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Estados Unidos

Feminicidios de Juárez podrían investigarse como crímenes de lesa humanidad: abogada internacional

Los crímenes de género pueden considerarse de lesa humanidad si se perpetran de manera sistemática y con la complicidad del estado.

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Por Guadalupe Lizárraga

La abogada internacional Almudena Bernabeu ha sido postulada para ser elegida como una de las 100 personas más influyentes en lista de la revista estadounidense Time. La búsqueda de la justicia en crímenes de lesa humanidad en África, Balcanes y Latinoamérica, la ha destacado en el campo de los derechos humanos, en el Centro de Justicia y Responsabilidad. Una tarea nada fácil en regiones marcadas por el machismo y la violencia contra las mujeres como es Centroamérica.

Bernabeu, española de origen, ha llevado ante los tribunales de su país, el caso de genocidio de mujeres indígenas en Guatemala para hacer justicia universal como crímenes de género y el caso de la masacre de jesuistas españoles en 1989, por altos militares de El Salvador.

En entrevista para Los Ángeles Press habla sobre los feminicidios de Ciudad Juárez, su definición en materia judicial y sus principales obstáculos para reparar el daño a las familias de las víctimas: la impunidad y la complicidad del estado mexicano.

Almudena Bernabeu, Centro de Justicia y Responsabilidad, en San Francisco

Guadalupe Lizárraga: ¿Cuál es el principal estímulo que ha tenido para hacer una carrera en la búsqueda de justicia en crímenes de lesa humanidad?

Almudena Bernabeu: Lo cierto es que no ha habido un sólo estímulo, nada que pueda identificar. Desde que era muy pequeña siempre me interesó estar, trabajar y echar una mano a la gente. Percibir algo como injusto siempre me ha generado repulsa y algo de rabia, burlas de niños, compañeras gitanas excluidas, que sé yo. Desde que tengo memoria me han afectado mucho esas cosas y he tenido necesidad de cambiarlas de algún modo. Sé que iba a acabar haciendo esto, la cuestión era cómo y dónde. El Centro de Justicia y Responsabilidad (CJA) fue el sitio perfecto. Ha crecido y se ha desarrollado conmigo: es como una segunda piel y juntas hemos encontrado la horma de mi zapato profesional.

GL: ¿Por qué voltear a Latinoamérica? ¿Consideraría que hay una cierta discriminación moral para hacer justicia en esta región continental con respecto a otras zonas más legitimadas en materia de derechos humanos?

AB: Latinoamérica siempre ha sido una región que me ha importado mucho. Todo lo acontecido en los años 70 y 80. La situación pos-regímenes militares y dictaduras iba a generar importantes cambios, como está ocurriendo. Por ser española además, y por entrar en contacto con la región muy temprano, el cariño, el deseo de conocerla mejor, siempre fue muy importante para mí. La conexión entre EEUU y la región, la comunidad de refugiados, por ejemplo, también hicieron que fuera más evidente la necesidad de empezar el trabajo por esta región.

GL: Los crímenes contra las mujeres jóvenes en Ciudad Juárez son minimizados por las autoridades y los medios, y sin mayor precisión se los atribuyen a entelequias como “los narcos”, “las bandas locales de criminales” o “asesinos seriales”. Sin nombre ni apellidos, y son crímenes que han quedado en completa impunidad. ¿Cuál sería la forma correcta jurídicamente hablando para enfrentar la impunidad?

AB: Ésta es una pregunta muy general y no estoy segura de entenderla bien, pero efectivamente, creo que habría que atajar el problema desde una perspectiva del tratamiento que reciben las mujeres. Es decir, desde una perspectiva antropológica y cultural, desde una perspectiva de la violencia de género. Y por otro lado, efectivamente, desde las causas, para que eso permitiera concretar quiénes son los responsables, que -efectivamente- no siempre ni en todos los casos, ni mucho menos, son narcos o redes criminales. Responde simplemente una concepción de la mujer como algo desechable, y el no tener miedo a las consecuencias es lo que ha hecho de estos crímenes un problema desproporcionado.

GL: Ante la participación individual de militares, policías federales y municipales en los crímenes contra las mujeres de Juárez, ya algunos casos documentados por organismos internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional, y otros casos aceptados ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ¿podemos llamar a estos crímenes de lesa humanidad?

AB: Se trata de crímenes que se producen de forma sistemática y generalizada, sí, contra un grupo, las mujeres. Y al participar agentes del estado y el estado ser cómplice, efectivamente, se trata de crímenes de lesa humanidad.

GL: Las autoridades insisten en que es un problema “doméstico” o local. Sin embargo, nuestras investigaciones dan evidencia de que a algunas  jóvenes las han cruzado a Estados Unidos. De que han participado deliberadamente las autoridades en la corrupción de las investigaciones. Y hemos publicado testimonios que denuncian a las mismas autoridades de represión y acoso por investigar o denunciar estos crímenes. En estos últimos años, se ha incrementado el número de peticiones de asilo político por casos como éstos. ¿Desde su punto de vista, la dimensión del problema no está en las víctimas ni en su carácter de indefensión ante el Estado? Para que un problema local pueda ser llevado a un tribunal internacional, ¿qué características tendría que cumplir la definición de estos crímenes para nombrarlo de lesa humanidad y buscar justicia internacional?

AB: Como decía más arriba, una de los elementos más graves del problema no es la indefensión de las víctimas, sino la percepción que de ellas tienen quienes cometen los crímenes, quienes creen que pueden hacer uso de las mujeres de ese modo, tratarlas así, cogerlas, raptarlas, violarlas, asesinarlas de ese modo. La falta de igualdad entre hombres y mujeres, la subestimación de las mujeres, la mal entendida “superioridad masculina”, en esta cultura está en la raíz del problema. Sí, efectivamente, la escala de asesinatos, el volumen, la gravedad, y la aquiescencia del estado hace que los casos pudieran ser investigados por la Corte Interamericana y poco a poco, por tribunales internacionales con jurisdicción para este tipo de crímenes.

Almudena Bernabeu con sobrevivientes del genocidio de Guatemala Foto: CC di Renata Avila

GL: ¿Puede haber justicia sin reparación del daño a las víctimas? La pregunta parecería una obviedad, pero es lo que está haciendo el estado mexicano con las familias de las desaparecidas, entregadas como restos óseos tiempo después. Al entregar una osamenta identificada como una de las desaparecidas, se considera cerrado el caso y no se investiga la línea de la responsabilidad. La familia, con todo el dolor que ha sufrido, acepta la situación como “menos peor”, porque ya supo de su hija.

AB: No, no hay justicia sin establecer quiénes son los responsables. Habría reparación si, por ejemplo, se les diera una cantidad de dinero, qué sé yo. Pero sin una investigación efectiva, contemporánea, formal, y bien intencionada destinada a averiguar quién está detrás de estos crímenes, no hay justicia, sólo hay burla y perpetuación de la desesperación de los familiares.

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Usted puede apoyar a la abogada Almudena Bernabeu con su voto, directamente en la revista TIME en este enlace.

 

Estados Unidos

Cruce masivo de miles de haitianos a Texas en espera de asilo

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Washington, 16 sep (EFE).- Más de 8.000 inmigrantes irregulares, en su mayoría de nacionalidad haitiana, están retenidos por las autoridades estadounidenses en un campamento improvisado en el sur de Texas tras un cruce masivo en la frontera.

Los migrantes han estado cruzando desde este martes a Estados Unidos por la zona de Del Río (Texas) y han desbordado a las autoridades migratorias, que han improvisado el campamento debajo del puente internacional que conecta con Ciudad Acuña (México) a la espera de ir procesando solicitudes de asilo.

Estos más de 8.000 migrantes, según cifras de las autoridades locales, duermen al raso y carecen de servicios básicos, unas condiciones que amenazan con crear una nueva emergencia humanitaria en la frontera sur.

