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Con voz propia

España y Grecia: el límite en medidas de austeridad

España y Grecia no necesitan más medidas de auteridad y así los hacen saber las multitudes contra los recortes salvajes de las políticas neoliberales

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Represión en la manifestación del 25 septiembre en Madrid Foto: Occupy Spain

Niko Schvarz*

Quedé impactado por las imágenes que mostraban la brutalidad y el ensañamiento de la represión contra los miles de manifestantes españoles en la tarde-noche del martes 25 de septiembre en las inmediaciones del Congreso de los Diputados en Madrid. Las escenas se reprodujeron al día siguiente, a cachiporrazo limpio y disparando balas de goma, mientras el Congreso aprobaba el drástico plan de ajuste presupuestario del gobierno de Mariano Rajoy Hubo decenas de heridos, muchos de ellos hospitalizados, y de detenidos.

El gobierno se vanaglorió de la represión. “Felicito a la policía que trabajó extraordinariamente bien, declaró el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, en tanto la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, defendió “absolutamente” la actuación policial y las cargas contra los manifestantes, que fueron perseguidos por un largo trecho. El PSOE e Izquierda Unida denunciaron las acciones represivas “desproporcionadas y excesivas”.

El tijeretazo presupuestal de Rajoy

Los manifestantes reclamaban la dimisión de Rajoy y el rechazo del tijeretazo presupuestal que finalmente se consumó el jueves 27 al aprobarse el presupuesto 2013, que consiste en un ajuste de casi 40 mil millones de euros comprometido con la Comisión Europea de Bruselas para acceder a un plan de rescate. Este ajuste, el mayor de la historia democrática de España, incluye la reducción del gasto disponible de los ministerios en un 8,9%, restricciones en la salud y la educación, la extensión del congelamiento salarial de los funcionarios públicos, limitaciones en las pasividades y en las ayudas a los desempleados, eliminación de algunas exenciones tributarias. El recorte al Ministerio de Salud Pública llega al 15%.

O sea: se aplica la receta neoliberal completa, en momentos en que España atraviesa su segunda recesión en tres años, con un desempleo cercano al 25%, más de 5,6 millones de trabajadores, y de 50% entre los jóvenes. Se han descrito escenas de gente hurgando entre un montón de cajas en la puerta de un comercio de frutas y verduras en una barriada popular de Madrid. El secretario general de Comisiones Obreras (CCOO), Ignacio Fernández Toxo, aseguró que el presupuesto aprobado el gobierno de Rajoy va a seguir hundiendo al país en la situación de recesión y desempleo, lo que habrá de generar mayor empobrecimiento y un aumento de las desigualdades.

Huelga general y manifestaciones en Grecia

El paro general convocado por las principales confederaciones sindicales griegas para el jueves 27 de septiembre tuvo un acatamiento masivo, y se inició con una multitudinaria concentración ante el Parlamento en rechazo a los recortes dictados por la troika de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. La huelga general, que paralizó el país, es la primera de este tipo contra el nuevo gobierno de coalición de derecha liderado por Antonis Samaras, que asumió hace tres meses y proyecta anunciar estos recortes en los próximos días.

Según la Confederación General de Trabajadores de Grecia (GSEE), la Confederación de Empleados Públicos (ADEDY) y el Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME), organizadores de la jornada, la huelga abarcó a los ministerios y empresas estatales, universidades y hospitales, así como al 100% de los trabajadores de astilleros, transporte marítimo y refinerías, el 90% de los portuarios y la construcción, el 85% de la industria metalúrgica y el 80% de los empleados de hotelería, comercio y bancos. El secretario general de la GSEE, Nikos Kiutsukis, declaró que los planes de rescate no han hecho otra cosa que incrementar el número de desocupados, de 24% según cifras oficiales (las más altas de Europa junto con España), pero que en realidad alcanza el 32%. El remedio agrava la enfermedad. También en este caso, como en España, hubo represión contra los manifestantes concentrados en la plaza Syntagma, frente al Parlamento.

Represión frente al Parlamento en Atenas durante la visita de la ministra de Alemania Angela Merkel Foto: Occupy Spain

En el caso griego se ha dado un factor muy interesante: la adhesión del pequeño comercio a la huelga general, cerrando sus puertas hasta el mediodía para protestar contra los recortes salariales y los aumentos impositivos, que redundan en un descenso considerable del consumo. El presidente de la Confederación General de Profesionales, Artesanos y Comerciantes (GSEVE), Yorgos Kavazas, señaló que el volumen de negocios de la pequeña empresa se ha reducido considerablemente en los dos últimos años. Unas 160 mil empresas se han declarado en bancarrota en ese período, y predijo que con las nuevas medidas de austeridad anunciadas, otras 120 mil pequeñas empresas cerrarán, provocando la pérdida de más de 200 mil puestos de trabajo.

El nuevo paquete de medidas de ahorro implica unos 11.500 millones de euros en recortes presupuestales y otros 2.000 millones en nuevas recaudaciones, según el acuerdo alcanzado por Samaras y el ministro de Finanzas, Yannis Sturnaras, que se someterá a la probación parlamentaria antes de la próxima reunión del Eurogrupo el 8 de octubre. Las medidas incluyen no sólo la rebaja de sueldos y pensiones, sino además la eliminación de todos los convenios y de la negociación colectiva, de los pagos extraordinarios y de numerosos subsidios, así como el aumento de la edad de jubilación y nuevos impuestos. Los sectores profesionales más afectados por los recortes son los profesores universitarios, los médicos, los jueces y las fuerzas de seguridad, entre otros. Los sindicatos organizadores de la huelga general anunciaron que continuarán e incrementarán la lucha ante la amenaza de agudización de la recesión que impera desde hace ya cinco años.

