueza controlan también la vida política del país. Esta es la razón por la que son tan importantes las voces independientes en un país como Guatemala, y por qué Front Line Defenders prioriza la seguridad y protección de los/as defensores/as de los derechos humanos en general. Se trata de personas que desean quedarse en el país y cambiarlo desde adentro para construir una sociedad más justa y equitativa. Si podemos ayudarles en esta tarea, confiamos en que ya no será necesario que, preocupados por el bienestar de sus hijos, las familias deban tomar el camino, peligroso y desesperado, hacia la frontera con los Estados Unidos.

*La autora es cofundadora y Directora Ejecutiva de Front Line Defenders.

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

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