Expedientes Hidalgo: Secuestrado en 2009 logra escapar, y policías estatales lo entregan a Los Zetas

Juan Ricardo Montoya Benitez

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Golpeado y esposado, pide auxilio en un autolavado, de donde llaman a la policía, y los agentes lo entregan a hombres vestidos de negro en auto particular

Por Juan Ricardo Montoya

Entre los años 2008 hasta el 9 de octubre de 2012, cuando se difundió la muerte bajo circunstancias misteriosas de Heriberto Lazcano Lazcano, alias ‘El Verdugo’, líder de Los Zetas, en Hidalgo, sicarios al servicio de «La Letra» o «La Compañía», como también se conocía a esa organización criminal, perpetraron un gran número de asesinatos, «levantones», secuestros y desapariciones forzadas con la complicidad y ayuda de las corporaciones policíacas.

En este contexto, en 2009, la extinta Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada de la Procuraduría General de la República (PGR) inició la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/150 /2009 por la desaparición de una persona a la que se le llamó indistintamente como Christian Jonnes Cano o también Christian Ravel Rascano.

De acuerdo con la averiguación previa antes señalada, el 17 de abril de 2009, una persona que había sido identificada como Christian Jonnes Cano logró escapar de sus secuestradores, a los que señaló como integrantes de Los Zetas. Según el expediente del caso, tras permanecer secuestrado tres días, Christian Jonnes, descalzo, con un grillete que le habían colocado en una mano se escapó de una casa de seguridad ubicada en la populosa y peligrosa colonia Villas del Álamo, del municipio de Mineral de la Reforma, conurbado con Pachuca.

Invadido por el pánico, pedía a gritos que lo ayudaran, mientras corría a lo largo de la Avenida del Roble tras lo cual se metió a una calle que lo condujo a la Avenida de los Pinos de la misma colonia. Así llegó hasta el local de un auto lavado, cuyo techo estaba sostenido con pilares y el cual aún existe, donde le suplicó al empleado del establecimiento que lo ayudara, porque había sido secuestrado por Los Zetas.

Minutos después, agentes de la policía estatal llegaron al lugar. Lo entrevistaron cuatro personas vestidas de negro que nunca se supo quiénes eran. Lo introdujeron en un auto compacto color pistache, que no pertenecía a ninguna corporación de seguridad, y se lo llevaron con rumbo desconocido. A partir de ese momento, y hasta la fecha, 14 años después, no se sabe nada de él.

Desapareció, a pesar de que supuestamente ya estaba a salvo. Se sospecha que fue entregado por los policías a Los Zetas.

Contradicciones e informes incompletos

La policía Ruth Villanueva, en su declaración ante el agente del Ministerio Público federal, explicó que laboraba en el Centro de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo, (C4), de la Secretaría de Seguridad Pública de Hidalgo (SEPH) atendiendo las llamadas que se recibían por teléfono, a través del número de emergencia 066.

Relató que el 17 de abril de 2009, «sin recordar la hora», recibió una llamada de una persona que se identificó como taxista, y le comentó que al transitar por calles de la colonia Villas del Álamo, un joven visiblemente desesperado se le acercó y le pidió ayuda, porque aseguraba que lo habían secuestrado.

El taxista agregó en su reporte que el muchacho vestía de negro y llevaba las manos atadas con una venda y que corría desesperado «sobre la Avenida del Roble cerca de la Universidad Científico Latinoamericana de Hidalgo».

Después la operadora del C4 recibió otra llamada, en la cual un individuo le dijo que en un autolavado se encontraba un hombre que necesitaba ayuda y que estaba «maltratado físicamente».

Ese mismo día atendió un tercer reporte al 066 de un vecino de la colonia Villas del Álamo que reportó «movimientos sospechosos» en una vivienda del lugar, de donde había salido «una camioneta con un golpe» y que al parecer los individuos que iban a bordo habían participado en un enfrentamiento.

En otra llamada más, otro vecino le preguntó si ya podía salir de su casa, ya que había habido un operativo policíaco en las afueras de su vivienda. En otro testimonio, rendido ante la PGR una persona de la que por protección de su integridad sólo mencionaremos las iniciales de su nombre, P.H.M, empleado en aquel entonces de un auto lavado ubicado en la avenida de Los Pinos del fraccionamiento Villas del Álamo, relató que el día mencionado, estaba en el lugar lavando una camioneta acompañado de un joven de 15 años de edad, quien también trabajaba en ese lugar y de un cliente «al que nunca antes había visto» y quien era dueño de un auto compacto negro.

