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Fabricación de culpables

Fabricación de delitos: el riesgo de combatir la corrupción

Susana Enríquez Silva

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Jorge López vivió dos años recluido en un centro penitenciario acusado de un delito que no cometió; fue torturado por las autoridades que lo detuvieron, dejándole secuelas físicas y psicológicas. En México, el 64% de personas encarceladas sufre algún tipo de violencia al ser arrestada*.

Por Susana Enríquez Silva

Jorge López Pérez inició su carrera en 1982 cuando ingresó a la Dirección Federal de Seguridad, años después lo comisionaron al Estado Mayor Presidencial donde laboró cuatro años en el sexenio de Ernesto Zedillo y otros cuatro en el sexenio de Vicente Fox. En el 2007 lo nombraron Director de la Policía Ministerial de Tabasco y en el 2014 lo invita el entonces Comisionado Estatal de Seguridad, Orlando May Zaragoza, a trabajar en Tlaxcala como director de la Policía Estatal Acreditable.

La situación en dicho estado era preocupante, tan sólo del año 2011 al 2013 había más de 150 denuncias por delito de trata de personas con fines de prostitución y únicamente tres sentencias respecto a esos casos. Además, un mes antes de que Jorge López iniciara su periodo, el narcomenudeo ya era considerado uno de los delitos con mayor incidencia delictiva.

La tarde del 21 de enero del año 2015 transcurría de manera normal para Jorge López, después de 30 años de servicio era común recibir avisos sobre asaltos, robos, detenciones, y como en esa ocasión, linchamientos. Se encontraba comiendo en su casa cuando recibió una notificación por radio en la que se solicitaba su presencia en el poblado de Santa Apolonia Teacalco en el municipio de Nativitas. Fue a las cinco de la tarde que junto a elementos de la Policía Estatal Acreditable comenzaron la recuperación de una persona que estaba a punto de ser linchada por presuntamente haber intentado robar un auto.

Horas más tarde, la vida del exdirector de la PEA cambió de manera drástica cuando fue llamado a la oficina de la que en ese entonces era la Procuradora General de Justicia, Alicia Fragoso Sánchez. Al llegar al lugar, Fragoso Sánchez ordenó que fuera detenido sin tener orden de aprehensión; fue en ese momento que comenzó una historia de impunidad y corrupción, historia que hoy en día no ha terminado, pues Jorge López continúa exigiendo al estado de Tlaxcala que le reparen el daño causado por la fabricación de un delito que jamás cometió.

«Somos oficiales que nos debemos al ciudadano»

Jorge López sabe la razón por la que lo detuvieron: intentó cambiar el sistema de policía en Tlaxcala. Desde que obtuvo su puesto en la Policía Estatal Acreditable, López Pérez notó que algunos de sus elementos estaban involucrados en los delitos como narcomenudeo o corrupción, e incluso que recibían órdenes de autoridades de rango mayor por lo que comenzó una estrategia para homologar el sistema de policía y poder garantizar la seguridad al ciudadano.

Su objetivo era transformar la estructura y comenzó a dar cursos propedéuticos a cada municipio, pues había notado que, además, los protocolos de actuación eran ineficientes. Sabe también que los aseguramientos que realizó desde que comenzó su labor al día de su detención, pegaron en el ámbito de autoridades corruptas lo cual molestó a los altos mandos. “Somos oficiales que nos debemos al ciudadano, servimos, no nos servimos de él, desafortunadamente toqué fibras que nunca se habían tocado en el estado y pagué con la cárcel”, afirma con un tono de voz seguro de que él hizo lo que correspondía a su labor.

El día de la detención del director, también fueron acusados por el delito de secuestro exprés, el exdelegado de Apizaco y cinco elementos más de la policía, quienes además fueron obligados a firmar una declaración que jamás dieron. Jorge López fue el único que se negó a hacerlo y asegura que fue el detonante para que en todo el proceso sufriera tortura y maltrato por parte de las autoridades. “Desde el momento que me detuvieron comenzaron a agredirme, me decían de todo: a ver hijo de tu pinche madre, aquí mandamos nosotros”, narra. Lo único que podía hacer era esquivar los golpes y cubrirse la cabeza: “me sentía impotente, no sabía cómo responder”.

