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El Imperio contraescribe (I): Todo se desmorona

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Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

Fue alrededor de 1984 cuando apareció en The Atlantic Monthly el artículo “The Empire Writes Back”, de Salman Rushdie, sobre el tsunami literario que avanzaba desde todos los confines del “Imperio en el que no se pone el sol” sobre la metrópoli. 

Ese artículo fue un parteaguas y sigue siendo una referencia para entender las corrientes literarias surgidas en los países dominados por la pérfida Albión a lo largo y ancho del planeta. 

Mi traducción del ensayo fue “El Imperio contraescribe” y no creo que Rushdie la aprobara. Pero el sentido es sin duda el adecuado para presentar hoy al más publicado y leído de los escritores nigerianos, a quien algunos consideran el padre de la novela africana en lengua inglesa, Albert Chinualumogu Achebe, mejor conocido como Chinua Achebe.

El 18 de noviembre del 2000, Maya Jaggi publicó un perfil de Achebe en The Guardian de Londres. Vale la pena reproducir el párrafo introductorio, pues revela al lector mexicano el peso que el novelista nigeriano tiene en el mundo:

“Mientras Nelson Mandela transcurría 27 años en prisión, encontró consuelo y fortaleza en un escritor en cuya compañía los muros de la prisión se derrumbaron. Para Mandela, la grandeza de Chinua Achebe radica en que insertó África en el mundo sin perder sus raíces africanas. Al tiempo que el nigeriano Achebe utilizaba la pluma para liberar al continente de su pasado, dijo el ex presidente sudafricano, ‘ambos, en nuestras circunstancias particulares y en el contexto de la dominación blanca del continente, nos convertimos en luchadores por la libertad’”.  

 No es sencillo capturar en unas pocas cuartillas el perfil de un creador. En el caso de escritores africanos como Achebe la complejidad se acentúa por el escaso conocimiento que tenemos de su obra. 

Fuera de Senghor y los premios Nobel Gordimer, Soyinka y Coetzee, poco nos dicen nombres como Mohamed Dib, Amos Totuola, Rui Knpfli, José Craveirinha, Mongo Beti, Peter Abrahams, Ferdinand Oyono, Kofi Awoonor, Gabriel Okara, William Conton, Ngũgĩ wa Thiong’o, Agostinho Neto o Shaaban Robert, por mencionar a unos pocos de entre la pléyade de autores originarios del continente que Conrad llamara negro. 

Las pocas traducciones que tenemos se las debemos a editoriales españolas y a Casa de las Américas. Es tiempo de que Paco Ignacio Taibo deje la pendencia polaca y ponga la mira del FCE en esa parte del mundo que nos parece lejana, pero es una almáciga del pueblo que hoy somos. 

Como anécdota reporteril: durante el echeverriato nos visitó el presidente de Tanzania, Julius Kambarage Nyerere. Venía de una asamblea de la ONU en Nueva York y llegó en el vuelo regular de Aeroméxico, en clase turista. 

Todavía existía el “Salón oficial” en el hoy deturpado aeropuerto “Benito Juárez”. Los de relaciones públicas batallaron para dar con el mandatario y ponerlo ante la “fuente”. Dieron con él entre los pasajeros en las destartaladas bandas, aguardando con resignación su equipaje.

Pero los reporteros de aquel entonces, como los de las mañaneras de hoy, no pasamos de los lugares comunes en la conferencia de prensa. Nadie lo conocía. No tuvimos mayor interés en ese maestro de primaria presidente del único país africano con una lengua oficial nativa… ¡y que tradujo al swahili a Shakespeare! Espero que se encuentre a la diestra del modimo, hasta donde le mando un mea culpa. 

Regresemos a Chinua Achebe. Nació el 16 de noviembre de 1930 en Ogidi, al sur de Nigeria en la ribera del Níger, en el seno de la más importante tribu de esa parte del mundo, los igbo. 

Fue el quinto de cinco hermanos hijos de un misionero evangélico que creía en la educación moderna y mandó a su prole a escuelas coloniales británicas al mismo tiempo que convivía con familiares que ofrecían sacrificio a los dioses antiguos. 

Ese encuentro de mundos, por no decir colisión, es la sustancia de su primera novela, Things Fall Apart (Todo se desmorona), aparecida en 1958. El libro describe el impacto en la sociedad igbo de la llegada de los colonizadores y misioneros europeos a finales del siglo XIX. 

