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Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, de Styron

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Recordando a William Styron

Por Alberto Farfán

Lejano a nosotros desde hace catorce años, el escritor norteamericano William Styron (1925-2006) puede considerarse uno los autores de gran importancia de nuestro vecino país, quien nos lega una serie de obras para conocer con grata atención. En Un lecho de tinieblas (1951), su primera novela publicada a los 26 años, Styron nos relata el suicidio de una joven miembro de una peculiar y enigmática familia de Virginia, en cuya atmósfera se respira cierto aire faulkneriano. Las pasiones destructoras que socavan las instituciones de la sociedad y la absurdidad de la vida militar son el tema de La larga marcha (1955). Por otro lado, en Esta casa en llamas (1960), ambientada en la Italia de los años cincuenta, nos refiere que la violencia individual no constituye un remedio eficaz contra la decadencia moral.

Ganadora del premio Pulitzer en 1967 y reconocida a nivel mundial, la novela Las confesiones de Nat Turner refiere la verdadera historia de una sangrienta rebelión de esclavos que se suscitara en 1831 en Virginia; no obstante lo cual, grupos de militantes afroamericanos arremetieron contra nuestro autor acusándolo de racismo, pues para ellos el protagonista resultaba ser un negro con mentalidad del ominoso blanco norteamericano.

La decisión de Sophie (1979), que relata las vicisitudes de una superviviente del Holocausto, fue llevada al cine e interpretada por Meryl Streep con un gran éxito internacional. Con esta novela nuestro autor volvió a conocer la gloria, sin embargo, también tuvo que enfrentar una serie de cuestionamientos, ya que fue acusado de hacer una utilización acrítica de la exterminación de los judíos europeos por los nazis en aras de la comercialización.

En 1993 publica Una mañana a la orilla del mar: Tres relatos de juventud, cuyo sustento narrativo descansa en los momentos dolorosos de su infancia (amén de ciertas obras póstumas). Pero antes da a conocer su texto Esa visible oscuridad: Memoria de la locura (1990), sobre el cual deseo abundar con cierto detalle.

De este relato, titulado de manera exacta como Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, surge inexorable el testimonio de un hombre que se enfrenta con el infierno. Los abismos de la locura y la inconsistencia de psiquiatras y la medicina, más los deseos de muerte, el suicidio, se entrelazan vertiginosamente para abatirlo.

En ciertos instantes pareciera que su autor refiere una honda y, al mismo tiempo, terrible pesadilla de ficción que reúne todos los elementos necesarios para su inequívoca cristalización. Sin embargo, nada de lo escrito es resultado de la imaginación creadora. Styron nos habla de la experiencia vivida, de su propio caso clínico.

Nuestro autor visita al psiquiatra por presentar insomnio, pero, en realidad, es objeto de un trastorno depresivo mayor (TDM), nunca diagnosticado oportunamente.

Y a pesar de que “el horror de la depresión es tan abrumador que excede con mucho toda posibilidad de expresión”, Styron viaja a París para recibir un premio, el cual bien valía un regocijo interior; no obstante, su actuación es desastrosa. A su retorno nada cambia. Su malestar se agudiza. Se encuentra inmerso en el pánico, en la ansiedad; hay confusión, fallas de enfoque mental, agitación, temor difuso. “La oscuridad me invadía tumultuosamente, tenía un sentimiento de terror y enajenación, y, sobre todo, de sofocante ansiedad”. Experimentaba “pánico y desgobierno, y la sensación de que el proceso de mi pensamiento se hundía bajo una marea tóxica e inenarrable que obliteraba toda respuesta placentera al mundo viviente.”