Lo estuvieron paseando por horas, primero con el fiscal, pero al no querer declarar lo trasladaron a los separos y lo metieron en un cuarto donde fue violentado física, emocional y psicológicamente. “Me pidieron que me encuerara, me aventaron al suelo y me echaron agua. Yo tenía los ojos vendados pero veía como bolas rojas, me ordenaron que abriera las piernas y es cuando me dan toques en el cuerpo, en todas partes, y yo sólo gritaba el nombre de mi hijo que falleció, ese momento se me hizo eterno”.

«Se te acaba el mundo»

En Tlaxcala no está tipificado el delito de secuestro exprés, así que se buscó meter a la demanda la legislación federal para que procediera. En el momento de la detención no existía ninguna denuncia en contra de Jorge López ni de las otras seis personas detenidas, estas se hicieron hasta las 22:35 y 23:45 de ese día, otra el 26 de enero, después el 27 de enero, y la última el 3 de febrero. “¿Cómo es posible que me detuvieran por algo que nadie había denunciado?”; pregunta López Pérez, todavía sorprendido por lo absurdo de la situación que vivió.

«¿Cuándo acaba la tortura?». Audio: .Susana Enríquez.

Fue ingresado a la zona de alta peligrosidad del Centro de Reinserción Social (Cereso) en Apizaco. La celda en la que lo metieron era pequeña, con un baño, la cama de piedra y un pedazo de zotehuela. “Estuve dos meses incomunicado, lo poco que entraba de luz era por unos barrotes que había pero estaban muy altos, y no los alcanzaba”, narra mientras su voz cambia de tono al recordar los hechos.

El trato que vivió fue inhumano, le pasaban la comida en bolsas de plástico y lo mantuvieron sin tener comunicación con sus familiares hasta por dos meses. “Estar ahí era la muerte para uno, de los barrotes alcanzaba a ver unas como cuerdas y yo decía no pues me voy a ahorcar, se te acaba el mundo al estar ahí, yo pensaba lo peor”. Solamente cuando Jorge López salía a audiencias es cuando veía a su esposa, quien siempre estuvo acompañando el proceso y luchando por su libertad.

Sin embargo Jorge López no fue la única víctima, su madre, y su esposa Sandra Reyes, también sufrieron vejaciones cuando iban a visitarlo al CERESO; las hacían desvestirse, hacer sentadillas para hacer revisión y las tocaban, todo con la justificación de ser necesariopara poder accesar a realizar las visitas. Sandra Reyes siempre estuvo presente buscando pruebas para demostrar la inocencia de su esposo, “yo tampoco me la creía, mi hijo llegó con el licenciado, amá, ahora tú te vas a hacer cargo, yo tengo que trabajar, me puse a llorar pero yo sabía que así no iba a resolver nada”.

En las declaraciones que fabricaron hubo muchos errores, en una de ellas la persona afirmó que reconocía a los detenidos por haber estado presentes en el secuestro, sin embargo el director Jorge López junto al delegado que también fue detenido arbitrariamente, estuvieron juntos en el conflicto de linchamiento que se dio en Santa Apolonia Teacalco. Así que al darse cuenta de que con esa declaración se iba a caer la denuncia, cambiaron la versión de los hechos y acusaron a López Pérez de ser el líder de la banda.

Fotografía que muestra al delegado Juan Carlos Yáñez, el 21 de enero de 2015 en el poblado de Santa Apolonia Teacalco, lugar donde se encontraba con el ex director de la Policía Estatal Acreditable, Jorge López, realizando la recuperación de una persona que estaba a punto de ser linchada por presuntamente haber intentado un auto.

“Una vez hablé con una de las personas que llamaron a notificar, me dijo que había firmado su denuncia por un robo a su casa y que vio un espacio en blanco pero le dijeron que era para otras firmas, yo tenía copia de la denuncia porque en ese espacio en blanco habían puesto el nombre de mi esposo y los demás acusados”, cuenta la señora Sandra.

