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Feminicidios y periodismo, razones para publicar mi investigación

Durante más de tres años estuve investigando y publicando sobre los feminicidios de Ciudad Juárez, ahora en formato de libro hay reacciones extrañas

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José Luis Castillo, padre de Esmeralda, desaparecida a los 14 años en 2009. Foto: Guadalupe Lizárraga/Los Angeles Press

José Luis Castillo, padre de Esmeralda, desaparecida a los 14 años en 2009. Foto: Guadalupe Lizárraga/Los Angeles Press

Guadalupe Lizárraga

En días recientes, se me ha cuestionado acerca de mi libro sobre los feminicidios de Ciudad Juárez que está por publicarse. Básicamente son dos las cuestiones. La primera, que refiero casos cuya publicación no está autorizada por las madres de las desaparecidas. La segunda que hay, en dicha publicación, un afán de lucro. Ambas afirmaciones hacen necesaria una aclaración pública.

Mi libro nace del compromiso personal y profesional –y no digo que lo haya logrado– de aportar un registro fehaciente, y un testimonio periodístico documentado y convincente que proporcionen nuevas luces hacia los responsables de los trágicos acontecimientos de miles de feminicidios que, durante dos décadas y media, han lastimado profundamente a Ciudad Juárez, Chihuahua, y con ello a todo el país y a la comunidad internacional. Desde el 5 de julio de 2011, en que fui requerida, por la abogada Francisca Galván, para apoyar como reportera en la búsqueda de una adolescente desaparecida a quien habían cruzado por la frontera, e investigar su localización en Estados Unidos, dichos propósitos no han variado en lo más mínimo.

Al inicio, mi labor periodística se centró en apoyar al Comité de Madres y familiares con hijas desaparecidas de Juárez, en su urgencia de encontrar a las jóvenes, e incluso, aportar elementos muy concretos para su ubicación: el imperativo era hacer públicos los casos y acelerar la localización de las jóvenes por parte de las autoridades. Sin embargo, desde su origen, fue concebida como un ejercicio riguroso de investigación –hasta donde mi competencia profesional me lo permitiera– que culminaría en un libro: y así se lo hice saber a todos y todas mis informantes. Y aquí soy enfática, toda la información recabada se hizo con la voluntad, la anuencia expresa y el pleno conocimiento, de las y los informantes, de que se trataba de un trabajo periodístico para su publicación.

Respecto al primer reclamo de unas madres de víctimas referido a la no autorización para tratar en mi libro sus casos, mi respuesta es clara y sencilla: sus casos no son materia de mi libro justo por no estar autorizada, o sea, están descalificando un trabajo que simplemente desconocen. Sin embargo, su actitud, por decir lo menos, resulta sumamente extraña. Me explico: mi trabajo de reportera, en este caso, duró más de tres años, porque empecé a investigar cuatro meses antes de mi primer reportaje, y del 29 de noviembre de 2011 al 11 de marzo de 2014 publiqué ¡59 reportajes y notas informativas! sobre el tema.  Es decir, no se trata de una publicación aislada sino de un trabajo sistemático, que durante ese largo periodo, no generó descalificación o reclamo alguno, acerca de la publicación de nombres y casos específicos, y por el contrario, contó con el apoyo activo de todas las y los informantes.

Por lo demás, desde el momento en que se hace pública una denuncia se convierte en eso: en información pública, y públicamente disponible, cuyo acceso es libre –para el investigador, el activista, el académico, el periodista, y la o el ciudadano común–: no es monopolio de la fuente informativa. Algo más importante, dicha información, en este caso, es una herramienta imprescindible, para enfrentar uno de los más graves problemas de seguridad pública que, por lo mismo, reclama permanentemente de renovadas fuentes de información, su publicación, y sus usos públicos. Insisto en lo extraño de esta actitud de algunas madres de Juárez porque he recibido descalificaciones y ofensas en mi perfil de Facebook, y específicamente de madres que nunca formaron parte de mi investigación. Más claro, de personas que simplemente desconozco, y se oponen a la publicación de libro: esto me lleva de la extrañeza a la sospecha.

Entre otras personas que se oponen a la publicación quiero particularizar a la señora Karla Jacobeth Castañeda Alvarado. En algunos casos y por el peligro de los hechos inmediatos, la investigación me llevó, mucho más allá del estricto ejercicio periodístico, a involucrarme personalmente, y realizar acciones y gestiones muy concretas para garantizar la integridad física de informantes y sus familias. El caso de la señora Castañeda es muy ilustrativo, por los logros inéditos que conquistamos, y por ello es materia de mi libro, porque estoy en mi pleno derecho de hablar sobre mis vivencias que me llevaron al activismo. La información de esta labor de coadyuvancia, está puntualmente documentada y estará disponible para los y las interesadas.

