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Felipe Ayala, historia viva del hijo de una Adelita de la Revolución

Felipe Ayala Medina, hijo de Petra Medina, Adelita de la Revolución, inmortalizada en el corrio “Las Tres pelonas” aún es una historia viva de Culiacán

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En la evocación de sus recuerdos, José Felipe Ayala Medina viaja en el tiempo, del barrio de La Vaquita a la casa de las coronas de flores para muertos; hace del pasado presente y recuerda, como si las estuviera observando en su ya casi siglo de vida, las viejas calles del Culiacán antiguo, los olores de la villa y sus familias, algunas sentadas con sus poltronas en las puertas de sus moradas, los nombres y los rostros de sus habitantes, el monte cerrado que abría la brecha de cantera natural hacia la Lomita, semejante a un desierto blanco sin gente ni casas, solitario y vacío; las luces del Culiacán de ayer le iluminan la piel, sus personajes lo acompañan, y aunque con los ojos ya no puede ver, el iris de su alma mira las añejas vivencias que resucitan en su corazón lleno de luz.

Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez*

(Primera Parte)

José Felipe Ayala Medina nació el domingo 24 de febrero de 1924, en el humilde barrio de La Vaquita, en la casa de la familia Amarillas Sánchez. Las calles de su domicilio recuerdan los nombres de los generales Ángel Flores y Rafael Buelna, en Culiacán, donde su mamá, Petra Camacho Gaxiola, oriunda de Alhuey, Angostura, trabajaba como sirvienta.

La Vaquita era un antiguo barrio que tenía como límite la Avenida Nicolás Bravo y se situaba a la orilla del margen izquierdo del río, poco antes de llegar al Puente Negro, cuyo paisaje ferroviario de arcos metálicos y fieles rieles fue testigo de las revolucionarias locomotoras de vapor que dibujaron su humo en el horizonte, interrumpiendo con su silbido la vida cotidiana.

Culiacán era un pueblo pequeño cuyas periferias eran de la calle Francisco Cañedo, hoy Francisco Villa, hacia el norte, hasta la vía del Ferrocarril hacia el sur.

Por Gabriel Leyva Solano había casitas que colindaban con la pasada del tren, pero el resto era monte cerrado y solamente existía la brecha acantarada hacia la Lomita, un camino cuyo terreno blanco semejaba un desierto aislado y despoblado. No había gente ni casas bajo el cerro de la Lomita.

Han pasado 90 años del nacimiento de Felipe Ayala, un hombre excepcional, sano y longevo, documentado y lúcido, alegre y pícaro bromista.

Sentado en el comedor de su casa, la luz de los recuerdos ilumina su rostro, aunque está ciego a causa del glaucoma hace 16 años.

Las vivencias le regresan la emoción de los colores, las luces y las formas, vuelven las imágenes y la fragancia de las flores que sus manos de artesano convirtieron en regalos de amor para muertos y vivos: coronas de difuntos y arreglos florales para enamorados.

Su memoria vuelve a oler el pan recién preparado en hornos de adobe y el humo de la hoguera del fogón.

Es un viajero del tiempo que camina por las calles que fueron perdiendo sus nombres originales, que se fueron transformando hasta convertirse en intransitables; describe los edificios que han sido derribados como si todavía estuvieran en pie.

Sus anécdotas nos regresan a los que ya se han ido, que descansan para siempre en tumbas que fueron adornadas con las típicas coronas de muertos, formadas con arte por sus manos de artesano, que siguieron con devoción el oficio heredado por su padre.

Las coronas de flores, para Felipe Ayala, son arte, artesanías confeccionadas sobre una base de madera forrada con flores naturales y distintos materiales, en los que en ocasiones figuran estampas religiosas.

 Por las manos de Felipe pasaron una amplia variedad de flores exquisitas y perfumado aroma, rosas y cempasúchil, la flor de los muertos o clavel chino, aprendió las claves del lenguaje –lleno de matices- de las flores, el significado de los colores y el simbolismo de las mil formas de expresar los sentimientos, quizás de la eternidad.

