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El engaño, un estado de la mente y la mente de un Estado

El Estado es para Umberto Eco el principal productor de mentiras para mantener apaciguada a los gobernados, nos recuerda el autor Miguel Angel Rivera

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El escritor Umberto Eco, en su casa en Milán. Foto: revistaenie.clarin.com

El escritor Umberto Eco, en su casa en Milán. Foto: revistaenie.clarin.com

Miguel Alonso Rivera Bojórquez*

La mentira y la manipulación de la percepción social existen desde el origen mismo de la humanidad. Los códigos de ética resplandecen como catálogos de buenas intenciones, igual que los principios que ostentan falsamente empresas sinvergüenzas o proyectos engañosos.

La historia, que después de todo la escriben los vencedores a como se les pega en gana, se encuentra llena de lagunas o de episodios apócrifos. Sin embargo, prevalece en el ser humano la duda y la búsqueda de la verdad. Todavía existen sabuesos desconfiados, periodistas que sueñan con revelar las mentiras y corruptelas del poder político.

Pero la búsqueda de la verdad y de la justicia tiene un precio que lamentablemente muchas veces se paga con la vida. Al poder no le interesa la luz sino la oscuridad. Los corporativos de medios, los fabricantes de noticias, están al servicio del poder. “Las noticias no hacen al periódico sino que el periódico hace las noticias”, dice Eco en su última novela.

La circulación ya no mantiene un medio impreso. Se ocupa de benefactores. Los medios viven de la publicidad y del sensacionalismo. Los criterios editoriales obedecen a intereses. Qué es lo que hay que decir, o qué es lo que hay que callar, cómo, cuándo, por qué y para qué, en beneficio y perjuicio de quiénes.

El escritor y filósofo italiano Umberto Eco tiene actualmente 83 años (nació en 1932) y es catedrático experto en semiótica, ciencia que estudia los signos como instrumentos de comunicación en sociedad. En 1980 salió a la venta la novela que lo catapultó a la fama: El nombre de la rosa. Después fueron publicadas sus novelas El péndulo de Foucault, La isla del día de antes, Baudolino, La misteriosa llama de la Reina Loana, El cementerio de Praga y este año, Número cero.

Ha cultivado también otros géneros como el ensayo, donde ha sido prolífico. Es miembro del Foro de Sabios de la Mesa del Consejo Ejecutivo de la Unesco y Doctor Honoris Causa por treinta y ocho universidades de todo el mundo.

Eco nos cuenta, en Número cero, la historia de un escribano que participa en la creación de Domani, un diario que pretende deformar la realidad y ejercer el chantaje. Cualquier semejanza con un periódico en el que usted identifique alguno de estos rasgos… no creo que sea mera coincidencia. Colonna, que tal es el nombre de este escritor fracasado, personaje central de la novela, sueña con lo que sueñan todos los perdedores: con escribir un día un libro que le dé gloria y riqueza.

En la búsqueda de convertirse en un gran escritor, este personaje ya la hizo de “negro” o ghost writer (escritor fantasma), lo que hacen muchos escribanos, algo parecido al “parador” en la cárcel. Un escritor fantasma es como la mujer que alquila su vientre para la gestación de un bebé que ya le es ajeno antes de parirlo. Un “parador” es aquel que, muchas veces teniendo todos los años del mundo por condena, asume las culpas de delitos cometidos por otros en prisión, a cambio de un pago.

Colonna ha reflexionado que el placer de la erudición está reservado a los perdedores. “Cuando vives cultivando esperanzas imposibles, ya eres un perdedor. Y cuando te das cuenta, te hundes”, confiesa Colonna, el protagonista de Número Cero.

La historia gira en torno a la promesa de un diario -financiado por el Commendatore Vimercate a través de un tal Simei- que arma un equipo de redactores y desea también que Colonna le escriba un libro. Por supuesto, el crédito será de Simei. “En vista de que ambos somos hombres sin atributos, acepto el pacto”, dice Colonna. Hablan de homogeneizar el estilo y hablar el lenguaje del lector, nada de palabras rebuscadas.