Krugman: “La austeridad europea es una locura”

Desde el título, este editorial de Paul Krugman en The New York Times del 28 de septiembre no admite duda: la idea de profundizar la austeridad en Europa es una locura y resultará contraproducente en todo sentido. Escribe este eminente economista que desde el Banco Central Europeo se afirmaba que “todo lo que las naciones deudoras tenían que hacer, era profundizar la austeridad”, pero lo rebate en los siguientes términos: “Sin embargo, los proveedores de la sabiduría convencional se olvidaron de que la gente estaba involucrada.

De repente, España y Grecia son sacudidas por huelgas y manifestaciones enormes. La gente en estos países está diciendo, en efecto, que ha llegado a su límite. Con el desempleo en niveles de la Gran Depresión y con trabajadores reducidos a recoger la basura en busca de comida, la austeridad ya ha ido demasiado lejos”. Señala más adelante: “Muchos comentarios sugieren que los ciudadanos de España y Grecia sólo pueden retrasar lo inevitable, al protestar contra los sacrificios que deben, de hecho, hacerse necesariamente. Pero la verdad es que los manifestantes tienen razón. Más austeridad no sirve a ningún propósito útil. Los protagonistas verdaderamente irracionales son aquí los políticos supuestamente serios y los funcionarios que exigen cada vez más sacrificios”.

Reafirma estas convicciones mediante un análisis de las causas de la crisis en España, y concluye que “España no necesita más austeridad” y que “los recortes salvajes a los servicios públicos esenciales, y el seguir profundizándolos, en realidad afectarán las perspectivas del país para una recuperación exitosa”.

Examina también los fundamentos ideológicos de la proclamada política de austeridad, destaca la responsabilidad de los bancos (“el pecado es de los bancos”, afirma sin eufemismos) y sostiene que “si Alemania quiere realmente salvar al euro, hay que dejar que el Banco Central Europeo haga lo que sea necesario para rescatar a los países deudores –y debe hacerlo sin exigir sacrificios inútiles”. Estas aseveraciones parecen tanto más acertadas si se observa además la situación prevaleciente en varios otros países europeos.

En Portugal, el 15 de septiembre, casi un millón de personas manifestaron en Lisboa y otras ciudades, e incluso frente a las embajadas de Portugal en las grandes capitales europeas, para protestar contra las imposiciones de la troika, la política de austeridad y el gobierno que la aplica. Se estima que estas demostraciones superaron las realizadas con pleno éxito hace un año y medio, el 12 de marzo 2011, y se reiteraron en los días siguientes.

En Francia el número de desocupados está por encima de 3 millones de trabajadores. También se asiste a una desaceleración de la economía alemana, mientras Angela Merkel expresa su preocupación por la capacidad de pago de la deuda por parte de varios países de la zona euro.

Una visión de conjunto de la situación europea (y más allá) se encuentra en el siguiente comentario: “La llegada del otoño, el 23 de septiembre, no sólo marcó el fin del verano (en el hemisferio Norte) sino también para los mercados financieros. Desde Tokio a Nueva York, pasando por Europa, las cotizaciones de las bolsas cayeron en picada en casi todos los países”.

América Latina en la ONU contra la austeridad

 Estos hechos tuvieron repercusión en la 67ª sesión de la Asamblea General de la ONU en curso, y en este sentido se verificó otro hecho fuera de serie: América Latina exhibió allí un frente común contra las políticas de austeridad. Así ocurrió a partir de la intervención inicial de la presidenta Dilma Rousseff, de Brasil, que como es habitual abrió la instancia de deliberaciones del máximo organismo internacional.

“La historia ha revelado que la austeridad, cuando es exagerada y está aislada del crecimiento, es contraproducente”, afirmó la mandataria brasileña. Condenó las políticas fiscales llamadas “ortodoxas”, a las que responsabilizó de empeorar la recesión en las economías desarrolladas, y denunció su impacto en el mundo emergente. Puso como ejemplo la buena marcha de la economía de su país, destacando que ha sido capaz de mantener altas tasas de empleo mientras reduce las desigualdades sociales y amplía los ingresos de los trabajadores. Abogó por construir un pacto completo a favor del reinicio del crecimiento económico mundial.

También se pronunció por poner fin al bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba, un anacronismo condenado por la inmensa mayoría de los países integrantes de la ONU, que desde 1992 se pronunciaron en 20 ocasiones consecutivas en ese sentido. En la última votación, en octubre de 2011, la resolución fue aprobada por 186 votos a favor, dos en contra (EEUU e Israel) y tres abstenciones.

Estos conceptos fueron compartidos, desde distintos ángulos, por los presidentes de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, de República Dominicana, Danilo Medina, y de El Salvador, Mauricio Funes. La presidenta argentina hizo blanco de sus críticas las políticas de austeridad, se hizo eco de las protestas de los indignados en las calles de Madrid y condenó la represión policial. Recordó asimismo que su país sufrió los embates de las políticas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional, basadas en los ajustes y la austeridad, lo que consideró “absolutamente absurdo” porque han demostrado estar en el origen de la crisis. Esa es –señaló– la política de “ajuste feroz” que ahora se está aplicando a países como España, Grecia y Portugal.

No puede negarse el carácter inédito de esta apreciación de la crisis europea a la luz de las experiencias de los nuevos gobiernos de América Latina. Esto nunca había ocurrido.

 

nikomar@adinet.com.uy

 

*El autor es analista uruguayo y colaborador de Barómetro Internacional en Venezuela

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Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

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                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

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