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Con voz propia

¿Estado de Derecho o Neopresidencialismo?

El neopresidencialismo consistiría en crear de nuevo el eje de dominación que mantuvo al PRI durante más de 70 años en el poder

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Darle fuerza a quien llegó débil a la rpesidencia. Foto: red

Francisco Bedolla Cancino*

Hasta ahora, como quien tiene estudiado el campo de batalla y se ha preparado para enfrentar las más acres descalificaciones, los altos funcionarios gubernamentales han esgrimido una estrategia declarativa bien enfocada y bastante puntual en torno del acto de encarcelación de Elba Esther Gordillo, popularmente bautizado como el “elbazo”. Se trató, insisten una y otra vez, de una acción vindicatoria del Estado de Derecho. Así, frente a las previsibles comparaciones con la decapitación del SNTE acaecida en los albores del sexenio salinista, el argumento para la decapitación actual estaba listo: hay una mar de diferencia entre el quinazo y el elbazo, pues a diferencia de lo sucedido con el entonces líder vitalicio del magisterio, el profesor Carlos Jongitud, la detención y encarcelamiento de la lideresa no se basaron en la siembra dolosa de pruebas incriminatorias, sino en una investigación sistemática y en un cúmulo de pruebas fehacientes que acreditan las acusaciones de delincuencia organizada y lavado de dinero.

Sin desatender la validez los aspectos del cuidado de la legalidad y el debido proceso enfatizados en la línea del discurso oficial, e incluso dando como ciertas las diferencias entre ambos procesos de decapitación del SNTE, “el quinazo” y “elbazo”, resulta posible sostener, con una base igual o mayor de evidencias y argumentos, que el móvil decisivo de dicha acción fue la restauración del principio presidencialista, una especie de vuelta de timón de 180 grados hacia la era dorada del régimen político anterior a la alternancia y a la transición, en el que, muy a la mexicana, la voluntad del presidente en turno era punto menos que inatacable. En esta línea de interpretación abona precisamente la emblemática y publicitada declaración de EPN de que “no hay intereses intocables…” o, mejor dicho, que todos los intereses son tocables por el presidente.

Así, en los albores del presente sexenio, hay fuertes indicios de que estamos colocados frente a una encrucijada histórica, cuyo derrotero hipotecará para bien o para mal el futuro nuestro y el de las próximas generaciones: o Estado de Derecho

y, por ende, el imperio irrestricto de la ley sobre las personas, o restauración presidencialista y, por lo mismo, el imperio de la voluntad del presidente en turno sobre los mexicanos.

Con todo respeto para los artífices de la retórica oficial, y previo reconocimiento a la legalidad de los actos promovidos por la PGR en el elbazo, resulta un despropósito inferir que hemos dado el primer e irreversible paso en la ruta hacia la forja de un Estado de Derecho. Si las reglas del saber y la experiencia humana acumuladas nos dicen algo significativo sobre este particular, es precisamente que no puede avanzarse en esta línea al margen de cambios institucionales impulsados con decisión e inteligencia, que incidan efectivamente en la prevención, persecución y sanción de los actos de corrupción y de impunidad, sin importar filias, fobias, tiempos, lugares, magnitudes o intensidades.

Lo que hasta ahora hemos visto, dicho con toda crudeza, no es mucho más que un acto sonoro y sonado de la voluntad presidencial que, cuidadosa de las formas jurídicas, se aprestó a librar un combate frontal en contra de una lideresa corporativa y corrupta, que, por si fuese poco, encabeza una oposición frontal en contra de uno de los estandartes de El Pacto por México: la reforma educativa. A favor de dicho acto, cabe precisar, abonan el repudio y los sentimientos de agravio popular ganados a pulso por la protagonista y manejados magistralmente en el discurso oficial. Sin menoscabo de ello, vale precisar que la popularidad de una medida ni sus aportes catárticos sustituyen el ingrediente sustancial en la forja del Estado de Derecho: instituciones estatales sólidas, eficientes y aptas para ganarse la confianza ciudadana.

Sin percatarse de ello, quienes alientan descuidadamente la opinión de que el elbazo autorizado por EPN significa el comienzo del fin de la corrupción y la impunidad en nuestro país, son confesos paladines de la ruta que conduce, quizás de modo inexorable, a la restauración del presidencialismo a la mexicana, entre otras razones, porque creen que la voluntad presidencial, aun sin instituciones implementadoras de sus decisiones, es condición suficiente para impulsar un cambio estructural.