Hubo un movimiento que se organizó mientras Jorge López se encontraba privado de la libertad. Su esposa realizó dos marchas para exigir justicia y buscó a medios de comunicación de Tlaxcala como Radio Universidad o Línea de Contraste, con el objetivo de dar a conocer todas las irregularidades que estaban sucediendo en el caso. “Por eso digo que mi esposa es una guerrera, porque creyó en mí, sabe quién soy y empezó su lucha desde afuera”, afirma Jorge López mientras presume que lleva más de 30 años en matrimonio con Sandra Reyes.

Después de muchos meses de no presentarse a las audiencias la ministerio público, Jorge López y sus compañeros fueron absueltos de todas las averiguaciones previas: “eran nueve averiguaciones,todas las personas que llamaron a declarar dijeron que no sabían porque estaban ahí o que las habían obligado a firmar, es inverosímil lo que fabricaron, de verdad inverosímil”, narra el ex director de la PEA.

«Los derechos humanos no existen en Tlaxcala«

Es hasta dos años después, el 2 de febrero del 2017, que un juez decide dar la libertad a Jorge López, sin embargo eso no significó el fin, sino el inicio de una lucha para obtener justicia por lo que vivió, pues además de la tortura física, fue exhibido en medios nacionales e internacionales, y perdió la oportunidad de continuar con su carrera laboral. “Yo lucho por reparar el daño moral que nos hicieron a mí ya mi familia, quedé estigmatizado y eso te destruye, pierdes todo”, cuenta.

En el lapso de tiempo que López Pérez estuvo privado de su libertad, encarcelaron a un agente de la policía ministerial, quien le confirmó que las personas que lo torturaron lo hicieron por orden de la ex procuradora Alicia Fragoso Sánchez. Es el 2 de abril de 2018, que el ex director de la Policía Estatal Acreditable, presentó una denuncia penal en contra de Fragoso Sánchez y del ex subprocurador, Víctor Pérez Dorantes, además de integrar a elementos policíacos que participaron en los actos de tortura; un año más tarde de haber ratificado la denuncia, no hay detenidos, los policías continúan laborando para la PEA en Tlaxcala y Fragoso Sánchez no ha sido siquiera llamada a declarar por los hechos.

Jorge López también interpuso una queja a la Comisión Estatal de Derechos Humanos por las violaciones que sufrió desde su detención, y fue el 30 de abril de 2018 que se emitió la recomendación 02/2018 contra el Estado de Tlaxcala. El 29 de mayo fue acatada por el Estado sin embargo hasta la actualidad no ha sido cumplida de manera idónea siendo que el artículo 51 de la ley de la CEDH se establece que una vez aceptada, se deberá realizar su total cumplimiento. Por causa de esto ha realizado dos huelgas frente al Palacio de Gobierno para exigir que le sea reparado el daño realizado. La recomendación emitió que se debía dar una disculpa pública, pagar los sueldos correspondientes que no recibió debido a su detención, recibir tratamiento psicológico para él y su familia, así como ser indemnizado por el tratamiento médico que hasta ahora lleva debido a las lesiones que le dejaron por la tortura, sin embargo únicamente se le otorgó la disculpa pública y el pago de su sueldo por los dos años que estuvo privado de la libertad.

“Para mí los derechos humanos no existen en Tlaxcala, pero creo en la justicia, siempre confié en las leyes y sé que México ya debe de cambiar”, afirma López Pérez quien lucha por algo más que dinero, busca recuperar lo perdido, re dignificar su nombre y el de su familia. Él sabe que sólo un juez podrá determinar quiénes son los responsables por su detención pero su exigencia es que su historia no quede sólo en una más de impunidad. «Quiero encontrarme nuevamente con mi familia y recuperar todo lo que perdimos, pero no voy a dejar pasar esto, voy a seguir luchando para que se reconozca que también existimos policías que somos víctimas de un sistema corrupto. Soy un servidor público que sirvió a su país por 35 años y no permitiré ser pisoteado”, afirma con la mirada fija, seguro de que no descansará hasta lograr su objetivo.

 

Esta historia periodística es resultado del Diplomado de Periodismo y Comunicación para la Justicia de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM), auspiciado por USAID. 

