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Con voz propia

Grupo Modelo engañó a poblado de México

El gobierno de Hidalgo y particularmente el municipio de Apan hicieron un muy mal negocio: comprometieron el agua presente y de futuras generaciones por muy poco; en la operación de la Planta de Grupo Modelo destinarán a la región muy pocos empleos de mano de obra calificada además que incluso en la construcción, los empleos son menos de la sexta parte de los prometidos

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Por Adriana Monroy

A finales de noviembre de 2017 el entonces presidente Enrique Peña Nieto, el gobernador Omar Fayad Meneses así como Mauricio Leyva, director general de la ahora extranjera Grupo Modelo (AB Inbev), anunciaron la instalación de una nueva Planta en el municipio de Apan, Hgo., misma que en su momento, prometió una generación de empleos que se encuentra actualmente 6.6 veces por debajo de los prometidos, así como una disposición real de agua de la región que será 100 veces por encima de lo que señalaron, lo que traerá problemas sociales en el corto plazo como ya ha sucedido en por lo menos otras 4 regiones del país.

Pese a que la empresa se ha conducido bajo el engaño para continuar con su modelo de negocio, sin importar las afectaciones ambientales en las que incurre (por eso desarrolla su planta en México y no en otros países con normativas más estrictas), las autoridades locales y federales no hicieron su parte al investigar a la empresa, incluso teniendo a su disposición diversos reportes y material periodístico a su disposición, que es del dominio público, para condicionar la instalación al cumplimiento de diversas normativas.

Los empleos que nunca llegaron

De acuerdo con el brochure de Grupo Modelo difundido por la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) encabezada por José Luis Romo Cruz, en su fase de construcción, misma que comenzó a finales de febrero de este 2018 y que terminará en el primer trimestre de 2019 (cuando inicie operaciones), la empresa emplearía un total de 10,500 trabajadores en Hidalgo, entre los empleos e directos generados.

Pero allí es donde fue detectada la primer mentira por parte de grupo Modelo.

Porque si vamos a los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) disponibles en las consultas interactivas de la propia Sedeco, para finales de enero se contabilizó un total de 2 mil 333 trabajadores, de los cuales 1,478 son permanentes y 855 temporales.

Sin embargo, al realizar una consulta con corte de octubre de 2018 de la Plataforma de Indicadores en Materia de Afiliación del IMSS, encontramos que la totalidad de empleos registrados en Apan asciende a 4 mil 686, esto es, que sólo se registraron 2,333 empleos en la región, lo que equivale a 4.5 veces menos de los anunciados (10,500).

Y si llevamos el análisis de forma más precisa, encontramos que de hecho, para finales de 2017 tan sólo había 173 trabajadores dedicados la Construcción en Apan, mientras que para el cierre de octubre de este año, la cifra ascendió a los 1,759, esto es, apenas 1,589 plazas generadas en Apan por la edificación de Grupo Modelo, lo que equivale a 6.6 veces menos de las prometidas (la mayor parte es empleo mal pagado, además).

El agua que robarán a Apan a base de engaños

Grupo Modelo informó que la planta número ocho de la empresa en México tendrá una capacidad inicial para producir 12 millones de hectolitros al año para posteriormente alcanzar 24 millones de hectolitros.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se requieren 75 litros de agua para la elaboración de un vaso de cerveza de 250 mililitros, lo que se traduce en 300 litros de agua por cada litro de la bebida alcohólica de los que ellos afirman que sólo ocuparán 3 -de su última fase-, esto es, 100 veces menos de su consumo real.

De esta forma, los 1 mil 200 millones de litros de cerveza producidos anualmente, para los cuales se ocupan 300 litros de agua como huella hídrica, dejará un consumo de 360 millones de metros cúbicos de agua al año.

De acuerdo con la Actualización de la disponibilidad media anual de Agua en el acuífero Apan (1320), Estado de Hidalgo, elaborado también por la Conagua, sólo 30 millones de metros cúbicos se recargan los mantos acuíferos de la región anualmente, por lo que la cervecera traerá una sobreexplotación que la supera en 12 veces en una primera etapa y hasta 24 veces en la segunda.

Datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) refieren que la huella hídrica por mexicano asciende a 1 mil 978 metros cúbicos, esto es, que la producción de la cervecera es el equivalente a dotar de agua a 182 mil habitantes en una primera etapa y a 364 mil en la segunda.

Problemas sociales en el país a causa de la falta de agua de las cerveceras

Expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) alertaron que, en 30 años, tanto el país como el mundo sufrirán las peores crisis de agua. Sin embargo, en algunas ciudades este problema ya es una realidad.

* Les llevó poco más de un año de protestas y de resistencia social según informó Reporte Índigo. La defensa por el agua de Mexicali, Baja California, que emprendieron los pobladores de esa localidad, en protesta por los planes de expansión de la empresa cervecera Constellation Brands, terminó el 21 de marzo de este año, luego de darse a conocer que la firma estadounidense (que importa la cerveza de Grupo Modelo a USA) había cancelado su proyecto de 900 MDD.

Las protestas sociales se dieron luego de que la cervecera comunicó que para operar la primera fase del proyecto en Mexicali, necesitarían 1.75 millones de metros cúbicos. La empresa se encarga de comercializar en México las cervezas Corona, Modelo Especial, Negra Modelo y Pacífico, entre otras; así como algunos vinos y otras cervezas de importación.

* Como reportó Dinero en Imagen el Frente Popular de Lucha de Zacatecas (FPLZ) denunció que las colonias de Fresnillo y Calera, que están entre las zonas más áridas del país, han sufrido de desabasto del líquido en los últimos tres años, por la producción de más de 25 millones de cervezas en la planta que allí tiene Modelo.

Leoncio Martínez, Edil de Zaragoza, Coahuila, denunció que una planta de la empresa cervecera Constellation Brands, dueña de Grupo Modelo, está dejando si agua al municipio que él gobierna y acusó que los gobiernos federal y estatal privilegian a la compañía estadounidense por encima de los pobladores del municipio.

* Segundo a segundo informó que desde que inició su administración, Leoncio Martínez denunció que la empresa cervecera utiliza mil 200 litros por segundo y asegura que con la expansión que anunciaron el año pasado, el consumo podría crecer hasta 3 mil litros por segundo.

* Constellation decidió comprar una planta existente en Ciudad Obregón, Sonora. La sequía es permanente en el Valle del Yaqui, como en el resto de Sonora. Crónicamente se agudiza, algunos años disminuye gracias a las lluvias pero no termina el problema, aclaró.

“Vienen a explotar agua barata para exportarla a Estados Unidos”. Así de sencillo”, expresó Isidro Paz, egresado del Tec de Monterrey, especializado en administración pública y políticas públicas.

Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

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                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

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