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Europa

El fracaso de la democracia en Europa

“Europa pasa por su crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial”, ha sentenciado sin apelación su actual líder, la canciller alemana Angela Merkel. Dos barridas más de los mercados, y la vieja entidad cultural pasará a ser nuevamente mera geografía.

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Antonio Hermosa Andújar*

El sueño Europa amenaza con llegar a transmutarse rápidamente en su peor pesadilla: la de su destrucción. La parte más bella del mismo contaba la historia, única, de Estados soberanos que, hartos ya de vivir historias particulares en las que los héroes de una eran villanos en las demás, y de despedazarse unos a otros, habían decidido sumar fuerzas a base de renunciar a una parte de ellas, urdir un proyecto colectivo desprendiéndose de singulares destinos de gloria, y vivir en paz y libertad, en regímenes democráticos que eran a su vez Estados de bienestar, a costa de liberarse de una porción alícuota de soberanía. Europa aprendió en Kant a abandonar en un determinado momento de su recorrido el zizzagueante compás de la naturaleza, y a cambiar en su sueño la historia por la voluntad, y si bien tenía en cuenta la primera era sobre todo para no tener que repetirla.

Hoy, ese sueño, emblema hasta ayer de la potencia europea, ha perdido por completo todo su lustre, y vegeta como un moribundo necesitado de respiración asistida entre las ruinas de su propio orgullo. “Europa pasa por su crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial”, ha sentenciado sin apelación su actual líder, la canciller alemana Angela Merkel. Dos barridas más de los mercados, y la vieja entidad cultural pasará a ser nuevamente mera geografía.

Quizá en algún rincón de su estructura guarden los mercados cierta reserva de racionalidad y adviertan contra las veleidades despilfarradoras del bienestar ilimitado y la consiguiente tentación del enriquecimiento fácil, esgrimiendo ante los ciudadanos de determinados Estados el fantasma de la recesión y advirtiéndoles contra su inmoderación al emplazar en medio del camino el espejo de la pobreza, la incertidumbre y el autoritarismo; y quizá así les induzcan a cambiar la trayectoria. Quizá de este modo agite las conciencias de estos aspirantes a nuevos semi-ricos al revelarles su condición de partícipes en eso que denominamos mercados, que desde fuera parece un magma incandescente en grado de incendiar toda soberanía política que toca, pero por dentro está hecho de codicias sin freno, de deseos inconfesables y de decisiones racionales que tienen en el mayor beneficio posible al mejor precio su única fuente de inspiración, así como de una acción acorde a todo ello; y quizá esa revelación sea el anuncio de su co-responsabilidad en el incendio, de que no hay inocencia en la queja, de la contradicción que enfrenta en el mismo individuo al citoyen con el homme, y todo ello a pesar de no ser más que las últimas cabezas de la hidra.

De la hidra, sí, pues por mucha racionalidad de la que presuman, y a su socaire de capacidad de coaccionar comportamientos, los mercados demuestran su amplia veta de inmoralidad no sólo en el hecho de ser lugar donde pastan las pasiones más antisociales de los sujetos, sino en que su poder de coacción nunca conmina a los tiranos ni les impide saquear a sus connacionales; y una gran parte de su poder en el hecho de que actúen contra el orden soberano de un Estado incluso cuando no hay razones para ello, si es cierto lo que se dice en algunas tribunas europeas acerca de la situación de la economía española, por poner un ejemplo; o bien en el hecho de que un simple error de alguna autoridad económica en el interior de los mismos desencadena una avalancha imparable de especulaciones y daños contra terceros, como ha ocurrido con Estados Unidos, Francia o la torturada Grecia entre otros países. ¿Cuántas incertidumbres hay que consentirles sembrar, cuántas medidas –o incluso políticas- económicas públicas habrán de zozobrar todavía, y, sobre todo, cuántos sufrimientos se habrá de padecer y vidas enteras fracasar antes de que al monstruo se le imponga algún tipo de freno?

