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Europa

El rastro de la ocupación rusa: ejecuciones, saqueos y rabia contra el antiguo amigo

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Por Shaun Walker

Trostianets (Ucrania)

Los tanques rusos entraron en Trostianets en las primeras horas de la invasión. Los soldados se desplegaron por esta tranquila localidad a 30 kilómetros de la frontera con Rusia y ocuparon varios edificios: la sede de la institución forestal, la estación de tren y una fábrica de chocolate.

El general ruso de mayor rango instaló su oficina en la sala número 23 del edificio del Ayuntamiento, la misma donde se solían sentar los contables del municipio. Su botella de whisky de malta sigue en el escritorio y las colillas de sus cigarros, en el borde de un cenicero. El general dormía en una cama individual robada de un hotel cercano.

Sus hombres vivían un piso más abajo. Por los rastros, parece que durmieron, comieron y defecaron en las mismas habitaciones. A juzgar por los uniformes rusos que hay en el suelo ensangrentados, puede que algunos de ellos también murieran allí.

Los rusos se fueron de Trostianets 30 días después de su llegada y en medio de una feroz contraofensiva ucraniana. Se fueron en un convoy formado por tanques, blindados, camiones cargados del botín que habían saqueado y numerosos vehículos robados a los que les pintaron una letra Z, el símbolo de las fuerzas rusas de ocupación.

La carnicería que los invasores han dejado detrás la recordarán de por vida los 20.000 habitantes de esta ciudad balneario, histórica y pintoresca, y será parte de la acusación que pese sobre la misión de “liberación” no deseada de Rusia en Ucrania.

En la plaza de la estación de tren hay ahora un panorama lúgubre de tanques destrozados, con la carcasa blanqueada de un obús autopropulsado y un autobús amarillo tiroteado con los asientos manchados de sangre. Quedan cientos de cajas de municiones y de casquillos verdes, prueba de los proyectiles y misiles Grad que los invasores dispararon desde Trostianets a las ciudades vecinas. Los edificios que se mantienen en pie están pintarrajeados con eslóganes prorrusos e insultos contra Volodímir Zelenski, el presidente ucraniano.

En una visita de dos días a la localidad, The Guardian ha encontrado pruebas de ejecuciones sumarias, torturas y saqueos sistemáticos durante el mes que duró la ocupación. Pero llevará mucho más tiempo catalogar todos los crímenes cometidos por los rusos en lugares como este.

“Me han robado hasta la ropa interior”

Ahora lo que toca es la tarea de limpieza, larga y difícil. Los desminadores ucranianos ya han quitado las minas y los cables trampa del cementerio, de la estación de tren y hasta del museo del chocolate, ubicado en una elegante finca que en su día alojó al compositor Piotr Tchaikovsky.

Tras semanas sin luz, el domingo volvió la electricidad. El primer tren de pasajeros desde la invasión llegó el lunes a la estación destruida. Pero las calles siguen llenas de restos deformados de blindados rusos y no hay nada que comprar. Todo ha sido saqueado.

Los vecinos van en bicicleta a los puntos de la ciudad donde entregaban cajas con comida: cartones de huevos, tarros de pepinos en vinagre y bolsas de plástico repletas de patatas que habían enviado grupos de voluntarios de otras partes de Ucrania. En la ordenada aunque tensa fila que se forma para recibirlos, los conocidos se abrazan y se alegran de verse con vida. Se cuentan historias del horror del último mes.

Residentes locales esperan en una cola para recibir una ayuda humanitaria, ciudad de Trostianets, en la región de Sumy, que el Ejército ucraniano ha recuperado. Roman Pilipey / EFE

Al ver a un periodista, se agolpan gritando unos encima de otros. “Me han destrozado la casa”. “Me han robado todo, hasta la ropa interior”. “Han matado a un tipo en mi calle”. “Los cabrones me han robado el portátil y el aftershave”. Una sinfonía de historias. Algunas son personales. Otras son de segunda mano. Todas son horribles.

