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Con voz propia

Elecciones y la agenda de justicias pendientes en México

Un conjunto de hechos sobre justicia pendiente en México surgen en medio del proceso electoral. Una reflexión de Rodolfo Soriano Núñez.

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Exgobernadores del PRI al banquillo de los acusados por corrupción Foto: composición en detalle de Reporte índigo

Rodolfo Soriano Núñez*

Esta semana estuvo marcada por cinco hechos importantes. Por una parte, el encuentro que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad sostuvo con los cuatro candidatos a la presidencia de la República.

En segundo lugar, el anuncio del inicio de un proceso judicial en México contra los exgobernadores de Tamaulipas Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, además de otras 30 personas, algunas de ellas exfuncionarios del gobierno de esa entidad por estar involucradas en actividades económicas con recursos provenientes del narcotráfico.

En tercer lugar, están las reacciones a la encuesta que publicó el diario Reforma, de la que destacan varios hechos. El primero que confirma la posición de Josefina Vázquez Mota como tercer lugar de la contienda. Segundo que asciende a Andrés Manuel López Obrador y que lo hace a sólo cuatros puntos del líder Enrique Peña Nieto.

Están también las actividades del movimiento Yo soy 132 que ha pasado rápidamente de ser un movimiento de protesta a convertirse en una organización paraguas, que lo mismo busca involucrarse en el desarrollo del proceso electoral actualmente en curso, que apoyar a otros movimientos como el de los padres de las víctimas de la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora.

Finalmente, el hecho que se cumplió el plazo para que los candidatos declinaran o fueran sustituidos por sus partidos y no hubo cambios en la lista de aspirantes a la presidencia de la República.

Sicilia y los candidatos

El encuentro de Javier Sicilia con los cuatro candidatos a la presidencia de la República ya lo comenté con algún detalle previamente. Quien desee leer lo que dije en su momento puede leerlo aquí.

Insisto en que la preocupación de Sicilia y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad es visibilizar la situación de las víctimas de la violencia. No sólo las que han sufrido abusos de la policía o el Ejército, como en Atenco, sino también las que padecen los excesos de las organizaciones criminales.

También creo que algo que se ha perdido en los insultos a don Javier, es que él no tiene ningún compromiso con ninguno de los candidatos. Y que él logró que la señora Josefina Vázquez Mota sea la primera líder del PAN en reconocer errores y, sobre todo, que el señor Enrique Peña enfrentara a las víctimas de los excesos de la policía estatal mexiquense en el contexto del conflicto en Atenco. Esto no es poca cosa.

No sólo eso.

Por primera vez, los candidatos fueron obligados a escuchar críticas, directas, sin filtros, por las malas decisiones de sus gobiernos o de los gobiernos en los que han participado.

Justicia Politizada

En lo que hace a las averiguaciones sobre las actividades del exgobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington era sólo cuestión de tiempo para que esa “bomba” explotara. Como se sabía, dada la experiencia de elecciones previas durante el gobierno de Felipe Calderón, las vísperas de la elección presidencial son el tiempo en el que se anuncian causas judiciales contra los adversarios del PAN.

No sólo eso.

Ya desde principios de año se sabía que había la intención de ir contra la clase política tamaulipeca. Se dijo, por ejemplo, que se habían girado órdenes para impedir la salida de varios exgobernadores de Tamaulipas y sus familias.

Que se dé a conocer el proceso contra Yarrington y Hernández no sorprende en sí mismo.

Más bien confirma lo que ya se sabía que iba a ocurrir y obliga a preguntarse qué tan lejos irá el gobierno federal con esta estrategia.

Esto es más grave dada la experiencia que el país vivió con el Michoacanazo, que de 38 detenidos en lo que se quiso presentar como un macro-proceso al estilo de los que la justicia italiana ha desarrollado antes, se llegó a nada.