También admiró los lirios que se llevan las almas, la azucena de pureza y perfección, el girasol que venera el sol, el jazmín de los enamorados, el nomeolvides del amor desesperado, el clavel que representa el matrimonio, y la belleza de la amapola que simboliza el sueño y la muerte, que llegó a adornar los jardines de las casas y los bulevares de Culiacán.

Hijo de la Revolución, hombre de las flores 

Fue creciendo entre las calles de la vida bajo la luz del amor que nunca oscurece y donde la noche no existe. Su existencia fue construida con esfuerzo y tuvo la bendición de ser amado, tanto, que tuvo dos madres en lugar de una.

Su progenitora biológica, Petra, había sido Adelita de la Revolución. En la canción “Las Tres Pelonas” se menciona a tres mujeres, una de ellas es su mamá Petra.

 “Estaban las tres pelonas sentadas en la ventana: la Cuca, la Petra, la loca de Soledad”, dice un fragmento de la célebre canción mexicana en su letra original.

Petra fue amiga de la famosa revolucionaria Valentina Ramírez Avitia, que peleó disfrazada de hombre, con su carabina 30-30, cartucheras en el pecho y sombrero de palma, figurando entre el grupo que tomó la plaza de Culiacán, llegando al grado de teniente con el nombre de Juan Ramírez.

Por su amistad, a veces las confundían y a Valentina la llamaban Petra.

Difícil la época revolucionaria con hombres que desayunaban tequila y fumaban mariguana, más difícil por el machismo para una mujer como Petra.

De tal manera que Felipe fue el segundo de los tres hijos que tuvo su mamá de diferente padre, Bernardo que murió de 18 años de la “enfermedad del olvido” perdido en el monte, luego él y por último, Antonio, que su mamá procreó con el ejidatario José Urquiza.

Su padre, Teodoro Ayala Camargo, originario de Durango, “Teodorón” le decían por grande, 1.90 de estatura y gordo parejo, no hizo vida con su mamá.

Su hogar lo hizo con Concepción Ibarra Castro, quien le dio crianza desde los 4 años de edad ya que su madre biológica no le podía dar sustento por su precaria situación.

Petra, mujer delgada, de pelo negro, muy negro, era una esclava de la tierra y de la vida, como había sido de la revolución; caminaba kilómetros a pie, sin descanso, no sabía leer ni escribir, ni manera de mantener un chamaco.

Concepción no tuvo hijos, así que ese niño fueron sus ojos y ella fue, a final de cuentas, su verdadera madre.

Conchita nació en la Laguna de San Pedro y ella fue la que le enseñó a soñar a Felipe consigo mismo, con su futuro, en un mundo que le ofrece a cada quien la libertad de ser el protagonista de su propia historia.

De esa manera, en ese mundo de luz amorosa, le fue perdiendo el miedo a la oscuridad y se encendió una bombilla de luz eterna en su corazón.

Por eso, a pesar de que eran muy pobres, Felipe tenía motivos para ser feliz y jugaba en la Plazuela Álvaro Obregón, toda la tarde, hasta el oscurecer.

Su papá vivía al día, había trabajado en la Oficina Federal de Hacienda y en ese tiempo, vivían en el Supremo Tribunal de Justicia, enseguida del majestuoso Teatro Apolo, donde Teodoro trabajaba como conserje y hacía el aseo.

De 1929 a 1936 vivieron en una huerta de manzana cerca donde hoy se encuentra la planta de la Pepsi Cola.

Ahí, como en 1933, Teodoro se empezó a dedicar a la venta de flores y Felipe comenzó a tejer coronas, sin que las flores resbalaran y escaparan de sus dedos, aprendió su valor como ofrendas y obsequios para muertos y vivos, sus mensajes de duelo y de amor.