Este es un lugar en el que hace diez años la gente solía tener cosas buenas que decir sobre Rusia, a poca distancia en coche y donde muchos tienen amigos y familiares. Ahora compiten en los insultos contra unos vecinos que les han traído la miseria: “¡Bárbaros!”, “¡cerdos!”, “¡cabrones!”.

Más de 50 civiles muertos

Yuriy Bova, alcalde de Trostianets, dice que es demasiado pronto para dar una estimación fiable de la cifra de civiles que han matado los rusos. “Con seguridad, más de 50; pero probablemente no centenares”.

Ahora, Bova se pasea por la ciudad en traje de faena y con una pistola en la parte delantera de su chaleco antibalas. Sin embargo, en el momento de la invasión, su aspecto era muy diferente. La idea de una agresión militar rusa le parecía descabellada, admite. Pero cuando aumentaron las advertencias de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Bova convocó una reunión entre los residentes que quisieran unirse a una fuerza de defensa territorial.

Se presentaron unas 100 personas. En Trostianets no hay instalaciones militares y entre todos solo sumaban unos cuantos rifles de caza, un par de pistolas y los kalashnikov de algunos policías. Decidieron pedir armas a Kiev, pero ya era demasiado tarde.

La invasión comenzó tres noches después. A la hora del desayuno, una gigantesca columna de blindados rusos ya había llegado a las afueras de la ciudad. Bova mandó a un grupo de guardabosques a cortar árboles para bloquear la carretera de entrada y eso les ganó unas horas.

A media mañana convocó otra reunión de la unidad de defensa territorial. “Intentar luchar contra los tanques con unos pocos fusiles hubiera significado una muerte segura, así que tomé la decisión de que seríamos como partisanos de la resistencia”, dice. La gente tuvo unos minutos para decidir si prefería quedarse o irse. El alcalde y sus concejales dejaron la ciudad y se replegaron a los pueblos vecinos.

Una ruleta rusa

Los planes de avance de Rusia se truncaron cuando las fuerzas ucranianas volaron un puente al sur de Trostianets. La ciudad se convirtió en un foco de soldados y blindados rusos.

Los habitantes de Trostianets se refugiaron en los sótanos y esperaron a ver qué pasaba. Según los residentes, algunas de las primeras interacciones con los ocupantes fueron relativamente indoloras. “Nos daban miedo pero después de un tiempo empezaron a darnos pena; tenían la cara sucia, olían mal y parecían totalmente desorientados”, dice Yana Lugovets, que pasó un mes durmiendo en el sótano con su marido, su hija y amigos.

Lugovets cuenta que un soldado que llegó a registrar la casa donde se alojaban se marchó sin completar su misión, con los ojos llenos de vergüenza mientras su hija gritaba asustada ante el intruso.

Daria Sasina, de 26 años, regenta un salón de belleza cerca de la estación de tren. Dice que cuando fue a comprobar su estado, descubrió que siete soldados rusos habían entrado en la tienda y la usaban para dormir. Al principio, le pidieron perdón. “Me puse a llorar, estaba histérica, había un joven soldado que me calmó, me dijo ‘mira, lo siento, no sabíamos que esto sería así’”.

Muchas personas recuerdan conversaciones amables de ese tipo, o destellos de vergüenza en la mirada de los intrusos, pero cualquier interacción con los ocupantes era como jugar a la ruleta rusa.

Basura entre la que se ven paquetes de comida militar rusa en una estación de ferrocarril dañada donde se encontraban las fuerzas rusas, en Trostianets. Roman Pilipey / EFE

Unos días más tarde, Sasina, su marido y su padre se arriesgaron a ir al otro lado de la ciudad para llevarle pan a una tía abuela de 96 años. Un grupo de soldados rusos saltó a la calle detrás de ellos y les apuntó con las armas. “Eran 20 y empezaron a gritar: ‘Corred, zorras’. Corrimos por el barro lo más rápido que pudimos, teníamos las piernas heladas y empapadas y estábamos aterrados. Ellos empezaron a dar tiros al aire, podíamos oír sus risas, les parecía desternillante”.