O al menos eso creíamos hasta ayer, que el Consejo de la Judicatura Federal dio a conocer, por una parte, la suspensión de Efraín Cázares López, el juez responsable de la liberación en la primera instancia de los inculpados por el Michoacanazo, así como de Jesús Guadalupe Luna Altamirano, titular del tercer tribunal unitario penal del DF, que ordenó la liberación de Arturo El Culebro Arredondo, a quien el gobierno federal acusa de lavar recursos del narcotráfico. El juez Cázares López aparentemente habría huido apenas supo de su suspensión.

Es necesario preguntar si las filtraciones acerca de la cena del 24 de mayo en que participaron, entre otros, Luis Creel, primo de Santiago Creel, y Luis Mandoki, en la que—según algunas versiones—se habrían pedido donaciones a empresarios mexicanos, siguen o no la misma lógica que los anuncios sobre las averiguaciones contra los exgobenadores Yarrington y Hernández.

Por lo pronto, la filtración del audio de esa cena ya logró distraer la atención de la elección en sí misma y logró desviarla a temas francamente irrelevantes como el de si los empresarios del país apoyan o no a tal o cual candidato, algo que está previsto por la ley y que sólo se convierte en delito en la medida que se rebasen los topes de campaña o los límites que la legislación establece para esas donaciones. (Véase aquí para un estudio comparativo del financiamiento de los partidos políticos y sus actividades en América Latina).

Hay mayores razones para considerar que pudiera ser así cuando se considera el hecho que en todas las encuestas la candidata del Partido Acción Nacional, doña Josefina Vázquez Mota, aparece ya en el tercer lugar de la contienda.

Pegarle al PRI, a López Obrador y a los militares en los frentes ya señalados es consistente con el patrón de desempeño de la Procuraduría General de la República en el actual gobierno.

En el caso concreto de López Obrador, golpea el argumento de su autonomía, de la falta de compromisos o de componendas, respecto del empresariado y, por otra parte, abre la puerta a posibles averiguaciones judiciales contra el candidato de Morena.

Tristemente, una de las tareas que el PAN de los 1980 y 1990 identificaba en sus plataformas y declaraciones como prioritaria, la de des-politizar y profesionalizar el desempeño de la Procuraduría General de la República no se cumplió en los doce años de gobiernos del PAN.

De hecho habría razones para suponer que la PGR politizó todavía más su desempeño en los últimos seis años, como lo demuestran las filtraciones y operativos que la PGR y otros órganos de gobierno realizan cada vez que el país se acerca a una fecha electoral.

El caso más evidente fue el de Jorge Hank Rohn, quien fue detenido la madrugada del 4 de junio de 2011, cuando faltaba —como ahora— un mes para que se celebraran las elecciones en el Estado de México, Coahuila, Nayarit e Hidalgo.

Y lo de menos sería que esas filtraciones ocurrieran, es uno de los riesgos de vivir en regímenes democráticos y con libertad de prensa.

El problema más grave es que nada resulta de esas filtraciones. Lo único que queda en el ánimo es una sensación de profunda insatisfacción por la incapacidad del gobierno para resolver los problemas que le competen más directamente.

No es de sorprender, en ese sentido, que las filtraciones hayan perdido incluso su eficacia como armas electorales y que, al final del día sólo sirvan, en el mejor de los casos, para movilizar a la base electoral del Partido Acción Nacional y evitar, de esa manera, peores catástrofes para ese partido.

En este sentido, es inevitable preguntar si los arrestos de militares que han sido ampliamente publicitados en las últimas semanas también obedecen a una lógica electoral y busquen evitar las críticas de los únicos militares que pueden hablar libremente, los militares retirados del servicio, contra la manera en que se han utilizado las Fuerzas Armadas por parte del actual gobierno.

Tampoco ayuda, en este tema, la debilidad mostrada por la Fiscalía Especializada para Delitos Electorales que fue el blanco, durante y luego de la elección de gobernador en Michoacán, de muy severos cuestionamientos tanto de los dirigentes y candidata del PAN, como de los dirigentes y candidato del PRD.