De repente, mientras fregaba con su franela húmeda la camioneta que estaba lavando escuchó un disparo de arma de fuego «y luego apareció un señor gritando: «¡auxilio, auxilio! «¡Me persiguen Los Zetas!». «¡Me les escapé porque me tenían secuestrado!».

Según el empleado del autolavado, el hombre «traía en una de sus manos» unos fierros como esposas, vestía un pantalón negro de vestir, era delgado y joven por el tono de su voz, como de 26 o 30 años, sus gritos eran fuertes y llenos de miedo, y sólo gritaba ¡auxilio, auxilio!», quien luego se sentó en la esquina del establecimiento, en una de las columnas.

El cliente tomó su teléfono celular y llamó a la policía. Se subió a su auto, después de eso, y se marchó «al parecer por miedo» agregó el trabajador.

Mientras el cliente hacía el reporte al 066, P. H. M le dijo a Christian que se escondiera en el baño. Momentos después llegaron dos policías estatales en una patrulla y le informaron que iban a sacar a todos del lugar, a lo que P. H. M les contestó: «al que buscan está en el baño», con la creencia de que los uniformados lo iban a ayudar. Minutos más tarde, cuatro misteriosas personas, vestidas de negro, entre ellas una mujer que sin identificarse ni decir quiénes eran, le dijeron a P. H. M que querían hablar en privado con Christian, sin que lo impidieran los policías.

Precisó que para ese momento, ya había cinco patrullas más de diversas corporaciones en las afueras del autolavado. Pese a que ya habían varios policías en el lugar, el joven Christian seguía pidiendo auxilio a gritos.

El empleado vio de lejos cómo los individuos y la mujer se acercaron a Christian y comenzaron a hablar con él sin escuchar que decían. Después llegó el auto compacto color pistache al que los policías introdujeron a Christian, y se lo llevaron con rumbo desconocido.

El agente del Ministerio Público federal tomó la declaración también del otro empleado que presenció los hechos, que en aquella época contaba con 15 años de edad, y cuyo relató coincidió con el de P. H. M. Sólo agregó algunos detalles como el que Christian había llegado al lugar descalzo, que tenía una esposa cromada en una de las manos y que el cliente que llamó a la policía – propietario de un auto Seat negro- ya en otras ocasiones había ido al lugar a solicitar el servicio, lo que contradice lo que había declarado P. H. M de que no lo había visto antes.

Coincidió en que Christian fue introducido en un auto compacto color pistache que «no era de la policía». Los dos empleados del autolavado fueron las dos últimas personas que vieron con vida a Christian.

Por si te lo perdiste: Expedientes Hidalgo: Los policías de Pachuca desaparecidos por sus compañeros al servicio de Los Zetas – (losangelespress.org)

 

Se desconocen quiénes eran las personas vestidas de negro que hablaron con él en el autolavado antes de ser subido al auto color pistache. Las versiones de las operadoras de radio y otros empleados del C4 difieren en algunos detalles de los reportes que difundieron por radio los policías estatales y ministeriales que acudieron a Villas del Álamo a atender el llamado de auxilio.

María Victoria González, otra empleada del C4, declaró ante el Ministerio Público que ese día entre las 15:20 y 15:40 horas, «según las notas, informaban que una persona esposada de las manos iba corriendo en Villas del Álamo». Explicó que como protocolo, el reporte lo transmitió a todas las corporaciones de seguridad con presencia en el C4, tales como la Coordinación de Seguridad Estatal, las secretarías de Seguridad Pública de los municipios de Pachuca, Mineral de la Reforma y Tizayuca, la PGR, la Décimo Octava Zona Militar, la hoy extinta Policía Federal Preventiva y la Policía Judicial.

También lo notificó a Ahuizotl Hideroa Juárez y a Esteban Reyes Hernández, director y subdirector respectivamente de la Policía Ministerial, que al momento en que María Victoria hizo su declaración ante el Ministerio Público, el 15 de junio de 2009, ambos cumplían ya dos semanas de haber dejado sus respectivos cargos. Asimismo informó al entonces primer comandante de la Policía Ministerial Abelardo Cortés Skewes.

