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Con voz propia

El infanticidio en Chihuahua tiene autores intelectuales

El infanticidio perpetrado en Juárez, Chihuahua, es una consecuencia de las condiciones generadas por el gobierno neoliberal en Méxi

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Una escena cotidiana en México. Foto; red

Una escena cotidiana en México. Foto; red

Víctor Manuel Quintana Silveyra

Los cinco niños y niñas que asesinaron a Cristopher Márquez Mora, en Chihuahua, fueron asesinados primero. El homicidio del menor de seis años, llevado a cabo con extrema crueldad, sólo puede entenderse si se considera que para llegar a ello hubo un proceso que fue matando la humanidad de sus victimarios-víctimas. Los tres niños y dos niñas que jugaron al secuestro con él y luego lo mataron a golpes y a puñaladas ya estaban muertos al perpetrar el crimen.

Porque la colonia donde viven, Laderas de San Guillermo, municipio de Aquiles Serdán, conurbada con la capital del estado, es de esos espacios donde clara se ve la producción y la reproducción ampliada de la violencia que padecemos. Surgió durante el auge viviendero de gobiernos anteriores: casas precarias, pavimento malo, en franco deterioro o desaparecido. Parques sin árboles, de puro terregal. Decenas de casas abandonadas porque sus inquilinos ya no pudieron pagarlas Ahora, vandalizadas, convertidas en centros de reunión y de intoxicación de las bandas de jóvenes y no tan jóvenes. Pésimo servicio de transporte urbano que hace interminables y extenuantes los traslados a los parques de la industria maquiladora en la ciudad de Chihuahua.

El ayuntamiento de Aquiles Serdán, antes Santa Eulalia, está totalmente rebasado para la provisión de servicios públicos adecuados a una población y a una superficie construida que de pronto se le multiplicó varias veces. Un puñado de agentes policiales y unas dos o tres patrullas son a todas vistas insuficientes siquiera para hacer los rondines rutinarios. El equipamiento de servicios sociales es prácticamente inexistente: en Laderas no hay siquiera escuela primaria, mucho menos centros comunitarios o programas de atención a adicciones. Las estrechas, polvosas y hoyudas calles, lo mismo que los cauces secos de múltiples arroyos, se convierten en el lugar de socialización por excelencia de las y los niños desde que pueden traspasar la puerta de su casa. El DIF no cumple sus funciones, no realiza ninguna labor preventiva de la violencia hacia los niños, pero van varios casos en que los sustrae injustamente de sus familias. Otras veces se los quita a las madres trabajadoras para entregárselos a los padres violadores.

Porque en Laderas de San Guillermo, como Riberas del Bravo en Ciudad Juárez, el perfil social y humano es el mismo: abundancia de familias monoparentales, sobre todo de madres solas; padres ausentes, jornadas extenuantes para jefas y jefes de familia, nueve horas de trabajo y al menos tres de transporte; presencia depuchadores y narcomenudistas.Impunidad de ellos, de los ladrones, de los violadores, complicidad frecuente de la policía.

Por eso el asunto no es identificar a los tres niños y dos niñas que fueron los autores materiales del infanticidio de Cristopher, cuyo padre recién murió de un infarto fulminante, cuyo hermano menor tiene que ser cuidado día y noche por la madre por su grave condición de incapacidad. El asunto es identificar a los autores intelectuales de los horrendos crímenes.

Los autores intelectuales del infanticidio de Cristopher Márquez y del homicidio espiritual de quienes le dieron muerte física son quienes llenan la televisión y el cine de contenidos violentos, quienes fabrican videojuegos donde la meta es matar y donde se puede tener muchas vidas; donde la violencia asesina se ha convertido en algo banal y la crueldad en un récord a rebasar. También los gobiernos que no tienen ningún programa de desarrollo social y humano, que gastan más en su imagen que en atención a las niñas y niños, que fomentan fraccionamientos como Laderas de San Guillermo, sin opciones de vida comunitaria, cultural y deportiva, con transporte urbano caro, malo y escaso. Quienes imponen un modelo económico de sobretrabajo e infrasalario, con jornadas que dejan poco para la sana convivencia y un estrés permanente que tensiona y violenta las relaciones familiares y comunitarias. Son también los criminales exitosos por la impunidad que se les brinda y que se convierten en modelos a seguir de niños y jóvenes porque en este país la injusticia y la corrupción han convertido la transa y el crimen en los únicos medios para superar las cada vez mas desesperantes miseria y desigualdad. Tampoco están exentos de responsabilidad los padres y madres que agobiados de cargas o enajenados por los escapes fáciles del alcohol o la televisión descuidan a sus hijos o dejan de exigirle al Estado que les haga efectivos sus derechos.

