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Con voz propia

Elecciones y el nuevo Partido de Estado 

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TRAS BAMBALINAS

Por Jorge Octavio Ochoa

A partir de este fin de semana, es un hecho que México tomará un rumbo definitivo: se consolidará un nuevo partido de Estado, que asumirá el control político de más de la mitad del país.

Es una involución extraña porque, a diferencia del PRI, que buscaba una consolidación “institucional” luego de la Revolución, MORENA va en ruta de dinamitar esas instituciones para crear un entramado que sólo López Obrador entiende.

El fondo populista sigue siendo el mismo. El viejo PRI creció con base en acuerdos “no escritos”, con grupos sociales y sindicatos, que le permitieron asumir un control político absoluto.

En el campo y la ciudad, los tres sectores priistas se convirtieron en correa de transmisión y de comunicación entre el poder y “las bases”. El clientelismo político se estableció y esos grupos alcanzaron un poder propio.

Nada le era ajeno a ese entramado político. Ejidos, comunidades y hasta los pueblos más apartados sabían lo que era “la PRI”. Los tatarabuelos lo conocieron y mucho tiempo ansiaron su presencia.

Los políticos de cuño que superaron los tiempos revolucionarios, hicieron del contacto con la gente toda una forma y estilo de gobernar y de interactuar. El buen político podía mirar a los ojos, saludar de mano y llamar por su nombre a los líderes.

Gobernadores llegaban a comunidades y estrechaban la mano a “Don Panchito”, “Doña Petra” y preguntaban por temas específicos “¿Cómo va su hija? ¿La atendieron bien en la clínica? Y era el pie de foto para publicitar la construcción de un hospital.

Dueños del territorio, los priistas se dieron el lujo de repartir o permitir el crecimiento desordenado, el surgimiento de comunidades y organizaciones que con el tiempo entraron en descomposición.

Los sindicatos, el magisterio, empezaron a adquirir su propio poder y entraron en conflicto con los creadores de la “institucionalidad”. En los petroleros y el SNTE existen todavía resabios de esos tiempos.

De hecho, esos gremios fueron pieza clave en el destino político que tomaría México. Las confrontaciones con los presidentes de la república se hicieron más frecuentes y primero vino el manotazo de Estado, luego el rompimiento.

El encarcelamiento de “La Quina” y Elba Esther Gordillo marcan dos hitos en la historia política del país y revelan cómo el presidencialismo vivió horas de resquebrajamiento, que se hizo evidente con el asesinato de Colosio.

El viejo “pacto social” se rompió desde el momento en que Carlos Salinas de Gortari propuso la desaparición de los tres sectores y el cambio de nombre del PRI por el de “Partido de la Solidaridad”.

Los sectores obrero, campesino y popular serían sustituidos por una estructura horizontal donde tuvieran cabida todos, en una misma bolsa, desde burócratas hasta empresarios, en una amalgama inasible.

Al romperse los “acuerdos no escritos”, se acabaron los “pactos”. El sector campesino, con sus organizaciones tradicionales como la CNC, la CCI, dejaron de ser el canal de lanzamiento de líderes sociales y representantes comunales.

Ahí empezó el derrumbe de lo que hasta ahora conocimos como PRI. Junto con ello empezó el florecimiento y consolidación del narcotráfico como nuevo brazo del poder. El control territorial de las mafias empezó a tomar forma.

El PRI armó el contacto con líderes contrabandistas, a los que mantuvo controlados en cercos estatales: Chihuahua, Sinaloa, Sonora, Baja California, Tamaulipas, en corredores desde el Golfo, hasta el Pacífico, cruzando el país.

Al triunfo de Vicente Fox, entregó la presidencia de la república, pero no la libretita de esos “contactos” con los que se tenía que negociar para mantener el orden y controlar la ambición de los capos de la delincuencia.

La fractura se dibujó en 1988, con el robo de la presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas y se consumó, con la entrega de la estafeta al PAN. Los priistas tenían la convicción, sabían que el blanquiazul no podría, no sabría cómo negociar con delincuentes.

Porfirio Muñoz Ledo fue el personaje central de esa época y cerebro de la Corriente Democrática, que más tarde daría vida al Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ahí empezó la gran fractura del PRI.

Hoy asistimos a lo que, presumiblemente, serán las exequias del PRI. Perderá su última gubernatura, y con ello todo el peso político que le respaldaba. Se diluyeron los sectores, los viejos patriarcas.

