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Con voz propia

Gracias Ayotzinapa, desde Filadelfia

Mexicanos en Filadelfia en solidaridad con Ayotzinapa y en repudio al gobierno de Peña Nieto frente al Consulado mexicano, en noviembre de 2014

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Una de las manifestaciones en Filadelfia para exigir la aparición con vida de los normalistas de Ayotzinapa. Foto: Perla Lara

Una de las manifestaciones en Filadelfia para exigir la aparición con vida de los normalistas de Ayotzinapa. Foto: Perla Lara

Perla Lara*

A pocos días de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, mi coraje por lo inadmisible creció a la par de un tsunami de indignación internacional. Fue un shock cuando la imagen del joven Julio Cesar Mondragón se estrelló en mi consciencia. Le arrancaron los ojos pero nos dieron vista, lo despojaron de su rostro, pero nos lo descubrieron a muchos, que frustrados esperábamos a que termine la pesadilla para los mexicanos dentro y fuera de sus fronteras. Después el descubrimiento de las fosas nos hizo temer lo peor, de la indignación a la angustia, y de ahí a la rabia, al coraje de la impotencia.

Pero no eran ellos, ¿Y entonces de quién son esas decenas de cuerpos, víctimas colaterales, criminales quemados en manos del bando enemigo? Nuestros montes, y nuestras cañadas se han convertido en un absurdo cementerio. No sólo en Guerrero se siembra muerte, nuestro país está lacerado de fosas, de malsanas sepulturas. De esta matazón, hay más de 100 mil muertos en los últimos ocho años, de los cuales un mínimo son identificados, y son ya más de 30 mil desaparecidos. Es un parte de guerra, pero ¿quién va ganando y contra quién es la guerra? Contra nosotros mismos.

Nuestra población se está quedando sin ciudadanos, unos se vienen a los Estados Unidos en busca de trabajo, o huyendo de la violencia, otros se enrolan al crimen organizado y su destino es la muerte o andan de prófugos hasta que les toque. Los que restan están secuestrados de sus conciencias, en su indiferencia o en el temor. Extorsiones, corruptelas, intimidación alimentada por la impunidad de más del 90% del total de los delitos de un país que está quebrado en dos.

Son dos “Méxicos”, al menos dos. Uno es los Estados Unidos Mexicanos, la República, el país progresista, el del G 20, el de la economía emergente en el que se congrega la clase media, que se codea con la clase alta, con los “nobles”.

Hay una simulada libertad de prensa, hay instituciones, hay crecimiento, hay escuelas, hay bancos, hay comercios, hay mucho espectáculo y claro hay pobres y ricos.

Existe el otro, el de 50 millones de pobres, de los cuales un tercio son miserables, y cuando digo miserables estoy hablando de los ingresos de un país tan pobre como Haití. A ese México lo he vivido, lo he sufrido, lo he palpado y me sigue pulsando en el alma. Es un México que está a la deriva, olvidado es poco; negado. Entregado a las manos de quien lo agarre de asalto por su vulnerabilidad.

Ahí no existen instituciones, no hay derechos, no hay servicios básicos, no hay educación ni salud. Hay una pantomima ridícula que pretende creer que están en la lista de espera; pero llevan más de 500 años esperando, resistiendo.

Son de origen indígena, son los excluidos entre los excluidos. Son los que están tan abajo tan abajo que ni se les ve, ni se les considera. Los que se mantienen en el poder quisieran tan sólo borrarlos del mapa, les estorban. Son la vergüenza de un país que aparenta ser lo que no es, y ya casi se tragan el cuento ellos mismos, y sus vecinos y sus aliados, por no decir sus cómplices.

Mexicanos en Filadelfia indignados por el crimen de Estado contra Ayotzinapa. Foto: Perla Lara

Mexicanos en Filadelfia indignados por el crimen de Estado contra Ayotzinapa. Foto: Perla Lara

Hasta que irrumpió Ayotzinapa. Aun no entiendo en qué cabeza cupo la osadía de desaparecer a todos esos estudiantes, herir a más de una veintena, entre ellos al menos un par aún están en graves condiciones, y dejar a seis muertos –tres de ellos normalistas– y como muestra del destino apocalíptico que habrían de tener sus compañeros, el testimonio del joven desollado en vida.