Un día después de que se marcharan los rusos, Sasina regresó para comprobar el estado de su pequeño salón de belleza y descubrió que habían robado equipamiento por valor del equivalente a miles de euros en tintes, champús y esmaltes de uñas, secadores, todo el equipo de corte, un sofá, todas las sillas, varias bombillas, y los cuadros de las paredes. Un aparato de aire acondicionado había quedado colgando de la pared: los cables habían sido más firmes que las ganas de robar el aparato.

Los rusos habían dejado en el suelo mechones de su propio pelo afeitado y montones de heces en la tienda de alimentación de al lado. Es de suponer que, en algún lugar de Rusia, las esposas y novias de los soldados recibirán pronto productos de belleza de alta gama como regalo. Sasina no sabe cómo pagar la reconstrucción del salón: “Todo lo que he trabajado para levantarlo ha sido destruido”, dice.

Ejecuciones y torturas

El alcalde fue criticado por su decisión de huir, pero Bova insiste en que esa era la única opción sensata. Repasando en su móvil las fotografías de los días de la ocupación, muestra cómo la gente le enviaba información sobre los despliegues rusos, incluso las de un vecino que logró volar un dron sobre las posiciones rusas. “La gente nos dijo dónde dormían, dónde comían, dónde estaba su equipo”.

Mientras el Ejército ucraniano atacaba las posiciones de los rusos, los soldados rusos se enfurecían cada vez más. Los servicios de seguridad ucranianos difundieron la grabación de un mensaje, cargado de improperios, que un supuesto general ruso envió tras recibir disparos desde un pueblo cercano. En él, el militar ordenaba un ataque con misiles contra objetivos civiles: “Borrad de la tierra todo este lugar, desde el lado oriental hasta el occidental”, se le escucha decir.

Al aumentar los ataques contra ellos, los rusos cortaron la señal de los móviles en la ciudad y fueron casa por casa exigiendo los teléfonos para ver si los vecinos tenían información comprometedora sobre ellos. En el desorden de las barracas rusas de la estación de tren, se encontró una nota manuscrita donde se describía a posibles enemigos ucranianos a los que dar caza, con rasgos tan poco concretos como “conduce un todoterreno blanco”.

Vecinos pasan por un tanque ruso destrozado en la ciudad de Trostianets, al este de Ucrania, el 28 de marzo. En el fondo, el monumento sobre la Segunda Guerra Mundial. Efrem Lukatsky / AP Photo

En Bilka, una aldea tranquila y azotada por el viento de las afueras de Trostianets, los rusos aparcaron más de 200 vehículos. Al menos dos vecinos fueron ejecutados. El primero fue Alexander Kulybaba, un granjero de cerdos que protestó por la toma de su establo. Lo fusilaron en el acto el 2 de marzo, cuando los rusos llegaron al pueblo.

Mykola Savchenko, un electricista con bigote retorcido en las puntas, vivía junto a su mujer Ludmyla y sus seis hijos adoptivos. Durante la primera mañana de la ocupación, salió a buscar un sitio para cargar su teléfono y el de su esposa porque ya no había electricidad. “Solo voy a salir cinco minutos”, le dijo. Nunca regresó.

Ludmyla llora en la puerta de su casa. Tiene en las manos un certificado de defunción sellado por la policía donde se explica que su marido fue “brutalmente torturado y luego asesinado con un disparo en el corazón y otro en la cabeza”. En la inspección del cadáver encontraron huesos rotos en los dedos y en los brazos.

“No dije nada a los niños porque son pequeños y todavía no lo entienden del todo. Todos los días esperaban que su padre volviera a casa, pero nunca lo hizo. Ayer les dije: ‘Sentaos, os explicaré todo’”, cuenta. El menor de sus seis hijos tiene cuatro años y el mayor, 11. Están de pie junto a ella, en fila como matrioskas, callados y confundidos.