Nuevo Periodismo para la Justicia

Fabricación de culpables

Activistas y familiares de falsos culpables piden libertad al presidente López Obrador

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Por Guadalupe Lizárraga

Familiares de víctimas de fabricación de culpables y organizaciones de derechos humanos se manifestaron frente a Palacio Nacional, para exigir atención a los casos de las personas privadas de su libertad con delitos fabricados, confesiones bajo tortura o procesos irregulares, muchos desde la administración de Vicente Fox.

Uno de los oradores fue José Humbertus Pérez Espinoza, quien fue preso de conciencia como represalia a su activismo, y quien recientemente participó en la elaboración de la ley de amnistía del Estado de México, logrando la inclusión de acusados por delitos de alto impacto. Entre sus propuestas, enfatizó la importancia de replicar esta ley de amnistía a los demás estados de la república para abordar casos con violaciones de derechos humanos, de presunción de inocencia y al debido proceso.

Por parte de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos (LIMEDDH), Adrián Ramírez López enfatizó en los problemas dentro de los penales, el maltrato, la tortura, el tráfico de drogas y la inducción al consumo de ésta, que hacen estragos en los internos.

Expuso el presidente de la Limeddh que además de las confesiones bajo tortura, los falsos culpables eran exhibidos en los medios de comunicación como delincuentes.

El caso de Luis Díaz Pantoja, preso político, detenido de manera arbitraria en 2013, pero con orden de aprehensión desde 2010, fue expuesto por su abogado Jefte Méndez, quien se trasladó desde el estado de Oaxaca a la manifestación.

Francia Henao, madre Nino Colman Hoyos Henao, tomó la palabra para exponer el caso de su hijo, víctima de tortura y detención arbitraria, acusado falsamente de secuestro, y responsabilizó a Isabel Miranda Torres de interferir en la justicia. Señaló que en todas las audiencias judiciales estuvo presente Miranda Torres actuando frente al juez como acusadora de su hijo, además de controlar los medios donde Nino Colman también fue exhibido como responsable del delito sin ninguna prueba.

El caso del capitán de Infantería Vladimir Ilich Malagón Rendón, torturado por la Policía Judicial Militar, después de denunciar por narcotráfico a militares de alto rango de la SEDENA y al entonces secretario de Trabajo, Javier Lozano Alarcón, fue expuesto por Elizabeth Pérez Ramos. Destacó que Malagón fue acusado de homicidio, y se encuentra privado de su libertad desde junio de 2010.

El caso de José Eduardo Toledano Téllez, quien lleva 21 años preso acusado de secuestro, pese a pruebas contundentes de su inocencia, fue otra de las exposiciones por su hermano Héctor Toledano, quien se trasladó de Querétaro a la manifestación. José Eduardo fue sentenciado a más de 38 años por la jueza María Medel, pese a que en 2009, se había capturado al verdadero responsable del delito que se le acusaba, a José Ángel Toledano Sánchez.

Después del plantón en el zócalo, funcionarios de la Secretaría de Gobernación, de la Unidad de Apoyo al Sistema de Justicia que dirige Paulina Téllez, convocaron a las organizaciones a una reunión para escuchar a los activistas.

 

 

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Fabricación de culpables

Las cárceles federales de México, un infierno ‘cinco estrellas’

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CIUDAD DE MÉXICO

Por Alejandro Melgoza Rocha/Anadolu Agency

A Carlos Lizárraga no lo habían golpeado y torturado tanto en sus casi dos décadas de encarcelado, como sucedió el 12 de marzo del 2020, cuando llegaron hombres encapuchados al Centro Federal de Readaptación Social, Cefereso 6, ubicado en el estado sureño de Tabasco, México.

Esa noche, cuando los presos ya dormían, entraron a las celdas de todas las personas privadas de la libertad, los sacaron, revolvieron sus pertenencias y les patearon las costillas y los testículos. A algunos les quebraron los dedos y a otros les dieron choques eléctricos en el ano.

