Connect with us

Arteleaks

“Es hora de derribar el muro de privilegios”: Roger Waters a Peña Nieto

Crónica del concierto de Roger Waters quien pidió la renuncia de Peña en medio de su concierto, además de derribar el muro de los privilegios en México.

Published

on

Roger Waters en concierto en la Ciudad de México. Foto: AP

Roger Waters en concierto en la Ciudad de México. Foto: AP

Por Diamaris Citlalmina Torres

El día 20 de septiembre se anunció la presentación gratuita del cantante Roger Waters de la banda británica Pink Floyd en la Ciudad de México, con uno de los espectáculos más populares de los últimos años, “The Wall”. El mismo tema que utilizó para pedir la renuncia del presidente Enrique Peña Nieto en medio del concierto y darle un mensaje pidiendo derribar el muro de la desigualdad en México.

El concierto anunciado se sumaría a la lista de artistas internacionales más codiciados por las audiencias entre los que podemos enlistar desde Justin Bieber hasta Sir Paul McCartney. Fue aumentando la expectativa más, después de que en sus conciertos ofrecidos en el Foro Sol de la misma ciudad capital realizara una protesta contra el candidato republicano de los Estados Unidos en la que se pudo observar en la gran pantalla la leyenda: “Trump eres un pendejo”, y dedicarle la canción Pig.

Pero Roger Waters también mostró públicamente su postura ante las audiencias de la Ciudad de México respecto al gobierno de México. Y dedicó otra leyenda dirigida a Enrique Peña Nieto: “Renuncia ya”. La leyenda en la pantalla fue acompañada de una carta en la que expresó su sentir para con las familias de los más de 28 mil hombres y mujeres, desaparecidos en México.

Fue así como desde las 8 de la noche del viernes 30 de septiembre, los primeros fans del músico inglés llegaron a formarse en la línea para entrar a la sede del concierto. Hay quién decidió no pernoctar en las calles del centro histórico, y prefirió llegar a las primeras horas del sábado primero de octubre. También hubo quiénes decidimos desplazarnos a medio día al primer cuadro de la Ciudad de México para asistir al concierto.

Llegamos a recorrer el perímetro y ubicar las rutas de acceso a la Plaza de la Constitución, decidimos no esperar instalados y fuimos a recorrer las calles aledañas. En un Centro Histórico más caótico que de costumbre, calles cerradas a los automovilistas y cientos de personas transitando por las calles, muchas haciendo compras, pero la mayoría se les veía matando el tiempo mientras se acercaba la hora del concierto.

Conforme transcurrían las horas las calles se veían más saturadas con personas dirigiéndose a la calle 20 de Noviembre, la cuál fue el principal acceso a la Plaza de la constitución en la que esperaba ya el majestuoso escenario.

Decidimos esperar para tener acceso a la plancha del Zócalo. Nos dieron las cinco y media de la tarde, y al regresar a la 20 de noviembre nos encontramos con más calles cerradas, incluso para el paso peatonal. Parecía imposible poder entrar, caminábamos entre la gente, o nos arrastraba la multitud. Así transcurrieron más de 15 minutos, y el Gobierno de la Ciudad de México ya reportaba que la Plaza de la Constitución estaba a su máxima capacidad.

El tiempo de espera y los fuertes empujones fueron los que hicieron que muchos de los que se encontraban dentro comenzaran a salir. Entonces la multitud motivada por acercarse lo más posible comenzó a desplazarse hacia adelante al grito de “nadaremos, nadaremos”. Recorrimos cerca de 30 metros, hasta que llegó un momento de tranquilidad, de descansar los pies ya pisoteados. Tranquilidad que terminó minutos después, al escucharse a coro “vomita, vomita, vomita” y apareció un gran círculo para dar espacio al desafortunado personaje que no se pudo contener y entonces de nuevo a nadar. Así llegamos a una valla de contención la cual nos impidió el paso, aunque había espacio del otro lado, pero no quedaba más que esperar.

Fue cuando el músico inglés salió a saludar a las miles de personas que ya esperaban por su espectáculo alrededor de la 5:40 pm.

Al llegar las 8 de la noche, se cimbró el Zócalo de la Ciudad de México, se apagaron las luces y se desató la euforia de los asistentes. Roger Waters apareció en escena. Con Speak to me abrió el recital y en seguida interpretó ante el público extasiado Breathe, breathe in the air. Empezaba una noche que no sería fácil de olvidar para los asistentes.

¡Hola!, la palabra dicha por Roger Waters que hizo a los asistentes estallar en gritos y aplausos. Le siguió Set the controls of the heart of the sun y, ya para entonces, la plaza principal del país se había convertido en un sueño audiovisual.

La multitud se volvió una sola masa en movimiento. No hubo espacio entre persona y persona. Cada cuerpo se amoldaba al de al lado y a los otros cuerpos. Todos respondiendo al compás de la música, moviéndonos en una sola sintonía que sólo se alteraba cuando algún espectador iba a comprar cerveza en botellines de vidrio. No hubo una seguridad restringida, ni revisaron las mochilas del público. Sin embargo, la audiencia sólo tenía un propósito: disfrutar el concierto.