Asistimos, pues, a la consolidación del nuevo partido de Estado, con una estructura indefinida, horizontal, diluida, donde se dice: “Primero los pobres”, pero no se ve más estrategia que La mano del presidente repartiendo dinero.

La receta es la misma: populismo. Los programas de pensión para adultos mayores, becas para jóvenes por el futuro y Sembrando Vidas son, con todo respeto, un giro sobre una misma tradición de clientelismo.

Ninguno de estos programas resistiría en estos momentos, a tan sólo 3 años de su aplicación, una auditoría forense para saber si los recursos están llegando a quienes deben llegar.

Hay muertos, desaparecidos, gente que no los necesita, campo que no produce, jóvenes que siguen sin ver claro su futuro. No hay proyecciones estadísticas ni académicas de hasta dónde y hasta cuando se podrán mantener esas políticas y, sobre todo, ¿de dónde saldrá todo ese dinero que se requiere?

Por eso resulta, más que una bofetada, una “mentada de madre” la amenaza del presidente de que dará una vuelta más a la tuerca para imponernos una “pobreza franciscana”, como si nuestros impuestos y los recursos del erario fueran de él.

Pretende un México «solidario», como el partido Solidaridad que quería Carlos Salinas de Gortari. Curiosamente, ambos conceptos proponen la desaparición de sectores, cambio de nombre al PRI y un gobierno de «Solidaridad».

En estas circunstancias, hoy vuelve a ser Porfirio Muñoz Ledo, quien pone el dedo en una yaga que no ha cerrado con la sola liquidación del PRI. La bestia creció. Hoy es el crimen organizado el único sector que controla la vida nacional.

La percepción de un presunto acuerdo de López Obrador con el Cártel de Sinaloa y del Golfo, es ya generalizada. Se ha apuntalado tras la expresión de que a los mafiosos “hay que cuidarlos porque también son seres humanos”.

El problema es que, con esa aseveración ha puesto en picota al Ejército y la Marina por su papel omiso o torpe, escoja usted, no sólo en el combate a las mafias, sino en la protección y seguridad del presidente de la república.

Si no hay pacto con el Cártel de Sinaloa, ¿cómo se explica que la ruta de una gira presidencial no esté custodiada por las fuerzas armadas ni por seguridad nacional? ¿Negligentes, ciegos o estúpidos?

Tras su reciente gira por Sinaloa y sus declaraciones sobre la existencia de retenes, queda manifiesto que hay un armisticio con esos grupos delincuenciales. Estos violan las garantías individuales y el libre tránsito.

Por eso, querido lector, los resultados electorales de este domingo pasan a segundo término y sólo alimentarán la bitácora y los anales de la historia. Las evidencias de la penetración del crimen organizado cada día son más contundentes.

La militarización iniciada por López Obrador pareciera que sólo ha servido para contener el paso de migrantes en la frontera sur y crear una empresa militar que fondeará las futuras pensiones de nuestros militares.

La forma es fondo, dicen los teóricos.

López Obrador se fue a los terruños de ‘El Chapo’ por helicóptero y sus reporteros por tierra, en más de dos horas de camino, sin que nadie sepa bien a bien qué hizo en ese lapso, ni con quién se reunió.

Tanta protección a criminales “que son seres humanos” y a la madre de “El Chapo” han traído consecuencias, y hoy ésa es la mancha más grande que pesa sobre la investidura presidencial, que dice proteger.

Mayo terminó con 2 mil 472 homicidios, el mes más violento de los últimos tiempos.  Todos los estados donde hay elecciones, están bañados por el crimen organizado; retenes por doquier… ¿De qué habla usted presidente? ¿En qué México vive?  Usted ya se despegó del pueblo bueno.

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El silencio ante los crímenes de Isabel Miranda de Wallace

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Las autoridades han guardado silencio con los delitos de Isabel Miranda de Wallace

Por Miguel Montesinos León

El 24 de enero de este 2023 fue lanzado el libro La vida impune: Biografía criminal de Isabel Miranda de Wallace. La autora Guadalupe Lizárraga, periodista y directora de Los Ángeles Press, con estudios en la UNAM y maestría y doctorado en Europa, da a conocer al público y a la clase política los alcances que una persona perversa, coludida con políticos de la talla de Genaro García Luna, Felipe Calderón, y los que participaron en los actos violatorios de la Ley en todos los sentidos. La periodista revela cómo estos personajes han ido dejando a su paso personas detenidas injustamente y torturadas, impunemente, y hasta la fecha algunas con sentencias exageradas, pero todos con secuelas físicas de por vida.