Declaró ante el agente del Ministerio Público de la Federación que en aquella ocasión Ahuizotl Hideroa ordenó a todas las unidades a que fueran a atender el reporte. Aunque los hechos ocurrieron en un autolavado, según María Victoria González, los elementos policiacos reportaron haber acudido a una «gasolinería» de Villas del Álamo y que tardaron 30 minutos en llegar.

Le informaron que Christian «según estaba con un taxista» y que «los presuntos responsable se dieron a la fuga rumbo al cerro» que se encuentra cerca de Villas del Álamo. Luego recibió otro reporte de que no habían logrado capturarlos.

Sobre Christian, la operadora dijo que se enteró de que estaba en una gasolinería «por las notas generadas por la Coordinación de Seguridad Estatal. Al primer reporte de la persona corriendo fui informada por el comandante Ricardo Mendoza Bermúdez, de la División de Personas Extraviadas y Delitos Sexuales».

Felipe Barranco Pérez, coordinador del servicio telefónico de Emergencia 066 del C4, declaró ante las autoridades federales que además del reporte del joven que solicitó ayuda en el autolavado, también se recibió otro de una camioneta abandonada cerca de una tienda Oxxo, cerca de una plaza comercial ubicada sobre avenida Universidad, de la cual un grupo de individuos habían bajado y aparentemente huido.

De acuerdo con otros reportes elaborados por el C4, en ese lugar se suscitó un enfrentamiento entre policías de diversas corporaciones oficiales con los que iban a bordo de la camioneta, los cuales corrieron a un cerro cercano, tal como lo declaró María Victoria González en base a los reportes que recibió.

Aunque al sitio en que se encontró la camioneta llegaron elementos policíacos de Mineral de la Reforma, Pachuca, agentes ministeriales, de la PGR y hasta soldados, los individuos -que se presume buscaban a Christian tras haber escapado de la casa de seguridad- no fueron capturados.

A pregunta expresa del agente del Ministerio Público, de que sí sabía que Christian estaba secuestrado, Felipe Barranco dijo que tres días antes se había recibido un reporte en el C4, en el que se informaba la desaparición de un hombre de apellido Jonnes, y que a través de tarjetas informó sobre ese hecho a Mercedes Hernández, secretaria particular de Damián Canales Mena, titular de Seguridad Pública de Hidalgo, así como a Alejandro Fonseca, entonces Coordinador General del C4.

Secretario de Seguridad Pública de Hidalgo, citado a declarar ante PGR

Para tratar de esclarecer qué había pasado con Jonnes, Faustino Ángulo Soberanes, agente del Ministerio Público Federal, citó a comparecer a Damián Canales Mena, entonces secretario de Seguridad Pública de Hidalgo. En su declaración, el 17 de abril de 2009, reveló que su secretaria particular le entregó una tarjeta informativa generada por el C4, en la que se informó de la huida de una persona de sus captores que lo tenían privado de su libertad y que había solicitado ayuda a un local de lavado de autos.

También, de que cerca de allí, se había suscitado un enfrentamiento a balazos entre policías estatales y ministeriales con presuntos delincuentes en la misma colonia Villas del Álamo.

Sobre el enfrentamiento, Canales aseguró que fue confirmado por Juan Antonio Franco Bustos, entonces director del Estado Mayor de la Policía Estatal de Hidalgo, quien además le dijo que dos individuos habían sido capturados.

Canales Mena entonces se comunicó por teléfono con Manuel Albarrán Montaño, delegado de la PGR en Hidalgo, y a la Décimo Octava Zona Militar, en específico con un coronel al que sólo identificó con el apellido de Colchado. Les informó sobre la supuesta detención de dos individuos.

Luego se trasladó a la avenida Universidad, donde se había producido el enfrentamiento y vio a una camioneta Ford color gris con doble cabina, con la llanta delantera del lado del copiloto acostada, lo que impidió que siguiera su marcha. Vio también que la puerta de ese mismo lado del vehículo estaba abierta y que había trece cajas de cartuchos para armas de fuego «sin percatarme de qué calibre eran».

Al notar que en el lugar ya se encontraban los agentes y mandos de la PGR en las labores de recolección de indicios para iniciar la investigación, decidió marcharse.