Eran las 8:08 pm y al ritmo de los tambores, ese tam tam tam se fundió con un trueno y Tláloc, el dios de la lluvia, apareció, pero nadie se movió del tan afortunado lugar en donde estaba.

A las 8:18 en la pantalla gigantesca aparecieron paisajes de lluvia y nubes. Los poderosos altavoces, con el sistema acústico que giraba los 360 grados, nos hacían girar la cabeza hacia donde proyectaban el sonido y se escucharon más truenos de lluvia, al unísono con los truenos de la vida real.

Comenzó The great gig in the sky, y fue un delirio generalizado cuando el saxofón sonó. Las hermosas coristas nos deleitaron con su hermosa voz. Con temas como Money y Welcome to the machine hacían avanzar la noche.

Waters no dejó pasar la oportunidad de reiterar sus mensajes dados en los conciertos en el Foro Sol. Fue así como iniciaron Pigs on the wing 1 y Pigs on the wing 2, con dedicación especial para el candidato republicano a Donald Trump, así como la tan famosa Another Brick in te wall.

El segundo mensaje que leyó en un español perfecto para Enrique Peña Nieto.

“Señor presidente, la gente está lista para un nuevo comienzo. Es hora de derribar el muro de privilegios que dividen a los ricos de los pobres. Sus políticas han fallado. La guerra no es la solución”, dijo Waters.

“Escuche a su gente, señor presidente. Los ojos del mundo lo están observando”, agregó.

Al decir estas palabras, se escucharon en el Zócalo miles de gritos en contra de Peña Nieto que daban la razón a Waters.

Para las diez de la noche, todo era baile, sonrisas y alegría, con el segmento dedicado al álbum Animals para perfilarse hacia un final de antología. Run like hell precedió a Brain damage y al alucinante espectáculo de luces láser en Eclipse. La plancha del Zócalo se volvió a convertir, merced a las imágenes en la pantalla y a la música, en la superficie de la luna.

Nos veremos en el lado oscuro de la luna, cantaron Waters y el par de rubias. Todo estaba listo para el gran final. Con los últimos acordes de Confortably Numb y fuegos artificiales iluminaron el cielo nocturno. Culminó el espectáculo que estará en la memoria de los que tuvimos la fortuna de presenciarlo.

Más de 200 mil personas tardamos cerca de media hora en salir del primer cuadro de la Ciudad.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Arteleaks

Revelación

Published

on

By

Por Mónica del C. Aguirre

El inspector González despertó de una de sus familiares pesadillas. Siete años de trabajo en el Departamento de Homicidios lo habían expuesto a situaciones e imágenes que se repetían en su memoria: mutilaciones, sobredosis, suicidios, violaciones, sesos, tripas, y cuerpos morados que encontraban en el río donde los criminales arrojaban a sus víctimas. La memoria no tiene jefe, no obedece jerarquías; proyecta los recuerdos que le vienen en gana y, generalmente, son aquellos que desearíamos reprimir.

Apenas amanecía cuando el inspector González despertó. Estaba sudando, su corazón latía de prisa y sintió sus venas casi explotar por la presión de la sangre. Soñó, como solía, con otro asesinato. Pero esta vez, el asesino era él. Le pareció tan real que, cuando abrió los ojos, estaba confundido: no sabía si su habitación era el sueño, y la mujer degollada del bosque había sido una noche más de investigación.

Su habitación comenzó a iluminarse, pero aún se sentía exaltado y con una penumbra que le pesaba sobre su cabeza. Se rascó el pecho. No, no se había acostumbrado a ver tanta crueldad. Se persignó con prisa y pidió a Dios que liberara a la tierra de todo mal… y también de las prostitutas.

Sonó su teléfono, era el agente de la Policía local. Fue breve. Le informó que se le requería de inmediato en el bosque, junto al río, a cien metros de la bifurcación: habían degollado a una mujer que por su apariencia parecía tratarse de una prostituta.

El inspector González se vistió de prisa y antes de salir, se preparó con manos temblorosas una taza de café instantáneo. Mientras hervía el agua, se permitió un momento de reflexión. ¿Una prostituta? Meneó la cabeza.

Cuando llegó al lugar, los escalofríos lo sacudieron y el trago de café le supo más amargo de lo normal. Una prostituta. Mallas de red rotas. Degollada. ¿Acaso esta vez había soñado el futuro? En la mano que yacía sobre las hojas muertas, la mujer sostenía el libro “Memorias del subsuelo”, de Dostoyevski. Ése era el libro favorito del inspector González.

Dio breves y rápidas instrucciones a sus subordinados. Sin decir más, se dirigió a su casa. Buscó su ejemplar, de prisa. Confirmó que la prostituta asesinada llevaba consigo el mismo libro de su colección.