Con todo, la hidra que se nos antoja informe no es sino la organización económica que occidente, y gran partedelmundo a su través, ha querido darse. Unas pocas reglas de funcionamiento, vistas desde hoy casi meros expedientes para cubrirse moralmente las espaldas, fueron la excusa funcional para confiarles nuestra reproducción vital; creamos autoridades internas que garantizaban el recto comportamiento de Estados e individuos, concediéndoles entera libertad para administrar nuestro porvenir. Glorificamos el poder de esas autoridades al olvidarnos de que adoptaban decisiones que no por provenir del ámbito privado dejaban de afectar a miles de millones de personas, así como a las políticas económicas dictadas, con mayor o menor justicia, para regir sus vidas y destinadas en principio –bien que con grandes dosis de cinismo en no pocos Estados- a mejorarlas. ¿Qué tiene de extraño que en el curso del tiempo las criaturas devinieran máquinas y mecanizaran sus objetivos, que segregaran unos instintos propios muy alejados de nuestros deseos, y que hoy día tales automatismos representen uno de los mayores peligros contra la seguridad jurídica de los ciudadanos, contra su condición de sujetos de derechos, e incluso contra la propia estabilidad de los Estados democráticos?

En su persecución contra el sueño-Europa, no llevada a cabo directamente sino a través del instrumento más prosaico de los ataques a la deuda soberana de los diversos Estados constitutivos, los mercados han puesto asimismo de relieve la banalidad con la que se construyeron algunos elementos del mismo; ya en su momento proliferaron las voces que denunciaban la introducción de una moneda única, el euro, porque se trataba de una ilusión, interesada más que necesaria, el hecho de creer técnicamente factible el establecimiento de un espacio normativo idéntico en un contexto de grandes desigualdades económicas; pero se las consideró voces de Casandra y se las pasó por alto. Empero, es menester reconocer que lo peor ha llegado después, y no estaba escrito en la situación inicial; más aún, representa su antítesis en gran medida.

El ataque de los mercados parece estar demostrando que la democracia en Europa, un elemento capital del sueño del mismo nombre, es poco más que una impostura. Dos de los países soliviantados por la crisis, Italia y Grecia, han creado gobiernos técnicos, es decir, gobiernos, en principio, no políticos: es la tecnocracia y no la política la que ahora impera; antiguos dirigentes de banca ocupan el lugar de los sujetos en los que recayó la representación popular: es el imperio del mercado sobre la política, el reemplazo de la soberanía política por la soberanía del mercado; se gobiernan los Estados en aras de dar satisfacción a los mercados. Dedocracia económica frente a elección ciudadana: he ahí, resumido, el testamento político de la democracia. Y, por si fuera poco, a eso se añade un factor místico al que el nuevo despótes ni se molesta en aludir: todo ello implica que mientras el poder político es corruptible, por no decir corrupto sin más, el poder de las autoridades privadas del mercado, o su delegación pública tecnocrática, queda investido con el halo de santidad que separa al titular del mundo de la carne, el habitado por el resto de los mortales, los pecadores del más acá.

Sin duda, el inmenso poder de la corrupción en la arena política, o las declaraciones y prácticas unidimensionales del pensamiento único que viciaron toda política económica –cada gobierno de turno aportó su granito de arena al defender la suya como la única posible-, han favorecido la aplicación de medidas económicas crecientemente uniformes y hasta cierta sacralización del statu quo, con lo que las posibilidades de una acción redentora en grado de alterar las situaciones que se han ido conformando se reducían en proporción inversa al del espacio social naturalizado. Por sí mismas, ni la corrupción ni la unidimensionalidad conducen a la tecnocracia, pero la favorecen; se podía, cierto, haber formado un gobierno de concentración nacional, una especie de grösse Koalition con la que la misma Alemania afrontó algunas de sus crisis, mas en este punto interviene un tercer elemento que favorece la conversión de la política en mera técnica, y que se siga a Platón en lugar de a Aristóteles, a saber: el olímpico desprestigio de la clase política en su conjunto en ambos países, y, en general, el desprestigio de la democracia casi por doquier, al ser identificada con sus actuales gobiernos y sacrificar de ese modo su enorme potencial a la realidad de facto.

No ha parado ahí la cosa. La impostura se ha ampliado con la constitución de un directorio de dos miembros en el interior de la Unión que decide por todos sin apenas consultar a ninguno, y que responde al simplificado nombre de Merkozy. Un matrimonio relativamente mal avenido en el que cada parte, junto a posturas comunes, defiende asimismo posiciones antagónicas; desequilibrado también desde el punto de vista patrimonial, e igualmente distante en lo relativo al calendario y naturaleza de las reformas de los Estados díscolos (y uno de ellos, además, que ya empieza a ser afectado por la tempestad, lo que más antes que después envolverá también al otro, pues los peligros sistémicos no consienten que ningún miembro del conjunto resulte inmune al riesgo).

