Connect with us

El Caso Wallace

El falso caso Wallace y el lamentable papel de los medios

Periodistas y medios han guardado un silencio absoluto sobre las denuncias y revelaciones periodísticas que ha hecho la periodista Guadalupe Lizárraga sobre el caso Wallace. ¿Qué es lo que encubren?

Juan Carlos Pérez Ruiz

Published

on

Juan Carlos Pérez Ruiz

En los últimos meses los medios de comunicación tradicionales se han escandalizado e indignado ante el uso constante del presidente Andrés Manuel López Obrador del término “prensa fifí”, durante sus conferencias mañaneras.

Ante el reiterado empleo del término por parte del mandatario, los grandes corporativos de medios han echado a andar toda su aplanadora mediática, para llevar al centro de la discusión pública si el presidente debe o no, usar ese término.

Más que un aluvión de críticas bien fundamentadas que coinciden sin planificarlo, parece que hay toda una operación de “nado sincronizado” para moldear a la opinión pública contra el uso del calificativo. Artículos de opinión, columnas, editoriales, reportajes, entrevistas, análisis, y acalorados debates televisivos y radiofónicos, han explotado el asunto hasta la saciedad. No solo eso: Durante las conferencias mañaneras le han planteado el tema al presidente en infinidad de ocasiones, incluso relacionándolo con los asesinatos de periodistas, que continúan multiplicándose a lo largo y ancho del país.

Prueba de ello fue la pregunta del periodista Humberto Padgett, colaborador del programa de radio de Ciro Gómez Leyva, el pasado 25 de marzo: “Anoche fue asesinado el sexto periodista de su gobierno, licenciado López Obrador, un reportero en Sinaloa. Su cadáver fue arrojado bajo un puente. La recurrencia de llamar a la prensa que es crítica de usted como fifí o conservadora, ¿no favorece el mal estado de las cosas, ya de por sí muy descompuestas en el país?

Quien también revivió la polémica fue el conductor de noticias de Estrella TV, Pedro Ferriz Híjar, hijo del comunicador Pedro Ferriz de Con: “En lo que va de su mandato han matado a seis de nuestros compañeros, dos de ellos en Veracruz lamentablemente (…) Mire, señor presidente, yo sería el más feliz de poder estar de acuerdo con todo lo que dice, pero creo que la prensa no está aquí para estar de acuerdo con todo, estamos aquí para apoyar y para representar al pueblo (…)¿Podemos parar con esta confrontación y empezar a trabajar a favor de México?”.

En conferencia mañanera.

Es pertinente preguntarse si la molestia de gran parte del gremio es proporcionada a la magnitud y el significado de la palabra, ya que López Obrador ha explicado ampliamente a que se refiere con el término “prensa fifí”:

“Si ustedes revisan la historia, los que le hicieron más daño al movimiento revolucionario maderista, fueron los fifí, ayudaron a los golpistas, y hubo una prensa, en ese entonces, El Debate y otros periódicos que se dedicaron a denostar al presidente Madero. Bueno, esa prensa y los fifís, quemaron la casa de la familia Madero. Cuando detienen al hermano de Francisco I. Madero y asesinan cobardemente a Gustavo A. Madero, los fifís hacen caravanas con sus carros y festejan.”

“Y luego esa prensa siempre apostó a apoyar la militarización, el golpe de Estado, y tiene que ver mucho con el conservadurismo, venían del régimen porfirista, eran serviles, era una prensa sometida y cuando triunfa el momento revolucionario, triunfa Madero, él garantiza libertades plenas, y se portaron muy mal, no sólo con Madero, sino el país, le hicieron mucho daño a México, fueron los que atizaron el fuego para que se volviese cruenta la revolución mexicana y se perdieran muchas vidas humanas. Entonces, lo del fifí viene de eso, para darle una ubicación histórica, entonces eso sí se los voy a seguir diciendo, porque son herederos de ese pensamiento y desde el proceder”.

Si nos atenemos a esa definición, ¿por qué entonces la gran maquinaria mediática revive y alienta, una y otra vez, la polémica sobre el término? ¿Preocupación por, y solidaridad con, los colegas caídos, o inconsciente identificación implícita con la definición de Andrés Manuel López Obrador?

¿Realmente es creíble pensar que los periodistas son asesinados porque el presidente utiliza el término “prensa fifí”, que una persona cualquiera sale a la calle y dice “Hoy voy a matar un periodista porque el presidente descalificó a ciertos sectores de la prensa”? ¿Por qué los grandes medios (e incluso algunos medios críticos) soslayan en su discurso el contexto de amenazas, sangre y muerte en que se ha desarrollado el periodismo mexicano en las últimas décadas, particularmente desde que inició la Guerra contra el Narcotráfico de Felipe Calderón? ¿Acaso porque Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto no decían “prensa fifí”, se reducían los asesinatos de periodistas?

