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“El estrujante e impactante relato de Rosa López Díaz”, presa en Chiapas por un delito que no cometió

Rosa López Díaz, indígena tzotzil, presa injustamente, desde 2007, en Chiapas.

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Crónica de un viaje al epicentro de la tierra

(Un estudio profundo del inconmensurable fenómeno del zapatismo)

 

Por Vinicio Chaparro

Capítulo Dieciséis

Pues creo que la crónica hasta el quinto capítulo ha sido de mucho ji, ji, ji y mucho jo, jo, jo, y mucho ja, ja, ja, pero ha llegado el momento de volver a la realidad del país y de la guerra antizapatista y preparar nuestras más amargas lágrimas y nuestra más profunda indignación por uno de los peores casos de injusticia que hayan pasado en Chiapas después de Acteal. Algún día Calderón y Sabines enfrentarán un juicio que los hará enfermarse gravemente de raras enfermedades como a Pinochet, Fujimori y Mubarak, juntos (ya vieron como estos terribles e inhumanos dictadores echaron a llorar y se enfermaron gravemente cuando enfrentaron la justicia, “Lele pancha”, nomás les faltó decir).

Pues sí, se acabó el ji, ji, ji, el ja, ja, ja y el jo, jo, jo.

Volvamos por un momento al México real.

Es conveniente aclarar primero que éste capítulo iba a ser el 16 ó el 18, pero debido a la lucha que se emprende a nivel mundial por la liberación de Rosa López, se tuvo que adelantar su publicación. Es indispensable exponer este asunto ante todos los divisionnortistas de corazón y seres afines, sólo para hacerlos reflexionar un poco sobre el fenómeno zapatista, que es el tema de esta crónica. “Ya chole con Chomsky y con los Charlies”, me advierten, ya nadie me cree que en realidad ande yo en Chiapas, los mensajes en Facebook dicen que me deje de rodeos y vuelva al tema que nos ocupaba al inicio.

Entonces, favor de abrocharse los cinturones y… se recomienda, antes de empezar la lectura, un trago de agua para enjuagar un poco la boca. Si tienen a su alcance una pastilla antiespumante (de ésas que le daban a Hulk cuando se ponía verde), les podrá ser de utilidad.

Romperemos un poco la secuencia de la crónica, porque se supone que yo todavía estoy en La Garrucha. Pero es conveniente hacer un viaje al futuro para atender esta contingencia. Ya después regresaremos a La Garrucha. Sale:

Después de los primero quince capítulos, cuando ya había regresado a Saint Christopher of the Chantes, capital del Reino Coleto, una mañana irrumpió en mi cuarto un ser extraño e italiano, con rastas al más puro estilo de Bob Marley, con el cepillo dentro de su boca, emitiendo sonidos extraños e incomprensibles para una terrible mañana de dura resaca. “Mjsnrinsoirnsuriieruyhouvenig”, escuchaba. Mi cabeza giró al más puro estilo de aquella película de El Exorcista, me incorporé a duras penas y le arrebaté el cepillo y al fin pudo decir claramente: Va a haber un viaje al penal donde están los presos zapatistas, ¿quieres venir? Así dijo. Era tan hermosa que a pesar de no haber pasado por la regadera, me confundió su pregunta. ¿Venir? ¿A dónde? ¿Cómo?, alcancé a articular, mientras recordaba todo El Kamasutra. Era muy guapa a pesar de su estilo hippie (o a la mejor por eso). Le veía sus chispeantes ojos azules pero me percaté que no existía ninguna connotación sexual en su amplia sonrisa. Pura amistad. Aquella hija rebelde de Berlusconi parecía nunca cansarse; apenas habíamos regresado de Oventik y ya me jalaba otra vez la correa.

–Simón –, le contesté más puesto que un calcetín.

–No lleves ropa azul subido, ni anaranjada, ni negra, ordenó, con su peculiar estilo de diosa romana. No es permitido entrar con esos colores, por reglas de seguridad de la prisión.

Mi única chamarra era de color azul subido así que oteé el horizonte y me enfundé en una pequeña chambrita infantil de color blanco pastel. Craso error. Pero fue lo único que encontré a la mano, porque ella ya arrancaba (pobre Corin Tellado si supiera que le estoy fusilando sus textos).