En medio de las dudas que hoy nos asaltan, una cuestión positiva es que el escenario político de corto plazo reboza de hipótesis nulas para la línea oficialmente asumida de que vamos “en caballo de hacienda” hacia el Estado de Derecho: el tratamiento que se otorgue a los tristemente afamados y presuntamente corruptos miembros de la clase política afín al partido en el poder. Si en tales casos termina por imperar la impunidad, la conclusión inevitable es que en nuestro país puede practicarse la corrupción, a condición de no enemistarse con el presidente.

A propósito del escenario de la restauración del presidencialismo, simplismo aparte como los criticados por Luis F. Aguilar o Jorge Castañeda, entre otros, es pertinente aclarar que, de ser viable, no se trataría de una calca del existente en el siglo anterior, sino de una adecuación sofisticada a los imperativos y la mayor complejidad del siglo XXI. Mal que bien las instituciones de nuevo cuño y presuntamente autónomas como el IFE, el IFAI, el Banco de México, el Tribunal Electoral, entrañan obstáculos dignos de consideración a la voluntad presidencial, y otro tanto hacen los así llamados partidos políticos de oposición.

Hoy, la moneda está en el aire. Mas, si alguien duda de que existe una fuerza histórica que apunta hacia la restauración presidencialista, baste con ver las reformas aprobadas por el conclave priista en sus documentos básicos. Su alineamiento total a las directrices de EPN y la membresía formal de éste dentro del órgano máximo de dirección del PRI apuntan incontestablemente hacia la reconstitución de la disciplina partidaria a ultranza, pilar histórico de las siete décadas de dominación de antaño. El otro pilar del presidencialismo, las redes corporativas, también podemos suponer que ha entrado en proceso de reconstitución, y que en él, pueden tener un papel preponderante los circuitos de negociación con una oposición partidaria corporativizada y el control partidizado de las instituciones formalmente estatales. He ahí algunas de las claves de materialización del neopresidencialismo.

*El autor es analista político mexicano

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Acapulco: morir en tierra de nadie

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El más triste recuerdo de Acapulco dejó marcados a muchos acapulqueños que optaron por migrar a otros lugares del país para ponerse a salvo, y es que en Acapulco pasa de todo, balaceras, extorsiones, militarización y muertos a pleno luz del día

Por Kau Sirenio

Twitter: @kausirenio

Muy lejos quedaron esas cumbias acapulqueñas que daban vida a la ansiada Bahía de Santa Lucía, de esa playa que combina con la buena música, pero perdió el glamour cuando llegaron los militares a la costera para replegar a hombres civiles armados que disputan el trasiego de la droga en el puerto. Ahora, todo ha cambiado, en lugar del Amor Eterno que Juan Gabriel le cantaba al más triste recuerdo de Acapulco, se escuchan el chiflido de las balas, las ráfagas eternas, los gritos a los lejos, y las palabras altisonante que militares repiten cada vez que dan órdenes.

En los años 80, el grupo regional La Luz verde de Acapulco le cantaba a las playas de lo que años atrás era el paraíso para los extranjeros, la rola que ellos inmortalizaron en los cabarets sonaba así: “Vamos a Acapulco a gozar la vida/ Vamos a Acapulco a gozar la vida/ me voy a la playa con mi consentida/ allá en Caletilla tengo una güerita…” mientras que los paisanos que venían de otra regiones se contoneaban bailando en los brazos de una morena.

Así transcurrían las noches en las cantinas y centros nocturnos en los años 70 y 80, de cuando los campesinos llegaban a Acapulco a emplearse en la construcción de hoteles, después de la jornada se iban a beber con los suyos en la zona de tolerancia “zona Rosa” mientras que los turistas nacionales e internacionales se hospedaban en los hoteles de lujo que los macuarros construyeron por unos míseros pesos.

Esa tranquilidad le daba confianza a los vacacionistas que llegaban a la playa cada periodo vacacional a disfrutar el sol y la arena. Hasta finales de los 90, el consorcio televisivo (Televisa) llevaba artistas a la tocada en playa Tamarindo y centro de convenciones a presentar sus nuevas rolas en el llamado “Festival Acapulco”, pero pronto dejó de existir.