Y todo esto es el resultado de la impunidad que impera en ambos “Méxicos”. Pero la pregunta sigue en el contaminado aire ¿A quién le sirve la matanza de Iguala, y la hipótesis de aberración de Cocula?

En Iguala, hoy “narco-imperio”, nació nuestra bandera, ahí debería renacer nuestra patria para todos, la patria que ha sido abortada una y otra vez y que le ha sido negada a casi la mitad de la población de un país que no termina de forjar un Estado de derecho.

Viendo las imágenes de los ríos de almas que corren por las arterias de la capital mexicana, y las venas de mi país, me veo ahí, me reencuentro ahí como hace 20 años catapultada por el resurgimiento de la lucha zapatista. En ese entonces, aunque había un consenso por la legitimidad de la lucha indígena, hubo muchos desfiladeros naturales y artificiales donde se perdió la marcha a un México de todos.

Pero hoy Ayotzinapa nos reclama a todos, nos cimbra a todos los que podemos decirnos “humanos humanitarios”. Nos tiene que surgir el coraje y empezar a transformar este país de fondo. Cualquiera que sea nuestra trinchera, tenemos la responsabilidad histórica de no dejar impune la tragedia de estas familias guerreras y guerrerenses.

Por eso le doy gracias a Ayotzinapa, por eso le doy gracias a esos muertos que hoy nos dieron vida, por la magnitud de la tragedia y de la deshumanización que ha permeado millones de corazones mexicanos presos de la desesperanza.

Decimos basta, pero no sólo para desahogarnos, no debemos dejar que este movimiento global de repudio a un gobierno penetrado por el crimen, se quede en un desahogo que sólo despresurice el hartazgo.

Convocar a la consciencia, y exigir justicia, dicen mexicanos en Filadelfia. Foto: Perla Lara

Convocar a la consciencia, y exigir justicia, dicen mexicanos en Filadelfia. Foto: Perla Lara

Hagamos un llamado a la gente de buena voluntad alrededor del mundo, convoquemos a una gran comisión civil anticorrupción, que vigile, que salvaguarde a los mexicanos de su propio sistema putrefacto.

Hagamos un llamado a un comité de figuras nacionales e internacionales de implacable calidad moral, que acuda a nuestro país y que nos ayude a salvarnos de nosotros mismos. Somos un mundo global, y para los crímenes de lesa humanidad, para los etnocidios no hay fronteras. Si para los capitales no las hay, menos para la intervención internacional a un Estado que aunque nos duela reconocerlo es un Estado fallido, un Estado caníbal que se devora al más débil.

Las evidencias lo comprueban, hasta nuestro sistema forense está rebasado y no se da abasto con los muertos. Además, ¿Cuántos de los 2365 municipios están libres de condicionamientos del narcotráfico? ¿Cuántos son narco-gobiernos y cuantos gobiernos narcos?

Frente al Consulado mexicano en Filadelfia. Foto: Perla Lara

Frente al Consulado mexicano en Filadelfia. Foto: Perla Lara

Enrique Peña Nieto nunca tuvo calidad moral para ocupar el puesto de presidente, que nos dejamos arrebatar. Con los recientes acontecimientos en los estados de México, Michoacán y Guerrero, colindantes con el gobierno que dirigió por seis años, se revela lo que también se gestaba en su administración. Y ahora le salió el tiro por la culata. En Michoacán, el boom de la Autodefensas, con un gobernador de su mismo partido obligado a renunciar por su ineptitud y corrupción. El narcotraficante apodado “La Tuta” aún fugitivo, mientras sus sicarios son incorporados a las policías municipales de la entidad. En el Estado de México, el ejército es acusado del fusilamiento de 22 civiles entre ellos una menor de 14 años en Tlatlaya, y como si fuera poco, en el norte del país, ni siquiera puede visitar la plaza de Tamaulipas. La lista es larga.