¿Por qué fingen o pretenden fingir que no saben que la mayoría de los delitos contra periodistas son cometidos por el crimen organizado, cuando no por politicastros o empresarios relacionados con ese submundo? ¿Por qué, si estos grandes medios y sus vacas sagradas de la comunicación están tan auténticamente preocupados por la seguridad del gremio, no mejoran las condiciones laborales de sus reporteros, editores, fotógrafos, camarógrafos, correctores y becarios?

¿Por qué, a sabiendas de los riesgos que implican ciertos trabajos, la mayoría de los medios no tienen ningún interés en desarrollar o mejorar sus protocolos de seguridad? ¿Por qué es tan común que muchos medios abandonen a su suerte al periodista cuando éste comienza a sufrir persecución del crimen organizado o de algún político? ¿No sería justo que, ya que el medio se benefició lucrando con el trabajo de ese periodista, el medio ofreciera algún apoyo a su trabajador? Por supuesto que hay medios que apoyan, pero no suelen ser la mayoría de los grandes medios, los mismos que hoy se tiran de los cabellos y gritan escandalizados por el reiterado uso del concepto “prensa fifí”. Lea el libro Narcoperiodismo: La prensa en medio del crimen y la denuncia, del fallecido Javier Valdéz, para que dimensione lo que aquí escribo.

¿Por qué la mayoría de los periodistas con menos ética y oficio, como Ricardo Alemán o Carlos Loret, son los que mejores sueldos reciben? ¿Por qué, en cambio, la mayoría de los periodistas que han realizado investigaciones de alto riesgo e impacto suelen estar vetados de los grandes medios audiovisuales?

Si tan angustiados están por la integridad de los periodistas, ¿por qué suelen pronunciarse en abstracto y esquivan cuando se trata de casos específicos? Si bien no todos, muchos de los que hoy se escandalizan con el affaire “prensa fifí”, dijeron poco o nada cuando la entonces colaboradora de Contralínea, Ana Lilia Pérez, tuvo que exiliarse en Alemania por las amenazas que recibió tras sus investigaciones sobre la corrupción en Pemex. Lo mismo aplica en el caso de Anabel Hernández, quien si bien es mundialmente reconocida en medios impresos y su trabajo ha sido comentado y difundido gracias a usuarios de redes sociales, prácticamente vive un veto silencioso en los grandes medios audiovisuales de México. Intente recordar cuantas veces y por cuánto tiempo ha oído hablar de ella en los últimos años, en Televisa, Imagen y TV Azteca; las pocas veces que lo han hecho.

¿Cuándo ha escuchado pronunciarse firmemente contra las amenazas que ha vivido la periodista, a Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, Ciro Gómez Leyva, Javier Alatorre o a las demás estrellas del periodismo en televisión abierta? ¿Cuándo los ha escuchado protestar contra el exilio que actualmente vive la periodista? Ni siquiera toman postura muchos de sus ex compañeros de la revista Proceso.

Tampoco se explica que ante tal nivel de presunta preocupación, prácticamente todo el gremio periodístico mexicano haya guardado silencio casi absoluto ante la denuncia pública que la fundadora de este portal, Guadalupe Lizárraga, emitió en la conferencia mañanera del presidente López Obrador, el viernes 29 de marzo. En su participación, la periodista denunció no solo la falsedad del caso Wallace sino también las amenazas que ha vivido por su trabajo.

No hubo una sola nota. Ni un post de Facebook o un tuit. La difusión del hecho se dio únicamente gracias a la misma Guadalupe Lizárraga y a usuarios de redes sociales, que rompieron el cerco mediático y cibernético con el que intentaron tapar la denuncia. La evidencia videográfica se conservó únicamente gracias a los vídeos de algunos youtubers, quienes sin saberlo registraban lo que otros medios y youtubers callarían.

No sorprende que los grandes medios tradicionales de México callen. Estamos habituados no solo a su silencio, sino a la promoción y defensa que han hecho de personajes tan poderosos como francamente deleznables. Indiferencia, cuando no justificación y minimización, de crímenes de Estado. Ridiculización, cuando no invisibilización o criminalización, de las protestas sociales, políticas de izquierda o líderes sociales. Manipulación e incluso descarada fabricación de fake news cuando así convenga a sus intereses.

Fue hasta el 2 de abril que se mencionó la denuncia de la periodista, pero solo para dar contexto a las notas que aparecieron sobre la solicitud de audiencia privada que Isabel Miranda de Wallace (o Isabel Torres Romero, según sus actas de nacimiento) le solicitó al presidente Andrés Manuel López Obrador. A diferencia de lo que ocurría en los dos últimos sexenios, en los que se ha comentado ampliamente el trato privilegiado que la dueña de Showcase Publicidad recibía de los pasados gobiernos federales, en esta ocasión la presidenta de Alto al secuestro ha tenido que meter solicitud como cualquier ciudadano de a pie, hecho que parece tener molesta a la empresaria. Pero, ¿por qué debería recibir preferencia sobre los miles, o cientos de miles de personas que solicitan atención? ¿En qué momento permitimos como sociedad, que ciertos personajes tengan más privilegios que otros? ¿Por qué nos parece normal?