Al día siguiente, Carlos no se quejó con su mamá cuando habló con ella por teléfono, como cada viernes, pues las autoridades acostumbran a escuchar sus llamadas. Dentro de ese penal “aprender a callarse” es un mantra que circula entre los prisioneros, que ya aprendieron cuáles son los castigos por hablar. Sin embargo, en la visita del 14 de marzo, las familias notaron la dificultad de los presos para moverse, así como moretones en los rostros y el cuerpo.

A partir de esa noche, los torturaron de manera continua hasta que el 21 de octubre los trasladaron a la Cefereso 12, localizada en Guanajuato, como parte de la política del Gobierno de México de clausurar las prisiones administradas por iniciativas privadas, también conocidas como CPS.

Durante el traslado, con un trayecto de más de mil kilómetros, se repitieron los mismos golpes, posteriormente, nada cambió en la nueva prisión. Solo abonó nuevas complicaciones emocionales y económicas a las familias, que ahora debían viajar mayores distancias.

A pesar de estas condiciones, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que costear estos reclusorios “es el equivalente a mantener un hotel de 5 estrellas”. Esta afirmación la hizo a raíz de los contratos que se celebraron desde el sexenio del expresidente Felipe Calderón y cuya privatización -como parte de los Centros de Reinserción Privados- le costó al erario en nueve años unos USD 3.730 millones.

La opinión pública recibió la declaración del presidente como si los presos vivieran en medio de lujos en los penales, lo que levantó molestias entre las familias y las organizaciones de reclusos.

A raíz de esto, cientos de organizaciones como Así Legal y Documenta redactaron un comunicado en el que dijeron: “Reconocemos la intención del Gobierno federal de hacer pública la información sobre los contratos millonarios hechos para construir y operar los CPS, después de nueve años en la opacidad. No obstante, el peligro de señalar estos centros como ‘hoteles de lujo’ lleva a desviar la conversación de la realidad del sistema penitenciario”.

Para las cientos de organizaciones firmantes, esa realidad está construida por “tortura sistemática, abuso de prisión preventiva, reincidencia delictiva, violencia sexual, violencia institucional contra las mujeres, personas de la comunidad LGBTTTQI+ olvidadas, hacinamiento, autogobierno, falta de condiciones de vida digna, víctimas de abuso y las miles de personas que por los traslados masivos han sido alejadas de sus familias”.

Sin importar bajo qué esquema estén administradas las prisiones mexicanas, tanto las públicas como las privadas, estas no han garantizado el respeto a los derechos humanos, conforme a las leyes mexicanas y a los mecanismos internacionales, ya que en estas se realizan tratos indignos y crueles. Así lo denuncian personas privadas de la libertad de diferentes penales, abogados y defensores de derechos humanos, afirmación que es respaldada por quejas, amparos y videos a los que tuvo acceso la Agencia Anadolu.

“Los CPS tienen la misma forma de trabajar, encaminada a romper con la persona, a la gente que se defiende: los torturan, los aíslan. Hay muchas violaciones al interior. Yo soy un sobreviviente de ellas en un Cefereso”, expone el abogado y exrecluso Ricardo Sayavedra, quien ahora defiende a reos violentados en sus derechos, como en el caso de Lizárraga o en el de Israel Vallarta, la expareja de la francesa Florence Cassez, a quienes asegura que se les fabricaron pruebas para presentarlos como culpables en 2005.

El CPS (o Contrato de Prestación de Servicio) es un esquema o régimen del sistema penitenciario que significa que empresas privadas, mediante un contrato, reciben un dinero por parte de Estado a cambio de operar los penales.

La Agencia Anadolu solicitó entrevista con el sistema penitenciario federal y el estatal del Edomex sin obtener respuesta.

Los contratos de prestación de servicio

Días previos a la represión masiva en el Cefereso 6, ubicado en Tabasco, estado del cual es oriundo el presidente López Obrador, los presos manifestaron su inconformidad con respecto a las condiciones de alimentación, aislamiento y falta de medidas frente a la llegada del coronavirus a México en marzo del año pasado.

De acuerdo con familiares, se organizó un motín y tomaron como rehenes a los custodios, a quienes grabaron aceptando que las condiciones eran insalubres. Luego estos videos fueron difundidos en las redes sociales.