Y ahí vamos, era un remolino de actividad y caminaba aprisa. Me sentía como Jean Paul Belmondo persiguiendo, en una película de acción, a Ornela Muti o a Angelina Jolie, (la esposa de Sarkosy ya no me atraía desde que tuvo un Sarkosito). Zigzagueando peligrosamente en las angostitas banquetitas de Sancris logramos llegar al lugar donde tomaríamos una combi.

Foto: austitici.org

En el camino se encargó de explicarme que los zapatistas presos habían hecho una organización para luchar por mejores condiciones de vida y por su liberación. Que cada cinco de enero se juntaban y conmemoraban la formación de aquella pequeña organización de presos políticos cuyo lema era ¡Presos políticos, libertad! Y que se llamaba La Voz del Amate. Comprendí por qué en Italia había tantos grupos de apoyo al zapatismo. Era periodista y atendía cada manifestación del movimiento para informar a sus congéneres e hijos de Antonio Gramsci. El novato era yo.

Llegamos al penal número cinco, carretera a Ocosingo. El aire empezó a enfriar. Esperamos una eternidad, de pronto alguien me hizo el encargado plenipotenciario de dos enormes bolsas con cincuenta olorosos tamales cada una. ¡Hummm! Mi ética me impidió aprovechar el encargo. Entramos, nos recibió un sonriente chaparrito que nos daba la bienvenida a cada rato. Juan Collazo. Nos llevó a un tejabán. Empezaron a colocar unas bocinas y entonces hubo muchas palabras de bienvenida y la rifa de una hamaca se estimuló con devoción. Yo tenía el 67.

Nos juntamos alrededor de ellos, los sonrientes presos políticos, más de 100 personas, todos los amatenses nos saludaban con tremendos abrazotes de oso, nos querían levantar en vilo. ¡Chihuahua!, me decían luego. Saludos a todos los compas de allá. Hasta que me cansé de tantos chihuahuas. Sigilosamente me acomodé lo más cercano a las bolsas que custodiaba. Temía que se enfriaran y dejaran de emitir aquél peligroso humo tóxico que exaltaba mi sentido del olfato.

Y empezó la pachanga. Porque era una pachanga ¡adentro del penal! ¿Se imaginan?

Entonces se hizo una lista de participantes, mientras la rifa de la hamaca avanzaba lenta. Y hubo discursos donde nos explicaron toda la lucha de La Voz del Amate, el traslado de su líder, Alberto Patishtán, a un penal de Sonora para castigarlo por haberse atrevido a formar ese grupo y por organizar una huelga de hambre.

La garganta era aclarada a cada rato por los participantes de mi alrededor. Luego hizo su entrada triunfal el ánimo, al ritmo de El Olmeca, un agradable y platiador californiano hiphopero e irreverente que puso a todos los prisioneros que se agolpaban para apreciar el evento, a aplaudir a ritmo de hip hop. –Pin.. Olmeca, es un encanto–, decía Caro, una amiga vasca; del País Vasco, no de España, presumía.

Luego los charangos de hermosas y greñudas trovadoras deleitaron al público prisionero, como sólo una vez al año. Los aplausos y el ánimo corrían a borbotones. Los tamales se enfriaban peligrosamente. Un italiano, chapito, fortachón y fan del club de fútbol Roma, encabezaba las consignas con fuerte voz que era seguida por muchas otras, nomás retumbaban los muros de la prisión ¡Presos políticos, libertad!, lo admiré a pesar de que le iba al Roma. Era el día más feliz del año para cientos de prisioneros videntes. Pero llegó el momento en que los presos políticos empezaron a contar sus testimonios. La sangre se agolpó en el cerebro de los visitantes y por un rato se nos olvidó la rifa de la hamaca.

Rosa López Díaz

Y fue entonces que la vi. Delgada, morena, frágil, su cara sonriente pero con un rictus de dolor, de injusticia, pintado en sus ojos. Me impactó. Empezó a hablar; primero, con voz débil, el ingeniero de sonido le subió dos rayitas al aparato, y nos contó todo, (Rosa, no el ingeniero): cómo había sido apresada por un crimen que nunca cometió, cómo tuvo que confesar su supuesto crimen cuando sus captores pretendían violarla. ¡Estoy embarazada!, gritaba.

