Connect with us

Con voz propia

El lastre de la corrupción en México

Las reformas constitucionales impuestas por el gobierno de Enrique Peña y su partido amplían el margen de oportunidad de corrupción en México

Avatar

Published

on

pricorrup

El senador Emilio Gamboa, Enrique Peña Nieto y el diputado Manlio Fabio Beltrones, parte del entramado que ha hundido a México. Foto: aldiatx.com

Francisco Bedolla Cancino*

Nuestro estado, México, se constituye hoy por méritos más que suficientes como uno de los casos arquetípicos de la corrupción. En la actualidad, pocas organizaciones en el Planeta albergan una industria tan nefasta con los alcances y la intensidad observados en nuestro país. Estimaciones de instituciones especializadas y confiables señalan que, con un valor anual aproximado de 1.5 billones de pesos, cifra que representa el 10% del PIB, la corrupción se erige como la industria lucrativa de punta en nuestro país, la cual supera con creces al más rentable de los negocios lícitos: la explotación del petróleo y los hidrocarburos. He aquí, sin lugar a dudas, el tamaño del azote público al que nos enfrentamos.

¿Cómo llegamos a tan deplorable situación? Las hipótesis concretas son múltiples, pero sin lugar a dudas todas ellas anclan en el contexto sistémico provisto a lo largo del siglo XX por la estabilidad septuagenaria del presidencialismo autocrático, que prohijó la emergencia de las prácticas de contubernio entre los miembros de las corporaciones político-burocráticas y los integrantes de los grupos privados de interés y facilitó su recurrencia espacio-temporal, hasta hacer de ellas prácticas institucionalizadas.

Hoy, tan relevante hoy como su génesis, o más, resulta el sospechoso bajo perfil en que las elites políticas de los partidos y las elites burocráticas de los diversos órdenes de gobierno han conservado el problema de la corrupción y, peor aún, la ceguera o el menosprecio sospechoso mostrados por los intérpretes especializados de la vida público-política, es decir, los intelectuales, ante la magnitud y los efectos corrosivos de la corrupción en el Estado mexicano.

Una pregunta central en todo esto es ¿por qué la elite gubernamental, contando para ello con el apoyo activo de las elites sus partidos opositores, soslayó en su esfuerzo reformista el combate a la corrupción, cuando existen evidencias de que el margen de oportunidad de rendimientos es tan bueno como el ofrecido por las reformas estructurales en su conjunto?

La pregunta dista de ser ociosa. Si uno revisa la literatura especializada en la materia, existe un amplio consenso en que en los casos de corrupción sistémica extrema como el mexicano resulta no sólo aconsejable sino hasta imperioso vincular la reforma del Estado a una estrategia frontal de prevención y combate a la corrupción. Más aún, hasta resulta recomendable hacer girar las reformas en torno al diseño e implementación de un marco legal e institucional apto para enfrentar el azote de la corrupción.

El caso reciente y escandaloso de los dudosos contratos otorgados en el lapso de 11 años por Pemex a la empresa Oceanografía por más de 50 mil millones de pesos ofrece buenas pistas de respuesta a la interrogante mencionada. Hasta donde los indicios permiten sospechar, la corrupción aquí alcanza prominentes miembros en activo del PAN, de tal suerte que para ponerse a resguardo, condicionan al PRI el apoyo parlamentario que éste necesita para sacar adelante las leyes secundarias de la reforma energética. En tanto esto sucede, salen a la luz los escándalos de la onerosa campaña de Enrique Peña Nieto, por casi cinco mil millones de pesos, revelados por los diputados de la Comisión Investigadora del Caso Monex, y los tufos de corrupción del gobierno perredista en la obra de la línea 12 del metro.