Si bien algunos medios mantuvieron relativa neutralidad, otros se subieron al juego de descalificaciones de Isabel Miranda de Wallace.

Así, El Universal expresó que “presuntos activistas pagados por los secuestradores de su hijo, mal informan al mandatario”, mientras que a la periodista y autora de El falso caso Wallace se refirieron como “una las defensoras (SIC) de Brenda Quevedo Cruz, detenida por el secuestro de Alberto Wallace”. En el mismo tenor, El Diario de Yucatán la señaló como “una de las abogadas de Brenda Quevedo Cruz”, y La Silla Rota simplemente la minimizó como “una mujer de nombre Guadalupe Lizárraga”.

¿Realmente ninguno de los medios citados conoce el trabajo de la periodista que no solo se ha desarrollado a través de Los Ángeles Press, sino también en MVS y el periódico español El País, entre otros medios? Concediendo que así fuera, ¿por qué ningún medio solicitó la versión de la periodista? ¿Por qué no consultaron la información sobre Guadalupe Lizárraga con una simple búsqueda en Google, que no les hubiera tomado más que unos segundos? ¿Por qué los medios reproducen las declaraciones de la señora Miranda, sin tomarse la molestia de investigar de la forma más básica? ¿Mediocridad profesional o intento de desacreditar la investigación periodística y la gravedad de la denuncia? Lo que fuere, lamentable.

El abyecto servilismo al poder de Isabel Miranda de Wallace por parte de los grandes medios de comunicación ha sido vergonzoso no solo ahora, sino durante los ya casi catorce años que se ha desarrollado el falso caso Wallace. Es cierto, ha habido trabajos estupendos como el de Anabel Hernández, Guadalupe Lizárraga y algunos otros colegas que han sido la excepción en el mar de los medios. Pero las principales voces del coro mediático, las mismas que tienen monopolizadas las raíces de la opinión pública; los mismos que reciben los mejores sueldos y aparecen en horario estelar, nunca han cuestionado la versión que Isabel Miranda ha impuesto sobre el falso caso Wallace; versión que a través del tiempo e investigaciones, se ha caído a pedazos.

Como es de esperar, en el mundo de la televisión mexicana, la versión de Miranda de Wallace continúa cual verdad absoluta. El tiempo aire en televisión, que es caro, se le concede varias veces al mes (y en ocasiones, a la semana) a una mujer cuya credibilidad se ha ido minando no solo por el caso de su hijo, sino por su intervención en asuntos de seguridad pública y su papel como fabricadora mediática de culpables en diferentes casos en los que excedió las facultades que le concede su organización, como en los casos Cassez-Vallarta, Martí, Nestora Salgado, Martin del Campo Dodd, Cinthya Cantú Muñoz y Ayotzinapa, solo por mencionar algunos; de acuerdo con datos de la organización canadiense En Vero.

En contraste los detenidos por el falso caso Wallace y sus familias -Brenda Quevedo Cruz, Jacobo Tagle Dobin, Jael Malagón Uscanga, Juana Hilda Gonzalez Lomelí, César Freyre Morales, Albert y Tony Castillo Cruz- no solo han tenido que sufrir el terror que ha sembrado la señora Wallace en sus vidas, sino también el escarnio mediático de comunicadores que, además de haber violado su derecho a la presunción de inocencia prácticamente desde que inició el caso, no se les ha concedido su derecho de réplica en los grandes medios de comunicación. Ni siquiera el histriónico Jorge Ramos, quien hoy se yergue cual espadachín del medioevo o como Niño Héroe envuelto en la bandera (no sabemos si en la de México o en la de Estados Unidos), ha cuestionado a la señora Wallace; ni siquiera por la cercanía absoluta de la empresaria con los gobiernos priistas y panistas.

Guadalupe Lizárraga ha sido invisibilizada en los medios de comunicación. Prueba de ello es que la periodista solicitó al conductor Ciro Gómez Leyva su derecho de réplica, con motivo de las alusiones a su persona que ha hecho Isabel Miranda en el programa de radio de Gómez Leyva, durante las últimas semanas en varias ocasiones. La respuesta de Gómez Leyva jamás llegó.

El único periodista con la ética y el valor suficientes para romper el gran tabú del falso caso Wallace en televisión, fue el también abogado Ricardo Raphael, quien dedicó dos episodios de su programa Espiral en Canal Once, en los que entrevistó a Guadalupe Lizárraga y a Isabel Miranda. Más allá de que el comunicador haya abandonado el tema, es de admirarse que haya sido el primer periodista (y esperemos no se mantenga como el único) que ha cuestionado de frente y con valentía, todas las falacias del caso y de la señora, sin dejarse intimidar por una mujer acostumbrada a perseguir a todos aquellos que la desenmascaren.

¿Qué podemos decir de los medios mexicanos popularmente considerados como “críticos”? Desgraciadamente nada bueno; poco o nada.

Si bien La Jornada, Sin Embargo y Contralínea, han hecho cierto eco de algunas de las denuncias contra Miranda Torres en años anteriores, este año han preferido guardar silencio.

