Fidel Castro, ¿héroe o villano?

Una de las imágenes en el funeral de Fidel Castro. Foto: NDTV
Una de las imágenes en el funeral de Fidel Castro. Foto: NDTV

Raúl Ramírez Baena*

Ante la muerte del Comandante Fidel Castro, se ha reavivado el debate respecto a si fue un dictador o no. El intenso debate se ha polarizado, no hay justos medios. Ello merece un análisis objetivo, a riesgo de ser descalificado en el intento.

Para empezar, Fidel Castro fue un Revolucionario porque modificó una forma de gobierno, capitalista, bajo el –ése sí- dictador Fulgencio Batista, sostenido por el gobierno estadounidense, y construyó un país socialista. Algo parecido a las revoluciones francesa de 1789 y bolchevique de 1917. En la primera, se modificó el régimen monárquico por uno civil basado en el sufragio efectivo. En el segundo, bajo la dirección de Lenin, se derrocó a la monarquía zarista y se instaló un gobierno de los trabajadores, que en el estalinismo falló.

El tema central explotado por los detractores de Fidel, desde la declaración de Cuba como Estado Socialista tras el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959, es que se violan los derechos humanos de los cubanos al no permitirles salir libremente de la isla (por motivos académicos, artísticos, culturales y deportivos, muchos cubanos van y vienen), manifestarse en público y escribir en los medios contra el régimen, y no ejercer libremente los derechos al voto y a la asociación con fines políticos. Los gobernantes estadounidenses acusan a Castro, también, de impedir la libertad de empresa.

Vamos por partes: los derechos humanos no son sólo los derechos civiles y políticos, las llamadas “libertades” (de tránsito, de expresión, de empresa, de asociación, al sufragio). Atendiendo a los principios de universalidad, indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos, los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA), es decir, los derechos a la educación, salud, trabajo, alimentación, vestido y calzado, recreación y cultura, seguridad social y servicios públicos, tienen la misma importancia que los derechos civiles y políticos.

Los DESCA surgen tras la Revolución Mexicana (“la tierra es de quien la trabaja”) y la Revolución Bolchevique, y son plenamente adoptados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948, a pesar de la oposición de Inglaterra y de los EUA en la ONU. Es así como nace el “Estado Garante” o “Estado Benefactor”, paradigma que desaparece con el neoliberalismo al constituirse como interés superior del Estado la Economía de Mercado.

Los derechos humanos en Cuba

Para juzgar si en Cuba se violan o no los derechos humanos hay que ponderar la situación política y económica del país, anteponiendo la política estadounidense: El embargo comercial, económico y financiero de EUA, el “Bloqueo”, que es impuesto en octubre de 1960 ante la declaración de Cuba como Estado Socialista y el comienzo de la expropiación de propiedades a ciudadanos y compañías estadounidenses. En 1962 el embargo se convirtió en ley en los EUA. El Bloqueo es una flagrante violación a la Soberanía cubana, condenado año tras año en la ONU.

Desde entonces, Cuba ha enfrentado graves dificultades económicas, financieras y tecnológicas, sobre todo a partir de 1991 tras la caída de la Unión Soviética, que era su principal sustento, lo cual obligó al régimen a decretar el llamado “Período Especial”, que significó grandes sacrificios de la población. Tras 54 años de bloqueo, el país ha perdido 116 mil 800 millones de dólares.

La gran diferencia con el resto de los países pobres del mundo es que, en Cuba, lo poco que hay se raciona de manera equitativa entre la población, a diferencia del resto de los países pobres, donde hay una marcada desigualdad en la distribución de la riqueza.

Aun así, Cuba ha sido reconocido por la Unesco, la Unicef y la OMS como el país del Tercer Mundo, incluso por encima de países desarrollados, por su cobertura en educación, salud y atención a la niñez. Además del ejército de médicos solidarios en países pobres y en conflicto.

Ningún cubano carece de trabajo, alimentación, vivienda (aunque muchas en mal estado), bienes de consumo, educación, salud y recreación y cultura (Cuba ha destacado como primera potencia deportiva de América Latina), porque los valores sociales y de solidaridad se anteponen a los valores materiales e individuales. Esto se ha traducido en un casi inexistente índice de criminalidad, inseguridad y adicciones. No se conocen Recomendaciones a Cuba por los órganos de tratados de la ONU, por tortura, desaparición forzada de personas y ejecuciones extrajudiciales.

La salida forzada de cubanos, sobre todo a los EUA, es motivada por la atracción hacia el “Sueño Americano”, por los dólares, por estar hartos de la tarjeta de ración, a pesar de la inversión social del país en ellos. La de “Ley de Ajuste Cubano” estadounidense (pie mojado, pie seco), a diferencia de otras nacionalidades, ofrece residencia legal a cubanos a condición de que salgan clandestinamente de Cuba, aún a riesgo de su vida, y lleguen a su territorio.

Respecto a la libertad de prensa y de asociación política, Cuba ha restringido estos derechos por la gran inversión de los EUA en penetrar ideológicamente por medio de Radio Martí, TV Martí, el ZunZuneo (internet a través de USAID), espionaje e infiltración en las comunidades y organizaciones cubanas, con recursos de los contribuyentes estadounidenses.

Respecto al derecho al voto, lo que pocos saben es que, a pesar de que existe un solo partido, el Partido Comunista Cubano, hay elecciones legislativas para elegir mediante el voto directo y secreto a delegados a las 14 asambleas provinciales y cerca de 600 a la Asamblea Nacional, a las que históricamente acuden más del 90 por ciento de los electores. Su sistema político-electoral es diferente al que nosotros conocemos, pero no necesariamente malo.

Las diferencias respecto a la obra de Fidel son, entonces, ideológicas.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

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