Debido a su afección, Styron investiga en diversos textos de autoridades en la materia, además de acudir con otro especialista; los anteriores a quienes recurrió por insomnio, que aún persistía, sólo le recetaron dosis de halcion y lorazepam. Pero su estado no se modifica. “La locura de la depresión es, generalmente hablando, la antítesis de la violencia. Es una tormenta, sí, pero una tormenta de tinieblas. Pronto se manifiestan síntomas como la lentitud cada vez mayor en las respuestas, una semi parálisis, el corte de la energía psíquica hasta casi cero. Por último es afectado el cuerpo, y se siente socavado, exangüe.”

Por ello, ya empieza a definirse por el suicidio, que no lleva a cabo porque oportunamente pide se le interne en una institución mental. En este sentido, Styron hace un llamado con respecto al uso del halcion, cuya peligrosidad no es cosa de la imaginación, pues, si así fuese, no hubiera sido “terminantemente prohibido en los Países Bajos”, afirma. Pero también llama la atención sobre la negligencia de algunos médicos al prescribir dosis de otros medicamentos similares sin un diagnóstico adecuado.

De impecable factura, Esa visible oscuridad: Memoria de la locura nos arroja a la terrible odisea del infierno interior, pero además nos obliga a reflexionar acerca de nuestra vulnerabilidad en manos no siempre consecuentes con su profesión.
Finalmente, estimado lector, lo invito a leer todas sus obras como un mínimo homenaje.

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Septiembre

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kissinger y nixon golpe de estado Chile

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

Si alguien dudaba que algo tiene de inquietante el mes de septiembre, el pasado lunes 19 borró toda incertidumbre.

Septiembre significa “séptimo mes”, pero en el calendario es el noveno y además transcurre bajo la protección de Vulcano, dios de muy corta mecha. Es una anomalía lunaria.

Quienes tuvieron el presentimiento de que el viaje de Isabel II para encontrarse con Cerdic de Wessex precisamente en septiembre anunciaba el fin de la civilización occidental, seguramente confirmaron su corazonada.

No pretendo alarmar a mis lectores ni escribo en la negra sombra del recelo por un evento que tenía 0.0000021% de posibilidades de ocurrir. El sismo de 2007 me cambió la vida y el lunes anterior no fue un día fácil, pero garantizo que tengo firme la rienda en el oficio de articulista no político.

Veamos algunas razones por las que atisbo nubarrones en este mes. El primero de septiembre de 1939 los nazis desencadenaron la II Guerra Mundial, que terminaría en el mismo mes con la rendición de Japón seis años después. 

El onceavo día me parece particularmente siniestro. Ese día de 1973 se concretó en Chile el golpe de estado asestado por Mr. Nixon y Herr Kissinger en contra del gobierno de Salvador Allende y en el 2011 tuvo lugar en Nueva York el espeluznante ataque a las Torres Gemelas

Un repaso histórico revela otros episodios hórridos del séptimo mes que se creyó noveno. Se dirá que fueron casualidades o no, mas no siendo la parapsicología hagiográfica el fuerte de JdO, permítaseme una ociosa reflexión septembrina en lugar de la apología patriótica de la temporada mexicana.

Para leer más del autor: Ve y dilo en la montaña, la columna de Miguel Ángel Sánchez de Armas

En la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541 fue la catástrofe que costó la vida a doña Beatriz de la Cueva, viuda de Pedro de Alvarado, noticia que conocemos como “Relacion del espantable terremoto que agora nuevamente ha acontecido en las Yndias en una ciudad llamada Guatimala es cosa de grade admiración y de grande exemplo para que todos nos enmendemos de nuestros pecados y estemos aprescibidos para cuando Dios fuerere servido de nos llamar”, crónica del notario Juan Rodríguez que inaugura el género periodístico en América. 

Un año después, las fuerzas de Michimalonco destruyeron la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura, en territorio que hoy llamamos Chile. En 1649 Cromwell se cubrió de gloria con la masacre de Drogheda y en 1714 Barcelona es arrasada por las tropas borbónicas.  