La frontera entre Texas y México ha registrado cifras récord en las llegadas de inmigrantes irregulares desde que Joe Biden asumió el poder en enero pasado y ya ha sido foco de una crisis política para el nuevo presidente.

Según The Washington Post, muchos de los migrantes haitianos que han llegado a Texas emigraron de sus país tras el terremoto de 2010 a naciones suramericanas como Brasil o Chile, pero la crisis creada por la pandemia les ha impulsado ahora hacia Estados Unidos.

La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos ha enviado refuerzos al sector de Del Río para gestionar el campo y ante la incertidumbre de que más migrantes puedan cruzar en los próximos días.

“Para prevenir enfermedades relacionadas con el calor, el área con sombra debajo del Puente Internacional Del Río está sirviendo como un puesto temporal de para mientras los migrantes esperan a estar bajo la custodia de la Patrulla Fronteriza”, explicó en un comunicado este cuerpo.

El gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, anunció este jueves el cierre de seis puntos de cruce fronterizo con México para “impedir que las caravanas de migrantes infesten” el estado, aunque posteriormente dio marcha y dijo que los agentes estatales solo harán acto de presencia para disminuir las llegadas.

El alcalde de Del Río, el demócrata Bruno “Ralphy” Lozano, urgió por su lado al Gobierno de Joe Biden a “reconocer que hay una crisis fronteriza ocurriendo en tiempo real en este momento con graves consecuencias para la seguridad y la salud”.

Lozano, que calificó el campamento de “favela”, también alertó de que si los agentes se concentran en este punto, el resto del sector, de unas 240 millas (400 kilómetros), está quedando desatendido.

“¿Quién está vigilando al resto del sector?”, dijo, en declaraciones recogidas por el Post.

Washington ha reducido los vuelos de deportación a Haití desde la crisis provocada por el magnicidio del presidente Jovenel Moïse en julio. Unos 30.000 haitianos habían cruzado a EE.UU. en el último año según datos oficiales.

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Estados Unidos

Ex preso de Attica, Nueva York, narra la masacre racista dentro del penal en 1971

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Por Guadalupe Lizárraga

Han pasado cincuenta años de la rebelión de los prisioneros en la cárcel de Attica, Nueva York, uno de los episodios más sangrientos en las cárceles de los Estados Unidos, en la que fueron acribillados 43 reclusos y 11 rehenes, todos -excepto cuatro- fueron víctimas de la policía y la Guardia Nacional. Quien dio la orden de ataque fue el gobernador Nelson Rockefeller. Entre las víctimas, Tyrone Larkins sobrevivió a la masacre con tres disparos y es entrevistado por el digital Democracy Now.

El 9 de septiembre de 1971, inició el motín de los prisioneros cuando tomaron la dirección del centro penitenciario en protesta por las torturas y malos tratos, así como las condiciones insalubres en los que los mantenían, narra Larkins. Para entonces, la prisión albergaba a 2300 hombres, muy por encima de de su capacidad máxima, y el motín duró cinco días.

A los presos les permitían ducharse una vez a la semana, y les daban un jabón y un rollo de papel al mes. Les entregaban sólo dos litros de agua al día, para beber y para usarla en su higiene personal. Las raciones de comida eran raquíticas y el Estado gastaba 63 centavos de dólar por preso al día para la comida. No se les permitía comunicación con el exterior, sus cartas eran destruidas y no se permitía la práctica de la religión musulmana.

La peor parte la llevaban los afroamericanos, quienes eran relegados a los puestos de trabajo con salarios más bajos y víctimas de torturas y la discriminación racial por los empleados blancos de la prisión.​

La Vanguardia Española daba seguimiento a la masacre

El periódico La Vanguardia Española, en septiembre de 1971 daba seguimiento a la masacre de Attica, y revelaba en español -en coordinación con The New York Times-, que los informes oficiales sobre los hechos eran falsos, y alegaban que los reclusos habían degollado y castrado a los custodios rehenes. Sin embargo, la investigación periodística daba cuenta de los hallazgos del Comité de Observadores, integrado por 18 profesionales, entre éstos periodistas y abogados, que confirmaron con las autopsias de los custodios asesinados que las causas de muerte habían sido por armas de fuego, después de que el gobernador diera la orden de ataque a los prisioneros rebeldes.