Rabia contra Rusia entre rusoparlantes

Ludmyla insiste en que su marido no participaba en la resistencia, pero que muchos otros lugareños sí lo hicieron. En una calle cercana, un granjero de cerdos cuenta que escondía su móvil con acceso a Internet bajo tierra, dentro del corral, y que como señuelo llevaba un teléfono viejo y casi sin funciones por si los soldados rusos le pedían que lo enseñara. Luego, en la oscuridad de la noche, desenterraba su teléfono de verdad y se iba al único lugar donde sabía que aún había señal para enviar las nuevas ubicaciones del armamento ruso a un pariente del Ejército ucraniano.

“Luego enviaron los Bayraktars y los jodieron”, dice el granjero riéndose. Se refiere a los drones de fabricación turca que Ucrania ha utilizado con un efecto letal para las columnas rusas. “Los rusos son perros, son infrahumanos”, dice.

Una consecuencia duradera de la decisión que tomó Vladímir Putin al invadir Ucrania será la rabia contenida que ahora se siente contra los rusos en pueblos como Bilka, donde la gente habla una mezcla de ucraniano y de ruso, y antes vivía ajena a las preocupaciones geopolíticas.

Junto a la ira, también hay confusión y decepción por la forma en que se están portando los rusos de a pie. Nadezhda Bakran, una enfermera de 73 años del hospital local, se refugió junto a sus pacientes en el sótano mientras un tanque ruso disparaba contra el edificio, ahora vacío y destrozado. El bloque de apartamentos de al lado también quedó reducido a un esqueleto, con todas las ventanas reventadas y graves daños estructurales.

Pero cuando Bakran llamó a su mejor amiga en Moscú para contárselo, solo escuchó burlas y acusaciones escépticas. “Intenté explicárselo, pero no me cree, ella cree a su televisión”, dice Bakran, que desde que conoció a su amiga en Crimea hace 43 años se ha ido con ella de vacaciones casi todos los años. “Le dije: ‘Tu gente está destruyendo mi ciudad’. Y ella me dijo: ‘Vosotros mismos habéis provocado esta guerra’. Éramos amigas, lo que teníamos era incluso más fuerte que una simple amistad, y ella no me cree, no lo entiendo”.

Para muchos, esta sensación de traición por parte de amigos y familiares ha sido un golpe casi tan duro como el de las pérdidas materiales.

Sasina, la propietaria del salón de belleza, enumera las pérdidas sufridas por su familia durante un mes de ocupación rusa: su casa, destruida; su salón de belleza, saqueado; la tienda de juguetes de su madre, también saqueada; el coche de su amiga, robado, pintarrajeado con letras ‘Z’ y destrozado. El hermano de Sasina camina con muletas desde que el primer día dispararon contra su coche en un puesto de control y una bala se le clavó en la espalda. Dice que los soldados rusos llegaron a disparar al gato de su abuela durante una inspección de la casa.

Sasina llamó a su tía, que vive en las afueras de Moscú y en verano solía visitarle en Trostianets, para contarle los horrores que estaban padeciendo. Su tía le respondió que estaba diciendo tonterías. “Dijo que no es posible, que probablemente los soldados son ucranianos disfrazados de rusos, y ahora ha dejado de hablarme”, dice Sasine, sacudiendo la cabeza con incredulidad.

Un hospital de campaña improvisado

Es posible que los soldados rusos que sobrevivieron a Trostianets nunca hablen de la ira que presenciaron ni de la carnicería que provocaron. Regresarán a un país donde la propaganda estatal considera que la invasión de Ucrania es una misión heroica para salvar al país vecino de las garras de radicales y neonazis.

Aunque muchas familias rusas lloren ahora la pérdida de sus hijos y de sus hermanos, es posible que los espectadores de la televisión rusa nunca sepan el coste que está teniendo la intervención no deseada de su Ejército. En la morgue del hospital de Trostianets, los cadáveres amarillentos de tres soldados rusos yacen sin refrigerar y sin que nadie los reclame. Según un soldado ucraniano que participó en la recuperación de la ciudad, hasta 300 podrían haber muerto aquí.