Sus libros siguientes, No Longer at Ease (1960), Arrow of God (1964), A Man of the People (1966) y Anthills of the Savannah (1987), describen las luchas del pueblo africano para liberarse de la influencia política europea, dice mi breviario de cabecera.

Según los críticos, Todo se desmorona, publicada poco antes de la independencia de Nigeria cuando Achebe tenía 28 años, impulsó “la reconsideración de la literatura negra en el mundo de lengua inglesa” y a juicio de Wole Solyinka fue la primera novela en inglés que habla desde el interior de un personaje africano más que presentarlo [en el contexto] exótico en que lo ubicarían los blancos”. 

De esta novela se han publicado más de diez millones de ejemplares en 45 idiomas incluido el español (Todo se derrumba,1986, y Todo se desmorona, 1998), lo que la convierte en una de las más leídas del siglo XX.

Toni Morrison confesó que Achebe fue el responsable de su romance con la literatura africana y una influencia seminal en sus inicios literarios. 

“Vivía su mundo de una manera diferente a la mía […] insistiendo en escribir fuera de la visión de los blancos, no en contra de ella […]. Su valor y su generosidad permean su obra… y es difícil describir la devastación y el mal de tal forma que el texto en sí no sea maligno o devastador”.

Muy joven, Achua decidió escribir en inglés y no en igbo, pese a que los tiempos en Nigeria eran de rebelión y lucha anticolonial. 

“Fue parte de la lógica de mi situación”, dijo a Maya Jaggi en el 2000. “Enfrentar las historias que se escribían sobre nosotros en el mismo idioma. Escribir en inglés es una decisión dolorosa, pero no asume uno un idioma para castigarlo: ese idioma se convierte en parte de uno. Y tampoco se puede utilizar un idioma a distancia. Se insertan el inglés y el igbo en una misma conversación, como lo son en mi vida diaria, y ello es fascinante”.

La literatura africana escrita, lo mismo que la mexicana, está en deuda con la literatura oral “que adopta formas muy diversas. Los proverbios y las adivinanzas transmiten códigos de conducta y a menudo reflejan la cultura del habitante […] mientras que los mitos y las leyendas ponen de manifiesto la creencia en lo sobrenatural, además de explicar los orígenes y el desarrollo de los estados, clanes y otras organizaciones sociales de importancia”.

Después de quedar paralítico en un accidente de auto en Nigeria, Chinua Achebe se instaló como profesor en el Bard College de Nueva York. 

No es fácil aprehender en su totalidad el sentido de la obra de alguien que vivió en carne propia el “colonialismo civilizador” y viajaba con un pasaporte en donde se le describía como “persona bajo la protección británica”. 

Achebe fue un ciudadano del Imperio y el Imperio es su principal referencia literaria. Colonos y colonizados, dice, nunca ven al mundo bajo la misma luz. “Por ello, los ingleses pueden presumir que tuvieron el primer imperio en la historia en el que nunca se ponía el sol, a lo cual un indio podría responder: sí, ¡porque Dios no confía de un inglés en la oscuridad!”

A los 27 años Chinua viajó a Inglaterra para estudiar en la BBC y en Londres, a bordo de un taxi con su hermano, se enfrentó a lo nunca visto: 

“Tuve mi primera experiencia de ser conducido por un chofer blanco. Tomé nota de este insólito hecho y no dije nada. Pero Londres no había acabado conmigo y procedió a desvelar una visión aún más increíble. En un embotellamiento vi a un hombre blanco en ropa de trabajo sucia que rellenaba unos baches con asfalto caliente. Y entonces tuve que hablar con mi hermano en nuestro idioma secreto para que el chofer no entendiera. Y mi hermano, al parecer inoculado contra tales maravillas, se burló de mi sorpresa y dijo: Si mañana [el trabajador] viaja a Nigeria, lo llamarían Director de obras”. 

Un rasgo que Achebe compartió con otros creadores africanos fue su activa participación en los asuntos políticos y sociales de su país. Quizá no figure como ficha en su currículo, pero Achebe fue un defensor del África, un escritor que luchó contra los estereotipos con que el hombre blanco ha etiquetado al continente y cuyas opiniones provocaban dispepsia entre la intelectualidad no negra.