En la Casa de Las Coronas Foto: Miguel Alonso Rivera

La última mudanza: A la casa de Las Coronas 

Luego se cambiaron a la Colonia Guadalupe, donde fueron fundadores pues solamente había una casa más que era el dispensario de Aurelia Echavarría, de la Beneficencia Pública, también llamado Patronato Echavarría. Ese terreno, con el tiempo, pasaría a manos del gobernador Rigoberto Aguilar Picos.

Felipe estuvo en todas las escuelas de su tiempo porque de todas lo corrían por insoportable y travieso, a sus compañeros les pegaba colas de papel o trapitos para que se quemaran.

También se iba de pinta a la palapa que estaba en Las Quintas, y a robar –con sus amiguitos- lo que podían en la Huerta de los Redo que cuidaba Canuto Castro, que los dejaba comer frutas, pero no los dejaba llevarse nada.

Su padre le pegaba con chicote y lo agarraba a patadas hasta dejarlo ensangrentado en el suelo porque no iba a la escuela, mientras su madre lo defendía:

-¡Teodoro, ya no le pegues, lo vas a matar!

Chicote en mano, lo golpeaba sin piedad como a un animal indefenso tirado en el suelo. Cuando intentaba sortear los golpes le iba peor.

El chicote surcaba el aire con un silbido mortal que culminaba con dolorosos chasquidos en diferentes partes del cuerpo.

Felipe no veía la ocasión para terminar por sí mismo con ese infierno de golpes, bofetadas y patadas que había vivido durante años, y de empezar una nueva vida, hasta que un día decidió no volver a sufrir jamás.

A los 16 años le advirtió a su padre:

-¡Ésta es la última vez que me pegas, porque la próxima te voy a matar!

Ante tal situación, su madrastra, que recuerda con cariño como “mamá Conchita”, abandonó a su padre biológico. Los dos hombres, padre e hijo, ya no podían vivir juntos.

Sin embargo, no se fueron muy lejos ya que formaron una vivienda humilde de techo de palma en la Colonia Guadalupe, por la calle Río Humaya, que habitaron por 27 años, del 5 de mayo de 1936 a 1964.

La última mudanza de su vida fue el 2 de agosto de 1964 para cambiarse a donde actualmente vive por la Calle Constitución 72 oriente, entre las Avenidas Obregón y Ruperto L. Paliza, en la Colonia Miguel Alemán.

Su hogar es conocido como “la Casa de las Coronas” porque durante muchos años se dedicó a la venta de flores, arreglos y coronas para servicios funerarios.

El día que estrenó su casa, José Felipe puso música e invitó a varios pescadores de El Castillo, con los que compartía su afición por la pesca en agua salada.

Felipe siempre fue aficionado a la pesca que también disfrutó en agua dulce. En ese mundo acuático sentía su espíritu flotar, hasta que un pez lo regresaba a su cuerpo.

Fue precisamente en esa época, poco después, cuando el presidente municipal Mario Procopio Ramos (1968-1971) pavimentó de la Obregón al oriente. Después al doctor Mariano Carlón López (1972-1974) le tocó la pavimentación al poniente.

En esa casa vive todavía Don Felipe, compartiendo la palabra, haciendo gala de sus sentidos, amando los sonidos, las sensaciones y el olfato, el gusto por la buena comida y las tortillas hechas a mano, recordando y viviendo la vida, en un teatro a ciegas donde, en un mar de recuerdos en los que se mezclan pasado y presente, sus ojos pueden ver sin ver.

*El autor es periodista miembro de La Crónica de Sinaloa, A.C. La próxima entrega se publicará en una semana en este mismo espacio. Fotografías de Moisés Juárez Iribe.