Una pronta pero sostenible conclusión es que la corrupción, monopolio del partido oficial en la era previa a la transición, alcanzó en la era de la alternancia presidencialista el estatus de fenómeno transpartidista, y que tales circunstancias han colocado a las elites partidistas frente a la dura encrucijada de, o combatir la corrupción a un costo político elevadísimo; o hacerse de la vista gorda, para evitar harakiris y conservar de paso las ventajas privadas de tan lucrativa industria. Hasta ahora, la opción consistentemente preferida ha sido la primera, lo que corrobora las tesis de los connotados politólogos acerca de que, más allá de sus episodios como competidores, en los asuntos que más importan los dirigentes políticos se comportan como una clase aparte, opuesta al interés y el bienestar público de la ciudadanía.

En tal situación, uno de los detalles más preocupantes es que el éxito de las reformas constitucionales impulsadas, sin duda plausibles y hasta bondadosas en su orientación, amplía significativamente el margen de oportunidad de la corrupción. La experiencia internacional documenta probadamente que la elevación de la recaudación fiscal, el incremento de la inversión pública y la expansión de las actividades regulatorias del Estado son el caldo de cultivo idóneo para el florecimiento de la corrupción. Así, frente a la ceguera de los intelectuales orgánicos del poder, en materia de reformas estructurales, la pregunta relevante se desplaza del ámbito técnico de sus impactos en materia de crecimiento económico al de las probabilidades de expansión de la corrupción.

Un repaso pronto a la historia nacional de los últimos 80 años es más que suficiente para anticipar racionalmente que, ante la falta de incentivos políticos para enfrentarla, estamos frente a un escenario de alto riesgo de exacerbación de la corrupción, con todo lo que ello implica. En un país con más de 50 millones de personas en situación de pobreza, con síntomas preocupantes de descomposición del tejido social a lo largo y ancho del territorio nacional y con brotes de expresiones sociales que desafían la gobernabilidad, como los grupos de autodefensa, resulta poco aconsejable para la clase política nadar de a muertito en las aguas inerciales de la corrupción.

Pese a lo anterior, por desgracia, las dirigencias partidarias preservan su empeñoso afán de construir retaguardias de control compartido, que les provean los servicios de impunidad institucional que necesitan. A ello precisamente responde la captura partidocrática de las instituciones estatales clave del Estado mexicano, tales como el IFAI y ahora, con alta probabilidad, el Instituto Nacional de Elecciones, cuya integración y desempeño muestra los lastres y, a la vez, los límites del esquema partidocrático para proveer de gobernabilidad al sistema político mexicano.

* Analista político

@franbedolla

 

Con voz propia

De lords y ladies en las redes sociales, ¿clasismo o burla?

Alberto Farfán

Published

on

Por Alberto Farfán

Pareciera que en México no existen en lo absoluto fenómenos de otras latitudes como la discriminación, sea por origen étnico, diferencias de clase social, creencias religiosas o por ideas políticas, entre otras. No obstante, la realidad se ha encargado de plantearnos todo lo contrario. Y es importante considerar a este respecto esa especie de clasismo que ha tomado fuerza a través de las redes sociales, especialmente en Twitter, con los denominados lords y ladies.

Las conductas socialmente reprobables de estas fugaces “celebridades” se nos dan a conocer a través de videos, memes y demás, que podemos encontrar en las diversas redes sociales existentes, a manera de denuncia preponderantemente al principio, y acaso de forma burlona en la actualidad.

Recordemos que todo inició en 2011 cuando Azalia Ojeda, exparticipante de la primera edición de Big Brother México en 2002, y otra mujer de alto nivel económico fueron captadas por el usuario de un smartphone cuando agredieron a oficiales de la policía durante un operativo del alcoholímetro en la zona exclusiva de Polanco; ocurriendo más exactamente el incidente en plena avenida Mazaryk, considerada por muchos como el equivalente a Rodeo Drive, Fifth Avenue o Les Champs Elysées en Ciudad de México. El video se viralizó en Twitter en cuestión de minutos, surgiendo de esta manera el trending tropic “Ladies de Polanco”. Exponerlas como mujeres adineradas actuando violentamente y sin respeto alguno para con los demás que no forman parte de su clase social era el objetivo.

Y en efecto, en un principio los lords y ladies sí pertenecían a la clase media-alta y alta, distinguiéndose por ser personajes prepotentes con personas de estatus inferior, comportándose de manera abusiva, que se saltan las normas o que buscan ser atendidos de inmediato, haciendo a un lado a los que estaban delante de ellos, ofendiendo con el “eres un naco, un indio, un muerto de hambre”, etcétera.

No obstante, también es necesario destacar que últimamente en las redes sociales se nos presentan a estos seres con una llamativa particularidad, y es que no son precisamente de alto nivel económico. Pero, paradójicamente, proceden como si fuesen lords o ladies, conduciéndose sobre todo de manera prepotente y haciendo alarde de un estatus que no tienen, caricaturizándose de tal modo que obligan el reír.

Esta gran paradoja resulta interesante porque indicaría que personas de clase baja y media-baja, gracias a poseer un teléfono celular de gama media y acceso a internet, pueden poner en evidencia la violencia física o verbal de alguien de su misma clase social sólo por el hecho de tener a la mano un teléfono móvil. Y no por exhibir a un rico malvado haciendo cosas horribles a los pobres.

Por ende, pareciera que en sentido estricto el aludir a los lords o ladies no es un asunto de orden clasista como podría pensarse, pues este fenómeno social ha evolucionado de una manera peculiar. Ahora, reitero, no necesariamente se requiere ser de clase alta y conducirse con desprecio hacia personas ajenas a su estatus social para adquirir el título de lord o lady. Más bien parece una pugna de todos contra todos, donde la violencia genera violencia, pero también carcajadas y éstas son válidas y esperadas.

Y aunque hay momentos en que el señalamiento toma forma de una legítima denuncia, en otros sólo adquiere relieves de sarcasmo o burla. Y al final el asunto puesto a la luz de la opinión pública difícilmente pasa por las manos de las autoridades respectivas, cuando hay un delito que perseguir; o lamentablemente termina en el inconsciente colectivo como un hecho normal y cuyo objetivo sólo era hacernos reír. 

 

Continue Reading

Con voz propia

Sandoval, Delgado y otros Judas de López Obrador

Ramses Ancira

Published

on

Historias para A(r)mar la Historia

Por Ramsés Ancira

México es el único país del mundo civilizado en el que un grupo de personas pueden sumar sentencias por más de 500 años de prisión, por un supuesto crimen, cuando nunca se encontró el cuerpo del delito.

Y no se trata de que lo hayan disuelto en ácido como lo hacen los narcotraficantes, o quemado, como se supone ocurrió con las víctimas de Ayotzinapa. Para eso no hay pruebas, el cuerpo de Hugo Alberto Wallace según su madre, solo se desvaneció, como si le hubieran disparado con la máxima potencia de un faser de la serie futurista Viaje a las Estrellas.

Un cadáver supuestamente destazado en 2005, que siguió utilizando su tarjeta de crédito y hablándole borracho a Houston, en 2007, a su antigua amante, Claudia Patricia Muñoz Acosta, con la que procreó a una hija, a la que había estado a punto de reconocer en el registro civil; pero que se arrepintió de ultimo momento porque su madre, una mujer castradora llamada Isabel Miranda de Wallace se lo prohibió. Así lo declaró la propia Claudia Muñoz.

Un cuerpo que fue demandado en 2006, por un asunto inmobiliario cuando se supone, que había desaparecido el año anterior.

La misma persona, Hugo Alberto, que fue detenida por narcotráfico en 2001 por traer drogas ocultas en refacciones de motocicleta, pero que luego se reclasificó como contrabando y que sin embargo fue remitido a una agencia del ministerio público en Coyoacán, a 17 kilómetros de distancia y liberado en tres días, cuando se supone que la pena mínima por este delito es de 3 meses de prisión y debió ser vista por un ministerio público federal.

El viernes nueve de octubre de 2020 el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que el Estado Mexicano cumpliría con la petición que hizo el Grupo de Trabajo Sobre Detención Arbitraria de las Naciones Unidas para que se reparara el daño a Brenda Quevedo, detenida y torturada sistemáticamente por el caso Wallace durante 12 años continuos.