Esto sucedió con su famosa conferencia “Una imagen de África” de febrero de 1975 en la Universidad de Massachusetts, en la que sostuvo, a partir de una perspicaz lectura, brillantes argumentos y fino humor, que Joseph Conrad se confirmó como un racista irredento en El corazón de las tinieblas. Un extracto:

“Habiéndonos mostrado África […] Conrad se concentra en un ejemplo específico, dándonos una de sus raras descripciones de un africano que no es solo extremidades u ojos en blanco:

“Tenía que cuidar al salvaje que operaba como fogonero. Era un espécimen mejorado: podía encender una caldera vertical. Estaba debajo de mí y, te lo aseguro, mirarlo era tan edificante como ver a un perro en una parodia de calzón y sombrero de plumas caminando en sus patas traseras. Unos pocos meses de entrenamiento habían bastado para capacitarlo muy bien. Entrecerró los ojos para mirar el indicador de vapor y agua con evidente osadía. El pobre diablo se había limado los dientes y la lana de su coronilla estaba afeitada en extraños patrones. Portaba tres cicatrices ornamentales en cada una de sus mejillas. Debería haber estado danzando y agitando los brazos en la ribera, pero en vez de ello estaba trabajando esforzadamente, esclavo de una extraña brujería, ahíto de nuevos conocimientos.”

Ignoro si la conferencia provocó chiflidos y pataleos de protesta en el auditorio. Lo que está documentado es que un distinguido profesor blanco del claustro se levantó de entre el público, lanzó una furibunda mirada al escritor negro en el podio, lo señaló con el más aristocrático ademán sureño y exclamó: “¡Cómo se atreve usted!” … antes de abandonar ruidosamente la sala.  

Tuvo razón Achebe cuando se definió a sí mismo como un misionero en reversa, uno más de los contraescritores del Imperio.

El nigeriano murió el 21 de marzo de 2013 en Boston. En la siguiente entrega pasaremos revista al deslumbrante volumen Hogar y exilio, publicado en el 2000.

***

@juegodeojos  facebook.com/JuegoDeOjos sanchezdearmas.mx

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Ignacio Solares: el infierno del alcoholismo

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El escritor ignacio Solares revela el infierno del alcoholismo en su obra "Delirium Tremens"

Por Alberto Farfán

El extraordinario escritor, ensayista, dramaturgo, editor y periodista mexicano Ignacio Solares (Ciudad Juárez, 1945) se atrevió a desarrollar un interesante proyecto en el cual buscaría adentrarse en el lado oscuro del alcoholismo, cuyos resultados fueron impecables e importantes, al grado de que su libro fue un éxito de ventas al salir a la luz en 1992 y ha tenido una edición conmemorativa en 2015.

Y a través de documentación de expertos, de la investigación en lugares como Alcohólicos Anónimos, de conversaciones con los adictos y de los testimonios directos de éstos, bajo una prosa literaria de gran aliento, logró cristalizar sus esfuerzos en su texto Delirium tremens. Título que retoma quizás por los resultados que obtuvo, pues además esta forma de delirio es sumamente grave y peligroso, debido a que implica temblores, confusión y, sobre todo, alucinaciones, cuando el individuo entra en estado de abstinencia, generalmente.

Para leer más del autor: La nueva casta privilegiada de AMLO, los hijos de Morena

Así, el infierno a que estos seres acceden los devora de manera atroz. Pesadilla insoportable que sobreviene inexorable fundamentalmente desde el instante en que cruzan esa línea invisible, entre considerarse bebedores fuertes y plenamente alcohólicos, pues al rebasarla adquieren sin quererlo su plena entrada a la compulsión por beber, que nada ni nadie podría parar. Y no obstante que experimentan un sufrimiento intolerable al vivir bajo el alcohol, tanto físico como mental, vuelven a beber una y otra vez. Una sola copa es suficiente para desencadenar este proceso.

Pero las fases más agudas que viven son aquellas que, en definitiva, padecen al ser tragados por el delirium tremens. Cúmulo de imágenes diversas −objetos, animales, personas, seres inanimados o elementos de orden religioso, el diablo, ángeles− que buscan, aparentemente, la devastación del que se halla bajo esta psicosis alcohólica, misma que ha sido provocada por una lesión cerebral. La interrupción brusca de la bebida, así como volver a ingerirla, círculo vicioso infernal, propician que emerja una y otra vez este infierno de imágenes, absolutamente verdaderas para ellos.