Los parientes y amigos de la familia claman por un castigo ejemplar para quienes asesinaron a Cristopher. Exigen cárcel y pena corporal para todos. Ha habido incluso llamados al linchamiento de los padres de los cinco muchachos. No quieren escuchar hablar de ley ni de derechos, ni de edad penal, ni de inimputabilidad. ¿Y por qué habrían de hacerlo si no sólo Cristopher, sino ellos mismos son víctimas continuas de atropellos en sus derechos laborales, cívicos y sociales? ¡Qué difícil hablarles del respeto a la ley cuando todos los días son las autoridades, de la más a la menos poderosa, quienes más la quebrantan! ¡Qué imposible explicar que los propios niños victimarios son a su vez víctimas!

Devenidos sicosociólogos espontáneos, los voceros de las autoridades atribuyen estos terribles hechos a la descomposición de la sociedad. Diagnóstico facilón y cobarde. Porque es desde todos los niveles de gobierno donde se han puesto en marcha y tolerado las políticas que desgarran, descomponen, pudren las relaciones sociales y dañan irremisiblemente a nuestra niñez.

Así puede explicarse el infanticidio masivo que ocurre en este México globalizado y neoliberal. La crueldad con que se ultimó a Cristopher, ésa ni siquiera tratar de explicarla, como bien apunta Javier Sicilia.

*A la memoria de Nacho Suárez Huape y su esposa. Descansen en Paz quienes tanto lucharon por la paz.

Fuente: La Jornada

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Con voz propia

Graves claroscuros en la Guía ética de AMLO

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Documento interesante de análisis, de alcances posiblemente equívocos y de concreción difícilmente afortunada, la Guía ética para la transformación de México presentada este 26 de noviembre del año en curso por el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha generado y generó incluso antes de su exhibición formal ante los medios un sinnúmero de vituperios por parte de la derecha opositora. Y de elogios, a su vez, de parte de los seguidores del mandatario mexicano.

Frente a este hecho, opto por eludir un análisis ético-filosófico del documento para inclinarme por uno de orden periodístico. Retomando el imperativo clásico del periodismo: la prensa debe ser crítica del poder en todas sus manifestaciones. Pues además quien esto escribe rechaza tajantemente la llamada corrección política, venga de donde venga ésta.

En este sentido, me parece importante destacar los siguientes principios de la guía que decididamente robustecen mi postura, aun en términos de libertad en cuanto simple individuo: “Defiende tu dignidad incluso en las peores condiciones y respeta la dignidad de los otros, porque de no hacerlo pierdes la tuya” (p. 10). Entendiendo como dignidad el valor que se tiene por el sólo hecho de ser humano. Defensa que me parece incuestionable.

Considerando la libertad como el margen de acción y decisión sin detrimento del marco legal, leemos: “Para ejercer tu libertad es necesario que nada ni nadie, particularmente las autoridades, interfiera en tus elecciones personales…” (p. 10), ejercicio sin daño a terceros y garantizado por el Estado. Mejor aún: “Trabaja por expandir tu libertad y la de los otros combatiendo las prohibiciones sin sentido, las leyes injustas, las limitaciones absurdas y el autoritarismo” (p. 11). Lo cual me resulta sumamente plausible.

Y con respecto al marco jurídico, a las leyes, encontramos: “Lucha con la palabra, con la organización social y con los recursos legales para modificar las leyes que no sean justas” (p. 19). Principio a todas luces aceptable.

Más todavía con respecto a la autoridad y el poder: “Mantener una actitud participativa, crítica y vigilante sobre tus gobernantes es la esencia de la democracia y la mejor manera de preservar la libertad, el bienestar y la paz” (p. 20). Realizar esto en el ámbito periodístico pero sobre todo como ciudadano es fundamental, sin duda alguna.

Y acerca de la esfera del trabajo, nos dice: “Defiende tus derechos laborales. No permitas que te exploten y si te explotan, busca remediarlo con organización y argumentos y con las leyes y los reglamentos en la mano” (p. 21). Lo cual implica congruencia, en efecto.