El segundo cuestionamiento (tampoco argumentado), la imputación de afán de lucro, me parece más grave porque no sólo cuestiona mi trabajo; sino lo sustancial del oficio periodístico mismo: la libertad de expresión y el derecho a la información, y en este caso respecto a un tema de alarmante interés público. Publicar los resultados de una investigación –documentados, respaldados con pruebas– no es lucrar, es el derecho legítimo de nuestra profesión, es hacer del conocimiento público una situación que frecuentemente interesa a la sociedad toda. Es una práctica periodística común y deseable. En nuestro medio, el periodismo de investigación suele difundirse en formato de libro. En este sentido, nuestra tradición periodística abunda en ejemplos, algunos de ellos –y no digo que mi libro tenga esos méritos– constituyen una parte valiosa de la memoria colectiva de nuestro pasado inmediato.

Aumenta la sospecha: ¿de cuándo a acá un grupo ciudadano ve en la difusión periodística de su causa un mero afán de lucro? ¿De cuándo a acá las víctimas de una profunda injusticia reprueban la difusión mediática de su reclamo de justicia? Las decenas de escritores, periodistas, cineastas, videoastas, que se han dedicado al tema de los feminicidios de Ciudad Juárez, y han publicado los resultados de su trabajo, ¿lo han hecho por mero afán de lucro? La carga absurda de este laberinto de contradicciones, apunta ya al origen perverso de esta oposición.

El juicio sobre un libro se hace desde su lectura, desde la valoración de sus contenidos, no desde su pleno desconocimiento, desde el infundio y la descalificación vacía, sin argumentos. No se preocupen, el tiempo y el público lector, sabrán juzgar. Mi investigación será publicada, porque los periodistas ¡quién sabe por qué! tenemos la rara costumbre de publicar.

59 reportajes y notas en Los Ángeles Press sobre los feminicidios

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Los sobrevivientes de la milenaria lengua Tu’un savi

Kau Sirenio

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La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes tu’un savi escribir, transcribir y divulgar su literatura, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística

Por Kau Sirenio

En el fondo de la montaña de Puebla, Oaxaca y Guerrero se pinta el arcoíris con la lluvia que sopla el viento del sur. Ahí, entre el colorido de la vestimenta de las mujeres Ñuu Savi (mixteca) y la música tradicional se forma el espiral de la lengua tu’un savi de un pueblo que se niega a morir. A pesar de los años, aún sobreviven los hablantes de esta lengua milenaria que resisten en todas las trincheras para no desaparecer ni quedarse en el olvido.

Durante muchos años, era impensable que las comunidades indígenas usaran su usanza en fiestas o que desfilaran en las calles para celebrar el día internacional de lengua materna, así ha sido siempre, maestros bilingües tratan de recuperar la memoria cultural de sus comunidades, sin embargo, no todos lo hacen, el miedo al rechazo aún es mayor.

En 2019, se celebró en San Luis Acatlán el encuentro de hablantes de tu’un savi, ese día, cientos de niños y jóvenes salieron a las calles para gritar que ahí están y que su lengua materna aún vive y que pueden cantar y gritarlo, durante el recorrido los muchachos bailaron al compás de las bandas tradicionales que no pararon en tocar piezas Ñuu Savi.

La fiesta era emotiva, sin embargo, algo faltaba en la pachanga Ñuu savi, a pesar de que los directivos permitieron que sus alumnos desfilaran, pero solo fue para los hablantes, mientras que los niños y jóvenes mestizos no tuvieron la oportunidad de convivir con sus compañeros que negaban su identidad en salón de clase.

Esta ciudad fundada por el español Pedro de Alvarado en 1522, de inmediato se convirtió en el sexto ayuntamiento de la Nueva España. De ese linaje “español” San Luis Acatlán cargó con sus prejuicios durante años sin reconocer a la población indígenas que la compone: Ñuu Savi, Me´phaa (tlapaneco) y nahua, a los que siempre llamaron como “huanco”, “indio”, “montañeros”, entre otros motes que les ponían a los indígenas que bajaban a mercar cada domingo.

La carga racista en este municipio no ha cambiado en lo absoluto, los partidos políticos se opusieron para que los pueblos indígenas eligieran a sus autoridades por usos y costumbres, es más hicieron contra labor a la consulta que el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de Guerrero (IEPC-Guerrero), llegaron al grado de usar a los líderes indígenas para desinformar a la población los pros y los contras de la elección por uso y costumbres.