Escribe Ignacio Solares: “el amor, el odio, el sexo, el temor, se viven durante el delirium tremens en negativo y llevados hasta sus últimas consecuencias. El sexo, por ejemplo, es siempre doloroso y puede adquirir la forma de un enorme demonio de color encendido que arroja chorros de semen por un gran falo; semen que borbotea como lava y produce profundas quemaduras. La paciente que lo padeció tenía después del delirio todos los síntomas que producen las quemaduras de tercer grado, y durante varios días, dijo, no soportaba el ardor, aunque su piel no registrara ninguna huella visible”.

Lee más: Karl Marx, de la poesía y el amor

A este respecto se desprende una reveladora observación del autor. Al parecer existe, en general, una relación directa entre las alucinaciones con el conflicto psicológico que el enfermo guarda en su psique. Es decir, la serie de imágenes del delirium tremens se configuran como reflejo de la conciencia del propio individuo, como si su problemática personal se proyectara en forma de símbolos.

El alcohólico al caer en esa inevitable situación crítica, según Ignacio Solares, tendría la posibilidad, paradójicamente, de acceder a su verdadero ser, pues se efectuaría en él una especie de purga del sentimiento de culpa que venía arrastrando y alimentando desde siempre, el cual no le permitía comprender su interior resquebrajado. En uno de los testimonios se lee: “Mientras no sepa quién soy no voy a dejar de beber”.

Señala Solares: “El diablo no aparecía siempre como una figura repulsiva sino como reflejo de la propia conciencia. La culpa nacía de lo que había dejado de hacerse −la vida no vivida− y no de lo que se había hecho. Así, más que por la imagen misma, la angustia era provocada por el vacío en que cayó la existencia como en un pozo interminable. A una mujer el diablo le mostraba las fotos de los hijos que ella pudo haber tenido: ‘Mira, le decía. Pudiste haber tenido este hijo, y este otro, si hubieras tenido el valor de entregarte a un hombre’”.

Todo indicaría que el enfrentamiento inexorable con lo que uno desconoce de sí mismo o simplemente con lo que nos negamos a aceptar de nuestro no−ser es el umbral ineludible para no continuar como muertos en vida. Refiere uno más de los entrevistados: “Aun el infierno es preferible al vacío”.

Transitar por el infierno que a todas luces es la enfermedad del alcoholismo como forma de autoconocimiento y plataforma de liberación de la misma parece ser una terrible opción. No obstante, como uno de ellos dice: “Ninguno de los que estamos en Alcohólicos Anónimos somos normales… Ningún alcohólico que lo haya sido deveras vuelve a adaptarse (al mundo). Hay una huella. ¿Es una persona normal el que tiene que repetirse cada vez que abre los ojos que las próximas veinticuatro horas no beberá?”

 

 

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Con voz propia

La persecución del periodismo independiente en México: Seminario Kapuscinski en Chihuahua

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La violencia contra el periodismo independiente y quienes lo ejercen se mostró en el Seminario Kapuscinski

 

Por Miguel Montesinos León

El fin de semana fue muy intenso en la vida política nacional, sin embargo, los medios masivos de información no hicieron eco del asesinato del periodista Pedro Pablo Kumul en Veracruz.

Durante los cuatro años de este gobierno, la violencia contra periodistas y defensores de derechos humanos se acrecentó a tal grado que para la sociedad es normal la persecución, la fabricación de carpetas de investigación en contra de periodistas qué sufren persecución, encarcelamientos injustos o son asesinados por decir la verdad.

Te puede interesar: Gobierno de México omite casos de periodistas asesinados y de autores intelectuales en las investigaciones

En el X Seminario Internacional Ryszard Kapuscinski de Periodismo, Derechos Humanos, Migración y Fronteras, fundado por la Universidad Miguel Hernández, de Elche España, y que ahora se realizó en Chihuahua por primera vez, del 16 al 18 de noviembre, donde periodistas de diversos países expusieron los peligros y desafíos de la prensa, específicamente de medios y periodistas independientes que manifestaron su preocupación por la ola de violencia en contra del gremio periodístico en México. Un seminario qué cruzo el Atlántico para darle vida al periodismo, que en palabras de los conferencistas de talla internacional se encuentra postrado al poder político de México.