No obstante, los problemas inician al contrastar los principios referidos con otros de suyo posmodernos, pues estos últimos los anulan. Esto es, al abordar el respeto a la diferencia de identidades sexuales, leemos: “Respeta la forma de ser de los otros y no pretendas imponerles tus conductas, gustos, opiniones o preferencias” (9). Pero si uno opina para abrir debate en dirección contraria sin imponer nada, por ejemplo, existen entidades gubernamentales que te censurarán, como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). 

Otra contradicción expresamente grave es la correspondiente al perdón: “Pide perdón si actuaste mal y otórgalo si fuiste víctima de maltrato, agresión, abuso o violencia, que así permitirás la liberación de la culpa de quien te ofendió” (p. 14). No pretendo banalizar, pero ¿realmente alguien puede sostener esto sin rubor alguno frente a víctimas de violación, amenazas, golpes, tortura, desaparición forzada, etc., en donde al parecer el más importante en recibir apoyo cordial debe ser el victimario? 

Peor aún, aunque no eximen de la prisión al victimario: “Desde una perspectiva humanista, los criminales y corruptos pueden redimirse por medio de la reflexión, la educación e incluso la terapia psicológica…” (p. 14), pues sólo los conservadores y  autoritarios buscan castigo a dichos sujetos. 

Considerando de manera general a criminales y corruptos sin escala alguna de peligrosidad, reincidencia, atrocidad, poder político, económico, religioso o mediático me parece francamente absurdo. Además de que se habla de socavar el Estado de derecho en que vivimos porque se indica que no se deben aplicar las sanciones ya existentes para actos ilícitos, y si disientes de su humanismo te adjetivan como conservador y autoritario. No, ni lo uno ni lo otro francamente logro asimilar.

Así, con graves claroscuros, la Guía ética para la transformación de México se está distribuyendo gratuitamente en primer lugar para los cerca de ocho millones de adultos mayores, pero también se puede obtener en formato PDF en diferentes sitios web gubernamentales. Se dice que no es de carácter obligatorio su implementación, que es para su análisis… Eso espero.

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Arteleaks

El talento de Freddie Mercury, a 29 de años de su partida

Enrique Dominguez Gutierrez

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Enrique Domínguez Gutiérrez

Con una media vocal de 117,3 Hz, propia de un barítono, sonidos subarmónicos más allá la velocidad de sus cuerdas vocales de 7.04 Hz (el vibrato típico fluctúa entre 5.4 Hz y 6.9 Hz) en su máximo esplendor, empleaba los pliegues ventriculares para emitir sonidos melodiosos y armónicos.

Farrokh Bulsara, conocido como Freddie Mercury, nació un 5 de septiembre de 1946, en Zanzibar, en Stone Town en la costa poniente de la isla, parte de lo que hoy es Tanzania, en África, cuando ésta era una colonia inglesa. A los siete años fue enviado a estudiar al St. Peter’s School en Bombay, India, donde además de efectuar sus estudios se concentró en el aprendizaje del piano, practicó boxeo y emprendió varias actividades como la formación de su primer grupo llamado “The Hectics”, donde cantaba y mostraba sus primeros brotes como pianista.

De origen Parsi y de religión Zoroástrica, su ascendencia tiene muchas mezclas que tienen su raíz en la India y en Irán, por ello hay algunas canciones de su extenso repertorio musical que hacen gala de esa influencia, podemos notarlo en la canción “Mustapha” y “My fairy King”.

El arte siempre estuvo ligado en su percepción para la composición, interpretación y un despliegue extraordinario en su voz. Siempre admiró a los bailarines Nijinsky y Nureyev, a las artistas Liza Minelli y Marlene Dietrich y al pintor Ricard Dadd, éste último fue considerado para componer una canción homónima llamada “The Fairy Feller’s Master-Stroke” donde al igual que: “Cuadros de una exposición” de Mussorgski, Freddie hace un análisis a su pintura entonando de una manera muy peculiar los distintos pasajes que su obra representaba. No solo eso, también hace énfasis a una extensa creatividad para darle vida a los personajes que integran la pintura.