Prisioneros de numerosos penales de América Latina han recurrido a la práctica de hacer denuncias mediante videos que luego son publicados en las redes sociales, especialmente haciendo una crítica a las pocas medidas de bioseguridad ante la COVID-19, de acuerdo con un monitoreo de la plataforma latinoamericana Connectas.

Los recluidos en Tabasco pensaron que con ese acto sus condiciones podían mejorar, pero no fue así. Mas bien llegaron supuestamente agentes de la Guardia Nacional -la nueva corporación de seguridad de este Gobierno- y los ‘molieron a palos’. Cuando los reclusos se comunicaron con sus familias, el viernes 13 de marzo, el silencio fue notorio. Las pocas palabras –según explican sus madres– eran un signo de que habían sido maltratados.

Ver también: Director de Cefereso #17 ordena torturar a George Khoury, víctima de Wallace, y desobedece amparos judiciales

“Ellos fueron agredidos en la cara, abdomen, brazos, piernas, partes íntimas como lo son testículos y ano, usando descargas eléctricas (…) A mí me consta porque yo fui a visita el día sábado 14 de marzo y vi a mi hijo todo golpeado y también vi a sus compañeros que la mayoría no podían caminar de tanto golpe que recibieron (…) es urgente que ustedes intervengan para que ellos sean atendidos por personal médico, ya que se les ha negado el servicio médico diciendo que no tienen derecho a nada”, señala el testimonio de un familiar que fue incluido dentro de una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

Lo mismo hicieron decenas de familias que se presentaron a la delegación de la CNDH en la ciudad de Villahermosa, Tabasco. Todo ello derivó en que la Comisión dirigiera la recomendación 48/2020 al director de la penitenciaria, donde se acreditaron estos tratos crueles durante un operativo con 149 oficiales, entre las 9:05 de la noche a las 2:10 de la madrugada.

“Elementos de Seguridad y Custodia los sacaron de sus estancias, los desnudaron y los hincaron por varias horas, además de que les rociaron un gas, los golpearon y les dieron toques eléctricos en diferentes partes del cuerpo”, acreditó la CNDH en su visita.

Sin embargo, ahora que se encuentran en un nuevo penal, en el Cefereso 12, las condiciones no han cambiado. Los reos se enferman constantemente, debido a que la administración del penal mantiene prendidos todo el día los ventiladores, porque supuestamente se humedecen las paredes. De todos modos, Carlos no se ha dejado vencer frente a ello, a pesar de asegurar que es torturado día y noche.

Su abogado, Ricardo Sayavedra, interpuso el amparo 677/2020 ante un juzgado federal, mediante el cual señala que su cliente “ha sufrido actos de tortura y actos crueles inhumanos y degradantes, golpes, posiciones forzosas, amenazas técnicas de despersonalización y sometimiento que versan desde el traslado y que se siguen consumando”.

El juzgado séptimo de distrito concedió la medida cautelar para que se “cese de inmediato todo acto de incomunicación, tortura física o psicológica, castigo, tormento o lesiones de que pueda ser objeto (…) y que ponga en riesgo la integridad personal de Carlos Evaristo Lizárraga Flores”. No obstante, según Sayavedra, la autoridad no ha cumplido la medida.

Carlos mantiene su “espíritu inquebrantable” ante las torturas, pero cuando se convirtieron en una práctica habitual sintió desesperación. Lo mantiene de pie su familia y su fe en las leyes, profesión que ha estudiado dentro del penal en estos años, para poder defenderse en las audiencias y asesorar a sus compañeros, lo que lo ha llevado a ser apodado como “El amparista”.

“En una ocasión limpió casi un piso del área donde estaba. Los sacó libres”, narra su hermana Dalia.

“Carlos estudió en Tamaulipas la licenciatura en derecho. Por los traslados ya no pudo titularse y tramitar todo. Dada esa razón, en todos los centros que ha estado, ha tratado de orientar y ayudar a los internos (…) Llega el momento en que eres incómodo para el sistema porque te defiendes y haces valer tus derechos desde dentro de un penal”, señala Sayavedra, quien también se defendió mediante el Derecho cuando estuvo recluido.

