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Foro Bellescene, un nuevo proyecto de Teatro independiente en CDMX

La actriz Erika Ramírez habla del proyecto independiente del Foro Teatral Bellescene en la Ciudad de México

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En el Foro Teatral Bellescene. Foto: cortesía

Entrevista a la actriz Erika Ramírez

Por Zavianny Torres Baltazar

Tuve la oportunidad de escenificar al lado de Gonzalo Vega a Doña Ana de Pantoja, en el “Don Juan Tenorio”: Ericka Ramírez.

  • Como productora independiente “Eros, Cronos y Guanatos” ya tenemos varias obras estrenadas
  • Egresada de la primera generación de “Casazul Argos Artes Escénicas”, presidida por Epigmenio Ibarra.
  • En 2010 la Asociación de Periodistas Teatrales de México la nominó como mejor actriz de monólogo, Ericka Ramírez.

Ubicado en la calle Zempoala #90 de la colonia Narvarte, se encuentra el “Foro Teatral Bellescene”, donde se representan obras teatrales, “juguetes escénicos” y lecturas dramatizadas. Al sur de la Ciudad Capital llevamos a cabo la entrevista a la actriz Ericka Ramírez.

Infancia es destino…

De cuando niña participé en un grupo musical, éramos 3 niñas, tenía 12 doce años. En la escuela hacía teatro amateur y fue en la preparatoria que me sentí que era el espacio al que pertenecía y encontré esa plataforma para expresarme. Eso me fue llevando, paso a paso, al teatro profesional.

Terminé la carrera de Ciencias de la Comunicación y Periodismo en la UNAM, y de ahí fui a un casting con el  gran director José Luis Cruz, para una obra que desde entonces me hipnotizaba: “Las vacantes de Eurípides”, dirigida por él, en el teatro Benito Juárez.

Un año después de ver esa obra, me habla mi profesor de acrobacia del CUT (Centro Universitario de Teatro de la UNAM) y me dice de una vacante. Voy hacer la audición y con una de las preguntas que me hizo, me agarró en curva al preguntarme dónde estudié – en Filosofía o en el CUT -. Aunque me quedé con el papel, me quedó la inquietud de estudiar y prepararme profesionalmente en la actuación.

Así que decidí estudiar esta segunda carrera de actuación, y soy egresada de la primera generación de “Casazul Argos Artes Escénicas”, presidida por Epigmenio Ibarra. Es el inició de mi carrera profesional en el 2001.

Al lado de actores de primera línea…

Tuve la fortuna de contar con la instrucción de grandes maestros, entre ellos, el maestro José Caballero, quien recibió el Premio a las Artes que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes, en reconocimiento a su trayectoria.

Mi primera obra profesional con él fue “Las mujeres sabias” donde actuaron, entre otras compañeras de profesión, Arcelia Ramírez, protagonista del film “Cilantro y Perejil”.

También actuaron Lisa Owen, Carmen Beato, y una serie de actrices que desde entonces admiraba profundamente, antes de tener la oportunidad de compartir escenario.

Con la obra, nos fuimos a una gira de 15 días por varios estados de la república; ésta se llamó “México en escena”, es una de las obras que recuerdo con mayor aprecio, porque compartí con actrices de primerísimo nivel y ser parte de ello me brindó una gran satisfacción profesional.

La actriz Erika Ramírez y el actor Gonzalo Vega caracterizados para Don Juan Tenorio. Foto: cortesía

Escenario compartido con un ícono de la actuación en México, Gonzalo Vega…

Fue en la obra de Don Juan Tenorio, en el papel de Doña Ana de Pantoja. Tuve la oportunidad de escenificar a su lado, incluso hicimos una pequeña gira por el país.

 Y fue la última vez que él hizo “Don Juan Tenorio”, antes de su muerte.

Algún impacto debió causarte…

¡Wow! –expresa con gesto de admiración y nostalgia – era increíble, porque Gonzalo ya estaba muy enfermo. Ensayábamos en su casa en un espacio hermosísimo que él tenía. Aún enfermo continuaba realizando lo que a le apasionaba, es decir, el teatro. De pronto decía: oigan chicos, hoy no me siento muy bien, los dejo que trabajen solos y me voy.

Pero al sentarse, increíblemente se le iba el malestar y se quedaba todo el ensayo con nosotros. Creo esa es una muestra de profesionalismo y amor por el teatro.

Además otra cosa importante de él es que tenía una confianza tal por los actores, que nos pagaba antes de las funciones, algo poco visto en este medio.

En tu trayectoria actoral tienes otras experiencias en cine y televisión y reconocimientos…

En televisión, en series de Once TV como “Trillizas”. En la serie exitosa de “Las Aparicio” interpreté a Teresa Santos, si recuerdas estuvo producida por Argos y Cadena Tres. Para Tv Azteca participé en varios capítulos de “Lo que callamos las mujeres”, lo mismo que la serie “Decisiones” para Telemundo.