En esos escenarios se le cantaba a Acapulco: “Obscura soledad estoy viviendo yo/ la misma soledad de tu sepulcro mamá/ y es que tú eres, es que tú eres/ el amor de cual yo tengo/ el más triste recuerdo de Acapulco…”.

El más triste recuerdo de Acapulco dejó marcado a muchos acapulqueños que optaron por migrar a otros estados del país para ponerse a salvo, y es que en Acapulco pasa de todo, balaceras, extorsiones, militarización y muertos a pleno luz del día.

Desde que policías municipales le marcaron el alto a la camioneta Liberty, donde viajaban los hombres armados el 27 de enero de 2006, cerca la colonia La Garita, desde ese día el paraíso tuvo cambio kafkiano, se convirtió en un verdadero infierno.

Meses después de esa balacera aparecieron las cabezas de un comandante y un oficial de la Policía Preventiva Municipal (PPM) de Acapulco, que fueron levantados. Las cabezas estaban  clavadas en una reja metálica de la coordinación administrativa Costa Chica y Costa Grande de la Secretaría de Finanzas del gobierno de Guerrero, con el mensaje «Para que aprendan a respetar».

Las balaceras siguieron días, meses, años después y fue creciendo en espiral hasta perder la noción del tiempo por tantos muertos que han caído, diario la prensa local da a conocer números de muertos. No ha habido un día en que no amanezca con uno o diez muertos.

No paró ahí, las balaceras se hicieron costumbres, el pánico pasó a la normalidad para los acapulqueños, los muertos se convirtieron en la imagen de la pobreza, cuando las fuerzas militares replegaron la violencia de la costera hacia la periferia.

Los balazos primero fueron en la costera, sobre todo en los barrios históricos hasta 2008, pero después de que Manuel Añorve Baño ganó la presidencia municipal de Acapulco, en un operativo conjunto con la policía federal, replegaron las balaceras a las colonias populares.

Así fue, Acapulco era el puerto que todos deseaban conocer. Desde la  Montaña y la Sierra bajaban hombres y mujeres a emplearse en restaurantes y servicios de transportes o comercios. Pero la tragedia que empezó en 2006 arrasó con todo. Del 27 de enero de 2006 a la fecha, Acapulco y Guerrero lo han gobernado: El tricolor, el amarillo y ahora el guinda, aún así nadie ha encontrado la formula para regresar la paz a los acapulqueños.

De asesinatos en la Costera Miguel Alemán, a las calles de las colonias populares de la periferia  vino una metamorfosis, pero no para bien, sino más doloroso aún. Jóvenes en su mayoría, hombres y mujeres han desaparecido. De ahí, las familias se organizaron para crear colectivos  de búsquedas de hijos e hijas, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas, tíos y tías, esposos y esposas, abuelos y abuelas, y vecinos o vecinas que aún no regresan del mandando al que fueron.

Los desaparecidos no tendrán tumbas ni flores, porque Guerrero es tierra de nadie, aquí los desaparecidos se convirtieron en estadísticas. Aunque a veces los cláxones rompen los tímpanos de los pasajeros; sin embargo, ahí adentro de esa lata rodante convertido en disco móvil, alguien pregunta “Si le viste, dile que lo o la estoy buscando”.

La militarización de la Costera trajo otro conflicto. En decenas de ocasiones, comerciantes semifijos y transportistas paralizan el puerto, con sus carteles garabateados: “Saquen a los militares de las calles”, en otro retazo de papel se lee “Los militares violan los derechos humanos”.

Con la detención de siete integrantes de la Unión de  Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), en Marquelia, Costa Chica de Guerrero, Acapulco quedó sin arterias, de nuevo comerciantes y transportistas cerraron las principales avenidas del puerto, para que elementos del Ejército mexicano y Guardia Nacional liberaran a los detenidos.

Así las cosas en Guerrero. La migración aumenta, mientras que la política pública no despega,  las consecuencias son enormes: los bloqueos en las carreteras de Guerrero y vialidades de Acapulco se hicieron costumbre. Esto convierte a Guerrero en tierra de nadie.