Ahora les lloramos a nuestros muertos, y les haremos justicia. Pero no con más muertos, ni con más sangre; les enseñaremos de qué están compuestas las entrañas de un patriota, que no por haber salido de su nación se ha olvidado de qué color tiene su alma. Muchos de los 30 millones de mexicanos que estamos aquí en Estados Unidos, salimos porque no resistimos pisar el mismo suelo de los criminales que se han apropiado de nuestro país.

Aquí hemos enfrentado muchos retos, muchas injusticias, pero también hemos aprendido, que nos merecemos más de lo que nos acostumbraron; hemos aprendido a pedir y a recibir. Aquí somos más respetados, libres, y ayudados, aun siendo muchos de nosotros indocumentados. Queremos no sólo la sobrevivencia para nuestro país, pretendemos su libertad y prosperidad. Con las mismas agallas con las que hemos cruzado muchas fronteras, seguramente lo vamos a lograr.

Prohibido olvidar a los 43 y a todo el resto que fueron heridos y perseguidos, y los que escaparon. También, Julio César Ramírez Nava vive aunque fue de los primeros en caer. Aldo Gutiérrez Solano se encuentra aún entre la vida y la muerte, Édgar Andrés Vázquez lucha por recuperarse de un disparo que recibió en la cara. Y al estudiante que perdió varios dedos de una mano, le daremos nuestras manos empuñadas en pie de lucha.

Dejemos de ser el México que le hace culto a la muerte y alabemos la vida. Juntos, unidos, sin reparo con fuerza, valor, fibra y civismo, nuestras esperanzas de un México libre, se realizarán con el amor que persevera y la bendición de Nuestro Dios que es un Dios de Justicia.

 

*La autora es periodista de origen mexicano radicada en Philadelphia, Pensilvania. Este texto fue publicado originalmente en el digital latino El Sol el 11 de noviembre de 2014.

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Normal Rural de Tiripetío, otra vez la persecución

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A unos meses de que la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga de Tiripetío cumpla cien años el acoso del gobierno estatal y federal no ha terminado. Los normalistas resisten desde distintos espacios para denunciar la persecución política por los distintos gobiernos, mientras políticos como Claudia Pavlovich son premiados

Por @KauSirenio

A unos meses de que la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga de Tiripetío cumpla cien años el acoso del gobierno estatal y federal no ha terminado. Los normalistas resisten desde distintos espacios para denunciar la persecución política por los distintos gobiernos.

La Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga de Tiripetío, es la primera escuela Normal Rural de Latinoamérica. Además, es el corazón de la educación rural en México. Su larga historia de lucha y resistencia está marcada por la defensa del derecho a la educación y a una vida digna en el campo.

La lucha que libran las normales rurales para subsistir tiene consecuencias, muchas veces letales, en contra de los estudiantes. Para denunciar las agresiones del Estado, el pasado lunes 17 de este mes, los normalistas realizaron actividades de colectas económica y volanteo en la autopista Morelia-Pátzcuaro.

Mientras los estudiantes informaban de las problemáticas que enfrenta su escuela, como la retención de becas alimenticias y práctica docente. Cuando arribaron a este tramo policía del estado, en el altercado los uniformados les arrojaron bombas de gas lacrimógenas. El resultado fue cuatro normalistas lesionados.

En las papeletas que los estudiantes repartieron en la autopista Morelia-Pátzcuaro, le pedían al gobierno y a la fiscalía de Michoacán que cesen la persecución política en contra de los alumnos de la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga de Tiripetío, Michoacán. Los normalistas denuncian la existencia de alrededor de 90 jóvenes bajo proceso judicial. Al menos 20 de ellos tienen carpetas de investigación por delitos de robo que diversas empresas interpusieron en contra de los muchachos debidos a las distintas actividades que realizan.

De acuerdo a la información que proporcionó uno de los normalistas, la fiscalía les pide una cantidad de dinero (sin especificar) para que su caso no llegue a los juzgados. Por estas razones el comité estudiantil de la Normal Rural de Tiripetío priorizó el diálogo, pero la agenda con el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla.