Las estatales

Lo que le pasó a Carlos no dista de lo que también se presenta en penales estatales, tanto de hombres como de mujeres. En el Centro Penitenciario y de Reinserción Social Ecatepec, Chiconautla, localizado en el Estado de México, en el centro del país, las condiciones son prácticamente iguales. No reciben mejor comida, servicios médicos o un trato digno, de acuerdo con varios testimonios.

Dentro de este penal, el exprisionero José Humbertus Pérez Espinoza dirigió un movimiento que se rebeló desde 2016 contra los malos tratos y los atropellos judiciales. Junto con 300 presos interpuso un amparo colectivo por violación a la presunción de inocencia y por tortura. Algo así ha intentado Carlos, pero ha sido reprimido e incomunicado. Actualmente tiene los dedos lesionados tras varias fracturas y la visión dañada por el gas lacrimógeno que le rociaron los custodios.

“Si de por sí antes del COVID-19 había grandes violaciones a los derechos humanos, falta de atención médica, alimentos echados a perder, no había una dieta balanceada, con el COVID-19 todo se agudizó”, dice Pérez Espinoza, ahora titular de la organización Presunción de Inocencia y Derechos Humanos (PIDH).

Un reo de la cárcel de Chiconautla, que pidió mantener su nombre en reserva por motivos de seguridad, le explicó a la Agencia Anadolu vía telefónica que su vida “ha cambiado mucho porque es una bomba de tiempo” a raíz de la pandemia. Él fue testigo de un intento de motín el pasado 28 de junio, cuando los reos exigieron comida en buen estado, agua limpia, medicamentos y visitas.

Al final de ese intento de motín, la dirección penitenciaria se comprometió a cumplir las demandas. Sin embargo, en la noche llegaron las “vacas locas”, como se les llama a los antimotines. Decenas de ellos arribaron a las celdas lanzando gas lacrimógeno, los golpearon y luego los aislaron. “Fue para intimidarnos a todos”, cuenta.

Ver también: Director de Cefereso de Michoacán extorsiona, tortura y violan derechos humanos, denuncian internos

Nada de esto lo puede contar en los teléfonos del penal porque, al igual que a Carlos, los custodios les escuchan sus llamadas. Lo hace desde un teléfono celular ingresado ilegalmente: “A personas con VIH las tienen abandonadas, no les dan medicamentos. Los tienen durmiendo en los baños”, comenta el recluso, quien detalla que desde hace cinco meses no les renuevan los tapabocas. Sus familiares deben entregárselos o darles dinero para que los compren a los custodios.

De acuerdo con el ‘Informe Especial sobre el estado que guardan las medidas adoptadas en centros penitenciarios para la atención de la emergencia sanitaria generada ante el virus COVID-19’ de la CNDH, solo al 40,9% de la población carcelaria le entregaron artículos de aseo; el 30% no recibía suministro de agua; el 22,4% de la población nacional no recibió atención médica; y el 30,6% no obtuvo medicamentos. Estos datos están actualizados hasta el 4 de junio de 2020.

En ese mismo punto de la república, en el penal femenino de Tepozanes, han enfrentado lo mismo y agregan que aumentaron las extorsiones. Debido a ello surgieron huelgas, aunque las convictas apuntan que son reprimidas, aisladas, amenazadas de ser trasladadas a otros penales y castigadas sin alimentos.

“Aquí se cobra renta para todo. Nos quitan lo poco o mucho que tenemos. Son mandadas por parte de seguridad y custodias (…) Como no contamos con mucha visita con lo del COVID-19, la corrupción comienza”, dice una mujer privada de la libertad, quien aclara que las extorsionadoras son presuntamente coordinadas por una comandante.

El pasado 18 de agosto dos internas se percataron que unas comandantes e internas golpeaban a una prisionera que se negó a pagar la extorsión. La familia hizo público este problema en redes sociales y fueron amenazados. Más tarde, las testigos fueron sometidas y golpeadas, de acuerdo con una queja interpuesta por PIDH ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM). “Las aislaron en su mismo dormitorio, dejándolas sin alimentos”, señala la denuncia.