Marco Lara Klahr, en su ponencia destacó la importancia del periodismo en su magistral participación denominada Acoso, desprestigio y criminalización de periodistas, en la que destacó que el periodismo no es un oficio, porque no se basa en prácticas reiterativas. El periodismo es una función crecientemente compleja, el periodismo es una profesión. El periodismo se ejerce en el marco de un derecho humano qué es la libertad de expresión, en un segundo nivel al ser un derecho humano es un mecanismo de información, especificó el ponente.

El periodismo mexicano, en efecto, está postrado al poder político porque muchísimos periodistas que ejercían de contrapeso democrático ahora son voceros del gobierno en turno. Periodistas como voceros oficiosos que antes ejercían el saludable contrapeso democrático en la sociedad mexicana. Pero el periodismo está de luto en ese sentido, y en ese sentido el periodismo ha dejado de ser el cuarto poder.

Lee más: INAI ordena a Segob informar sobre medidas de protección para periodistas

Hoy en la boca de populistas como López Obrador o Bukele el cuarto poder es algo denigrante. Sin embargo, cuando el periodismo ejerce la función de cuarto poder en un sentido de contrapeso de los otros tres poderes, se vuelve un poder necesario, indispensable para la salud democrática, porque sin periodismo profesional, que sirva de contrapeso, no hay salud democracia.

¿Dónde dice qué la libertad de expresión es un derecho humano y tiene contraprestaciones?, pregunta Lara Klahr ante la audiencia del seminario.

Está en los tratados internacionales, específicamente está en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, en el Artículo 19, y está en el artículo 13 de la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos, y también está en el artículo 7 de la Convención Europea de Derechos Humanos y en el artículo sexto de la Constitución Mexicana donde se establece el derecho a la libertad de expresión como un derecho humano.

No obstante, el periodismo está postrado hoy en México, y tiene que recapitalizarse.

¿Quién es el sujeto obligado, quién está obligado a garantizar el derecho humano a la libertad de expresión? De acuerdo con los tratados internacionales y la Constitución mexicana la obligación de garantizar la libertad de expresión es del Estado, y en consecuencia quienes ejercen el poder público. Ese sujeto obligado de acuerdo con los tratados internacionales y la Constitución está obligado a respetarla, está obligado a protegerla, pero ahora en México tenemos un presidente qué es el redactor en jefe, es el que arma las primeras planas a la luz de los Guacamaya Leaks.

En esta magistral conferencia el maestro Marco Lara dejó en claro que los medios están postrados al poder público ya que dependen del presupuesto público y por ende no pueden morder la mano de quien les da de comer. Es de suma importancia que los periodistas profesionales sean independientes, pero eso en México se traduce en persecución política, fabricación de carpetas penales o incluso en asesinato.

El caso del periodista Héctor Valdez, quien acudió a Palacio Nacional y le pidió la protección y apoyo al presidente de México lleva dos años preso en el penal de Santa Martha Acatitla, caso que fue expuesto en Chihuahua en el marco del seminario, al igual que las agresiones, amenazas de muerte y persecución al periodista Alfredo Griz.

El periodismo en México tiene que empoderarse, tener aliados, crear redes internacionales, volver a inyectarle la dignidad para ser un pilar en la democracia. De lo contrario, será más de lo mismo, cárcel, muerte o exilio, fueron parte de las conclusiones del evento en los salones de Palacio Nacional del gobierno del estado de Chihuahua, donde se habló sin tapujos de los problemas del ejercicio de la libertad de expresión.

La editora recomienda: Persecución judicial y tortura a periodistas de Quintana Roo, expuestos en el Seminario Kapuscinski en Chihuahua

 

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Héctor Belascoarán, el detective de Paco Ignacio Taibo II, que brincó de la Condesa a Netflix

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Uno de los personajes de Paco ignacio Taibo ahora saltará al steaming con una serie

Un detalle para Mireya, en su cumple. Muchas felicidades.

Por Zavianny Torres Baltazar 

En la última década del siglo XX, Paco Ignacio Taibo II ya tenía publicados más de cuarenta libros en México. El detective chilango Héctor B. Shayne se movía como Pedro por su casa entre jóvenes universitarios, lectores en las fábricas, las escuelas, sindicalistas, incluso algunos clubs temáticos. Su zona de confort era en los territorios de olores a productos químicos, lodazales, viajes en los “guajoloteros” del Estado de México que transportaban a la zona industrial de Xalostoc, municipio de Ecatepec.