En la historia aparecen diversos personajes; uno particularmente importante es Braggadocio, el periodista detectivesco, quien confiesa que su padre lo acostumbró a no creer las noticias a pie juntillas. “Los periódicos mienten, los historiadores mienten, la televisión miente. Vivimos en la mentira y, si sabes que te mienten, debes vivir instalado en la sospecha”, dice.

Después de hablar con Braggadocio, cualquiera tendrá la seguridad de que hay alguien a sus espaldas que lo está engañando. Las sospechas nunca son exageradas. Sospechar, sospechar, solo de este modo se encuentra la verdad. ¿No es esto lo que dice la ciencia que hay que hacer? En las juntas editoriales se planea introducir a un hombre de la calle en una noticia, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos.

Se puede suponer que un periodista da voz solo a quien piensa como él, por lo que las declaraciones deben ser dos, en contraste entre ellas. Al lector se le induce a aceptar la opinión más convincente. El lector siempre se identificará con el texto que apunta a alguien o algo, con el que indica responsabilidades.

“No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Las noticias las hacemos nosotros, y hay que saber hacerlas ver entre líneas”, sentencia Simei, director de Domani, un hombre sin escrúpulos. Para hacer frente a un desmentido, asegura Simei, es mejor limitarse a insinuar en lugar de pregonar datos que alguien podría cotejar. Insinuar no significa decir algo preciso, sirve solo para arrojar una sombra de sospecha sobre el desmentidor.

Para rebatir una acusación, también, no es necesario probar lo contrario, basta deslegitimar al acusador. “Nadie es nunca integérrimo (superlativo de íntegro) al cien por ciento”.

Hay temas que hay que tocar a la fuerza y aventurar hipótesis que en pocos días pueden ser desmentidas, eso es un riesgo que un periódico verdadero tiene que correr. Número Cero juega con eso porque es un periódico que no existe y nunca saldrá un ejemplar a las calles.

Ante la indiferencia hacia la contaminación del mundo, propone Cambría, miembro del consejo editorial: si se difundiera la idea de que contaminar no solo perjudica a las ballenas sino también al falo (perdonen el tecnicismo), creo que asistiríamos a repentinas conversiones al ecologismo.

Al enamorarse de Maia, nuestro personaje suelta: “No hay mayor éxito que el ameno encuentro de dos fracasos”. Maia, joven, inquieta y antojable, es la encargada de los chismes faranduleros, horóscopos y esquelas del periódico. Su experiencia le permite ubicar a los dolientes a látere, esos a los que les importa un bledo el difunto y su familia, pero que usan la esquela como name dropping, para decir: yo también lo conocía. Aunque esto último, muchas veces, tampoco sea cierto. Se trata de esos que compran esquelas con especial gusto en las muertes “importantes”.

Estas definiciones es preciso hacerlas porque el mundo de la apariencia y de la percepción, simular o fingir ser lo que no se es, resulta frecuente:

A látere, dícese de los legados extraordinarios que el papa envía escogidos entre sus cardenales.

Name-dropping (soltar nombres) es la práctica de mencionar a personas o instituciones importantes con el propósito de impresionar a otros.

Una persona usa el name-dropping con el objetivo de posicionarse dentro de cierta jerarquía social. Se usa continuamente para crear una sensación de superioridad al elevar su propio status, pero se trata de una falacia, una mentira.

Al implicar un lazo con una persona de alto status, esta persona espera levantar su propio status social a un nivel más cercano a aquellos cuyo nombre ha mencionado, situándose por tanto por encima, o igualando el status de sus interlocutores.

La frase del jefe del periódico: “Señores, estamos haciendo periodismo, no literatura”, nos recuerda la eterna frontera. La lección final es que los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar.