Freddie además de concretarse a componer y a cantar, tenía un gran aprecio a Japón. Coleccionaba obras, jarrones y todo lo que implicara esa milenaria cultura. Hizo apariciones con la hoy también extinta Montserrat Caballé componiendo la totalidad de la opera “Barcelona”, en 1988, previo a las olimpiadas que se celebrarían en aquel lugar y cuyo tema central llevaría la interpretación de la obra que da título al álbum. Sin embargo, falleció meses antes y los planes cambiaron.

Hubo puestas en escena, coreografías de composiciones como “Bohemian Rhapsody”, “I Want to Break Free” (Compuesta por John Deacon) y “Made in Heaven”.

Su voz se hacía notar en sus armonías vocales, sus coros y movimientos en canciones como “Bohemian Rhapsody”, “Somebody to love”, “The march of the Black Queen”, “The prophet’s song” (Compuesta por Brian May), su faceta como solista destacan los falsetes en “Man made Paradise” (La parte final), “Exercises in the free love” que a la postre fue incluida en el álbum de “Barcelona”, titulada “Ensueño”, con la letra en español agregada por Montserrat Caballé.

Un gran liderazgo, extravagancia y un auténtico “frontman” en los conciertos que congregaban multitudes. Hasta la fecha no ha habido una persona que haya sido más aclamada que Freddie Mercury. Poseía un carisma y una conexión vital con el público que hacía estremecer, vibrar y sentir la música en los conciertos.

A diferencia de esa vitalidad manifestada en público, su imagen personal era introvertida, discreta y amilanada sumergido en vicios como el consumo de drogas y alcohol. Las depresiones eran constantes, el sufrimiento y la paranoia generaban retiros parciales de la banda. En cambio, su afición por las fiestas hicieron de él un empedernido vicioso de la perversión y depravación. Cabe recordar el ejemplo de una de sus famosas fiestas organizada en el Hotel Fairmont en Nueva Orleans, titulada “Bienvenidos a Sodoma y Gomorra”. Cientos de invitados eran recibidos por enanos con charolas repletas de cocaína, hechiceros que descabezaban gallos, lanzafuegos, Mujeres desnudas luchando en amplias tinas repletas en sangre de cerdo, cortesanas y cortesanos en los baños brindando placer oral a los invitados, el tercer sexo se ofrecía a fumar por cualquier orificio de su cuerpo, fiesta que duró al menos 3 días. De manera anecdótica y con cierta sorna, un periodista que acudió a esa fiesta comento: “no sé si por haber asistido a ese evento me iré al infierno”.

Las fiestas en Berlín, Alemania, eran un pasatiempo para Freddie, pues ahí organizaba y asistía a eventos donde se concentraban comunidades homosexuales, se organizaban orgías y la promiscuidad era el pan de cada día. 

Su bisexualidad la mantuvo en su vida, sin embargo, quien fue su consorte en toda esa vida de excesos, de alegrías, tristezas y agonías fue y lo será siempre Mary Austin.

Hoy su Casa en Kensington, Londres, luce triste, una gruesa lámina de policarbonato con un letrero: prohíbe las ofrendas, flores o pintas, con penas de arresto para proteger la privacidad de la hoy morada de Mary Austin

El 24 de noviembre de 1991 a la edad de 45 años pierde la vida Freddie Mercury, causada por Bronconeumonía debido a una complicación del SIDA.

A 29 años de su partida es digno recordar a uno de los más grandes músicos que han existido por su talento, creatividad y originalidad.

“Amo a la multitud. Amo más que nada el momento en que estoy frente a ella. Amo cantar nuestras canciones, pero más que nada sentir que la multitud es parte del espectáculo, cuando son ellos los que cantan”.

Freddie Mercury

Casa de Freddie Mercury, heredada a su pareja Mary Austin, en Londres. Foto: Enrique Domínguez.

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Arteleaks

Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, de Styron

Alberto Farfán

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Recordando a William Styron

Por Alberto Farfán

Lejano a nosotros desde hace catorce años, el escritor norteamericano William Styron (1925-2006) puede considerarse uno los autores de gran importancia de nuestro vecino país, quien nos lega una serie de obras para conocer con grata atención. En Un lecho de tinieblas (1951), su primera novela publicada a los 26 años, Styron nos relata el suicidio de una joven miembro de una peculiar y enigmática familia de Virginia, en cuya atmósfera se respira cierto aire faulkneriano. Las pasiones destructoras que socavan las instituciones de la sociedad y la absurdidad de la vida militar son el tema de La larga marcha (1955). Por otro lado, en Esta casa en llamas (1960), ambientada en la Italia de los años cincuenta, nos refiere que la violencia individual no constituye un remedio eficaz contra la decadencia moral.