A las autoridades no les ha importado ser expuestos públicamente por brindarle todo el apoyo político y económico a Isabel Miranda de Wallace aún cuando se han evidenciado sus acciones ilícitas.

Para saber más del tema: ‘La vida impune. Biografía criminal de Isabel Miranda de Wallace’, el nuevo libro de la periodista Guadalupe Lizárraga

El actual fiscal General de la República Alejandro Gertz Manero, la ex secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero y el subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas Rodríguez se han entrevistado con la autora de este y otros libros, en los que a través de sus investigaciones ha recopilado, editado y publicado el historial criminal de Isabel Miranda de Wallace.

Los funcionarios todos se comprometieron a iniciar las investigaciones pertinentes y necesarias, para darle seguimiento a estas denuncias públicas; y hasta la fecha no se han pronunciado al respecto. ¿Es tanto el poder con el que cuenta Miranda que a este gobierno también lo tiene de rodillas?

Nos hace suponer que detrás de toda su impunidad y protección del gobierno federal -tanto de Felipe Calderón como de Peña Nieto y el actual con López Obrador– están corrompidos por las células criminales a las qué pertenece Isabel Miranda. No se entendería de otra forma el por qué la justicia no se aplica en su contra ni tampoco se libera a las víctimas de sus violaciones de derechos humanos y detenciones evidenciadas en los libros de la periodista Guadalupe Lizárraga, quien ha presentado ante organismos extranjeros solicitud de apoyo para liberar a los presos de Isabel Miranda.

Para saber más del tema: Isabel Miranda de Wallace admite responsabilidad en las torturas de sus inculpados

 

Guadalupe Lizarraga ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo en las investigaciones durante diez años y ha tenido dos intentos de secuestro y privación de su vida misma, ha interpuesto denuncias ante la FGR y con todas las pruebas fehacientes del caso, las autoridades siguen ciegas y mudas. Ha denunciado la persecución también ante López Obrador en sus conferencias mañaneras y así como ése y otros casos los ha expuesto, casos de detenidos por falsa acusación con delitos inventados, todos documentados.

Ni el mismo presidente de México ha intentado por lo menos aplicar la justicia. El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene el poder de indultar a las personas detenidas por este caso y llevar a la justicia a los autores intelectuales y materiales de estas graves violaciones; sin embargo, se irá López Obrador y las víctimas seguirán en prisión, mientras sus acusadores criminales libres.

 

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México: violencia sin par

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José García Segura habla sobre los hechos violentos en los últimos años del sexenio de AMLO

CONTRAFILO

Por José García Segura

Podría decir que Veracruz se convirtió este fin de semana en el estado más violento del país, pero no, porque inmediatamente reclamarían esa posición los estados de México, Sonora, Sinaloa o Nayarit.

Se inconformarían de igual modo, Michoacán, Guerrero (donde colocan cabezas humanas sobre vehículos) , Jalisco o Guanajuato. De Zacatecas, entidad en la que a diario aparecen cuerpos colgados, Colima o Nuevo León, mejor ni hablamos.

Mire usted:

En Oaxaca asesinaron, en horas recientes, a una regidora. En Michoacán perdió la vida un ex diputado local y, un transporte blindado del CJNG («Monstruo», le llaman) sepultó en vida a un coronel del Ejército Mexicano.

No te pierdas: Reunión entre líderes del CJNG provocó narcobloqueos y quemas de vehículos y tiendas en Jalisco y Guanajuato

En Guerrero fue acribillado un ex dirigente partidista. Hombres armados masacraron este domingo a una familia que viajaba en su camioneta por la carretera federal Xalapa-Veracruz. Dos niños y 3 adultos fallecieron.

También en Veracruz desconocidos emboscaron a migrantes centroamericanos para asaltarlos. Hoy hace un año, en Tijuana, fue asesinada de un balazo en la cara la periodista Lourdes Maldonado. El presunto responsable y ex gobernador de Baja California es actualmente senador de la República.

La joven Debanhi Escobar fue asesinada en Nuevo León. Hombres armados acribillaron a una cuadrilla de trabajadores en San José de Gracia, Michoacán. Maniatados y sin vida fueron encontrados los cuerpos de dos funcionarios de Puente de Ixtla, Morelos.