En este peregrinar de intereses y pensamientos, la novela nos indica que evidentemente, ha empezado la operación retorno y sobre todo, pedir perdón: la iglesia anglicana le pide perdón a Darwin; el estado de Virginia pide perdón por el drama de la esclavitud y, entre otras cosas, el papa pide perdón a Galileo, aunque no debe decirse que la Iglesia ha reconsiderado sus antiguas posiciones sobre la rotación de la Tierra.

El escándalo como materia prima es otro asunto a considerar en un periódico: schadenfreude es una palabra del alemán que designa el sentimiento de alegría creado por el sufrimiento o la infelicidad del otro. Es este el sentimiento que un periódico tiene que respetar y alimentar. Es el sensacionalismo, el amarillismo; es una tendencia iniciada por Joseph Pulitzer, la cual debe su nombre a un personaje de caricaturas que simbolizaba el exceso: el chico amarillo. Paradójicamente, Pulitzer estableció el premio de excelencia periodística que hoy todavía lleva su apellido. Hay quienes aseguran también que el término “amarillismo” se debe a que las hojas de los periódicos con el tiempo se hacían amarillas.

Volviendo a la historia de Número Cero, que gira en 1992, hay una parte donde Maia exclama: “Pero las cosas están cambiando; quizá dentro de diez años un gay podrá decir que es gay sin que nadie se inmute”.

Simei habla de las manzanas podridas en los partidos políticos y de las comisiones ilegales, sugiere advertir de una posible campaña contra los partidos, proponer un partido de los honrados, y un artículo de fondo sobre la honradez, la posibilidad de un partido de ciudadanos capaces de hablar de una política distinta.

En tales escenarios surgen vanos intentos por hacer periodismo; los redactores ven frustrados sus intentos y piensan en denunciar la farsa, pero ¿dónde? Lamentablemente, todos los periódicos son de la misma calaña y se protegen unos a otros.

Colonna tiene charlas estimulantes con Braggadocio quien le advierte: “El engaño es un estado de la mente, y es la mente de un Estado”.

Por supuesto, Braggadocio investiga cómo el poder hegemónico ha deformado la historia a través de la Operación Gladio y una serie de hipótesis conspiratorias desde la Segunda Guerra Mundial. Sostiene que las pruebas de su investigación demuestran que Mussolini, el dictador italiano, no murió asesinado en 1945, sino que pudo huir a Argentina con el apoyo de los aliados y que el cuerpo exhibido fue de otra persona. Cuando estaba a punto de concluir esta investigación de manera personal, junto con otra indagación sobre prostíbulos que le habían encargado en la redacción, es asesinado y el periódico también muere, antes de nacer.

Del inesperado idilio de Colonna con Maia, veinte años más joven, surge una nueva vitalidad y comparten sus pensamientos mientras escapan de la muerte. El caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias. Hay cosas de las que la prensa apenas habla y la opinión pública se entera vagamente meses después.

La cuestión es que todo lo que sabemos es falso, deformado, vivimos en el engaño. Nunca hay que creer lo que nos cuentan. Quizás sea también porque la gente quiere milagros, no escepticismo radical chic.

Lo peor es que siempre existirá quien quiera silenciarlo y eso represente la muerte de un periodista, como en esta historia. Las historias existen pero son borradas de la mente colectiva. Siempre hemos sido un pueblo de puñales y venenos. Estamos curados de espanto ante cualquier historia nueva que nos cuenten.

Los soñadores, enamorados y frustrados, al final piensan en buscar un país, o quizás un estado, donde no haya secretos y todo se desarrolle a la luz del sol.

Quizás esta reflexión -que se asemeja a una realidad que nos lastima a todos- tampoco sea una mera coincidencia, porque no parece existir tal esperanza en una sociedad acostumbrada a perder la vergüenza cuando los delincuentes –así lo escribe Umberto Eco- cuentan sus fechorías como esperando una medalla, aflora la corrupción autorizada, los mafiosos en el parlamento, y el ladrón o el defraudador fiscal en el gobierno.