 

SEGUNDA PARTE: La prodigiosa memoria de Felipe Ayala, hijo de una adelita

 

E-mail: correo@miguelalonsorivera.com

Twitter: Miguel_A_Rivera

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Miguel Alonso Rivera Bojorquez

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Stephen King y el escapismo literario

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Por Alberto Farfán

No cabe duda de que en ocasiones en una entrevista el personaje a interrogar desliza involuntariamente ciertas verdades que lo colocan en el sitio que mejor le corresponde. O quizás al contrario, se define tal y como considera que es en realidad, sin importarle las críticas que puedan surgir por ello.

Acaso el best seller número uno de la Unión Americana, Stephen King es un prolífico escritor que ha publicado alrededor de 61 novelas, siete libros de no ficción y cerca de 200 relatos y novelas cortas. Y por toda su obra se estima que ha vendido más de 350 millones de copias.

Generalmente se le sitúa como un autor de historias de terror. Pero en entrevista concedida a The Associated Press (25/02/21), no rechaza abiertamente tal indicación, sin embargo, responde diciendo que lo pueden encasillar como quieran.  “Mi idea es contar una buena historia, y si cruza ciertos límites y no encaja en un género particular, está bien”. Y resulta interesante que él mismo lo afirme pues en realidad al analizar con detenimiento sus obras más representativas sólo se observa eso, que nos relata una simple historia, no una ficción de terror.

Pensemos en Carrie, The Shining y en Misery, la estructura de estas tres novelas es lineal, el discurso narrativo es sumamente elemental y en lo absoluto complejo, los personajes obedecen a estereotipos, se exagera en las historias –sin fortuna alguna– para anular las escenas previsibles y no hay profundidad acerca del entorno de los personajes ni sobre sí mismos. Todo lo cual, en suma, nos entrega tres libros de factura puramente comercial para un público nada exigente y conformista. No por nada los críticos y académicos estadounidenses de notoriedad omiten a King de la alta literatura.

No obstante, hay que mencionar que estas obras en formato cinematográfico sufren una metamorfosis por demás inquietante y plausible. Es decir, como películas son bastante aceptables y dignas de verse. ¿Cuáles serían las razones? En el caso de Carrie, que el director fue el enorme Brian De Palma y por las extraordinarias actuaciones de Sissy Spacek (Carrie White) y Piper Laurie (Margaret White), madre e hija, respectivamente.

The Shining cobra relevancia por su director, el magistral Stanley Kubrick, y la incomparable interpretación del inigualable Jack Nicholson como protagonista. Y en Misery, sin duda alguna, la participación de la actriz Kathy Bates, quien como personaje principal realiza un trabajo perversamente perfecto.

De este modo, podríamos afirmar que al rehacer las obras de mediano nivel literario de King por verdaderos creadores de historias visuales y por excelentes actores de personajes memorables, todo cambia de manera favorable para un público más exigente y difícilmente condescendiente.

De ahí que sea sumamente revelador que Stephen King en el marco de la entrevista sobre sus pasiones como la política y sucesos de actualidad, pero sobre todo al referirse a la literatura y la política, estime lo siguiente: La ficción ha sido un “escape” de la política, no un foro. Y claro, si es sólo un escape, ¿por qué no seguir escribiendo pésimos best sellers? ¿Por qué no continuar enriqueciéndose sin aportar nada para el pensamiento reflexivo de sus lectores? Una posición apolítica siempre es política.

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Los sobrevivientes de la milenaria lengua Tu’un savi

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La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes tu’un savi escribir, transcribir y divulgar su literatura, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística

Por Kau Sirenio

En el fondo de la montaña de Puebla, Oaxaca y Guerrero se pinta el arcoíris con la lluvia que sopla el viento del sur. Ahí, entre el colorido de la vestimenta de las mujeres Ñuu Savi (mixteca) y la música tradicional se forma el espiral de la lengua tu’un savi de un pueblo que se niega a morir. A pesar de los años, aún sobreviven los hablantes de esta lengua milenaria que resisten en todas las trincheras para no desaparecer ni quedarse en el olvido.