Podría hacer un recuento de los hechos en lo que va del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Los sucesos serían los mismos: robos, asaltos, secuestros, asesinatos… Lo que cambiaría serían las cifras. Como ocurre siempre, las autoridades llamaron a “mantener la calma”.

Lee también: Crean el primer Mural en Memoria de Periodistas Desaparecidos; «a víctimas les han negado el derecho a ser buscadas», acusan organismos

Lo sabemos bien:

La inseguridad y violencia en nuestro país tienen su raíz en la desigualdad social y el desempleo. La escasa o nula educación convierte a ese círculo vicioso en un abismo cada vez mayor.

Una Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (2022) sitúa a Fresnillo, Irapuato, Naucalpan de Juárez, Zacatecas, Ciudad Obregón y Colima como los lugares más inseguros para vivir. Aguascalientes, Puerto Vallarta, Mexicali, Toluca, Tijuana, Ecatepec, La Paz, Ciudad Nezahualcóyotl, Los Cabos, Naucalpan, Campeche, Tlalnepantla de Baz, Ciudad del Carmen, Cuautitlán Izcalli, Saltillo, Atizapán de Zaragoza, La Laguna, Coahuila, Durango. Chimalhuacán, Piedras Negras y Morelia reportan inseguridad.

 

Las alcaldías de la Ciudad de México que registran mayor violencia son Gustavo A. Madero, Iztacalco, Venustiano Carranza, Benito Juárez, Coyoacán, La Magdalena Contreras, Tlalpan e Iztapalapa.

***

Mail: josegarciasegura@gmail.com.

 

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Con voz propia

¿Autoatentado o autogolpe de Estado? 

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Las recientes declaraciones de AMLO sobre el sabotaje en el Metro dejan dudas si son autoatentados

TRAS BAMBALINAS.

Por Jorge Octavio Ochoa

El presidente de la República ya empezó a hablar de subversión. La expresión se suma a los términos sabotaje y autoatentado y dice que son “asuntos de Estado”.

Hace meses planteamos la hipótesis aquí y el viernes 20 de enero se empezaron a confirmar los temores: México no está exento de un AUTOGOLPE de Estado.

AMLO se refiere a la subversión, como un acto oculto, siniestro, pero imputable sólo a los “conservadores” que, en todo caso, no son más que los partidos de oposición y la clase media que está en contra de sus ideas y proyectos.

Esto ocurre en uno de los momentos más delicados de la guerra del narcotráfico.

Está la captura de Ovidio Guzmán, el juicio contra Genaro García Luna y la detención de Gerardo Soberanes, lugar teniente del Mayo Zambada y relacionado con la élite política.

Hace meses decíamos aquí, en este mismo espacio, que López Obrador ha generado tal ambiente de polarización y enfrentamiento social, para propiciar que para julio del año próximo sea realmente peligroso llevar a cabo elecciones generales en todo el país.

Para leer más del autor: Control de daños y diplomacia provinciana

Con un INE mutilado, profundamente debilitado y denigrado por el mismísimo presidente de la República, será sumamente complicado. Entonces él querrá pretextar inestabilidad, sedición, violencia y sabotaje, para suspender elecciones y declarar un impasse en caso de que los resultados no le sean favorables.

Por eso el intento fallido de asumir el control de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Por ahí pasarían todos los procesos de asonada, sedición, alzamiento, insurrección y subversión, término éste último, que López Obrador utilizó en su conferencia del pasado viernes 20 de enero.

Más vale que desde ahora empecemos a presionar al mandatario para que aclare posturas, porque esa salida sólo generaría un estallido social mayor a lo que él se pueda imaginar. Es falso, contra lo que dicen muchos observadores, que sus “corcholatas” tengan ganada la elección presidencial, menos el Congreso.

También que nos aclare el por qué de la repentina erogación de 726 millones de pesos en equipo antimotines para proteger a la Guardia Nacional que participe en operaciones de seguridad interior como protestas, manifestaciones y motines.

Las versiones del sabotaje 

Durante 3 días seguidos ese fue el discurso: “sabotaje”, luego del choque de trenes que ocasionó la muerte de Yaretzi Adriana Hernández Fragoso, estudiante de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM de la que, por cierto, ese mismo gobierno no se ha acordado ni una sola vez. Y se desplegó a 6 mil elementos de la Guardia Nacional.