Que aceptó el crimen que se le imputaba para evitar semejante acto de barbarie. Que su hijo, por efecto de los golpes nació con severas secuelas que lo incapacitaron de por vida. Que cuando hicieron la huelga de hambre para exigir mejores condiciones de vida en la prisión, se lo quitaron y de pronto le informaron que su hijo había muerto, por negligencia médica. Echó a llorar, se secó mi garganta, me volteé y me alejé un poco del lugar, para no mostrar mis lágrimas de dolor. ¡Ahí donde haya una injusticia…!, recordaba las palabras del Ché. Claritas.

El sol era fuerte pero algunas nubes lo tapaban de pronto y el frío hacía estragos con mi epidermis. Jalaba mi chambrita para tapar un poco mi piel de gallina. Rosa me había dejado impactado. Quisiera dejar el relato para publicar algo tomado de un sitio de Internet que lucha por la liberación de Rosa López, e incitar a los mexicanos sensibles a la tortura humana, a firmar la carta de ese sitio para pedir la liberación de aquella rosa, que el régimen represivo mexicano ha pretendido deshojar.

Saquen el paño o los Kleenex y sacudan vigorosamente las narices, antes de empezar.

El siguiente es un texto tomado del muro de Bertha Gutiérrez (Birdie). Consúltenlo, se lo recomiendo.

Rosa López Díaz es una mujer indígena (tzotzil), nacida el 2 de diciembre de 1978, presa en Chiapas, México, desde el 10 de mayo del 2007 por un delito de secuestro que jamás cometió. Se le detiene junto con su compañero Alfredo López, y durante las primeras horas se le somete a tortura sexual y a otros tipos de tortura con el fin de arrancarle la autoinculpación. Rosa enfrenta una sentencia de 27 años y 6 meses en la cárcel nº5 de San Cristóbal de Las Casas.

La historia de su detención es escalofriante. A causa de la tortura, como estaba embarazada, tuvo a su hijo 5 meses más tarde, pero Natanael nació con parálisis cerebral. Así lo relata ella:

“Fue lo más triste de mi vida de mujer, jamás podré olvidar los rostros de las personas que me golpearon injustamente. Lo más doloroso de mi vida es que en esa tortura yo me encontraba embarazada de cuatro meses. En cierto momento sentí que alguien se me echó encima, intentando violarme. En ese momento no pude más y dije: ¡no me violen, estoy embarazada!, y entonces uno de mis agresores me dice: “Si dices que lo hiciste, no te hacemos nada”. En ese momento fue que les dije que sí, que había secuestrado a la muchacha, aunque es totalmente falso”.

“Después di a la luz a un niño que tiene por nombre Natanael López que nació enfermo con parálisis cerebral, además de deforme de cara y sin movimientos en su todo cuerpo. Los doctores le dijeron a mi madre que el niño nació enfermo por la tortura que recibí cuando me detuvieron”.

Por si no es suficiente, justo 4 años después del nacimiento de Natanael, en octubre de 2011, en plena huelga de ayuno y hambre protagonizada junto con sus compañeros de lucha en la cárcel, Natanael fallece por negligencia médica en los hospitales de Chiapas. Un hecho así no es posible digerirlo.

Ahora Rosa convive con su otro hijo, el pequeño Leonardo, de tres años. Con el paso del tiempo, y a través principalmente del contacto que establece en prisión con el profesor indígena Alberto Patishtán Gómez, ha ido tomando conciencia política de su situación y de la lucha por los derechos humanos de todos los presos injustamente encarcelados, que en un país como México, son la inmensa mayoría.

Rosa está resistiendo, a pesar de tener un delicado estado de salud como varios de sus compañeros, manteniéndose activa y organizada junto con los compañeros de lucha adherentes a La Otra Campaña del EZLN en las organizaciones de La Voz del Amate, Solidarios de la La Voz del Amate y Voces Inocentes, sus nombres son: Alberto Patishtán Gómez, Rosario Díaz Méndez, Pedro López Jiménez, Alfredo López Jiménez, Juan Collazo Jiménez, Alejandro Díaz Santis, Enrique Gómez Hernández y Juan Díaz López.

