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Con voz propia

Elección en México: Lisonja y traición

La elección en México también puso de relieve las traiciones de la candidata del PAN a sus militantes. Una serie de hechos así lo demuestran.

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Josefina Vázquez Mota Foto: red

Síntesis de la elección en México (Segunda de tres partes)

Primera parte

Ricardo V. Santes Álvarez*

Durante el segundo debate presidencial, el 10 de junio, Gabriel Quadri de la Torre llamó “zalamera” a Josefina Vázquez Mota; ello, a raíz de que ésta le atribuyó ser personero de los intereses de Elba Esther Gordillo. El candidato del Panal respondió de esa manera, recordándole a la panista que anteriormente se expresaba de la maestra como “querida amiga”.

El detalle fue uno de tantos, en esa maraña de desfiguros que caracterizaron la participación de Vázquez Mota en un evento donde, entre otras cosas, cambió de género a sus adversarios políticos, levantó acusaciones sin verdad a Andrés Manuel López Obrador (que fue el autor del himno del PRI de Tabasco) y repitió trillada mofa a Enrique Peña Nieto (que se escondió en un baño de la Ibero). Pese a todo, hasta el 11 de julio en entrevista con Joaquín López Dóriga, Josefina se dijo “ganadora” del debate.

El tiempo, como el mejor juez, va poniendo las cosas en su lugar. La candidata del PAN no sólo no ganó tal encuentro (lo que a fin de cuentas es insustancial) sino que ha venido dilapidando penosamente el capital político que hasta el 1 de julio había logrado. Adicionalmente, el correr de los días muestra que Gabriel Quadri tenía razón.

El papel de Vázquez Mota durante el actual proceso electoral, que (debe subrayarse) aún no concluye, vino de más a menos; al grado que ahora muchos lo juzgan como decepcionante. Sin embargo, todo acontecimiento tiene más de una interpretación; en ese sentido, la verdadera encomienda de Josefina se cumplió de forma exitosa. Ella tenía una tarea específica, asignada por las cúpulas del poder aglutinadas en el PRI y el PAN (el PRIAN), consistente en fracturar la estrategia del voto útil a favor de quien tenía posibilidades reales de competir, el odiado enemigo López Obrador.

La derrota de Josefina no fue de ella. Fue esencialmente una dolorosísima derrota de los auténticos simpatizantes del PAN, de esos ciudadanos que vieron en su candidata una verdadera opción. El tiempo muestra que los resultados del 1 de julio significan una victoria de quienes apostaron por Peña Nieto y, en consecuencia, por el descalabro de López Obrador. En este mar de apariencias, Josefina surge como triunfadora porque, como ella misma afirma, es demócrata, respeta las instituciones, se carga millones de votantes a los que agrupará en una nueva organización ciudadana, y está lista para escuchar ofertas de quien se interese por sus servicios, como insinuó a López Dóriga. “Estoy evaluando diversas alternativas”, “no he cerrado ninguna posibilidad”, expresó al comunicador.

Una mente fría, que haya asimilado los desencuentros con quienes votarían por opciones políticas diferentes, reconocerá que Vázquez Mota se prestó a jugar el triste papel de peón del ajedrez de los poderosos, quienes acordaron actuar en beneficio del abanderado del PRI. O ¿acaso no se dio cuenta que fue instrumental a la cúpula del PRIAN? Paradójicamente, las voces más sinceras pudieron ser las de Vicente Fox y Manuel Espino cuando le hicieron ver que “el bueno” era Peña Nieto. Mi impresión es que Josefina estuvo todo el tiempo consciente de esa situación y fue connivente con ella.

Pero eso no es lo peor. Lo deplorable es que, en esa actitud lisonjera hacia el círculo de los privilegiados azules (y tricolores), a Vázquez Mota le importó un comino mentir, engatusar y luego traicionar a los auténticos panistas y demás simpatizantes de su candidatura. Los sucesos de la última semana de la campaña hablan por sí mismos. Entre el 23 y el 26 de junio jugueteó con la “puntitis” y las encuestas. Primero en el DF dijo estar a sólo 6 puntos del candidato del PRI; “lo vamos a alcanzar, lo vamos a rebasar” afirmó. Luego en Mérida aseguró estar a 5 puntos, para más tarde, en Chiapas, aseverar que se encontraba a “un par de puntos” del priista. Con esa mentira, Josefina dio falsas esperanzas a sus potenciales votantes.

Para regocijo del abanderado del PRI, ese primer día de julio, antes de que empezaran a hacerse públicos los datos del conteo rápido del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), y antes de que en los estados de occidente, con diferente uso horario, cerraran votaciones, Vázquez Mota anunciaba que las tendencias no le favorecían. Argumentando certeza de elecciones limpias y convicción democrática, no esperó a conocer los resultados del PREP y dobló las manos prematuramente. Con esa claudicación, dejó olvidados a quienes votaron por ella, pues finalmente descubrieron que su voto no sólo fue inútil sino que, al emitirlo a favor del PAN, involuntariamente beneficiaron al PRI de Peña Nieto.