Las cancelaciones de estas reuniones son reiteradas, sin que haya solucionado la demanda de los estudiantes. Sin embargo, el uso de la fuerza policiaca en contra de los normalistas está a la orden del día. “Hicimos colecta y volanteo, para informar que no tenemos becas de alimentación y tampoco han recibido al comité para tratar esta problemática” compartió un alumno de Tiripetío.

Los motivos de la represión son diversos. Uno de ellos es albergar dentro de sus instalaciones los mejores murales que retratan el movimiento estudiantil. La retención de becas estatales y federales es una forma añeja del Estado para contener los movimientos de las Normales Rurales.

Así las cosas, a las normales rurales se les conoce como cuna de conciencia social. Son también el respiro de la resistencia en México. Un país donde se castiga a los movimientos sociales y estudiantiles y se premia a los políticos con pasado oscuro como el caso de la ex gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich Arellano. La lucha cobra más fuerza y sentido la resistencia.

 

Fuente: Normal de Tiripetío, otra vez – Pie de Página (piedepagina.mx)

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Foro Público: La corrupción en México está lejos de desaparecer

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Foro Público

Una de las principales promesas de campaña del hoy presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, fue el combate a la corrupción, un fenómeno social multidimensional y multifactorial que ha evidenciado las debilidades del sistema institucional mexicano y aunque la corrupción no sólo ocurre en la esfera pública, también ha impactado en el espacio privado, por lo que no se ha logrado visibilizar la problemática causal integral y transversal para buscar alternativas de solución.

En el discurso presidencial de López Obrador prevalece el deseo de que la corrupción sea eliminada “como las escaleras de arriba hacia abajo”, como si por osmosis se replicara en el resto de los sectores de la administración pública, sin embargo, la literatura especializada converge en que la corrupción se adecúa a diferentes entornos y se sofistica conforme a las necesidades de todos los actores que permiten estos procesos.

La simplificación de la administración pública federal eliminando fideicomisos, enlaces gubernamentales, delegaciones federales en las entidades, subsecretarías, direcciones y subdirecciones no elimina per se a la corrupción, debido a que la corrupción puede seguirse presentando en otras vías, ya que sin intermediarios pueden darse las operaciones entre los servidores públicos en varios espacios para obtener beneficios personales.

De la misma manera, la corrupción se replicó en los gobiernos estatales, en donde se impulsaron redes sistematizadas que se perfeccionaron para que tanto los gobernadores como sus familiares y amigos obtuvieran beneficios particulares como se he evidenciado en distintos casos de mandatarios de todos los estados como Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge del PRI, Guillermo Padrés y Francisco García Cabeza de Vaca del PAN o Silvano Aureoles del PRD, entre otros casos.

Asimismo, esta situación también ocurre en los gobiernos municipales, donde la falta de visibilización de los hechos de corrupción permite a los servidores públicos actuar de forma cínica en agravio al erario, por lo que se requieren impulsar políticas públicas integrales y transversales más sólidas que atiendan esta problemática con enfoques multidisciplinarios para reducir de forma sustancial la corrupción.

No obstante, una problemática asociada a este fenómeno social es que no existen indicadores reales para conocer cuál es la cantidad de hechos de corrupción que se cometen en el país cada año, lo único que existen son medidores de percepción que tratan de orientar a los estudiosos sobre las dimensiones de la misma, pero pueden ser datos demasiados parciales para ser claves en el combate estratégico de este problema.

Otro problema de que la corrupción no desaparecerá es que las declaraciones más allá de tener un alcance mediático no trascienden, pues se necesitan acciones que respalden a las mismas para que se persigan a los responsables de los hechos de corrupción, pues no es posible concebir que los altos mandos de los gobiernos anteriores estuvieran vinculados con el crimen organizado como en el caso de Genaro García Luna sin el conocimiento de Felipe Calderón o que Enrique Peña Nieto no estuviera enterado de las operaciones de corrupción de Odebrecht, por lo que resulta tan absurdo no enjuiciar a los jefes responsables del Estado mexicano y permitir el pacto de impunidad.