En 1943 los nazis iniciaron el exterminio de los judíos en los guetos de Minsk y Lida. En 1965 llegó a Vietnam la primera división de caballería del ejército yanqui y quedó sellado el destino de cientos de miles de jóvenes gringos y vietnamitas, peones en un tablero de ajedrez manipulado desde Washington, Moscú y Pekín. 

En 1972 el comando palestino “Septiembre Negro” secuestró a once israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich. En 1973 el general Augusto Pinochet derrocó al presidente Salvador Allende. En 1982, Israel invadió Líbano y se dieron las masacres de Sabra y Shatila.

De todos esos acontecimientos, sólo uno, el de Guatemala en 1541, fue un desastre natural. Todos los demás tienen que ver con lo humano. Permítaseme el lugar común: “Homo lupus hominem”. 

Mas el tiempo, que todo pone en su lugar, un día levanta los velos y nos enteramos de las razones ruines, casi siempre impunes, con que los poderosos siegan vidas y destruyen pueblos por “razones de Estado”, cuidando siempre que tales “razones” se cumplan puntualmente en las vacas del vecino y no en las reses propias. 

Hay en el documental Fahrenheit 9/11 de Michael Moore una escena conmovedora en donde el robusto director se apuesta a las afueras del Congreso e invita a los padres de la Patria que acaban de votar la invasión a Irak a que enlisten a sus hijos para defender la tierra que los vio nacer. Todos sin excepción -a semejanza del señorito Aznar, que en un encuentro con estudiantes en México declaró que había sido “engañado” en ese asunto-, huyen con risas nerviosas. En mi rancho a eso le llamamos mariconería.

Hace tiempo el Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad de Georgetown (NSA por sus siglas en inglés), desveló las transcripciones de telefonemas entre el señor presidente Richard Nixon, el señor profesor Henry Kissinger (asesor de seguridad nacional y Premio Nobel de la paz), el señor secretario de Estado William Rogers y el señor director de la CIA Richard Helms, que confirman lo que todos sabíamos: en 1973 el gobierno de Estados Unidos organizó y estuvo tras el golpe militar de Pinochet, tal como organizó y estuvo tras los asesinatos de Madero y Pino Suárez en 1913, en contubernio con Inglaterra y Alemania. 

Nixon murió hace 28 años, Rogers hace 21, Helms hace 20. Pero el professor K. sigue vivito y coleando a los 99. ¿Pisará la cárcel por acciones que hubiesen tenido cabida en el tribunal de Núremberg? Apueste usted a que no.

Poco después de la asunción de Allende en 1973, este feroz retoño de Metternich gritaba a Helms: “¡No permitiremos que Chile se vaya por el drenaje!” 

No te pierdas: Al cielo por el arte: la obra pictórica de Rosalío González, la columna de Miguel Sánchez Armas

Leemos en la transcripción del Archivo Nacional de Seguridad: “Después de que Nixon habló personalmente con Rogers, Kissinger grabó una conversación en la que el secretario de Estado estuvo de acuerdo en que, ‘como tú dices, deberíamos decidir a sangre fría qué hacer y después llevarlo a cabo’; mas aconsejó proceder ‘con prudencia para que no nos salga el tiro por la culata’. El secretario Rogers consideró que ‘después de lo que hemos dicho acerca de las elecciones, si la primera vez que un comunista gana los E.U. intentan impedir el proceso constitucional, nos vamos a ver muy mal’”.

Demos dar gracias a la diosa Walpurga o a nuestra deidad favorita de la antigua Alemania, de que el señor profesor Kissinger, a imagen y semejanza de los represores de izquierda y derecha con los que seguramente no estaría dispuesto a convivir, haya grabado secretamente sus conversaciones telefónicas como la que tuvo el ¡16 de septiembre! de 1973 con su jefe Nixon. Es posible que tenga efectos eméticos en algunos lectores, por lo que se recomienda precaución:

(Saludos respetuosos. Nixon pregunta si hay novedades.)