Foto: Enlace Zapatista

Bueno, espero que les haya impactado el texto. Les decía que ese sitio de Internet está promoviendo la liberación de Rosa López, creemos que es conveniente recomendar apoyar esa causa. Así como la liberación de todos los demás presos políticos.

Por lo que respecta al evento en la prisión, las cosas se pusieron tensas después de los testimonios, pero el reparto de café y tamales (que ya no sabían igual) nos regresó a la pachanga. Hubo más músicos participantes y luego la rifa de la hamaca, el 69 fue el premiado (casi, pensé) y al final se juntaron todas las charangueras y cantaron una larga versión de La Bamba, la más larga que he escuchado, hasta que nos pidieron abandonar el lugar.

El frío (iba en la caja de una camioneta) y la impresión me llevaron a San Christopher hecho paleta, de shock por lo vivido. Y no quise dejar de platicárselos a ustedes, frenéticos leedores de La Crónica de un viaje al epicentro de la tierra. Para compartir mi dolor. ¿Cómo puede ser posible que existan esta clase de injusticias? ¿En qué clase de país vivimos?

Y colorín, colorado.

 

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La banalización del lenguaje neofeminista sobre asesinos seriales en México: el caso de Atizapán

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Por Alberto Farfán

Siempre ha sido tema de discusión la forma en que algunos medios de comunicación, sobre todo impresos, tratan las noticias relativas a asesinatos. Y son los medios amarillistas los que en general resaltan por el uso de palabras viciadas para adjetivar o describir dichos crímenes, con el objetivo de generar mayor morbosidad entre sus lectores y con ello obtener un mayor número de ventas.

En la actualidad, se dice que no se debe estigmatizar a un posible delincuente con adjetivos que vulneren su integridad y derechos humanos. Además de que en todo momento se incluirá la grafía “presunto”, pues sólo existe la suposición de que cometió algún delito que le ha sido imputado, pero que aún no se le ha comprobado jurídicamente.

Curiosamente, a nuestro juicio, dicha visión no guarda relación con el discurso de las neofeministas, aquellas que predican la doctrina de género de forma radical e intransigente, cuyo soporte apela siempre al lenguaje, tanto en la esfera morfológica, así como en el plano semántico.

A este respecto (siguiendo a Reporte Índigo en su web), consideremos el caso del presunto asesino serial de mujeres de Atizapán de Zaragoza del Estado de México, Andrés “N”, de 72 años, originario de Oaxaca y miembro activo del equipo de campaña del candidato a la presidencia municipal de la entidad por parte de la coalición Vamos por el Estado de México (PRI, PAN y PRD), quien fue detenido en días pasados por el presumible asesinato de Reyna, cuyo cadáver fue encontrado en su domicilio al momento de la intervención de la policía, sujeto que al parecer al ser asegurado por la autoridad ministerial confesó haber acabado con la vida de más de 30 mujeres durante los últimos 20 años.

Denominado por los medios como el “Monstruo de Atizapán”, las neofeministas de un grupo de Twitter han puesto de manifiesto que no se debe utilizar el concepto de “monstruo” para designar a Andrés “N”, pues según ellas: “Andrés Mendoza no es un monstruo, dicho por quienes lo conocen, es un hombre ‘bastante normal’, y en un país con 12 feminicidios diarios sí lo es. No es un monstruo, es un hombre que odia a las mujeres y que por 20 años las estuvo asesinando en completa impunidad”.

Así las cosas, añade Marisol Calva, secretaria de la Comisión de Redes Sociales de Movimiento Ciudadano (adversario de Vamos por el Estado de México), quien afirma a los medios: “No son los monstruos deshumanizados. Son hombres con vidas normales que son vecinos, colaboradores, amigos y hasta militantes de partidos. Es lo más peligroso de todo, están entre nosotros, asesinando mujeres como deporte. Aquí un feminicida serial”.