En el otoño de 1993, por encomienda universitaria de la carrera de Periodismo en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Campus Aragón, contacté al creador del personaje que retoma la serie de Netflix, ahora en boga. En ese año se publicó la entrevista del bonachón y buen amigo Paco Ignacio Taibo II, en la revista institucional de la ENEP Aragón de la UNAM, ubicada en la zona oriente del Valle de México, que tuvo una excelente recepción por parte de los lectores.

En ese tiempo Paco y Paloma -su compañera de toda una vida- vivían en un departamento de la calle Benjamín Hill, muy cerca del otrora cine Bella Época. El autor chilango participaba en el primer concurso internacional “Premio Planeta Joaquín Mortiz”, con su novela histórica La lejanía del tesoro, obra literaria que a la postre le amplió las puertas al mercado internacional de la industria editorial.

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De lo más alentador de esas entrevistas es haber aprendido que la inspiración viene de la nalga. Así lo descifra el desfachatado Paco. A pregunta expresa el autor de Cosa fácil diría: “La inspiración viene de la nalga, diez horas sentado, diez horas de inspiración. Cero horas sentado, cero horas de inspiración”.

De esa relación amistosa con su familia, conocí a Paloma Saiz, su esposa y creadora del proyecto “Para leer de boleto en el metro”, Marina, su hija y fotógrafa profesional, sus hermanos Benito y Carlos, uno director de Radio UNAM y el otro productor de cine y en Netflix, respectivamente- y sus padres -Don Paco y Doña Maricarmen, tan generosos y solidarios.

En esta columna seriada comparto fotografías inéditas, que en su momento Taibo II me obsequió para ilustrar mi tesis de licenciatura, que titulé: “Paco Ignacio Taibo II. Una historia No/velada”, y que obtuvo el reconocimiento de la máxima casa de estudios, de la UNAM, con una mención honorífica, tesis que tiene algunos fragmentos vinculados con el detective de la saga Héctor Belascoarán Shayne, detective que le precede cierto origen irlandés.

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Paco Ignacio Taibo II en los 90. Foto: cortesía.

Sobre la lectura como el principio del placer

La gente no lee porque en primer lugar no sabe, y los que sí, han dejado de hacerlo, se han convertido en analfabetos funcionales y nuestro país está basado en este grupo. Una parte de la clase media no lee porque en su época de estudiante, lo obligaron a leer cosas que no le gustaron, y se quedó con la sensación de que leer es un castigo: ¡qué gueva, leer!, ¡qué pinche leer!, decían, y no descubrió el placer de la lectura.

La educación pública mexicana ha logrado crear no lectores por todos lados, a pesar de los sanos intentos de mucha gente, pero el resultado final es la des-promoción de la lectura. Mucha gente con la capacidad de leer se va por los caminos fáciles, opta por la competencia qué significan los medios audiovisuales. La imagen vía cine, televisión, video y el sonido vía radio, le resuelve el problema de la lectura y de la información no han descubierto el tremendo placer de la lectura. Y por último, hay un espacio de no lectores que pudiendo hacerlo no les es posible, porque una gran parte de la población se debe dedicar al pluri-empleo y te roba un montón de horas libres, que en otras condiciones dedicaría a la lectura.

Sobre la censura

Mucho se dice que actualmente nuestro país vive en la democracia, qué se puede hablar libremente, sin tapujos, sin embargo, para nadie es un secreto que aún existen las presiones vía Gobernación, la censura, pues. ¿Cómo la describes y entiendes ésta?

La censura es el hijo de puta que traemos adentro, pero además es el hijo de puta que está afuera esperando que el que está adentro haga su papel y si no, para darle con el pinche palo. Es una combinación entre el miedo por el espacio en el que te mueves y una presión real qué se ejerce desde los aparatos gubernamentales, o llamadas a los directores de diarios, boletines, instrucciones.

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Un detective irlandés

¿Por qué escribir literatura considerada como “subgénero”?

La idea era nacionalizar el género, romper los esquemas gringos y traer la propuesta de literatura de detectives a México y no era nacionalizar por los caminos de que el personaje se llamará González o Pérez, por eso elegí un nombre tan exótico como Belascoarán, para demostrar que la nacionalización del género no debería pasar por simples apariencias, sino por la mayor complejidad de construir la atmósfera de la Ciudad de México, la atmósfera humana.