K. No. Nada de importancia. El asunto chileno se está consolidando. Claro que los periódicos están desgarrándose porque un gobierno pro-comunista fue derrocado.

N. Vaya, vaya. Qué cosas.

K. Digo, en vez de celebrar. En la administración de Eisenhower seríamos héroes.

N. Bueno, no lo hicimos –como sabes- no aparecimos en esto.

K. No lo hicimos. Quiero decir los ayudamos ______ generamos condiciones tan amplias como fue posible.

N. Así es. Y así es como se va a jugar. Pero escúchame, en lo que toca a la gente, déjame decir que no se van a tragar ninguna mierda de los liberales en ésta.

K. De ninguna manera.

N. Saben que es un gobierno pro-comunista y eso es lo que es.

K. Exactamente. Y pro-Castro.

N. Bueno, lo principal fue… Olvidémonos de lo pro-comunista. Fue un gobierno totalmente antiestadounidense.

K. Ferozmente.

N. Y los fondos de que dispusiste. Vi el memorándum que giraste acerca de la plática confidencial _________ para una política de reembolsos para expropiaciones y cooperación con Estados Unidos y por romper relaciones con Castro. Bien; diablos, ése es un gran aliciente si lo piensan. No, de ninguna manera te fijes en las columnas y en los desgarres sobre eso.

K. Oh. No me molesta. Sólo se lo informo a usted.

N. Sí. Me lo informas porque es típico de la mierda a la que nos enfrentamos.

K. Y la increíblemente sucia hipocresía…

N. Eso lo sabemos.

K. De esa gente. Cuando se trata de Sudáfrica, si no los derrocamos arman un escándalo.

N. Sí. Tienes razón.

En fin, ¡otra historia septembrina!

25 de septiembre de 2022

@juegodeojos  facebook.com/JuegoDeOjos sanchezdearmas.mx

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El amante, un encuentro con la escritura de Marguerite Duras

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El amate, de Marguerite Duras, es un viaje a la memoria de la autora

 

Por Guadalupe Lizárraga

De París a Saigón. De la adolescencia al “envejecimiento brutal” en tan sólo dos años. Es El amante de Marguerite Duras. La escritora viaja –a través de su memoria– no sólo hacia el pasado, sino hacia el interior de sí misma, para construir de nueva cuenta aquellas fronteras que a sus quince años traspasó apenas sin percibirlas y que inseminaron su ser-escritora. Transgresora de culturas, el amor la transforma en “Otra”, re-descubriéndose, despojándose de la sombra de su propio origen, para entregarse a lo “extraño”, a lo extranjero, en una fusión que le asigna una nueva esencia, desde donde aprende a contarse su transición, mucho tiempo después.

“Tengo un rostro destruido. Diré más, tengo quince años y medio. El paso de un transbordador por el Mekong. La imagen persiste durante toda la travesía del río. Tengo quince años y medio. En ese país, las estaciones no existen, vivimos en una estación única, cálida, monótona, nos hallamos en la larga zona cálida de la tierra, no hay primavera, no hay renovación.”

Lee más: Ve y dilo en la montaña, la columna de Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

Su escritura es un acto solitario en la búsqueda de los confines de su corta edad. De una existencia que configura su sentido en una amalgama de sentimientos y desazones que sólo podía comprender a través de la existencia necesaria del “otro”: su amante chino. La adolescente envejecida escudriña, a través de la escritura, sus pudores, sus ocultamientos, sus miedos, sus deseos y liviandades; “para ellos”, un acto moral, para ella, nada; y mientras escribe va corriendo el velo de esa su historia que no existe y que sin embargo da origen a su realidad de futuro:

“Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros, llegó a París con su mujer. Él le telefoneó. Soy yo. Ella le reconoció por la voz. Él dijo: sólo quería oír tu voz. Ella dijo: soy yo, buenos días. Estaba intimidado, tenía miedo, como antes. Su voz de repente, temblaba. Y con el temblor, de repente, ella reconoció el acento de China. Él sabía que ella había empezado a escribir libros. Lo supo por la madre a quien volvió a ver en Saigón. Y también por el hermano menor, que había estado triste por ella. Y después ya no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte.”