Ese mismo día, horas más tarde, Damián Canales llamó por teléfono a Ahuizotl Hideroa, director de la Policía Ministerial a quien le preguntó qué había pasado con la persona que de acuerdo al C4 había huido de sus secuestradores y sobre los dos supuestos detenidos de los cuales le había informado Juan Antonio Franco Bustos.

«Me comentó que ya había platicado con todos los mandos de la coordinación de investigación que habían acudido al evento en cuestión y que todos aseguraban que no había ningún detenido», dijo. Canales Mena durante su comparecencia ante el Ministerio Público aclaró qué había pasado con Christian, pero ni siquiera se tuvo la certeza de cómo se llamaba el joven desaparecido.

Leer más: Expedientes Hidalgo: Policías al servicio del crimen organizado, involucrados en desapariciones forzadas – (losangelespress.org)

Una investigación ineficiente

En un informe elaborado por los policías federales para investigar éste y otros casos de secuestros y crímenes cometidos por Los Zetas, informaron que por no contar con suficientes datos no habían logrado ni la ubicación del domicilio ni la identidad real de la víctima, de la que se manejaron dos probables nombres: Christian Jonnes Cano o Christian Ravel Rascano. Supuestamente vivía en el departamento número 101, del edificio Santiago de Anaya, sin conocerse de qué colonia o unidad habitacional.

Ni los dos posibles nombres de la víctima ni mucho menos su foto se publicaron en plataformas de búsqueda de personas desaparecidas. Tampoco fue localizada ni llamada a rendir declaración, la persona que hizo el reporte de su desaparición al C4.

El caso de plagio, la angustiosa huida y desaparición, cuando supuestamente ya estaba a salvo, permanecen en el más completo misterio.

Policías en narco nóminas Zetas

Los mandos policiacos que presuntamente atendieron éste y otros hechos, posteriormente fueron acusados de haber colaborado con Los Zetas, luego de que sus nombres aparecieron en «narco nóminas». Cuando se dio a conocer este hecho, fueron detenidos e ingresados a Centros Federales de Readaptación Social, mientras enfrentaban el proceso penal correspondiente, pero con el tiempo fueron exonerados y liberados.

El 17 de febrero de 2012 días, después de haber sido capturado por elementos de la Policía Ministerial en el municipio hidalguense de Mixquiahuala, Ahuizotl Hideroa Juárez fue declarado formalmente preso por el juez Segundo de Distrito en Procesos Penales Federales en Nayarit.

La PGR, a través de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), informó que el juez de la causa consideró que existían elementos suficientes para instruirle proceso penal por su probable responsabilidad en la comisión de los delitos de delincuencia organizada y por colaborar al fomento de la ejecución de delitos contra la salud. No obstante años después, también fue liberado.

En cuanto a Estaban Reyes Hernández fue detenido en mayo de 2011, acusado del homicidio de Ramón Estrella Salazar, masajista del Club de Fútbol Pachuca, ocurrido el 10 de septiembre de 2009, a las afueras de la Marisquería El Retorno, y también por brindar protección al Cártel de Los Zetas. Pero al igual que Ahuizotl Hideroa, fue exonerado y puesto en libertad.

No obstante, fue ejecutado a balazos la madrugada del 24 de agosto de 2018 cuando conducía un vehículo Mercedes Benz sobre el Boulevard Felipe Ángeles de Pachuca, cerca de la estación Central de Autobuses del Tuzobús.

En contra de Abelardo Cortés Skewes salió una orden de aprehensión señalado también de estar coludido con Los Zetas, pero logró evitar ser detenido. Su abogado interpuso un amparo por medio del cual solicitó al juez federal que había ordenado su detención, que hiciera una revisión a fondo del caso. Lo ganó, y Cortés Skewes quedó exonerado sin que hubiera pisado la cárcel.

En marzo de 2021, Abelardo Cortés Skewes fungía como director de Seguridad, del Centro Federal de Readaptación Social, de Villa Comaltitlán, Chiapas.

Tanto él, como otro funcionario del penal, Guillermo Montoya de la Torre, así como la directora técnica, Guadalupe Estrada Meza, han sido señalados tanto por los reos como por sus familiares de cometer actos de tortura y corrupción.

 

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