Además, se deben entender los diferentes tipos de corrupción que existen y sus consecuencias reales y tangibles, por lo que es evidente que existirán mecanismos que serán útiles para su combate, pero se deben fortalecer y no debilitar como sistemas permanentes de evaluación de desempeño de servidores públicos, servicio profesional de carrera en toda la administración pública, impulsar la transparencia y rendición de cuentas de forma permanente, así como las acciones de sanción a quienes no cumplan con las mismas.

Nota aparte: Se debe reconocer que corrupción es también colocar a personas que no están preparadas ni profesional ni académicamente en un cargo en la administración pública y sean colocadas por el hecho de ser amigos o leales al gobernante en turno.

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Con voz propia

Reporteros sin fronteras: México, el país más peligroso para la prensa

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Por Alberto Farfán

Era evidente que con un cambio de régimen en México la serie de problemas de toda índole heredados desde décadas atrás por gobiernos neoliberales no se iban a resolver ni en un año como tampoco en tres o en todo el sexenio. Pero cualquiera podría sobreentender que se jerarquizarían para darles solución. Particularmente en materia de derechos humanos y con relación a los profesionales del periodismo objetos de violencia.

Y haciendo a un lado a los medios de comunicación corporativos que juegan un papel de voceros de la oposición de derecha, que se han convertido en enemigos intransigentes a toda costa del gobierno del presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), teníamos que buscar en otras fuentes en aras de una verdadera e imparcial información que arroje luz a este respecto.

De ahí que acudiéramos al Balance Anual de periodistas encarcelados, asesinados, secuestrados y desaparecidos en 2021 de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF). Y lamentablemente los resultados obtenidos ponen en tela de juicio la responsabilidad, interés y voluntad política del gobierno de AMLO para darle fin a la violencia mortal que padecen los periodistas en este país.

Revisando directamente el Balance Anual a que hacemos referencia, nos encontramos con que México por tercer año consecutivo se constituye como el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo, en tanto éste aborda asuntos “molestos” para ciertas esferas ─acaso de gobierno en sus tres niveles─ o evidencian las acciones y prácticas del crimen organizado.

Y obtiene el nada honroso primer lugar al considerar siete nuevos casos de periodistas asesinados en 2021, cuyos nombres son: Fredy López Arévalo, Manuel González Reyes, Jacinto Romero Flores, Ricardo López Domínguez, Saúl Tijerina Rentería, Gustavo Sánchez Cabrera y Benjamín Morales Hernández, y un total de 47 compañeros del gremio muertos en el lapso de los últimos cinco años.

Debido a lo cual encontramos esta lapidaria deducción: “Alimentada por una impunidad casi total y por la ausencia de reformas ambiciosas, que afronten el problema y refuercen la profesión por parte de los sucesivos gobiernos, la espiral de violencia no parece poder detenerse nunca”.

Así, según las estadísticas de RSF, los siguientes países son los que en conjunto congregan las tres cuartas partes de los homicidios de que han sido objeto los periodistas en pleno ejercicio de su profesión en los últimos cinco años: México 47, Afganistán 47, Siria 42, Yemen 18, India 18, Irak 17, Paquistán 16, Filipinas 15, Somalia 13, Colombia 9 y otros países 77. Y es de subrayar que mientras algunos de estos países se encuentran en estado de guerra, en conflictos militares o con gobiernos autoritarios, lo cual explicaría en cierto sentido los asesinatos, México, por el contrario, no se cataloga en ninguna de estas circunstancias. Por lo tanto estas cifras son más graves aún para el país que se presume en paz y con avances democráticos significativos.

Si con estos elementos aún no se prenden las luces rojas tanto para el gobierno de AMLO como para los mandatarios estatales y locales, me temo que la impunidad continuará reinando y lamentablemente los periodistas seguirán siendo víctimas de violencia en sus múltiples facetas al ejercer su trabajo. Y parafraseando al jefe del Ejecutivo mexicano: No puede haber país democrático con periodistas asesinados.

 

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