 

*E-mail: correo@miguelalonsorivera.com

https://twitter.com/Miguel_A_Rivera

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Los sobrevivientes de la milenaria lengua Tu’un savi

Kau Sirenio

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La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes tu’un savi escribir, transcribir y divulgar su literatura, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística

Por Kau Sirenio

En el fondo de la montaña de Puebla, Oaxaca y Guerrero se pinta el arcoíris con la lluvia que sopla el viento del sur. Ahí, entre el colorido de la vestimenta de las mujeres Ñuu Savi (mixteca) y la música tradicional se forma el espiral de la lengua tu’un savi de un pueblo que se niega a morir. A pesar de los años, aún sobreviven los hablantes de esta lengua milenaria que resisten en todas las trincheras para no desaparecer ni quedarse en el olvido.

Durante muchos años, era impensable que las comunidades indígenas usaran su usanza en fiestas o que desfilaran en las calles para celebrar el día internacional de lengua materna, así ha sido siempre, maestros bilingües tratan de recuperar la memoria cultural de sus comunidades, sin embargo, no todos lo hacen, el miedo al rechazo aún es mayor.

En 2019, se celebró en San Luis Acatlán el encuentro de hablantes de tu’un savi, ese día, cientos de niños y jóvenes salieron a las calles para gritar que ahí están y que su lengua materna aún vive y que pueden cantar y gritarlo, durante el recorrido los muchachos bailaron al compás de las bandas tradicionales que no pararon en tocar piezas Ñuu Savi.

La fiesta era emotiva, sin embargo, algo faltaba en la pachanga Ñuu savi, a pesar de que los directivos permitieron que sus alumnos desfilaran, pero solo fue para los hablantes, mientras que los niños y jóvenes mestizos no tuvieron la oportunidad de convivir con sus compañeros que negaban su identidad en salón de clase.

Esta ciudad fundada por el español Pedro de Alvarado en 1522, de inmediato se convirtió en el sexto ayuntamiento de la Nueva España. De ese linaje “español” San Luis Acatlán cargó con sus prejuicios durante años sin reconocer a la población indígenas que la compone: Ñuu Savi, Me´phaa (tlapaneco) y nahua, a los que siempre llamaron como “huanco”, “indio”, “montañeros”, entre otros motes que les ponían a los indígenas que bajaban a mercar cada domingo.

La carga racista en este municipio no ha cambiado en lo absoluto, los partidos políticos se opusieron para que los pueblos indígenas eligieran a sus autoridades por usos y costumbres, es más hicieron contra labor a la consulta que el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de Guerrero (IEPC-Guerrero), llegaron al grado de usar a los líderes indígenas para desinformar a la población los pros y los contras de la elección por uso y costumbres.

A pesar de todo, el IEPC-Guerrero, encontró que hay un 65.2 por ciento de población indígenas y sobreviven las lenguas maternas en barrios y colonias de la cabecera municipal. A pesar de los datos duros que se tienen, el ayuntamiento no cuenta con información en lengua materna y mucho menos espacios culturales que promuevan la identidad cultural lingüística.

Los funcionarios de la alcaldía dan por hecho que no necesitan intérpretes o difusión de información en lengua materna porque tienen trabajadores que hablan su lengua madre, sin embargo, nada está resuelto porque en San Luis Acatlán, lo que menos quieren los indígenas es aceptarse como tal para no ser discriminados.

Lo que debe de preocuparse que, en diez años, la lengua pierde portadores o los padres de familia prefieren enseñar a sus hijos a hablar el español, lo triste de todo es que de 6.6% hablantes de lenguas indígenas en 2010 bajó a 6.1% en 2020.

Así las cosas, a 21 años de que la Unesco declaró el Día Internacional de la Lengua Materna, no ha cambiado nada, no hubo cambio de fondo en el sistema educativo, la educación intercultural bilingüe, en nivel básica continúa con el mismo esquema “castellanizante”, porque solo se enseña la lengua materna en el aula por unas cuantas horas, aún peor, los profesores son analfabetos de su propia lengua.