El relevo que resultó de esas críticas y que llevó a Imelda Calvillo Tello a la Fepade no atacó el problema de fondo, que es el de la confianza en el desempeño de una instancia que debería ser crucial para la realización de las elecciones en México. Ése era un cargo que necesita una persona con un perfil de mayor credibilidad, alguien como José Luis Soberanes, o algún otro excomisionado de derechos humanos de alguna de las entidades más importantes de la República.

Las encuestas

En lo que hace a las encuestas, la encuesta más irregular en su presentación ha sido la del diario Reforma. De hecho, la ausencia de encuestas de Reforma a principios de año motivó todo tipo de preguntas que nunca fueron contestadas directamente por ese diario.

Lo que hubo, más bien, fueron conjeturas. Una de las más interesantes es la que Federico Arreola públicó en febrero de este año.

Decía Arreola que Reforma no publicaba encuestas porque no era del agrado de Alejandro Junco de la Vega, el dueño de Reforma, el que Peña Nieto estaba en primer lugar y, sobre todo, porque la candidata del PAN aparecía muy lejos del primer lugar en las encuestas que ese diario tenía pero no publicaba.

Una sola encuesta no modifica la información del conjunto de las encuestas disponibles actualmente. Sin embargo, también creo que el hecho que Reforma haya publicado una encuesta en la que López Obrador aparece en segundo lugar y a sólo 4 puntos del primer puede ser el aditivo que la campaña del exjefe de gobierno de la capital necesita para movilizar a su base, pero también, me parece, obligará a que tanto el entorno de López Obrador como los panistas definan de manera más precisa sus posiciones para el cierre de las campañas.

En el caso del entorno de López Obrador sorprende que quienes hace dos semanas se declararan escépticos de las encuestas y hurgaran en libros de los 1960 y 1970 argumentos en contra de las encuestas, de buenas a primeras, se presenten ahora como discípulos de Pitágoras dispuestos a creer en una sola encuesta que, insisto, ha sido la más irregular y la más politizada en la publicación de sus resultados.

Los panistas tendrán que decidir si efectivamente es cierto que lo peor que le puede pasar a México es el regreso del PRI y, en consecuencia, promoverán el voto por Andrés Manuel López Obrador, o si darán la razón a expanistas como la diputada local Lía Limón, que esta semana anunció su apoyo a Peña Nieto.

Lo que los panistas deben decidir, como ya lo señalé cuando Manuel Espino anunció su apoyo a Peña Nieto, es si efectivamente López Obrador dejó de ser el “peligro para México” que la propaganda de Calderón taladró en sus mentes.

También creo que mucho le ayudaría a la campaña de López Obrador que tuviera gestos hacia los potenciales electores insatisfechos con el desempeño de Josefina Vázquez Mota.

Como señalé en otro texto, a panistas y perredistas les ganan más la desconfianza y odios acumulados entre ellos y que unos y otros creen que, después de la elección, tendrán ventajas para negociar con un Peña Nieto más o menos debilitado por el cierre de la campaña y los efectos de las marchas en su contra.

Habrá que ver también si las encuestas que se publican de manera más regular y que permiten—por ello—una mejor medición de los efectos de algunos hechos concretos, como las de GEA-ISA, de Parametría y de Consulta Mitofsky, reflejan algún cambio en sus tendencias como resultado de la publicación de la encuesta de Reforma o si, más bien, esta encuesta simplemente pasará a ser una anomalía estadística.

 Algo preocupante, por cierto, es que en este contexto se trate de responsabilizar a la encuesta de Reforma y, de manera más concreta a López Obrador, de las variaciones tan pronunciadas en la cotización del peso frente al dólar de esta semana.

Que se diga eso en un contexto mundial en el que la demanda por dólares ha crecido como respuesta a la crisis en curso en Grecia y otras naciones europeas que podrían abandonar el euro es simplemente irresponsable y se alinea con las estrategias del miedo propias de elecciones marcadas por la desconfianza y la falta de propuestas. El dólar se ha apreciado no sólo frente al peso mexicano, sino frente a muchas otras monedas por los temores de las consecuencias que podría tener una reorganización de la zona euro.