De llamar la atención es el caso de Aristegui Noticias, la cual en 2011 legitimó la historia del caso Wallace, cuando entrevistó a Isabel Miranda y Martín Moreno, en CNN. En adelante, si bien la periodista ha hecho cierto eco del otro lado del caso, nunca ha recibido en su programa a los familiares del caso Wallace, ni ha abordado el tema en su programa. Hecho bastante singular considerando que es vista como la periodista más crítica de los medios audiovisuales.

Otro caso que llama la atención es el de Animal Político. Sitio que, pese a su riguroso trabajo en cuanto a corrupción gubernamental, no ha publicado ni una sola línea contra María Isabel Miranda de Wallace. Por el contrario, tiene tres piezas del reportero Alberto “Beto” Tavira; dos de semblanza (la biografía de mujer admirable que Isabel Miranda siempre ofrece a los medios), y uno sobre glamour y belleza. Tesoros del humor involuntario para quienes nos hemos informado sobre esta señora. Leer para creer.

La revista Proceso, que entre 2012 y 2018 fuera crítica con Isabel Miranda, hoy guarda silencio.

Y quien se ha convertido en la gran decepción es la otrora periodista crítica, Sanjuana Martínez. La ahora directora de Notimex, que prometió que impulsaría un periodismo libre y crítico en la agencia, no solo continúa sin darle voz a las verdaderas víctimas del caso Wallace, sino que recientemente la agencia a su cargo publicó una entrevista que legitima la falsa figura de Wallace como activista y luchadora social. Sin contar que, pese al pronunciamiento del sindicato de Notimex, Sanjuana Martinez no ha explicado porque la denuncia de Guadalupe Lizárraga del viernes 29 de marzo, también fue editada en el video del canal de Youtube de Notimex.

¿No le corresponde a los medios darle voz a ambas partes? ¿Por qué solo dan voz a Isabel Torres Romero (o Isabel Miranda, como se llame)? ¿Cómo se atreven a decirse “objetivos” e “imparciales” si continúan vetando la verdadera historia del caso Wallace? ¿Con qué cara pueden negar el veto y la estigmatización que sufren las víctimas de Miranda de Wallace, si ya ni siquiera disimulan un poco?

Si AMLO define como “prensa fifí” a los medios conservadores, golpistas y traidores al pueblo, ¿cómo debemos llamar los ciudadanos a los medios que se han dedicado a aplaudir a la señora Wallace?

¿Qué calificativos se merecen todos aquellos que encubren la tortura, la mentira, el tráfico de influencias, los abusos de poder, las amenazas, el sadismo y la corrupción de Isabel Miranda de Wallace? ¿Cómo podemos llamarles? Se aceptan sugerencias…

El Caso Wallace

Expertos internacionales en DDHH, satisfechos por respuesta de México en el caso de Brenda Quevedo

Avatar

Published

on

GINEBRA (15 de octubre de 2020) – Expertos en derechos humanos de la ONU* acogieron hoy con satisfacción el anuncio del gobierno mexicano de que implementará la Opinión núm. 45/2020 y liberará a Brenda Quevedo Cruz, después de 11 años en prisión en México sin sentencia, instando a las autoridades a ponerla en libertad de inmediato.

“Estamos muy satisfechos por la declaración oficial de la Secretaría de Gobernación de México de que cumplirá con la opinión del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias y liberará a la víctima de detención arbitraria, esperamos que se tomen acciones concretas en ese sentido inmediatamente”, dijo el Grupo.

Quevedo Cruz fue detenida en relación con el falso secuestro y asesinato de Hugo Alberto Wallace Miranda, reportado en julio de 2005, pero el Grupo de Trabajo encontró graves violaciones a las garantías del debido proceso, como la presunción de inocencia y el derecho a ser juzgada sin dilaciones indebidas, además de haber sido torturada en dos ocasiones.

“Tras pasar más de una década en prisión preventiva, la señora Brenda Quevedo Cruz debe ser liberada, con garantías de acceso a una reparación integral”, indicaron los expertos. “La violación de sus derechos humanos debe investigada a profundidad, lo que debe de conducir a la rendición de cuentas por parte de los responsables.”

El Grupo de Trabajo exhorta al Gobierno de México a revisar urgentemente todas sus opiniones relativas a México, con la finalidad de identificar e implementar las reformas estructurales al sistema de justicia que son necesarias para evitar que casos como este se repitan. “Quedamos a la disposición del Gobierno para ayudarlo a cumplir con sus obligaciones internacionales.”

Con arreglo a lo dispuesto en el párrafo 5 de los métodos de trabajo del Grupo, José Antonio Guevara Bermúdez, miembro mexicano del Grupo de Trabajo, no participó en la adopción de la Opinión núm. 45/2020.

* Los expertos de la ONU: Leigh Toomey (Presidenta-Relatora), Elina Steinerte (Vice-Presidenta) Sètondji Roland Adjovi y Seong-Phil Hong, Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria.