También argumentaron que la causa de la rebelión eran las malas condiciones en las que los mantenían y las torturas sistemáticas infligidas. Así mismo, el comité declaró que la matanza se había perpetrado por la intransigencia oficial y que el informe había sido preparado de antemano a la orden de ataque.

Tyrone Larkins, sobreviviente

En este contexto, Tyrone Larkins, ex preso sobreviviente, que fue herido de gravedad en la represión, el 13 de septiembre de ese año, describe Attica como “el lugar más brutal que conocí en mi vida” y recuerda por qué se produjo el motín el 9 de septiembre de 1971, día en que los presos redujeron a los guardias y tomaron gran parte de las instalaciones de esa penitenciaría ubicada en el norte del estado de Nueva York, en señal de protesta contra las condiciones de vida en ese lugar.

En aquella época, los presos pasaban la mayor parte del tiempo en las celdas y se duchaban una vez por semana. Larkins explica cómo se desarrollaron las tensas negociaciones con los prisioneros politizados y dice que el motín iba camino a resolverse a través del diálogo cuando el gobernador Nelson Rockefeller ordenó a la Policía estatal que atacara las instalaciones. La policía abrió fuego y mató a veintinueve reclusos y diez rehenes.

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Estados Unidos

Jueza federal ordena al Gobierno de Biden deje de impedir que inmigrantes soliciten asilo en la frontera con México

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La jueza federal estadounidense Cynthia Bashant falló en contra de la práctica del Gobierno de Joe Biden de impedir que los inmigrantes soliciten asilo en la frontera entre Estados Unidos y México. La política, conocida como “dosificación”, fue aplicada por primera vez durante la presidencia de Obama y limita la cantidad de personas que pueden solicitar asilo en los pasos fronterizos de entrada al país y permanecer en Estados Unidos mientras se tramitan sus solicitudes.

El expresidente Trump amplió más tarde la política a la frontera sur, lo que obligó a que miles de solicitantes de asilo fueran colocados en largas listas de espera y tuvieran que permanecer durante meses en ciudades fronterizas mexicanas, donde corrían riesgo de ser secuestrados, sufrir agresiones sexuales o ser asesinados.

El abogado Stephen Medlock, quien argumentó el caso en nombre de los solicitantes de asilo, dijo en un comunicado: “Los mismos funcionarios gubernamentales que deberían haber dado la bienvenida y asistido a las víctimas de persecución y tortura tenían la orden de alejar a los solicitantes de asilo de Estados Unidos. El tribunal de distrito determinó que eso era claramente ilegal”.

La regla no escrita de rechazar a solicitantes de asilo en la frontera viola la Constitución de Estados Unidos, dijo el jueves una jueza federal de Distrito de San Diego (California), en respuesta a la demanda presentada por la organización sin fines de lucro Al Otro Lado y 13 inmigrantes.

La cuestionada política, basada en la discrecionalidad otorgada a los agentes federales por el Department Homeland Security (DHS), viola la cláusula de debido proceso de la Quinta Enmienda, dijo la jueza Cynthia Bashant.

En la práctica, la regla vigente deniega a los inmigrantes una oportunidad de pedir asilo en la frontera hasta que haya espacio para procesar una solicitud formal, siendo que el asilo se trata de un recurso legal disponible aprobado por el Congreso.

Si bien el dictamen no tiene un impacto inmediato, la decisión del tribunal puede impedir al gobierno, en este caso a los agentes del DHS, limitar o coartar el ingreso de solicitantes de asilo bajo el amparo que no existen recursos disponibles.

“¡La política de la era Trump que hizo retroceder a miles de solicitantes de asilo ha sido declarada inconstitucional!”, dijo la organización Al Otro Lado en su cuenta de la red social Twitter.

Con información de Democracy Now!
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