Aunque para algunos sea difícil aceptarlo, Vázquez Mota traicionó a sus simpatizantes.

Finalmente, la trampa quedaba al descubierto. Desde tiempo atrás la cúpula del poder orquestó la farsa de que Josefina mantenía “cerrada lucha” con López Obrador por ese estratégico segundo lugar de las encuestas, para así evitar el voto útil en contra del PRI (en colaboraciones previas me he ocupado de esto).

Quedó demostrado lo facciosa que fue la actitud de las encuestadoras “serias”, las que todo el tiempo estuvieron coludidas con la cúpula del poder para influir en la percepción de la ciudadanía. Luego del presunto triunfo del abanderado del PRI, un vocero de lengua muy larga y credibilidad inversamente proporcional, Ciro Gómez, reconoció públicamente que la encuestadora GEA-ISA “se equivocó”.

Dije que el proceso electoral no ha concluido. Al contrario, luego de conocerse los resultados de la elección y descubrirse infinidad de irregularidades sucedidas en las campañas y en el mismo día de la jornada, empieza a vivirse un inédito despertar social que nadie se atreve a predecir hasta dónde llegará. Seguramente por ello, continuando con la estrategia de inactivación social a través de la atomización, desde el martes 3, luego de reunirse con los privilegiados azules además del enlace directo con el PRI, el abogado Diego Fernández, la señora diferente salió al escenario, nuevamente, para anunciar la creación de un movimiento ciudadano, la “Ola civil”, que se propone aglutinar, según confía, a los 12, 786, 647 mexicanos que se inclinaron por ella. Vale reflexionar cuántos de esos votantes seguirán todavía a quien, junto con la actual dirigencia del PAN, parece haber olvidado los principios que históricamente han guiado a esa organización política, donde la democracia y las elecciones limpias son valores principales.

En su aparición del 1 de julio anunciando su fracaso, Josefina dijo ser demócrata y confiar en las instituciones. En entrevista con Reporte Índigo, insistió en esa perorata; y en la conversación con López Dóriga, reiteró por enésima ocasión su trillado discurso.

Ahora, contrastemos. Enuncio los siguientes hechos:

1) la reprobable declaración del presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, José Alejandro Luna Ramos, quien ya juzgó como improcedente la impugnación de las elecciones;

2) el cuestionado papel del consejero presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita, quien habló de “un proceso ejemplar”;

3) la imprudente felicitación del presidente Calderón a Peña Nieto;

4) las evidencias del desaseado proceso electoral que se acumulan día tras día;

5) la declaración del presidente del PAN, Gustavo Madero, en el sentido que el PRI solamente gana “a billetazos”;

6) la afirmación del presidente de la República que es inaceptable la compra de votos y por ello exige que el asunto se investigue;

7) la declaración de Peña Nieto en el sentido que sus adversarios de la izquierda han logrado engañar al propio presidente;

8) la llamada de atención del presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, al presidente Calderón, para que recuerde cómo asumió el cargo en 2006;

9) la creciente inconformidad social que se manifiesta en las plazas públicas del país, donde los ciudadanos, incluyendo a muchos panistas, se pronuncian contra el fraude.

Luego, frente a todos esos hechos pregunto ¿por qué Josefina Vázquez Mota permanece inmóvil cuando es, supuestamente, una de las principales afectadas?

En la plática con Reporte Índigo, Josefina aseveró contundentemente que no coincide en nada con López Obrador “Yo creo que es un hombre absolutamente antidemócrata”, dijo. Aunque habrá que recordarle que, en estos precisos momentos, López Obrador está tocando la puerta de esas instituciones que ella dice respetar demandando su derecho, y el de todos los mexicanos que se sienten agraviados, para que se limpie la elección presidencial en estricto apego a la legalidad y la justicia.

El mundo al revés: el enemigo de la institucionalidad demandando la prevalencia del estado de Derecho y la demócrata guardando acomodaticio silencio… ¿Qué clase de democracia profesará? ¿Una de discurso pero de cómplice inacción?

Colofón:

En la entrevista con López Dóriga, Josefina aseguró “No dejaré abandonados a mis votantes”; tal vez se refiera a los del 2018, porque a los del 2012 los olvidó el 1 de julio. También, envió un mensaje a los jóvenes: “No se pueden cansar de defender la democracia y luchar por la libertad”; así es; pero ella no es precisamente el ejemplo a seguir. Se cansó muy pronto.

Vicente Fox recomienda a Peña Nieto invitar a López Obrador y Vázquez Mota a colaborar. Tal vez en estos momentos la demócrata esté esperando que un emisario tricolor toque a su puerta.

*El autor es mexicano, investigador del Colegio de la Frontera Norte

Twitter: @RicSantes

 

Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

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                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

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