El ataque a la deuda soberana de los Estados es más que un ataque a la deuda un ataque a la soberanía, y tiene por tanto menos de fenómeno económico que de político; habría podido culminar en una advertencia contra la dilapidación de recursos, es decir, contra el hecho de estar devorando hoy la riqueza de las generaciones venideras, si la racionalidad de los mercados, por sí sola, hubiera sido suficiente para contener su voracidad. Pero nuestra codicia y nuestro total sinsentido de la responsabilidad, que forman parte de la misma, han llevado las cosas al punto de que no sólo peligra hoy la satisfacción de los derechos, es decir, el sujeto de derechos, sino al mismo tiempo el régimen político democrático que lo cobija y el sueño de amparar con él a todo un continente llamado Europa: tecnocracia y directorio atentan directamente contra él. Democracia y sueño europeo, desde luego, no nacieron juntos, pero han funcionado juntos en Europa en las últimas décadas. Difícil, muy difícilmente, si el sueño se rompe lograrán la democracia y su cortejo de valores, la libertad, la paz y el bienestar, preservar su integridad.

 * El autor es escritor y filósofo español de la Universidad de Sevilla.

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Europa

Rusia registra segunda vacuna contra el Covid-19

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Por Ignacio García

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, informó que se registró una segunda vacuna contra el Covid-19 en ese país denominada EpicVacCorona, por lo que se suma a la primera vacuna que se elaboró en esa nación llamada Sputnik V, por lo que en breve comenzará a distribuirse de forma masiva.

El mandatario ruso dijo que Rusia se convierte en el primer país que entregó aprobación regulatoria a una inoculación contra el SARS-COV-2 antes de que se concluyeran los ensayos a gran escala, lo que ocasionó preocupación en la comunidad científica global.

De acuerdo con el jefe de Estado, también están trabajando en una tercera vacuna que desarrolla el Centro Chumakov de la Academia de Ciencias de Rusia, aunque reconoció que deben aumentar la producción de la primera y segunda vacuna, por lo que deben seguir colaborando con sus socios extranjeros y promoverla en el extranjero.

A finales de septiembre Putin anunció que se había patentado el nombre de este fármaco que se encuentra basado en componentes de antígenos peptídicos sintéticos que generan una respuesta que contribuye al desarrollo de la inmunidad contra el Covid-19.

Sin embargo, hasta el momento no se ha notificado la fecha en la que comenzará con la distribución de las vacunas contra el nuevo tipo de coronavirus, por lo que siguen trabajando en la masificación de este fármaco para aumentar la elaboración de este tipo de productos.

En el mundo se desarrollan otras vacunas contra el Covid-19 como son en Inglaterra, China, Estados Unidos, Alemania, Francia, los cuales en su mayoría se encuentran en la fase III de las pruebas clínicas, pero aún no se han aprobado para su aplicación masiva.

 

 

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Europa

OMS aclara que reinfectados de Covid-19 son casos raros

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) aclaró que los casos de reinfectados por Covid-19 son raros, luego de que en Hong Kong un hombre presentó dos veces el virus, por lo que mantienen las indagatorias con respecto a la vulnerabilidad de esta enfermedad.

La portavoz de la OMS, Margaret Harris, señaló que han recibido casos anecdóticos de personas que se hacen la prueba y sale negativo y posteriormente es positivo, pero no han aclarado si se tratan de problemas con las pruebas que se aplican o si se trató de personas que nuevamente se infectaron.

La representante de la OMS sostuvo que las reinfecciones que se sostienen representan una cifra muy baja, pues documentó un caso entre más de 23 millones de padecimientos que se han confirmado en la entidad en este año.

De acuerdo con la vocera de la OMS, las reinfecciones de los casos de Covid-19 no representan un hecho habitual en el número de padecimientos que se confirman, por lo que diariamente reciben información sobre las investigaciones que se desarrollan por el mundo contra el nuevo tipo de coronavirus.

Reconoció que deben entender con exactitud de la inmunidad que se crea en el sistema inmunológico después de presentar la enfermedad, por lo que se trata de una invulnerabilidad distinta a la que producen las vacunas, pues determinan la duración de los anticuerpos naturales contra esa enfermedad.

Afirmó que las vacunas que se desarrollan por el mundo tienen una mayor eficacia con un estímulo inmunitario preciso, aunque en Holanda y Bélgica científicos también documentaron casos de reinfecciones en esas naciones, por lo que analizan las condiciones en las que se puede presentar nuevamente el virus.

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África

Marruecos: Pacto Mundial sobre Migración

Marruecos es la sede donde se reúnen más de 150 países para firmar el Pacto Mundial para una Migración segura, ordenada y regular, para dar salida a crisis humanitarias

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Raúl Ramírez Baena

Hace 70 años, el 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de la ONU aprobó en París la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, documento magno que dio origen al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

La Declaración se propone como ideal común de la humanidad, la consecución de la libertad, la justicia y la paz, el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, e inscribe dos principios fundamentales: la UNIVERSALIDAD y la PROGRESIVIDAD de los derechos humanos.