 

Continue Reading

Arteleaks

Los puntos negros del concierto de Silvio Rodríguez en el Zócalo de la Ciudad de México

Published

on

 

Por Alberto Farfán

Por supuesto que la presencia del cantautor Silvio Rodríguez en México es todo un acontecimiento tanto por sus canciones como por erigirse en un símbolo de lucha de la izquierda latinoamericana y por ser un digno representante de la revolución cubana en todo el mundo.

Además, porque a diferencia de muchos de sus colegas comprometidos en contra de las injusticias vividas en América Latina, finalmente hicieron a un lado esa plausible entrega para situarse en la posición que siempre cuestionaron: la canción comercial, los boleros pseudoamorosos y lacrimógenos que perpetúan estereotipos y que no conducen a ninguna parte, más que a la cosificación del individuo. Pensemos en Pablo Milanés, Amaury Pérez, Tania Libertad, Guadalupe Pineda y otros más. En cambio, Silvio continúa en la misma dirección, sigue siendo el mismo necio en pro de un cambio.

Y como lo realizara quien esto escribe tiempo atrás con relación a un concierto de la fallecida cantante Mercedes Sosa en el Auditorio Nacional por llamar a un masculino producto made in Televisa a acompañarla al escenario a cantar, dando como resultado el que una parte importante de los presentes la abuchearan legítimamente para increparla, con lo cual coincidí, me temo que hay que señalar ciertos puntos negros que se pudieron observar en torno a la actuación del cantante cubano en el zócalo capitalino el pasado 10 de junio de este año.

Para empezar, es interesante que el régimen que emplea una y otra vez el concepto clasismo en contra de la oposición o en detrimento de todo aquel que disiente, se haya perpetrado sin que nadie lo apuntara. Es decir, mientras cientos de mexicanos de escasos recursos en su mayoría ─“el pueblo bueno”, diría el presidente de la nación─, tuvieron que acudir horas antes e incluso de madrugada para obtener un lugar cercano al escenario ─la cita era a las 20 horas─ y resistir la lluvia que se desató; por el contrario, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y el cuestionado líder de su partido, Mario Delgado, con toda comodidad disfrutaron del espectáculo en un balcón del Antiguo Palacio del Ayuntamiento. O sea, los de alto nivel bien resguardados y confortables en tanto que el pueblo de a pie en la explanada.

Por otro lado, resulta paradójico, absurdo o patético el que un gobierno que no ha disminuido sustancialmente los feminicidios ni las desapariciones de mujeres incluyera como telonera del concierto a la cantante sólo conocida en redes, Vivir Quintana, quien esgrime como su máximo éxito una canción que denuncia a las autoridades por las agresiones a sus congéneres, “Canción sin miedo”. Autora cuyas composiciones son más bien ideologizantes y burdas, que apuntan a la perspectiva afectivo-emocional con el objeto de anular la conciencia crítica del escucha y para nada a la de la reflexión, como sí lo lleva a cabo Silvio en todas sus canciones, a partir del empleo de una poética multívoca que propicia el pensar en la realidad circundante y sobre uno mismo. Y todo indica, debido a esta disparidad, que el haberla incluido fue más bien un acto demagógico, o acaso preelectoral en aras de la presidencia para la contienda del 2024.

Así las cosas, entre otras, no queda más que esperar que la serie de conciertos que ha anunciado el gobierno de esta ciudad para fechas posteriores no obedezcan a la búsqueda de cierto posicionamiento más que evidente con respecto a las aspiraciones de su titular y en realidad sean para la genuina diversión de los posibles asistentes. Pues no me gustaría escribir posteriormente que “al pueblo pan y circo”.

Continue Reading

Arteleaks

Julia

Published

on

By

 

Por Mónica del C. Aguirre

Volví a ver a Julia García. Estaba tal y como la recordaba. Julia. La vi meciéndose en un columpio y sujetaba con sus delgados brazos las cuerdas curtidas por el tiempo. Julia. Se veía fresca y feliz la muy maldita.

Su melena rubia en movimiento se iluminaba por un sol de otoño que contrastaba divinamente con el color cobrizo de los árboles. Tenía puesto el vestido azul cielo que usó aquel día que la llevé en tren a Valencia; un vestido que resaltaba su exquisita figura y apretaba sus blancos pechos haciéndolos brillar. Julia.

Me acerqué y la olí. Cómo extrañaba esa fragancia natural que emanaba su cuerpo. Su piel suave olía a jabón y a cebo delicado, y su cabello a flores salvajes. Maldita sea, ¡cómo la deseaba!

La besé y su sabor a fresas me enloqueció. Ella, me devolvió el beso, pero rechazó mi cuerpo que se abalanzaba. Desperté.

Hace más de diez años que no sé de ella. La extraño tanto que me duele el pecho y el aire me falla. La vida puede ser muy larga y el tiempo muy vanidoso cuando se espera a alguien que no regresará.

Por el resto del día, sólo bastaba con cerrar los ojos y un poco de concentración para volver a saborear las fresas, oler su piel y sentir sus labios vivarachos.

Hoy ella jugará con su cuerpo y no pensará en mí. ¡Maldita seas, Julia García!

Ciudad de México

Continue Reading

Trending

A %d blogueros les gusta esto: