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El infierno de ser mujer, migrante y negra en México

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Por Rodrigo Soberanes

MÉXICO – Joy es originaria de Camerún. Logró llegar viva a Tijuana, en Baja California, en el noroeste de México. Betty nació en Haití y viajó hasta Tapachula, en el sureño estado de Chiapas, al igual que Elena, proveniente de El Congo. Las tres huyeron de sus países para escapar de un destino de pobreza, violencia y muerte.

Recorrieron miles de kilómetros. Un largo camino lleno de abusos, maltratos y discriminación. Llegaron a México con la esperanza de una vida mejor. No la encontraron.

Como ellas, miles de personas provenientes de Haití y África que en los últimos años han llegado a México, forman parte de un flujo inédito en la historia de este país.

La situación de vulnerabilidad de estas mujeres migrantes es evidente. Alejandra Elizalde Trinidad, coordinadora del Programa de Género de Formación y Capacitación  (Foca), califica la situación humanitaria que atraviesan de “terrible”.

Un ejemplo son las originarias de Haití quienes padecen “subordinación racial y xenofóbica”, señala E. Tendayi Achiume, relatora especial de las Naciones Unidas sobre las Formas Contemporáneas de Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia.

Elena, de El Congo

Elena huyó de la guerra civil en El Congo, viajó hasta Brasil donde encontró otro tipo de violencia: el desprecio por ser pobre… Y negra.

Con su familia emprendió el viaje hacia el norte, pero a la mitad del camino encontró un nuevo infierno: la selva conocida como el Tapón de Darién, una de las regiones más peligrosas del mundo para las personas migrantes, que separa a Colombia de Panamá, y está controlada por bandas de narcotráfico y tráfico de personas.

Elena fue una de sus víctimas. Durante 10 días fue separada de su esposo e hijo de ocho años, para ser convertida en esclava sexual. Cuando finalmente lograron escapar, pudieron llegar a Tapachula, Chiapas. Pero su alma quedó atrapada en la selva de El Darién.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2021 más de 133 000 personas migrantes cruzaron el Tapón del Darién; cuatro veces mayor al récord de 2016, cuando pasaron por esa región selvática unos 30 000 migrantes.

En Tapachula –ciudad mexicana fronteriza con Guatemala– muchas personas migrantes, sobre todo de Haití y África, viven en casonas o grandes construcciones con una multitud de habitaciones pequeñas llamadas cuarterías.

Cuarterías, habitaciones muy pequeñas donde se hacinan personas migrantes en Tapachula. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

En una de esas cuarterías un joven originario de El Congo grita desesperado, una mezcla de portugués y español. Es Djingo, el esposo de Elena. “¡La máquina de la prostitución está funcionando en México!”, grita el congolés.

Sus vecinos en la cuartería, que sostenían una intensa discusión sobre la forma de abandonar Tapachula, enmudecen. Saben que Elena se ha visto obligada al trabajo sexual, porque su esposo no ha logrado conseguir un empleo.

“¡Sus manos, sus manos!”, insiste Djingo sobre su esposa. “¡Están manchadas por el contacto con tanta persona!”. En la cuartería donde se encuentran, como en el resto de la comunidad migrante de la frontera sur, es secreto a voces que las crueles prácticas sexuales de El Tapón del Darién también llegan a Tapachula y persiguen, sobre todo, a mujeres vulnerables.

Djingo, en la azotea de la cuartería donde vive junto a su esposa e hijo de ocho años. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

La dramática experiencia marcó la vida de la mujer migrante. Las huellas visibles están en sus manos con manchas y escoriaciones, que parecen surcos que se prolongan hasta los antebrazos.

La familia no sabe qué son. Ningún médico la ha revisado, pero Elena cree que es una reacción al estrés, que su cuerpo grita algo por el dramático paso por El Darién.

Necesita ayuda, no sólo por las manchas sino porque desconoce el impacto por el daño físico por los días de esclavitud sexual sin métodos de protección. También requiere apoyo psicológico con urgencia, sobre todo porque sigue sometida a un infierno.

Elena se comunica más con su lenguaje corporal que con el habla. Se muestra silenciosa, casi por completo. Esconde sus manos entre las telas de su vestido. Las escoriaciones son un símbolo de su martirio en la selva, pero esas sólo son las huellas visibles, las otras se notan en la mirada triste y apagada, por momentos, ausente.

Joy, de Camerún

Joy –no es el nombre real, pidió usar este por seguridad– tiene 39 años y es enfermera. Escapó de Camerún, su país natal, donde era perseguida política e intentó refugiarse en Ecuador, en 2018, el único país latinoamericano donde no le requerían visa. Ahí, durante meses, sufrió maltrato, discriminación y abusos laborales. Vivió en la calle y en cuanto pudo emprendió camino al norte.

Joy recorrió miles de kilómetros desde Camerún para escapar de la violencia. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

En Quito, la capital ecuatoriana, consiguió empleo en un restaurante, pero se enfrentó de lleno con la discriminación hacia las mujeres negras. Una vez, mientras trabajaba en la cocina, escuchó un reclamo airado al propietario del negocio.

“Una cliente le dijo que, si tenía en la cocina a una mujer negra, se iría de su restaurante. Pero el dueño insistió en dejarme y los clientes comenzaron a irse. Luego me dijeron que si me despedían, en pocos días volverían los clientes”, cuenta.

Joy hizo todo lo posible por conservar el empleo, pero tres meses después fue despedida. Sola, sin dinero para pagar el alquiler de la habitación donde vivía, no tuvo otra opción que vivir en la calle.

Joy es enfermera. Abandonó Camerún y ahora intenta sobrevivir en Tijuana. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

“Comencé a dormir en el parque. Empecé a aprender a vivir así. Sin país y sin dinero. Aprendí a comer de la basura. Tenía hambre, quería comer”.

Contactó a otra mujer africana que podría ayudarla a conseguir trabajo, pero lo que ofreció fue meterla en el trabajo sexual. “Quiso usar mi cuerpo para hacer negocios. Yo no acepto eso, yo soy enfermera y auxiliar en farmacia”, dice.

Un día, cuando ya llevaba un mes en la calle, encontró a una paisana suya que estaba a punto de viajar al norte. Joy había ganado unos dólares trabajando en otro restaurante y recolectando botellas de plástico que vendió a un centro de reciclado. Usó ese dinero para irse.

La mujer camerunesa enfrentó un camino pleno en abusos y violencia. “Mucha gente murió enfrente de mí, vi demasiada gente muerta en la jungla”, dice.

Joy cruzó el río Suchiate, que divide la frontera entre Guatemala y México, en agosto de 2019, y entró a Tapachula, Chiapas, donde fue detenida y encerrada en la Estación Migratoria Siglo XXI. Un mes después hubo protestas por el maltrato hacia las personas detenidas que fueron disueltas por la Guardia Nacional.

“Yo estaba adentro. Sufrí discriminación. Sufrí racismo adentro. Cuando llegas, personas africanas están apartadas del resto. Te dan un ticket de diferente color. Tu color es diferente, ¿por qué? La comida que te dan es diferente al resto”, relata Joy.

Después del incidente, la camerunesa fue liberada y permaneció algunos días en un campamento en Tapachula, mientras conseguía dinero para seguir el viaje. En ese lapso sufrió incidentes con la policía.

Uno de ellos ocurrió durante una manifestación de personas migrantes, cuando preguntó a un agente, traductor de por medio, si tenía el poder de retener sus documentos.

El policía contestó con un insulto racista e insistió al traductor que lo dijera tal cual: “Cerdos, no sé qué vienen a hacer a mi país”.

“¿Por qué nos escogen para pedirnos nuestra identificación? Nos dicen que tenemos apariencia peligrosa. ¡Wow! ¿Apariencia peligrosa? Porque somos negras nos miran así, lo siento”, se pregunta Joy.

Ocho meses después de cruzar el Río Suchiate consiguió un documento de refugio de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar) y logró llegar a Tijuana. Allí se encuentra, a la espera de solicitar asilo humanitario al gobierno de Estados Unidos.

En esta ciudad fronteriza del norte de México no hay muchos cambios para Joy. Como en Ecuador, El Darién o en Tapachula, la camerunesa enfrenta su realidad: es la misma mujer vulnerable y sin derechos.

Cuando llegas aquí es lo mismo. Cada vez que camino veo cómo la policía arresta a las personas. A mí los policías me pidieron mi identificación y me la quitaron. Me dijeron que no era válida. Me registraron, tocaron mi cuerpo.

El mural de un albergue en Tijuana muestra el nuevo rostro de la ciudad fronteriza. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

Betty, de Haití

Haití siempre ha sido el país más pobre de América Latina, pero su marginación histórica se profundizó con el terremoto que en 2010 lo devastó. Fue el inicio de una diáspora que en los siguientes años expulsó a decenas de miles de personas. Betty y su esposo fueron parte de ese éxodo.

Hace ocho años llegaron a Ecuador, donde nacieron sus dos hijos y creyó que podría refugiarse de la discriminación y la violencia por el color de su piel, pero estaba equivocada.

Aunque tenían una mejor vida que en Haití no era suficiente y, al inicio de 2021, vendieron sus pocas pertenencias e iniciaron el camino a Estados Unidos. El viaje marcó su vida. “Soy una persona destrozada”, confiesa.

Betty escapó de Haití, devastado por sismos, pobreza y violencia. Atravesó la selva del Darien, donde sufrió violencia sexual. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

Como miles de haitianos que han compartido la misma ruta de migración, la familia se vio obligada a cruzar por el Tapón del Darién. El costo fue muy alto, sobre todo para Betty.

Ahora en una cuartería de Tapachula, a Betty le cuesta hablar del viaje. Platica en tercera persona, como si con eso intentara creer que se trata de otra persona.

Quitan a la madre enfrente de los niños para hacerle cualquier cosa. Los niños están llorando y el esposo no puede hacer nada. Una se tiene que aguantar todo lo que está pasando”, dice.

Robaron, violaron y mataron a muchos de nosotros. Es una mezcla de dolor, miedo. De todo”, dice Betty en voz baja.

Betty, en una de las cuarterías donde viven principalmente personas migrantes de Haití. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

Su esposo escucha la narración en silencio. A unos metros otros migrantes haitianos asienten: ellos también saben de las caminatas a ciegas por una selva desconocida, el cansancio, sed extrema y el riesgo permanente a convertirse en víctimas de cualquier crimen grave.

“Mi sueño solamente era sacar a mi familia adelante, un buen futuro para mis hijos. Un futuro que no tenía y quería para mis hijos”, cuenta.

El tono de su voz parece desesperanzado. Puede que tenga razón. Hasta ahora en México no ha encontrado la ayuda que necesita.

Sus hijos, por ejemplo, cuando se han enfermado de fiebre y diarrea, no han sido atendidos por ningún médico porque la familia no puede acreditar su estancia regular en el país.

“Están destruidos, no tienen escuela, no tienen ayuda”, confiesa Betty. “Tengo el corazón destruido como madre”.

Éxodo en medio de discriminación

Las historias de Joy, Betty y Elena son un reflejo de la cruda realidad que enfrentan las mujeres migrantes en México y que en su caso resulta aún peor, pues también padecen discriminación por su piel.

El éxodo se siente en México, a donde llegó la mayoría de estas personas. De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría /ministerio) de Gobernación (Segob), en 2021 el Instituto Nacional de Migración detuvo a cien mil 64 mujeres. De ellas, 32 mil 393 eran menores de edad.

Las estadísticas nada dicen sobre su destino. De acuerdo con organizaciones civiles, muchas fueron deportadas, pero otras solicitaron asilo humanitario en México.

El año pasado, según la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar), 53 mil 745 mujeres migrantes pidieron refugio en el país. La dependencia enfrenta la mayor ola de solicitudes en su historia, y los recursos con que cuenta han sido insuficientes para atender la demanda.

El daño que sufren las mujeres migrantes y sobre todo las afrodescendientes es grave, dice Paulina Olvera, directora de la organización Espacio Migrante que trabaja con esta población en Tijuana.

“El viaje tiene un gran impacto en todos los sentidos. El tema de la salud mental es preocupante. Vienen desde Brasil, Chile y Venezuela. Hay muchos casos que llegaron aquí con anemia severa. Muchas mujeres embarazadas llegaban aquí con desnutrición y con cero revisiones médicas en su haber”, cuenta.

Alejandra Elizalde, de Foca, insiste en que las mujeres en las mismas circunstancias que Betty, Joy y Elena deberían tener de inmediato la posibilidad de permanecer en el país. “Se tiene que garantizar el acceso pleno a sus derechos, reconocer su situación de vulneración de derechos, acercarles servicios médicos y acompañamiento psicológico”, señala.

En la presentación del informe “Un viaje de esperanza: La migración de mujeres haitianas a Tapachula, México”, Achiume, la relatora especial de las Naciones Unidas sobre las Formas Contemporáneas de Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia, reconoce que las mujeres migrantes “deben navegar la intolerancia y exclusión basada en su raza e identidad de género, las cuales se exacerban por la intolerancia racista en las regiones por las que se mueven e intentan asentarse”.

Las personas migrantes, en general, viven en situación de vulnerabilidad, debido a su situación irregular, cultural, muchas veces de idioma. Sin embargo, para las mujeres y en particular para las de color, la vulnerabilidad es aún mayor y la padecen a cada paso de su trayecto, sin que existan mecanismos efectivos de protección para ellas.

***

Este artículo se publicó originalmente en Pie de Página, de la mexicana red Periodistas de A Pie.

RV: EG

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¿Qué el periodismo indígena?

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Kau Sirenio habla sobre el periodismo indígena y sus necesidades

El periodismo indígena plantea construir un cambio verdadero del paradigma en el quehacer de la comunicación para visibilizar a las comunidades indígenas

Por Kau Sirenio
Twitter: @Kausirenio

El periodismo indígena es una herramienta para visibilizar a pueblos y comunidades desde su cosmovisión y estructura comunitaria, así como replantear el futuro de las lenguas maternas. El quehacer periodístico es el puente para fortalecer la cultura y la promoción de los derechos humanos.

En la agenda del periodismo indígena deben de estar los espacios virtuales que se involucran con territorio histórico, lugares legítimos de pueblos y comunidades, así como compartir experiencias, problemas y aspiraciones en el ámbito de la comunicación y la formulación de planes y estrategias de desinformación.

La prioridad debe ser el servicio de los intereses de las comunidades indígenas. Dignificar el escenario virtual en el que el periodismo indígena tiene como objetivo principal la construcción de una plataforma capaz de encaminar y articular esfuerzos a escala local, regional e internacional.

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O sea, el periodismo indígena será el puente para contar las experiencias entre el mundo indígena y no indígena, pero en sus propios códigos lingüísticos y no en lenguas prestadas como ha sucedido hasta ahora, donde los periodistas de la ciudad hablan de los indígenas e interpretan o desinforman el contexto de las comunidades.

Luego entonces, el compromiso del periodismo indígena es una iniciativa de los periodistas indígenas de promover técnicas y métodos de comunicación desde las cosmovisiones y culturas de pueblos y comunidades. Así como informar los sucesos en que los sectores sociales están inmersos: el movimiento de los pueblos afrodescendientes y las comunidades campesinas.

Durante años las corporaciones periodísticas (racistas y clasistas) alimentaron el mito de la neutralidad periodística; sin embargo, esta creencia de los medios convencionales se desvanece. De ahí, el periodismo indígena debe estar de lado de las distintas luchas que pueblos y comunidades indígenas emprenden en contra de la opresión histórica. Así como lo definió De Sousa Santos: “Colonialismo, neocolonialismo, capitalismo, imperialismo, neoliberalismo que trataron de aniquilar sus culturas y diferencias”.

El matiz de periodismo indígena no es una versión romántica del periodismo convencional ni folklorista, como lo venden los medios corporativos que pretenden ser indigenistas, aunque en su línea editorial lo único que reproducen es el clasismo y extractivismo cultural. El planteamiento del periodismo indígena es construir un cambio verdadero del paradigma en el quehacer de la comunicación.

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En la actualidad, el desarrollo del periodismo indígena se enfrenta a desafíos y obstáculos que van desde lo económico, la formación de los reporteros, locutores y presentadores de la información en prensa escrita, radio, televisión, cine e internet. La tarea no es sencilla, pero tampoco es imposible. Es cuestión de empezar a tejer redes entre los comunicadores indígenas.

Planear la cobertura a corto plazo tiene que superar las dificultades que se presentan en la producción, organización y coordinación de los medios de comunicación de los pueblos y comunidades indígena. Apropiarse de espacios virtuales estratégicos en distintas plataformas digitales para informar los acontecimientos importantes en que están involucrados los indígenas y afrodescendientes.

Además, el periodismo indígena tiene que incidir en las agendas controladas por los medios corporativos de comunicación, para romper con los mecanismos mediáticos que reproducen el racismo, los guiones informativos y contenidos, no sólo respecto de los temas relacionados con la vida comunitaria, sino también temas de interés público.

Para conseguir la meta se debe fortalecer el periodismo indígena desde la pluriculturalidad e interculturalidad. El nuevo periodismo indígena tiene que pisar las aulas de las universidades para formar nuevas herramientas en las ciencias de la comunicación para que la información no sea una improvisación.

Es necesario definir nuevos elementos teóricos que permitan renovar las ciencias de la comunicación para cambiar la narrativa impuesta hasta ahora. La defensa y promoción de nuevas prácticas en la construcción de medios indígenas de comunicación debe fincarse en un nuevo tipo de periodismo, más incluyente y menos clasista.

Si no somos capaces de cuestionar las dinámicas actuales de los medios corporativos de comunicación, que se dedican a concentrar el capital y monopolizar la información, corremos el peligro de mirar una sola cara de la moneda. La apuesta es desafiar la monoculturalidad para construir el periodismo de pueblos y comunidades indígenas, donde entremos todos.

 

 

 

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Genaro García Luna: ¿quién es el exfuncionario juzgado en EEUU por operar con el Cártel de Sinaloa?

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Genaro García Luna, exfuncionario mexicano, se enfrenta a un juicio en EU que lo liga al Cártel de Sinaloa

Este martes empezó uno de los juicios más importantes de un alto exfuncionario público mexicano ante la justicia de los Estados Unidos. Se trata de Genaro García Luna, que tuvo puestos clave en los servicios de Inteligencia y seguridad pública durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa, ambos de filiación del Partido Acción Nacional.

Sin embargo, no sólo durante los sexenios panistas de Fox y Calderón trabajó en el gobierno, también lo hizo en las administraciones previas, las cuales encabezaron los priistas Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, aunque en estos dos gobiernos no tuvo puestos tan altos como en los de sus sucesores.

¿Quién es Genaro García Luna?

Nació el 10 de julio de 1968 en la Ciudad de México, poco tiempo después de que su familia emigrara desde Michoacán. Él creció en la colonia Romero Rubio, un barrio pobre al norte de la Ciudad de México que colinda con el Estado de México, de acuerdo con el libro «El señor de la muerte», del autor Francisco Cruz.

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Es ingeniero mecánico de profesión, egresado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), una de las universidades públicas con más prestigio en México. A los21 años, fue recomendado por el expresidente Salinas de Gortari como agente investigador del extinto Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). No se tiene claro si en algún momento ejerció como ingeniero.

En sus primeros años en el Cisen, todavía en el sexenio de Salinas de Gortari, monitoreó la actividad de grupos guerrilleros en México y opositores al entonces presidente. Ya en el sexenio de Zedillo, cuando cumplió 31 años, se integró a la extinta Policía Federal Preventiva. Un año después y, en el 2000, coincidiendo con la entrada de Fox como presidente de México, fue nombrado Coordinador de Inteligencia del CISEN bajo la dirección de Eduardo Medina Mora.

En el 2001, después de que un grupo de académicos y periodistas avalaran la no infiltración del narcotráfico en el CISEN, se autorizó el presupuesto millonario para la creación de la Agencia Federal de Investigación, de la cual Genaro García Luna fue nombrado titular. A partir de allí, se enfocó en el combate contra el secuestro, reclutando familiares de víctimas como activistas.

Para 2006, Calderón asumió la presidencia de la república y, entre su gabinete, lo nombró como nuevo Secretario de Seguridad Pública a nivel federal.

Lee también: Gobierno de EEUU dice tener pruebas suficientes contra García Luna y se declara listo para el juicio

¿Qué cargos enfrenta García Luna?

El extitular de la Secretaria de Seguridad Pública federal mexicana actualmente está acusado por el Gobierno de los Estados Unidos de conspiración y tráfico de cocaína, además de declarar en falso a las autoridades migratorias. También se le ha señalado de proteger y beneficiar al Cártel de Sinaloa durante el sexenio de Calderón en la llamada «guerra contra el narcotráfico».

A García Luna se le relacionó con el Cártel de Sinaloa, desde que el narcotraficante Jesús «El Rey» Zambada, hermano del «Mayo» Zambada e integrante de dicha organización criminal, testificó ante las autoridades estadounidenses de que García Luna recibió sobornos por al menos diez millones de pesos. El dinero, según la declaración del «Rey» Zambada, se lo entregó él mismo al exfuncionario.

¿Cuál sería la sentencia de García Luna si es encontrado culpable?

Según reportes periodísticos, si el juez Brian Cogan -encargado del juicio del exfuncionario y al frente de la Corte del Distrito Este de Brooklyn, Nueva York– lo encuentra culpable podría ponerle una sentencia máxima de cadena perpetua.

La pena mínima que podría enfrentar si es declarado culpable es de 20 años de prisión. Es decir, si cumpliera su sentencia completa en Estados Unidos saldría cuando tuviera 74 años. Además, las autoridades mexicanas también lo han acusado de varios cargos criminales que tendría que enfrentar en ese país.

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La red en lucha

López Obrador destaca internacionalmente como Tirano del Año 2022 por ‘amenazas estructurales’ a la libertad de expresión

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AMLO gano el "premio" al tirano del año 2022 de la revista Index of Censorship

 

Los Ángeles Press

La revista británica Index of Censorship dio los resultados de su campaña Tirano del Año 2022, en la que destacó el presidente Andrés Manuel López Obrador, aludiendo el editor a que «la gran cantidad de votos es testimonio de las amenazas estructurales a la libertad de expresión en México«.

Se indicó que sólo esta vez López Obrador es propuesto y votado para esta campaña, por lo que esperan que tome medidas para proteger la libertad a informar de los periodistas. La revista en su página web difunde la noticia con el siguiente comunicado:

«Es el momento que todos han estado esperando: el anuncio del ganador del concurso anual Tyrant of the Year (Tirano del Año 2022). Si bien la competencia fue dura, un líder se adelantó, de hecho, por una milla. Nuestro tirano del año para 2022 es Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. López Obrador preside un país que tiene el dudoso honor de ser el país en el que más periodistas fueron asesinados el año pasado que cualquier otro.

Para saber más del tema: Quién y por qué se nominó a López Obrador cómo ‘Tirano del año 2022’

También es el país clasificado como el lugar más peligroso para ser un defensor ambiental, según Global Witness. El número de secuestros, agresiones y detenciones bajo su supervisión ha sido enorme. El clima de impunidad de México lo hace posible. López Obrador también se ha encariñado con los militares y Donald Trump y arremetió contra las mujeres, las ONG y el diario estadounidense The New York Times. La revista Forbes llamó a López Obrador “un desastre en derechos humanos”.

El oficial de políticas y campañas de Index of Censorship, Nik Williams, fue quien nominó a López Obrador para el premio, dijo: “La gran cantidad de votos para López Obrador es testimonio de las amenazas estructurales a la libertad de expresión en México que lo han convertido en el lugar más peligroso del mundo para los periodistas, fuera de una zona de guerra.

Y continuó diciendo que «por el bien de los periodistas, sus familias y colegas, así como de la sociedad mexicana en general, esperamos que López Obrador tome las medidas necesarias para proteger la libertad de prensa. Sólo ésta será la primera y última vez que sea votado como Tirano del Año”.

Lee también: López Obrador nominado a ‘Tirano del año’, entre otros 11 gobernantes, por la revista internacional Índice sobre la Censura

Cubrimos mucho a México en los años de su predecesor, Enrique Peña Nieto. Observamos con alarma la escalada de violencia contra los periodistas en particular. Cuando López Obrador llegó al poder en 2018, lo hizo con la promesa de sacar al país de una cobarde espiral de delincuencia, corrupción y desigualdad. La gente se mostró cínica acerca de estas promesas en ese momento y es una pena ver que su cinismo era correcto. Como resultado, México permanece muy presente en el radar de Index y continuaremos cubriendo el país en nuestra revista y en línea«.

 

 

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