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Fuente: piedepagina.mx

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Más de 500 niños indígenas asesinados por el Gobierno de Estados Unidos entre 1819 y 1969

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 Por Alberto Farfán

En el país que se autoproclama defensor de la libertad y de los derechos humanos en todo el mundo, además de guardián de la democracia, la paz y la igualdad en todos los rincones de la Tierra, surge la noticia de que en su propio territorio cientos de niños, desde los cuatro años a la adolescencia, fueron asesinados por su origen étnico, con el objetivo de asimilarlos a la forma de vida norteamericana.

Todo indica que a raíz de que se descubrieran centenares de tumbas de niños y adolescentes asesinados en internados para indígenas en Canadá, de lo cual dimos constancia en este medio (Los Ángeles Press, 26/07/21), el Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.)  inició una investigación para tratar de esclarecer qué habría ocurrido en este sentido en su país.

La indagatoria a cargo del Departamento del Interior, cuya titular es de origen indígena, Deb Haaland, ha revelado datos realmente estremecedores. De hecho, para la funcionaria ─quien es la que encabeza el informe─ las cifras podrían ascender a miles o decenas de miles de indígenas muertos. Sobre todo si se considera que sólo se han identificado 53 fosas con cadáveres de los 19 internados federales escrutados, de los 408 ubicados en 37 estados de la Unión Americana, entre 1819 y 1969. Y si se toma en cuenta que existen 98 millones de páginas de registro acerca de los abusos en esas mal llamadas instituciones, además de que ─como lo asevera Deb Haaland para evitar equívocos─ fue el Gobierno de EE. UU. el que administró directamente algunos de esos internados bajo la protección de leyes y políticas nacionales para “civilizar” a los niños y adolescentes nativoamericanos.

Con base a un procedimiento militarizado radical y a la imposición en extremo violenta de una visión ajena a su identidad, las víctimas padecían la separación obligada de sus familias, internamiento y trabajo forzados, castigos corporales de toda índole, como el aislamiento, la flagelación, la privación de alimentos, azotes, bofetadas, nula atención médica y aunado a ello les impedían hablar su propio idioma.

Apunta Haaland en conferencia de prensa: “Las consecuencias de las políticas federales de internado indígena, incluyendo el trauma intergeneracional causado por la separación de la familia y la erradicación cultural infligida a generaciones de niños desde tan sólo cuatro años, son desgarradoras e innegables».

Y subraya a manera de conclusión: «Procedo de antepasados que sobrevivieron los horrores de las políticas de asimilación llevadas a cabo por el mismo departamento que ahora dirijo… Cada uno de esos niños es un familiar desaparecido, una persona que no pudo cumplir su propósito en esta Tierra porque perdió la vida como parte de este terrible sistema».

Crimen de lesa humanidad en las entrañas de EE. UU. que debe ser investigado a fondo para poner en evidencia a los responsables y sobre todo para dar a conocer los nombres de todas aquellas que fueron las víctimas de tan terrible política de Estado, para que nunca más se repita o quede impune.

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La crisis nos une

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Una Colorada (vale más que cien descoloridas) 

Por Lilia Cisneros Luján

En el sector turístico hay la emoción de pensar que los nubarrones de poca productividad, aumento de inseguridad, disminución de beneficios –trabajo, vivienda, liquidez, salud, vida- a los cuales nos habíamos acostumbrado, serán remontados debido a que se inicia “la temporada alta”. Debido a la desaparición de procesos de evaluación poco se dice del abandono escolar, del bajísimo rendimiento en el campo -por los escases de agua, el alto costo de los fertilizantes, la migración de los agricultores jóvenes- el temor colectivo como resultado de muertes derivadas de una salud sin atención adecuada y la desbordada maldad de los criminales; este periodo de vacaciones no parece ser el espacio que todos necesitamos para alcanzar la felicidad. Los peligros de una juventud que tiene derecho a divertirse ¿son culpa de los padres, los maestros, o la propaganda desbordada? ¿Se logrará que los jóvenes regresen sanos y salvos a sus hogares después de una fiesta?

Aun sin la infraestructura para realizar estudios que permitan establecer metas con sustento, el pueblo sabio -no el safio- se da cuenta que aumentan los riesgos para adultos jóvenes que acuden a una “cita de trabajo” Las instituciones educativas públicas están quedando sin espacio para aumentar la preparación de quienes serían los promotores de un México más competitivo ¿De verdad la juventud ha perdido el ánimo de vencer obstáculos pues se le ha convencido que solo con dinero para asistir a una universidad costosa podrá triunfar? ¿Quién promueve la participación esencial en politiquería de los estudiantes de Facultades públicas? ¿Por qué se ve a estos alumnos únicamente como consumidores de becas, limosneros del “bienestar” en suma fracasados en camino al suicidio?