Los Grupos de Trabajo forman parte de lo que se conoce como los Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos. Procedimientos Especiales, el mayor cuerpo de expertos independientes del Sistema de Derechos Humanos de la ONU, es el nombre que se da a los mecanismos de investigación, recopilación de información y mecanismos de monitoreo que analizan la situación de los derechos humanos en algún país determinado o la situación de un derecho humano en particular en todo el mundo. Los expertos trabajan de forma voluntaria, no son funcionarios de la ONU y su labor no es remunerada. Son independientes de cualquier gobierno u organización y sirven en su capacidad individual.
ONU Derechos Humanos, página de país –  México

Continue Reading

El Caso Wallace

Sobrino de Isabel Miranda reportó amenazas y secuestro por revelar abuso sexual de parte Hugo Wallace

Avatar

Published

on

Por Guadalupe Lizárraga

La madrugada del 13 de octubre, Alfredo Miranda Cruz reportó a Los Ángeles Press que había sido retenido contra su voluntad desde el miércoles 7 de octubre por sus tíos María Isabel y Roberto Miranda Torres, después de que se enteraron de revelaciones que hizo a esta periodista sobre el abuso sexual sufrido a la edad de 9 y 15 años, por parte de su primo Hugo Alberto Wallace Miranda.

En estado de angustia, Alfredo Miranda llamó a la periodista para dejar un registro de las agresiones y declaró que su padre lo había rescatado de un departamento “que queda en Girasoles”. De allí, lo había trasladado al Hotel Montreal, ubicado en Calzada Tlalpan #2073, CDMX, desde donde envió la ubicación, varias veces y en diferentes horas, a la periodista.

Miranda Cruz señaló también que sus tíos estaban amedrentando a toda la familia y estaban indagando de donde se filtraba información sobre su primo Hugo Alberto.

En la conversación telefónica, de madrugada, dijo que su tío Roberto lo había seguido al hotel y que había golpeado a una mujer de Seguridad. También que había hablado con el dueño del hotel, y quería entrar a la habitación donde él se encontraba. Dijo que su tío lo estaba “amenazando con matarlo y cortarle la lengua”.

La primera llamada la hizo a las 3:27 horas (CDT), 1:27 hora de California, con la ubicación del hotel mencionado de la Ciudad de México. En el mensaje de audio abundó que habían detenido también a “Paulina”, madre de su hijo, a quien habían maltratado y desnudado, en la azotea, y que él alcanzaba a escuchar la voz de su tía Isabel Miranda. Especifica en el mensaje de voz que su tía Isabel iba a utilizar a Paulina para ofenderlo e “inventarle cosas” a cambio de dinero, “en lo que su tía era experta”.

Después de varios audios sobre la situación que estaba viviendo, y de las ubicaciones enviadas, Alfredo Miranda Cruz envió otro mensaje a las 4:50 horas, ya en pánico, en el que dice:

“Extremo peligro, en extremo peligro estoy, señora Guadalupe. Un señor quiere abrir nuestra puerta, estamos en extremo peligro, señora Guadalupe”.

 

Quince minutos después, reportó que el señor Roberto Miranda Torres (tío de la víctima) había lastimado a un testigo, mujer. Señaló que no tenía claro si había sido contratada por su tío, que eran las 5:05 de la mañana y que estaban muy estresados. Además de que ya había habido varios conflictos en ese hotel.

Cada diez minutos, Alfredo Miranda estuvo enviando sus ubicaciones a la periodista. Dijo haber recibido llamada de sus tíos a la habitación y que lo estaban confundiendo.

El último mensaje por la red WhatsApp fue a las 13:46 del mismo 13 de octubre, y la ubicación fue (19.3364444,-99.1273334) Ejido Xochimilco 33-43, Ex-Ejido de San Francisco Culhuacán, Coyoacán, 04470 Ciudad de México, CDMX, México.

 

Posteriormente envió cuatro mensajes de audio más, por Messenger, vía Facebook. El último mensaje de audio con su voz dice: “Señora Guadalupe, ya valió gorro”. A las 14:13, entró un mensaje de texto que dice: “Todo está bien, ¿de quién es el teléfono?”.

 

 

La acción de las autoridades

La Fiscalía General de la Ciudad de México dio seguimiento, directamente a través de la titular, Ernestina Godoy Ramos, después de que recibiera la información de la Subsecretaría de Derechos Humanos de Gobernación, vía Alejandro Encinas Rodríguez, a quien se le reportaron los hechos.

Cuando la fiscal indagaba los detalles de lo que llamó “secuestro en curso” se le informó sobre la resistencia de la víctima para llamar al 911, por temor a que interfirieran en favor de Isabel Miranda, como ha sucedido años anteriores. Sin embargo, la fiscal enfatizó a la periodista que ya no era lo de antes, que estaban actuando conforme a derecho.