En teatro, he estado en escena en más de una docena de obras como “Los motivos del lobo”, “Otelo” y varias obras de guiones originales.

Incluso en 2010 representé el monólogo “Carta de Miguel Hidalgo y Costilla a la Güera Rodríguez”, y la Asociación de Periodistas Teatrales de México me nominó como mejor actriz de monólogo.

En cine he participado en cortometrajes como “Suave es la piel”, “Anhelo”, con directores quizá no muy conocidos pero si muy profesionales. 

¿Algún vínculo con la generación del Nuevo Cine Mexicano?

No directamente. Tenemos compañeros que han trabajado con los grandes directores de esta generación. Aquí está por ejemplo Luis Fernando Peña, quie trabajó en “Amores perros” –dirigida por Alejandro González Iñárritu– él está en este foro “Bellescene”.

Pero quiero decirte que uno como actor independiente formas familias para un proyecto, convives, trabajamos juntos, pero entonces termina el proyecto y todos vamos por nuevos horizontes, donde puedes ya no coincidir en ningún otro momento.

La actriz Erika Ramírez. Foto: cortesía

Ustedes los actores, actrices son seres globales. En tu caso también se te da la vena empresarial…

Aquí donde estamos haciendo la entrevista es un pequeño Foro Teatral  Cultural denominado “Bellescene”, tenemos dos foros: uno a la italiana, que es para 73 personas, y éste que es un alternativo tipo arena, y con capacidad de 52 personas.

A dos años de iniciado el proyecto por Miguel Calderón, que también es actor, decidió convertir su departamento en teatro, por entonces llegamos cuatro actores más de una productora independiente que se llama “Eros, Cronos y Guanatos”.

Ante este escenario le ofrecimos a Miguel Calderón asociarnos, vincularnos con nuestra experiencia, los contactos y compañeros actores y él estuvo abierto a esta posibilidad e iniciamos proyecto juntos.

El teatro se estrenó el 17de julio del 2017. Apenas tenemos medio año de iniciado el proyecto.

¿Qué vicisitudes han pasado en este lapso de tiempo,  sabiendo que los proyectos culturales independientes no tienen apoyo gubernamental?

Efectivamente, las partidas presupuestales no nos llegan a nosotros. Pero hay iniciativas particulares que contrarrestan esa ausencia. Y hay quienes invierten su dinero en esto, pero sí, cada día es un reto para que funcione, para que venga la gente a consumir teatro, para que los boletos tengan un precio accesible.

En el aspecto de las presentaciones como productora independiente “Eros, Cronos y Guanatos” ya tenemos varias obras estrenadas en este espacio, una de ellas “Pan de muerto” que es un Premio Nacional de Teatro en el año 1991 y lo retomamos. Yo soy la directora.  Adrián Rubio y Rebeca Zepeda y la niña de la película “La de la mochila azul” como actores y hace un par de semanas cumplimos las 100 representaciones.

“Pan de muerto” es una obra bellísima, cien por ciento mexicana. Que ya acumula más de dos mil representaciones y que interpreta el papá de Rebeca Zepeda, que es José Alonso, quien es considerado un gran actor en México en el mundo del cine y la televisión.

Planes, proyectos…

Empezamos un nuevo proyecto que dirige Ricardo Bianchi, que es el de “Crónicas desquiciadas” una obra de la escritora venezolana Indira Páez, que trata de cuadros de gente que, en apariencia está bien, pero conforme avanza la obra se va develando cierto desquiciamiento, el público se divierte mucho al escucharlas.

También tenemos lecturas dramatizadas de los clásicos como Shakespeare, Moliere, Ibsen, Chéjov, en voz de distintos actores y actrices que invitamos. Y por supuesto, escritores mexicanos y del boom latinoamericano.

Algo que quieras decir a nuestros lectores de Los Ángeles Press

Coincidentemente la directora Rocío Carrillo –con quien en ocasiones trabajo– montaremos una obra denominada “Reunidos”, para la Universidad Metropolitana.

Y Rocío Carrillo está por estrenar la obra  “El viaje de Ema o quemar las naves” justamente en Los Ángeles, en un festival de teatro. Esperamos que tengan la oportunidad de asistir a la función.

Otro tema que deseo compartir con sus lectores es mi preocupación por el tema de los migrantes, en el que hay una situación bastante fuerte y difícil a la que ellos están, estamos, expuestos.

En el caso del artista Ricardo Bianchi ha padecido este flagelo de la sociedad moderna, si para uno como actor es difícil desarrollarse en su lugar de origen, para los inmigrantes es doblemente complicado. Imagínate quienes nos vamos al extranjero y empezamos de cero. Cuando lo ideal sería que fuéramos ciudadanos del mundo.

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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