La primera novela la escribí relativamente rápido, en tres o cuatro meses. Escribía en la oficina y por las noches en un departamento, en la Colonia del Valle, dónde no habían puesto todavía la luz y escribía con velas, era de los más exótico. Al terminar le hice algunas correcciones y Paloma me dijo: Mándalo a una editorial. No sé porque decidí Grijalbo. La mandé y cómo a los quince días me llegó un telegrama diciendo órale, dije ¡Ah caray!, ¡tan fácil es! Así es como arranca la saga de Belascoarán.

¿Por qué escribir sobre la Ciudad de México, sus habitantes y lo cotidiano?

El punto de partida era construir el DF que conocía, y bien, pues en aquella época era organizador sindical y me movía de una punta a la otra del Distrito Federal. Conocía muy bien los barrios, las calles, las caminaba, tenía horas muertas entre una chamba y otra. Me movía por las periferias de la capital. Paseaba, tenía una visión muy rica del mundo y de aquel periodo y de lo que se estaba convirtiendo esta ciudad, la transición a la ciudad Industrial, la ciudad monstruo.

Tu detective sale un tanto del canon de lo que ha sido la novela policíaca, a partir de que Los detectives de se desenvuelven en un contexto geográfico delimitado, sin embargo. Belascoarán ya viajo a España. ¿Cuál es la intención de este experimento?

La intención de salirse del DF. Es verlo desde lejos, a pelear mi propio catálogo de sensaciones. Dos meses al año me vuelvo a trabajar a España en la organización de La Semana Negra de Gijón, entonces tenía una especie de percepción lejana. Y quería que Belascoaran contara nuestra ciudad no estando en ella. La posibilidad de ir a Madrid a resolver el absurdo caso del Pectoral de Moctezuma me daba la oportunidad de adquirir esta percepción de distancia.

De hecho, cada vez que se diseña una de la novela de Belascoarán hay una doble intención, por un lado, la intención de contar una historia, y hay una anécdota dentro de cada novela, y hay la intención de contar una situación. Hay novelas en las que lo que más me preocupa es hablar de la nostalgia de los amigos; otra, me interesa hablar de los desamores, el fenómeno del miedo, entrar en las conexiones del poder y de la violencia urbana, cada una de las novelas tiene una segunda intención: una muy clara y la otra, una intención anecdótica. Por ese lado, sigo el consejo de mi amigo Roger Simón, quién dice que una novela debe contarse en cuatro palabras: esta novela es miedo, esta novela es nostalgia, bueno. Adiós Madrid es distancia.

 

La aceptación y crítica del Belascoarán de Netflix ha sido buena -y la comparto- la serie de tres capítulos que se asemeja más a una película, se estrenó el 12 de octubre, y los comentarios en las redes sociales, en general son positivos. Sin duda, nos remiten a las fotos en sepia y esas nostalgias de la Ciudad de México, que se desvaneció en el tiempo.

La adaptación del guionista y la actuación de Luis Gerardo, sin duda, nos deja una buena impresión y con el ánimo de que el compás de espera para disfrutar las siguientes entregas, no demoren tanto. Deseable que en los próximos capítulos el guionista nos obsequie escenas donde el detective chilango se desenvuelva en la zona norte del Valle de México. Esta geografía y sus circunstancias, que le sirvieron para curtir el carácter y ver ese México profundo y chingón, entre el sector de la población más humilde, más jodida.

novela policiaca Taibo II

Durante la Semana Negra de Gijón, que albergaba a escritores del Género Negro de todos los continentes. Foto: cortesía

Para terminar

En entrevista el productor de la serie, Rodrigo Santos, narró que cuando apenas tenía 17 años se inició en la zaga del detective Héctor Belascoarán Shayne, el personaje del fundador del neo-policiaco Latinoamericano. Cuenta que su profesor de literatura le recomendó Días de combate, el primer tomo de la saga, que, dice, “disfruté muchísimo”, por lo que cuando Netflix le propuso involucrarse en la empresa de recrear el mundo y los casos por resolver de Belascoarán, pensó que se trataba de “un cuento de hadas, un proyecto encantador”.

Parafraseando a un gran amigo común de Paco y quien esto escribe, Juan Hernández Luna “Al paso del tiempo cuando la gente se quiera enterar de cómo era la ciudad de México del fin del siglo XX, tendrán que leer a Paco Ignacio Taibo II”.

 

 

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