Después de que sus agentes de investigación llegaron al hotel de donde se estuvo reportando la ubicación de Alfredo Miranda Cruz, les informaron que no había ningún registro a ese nombre, y al mostrar su fotografía negaron haberlo visto entrar al hotel, por lo que solicitaron el registro de las cámaras de seguridad, ya que la víctima decía estar dentro de una habitación y haber sido testigo auditivo de que su tío Roberto Miranda había lastimado a una mujer en el pasillo que daba a su habitación.

Hoy, 14 de octubre, en torno a las 3 de la tarde, la autoridad reportó que la policía ya estaba en entrevista con la víctima, y que se encontraba estable.

 

Contexto

Alfredo Miranda Cruz había reportado desde enero de 2019 el acoso que recibía por parte de su tía Isabel Miranda Torres, pero pedía que no fuese revelado por temor a su vida. Dijo que solo quería dejar un registro con la periodista Guadalupe Lizárraga que había llevado la investigación sobre el falso secuestro de su primo Hugo Alberto por si llegara a pasar algo. En las diferentes comunicaciones con la periodista, corroboró Miranda Cruz la fabricación de la prueba de ADN, a través de una gota de sangre, que Isabel Miranda Torres, junto con los agentes de la PGR, plantó en el departamento de Juana Hilda González Lomelí. Señaló que la gota de sangre, efectivamente, era de su prima Claudia, y que su tío Enrique Wallace no era padre biológico de su primo Hugo Alberto. Que todos en la familia lo sabían, pero que los tenía a todos controlados. Y ello se podía comprobar con un análisis de ADN a la hija de Hugo Alberto (Andrea Isabel) que no tenía sangre de los Wallace.

El 28 de julio de 2020, envió un nuevo mensaje de alerta vía Messenger, en el que escribió que si algo le pasaba hacía responsable a su tía Isabel Miranda, sus tíos Heriberto y Roberto Miranda, así como a su primo Luis Alberto, Andrés, y las señoras Asunción y Magdalena Miranda Torres, a Víctor Manuel Sánchez (esposo de su tía Asunción), a su prima Claudia Wallace (hermanastra de Hugo Alberto), a Abraham Pedraza (esposo de su tía Magdalena), a Jorge Ortega Miranda y a su padre.

En el mensaje se destaca:

“…por cualquier cosa que me pase de forma acusatoria o asalto donde caiga muerto, se les haga responsables.

Yo, Alfredo Miranda Cruz, abusado sexualmente a los 9 y 15 años por mi primo Hugo (Alberto Wallace Miranda)”.

En el penúltimo mensaje de texto, escrito el 13 de octubre a las 14:37 horas, señala a la periodista:

“Señora, mi tía me quiere matar, cuando pase, anéxelo. Me están torturando”.

 

Continue Reading

El Caso Wallace

El turbio papel de Ricardo Raphael en el caso Wallace

Avatar

Published

on

Por Guadalupe Lizárraga

A partir de abril de 2019, Ricardo Raphael se promovió en los medios como autor de mi investigación El falso caso Wallace. Cuatro meses antes, se había enterado -primero por mi libro, y después por mi voz- sobre la fabricación del secuestro y homicidio de Hugo Alberto Wallace, y la red de funcionarios que han flanqueado a Isabel Miranda. Trabajo que entregué a la Fiscalía General de la República desde 2018.

En su afán por acreditarse como autor, no sólo ha cometido graves pifias e inexactitudes, sino también ha fabricado testigos (mediáticos) para hacer cuadrar su información obtenida al margen de los directamente involucrados. Ha promovido campañas de odio en las redes sociales, por mi legítimo y legal reclamo al respeto a mi autoría; pero también ha tomado el papel de juzgador con las víctimas indirectas, como es el caso del padre biológico de Hugo Wallace, primer esposo de Isabel Miranda, a quien llamó “pederasta” e intentó evitar que lo presentara en el Senado de la república, en conferencia de prensa, acompañados por la senadora Nestora Salgado, el 29 de abril de 2019.

Después se infiltró con el grupo de madres y familiares de víctimas, logrando que le firmaran una carta pública en la que se me pedía no pelear con otros periodistas por mi trabajo, porque “ponía en riesgo” a sus hijos. La manipulación y puerilidad del argumento mostraron a un oportunista ansioso por ocupar un sitio que no le corresponde. ¿Qué clase de periodista regala su trabajo, después de haber sido perseguida por hacerlo? Más simple aún: ¿qué profesional regala su trabajo?

Pero además, si en tiempos oscuros pude ayudar a descifrar la verdad sobre el caso, ¿por qué ahora con el nuevo régimen temían por sus vidas? Isabel Miranda ya no tiene la alianza corrupta del presidente, como fue en los sexenios anteriores. Yo misma estuve frente al presidente López Obrador para denunciar la persecución de Miranda y sus secuaces por revelar la fabricación del caso, y recibí una respuesta positiva y atenta. ¿Por qué ahora las madres dudarían del único gobierno que las ha escuchado y atendido? Parte de la manipulación de Raphael que no termina. Aquí lo más reciente de sus tropiezos.