Esta posición del primer mandatario fue en respuesta al reportero Hans Salazar del medio Sin Censura.

Por esas mismas fechas y por razones similares, la Secretaría de Gobernación dio el reconocimiento de preso político a George Khoury Layón.

Han transcurrido más de seis meses y el presidente no ha podido cumplir su palabra, en parte por la traición de gente de su equipo de trabajo como el director de la escuela de derecho Benito Juárez, Netzaí Sandoval, quien además de hermano de la Secretaria de la Función Pública Irma Eréndira Sandoval y de Pablo Sandoval, representante del gobierno federal en el Estado de Guerrero y cuñado de John Ackerman, todos los cuales se encuentran en la nómina de la 4T, además, decíamos, cobra como director de la Defensoría Pública Federal.

Sandoval cedió a las presiones de Isabel Miranda de Wallace y corrió sin indemnización alguna al abogado defensor de Jacobo Tagle Dobín, Alejandro Garduño Real.

El abogado no sólo sufrió una injusticia laboral, sino que además tendrá que pagar desde el desempleo todos los costos del juicio que se le sigue por demanda de Isabel Miranda de Wallace, ya que, al menos en principio no le dejaron defenderse por sí mismo.

El pretexto de la presidenta de la organización Alto al Secuestro, es que el abogado, en pleno uso de sus derechos como defensor, declaró que Tagle Dobin fue secuestrado en una fecha anterior a la que Isabel Miranda de Wallace lo presentó ante las autoridades judiciales.

El abogado solo cumplió con su deber, el problema es que si el argumento se da por válido demostraría que la presidenta de Alto al Secuestro, fue previamente una secuestradora.

Pero, además, Wallace ha presentado amparos contra la Secretaría de Gobernación y la Fiscalía Especial de Derechos Humanos de la Procuraduría General de la República que le impiden al presidente López Obrador cumplir con su palabra.

En otro frente, el presidente del Partido Morena, Mario Delgado impuso por dedazo a varios candidatos a puestos de elección popular que están dañando al presidente López Obrador.

El grupo más numeroso es el de los mexicanos que viven en Estados Unidos y que se registraron como diputados migrantes. Cipriana Jurado, una de sus voceros dijo que en casi todos los partidos se cometieron irregularidades, que esperaban que Morena fuera diferente, pero al igual que los demás postuló a personas que hace mucho tiempo regresaron al país y por lo tanto no podrán hacer nada donde se les requiere, que es en los consulados de México.

También esta el caso de la candidata a gobernadora de Nuevo León, condiscípula de Delgado en Nxivm, quien creyó que no pasaría nada si argumentaba que nunca había visto al líder de la secta, a pesar de que sabía que la habían grabado con él. La intención del voto por Clara Luz se cayó más de 10 puntos y ahora ronda por el 18 por ciento, debajo de los candidatos del PRI y Movimiento Ciudadano.

Finalmente, en el norte del país, Mario Delgado eligió como candidatos a integrantes que pertenecen al partido local Unión Democrática de Coahuila, quienes terminaron su gestión con la deuda histórica más alta, este es el caso de Ciudad Acuña en donde se quedan a deber 201 millones 400 mil pesos.

En contraste el Municipio de Saltillo, que está gobernado por el PRI, a quien según Mario Delgado solo le interesa el presupuesto, la deuda es de Cero, igual que en Monclova, donde gobierna el PAN.

No son los únicos, Judas hay en todos lados, pero son los que han destacado últimamente después de que la titular de Notimex, Sanjuana Martínez, usando los recursos del Estado, sólo le diera voz de manera reiterada a la victimaria del falso caso Wallace en perjuicio de las verdaderas víctimas.

Continue Reading

Con voz propia

Lo hacían llorar: memoria del presente un ex preso político de Liga Comunista 23S

Avatar

Published

on

Por Jaime Laguna Berber*

Mi hijo era pequeño cuando llegué a prisión. Él tenía poco más de un año, y con el tiempo cuando salía jugar, los vecinos le decían que su padre era un presidiario. Él no alcanzaba a entender la trascendencia de esas palabras, pero entendía que lo querían agredir, y ese acto de agresión provocaba su llanto, regresaba a casa confundido, llorando.