A los pequeños en sus clase de catecismo, la escuela dominical o la escuelita bíblica de vacaciones, se les motivaba a ser como ese hombre chaparrito, dedicado a trabajar con los gobernantes de la época quien se trepó en un árbol para aprovechar la única ocasión que vislumbró Zaqueo de ver pasar a Jesús de Nazaret, rumbo a Jerusalén ¿tienen hoy alguna motivación para trascender las personas que se ufanan de no creer en Dios, pero vencen su voluntad ante el dictado irracional de un líder que usa las estructuras religiosas para manipular y causar daños a los feligreses? ¿Quiénes han abundado más al crecimiento de los ateos, los pederastas de las iglesias católicas o los defraudadores y abusadores de las pseudo evangélicas[1][1]? ¿En qué parte ocultan la sabiduría expresada en la biblia que, en nuestro país, dio como resultado la educación laica o los límites de participación en política a los dirigentes religiosos? El Dalái Lama –cuya divinidad parece ir en declive- ¿recibe algún beneficio de los miles de negocio de moda que enseñan la práctica del yoga y la meditación como único camino para la reencarnación? ¿De verdad este octogenario religioso budista se ha desempeñado como agente de la CIA contra China?

Los misioneros que llegaron a México con la aprobación de Lázaro Cárdenas, para enseñar el nuevo testamento en las lenguas originales de 62 grupos autóctonas de este maravilloso país, dejaron como beneficio no solo el interés por tales grupos sino la traducción del himno nacional y la constitución de entonces ¿De verdad había espías extranjeros, entre los misioneros del inglés que se convirtió en amigo de la familia entonces presidencial? ¿Por qué Echeverría empezó a caminar por la senda de desconocer los convenios firmados a 100 años antes de que el plazo se cumpliera? ¿Cómo es que aquel “maestro de políticos” -algunos de ellos muy jóvenes- siendo abogado privilegió una justicia casi arrabalera sobre el cumplimiento de la ley? ¿Cuántos alumnos de entonces siguen medrando en los círculos de poder explotando a la población rural? La suma de todas estas no respuestas es lo que en realidad nos mantiene en la actual crisis.

Así como aquel personaje bíblico mencionado en el evangelio de Lucas se esforzó y buscó la manera de vencer obstáculos, la humanidad de hoy debiera encontrar la forma para no caer en la manipulación que confronta a miembros de distintos partidos o diversas religiones. Debiéramos, por ejemplo, aplicar el ecumenismo para alzar unidos la voz ante el reciente homicidio de dos sacerdotes jesuitas en el estado de Chihuahua ¿Alguien se preocupa por la lamentable definición con que nos califica el jefe del estado vaticano?

Desde siempre los indígenas del norponiente del país han sido explotados. Porfirio Díaz los persiguió y asesinó; los presidentes del priísmo tenían en sus actos de campaña y gobierno el recibirlos, reconocer su autonomía; pero a la hora de la verdad, así como hoy se hace, simplemente les mienten y ellos usan el único camino que ese les ha enseñado para ser escuchados; la protesta, la marcha, el cierre de carreteras y hasta la amenaza o el chisme mediático que no va más allá de la manipulación en todo su apogeo. ¿Quiénes sabían de la humilde pero efectiva labor misionera de los jesuitas asesinados y la impunidad de un conocido delincuente?

Conciliar de manera universal, procurando beneficios generales que trasciendan al plano internacional, es el único camino para iniciar la salida de la crisis que nos abruma. Seamos ecuménicos en todos los planos, en todos los territorios, en todo México.

+++++

[1][1] Los de la llamada Luz del mundo, cuyo líder se encuentra encarcelado en los Estados Unidos o los miembros de La casa sobre la roca, AC –de origen colombiano- que consideran la participación política como único camino de ir por el mundo a predicar el evangelio aun cuando con sabiduría el salvador cristiano señaló la importancia de dar a César lo del César y a Dios lo que es de Dios.

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