Las inexactitudes sobre Julieta Freyre

Ricardo Raphael publicó un artículo en el diario Milenio, el 10 de octubre, titulado: “El enorme poder de Isabel Miranda se desmorona”. En éste, cuenta la anécdota de Enriqueta Cruz, madre de Brenda Quevedo Cruz, cuando fue con Julieta Freyre -hermana de César- a pedir ayuda a la entonces senadora Rosario Ibarra de Piedra. Una anécdota publicada a detalle el 1 de julio de 2014, en Los Ángeles Press y en El Falso Caso Wallace, segunda parte, bajo el título La lucha por la verdad.

Sin embargo, en este artículo, Raphael comete nuevamente pifias e inexactitudes ahora sobre César Freyre, Julieta y su madre, con los que nunca habló. Una de estas imprecisiones es la siguiente:

“La aclaración era innecesaria, ya que después de 10 meses en prisión, el juez de la causa las liberó porque las encontró inocentes. Julieta Freyre falleció siete días después dejando huérfanas a dos niñas pequeñas” (Raphael, R. 2020, 10 de octubre. El enorme poder de Isabel Miranda se desmorona. Milenio).

Julieta Freyre y su madre estuvieron detenidas desde 8 de febrero de 2006 hasta el 31 de mayo de 2007. Lo que fue especificado por ella misma en una carta escrita en 2010, después de que Nelly Flores, esposa de César, la empujara a hacer algo ante el tamaño de la injusticia que la familia estaba viviendo. No obstante, Ricardo Raphael publica que “Julieta falleció siete días después de que el juez de la causa las liberó”.

No es la primera vez que Raphael altera la información y modifica datos precisos de alta relevancia para las víctimas del falso caso Wallace, que cualquier investigador o periodista podría obtener sin dificultad, más aún cuando hay un profuso trabajo publicado, desde 2014, con el que podría corroborar los datos.

Julieta recibió la notificación de su libertad absoluta el 1 de diciembre de 2009, tres años llevó su proceso, yendo a firmar cada semana a los juzgados. Murió diez meses después, el 22 de octubre de 2010, y no siete días, como lo menciona falsamente Raphael. Como prueba, su acta de defunción.

Acta de defunción de Julieta Freyre.

En ese mismo artículo, Raphael escribe en un siguiente párrafo:

“Narra César Freyre que el mismo día de la muerte de su hermana recibió en prisión visita de los emisarios de Isabel Miranda. Con burla, le informaron de la tragedia y luego lo torturaron. Aunque ya había sucedido antes, aseguró que fue peor. Se ensañaron porque sabía que su ánimo estaba quebrado” (idem).

César Freyre nunca ha dado estas declaraciones a Ricardo Raphael, porque no son ciertas del todo y porque nunca ha hablado con ningún periodista, de acuerdo con su testimonio dado solo a esta reportera. Sencillamente, porque desde que fue detenido, nadie más se ha interesado en su voz. En la tortura del 2 de octubre, César cayó en coma, porque sus torturadores necesitaban que se declarara culpable y él se resistía por lo que fueron extremadamente crueles. Todavía en junio de 2010, César hizo llegar una carta a Brenda Quevedo Cruz, dándole ánimos para que no se inculpara. La madre de Brenda aportó un fragmento de la carta a Los Ángeles Press.

Fragmento de carta de César Freyre a Brenda Quevedo.

Ese mismo mes torturaron por segunda vez a Brenda Quevedo, el 13 de octubre, y a Albert Castillo, unas horas antes. Para entonces, ya estaban preparando el reconocimiento de Isabel Miranda como Premio Nacional de Derechos Humanos. Al mismo tiempo, la periodista Anabel Hernández esperaba la edición a todo vapor de su libro Los señores del narco, donde difamaba y calumniaba además de César, a Juana Hilda González Lomelí y a George Khoury Layón, con expedientes fabricados por la misma PGR.

La hora de muerte de Julieta fue registrada a las 9:50 horas. Los agentes de la PGR, mandados por Miranda, lo sacaron del penal cerca de media noche. Sobre la tortura, César nunca habría asegurado que una es peor que otra, después de sufrirlas por cuatro años, menos a un personaje turbio que ha sido parte de la parafernalia mediática que llevó a la muerte a su hermana.

Diez años sin interés en las víctimas

Ricardo Raphael tuvo la oportunidad de entrevistar a Julieta Freyre, en vida, y a su madre María Rosa Morales, cuando salieron en libertad condicional el 31 de mayo de 2007. El tema no era menor. Dos mujeres familiares del supuesto criminal más temido del momento cumbre de Felipe Calderón en su guerra contra el narcotráfico, como se señalaba a César Freyre. Además, madre y hermana habían sido detenidas ilegalmente, en el momento de visitarlo al hotel de arraigo; las autoridades habían violado gravemente sus derechos humanos, y eran absueltas después de quince meses de prisión y maltrato. Un tema escandaloso de justicia, sin embargo, el caso no fue de interés para Raphael siendo abogado y profesor del CISEN, experto en seguridad, según su currículo.