Su abuela le explicó la importancia de las historias de lucha, y que había una diferencia con otros presos, que sí me encontraba recluido, pero que la diferencia es que había decenas de cientos de miles de personas que -de una otra forma- pedían nuestra libertad, lo que no pasaba con todos los presos; y que esto sucedió así no por cualidades personales, sino por el mérito de la lucha; en esos años había una enorme solidaridad en torno a los últimos presos de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Mi hijo aprendió a dejar de llorar por mi prisión; aprendimos a no sentir vergüenza por esta historia que ahora ambos contamos. Hay quienes no pueden contar su pasado, su historia ni a sí mismo ni a su familia ni a nadie.

La prisión no fue fácil, me generó enorme trastorno de ansiedad, que está entrelazado con un enorme sentimiento de culpa -le llaman “síndrome del sobreviviente”-. Después de 1976, casi no llegaron compañeros de la Liga a prisión; soy de los pocos que sobrevivieron de ese período; uno se siente culpable por haber sobrevivido y que no lo hubieran hecho compañeros con mayores cualidades, capacidades y, sin duda, méritos para ello. Sumo estrés post traumático y una lista enorme de trastornos para los que no hay cura, sólo tratamiento psicológico, y no siempre hay tiempo para detenerse a sanar las heridas.

En cambio, hay quien sólo tiene como mérito poder hablar de mis errores; me dicen alcohólico, vicioso y demás pequeñeces; sin duda, no tan sólo no han estado en mis zapatos, sino jamás van a estar en los zapatos de los compañeros y compañeras que me precedieron, y que ya no nos acompañan. Enanos morales que no tienen la estatura para colocarse por un segundo de su vida arriesgando todo por convicciones e ideales; con trabajo llegan a tratar de obtener unos pesos más en la quincena, el pago de unas horas extras, no están dispuestos a sacrificar nada por sus convicciones que se miden en pesos; convicciones que si tienen precio entonces no valen ni un centavo.

No escondo que estuve preso, y si alguien me quiere decir presidiario o ex presidiario me da lo mismo, cada quien sabe el mérito que tiene reconocer su propia historia ante los demás; si alguien dice que me comporto de manera neurótica no lo niego, reconozco -hasta donde es posible- mis dolores y huellas de esta vida que no sólo son cicatrices en la piel sino marcas que se hacen con los años de lamentar pérdidas, de extrañar amores que no sólo son de pareja sino de profunda amistad; que no tiene vida sino en lo que hago día a día intentado que sea un homenaje; se merecen más pero es cuanto puedo a pesar de los sentimientos que cargo y a veces me estallan sin poder controlarlos.

Hace unos días, como hace algunas semanas, como hace algunos meses, como hace desde años, no falta quien como Durazo me acusa de ser “hiena sedienta de sangre”; ante la estatura moral de tan egregios personajes no queda más que la risa; tan baja estatura moral tienen que no alcanzan a balbucear otra cosa. Ojalá fueran debates de ideas, pero son discusiones de insultos; me ganan, tengo más defectos y me declaro perdedor.

Soy chacal sediento de sangre, como asesino, ex presidiario, un alcohólico intermitente, un ser sin remedio, adicto a todo empezando por la vida; sin embargo, desde hace muchos, pero muchos años, me mantengo en una línea, creo que de manera razonablemente congruente, en tener fallas y errores, no dejaré de ser así; defectos y errores que no son cuatro como alguien enumera: al contrario, son muchos.

Al menos insisto en que son tan públicos como que puedo escribirlos.

Me queda el consuelo que mis fallas y defectos son tantos como tantos intentos tengo buscando una y más veces diversos proyectos, sólo falla el que intenta y lucha; de los demás nada puedo decir porque no les conozco fallas; nunca han intentado nada que trascienda más allá de sus vidas limitadas que no valen para escribirse; lo mejor es sentirse personaje de libro o de película con el que se comparan y nunca serán.