El activismo lingüístico debe continuar desde todas las trincheras, porque es necesario repensar la política pública dirigida a las poblaciones indígenas. Porque no basta con celebrar cada 21 de febrero, para desempolvar la ropa tradicional, pero al día siguiente se guardan y los hablantes se enmudecen para no dar explicaciones si hablan una lengua o un dialecto como se educó durante años para enterrar las lenguas maternas que aún florecen en las comunidades indígenas.

Por lo pronto, los maestros Ñuu Savi deben reclamar el espacio para hablar y escribir tu’un savi, y generar condiciones para que la música, la poesía, el teatro, el periodismo, la literatura y el discurso ceremonial se repitan en tu’un savi.

La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes escribir, transcribir y divulgar la literatura en tu’un savi, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística.

Fuente original: piedepagina.mx

 

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El Estado español encarcela al rapero Pablo Hasél por críticas al sistema

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

El español Pablo Rivadulla Duró (1988), conocido en el ambiente musical como Pablo Hasél, es un rapero de izquierda que se asume antifascista y ha adoptado el compromiso con sus composiciones en video y mensajes a través de la red social Twitter en denunciar y poner en tela de juicio a los poderes monárquicos, políticos, jurídicos y policiacos de su país.

Y debido a 64 tuits (de 2014 a 2016) y una canción (publicada en YouTube), en donde pone de manifiesto su rechazo a los excesos del poder, ha sido sentenciado a prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona y contra las instituciones del Estado, por lo que deberá someterse a nueve meses de prisión, seis años de inhabilitación y al pago de casi 30,000 euros de multa (es decir, más de 700 mil pesos mexicanos).

Por ello, más de 200 personalidades del cine, la televisión, el teatro y la música, entre ellos Joan Manuel Serrat, Javier Bardem y Pedro Almodóvar, emitieron un manifiesto en favor de Hasél, rechazando de manera tajante su reclusión en prisión y planteando la solicitud de eliminar del Código Penal ese tipo de delitos, “que no hacen sino cercenar el derecho, no sólo de libertad de expresión, sino de libertad ideológica y artística”, tal y como sucede en países como Turquía o Marruecos

Pero van más allá los firmantes al argumentar lo evidente bajo un Estado autoritario:  “el encarcelamiento de Pablo Hasél hace que la espada de Damocles que cuelga sobre la cabeza de todos los personajes públicos que osemos criticar públicamente la actuación de alguna de las instituciones del Estado se haga aún más evidente. Es necesario que se difunda esta situación a nivel internacional, para poner de relieve en qué situación nos encontramos. Somos conscientes de que, si dejamos que Pablo sea encarcelado, mañana pueden ir a por cualquiera de nosotros, así hasta conseguir acallar cualquier suspiro disidente”.

Más aún, la organización Amnistía Internacional se ha pronunciado en el sentido de que el encarcelamiento de Hasél por sus expresiones artísticas es una injusticia, y hace un enérgico llamado al Estado español para que realice una reforma al Código Penal con respecto a ciertos artículos que vulneran el derecho a la libertad de expresión.

“Nadie debería ser procesado penalmente sólo por expresarse en redes sociales o por cantar algo que pueda ser desagradable o escandaloso. No se pueden penalizar expresiones que no incitan de manera clara y directa a la violencia. Si no se modifican estos artículos se seguirá silenciando la libertad de expresión y coartando las manifestaciones artísticas”, subraya Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España.

Incluso en favor del cantante y también poeta se expresó asimismo la diputada del Parlamento Europeo para Dublín, Clare Daly: “Mañana, el rapero catalán Pablo Hasél irá a la cárcel por sus letras. ¿Dónde está el llamado a sancionar a España?” Todo lo cual en el marco de la discusión por amonestar a Rusia debido al arresto de un disidente de ese país, en donde Daly evidencia la hipocresía de los congresistas de ser rígidos contra Rusia pero blandos con países como España o Estados Unidos al violar los derechos humanos de sus ciudadanos.