En el sótano de la estación de tren, la débil luz de las linternas revela un hospital de campaña improvisado donde los rusos curaban a sus heridos. Pusieron papel de plata acolchado sobre dos escritorios para preparar mesas de operaciones. El suelo está lleno de pastillas y otros suministros médicos. Sujeto a un perchero, un gotero.

Tal vez la imagen más sorprendente de todo Trostianets es la de la pared del pasillo de fuera. En la pared hay pegados dibujos de niños de Rusia, regalos de escolares en honor al Día del Ejército, que fue en la víspera de la invasión.

Las tarjetas están decoradas con flores bonitas y coloridas junto a mensajes de apoyo escritos con letras infantiles temblorosas. Una de ellas, firmada por Sasha P., de primer grado, tiene dibujos con lápiz de cera y un mensaje. Dice: “Gracias, soldado, por asegurarte de que vivo bajo un cielo tranquilo”.

Traducido por Francisco de Zárate.

Fuente: eldiario.es

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Europa

El Kremlin no aclara qué territorios de Ucrania forman parte de su anunciada anexión

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El presidente de Rusia reveló anexiones a Rusia sin revelar de cuáles regiones de Ucrania se tratan

Por Icíar Gutiérrez

El Kremlin sigue sin aclarar qué partes de los territorios de Ucrania están bajo el paraguas de su anexión no reconocida internacionalmente tras los referéndums ampliamente condenados como ilegales y falsos y, por tanto, cuáles serían sus supuestas fronteras en este momento.

El presidente ruso, Vladímir Putin, firmó el viernes en una ceremonia cuatro “tratados de adhesión” junto a los líderes colocados por Moscú en los territorios ocupados de las regiones de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, que este lunes han sido ratificados por la Duma.

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Pero de estas cuatro áreas, Jersón y Lugansk son los únicos territorios sobre los que las tropas rusas están cerca de tener un control total y siete meses después la guerra continúa en todas estas zonas.

Durante su discurso del viernes, Putin no despejó la incógnita de si su anexión cubría todas las regiones ucranianas de Zaporiyia y Jersón, o solo las partes que Rusia ya controla. Este lunes, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, tampoco lo ha aclarado.

Peskov ha asegurado que las regiones de Donetsk y Lugansk en su totalidad eran parte de Rusia, según informa The Guardian. Al ser preguntado por la prensa si los territorios de las regiones de Jersón y Zaporiyia controlados por el Ejército ucraniano son territorios rusos, Peskov ha respondido: “Ahora no tengo nada que añadir”. “Ahora no puedo responder a su pregunta. Sin lugar a dudas, en cualquier caso cualquier configuración dependerá únicamente de la voluntad de la gente que viven en estos territorios”, ha dicho, según recoge EFE.

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En este sentido, Peskov ha asegurado que Moscú “consultará” a la población de Jersón y Zaporiyia para definir cuáles serán sus fronteras. “Continuaremos consultado a la población de estas regiones”, ha dicho, sin dar detalles sobre cómo se llevarían a cabo las consultas con los habitantes de estas regiones.

 

 

 

 

mapa anexiones de Putin

Mapa de las anexiones a Rusia por Putin.

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Fuente: eldiario.es

Fotografía: ALEXANDER NEMENOV/AFP vía Getty Images.

 

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Europa

Ataques al Nord Stream muestran la vulnerabilidad de los gasoductos en Occidente

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gasoductos nord stream se encuentran vulnerables a ataques presumiblemente de Rusia

 

Por Julian Borger

A bordo del Queen Elizabeth (océano Atlántico) —

Después de que el aparente ataque en el mar Báltico contra el Nord Stream dejara en evidencia la vulnerabilidad extrema de Occidente, los países de la OTAN se están apresurando a mejorar la seguridad de sus muy vulnerables gasoductos y cables submarinos de comunicación.