A pesar de todo, el IEPC-Guerrero, encontró que hay un 65.2 por ciento de población indígenas y sobreviven las lenguas maternas en barrios y colonias de la cabecera municipal. A pesar de los datos duros que se tienen, el ayuntamiento no cuenta con información en lengua materna y mucho menos espacios culturales que promuevan la identidad cultural lingüística.

Los funcionarios de la alcaldía dan por hecho que no necesitan intérpretes o difusión de información en lengua materna porque tienen trabajadores que hablan su lengua madre, sin embargo, nada está resuelto porque en San Luis Acatlán, lo que menos quieren los indígenas es aceptarse como tal para no ser discriminados.

Lo que debe de preocuparse que, en diez años, la lengua pierde portadores o los padres de familia prefieren enseñar a sus hijos a hablar el español, lo triste de todo es que de 6.6% hablantes de lenguas indígenas en 2010 bajó a 6.1% en 2020.

Así las cosas, a 21 años de que la Unesco declaró el Día Internacional de la Lengua Materna, no ha cambiado nada, no hubo cambio de fondo en el sistema educativo, la educación intercultural bilingüe, en nivel básica continúa con el mismo esquema “castellanizante”, porque solo se enseña la lengua materna en el aula por unas cuantas horas, aún peor, los profesores son analfabetos de su propia lengua.

El activismo lingüístico debe continuar desde todas las trincheras, porque es necesario repensar la política pública dirigida a las poblaciones indígenas. Porque no basta con celebrar cada 21 de febrero, para desempolvar la ropa tradicional, pero al día siguiente se guardan y los hablantes se enmudecen para no dar explicaciones si hablan una lengua o un dialecto como se educó durante años para enterrar las lenguas maternas que aún florecen en las comunidades indígenas.

Por lo pronto, los maestros Ñuu Savi deben reclamar el espacio para hablar y escribir tu’un savi, y generar condiciones para que la música, la poesía, el teatro, el periodismo, la literatura y el discurso ceremonial se repitan en tu’un savi.

La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes escribir, transcribir y divulgar la literatura en tu’un savi, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística.

Fuente original: piedepagina.mx

 

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El Estado español encarcela al rapero Pablo Hasél por críticas al sistema

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

El español Pablo Rivadulla Duró (1988), conocido en el ambiente musical como Pablo Hasél, es un rapero de izquierda que se asume antifascista y ha adoptado el compromiso con sus composiciones en video y mensajes a través de la red social Twitter en denunciar y poner en tela de juicio a los poderes monárquicos, políticos, jurídicos y policiacos de su país.

Y debido a 64 tuits (de 2014 a 2016) y una canción (publicada en YouTube), en donde pone de manifiesto su rechazo a los excesos del poder, ha sido sentenciado a prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona y contra las instituciones del Estado, por lo que deberá someterse a nueve meses de prisión, seis años de inhabilitación y al pago de casi 30,000 euros de multa (es decir, más de 700 mil pesos mexicanos).

Por ello, más de 200 personalidades del cine, la televisión, el teatro y la música, entre ellos Joan Manuel Serrat, Javier Bardem y Pedro Almodóvar, emitieron un manifiesto en favor de Hasél, rechazando de manera tajante su reclusión en prisión y planteando la solicitud de eliminar del Código Penal ese tipo de delitos, “que no hacen sino cercenar el derecho, no sólo de libertad de expresión, sino de libertad ideológica y artística”, tal y como sucede en países como Turquía o Marruecos

Pero van más allá los firmantes al argumentar lo evidente bajo un Estado autoritario:  “el encarcelamiento de Pablo Hasél hace que la espada de Damocles que cuelga sobre la cabeza de todos los personajes públicos que osemos criticar públicamente la actuación de alguna de las instituciones del Estado se haga aún más evidente. Es necesario que se difunda esta situación a nivel internacional, para poner de relieve en qué situación nos encontramos. Somos conscientes de que, si dejamos que Pablo sea encarcelado, mañana pueden ir a por cualquiera de nosotros, así hasta conseguir acallar cualquier suspiro disidente”.

Más aún, la organización Amnistía Internacional se ha pronunciado en el sentido de que el encarcelamiento de Hasél por sus expresiones artísticas es una injusticia, y hace un enérgico llamado al Estado español para que realice una reforma al Código Penal con respecto a ciertos artículos que vulneran el derecho a la libertad de expresión.

“Nadie debería ser procesado penalmente sólo por expresarse en redes sociales o por cantar algo que pueda ser desagradable o escandaloso. No se pueden penalizar expresiones que no incitan de manera clara y directa a la violencia. Si no se modifican estos artículos se seguirá silenciando la libertad de expresión y coartando las manifestaciones artísticas”, subraya Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España.