En definitiva, Pablo Hasél no es más que una víctima del autoritarismo de Estado que rige en España, en donde los excesos del poder son públicos y evidentes, basta revisar algunos medios de comunicación para corroborarlo. Él no miente, sólo dice la verdad de manera visceral.

Y este martes, 16 de febrero, ha sido consumada la ignominia. Ha sido aprehendido por los Mossos d’Esquadra (la policía autonómica catalana) en la Universidad de Lleida, en donde se resguardó acompañado de un centenar de simpatizantes, quienes fueron dispersados con gases.

 

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Umberto Eco, del grotesco narcisismo actual

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Sin lugar a duda, de unas décadas a la fecha ha ido creciendo el afán de ciertos individuos por llamar la atención en los medios de comunicación masiva develando sin pudor alguno aspectos que anteriormente eran considerados privados o íntimos. Hablamos de una especie de narcisismo llevado al extremo de lo grotesco. 

El reconocido intelectual italiano Umberto Eco (1932-2016) nos presenta un su obra póstuma De la estupidez a la locura (2016) una serie de textos por él elegidos antes de fallecer, crónicas breves que publicara por varios años en periódicos de este siglo XXI. Bajo su singular tono sarcástico. 

Para Eco: “desde la Antigüedad los seres humanos han deseado ser reconocidos por la gente que los rodeaba. Y algunos se esforzaban por ser amables camaradas nocturnos en el bar, otros por destacar en el fútbol o en el tiro al blanco en las fiestas patronales, o en explicar que habían pescado un pez enorme. Y las chicas querían que se fijasen en el gracioso sombrerito que se ponían el domingo para ir a misa, y las abuelas querían ser conocidas como la mejor cocinera o modista del pueblo. ¡Y ay si no hubiera sido así! Porque el ser humano, para saber quién es, necesita la mirada del otro, y cuanto más le ama y le admira el otro, más se reconoce (o cree reconocerse)”. 

Pero ahora lo que importa no es que te reconozca uno sólo, sino 100 mil o más. Y que mejor que la televisión o el internet para ello. Sin embargo, nuestro autor apunta sobre un aspecto fundamental, que debería ser retomado o continuar vigente. Es decir: un asunto es ser famoso por tus logros y otro muy distinto es “estar en la boca de todos” por acciones que te demeritan, evidenciando lo peor de la humanidad. 

Escribe Eco: “Todo el mundo quería ser famoso como el arquero más hábil o la mejor bailarina, pero nadie quería que hablaran de él por ser el cornudo del barrio, el impotente declarado o la puta más irrespetuosa… Se estará dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que le vean´ y hablen de élNo habrá diferencia entre la fama del gran inmunólogo y la del jovencito que ha matado a su madre a golpes de hacha Valdrá todo, con tal de salir en los medios y ser reconocido al día siguiente por el tendero (o por el banquero).   

Lamentablemente nuestro filósofo italiano, en el texto elegido, no plantea ni desliza alguna hipótesis respecto a este nuevo fenómeno de narcisismo a ultranza de lo grotesco. A pesar de que este hecho se presenta prácticamente en todos lados, en países desarrollados y no desarrollados.          

Y si bien es cierto que la gran mayoría hemos sido espectadores de este tipo de situaciones francamente deleznables en diversos programas, no podemos dejar de mencionar a los denominados reality shows, pues sabemos que buena parte de ellos son actuados, no reales. Los dramas, pugnas o desavenencias ahí desarrollados han sido previamente concertados, con personas comunes y corrientes y para nada profesionales que se prestan para actuar por una módica cantidad de dinero. Y todo para fomentar y explotar el morbo en la audiencia. 

No obstante lo cual, la tesis de Umberto Eco no sufre objeción alguna, pues es evidente que si uno se atreve a revisar, particularmente, las llamadas redes socialesen todas ellas encontraremos a un número indeterminado de personas que hablan aparentemente con sinceridad de sus problemas más íntimos o a individuos que presumen de sus ilícitos cometidos, buscando que miles de usuarios sean sus seguidores. Y lo más grave del caso es que lo logran.   

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