El amante. Marguerite Duras, Madrid, Ed. El País, 2002.

Reseña.

el amante

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Martha Robles en un monólogo catártico revelador, la columna de Alberto Farfán

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Alberto farfán reseña el último libro de la escritora Martha Robles

La condena: Biografías clandestinas

Por Alberto Farfán

La extraordinaria ensayista literaria y profunda analista de escritoras mexicanas, Martha Robles, guarda entre sus diversos libros publicados un volumen de orden trascendental para nuestras letras por su elevada composición estética y su contenido temático incuestionable.

Autora de La sombra fugitiva. Escritoras en la cultura nacional, Entre el poder y las letras: Vasconcelos en sus memorias, Espiral de voces, y Mujeres, mitos y diosas, entre otras obras, Martha Robles (1948) nos entrega en La condena: Biografías clandestinas (FCE) una especie de monólogo testimonial, que pone de relieve las aristas enquistadas en una relación de pareja entre un hombre y una mujer a todas luces antagónicos.

Para leer más del autor: Del feminismo sexista sobre el tema de la sexualidad, la perspectiva de María Teresa Döring

Sin embargo, la estructura de espiral ascendente en que descansa el discurso que ofrece nuestra autora permitirá que éste paulatinamente tome consistencia de una genuina catarsis, cuyo objeto central por resolver adquirirá visos universales: el punto en cuestión particular e intimista dará paso a uno de carácter ontológico, en donde el ser del sujeto logrará su cristalización integral e individualizadora, es decir, su propia identidad.

Escrito por una mujer culta para lectores cultos, este texto se encuentra obligado a oscilar, sin menoscabo del feminismo crítico subyacente, entre la política, la historia y la filosofía en el contexto de nuestro país en décadas pasadas, debido a que dichas disciplinas forman parte del acervo del gran intelectual a que se hace referencia en este monólogo. Mientras ella es una principiante de 25 años, él ya es una connotada autoridad a sus 57, edades en las que ambos contraen nupcias.

La extraordinaria fluidez narrativa empleada correrá paralela a diversas líneas de hondura lírica y filosófica, en ese afán exorcizante y revelador. Emancipación necesaria de su entorno, cuyos demonios la anulan como mujer y profesionista, hasta convertirla en un vulgar receptáculo del rencor de un anciano frustrado y decadente, así como también de los vicios del mundo a que éste pertenecía, los cuales tendría que enfrentar posteriormente debido a su rompimiento conyugal.

Lee más: Aristas históricas en torno a la sexualidad

Al ir depurando y afirmando su identidad, la voz femenina trazará múltiples hallazgos de toda índole respecto al matrimonio, al amor, al hombre y a la mujer, los cuales la afianzarán en su perspectiva liberadora; como cuando hace alusión a su esencial vocación ya recuperada. El drama que ella vive por reencontrarse con la literatura resulta fundamental.

Leemos al respecto: “La fidelidad a lo que se es y la decisión de llevar a cabo un proyecto por encima de todo conllevan precios que sólo estamos dispuestos a pagar quienes conocemos la hondura del propio don, la señal de la gracia”.

O cuando hace referencia a la condición femenina: “Hija de mi raza, intervenir en ciertos asuntos era tanto como atentar contra la masculinidad o contra la jefatura del tribuno: la palabra, ya se sabe, no es recurso de mujeres, sí el palabrerío, el que distrae con ruido el acto del pensar”.

 

Autobiográfico o no, este extenso monólogo climático de una mujer en su afán por afirmarse como individuo irreprochable y consecuente, resulta sumamente cautivante y enriquecedor. Y más si consideramos la decadencia y el sin sentido que se vive en esta etapa del siglo XXI.

 

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