Tras las explosiones detectadas este lunes se han registrado un total de cuatro fugas de gas en dos gasoductos del Nord Stream. Según varias informaciones que citan a autoridades europeas, se han avistado en el pasado buques rusos cerca de donde se produjeron las explosiones en los gasoductos Nord Stream I y II, pero por motivos de seguridad el examen de los daños no podrá hacerse hasta dentro de unas semanas y aún no hay pruebas de la implicación de Moscú.

Tras las explosiones, el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, ha ordenado reforzar las patrullas policiales y militares en oleoductos y plataformas petrolíferas y gasísticas del país.

Para saber más del tema: Alemania advierte que explosiones de Nord Stream podrían convertirse en uno de los peores desastres ambientales

 

Antes de las explosiones del Nord Stream, la Autoridad de Seguridad Petrolera de Noruega había informado este lunes sobre la presencia de drones no identificados volando cerca de las plataformas petrolíferas y de gas del país. Støre describió la actividad de los drones como “anormal”.

“Cuidadosos” con el lenguaje

Noruega es el principal proveedor de gas de Europa y tiene que patrullar casi 9.000 kilómetros de gasoductos. Cualquier interrupción de su suministro podría desencadenar una crisis energética de forma inmediata y una ruptura de los gasoductos activos provocaría un desastre ecológico. Oslo ha pedido ayuda a los aliados de la OTAN para patrullar sus infraestructuras.

Según el almirante Ben Key, primer lord del Mar y jefe del Estado Mayor Naval británico, “la respuesta noruega es comprensible”. “Existe una vulnerabilidad en todo lo que se asienta en el fondo del mar, ya sean gasoductos o cables de datos, que obliga a organizaciones como la Marina Real Británica, aunque no solo a nosotros, a disponer de medios para vigilarlo y asegurarlo”.

“Se puede decir que estamos vigilando de cerca los puntos dónde creemos que en este momento están esas vulnerabilidades más graves y viendo cómo protegerlos mejor”, dijo Kay a bordo del portaaviones de Su Majestad la reina Isabel II durante una visita a Nueva York. El almirante dijo no poder entrar en detalles sobre las contramedidas de la Marina Real.

Varios políticos europeos han responsabilizado a Rusia por las explosiones, pero según Key no hay pruebas concluyentes. “Tenemos que ser muy cuidadosos con el lenguaje que empleamos, en cualquier sentido, en estos momentos de atribuir cosas directamente, porque no creo que esté del todo claro”, dijo.

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Más inversiones

Occidente es especialmente vulnerable por su dependencia de los cables submarinos, por donde viaja más del 90% del tráfico mundial de Internet. Si se cortaran esos cables se desencadenaría una crisis polifacética que afectaría a la mayor parte de los aspectos de la vida moderna. Por su parte, la infraestructura de comunicaciones de Rusia es más terrestre.

“La información del mundo depende de esos cables”, dice el almirante Tony Radakin, jefe del Estado Mayor de la Defensa británica. “Esto es muy, muy importante. Tenemos una variedad de sistemas para proteger esas redes, pero también reconocemos que son áreas en las que necesitamos hacer nuevas inversiones”.

Radakin dice que la Armada Real británica ha encargado la fabricación de un buque especializado (un barco de vigilancia oceánica polivalente) para patrullar y proteger las infraestructuras submarinas con sensores y drones autónomos submarinos. Aunque la Armada Real cuenta con incorporar dos de estos buques, no se espera que entren en servicio antes de 2024.

 

Vigilancia constante

Desde hace años se han avistado submarinos rusos cerca de cables y tuberías críticas del fondo del mar, pero las autoridades de defensa de Occidente dicen que en los últimos meses no ha habido señales de un aumento de la actividad submarina rusa como consecuencia de la guerra en Ucrania.