En síntesis, para estas neofeministas si a los asesinos seriales se les cataloga como “monstruos”, no se les estigmatiza, sino más bien se les deshumaniza, restándoles responsabilidad en sus crímenes, pues no son personajes de ficción o algo parecido; al contrario, son hombres que odian a las mujeres y las asesinan por deporte: feminicidas seriales y punto.

Como bien se observa, la trivialización del hecho que comentamos se inicia cuando estas neofeministas se aferran a su esgrima verbal ideológica de que hablábamos, para ponerla, en última instancia, al nivel de la gravedad de los feminicidios en sí. Pues debido a su intransigencia se les olvidó revisar en principio cuál es el significado de “monstruo” para la Real Academia de la Lengua Española. Y aunque de las siete acepciones sólo una habla de un ser fantástico, todas las demás se sintetizan en la siguiente: “Persona muy cruel y perversa”.

En conclusión, partir de una cuestión semántica retorcida, hablar de “deporte” sin decoro alguno y evitar el vocablo “presunto” a la aseveración “feminicida serial”, no es más que banalizar los supuestos crímenes de Andrés “N”, degradando la importancia de las muertes aún no comprobadas jurídicamente de las mujeres víctimas de este sujeto. Tanto es así, que este texto ─como otros más ya publicados─ también se centró en el lenguaje que invisibiliza los feminicidios. Pero conscientemente lo he redactado de esta forma para poner en evidencia al neofeminismo que nada aporta en nuestros días.

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Censura en la era de la estupidez: el caso de Charles M. Blow

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Por Alberto Farfán

Todo pareciera indicar que estamos viviendo bajo el manto de la era de la estupidez. Basta con observar que frente al importante margen de libertad en que nos vemos inmersos nos comportamos de manera peculiar –por decirlo de una manera menos drástica–, pues esa misma libertad la utilizamos para censurar, prohibir, cancelar, eliminar aquello que se considera políticamente incorrecto.

En los últimos días a través de los medios de comunicación hemos podido conocer que incluso las caricaturas que todos hemos visto alguna vez van a ser objeto de censura porque afectan supuestamente a las nuevas perspectivas de integración y/o cohesión social.

Así, Pepe Le Pew, Speedy Gonzales, The Flintstones, Pucca, Betty Boop, Johnny Bravo, entre otros dibujos animados, han sido puestos en tela de juicio tanto por la industria del entretenimiento como por diversas voces, pero sobre todo por los ya inevitables usuarios de redes sociales, siendo ellos una parte importante de la llamada generación de cristal, pues todo les molesta. Considerando por lo tanto que deben suprimirse por completo tales cartoons.

Es conveniente agregar que esta polémica se debe al columnista de The New York Times, Charles M. Blow, quien escribió, entre otras cosas, que a su parecer el actuar del personaje Pepe Le Pew contribuye a la “cultura de la violación”. Recordemos que Pepe Le Pew es un zorrillo con muy mal olor, quien se encuentra enamorado de Penélope, que es una gatita de color negro, que accidentalmente le cayó pintura blanca en su lomo, dándole apariencia de un zorrillo. Ella lo rechaza una y otra vez tanto por su olor como porque no son de la misma especie. Pero él como buen enamorado insistirá siempre en conquistarla. ¿Realmente esto nos llevaría a cometer una violación? Yo no lo creo.

A su vez, Blow asevera que la caricatura del ratón Speedy Gonzales fomenta los pensamientos racistas sobre los mexicanos. A este respecto, conviene evocar que las aventuras del “ratón más veloz de todo México” consistían en enfrentar a sus némesis, el gato Silvestre y el pato Lucas, pues ellos agredían a los demás ratones y Speedy intervenía exitosamente para salvarlos. Si bien este dibujo animado se encuentra estructurado con ciertos estereotipos, ¿el que un ratón siempre gane la batalla nos conduce al racismo?

Desafortunadamente el columnista nunca ofrece elementos de juicio objetivos para sustentar sus tesis y con ello poder responder punto a punto a su postura. De modo que, por consiguiente, cualquiera puede afirmar lo mismo que él. Todo en aras de la corrección  política. ¿Pero quién le concedió a este tipo de periodistas el carácter de juez, jurado y verdugo para decidir sobre lo que es “políticamente correcto” para todos?

