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Con voz propia

El genocidio de niños indígenas en Canadá: contubernio del gobierno con la Iglesia Católica

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Por Alberto Farfán

Información como ésta no puede ni debe ser soslayada bajo ningún aspecto, en todo caso debe ser expuesta todas las veces que sea necesario. Pues hablamos de 6 mil menores de ambos sexos asesinados a manos de personal de la Iglesia católica con la complicidad del gobierno canadiense, todo lo cual salió a la luz por la serie de descubrimientos de osamentas en fosas cercanas a los internados en que sometían a dichos niños.

Sin embargo, podría ser una cifra mayor si consideramos que alrededor de unos 150,000 niños nativos, mestizos e inuit, algunos con edad de tres años, fueron prácticamente secuestrados de sus hogares desde 1863 hasta la década de 1990, con el objeto de recluirlos en 140 de esos internados estatales de todo Canadá, donde fueron aislados de sus familias, idioma y cultura. Los forzaban a convertirse al cristianismo, a abandonar sus idiomas nativos y a hablar inglés o francés, entre otras imposiciones.

Cabe aclarar que este asunto surgió de tiempo atrás, cuando en 2008 se estableció la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) para revelar todos los aspectos de los crímenes de lesa humanidad ocurridos en los recintos en cuestión, al darse a conocer los primeros hallazgos de tumbas. Esta comisión entrevistó a más de 6 mil sobrevivientes y concluyó su trabajo en 2015 con la publicación de un informe de 4 mil páginas en el que calificó los hechos como «genocidio cultural», cuyo ridículo eufemismo me niego a utilizar. Fue genocidio y punto.

Estos supuestos colegios eran administrados por el gobierno y regidos por la Iglesia católica en su mayoría, como parte de políticas estatales para obligar a los menores a someterse a la visión occidental de los colonizadores, por ello no se les permitía hablar su idioma o ejercer su cultura ancestral y muchos eran maltratados y sufrían abusos. Tanto físicos, golpizas brutales, como de salud y psico-emocionales, y asimismo de índole sexual. E incluso fueron utilizados para pseudo experimentos nutricionales, muriendo de inanición.

En realidad, si somos claros, lo que ocurría era que gobierno e Iglesia buscaban mantenerlos en campos de concentración para exterminarlos y detener su futura progenie. ¿Exagero?  Si no fuera de otro modo, entonces por qué al llevar a cabo esta abyecta tarea era el Estado canadiense el que obtendría grandes ventajas, pues al cumplir con esta política de genocidio lograba desprenderse de sus obligaciones legales y financieras con los aborígenes a lo cual estaba obligado jurídicamente, amén de que con ello obtendría el control de sus tierras y recursos sin mayor problema.

Más aún, si no fuera así, ¿por qué entonces ciertos expertos en derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) exhortaron a Ottawa y al Vaticano a efectuar una investigación expedita y profunda sobre la gestión de esos internados? Porque además de todo ellos saben perfectamente bien que ambas instituciones deben tener bajo un riguroso resguardo documentación que confirme los hechos y acredite responsabilidades.

Ya ofreció disculpas el primer ministro Justin Trudeau: “lo sentimos. Fue algo que no podemos deshacer en el pasado, pero podemos comprometernos todos los días a arreglarlo en el presente y en el futuro». Trudeau también hizo énfasis en que solicitaría al papa Francisco una disculpa oficial por la participación de la Iglesia católica, pero hasta ahora el sumo pontífice se ha negado. Esto es, ni cumplió con su petición a Francisco, así como tampoco en apoyar a los indígenas de su país, como veremos más abajo.

Retomando mis interrogantes, a continuación citaré a Mumilaaq Qaqqaq, representante del territorio norteño de Nunavut en la Cámara de los Comunes de Canadá, parlamentaria del grupo indígena inuit (comúnmente denominados esquimales), quien en entrevista coloca lo anterior expuesto en su justa dimensión (BBC NEWS, 08/07/21).