Rusia dispone de minisubmarinos de propulsión nuclear equipados con brazos mecánicos para manipular o cortar cables y capaces de operar a profundidades de 1.000 metros. Estos minisubmarinos deben ser transportados a la zona por submarinos mucho mayores. Los rusos tienen dos clases de naves modernas que podrían hacer este transporte: el Podmoskovye y el Belgorod. La detección de un ataque podría implicar el ser capaz de vigilar estos submarinos de mayor tamaño.

“Mantenemos una vigilancia constante de los movimientos que se producen en Kaliningrado y en la península de Kola”, dice un oficial militar nórdico, refiriéndose a dos centros de actividad naval rusa. El oficial los describe como “puntos de estrangulamiento” donde los submarinos rusos tienen que cruzar un paso marino relativamente estrecho antes de llegar al Báltico y al Atlántico Norte. Pero el oficial también apunta otra posibilidad: “También podría provenir de un barco de arrastre, que podría haber estado en el lugar un mes antes de cualquier ataque”.

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Traducción de Francisco de Zárate

Fuente: eldiario.es

 

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Europa

Alemania advierte que explosiones de Nord Stream podrían convertirse en uno de los peores desastres ambientales

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mapa de Nord stream con las explosiones de gasoductos

Las autoridades alemanas advierten sobre la posibilidad de un magno desastre ambiental en el mar Báltico, luego de los daños ocurridos el lunes en los gasoductos Nord Stream que transportaban gas proveniente de Rusia a diversas terminales en Europa. Las autoridades de Estados Unidos y la Unión Europea calificaron el hecho como un “acto de sabotaje”.

Científicos suecos afirman que detectaron dos explosiones submarinas de gran magnitud poco antes de que la presión a través de las tuberías disminuyera de manera brusca. Una de las fugas ha producido un charco burbujeante de agua marina de casi un kilómetro de diámetro. Las autoridades estiman que solo en ese sitio se han liberado unas 300.000 toneladas métricas de metano a la atmósfera, por lo que se convertiría en una de las peores fugas de gas de la historia.

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El metano contribuye de manera significativa al aumento de la temperatura global. Este gas puede permanecer en la atmósfera durante décadas antes de descomponerse, con un poder de calentamiento casi 80 veces superior al del dióxido de carbono.

Las acusaciones de Putin

Una enorme nube de gas de la fuga de Nord Stream se desplaza sobre Gran Bretaña, pasando por Escandinavia y las Islas Británicas, mientras los expertos revelan que las explosiones submarinas equivalieron a «varios cientos de kilos de TNT» y Vladmir Putin ha acusado a las potencias ‘anglosajonas’ de sabotear el gasoducto Nord Stream.

Rusia ha cerrado Nord Stream 1 indefinidamente desde principios de septiembre y Nord Stream 2 nunca ha estado completamente operativo. Pero ambas tuberías están cargadas de reservas de gas natural, que ahora están siendo expulsadas a aguas internacionales.

Copenhague estima que los gasoductos vaciarán su gas el domingo. Los expertos dicen que los conductos serán más difíciles de reparar una vez que el gas sea reemplazado por agua de mar.

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Como informó el diario alemán Tagesspiegel, las agencias de seguridad de Berlín afirman que los daños sufridos por los oleoductos los hicieron “inutilizables para siempre”.

Hay un consenso cada vez mayor de ambos lados de los oleoductos de que las filtraciones fueron causadas por ataques dirigidos, aunque difieren en el actor estatal a quien responsabilizar. El Centro Nacional de Sismología de Suecia registró «poderosas explosiones submarinas» el martes alrededor del área de las fugas, fortaleciendo la teoría del sabotaje.

Rusia culpa a Occidente por el supuesto ataque y dice que las explosiones ocurrieron en un territorio “totalmente bajo el control” de las agencias de inteligencia estadounidenses.

 

“Sucedió en las zonas comerciales y económicas de Dinamarca y Suecia”, dijo la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zakharova, en una transmisión, refiriéndose también a los países nórdicos como “países centrados en la OTAN”. En tanto, al Unión Europea y Estados Unidos señalan de sabotaje a Rusia.

 

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