Peor aún, he notado que estos personajes que se constituyen en el nuevo Santo Oficio del siglo XXI suelen caer en una especie de doble moral, pues lo que les llamó la atención desde una óptica totalmente subjetiva lo critican y piden su censura, pero cuando se trata de otras expresiones “artísticas” evidentemente objetables no dicen nada.

Como por ejemplo –aclarando que el que esto escribe no es un mojigato–, el baile que llaman los jóvenes “perreo”, en el cual las mujeres se frotan a los varones en posición cánida simulando tener relaciones sexuales. Otro ejemplo, las letras de las canciones del género reguetón, en donde el afán de obtener un coito es explícito, empleando un lenguaje totalmente soez.

De este modo, tenemos a los miembros de la corrección política de doble moral y por otro lado a los jóvenes de la generación de cristal, los cuales en círculo vicioso se conjugan y alimentan unos con otros, fomentando lo que nos indica la Real Academia Española respecto a la estupidez: “Torpeza notable en comprender las cosas”.

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Stephen King y el escapismo literario

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Por Alberto Farfán

No cabe duda de que en ocasiones en una entrevista el personaje a interrogar desliza involuntariamente ciertas verdades que lo colocan en el sitio que mejor le corresponde. O quizás al contrario, se define tal y como considera que es en realidad, sin importarle las críticas que puedan surgir por ello.

Acaso el best seller número uno de la Unión Americana, Stephen King es un prolífico escritor que ha publicado alrededor de 61 novelas, siete libros de no ficción y cerca de 200 relatos y novelas cortas. Y por toda su obra se estima que ha vendido más de 350 millones de copias.

Generalmente se le sitúa como un autor de historias de terror. Pero en entrevista concedida a The Associated Press (25/02/21), no rechaza abiertamente tal indicación, sin embargo, responde diciendo que lo pueden encasillar como quieran.  “Mi idea es contar una buena historia, y si cruza ciertos límites y no encaja en un género particular, está bien”. Y resulta interesante que él mismo lo afirme pues en realidad al analizar con detenimiento sus obras más representativas sólo se observa eso, que nos relata una simple historia, no una ficción de terror.

Pensemos en Carrie, The Shining y en Misery, la estructura de estas tres novelas es lineal, el discurso narrativo es sumamente elemental y en lo absoluto complejo, los personajes obedecen a estereotipos, se exagera en las historias –sin fortuna alguna– para anular las escenas previsibles y no hay profundidad acerca del entorno de los personajes ni sobre sí mismos. Todo lo cual, en suma, nos entrega tres libros de factura puramente comercial para un público nada exigente y conformista. No por nada los críticos y académicos estadounidenses de notoriedad omiten a King de la alta literatura.

No obstante, hay que mencionar que estas obras en formato cinematográfico sufren una metamorfosis por demás inquietante y plausible. Es decir, como películas son bastante aceptables y dignas de verse. ¿Cuáles serían las razones? En el caso de Carrie, que el director fue el enorme Brian De Palma y por las extraordinarias actuaciones de Sissy Spacek (Carrie White) y Piper Laurie (Margaret White), madre e hija, respectivamente.

The Shining cobra relevancia por su director, el magistral Stanley Kubrick, y la incomparable interpretación del inigualable Jack Nicholson como protagonista. Y en Misery, sin duda alguna, la participación de la actriz Kathy Bates, quien como personaje principal realiza un trabajo perversamente perfecto.

De este modo, podríamos afirmar que al rehacer las obras de mediano nivel literario de King por verdaderos creadores de historias visuales y por excelentes actores de personajes memorables, todo cambia de manera favorable para un público más exigente y difícilmente condescendiente.

De ahí que sea sumamente revelador que Stephen King en el marco de la entrevista sobre sus pasiones como la política y sucesos de actualidad, pero sobre todo al referirse a la literatura y la política, estime lo siguiente: La ficción ha sido un “escape” de la política, no un foro. Y claro, si es sólo un escape, ¿por qué no seguir escribiendo pésimos best sellers? ¿Por qué no continuar enriqueciéndose sin aportar nada para el pensamiento reflexivo de sus lectores? Una posición apolítica siempre es política.

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