Incluso en favor del cantante y también poeta se expresó asimismo la diputada del Parlamento Europeo para Dublín, Clare Daly: “Mañana, el rapero catalán Pablo Hasél irá a la cárcel por sus letras. ¿Dónde está el llamado a sancionar a España?” Todo lo cual en el marco de la discusión por amonestar a Rusia debido al arresto de un disidente de ese país, en donde Daly evidencia la hipocresía de los congresistas de ser rígidos contra Rusia pero blandos con países como España o Estados Unidos al violar los derechos humanos de sus ciudadanos.

En definitiva, Pablo Hasél no es más que una víctima del autoritarismo de Estado que rige en España, en donde los excesos del poder son públicos y evidentes, basta revisar algunos medios de comunicación para corroborarlo. Él no miente, sólo dice la verdad de manera visceral.

Y este martes, 16 de febrero, ha sido consumada la ignominia. Ha sido aprehendido por los Mossos d’Esquadra (la policía autonómica catalana) en la Universidad de Lleida, en donde se resguardó acompañado de un centenar de simpatizantes, quienes fueron dispersados con gases.

 

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Umberto Eco, del grotesco narcisismo actual

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Sin lugar a duda, de unas décadas a la fecha ha ido creciendo el afán de ciertos individuos por llamar la atención en los medios de comunicación masiva develando sin pudor alguno aspectos que anteriormente eran considerados privados o íntimos. Hablamos de una especie de narcisismo llevado al extremo de lo grotesco. 

El reconocido intelectual italiano Umberto Eco (1932-2016) nos presenta un su obra póstuma De la estupidez a la locura (2016) una serie de textos por él elegidos antes de fallecer, crónicas breves que publicara por varios años en periódicos de este siglo XXI. Bajo su singular tono sarcástico. 

Para Eco: “desde la Antigüedad los seres humanos han deseado ser reconocidos por la gente que los rodeaba. Y algunos se esforzaban por ser amables camaradas nocturnos en el bar, otros por destacar en el fútbol o en el tiro al blanco en las fiestas patronales, o en explicar que habían pescado un pez enorme. Y las chicas querían que se fijasen en el gracioso sombrerito que se ponían el domingo para ir a misa, y las abuelas querían ser conocidas como la mejor cocinera o modista del pueblo. ¡Y ay si no hubiera sido así! Porque el ser humano, para saber quién es, necesita la mirada del otro, y cuanto más le ama y le admira el otro, más se reconoce (o cree reconocerse)”. 

Pero ahora lo que importa no es que te reconozca uno sólo, sino 100 mil o más. Y que mejor que la televisión o el internet para ello. Sin embargo, nuestro autor apunta sobre un aspecto fundamental, que debería ser retomado o continuar vigente. Es decir: un asunto es ser famoso por tus logros y otro muy distinto es “estar en la boca de todos” por acciones que te demeritan, evidenciando lo peor de la humanidad. 

Escribe Eco: “Todo el mundo quería ser famoso como el arquero más hábil o la mejor bailarina, pero nadie quería que hablaran de él por ser el cornudo del barrio, el impotente declarado o la puta más irrespetuosa… Se estará dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que le vean´ y hablen de élNo habrá diferencia entre la fama del gran inmunólogo y la del jovencito que ha matado a su madre a golpes de hacha Valdrá todo, con tal de salir en los medios y ser reconocido al día siguiente por el tendero (o por el banquero).   

Lamentablemente nuestro filósofo italiano, en el texto elegido, no plantea ni desliza alguna hipótesis respecto a este nuevo fenómeno de narcisismo a ultranza de lo grotesco. A pesar de que este hecho se presenta prácticamente en todos lados, en países desarrollados y no desarrollados.          

Y si bien es cierto que la gran mayoría hemos sido espectadores de este tipo de situaciones francamente deleznables en diversos programas, no podemos dejar de mencionar a los denominados reality shows, pues sabemos que buena parte de ellos son actuados, no reales. Los dramas, pugnas o desavenencias ahí desarrollados han sido previamente concertados, con personas comunes y corrientes y para nada profesionales que se prestan para actuar por una módica cantidad de dinero. Y todo para fomentar y explotar el morbo en la audiencia. 

No obstante lo cual, la tesis de Umberto Eco no sufre objeción alguna, pues es evidente que si uno se atreve a revisar, particularmente, las llamadas redes socialesen todas ellas encontraremos a un número indeterminado de personas que hablan aparentemente con sinceridad de sus problemas más íntimos o a individuos que presumen de sus ilícitos cometidos, buscando que miles de usuarios sean sus seguidores. Y lo más grave del caso es que lo logran.   

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