Pretenden insultarme y quisiera decirles que son una bola de pendejos, o de uno en uno, pero lo pienso y me doy cuenta de que no llegan a tanto, simplemente son personas que terminarán su vida sin mayor trascendencia para ellos y ellas, ni sus familias ni nadie. Si tienen valor me gustaría que se atrevan a escribir su vida de frente a los demás; al menos, no oculto la mía.

Tengo más defectos, más de los que caben en este espacio, más de los que el psiquiatra me puede diagnosticar y para los que el psicólogo me puede regalar ayuda en terapia; cargo con un fardo de problemas, pero trato de no detenerme en este camino, a pesar de caídas, recaídas, y sin duda enormes fracasos; quisiera repetir parafraseando a Neruda: “para nacer he nacido, confieso que he vivido”; sin duda ése es mi mayor delito y, sin embargo, también he amado, me he repuesto, he vuelto a caer, he mentido, he sido infiel, he robado, asaltado, intentado matar, intentado fugarme de la prisión y de la realidad, a punto de la locura, de una y de todas; he cometido tantas fallas y faltas que sigo creyendo que no entiendo por qué estoy con vida. Pero entiendo que no puedo dejar de seguir nadando hacia hasta la otra orilla, creyendo que no llegaré a donde quiero, con la esperanza de que quizá sí, y pese a todo intento disfrutar el viaje aunque me duela el camino en donde me duelo de mis ausencias y a veces de mi propia existencia.

Sí, me conmisero de mí pero juro que intento lo contrario y el dolor me vence. Me pesa el recuerdo, y la garganta en ocasión se atraganta de agua que descubro que es llanto, que a veces me obscurece la vista; si alguien de esto puede hacer burla es porque no merece compasión, ni amistad ni nada de mi parte.

Enhorabuena por su partida.

No falta ahora quien ha contabilizado mis fracasos; hay quien relata mis errores, no falta quien encuentre mis defectos y los puede contar; entiendo que tengo muchas viudas y viudos que están haciendo mi biografía aunque todavía no estoy muerto; toda esa gente, incluso algunos ex camaradas, amigos desleales, amores fracasados y por fracasar, no son sino accidentes en esta historia que es mi vida; sin embargo, las suyas no son historias que valgan la pena contarse porque no están escribiendo nada. Están en un velorio ante un cadáver que es su propio espejo.

No falta en ésta quien me acusa con los amigos, suyos y míos; con la familia, suya y mía; faltando al deber de la confianza que se guarda cuando se revelan secretos o se conocen por la cercanía; conozco de cerca ingratitud, infidelidad, deslealtad, deshonestidad, una argamasa de empequeñecidos seres me permite saber con quiénes estuve y con quién estoy. A veces me conviene fingir que no lo sé aunque el dolor me pesa y de repente me hace estallar.

La nada, nada produce, y decido no darles más importancia porque sería darles un lugar en mi vida que no valen, ni una lágrima, ni un mal recuerdo, ni un buen presente, ni una sonrisa, sólo el mejor olvido. Lo seguiré intentando aunque a veces me pese el recuerdo de lo pasado, y el presente que descubro me hace rebelarme.

Soy de tiempo completo, ex presidario, adicto, delincuente, hiena, y los invito a que pasen al frente del salón y nos hablen de su propia historia, que de la mía poco hay que agregar cuando lo confieso todo y ya creen saber lo que falta.

De mis viudas y viudos espero que nos cuenten la historia de sus fracasos, será la mejor prueba de que están intentando algo en esta vida que valga la pena ser contado; si quieren que nos hablen de sus defectos sin pena, no seré yo quien cuente los suyos.

Seguiré cometiendo fallas, errores, pecados, seguiré por el resto de mi vida siendo ex presidario, adicto, delincuente, hiena, pero seguiré viviendo y escribiendo de frente esta historia, fallando en casi cada intento de lo que busque; ésta y no otra es mi vida, aunque la garganta se me cierre y los ojos se llenen de recuerdos y en ese intento siga negando el dolor que a veces me causa.

Continue Reading

Trending