“Si no pagas, te tablean”, señala un reo del penal de Chiconautla en Ecatepec, el municipio más grande de América Latina. Un ejemplo de lo anterior ocurrió el pasado 18 de junio en el Centro Penitenciario y de Reinserción Social de Texcoco, Estado de México, cuando a un recluso le propinaron 25 tablazos en las nalgas por no pagar las extorsiones a las bandas que controlan el penal, de acuerdo con un video al que tuvo acceso la Agencia Anadolu.

La cuota se incrementó de los 100 a los 300 pesos, es decir, de 5 a 15 dólares, tan solo para que no les hagan daño.

Para Humbertus, con la pandemia “se elevó el nivel de agresividad ante el aislamiento total de los internos de sus familiares; y sobre todo se generó un gran problema de violencia. Las formas de autogobierno llevaron a extorsiones”. Según otra queja que interpuso Humbertus ante la CODHEM, a los reos los torturan “brutalmente” cuando no pagan la extorsión o los sacan desde la madrugada a hacer la limpieza de todo el módulo, de rodillas y desnudos.

Sea el penal que sea, bajo esquema público o privado, los reclusos están sumergidos en un infierno. Estos son los hoteles de cinco estrellas a los que se refiere López Obrador.

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Fabricación de culpables

Policía condecorado por AMLO en 2004, lleva 15 años en prisión con delitos fabricados por secuestro

Ignacio García

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Por Ignacio García

CIUDAD DE MÉXICO.- Ariel Eros García Islas, ex integrante del grupo élite denominado “Los Cobras”, de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, quien había sido condecorado por el entonces jefe de gobierno de la Ciudad México, Andrés Manuel López Obrador, en 2004, es una víctima más de fabricación de culpables de la pasada administración de Vicente Fox.

Acusado falsamente por el delito de secuestro, por el cual se encuentra procesado en el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) El Altiplano, Estado de México, desde hace más de 15 años, García Islas pidió la intervención del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para que se realice justicia a su proceso irregular.

En entrevista con Los Ángeles Press, el ex policía capitalino denunció que no cometió el delito de secuestro como lo expusieron los medios de comunicación en abril de 2004, pero fue torturado por elementos de la extinta Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) para confesar supuestamente su responsabilidad en ese ilícito.

De acuerdo con el denunciante, los protocolos de Estambul demuestran la tortura de la que fueron víctimas los policías capitalinos detenidos por la desaparecida Procuraduría General de la República (PGR) a cargo de Rafael Macedo de la Concha en 2004.

Agregó que debido a la coyuntura política nacional por la búsqueda del desafuero del entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, el gobierno federal, encabezado por el panista Vicente Fox Quesada, junto con en entonces director de la AFI, Genaro García Luna, maquiló delitos al grupo élite de la policía capitalina para desacreditar la imagen del ahora presidente de la República.

Reiteró que desde hace más de 15 años está procesado en un penal de máxima seguridad en el Estado de México por las consignas del gobierno federal para vengarse del gobierno de izquierda de la Ciudad de México, pues en su momento, dijo, el propio ex secretario de Seguridad Pública capitalino, Marcelo Ebrard,–hoy canciller del país–, reconoció la valía de este grupo policiaco.

Dijo que durante más de tres lustros han violado el debido proceso para evitar su salida y las irregularidades presentadas en el mismo, por lo que al inicio de la actual administración federal, Daniel Miranda, quien se acreditó como representante de la Secretaría de Gobernación (Segob), se acercó con ellos para buscar su intervención, pero no han obtenido respuesta de su parte,

Por ello, pidió que se brinde justicia y no se vuelvan a cometer este tipo de delitos que han persistido contra los ex agentes del grupo policiaco de la Ciudad de México, pese, dijo, a que fue condecorado por el ahora jefe del Ejecutivo federal.

Contexto

Ariel Eros García Islas fue acusado por Fidencio Francisco Facio Trejo, víctima de tortura por agentes de la SIEDO y obligado a firmar la acusación, esposado de espaldas, y solo declaró “conocer a un tal Eros”.

De su expediente desaparecieron muchas pruebas, sin embargo un juez volvió a ordenar que se le hiciera el Protocolo de Estambul a Facio Trejo, resultando nuevamente positivo como en 2004.

 

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