Durante muchos años, era impensable que las comunidades indígenas usaran su usanza en fiestas o que desfilaran en las calles para celebrar el día internacional de lengua materna, así ha sido siempre, maestros bilingües tratan de recuperar la memoria cultural de sus comunidades, sin embargo, no todos lo hacen, el miedo al rechazo aún es mayor.

En 2019, se celebró en San Luis Acatlán el encuentro de hablantes de tu’un savi, ese día, cientos de niños y jóvenes salieron a las calles para gritar que ahí están y que su lengua materna aún vive y que pueden cantar y gritarlo, durante el recorrido los muchachos bailaron al compás de las bandas tradicionales que no pararon en tocar piezas Ñuu Savi.

La fiesta era emotiva, sin embargo, algo faltaba en la pachanga Ñuu savi, a pesar de que los directivos permitieron que sus alumnos desfilaran, pero solo fue para los hablantes, mientras que los niños y jóvenes mestizos no tuvieron la oportunidad de convivir con sus compañeros que negaban su identidad en salón de clase.

Esta ciudad fundada por el español Pedro de Alvarado en 1522, de inmediato se convirtió en el sexto ayuntamiento de la Nueva España. De ese linaje “español” San Luis Acatlán cargó con sus prejuicios durante años sin reconocer a la población indígenas que la compone: Ñuu Savi, Me´phaa (tlapaneco) y nahua, a los que siempre llamaron como “huanco”, “indio”, “montañeros”, entre otros motes que les ponían a los indígenas que bajaban a mercar cada domingo.

La carga racista en este municipio no ha cambiado en lo absoluto, los partidos políticos se opusieron para que los pueblos indígenas eligieran a sus autoridades por usos y costumbres, es más hicieron contra labor a la consulta que el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de Guerrero (IEPC-Guerrero), llegaron al grado de usar a los líderes indígenas para desinformar a la población los pros y los contras de la elección por uso y costumbres.

A pesar de todo, el IEPC-Guerrero, encontró que hay un 65.2 por ciento de población indígenas y sobreviven las lenguas maternas en barrios y colonias de la cabecera municipal. A pesar de los datos duros que se tienen, el ayuntamiento no cuenta con información en lengua materna y mucho menos espacios culturales que promuevan la identidad cultural lingüística.

Los funcionarios de la alcaldía dan por hecho que no necesitan intérpretes o difusión de información en lengua materna porque tienen trabajadores que hablan su lengua madre, sin embargo, nada está resuelto porque en San Luis Acatlán, lo que menos quieren los indígenas es aceptarse como tal para no ser discriminados.

Lo que debe de preocuparse que, en diez años, la lengua pierde portadores o los padres de familia prefieren enseñar a sus hijos a hablar el español, lo triste de todo es que de 6.6% hablantes de lenguas indígenas en 2010 bajó a 6.1% en 2020.

Así las cosas, a 21 años de que la Unesco declaró el Día Internacional de la Lengua Materna, no ha cambiado nada, no hubo cambio de fondo en el sistema educativo, la educación intercultural bilingüe, en nivel básica continúa con el mismo esquema “castellanizante”, porque solo se enseña la lengua materna en el aula por unas cuantas horas, aún peor, los profesores son analfabetos de su propia lengua.

El activismo lingüístico debe continuar desde todas las trincheras, porque es necesario repensar la política pública dirigida a las poblaciones indígenas. Porque no basta con celebrar cada 21 de febrero, para desempolvar la ropa tradicional, pero al día siguiente se guardan y los hablantes se enmudecen para no dar explicaciones si hablan una lengua o un dialecto como se educó durante años para enterrar las lenguas maternas que aún florecen en las comunidades indígenas.

Por lo pronto, los maestros Ñuu Savi deben reclamar el espacio para hablar y escribir tu’un savi, y generar condiciones para que la música, la poesía, el teatro, el periodismo, la literatura y el discurso ceremonial se repitan en tu’un savi.

La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes escribir, transcribir y divulgar la literatura en tu’un savi, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística.

Fuente original: piedepagina.mx

 

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El Estado español encarcela al rapero Pablo Hasél por críticas al sistema

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Por Alberto Farfán

El español Pablo Rivadulla Duró (1988), conocido en el ambiente musical como Pablo Hasél, es un rapero de izquierda que se asume antifascista y ha adoptado el compromiso con sus composiciones en video y mensajes a través de la red social Twitter en denunciar y poner en tela de juicio a los poderes monárquicos, políticos, jurídicos y policiacos de su país.

Y debido a 64 tuits (de 2014 a 2016) y una canción (publicada en YouTube), en donde pone de manifiesto su rechazo a los excesos del poder, ha sido sentenciado a prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona y contra las instituciones del Estado, por lo que deberá someterse a nueve meses de prisión, seis años de inhabilitación y al pago de casi 30,000 euros de multa (es decir, más de 700 mil pesos mexicanos).

Por ello, más de 200 personalidades del cine, la televisión, el teatro y la música, entre ellos Joan Manuel Serrat, Javier Bardem y Pedro Almodóvar, emitieron un manifiesto en favor de Hasél, rechazando de manera tajante su reclusión en prisión y planteando la solicitud de eliminar del Código Penal ese tipo de delitos, “que no hacen sino cercenar el derecho, no sólo de libertad de expresión, sino de libertad ideológica y artística”, tal y como sucede en países como Turquía o Marruecos

Pero van más allá los firmantes al argumentar lo evidente bajo un Estado autoritario:  “el encarcelamiento de Pablo Hasél hace que la espada de Damocles que cuelga sobre la cabeza de todos los personajes públicos que osemos criticar públicamente la actuación de alguna de las instituciones del Estado se haga aún más evidente. Es necesario que se difunda esta situación a nivel internacional, para poner de relieve en qué situación nos encontramos. Somos conscientes de que, si dejamos que Pablo sea encarcelado, mañana pueden ir a por cualquiera de nosotros, así hasta conseguir acallar cualquier suspiro disidente”.

Más aún, la organización Amnistía Internacional se ha pronunciado en el sentido de que el encarcelamiento de Hasél por sus expresiones artísticas es una injusticia, y hace un enérgico llamado al Estado español para que realice una reforma al Código Penal con respecto a ciertos artículos que vulneran el derecho a la libertad de expresión.

“Nadie debería ser procesado penalmente sólo por expresarse en redes sociales o por cantar algo que pueda ser desagradable o escandaloso. No se pueden penalizar expresiones que no incitan de manera clara y directa a la violencia. Si no se modifican estos artículos se seguirá silenciando la libertad de expresión y coartando las manifestaciones artísticas”, subraya Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España.

Incluso en favor del cantante y también poeta se expresó asimismo la diputada del Parlamento Europeo para Dublín, Clare Daly: “Mañana, el rapero catalán Pablo Hasél irá a la cárcel por sus letras. ¿Dónde está el llamado a sancionar a España?” Todo lo cual en el marco de la discusión por amonestar a Rusia debido al arresto de un disidente de ese país, en donde Daly evidencia la hipocresía de los congresistas de ser rígidos contra Rusia pero blandos con países como España o Estados Unidos al violar los derechos humanos de sus ciudadanos.

En definitiva, Pablo Hasél no es más que una víctima del autoritarismo de Estado que rige en España, en donde los excesos del poder son públicos y evidentes, basta revisar algunos medios de comunicación para corroborarlo. Él no miente, sólo dice la verdad de manera visceral.

Y este martes, 16 de febrero, ha sido consumada la ignominia. Ha sido aprehendido por los Mossos d’Esquadra (la policía autonómica catalana) en la Universidad de Lleida, en donde se resguardó acompañado de un centenar de simpatizantes, quienes fueron dispersados con gases.

 

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