La gráfica 1, permite observar cómo se ha comportado la cotización del Índice del Dólar de Dow Jones en el último año. Nótese la crecida constante en la demanda de la moneda estadunidense.

Que el dólar es ahora la moneda de refugio está ampliamente documentado tanto por empresas serias de análisis financiero, como la ya referida Dow Jones, como por especuladores. Es el caso de The Daily Reckoning, que hablan de cómo la libra esterlina perdió esa función frente al dólar a pesar de los problemas de la economía de EU, o de equities.com que ya desde abril hablaba de la corrida a favor del dólar como moneda de refugio dada la crisis europea, o este otro sitio canadiense que ya a mediados de mayo hablaba de cómo los inversionistas abandonaban el oro y el euro para refugiarse en el dólar.

No sólo eso. The Financial Times señaló por medio de una de sus bitácoras que el miedo al candidato López Obrador era una exageración.

El Movimiento #YoSoy132

En lo que hace al movimiento Yo soy 132, creo que sin demeritar este movimiento social, es importante comprender sus propias características y el hecho que responde, en cada institución educativa, a lógicas muy distintas, así como el hecho que no es un movimiento representativo de toda la juventud, ni siquiera de toda la juventud mexicana que estudia en instituciones de educación superior. Creo, por ello, que es difícil esperar que Yo soy 132 sea, por sí mismo, la respuesta a los problemas que México, aunque ciertamente puede ayudar a encontrar soluciones a los problemas del país.

Uno de los riesgos de Yo soy 132 son los intentos de políticos del PAN de subordinar a este movimiento a sus intereses. No es difícil comprender por qué en la medida que Yo soy 132 nace como resultado de la protesta organizada con motivo de la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana, así como el hecho que este movimiento no se exprese claramente acerca del hecho que los problemas del país hoy no son sólo el resultado de los 70 años de gobiernos del PRI.

Nuestros problemas son resultado también de la manera en que la transición de 2000 se malogró gracias al desdén, el amiguismo y la arrogancia con la que se trató de resolver el problema del narcotráfico en los últimos doce años. Lo que es más, Calderón se jactó de no ser el blanco de esas protestas, hecho que inevitablemente obliga a preguntarse cómo es que ha salido tan bien librado.

Sin embargo, no son los únicos intentos de subordinación. México ha sido desde hace varios años el campo de batalla de una guerra por el espectro radioeléctrico y, en este sentido, no sería difícil que los adversarios de Televisa y TV Azteca en esta guerra, como el Grupo Carso, intentaran aprovecharse del movimiento.

Como sea, la política ofrece posibilidades infinitas.

Los jóvenes de Yo soy 132 tienen frente a sí un campo libre para encauzar el descontento que existe pero no se manifiesta en México. La pregunta es qué tan capaces serán para resistir los intentos de instrumentalización y, sobre todo, qué tanta capacidad tendrán para incorporar otras demandas distintas a las que les dieron origen sin perder su identidad y sin subordinarse a los intereses de otras organizaciones.

Sin cambios hasta el final

Finalmente, se cumplió el plazo para que se hicieran cambios en las candidaturas. Seguimos como empezamos, pero ahora en un contexto de más clara polarización entre las candidaturas de Enrique Peña y Andrés Manuel López Obrador.

En un contexto así es inevitable preguntarse qué harán los panistas.

En 2000, Vicente Fox, candidato del PAN logró sacar algunos puntos de ventaja a Francisco Labastida porque en el seno de la izquierda surgió un movimiento que pedía el “voto útil” de la izquierda para Fox.

En 2006, de manera informal, un puñado de gobernadores y exgobernadores del PRI, insatisfechos con la mala campaña de Roberto Madrazo Pintado, decidieron—a instancias de Elba Esther Gordillo—apoyar a Felipe Calderón. No está claro qué tanto le sirvió ese apoyo a Calderón, pero está claro que lo pagó a precio de oro, con los recursos del ISSSTE y de la SEP.

La pregunta ahora, en 2012, es en qué sentido se moverá el “voto útil”.

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Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

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                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

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