Para especular sobre SABOTAJES armaron “cuatro incidentes”, según relató Martí Batres, secretario de Gobierno de la CDMX. Así intentaron montar una presunta conspiración contra AMLO, Sheinbaum y la 4T.

Lee también: Mal inicia el año para quien ejecutan en enero 

Uno de ellos, en contra de una mujer humilde, Viviana Salgado, a quien mantuvieron dos días en el Penal de Santa Marta y le abrieron carpeta de investigación por presunto sabotaje. Su pecado: habérsele caído a las vías del metro una aspa de lavadora que compró en el centro de la CDMX.

Ese es el nivel de miseria moral que han mostrado tanto el gobierno de la Ciudad como el gobierno federal. Y es el propio secretario de la Defensa quien planteó ese ambiente de inestabilidad a partir del “degollamiento” de pernos de vagones del Metro.

No mostró la bitácora, ni la zona de donde pudo partir esa maquinación tenebrosa para descarrilar trenes. Sólo son planteamientos generales para demostrar que México se encuentra al borde del terrorismo.

Es ahí donde López Obrador asienta su teoría de que hay grupos sociales, “conservadores”, dispuestos a generar muerte. Todo esto, aunado al intento de homicidio del periodista Ciro Gómez Leyva, que el presidente insiste en denominar autoatentado.

Quizá parezca tremendista o amarillista esta visión que planteamos aquí, pero las declaraciones de la última semana del Primer Mandatario de la Nación han propiciado todo este tipo de especulaciones debido, precisamente, a la gran irresponsabilidad con que el mandatario declara.

Insistimos: cuando habla de subversión, él coloca a la sociedad, fundamentalmente a las clases medias, como parte de un grupo de civiles contrarios su régimen, capaces de, por debajo de la mesa o de manera subrepticia, armar sabotajes o actos de terrorismo para desestabilizarlo y menguar su poder.

López Obrador no ha sido capaz de colocar en su teoría, a una parte del crimen organizado que se ha sentido afectado por ese favoritismo del régimen con “Los Chapitos”; las deferencias a la madre de “El Chapo” y la intermediación para que se le respeten derechos humanos.

No ha querido o no se le ha ocurrido pensar que hay cárteles antagónicos que quizá pretendan generar inestabilidad para debilitarlo. No. Contra ellos, ni con el pétalo de una rosa. Para él, todo está en el ámbito político de la polarización y son los “conservadores” con las clases medias, quienes lo quieren dañar.

Es decir: el presidente no quiere ni testerear a los capos. Ese solo dato resulta sumamente sospechoso.

Ve la subversión como un acto oculto, siniestro, pero sólo imputable a los “conservadores” que, en todo caso, no son más que los partidos de oposición y todos los que no están de acuerdo con sus ideas. Esto se encuadra en los márgenes de la sedición, que implica un “alzamiento abierto contra la autoridad”.

Desde su paranoia dialéctica, hay quienes quieren atacar las bases de la fe, que hoy se llama Lopezobradorismo. De ahí la reflexión en torno al autogolpe de Estado: hacerse la víctima para mantenerse en el poder otro rato. Un año o más.

Otro dato que debemos tomar en cuenta es que, entre la feligresía Amloísta, los apóstoles han empezado a abdicar y a dejar el Arca. Son los arrepentidos. Ahí se enmarca la reciente renuncia de Ricardo Mejía.

Pero también hay otros, que han empezado a detectar los pecados: Destacan el doctor en derecho Jaime Cárdenas, que renunció en menos de un año a la dirección del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, luego de descubrir que hubo un gran robo para armar la falsa rifa de un avión.

La editora recomienda: En busca de la impunidad transexenal

Se encuentran también Carlos Urzúa y Víctor Toledo, ex miembros del gabinete de López Obrador y que hoy son sus principales críticos, junto con Germán Martínez y Porfirio Muñoz Ledo. Se han distanciado también Javier Jiménez Espriú, Julio Scherer, Tatiana Clouthier, Santiago Nieto, Irma Eréndira Sandoval.

El hecho es que Andrés Manuel ha creado su propia gama de enemigos, entre los que menciona a los “intelectuales orgánicos”. Quizá él prefiera a los “intelectuales inorgánicos”, porque están todos muertos y ya no pueden opinar. En fin, cada quien sus fantasmas.

 

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