Meses después, corriendo 2008, decidió dar voz sólo a Isabel Miranda, en el espacio televisivo que él mismo patrocinaba en Canal 11, del Instituto Politécnico Nacional. De tal suerte, que la decisión correspondía sólo a él.

En 2012, Raphael siguió apoyando a Miranda, ahora para su candidatura por el PAN a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Y del caso Wallace, no volvió a hablar hasta diciembre de 2018, a raíz de la publicación de mi libro El falso caso Wallace.

En abril de 2019, cuando intentaba evitar a través de terceros, de que no se presentara el padre biológico de Hugo Alberto Wallace en el Senado, Carlos León reclamó a Raphael las mentiras escritas sobre su familia en Tejupilco. Y Raphael, lo llamó “pederasta”, porque Isabel Miranda tenía 16 años cuando inició su relación con su primo, y 18 cuando se casaron. El único argumento que daba Raphael para evitar el testimonio público de León era que “se lo iba a comer la prensa por su parálisis facial”, cuando se trataba del testimonio que revelaba la fabricación de la “prueba maestra” de la que se sostenía el caso Wallace. Además, León también fue una víctima, amenazado por el padre y los hermanos de Isabel, quienes le prohibieron volver a ver a su hijo.

Después de la rueda de prensa con Nestora Salgado, Raphael empezó a decir en los medios que era su investigación, por lo que fue demandado bajo la acusación de plagio y daño moral.

Julieta sufría las torturas de su hermano

Julieta, veinte días antes de morir, supo de la tortura del 2 de octubre a su hermano César. Supo días después que lo habían sacado del penal El Altiplano, esa madrugada, y lo habían llevado en helicóptero a un campo baldío para torturarlo. Que su hermano había caído en coma y que estuvo en terapia intensiva. Lo que no supo fue que en el helicóptero, lo ataron de pies y manos, lo colgaron del estribo, de cabeza, y le pusieron una grabación con la voz de Isabel Miranda, con amenazas de lanzarlo vivo si no aceptaba el guion de la incriminación.

Tampoco supo Julieta, es que el día en que su madre y ella salieron de la prisión con libertad bajo caución, el 31 de mayo de 2007, los agentes de la PGR, Braulio Robles y Fermín Ubaldo, trasladaron a César al penal de Santa Martha Acatitla para que las viera a través de un cristal sin que ellas lo vieran a él. Era otra forma de presionarlo para hacerle saber que las tenían vigiladas.

César tardó cuatro años en incriminarse, lo hizo después de esta tortura. Sin embargo, el día de la muerte de su hermana, el 22 de octubre, pese a que ya se había inculpado, volvieron a torturarlo, sacándolo nuevamente del penal.

No todo fue en el sexenio de Felipe Calderón. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, el entonces comisionado Renato Sales Heredia permitió a Isabel Miranda entrar a los penales. En El Altiplano, ella participó directamente en la tortura de César, mientras lo tenían acostado y desnudo sobre una camilla en enfermería. Ella señalaba en qué lugar de su cuerpo le dieran las descargas eléctricas si no contestaba sus preguntas. La última tortura de César fue en 2017, incluso ya después estar sentenciado a 131 años de cárcel.

Julieta Freyre, víctima fatal de Miranda

Julieta Araceli Freyre Morales falleció el 22 de octubre de 2010, catorce horas antes de la segunda tortura de ese mes a su hermano César, inculpado por el falso secuestro y homicidio de Hugo Alberto Wallace. La noticia de su muerte fue parte de la tortura a su hermano.

Acusada de extorsión por Isabel Miranda, Julieta pasó quince meses en prisión, junto a su madre María Rosa Morales, en el penal de Santa Martha Acatitla, de la Ciudad de México. Las detuvieron los agentes Braulio Robles Zúñiga y Fermín Ubaldo, de SIEDO-PGR, bajo la administración de Daniel Francisco Cabeza de Vaca, el mismo día que sacaron de la casa de arraigo a Juana Hilda González Lomelí, bajo tortura sexual y psicológica, para obligarla a grabar un video en el que incriminaba a Brenda Quevedo Cruz, Jacobo Tagle Dobín, y los hermanos Albert y Tony Castillo Cruz.

Ese día, 8 de febrero de 2006, Julieta y su madre fueron a visitar a César al hotel del arraigo. Un mes antes César había sido exhibido como secuestrador y asesino en espectaculares de la empresa Showcase Publicidad, propiedad de Isabel Miranda. En su detención, el 23 de enero de 2006, participó la misma Isabel Miranda, su hermano Roberto y los agentes del Ministerio Público, y fue la primera tortura.

La libertad absolutoria de Julieta Freyre fue otorgada el 1 de diciembre de 2009. Poco después escribió una carta en la que describía el suplicio que vivieron por órdenes de Miranda. Dio fechas exactas, nombres, y situaciones sufridas. Pero no alcanzó a contar todo. Su acta de defunción especifica que falleció debido a un aneurisma roto e hipertensión endo craneana por un edema cerebral.

Carta de Julieta Freyre

 

Continue Reading

Trending