En este marco, la ONU ha convocado en Marruecos a los países miembros a debatir el acuerdo global sobre migración, llamado “Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular” (cuyo acuerdo inicial, a excepción de los Estados Unidos de América, fue aceptado en julio para su discusión los días 10 y 11 de diciembre), teniendo como objetivo “ayudar a aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los inmigrantes indocumentados.”

Como una manifestación de “aporofobia” (rechazo al pobre), países industrializados de Europa occidental y de Norteamérica no simpatizan con este Pacto Mundial, países de destino de la migración, que han girado sus políticas económicas hacia corrientes nacionalistas, conservadoras y proteccionistas de su planta laboral y mano de obra nativa, en contraste con la Globalización y el liberalismo del mercado, hoy en declive.

Son destacables las posiciones de Donald Trump, del Brexit en Inglaterra, de la Ley de Extranjería en España y de los duros controles migratorios en Sudamérica, en Alemania y en los países de Europa del Este, que bloquean y criminalizan la migración masiva de los países en crisis.

Recientemente, se calcula que 68 millones de personas desplazadas han salido de sus países, provenientes del Medio Oriente y de América Latina y el Caribe, huyendo de la pobreza y de los fenómenos naturales, pero más, de la guerra y de la violencia que los asola.

Este Pacto constituye el primer intento para gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional; “refleja el entendimiento común de los Gobiernos de que la migración que cruza fronteras es, por definición, un fenómeno internacional y que para gestionar con efectividad esta realidad global es necesaria la cooperación para ampliar el impacto positivo para todos”, apuntó el Secretario General de la ONU, António Guterres.

Se busca cambiar las políticas de rechazo y criminalización de la migración hacia una visión más positiva y propositiva donde todos los países ganen, los de origen, los de tránsito y los de destino de la migración.

Hay algunas metas genéricas del Pacto como la cooperación para abordar las casusas que motivan la migración o mejorar las vías de migración legal. Pero también hay compromisos concretos, como medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias, usar la detención de migrantes como última opción y reconocer el derecho de los migrantes irregulares a recibir salud y educación.

Los Estados se comprometen también a mejorar su cooperación a la hora de salvar vidas de migrantes, con misiones de búsqueda y rescate, garantizando que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter exclusivamente humanitario.

Además, los Estados que suscriban el Pacto prometen garantizar un regreso seguro y digno a los inmigrantes deportados y no expulsar a quienes enfrenten un riesgo real y previsible de muerte, tortura u otros tratos inhumanos, como es el caso de los hondureños hoy refugiados en México en espera de la resolución de asilo en los Estados Unidos de América

Destaco dos cosas en lo que se refiere a México: primero, en razón de su campaña de reelección, la no adopción por Donald Trump de este mecanismo mundial, impidiendo entre otras cosas ayudar a resolver la crisis de los migrantes centroamericanos en la frontera con Tijuana (crisis que, por el contrario, ha exacerbado), éxodo cuya responsabilidad recae en las políticas económicas, sociales y de seguridad impuestas por los EUA en América Latina y el Caribe.

Por otro lado, la muy lamentable posición intolerante, xenófoba y racista (no les gusta que les digan así) que sin el menor recato y análisis de contexto ha asumido buena parte de la población tijuanense, que denota una deficiente cultura de los derechos humanos y una falta de sentimientos de empatía y solidaridad para con los migrantes hondureños, a quienes se ha rechazado, discriminándolos y estigmatizándolos negativamente.

Según Juan José Gómez Camacho, embajador de México en la ONU, “los migrantes hacen una contribución económica extraordinaria en los países donde están trabajando. Las remesas representan un 15% de los ingresos del migrante; el otro 85% se queda en el país de destino”. Además, existen hoy 250 millones de migrantes que representan un 3,4% de la población mundial, que contribuyen con un 9% del PIB mundial con casi 7 trillones de dólares al año.

Por lo pronto, el Canciller Marcelo Ebrard se encuentra ya en Marruecos asistiendo al Pacto Mundial sobre Migración. Doy por seguro que México suscribirá este importante acuerdo y que se traducirá en una política migratoria humanitaria, no criminalizante.

Fotografía:  El presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez Castrejón, saliendo de la conferencia. (Tomada de su perfl de Twitter).

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