Ganadora del premio Pulitzer en 1967 y reconocida a nivel mundial, la novela Las confesiones de Nat Turner refiere la verdadera historia de una sangrienta rebelión de esclavos que se suscitara en 1831 en Virginia; no obstante lo cual, grupos de militantes afroamericanos arremetieron contra nuestro autor acusándolo de racismo, pues para ellos el protagonista resultaba ser un negro con mentalidad del ominoso blanco norteamericano.

La decisión de Sophie (1979), que relata las vicisitudes de una superviviente del Holocausto, fue llevada al cine e interpretada por Meryl Streep con un gran éxito internacional. Con esta novela nuestro autor volvió a conocer la gloria, sin embargo, también tuvo que enfrentar una serie de cuestionamientos, ya que fue acusado de hacer una utilización acrítica de la exterminación de los judíos europeos por los nazis en aras de la comercialización.

En 1993 publica Una mañana a la orilla del mar: Tres relatos de juventud, cuyo sustento narrativo descansa en los momentos dolorosos de su infancia (amén de ciertas obras póstumas). Pero antes da a conocer su texto Esa visible oscuridad: Memoria de la locura (1990), sobre el cual deseo abundar con cierto detalle.

De este relato, titulado de manera exacta como Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, surge inexorable el testimonio de un hombre que se enfrenta con el infierno. Los abismos de la locura y la inconsistencia de psiquiatras y la medicina, más los deseos de muerte, el suicidio, se entrelazan vertiginosamente para abatirlo.

En ciertos instantes pareciera que su autor refiere una honda y, al mismo tiempo, terrible pesadilla de ficción que reúne todos los elementos necesarios para su inequívoca cristalización. Sin embargo, nada de lo escrito es resultado de la imaginación creadora. Styron nos habla de la experiencia vivida, de su propio caso clínico.

Nuestro autor visita al psiquiatra por presentar insomnio, pero, en realidad, es objeto de un trastorno depresivo mayor (TDM), nunca diagnosticado oportunamente.

Y a pesar de que “el horror de la depresión es tan abrumador que excede con mucho toda posibilidad de expresión”, Styron viaja a París para recibir un premio, el cual bien valía un regocijo interior; no obstante, su actuación es desastrosa. A su retorno nada cambia. Su malestar se agudiza. Se encuentra inmerso en el pánico, en la ansiedad; hay confusión, fallas de enfoque mental, agitación, temor difuso. “La oscuridad me invadía tumultuosamente, tenía un sentimiento de terror y enajenación, y, sobre todo, de sofocante ansiedad”. Experimentaba “pánico y desgobierno, y la sensación de que el proceso de mi pensamiento se hundía bajo una marea tóxica e inenarrable que obliteraba toda respuesta placentera al mundo viviente.”

Debido a su afección, Styron investiga en diversos textos de autoridades en la materia, además de acudir con otro especialista; los anteriores a quienes recurrió por insomnio, que aún persistía, sólo le recetaron dosis de halcion y lorazepam. Pero su estado no se modifica. “La locura de la depresión es, generalmente hablando, la antítesis de la violencia. Es una tormenta, sí, pero una tormenta de tinieblas. Pronto se manifiestan síntomas como la lentitud cada vez mayor en las respuestas, una semi parálisis, el corte de la energía psíquica hasta casi cero. Por último es afectado el cuerpo, y se siente socavado, exangüe.”

Por ello, ya empieza a definirse por el suicidio, que no lleva a cabo porque oportunamente pide se le interne en una institución mental. En este sentido, Styron hace un llamado con respecto al uso del halcion, cuya peligrosidad no es cosa de la imaginación, pues, si así fuese, no hubiera sido “terminantemente prohibido en los Países Bajos”, afirma. Pero también llama la atención sobre la negligencia de algunos médicos al prescribir dosis de otros medicamentos similares sin un diagnóstico adecuado.

De impecable factura, Esa visible oscuridad: Memoria de la locura nos arroja a la terrible odisea del infierno interior, pero además nos obliga a reflexionar acerca de nuestra vulnerabilidad en manos no siempre consecuentes con su profesión.
Finalmente, estimado lector, lo invito a leer todas sus obras como un mínimo homenaje.

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