Puntualiza: “a través de los internados, cuando miras la experiencia del norte y los inuit específicamente, a través de la matanza de perros de trineo, la reubicación forzada, el traslado forzoso de familias para el tratamiento de la tuberculosis, entre muchas otras estrategias bien pensadas, la institución federal estaba tratando de eliminar de nuestras vidas a los indios, las Primeras Naciones, los inuit o cualquier aspecto de ser los primeros pueblos de este país”. Es decir, se buscó siempre el genocidio, en efecto.

Y acerca de en quién recae la responsabilidad de lo ocurrido en el pasado y el presente, dice: “La institución federal, la institución de la Policía Montada y quienquiera que dirija esas instituciones en este momento es responsable. El primer ministro Justin Trudeau puede decir todo lo que quiera, que no fue él quien implementó estas cosas, pero aún está llevando a los niños indígenas a los tribunales, sigue sin proporcionar agua potable a las reservas en todo el país…”. “Entonces, cuando él dice que la relación con los pueblos indígenas de Canadá es lo más importante, es ridículo porque se da la vuelta y no hace nada por los pueblos indígenas de Canadá”.

Y aún más esclarecedor y contundente. Ante la pregunta sobre si no es suficiente que el primer ministro haya llamado a reconocer los «terribles errores del pasado». La parlamentaria declara: “Absolutamente no. Hay miles de registros que tiene la institución canadiense sobre estos depredadores, estos pedófilos que se enfocaron en los niños indígenas durante los tiempos de los internados. El Departamento de Justicia de Canadá tiene miles de nombres y siguen señalando con el dedo y diciendo que es la Iglesia católica, lo cual es verdad en cierto sentido, pero también es completamente falso. Necesitamos ayuda, pero la institución federal que se supone que nos representa se niega a darla”.

En definitiva, el genocidio que se perpetró nadie lo puede negar en modo alguno. Y jamás debe volver a ocurrir. Y por supuesto que se deben fincar responsabilidades en la medida de lo posible, pues han pasado décadas desde los hechos, pero por lo menos se deben dar a conocer nombres y apellidos de los criminales y las víctimas, y toda la información relativa a este terrible y ominoso exterminio en masa.

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Con voz propia

Emma Rizo: la violencia llevada al límite

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Por Alberto Farfán

Es francamente lamentable el hecho de conocer a una mujer de innegables facultades literarias que ya no escribirá jamás y que nunca se le otorgó el lugar que debió haber ocupado en nuestra república de las letras. Y por eso es necesario escribir sobre ella para reivindicarla como una excelente autora.

La escritora Emma Rizo Campomanes (1934-1995) de padre cubano y madre mexicana fue escritora, periodista, maestra y promotora cultural. Y en los seis meses previos a su deceso se dedicó a reescribir y compilar una serie de cuentos que publicara a lo largo de los últimos 20 años de su vida en diversos medios con el afán de poder conformar un volumen de cuentos.

El resultado es el libro titulado Mujeres calladas (editorial Cal y Arena) publicado póstumamente en 1997. Y de él emanan historias que transcurren dentro de una atmósfera en apariencia inofensiva pero fundamentalmente diáfana, en donde sobreviene inexorable el rostro oculto de la eclosión humana; la muerte violenta y gélida, que afirmaría la arista dominante que hoy prevalece. La sensibilidad humana que debiera caracterizarnos se anula sin aparente origen.

La brevedad de los cuentos de Rizo no es una simple particularidad, sino una manifiesta cualidad, puesto que permite que todos y cada uno de ellos adquieran relieves de golpes contundentes y brutales, en virtud de que se sustentan en la incuestionable capacidad narrativa de su autora, cuya fluidez y claridad robustecen la historia, en vez de diluirla. Cimbrar al lector pareciera su objetivo.

Acaso por ceñirse a la temática desarrollada, nuestra autora transgredirá los límites de los tiempos del clímax, lo cual es un terrible acierto, sin embargo. Sobre todo si se considera que busca hacer palpitar nuestra estilizada capacidad de asombro con respecto a la violencia criminal. La normalización de esa violencia deberá ser puesta en tela de juicio en todos sentidos.

Rizo nos introduce con gran parsimonia y sutileza en el asunto, siendo este tratamiento el mismo que correrá paralelo a la develación del ominoso acto. Así, la abrupta aparición de la violencia por sí sola únicamente equivaldrá a una parte del planteamiento del factor sorpresa, pues el elemento faltante se encontrará en la naturalidad de que hace gala el narrador al referir el crimen. Con esto, no sólo se cierra el círculo, sino que se acentuará, cristalizándose la estupefacción. La sangre fría con la cual se describen los asesinatos hendirá al lector aunque no quiera.

De este modo, cada cuento por sí mismo se constituirá en un incesante clímax. Lo cual no significa que la autora soslaye las causas intrínsecas que motivan al asesino, ya que procura la reflexión y el cuestionamiento. Sin caer en los excesos, Rizo planteará una especie de rencor contenido, que hallará su cauce en la muerte del otro.

A la manera de la extraordinaria novela Psicosis americana (1991) del escritor norteamericano Bret Easton Ellis ─en la cual un asesino serial describe con atroz insensibilidad sus crímenes─, nuestra autora nos entrega en “Amorosa inclinación” ─acaso su mejor pieza─ el relato de una venganza de adolescentes varones, siendo su víctima una jovencita atractiva, quien no los tomaba en cuenta por su abyecta reputación.

Nos dice uno de los protagonistas: “Todos tuvimos a la Marcy, uno a uno… La pequeña idiota todavía tenía calor en el cuerpo. Fue divertido sentir cómo se iba enfriando… Decidimos después cubrirla con hojas y jugar con ella al blanco, aventándole piedras”.

Con estos cuentos, Emma Rizo, sin duda, buscó llamar nuestra atención para rescatarnos de la violencia generalizada y de la pérdida de las fibras morales que nos definen como seres humanos, pero desde las entrañas mismas del fenómeno que nos enajena día con día. Y en definitiva, con Mujeres calladas obtener un lugar en nuestra literatura.

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Con voz propia

Foro Público: Los roces de la CELAC que dinamitan la ansiada unidad regional

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Foro Público

La semana pasada se llevó a cabo la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) en Palacio Nacional, donde los roces entre los diferentes jefes de Estado dejaron entrever que la ansiada unidad regional que propuso el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, será difícil alcanzar.

La presencia de los presidentes de Venezuela y Cuba, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel, molestó a los mandatarios de Paraguay y Uruguay, Mario Abdo Benítez y Luis Lacalle Pou, quienes abiertamente se pronunciaron en contra de los actos antidemocráticos que han caracterizado a los gobiernos esas naciones, lo que a su vez generó que Maduro respondiera en tono simplista para encabezar un debate sobre democracia.

El esfuerzo de López Obrador de intentar impulsar una alianza multilateral entre todos los países del hemisferio parecer dilapidarse con diferencias significativas entre las visiones de gobierno, democracia y gobernanza que tienen los diferentes presidentes, pues las posturas ideológicas nuevamente han salido a flote, desde quienes se han autonombrado como representantes de la izquierda, hasta quienes lo han hecho desde la derecha.

La radicalización del hemisferio impide lograr una alianza como la que existe en Europa, pues por un lado se encuentran los gobiernos antidemócratas como el de Venezuela, Nicaragua y Cuba, donde no se permiten elecciones libres multipartidistas, con prensa crítica y abierta, así como la no persecución de los críticos, y por otro se encuentran los gobiernos alineados completamente a los intereses norteamericanos como el de Brasil, donde prevalecen visiones en defensa de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la intervención constante del gigante del continente, donde establece la agenda económica y social de los países de la región.

Ante este escenario tan complejo resulta difícil alcanzar un acuerdo entre todas las partes de la región para integrar una Unión Latinoamericana como la que propuso México, ya que también existen diferencias significativas sobre las condiciones políticas, económicas, culturales y sociales de cada país que imposibilitan lograr ese tipo de acuerdos.

El presidente de Colombia, Ernesto Samper, reconoció que América Latina enfrenta su peor momento de integración en la historia, misma que se profundizó con la pandemia de Covid-19, por lo cual la urgencia de un trabajo multilateral entre las naciones que forman parte de la región tendría que ser la prioridad, no obstante, la politiquería entre los jefes de Estado impedirá que se logre y por ello la esperanza de una unidad regional podría ser nuevamente una ilusión.

Las condiciones políticas y económicas que prevalecen en los países del hemisferio son dispares, por lo cual los esfuerzos tendrán que continuar en los siguientes días para alcanzar los acuerdos necesarios para atender las necesidades de la ciudadanía de América Latina.

El contexto de Europa fue diferente, para lograr la cohesión social, las condiciones económicas de esas naciones no fueron tan lejana implementando una sola moneda universal como el Euro y aunque Reino Unido se salió de la alianza a través del Brexit, la mayoría de los países han defendido la importancia de continuar con este esquema para respaldar los intereses de la colectividad.

En el caso latinoamericano, la región más desigual del mundo, tiene que atender las problemáticas internas que se profundizaron con el inicio de la pandemia de Covid-19, por lo que no resulta extraño que haya sido una de las zonas del mundo con el avance de vacunación más lento en el planeta.

Nota aparte: Aunque América Latina pretenda “independizarse” de la influencia de Estados Unidos, será difícil que se logre esa percepción con una visión favorecedora sobre las condiciones que permiten la dependencia económica de la Unión Americana.

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Con voz propia

Mi encontronazo con Sócrates Amado Campos Lemus

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Por Ramsés Ancira

Prólogo

Al enterarme ayer en la mañana de la muerte de Sócrates Amado Campos Lemus, me llegó a la memoria algunas historias que deseo compartir con los lectores de Los Ángeles Press, pues van mucho más allá de lo personal y dan cuenta de los mecanismos de represión e infiltración del Estado en tiempos del PRIAN.

La Historia

A principios del Siglo XX, con Vicente Fox como presidente y en el marco de la oferta para esclarecer los pormenores de la guerra sucia;  la masacre estudiantil de 1968 y el Halconazo del 10 de junio de 1971, solicité y obtuve la anuencia de José Luis López Atienzo, director de Comunicación Social,  para trabajar como reportero en la Procuraduría General de la República.

Ofrecí hacer reportajes sobre ciencia e investigación policiaca. Tenía como antecedente una serie de relatos que publiqué en El Nacional llamada “Así lucha México contra el narcotráfico”, la cual, décadas antes me valió felicitación y agradecimiento personal del doctor Sergio García Ramírez.

En mi nuevo trabajo coordiné una revista en la que realizaba reportajes de carácter científico, por ejemplo, sobre la forma en que se distinguían polvos como la cocaína, del carbonato; la pureza de una droga, o sobre los fundamentos para determinar si una persona había disparado o no un arma de fuego.

Aunque mi cargo era menor, creció el aprecio que me tenía López Atienzo, con quien había conducido un noticiero para Tevescom, un medio que antecedió al boom de Internet y a la concesión para operar CNI Canal 40. También le pedí que me grabara un fragmento de mi audiolibro México en su Memoria, pues su fama mayor la había alcanzado como locutor de Imevisión en la década de los 70. Para más señas, le pedí grabar la introducción de la novela La Tumba, de José Agustín.

López Atienzo figuraba formalmente, lo dije antes, como director de Comunicación Social de la PGR, aunque este cargo casi era de utilería, pues las decisiones las tomaba Campos Lemus.

Todas las tardes José Luis me llamaba a su oficina para que investigara a periodistas que le proponían para las delegaciones de prensa de la PGR en los estados. Por supuesto yo no los conocía, pero como también era integrante de la Unión de Periodistas Democráticos, consultaba con mis colegas, quienes me decían que estos corresponsales o tenían enriquecimiento inexplicable o relación con la trata de blancas y otros giros negros. Esta información se la daba a mi jefe, asentía con la cabeza y yo salía de su oficina, en la que seguramente había micrófonos.

José Luis me invitaba a comer con frecuencia, junto a dos subdirectores y Campos Lemus. Las conversaciones eran de mera cortesía, pero un día, mientras sacaban la camioneta oficial del estacionamiento, Sócrates, me preguntó cómo me autodefinía ideológicamente, le respondí que no sabía, pero que, si me veía precisado, dado que jamás en mi vida voté por el PRI, en todo caso sería de izquierda. Campos Lemus sonrió socarrón y me dijo “Sí, tienes cara de izquierdoso”. Por ese entonces yo apenas superaba los 30 años.

Un día fue a visitarme mi hijo mayor a la oficina y cuando oyó el nombre de Sócrates, me preguntó que, si no era el mismo al que Eduardo “El Búho” Valle identificaba como el sujeto que recorrió el campo militar número uno, identificando a los líderes estudiantiles. Le hice una señal asintiendo con la cabeza y otra de que se callara, pues probablemente había micrófonos en todas las oficinas.

En el Comité 68, donde anualmente convivía en una reunión a la que convocaba Raúl Álvarez Garín, me habían informado que Campos Lemus había retrasado la sesión del dos de octubre de 1968 para darle tiempo al batallón Olimpia de disparar a soldados y estudiantes causando la confusión. Eso aumentó el número de asesinatos en Tlatelolco.

Llevaba menos de dos meses trabajando como reportero en la PGR, cuando López Atienzo me llamó para decirme que me ofrecía una vacante como subdirector de publicaciones. No podía creer en mi buena suerte. Además, coincidía con dos antiguos colegas, Pablo Toledano, quien redactaba los boletines, y Elizabeth Juárez Montes de Oca, quien se ocupaba de la prensa internacional y quien había sido reportera cuando yo ocupaba la dirección del noticiero Enfoque.

Empecé a reunir mis documentos, pero una tarde, menos de una semana después, López Atienzo me llamó para decirme que no podía ocupar la subdirección de publicaciones, ni siquiera seguir trabajando ahí. Le pregunté las causas, me dijo que no me podía responder. Acudió a una vieja fórmula: no me dijo por qué me había dado el trabajo, así que tampoco estaba obligado a decirme por qué me lo quitaba.

Días después el periódico Reforma recuperó una fotografía de Campos Lemus en animada comida con un grupo de personas identificadas con el narcotráfico.

Por mi parte le solicité a José Cárdenas, y me la concedió, una entrevista en radio donde expuse la farsa de la PGR, que tenía como director de membrete a López Atienzo y como verdadero operador a Campos Lemus.

Días después Sócrates fue despedido, en realidad de “mentiritas” porque siguió cobrando en la Procuraduría. Justificó que era periodista, y que por eso la foto con los narcotraficantes. Lo entrevistaron al respecto y dijo que la foto la había filtrado “una gaviota”. Se refería por supuesto a mí. No volví a verlo hasta que hoy me compartieron su esquela.

Epílogo

Así como Macedo de la Concha fue procurador con Fox, Marisela Morales fue la procuradora General de la República de Felipe Calderón. Para entonces había aumentado la fabricación de culpables. López Atienzo regresó a la dirección de Comunicación Social de la PGR, así que, infiero, repitió el papel de patiño de Campos Lemus.

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