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El engaño, un estado de la mente y la mente de un Estado

El Estado es para Umberto Eco el principal productor de mentiras para mantener apaciguada a los gobernados, nos recuerda el autor Miguel Angel Rivera

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El escritor Umberto Eco, en su casa en Milán. Foto: revistaenie.clarin.com

El escritor Umberto Eco, en su casa en Milán. Foto: revistaenie.clarin.com

Miguel Alonso Rivera Bojórquez*

La mentira y la manipulación de la percepción social existen desde el origen mismo de la humanidad. Los códigos de ética resplandecen como catálogos de buenas intenciones, igual que los principios que ostentan falsamente empresas sinvergüenzas o proyectos engañosos.

La historia, que después de todo la escriben los vencedores a como se les pega en gana, se encuentra llena de lagunas o de episodios apócrifos. Sin embargo, prevalece en el ser humano la duda y la búsqueda de la verdad. Todavía existen sabuesos desconfiados, periodistas que sueñan con revelar las mentiras y corruptelas del poder político.

Pero la búsqueda de la verdad y de la justicia tiene un precio que lamentablemente muchas veces se paga con la vida. Al poder no le interesa la luz sino la oscuridad. Los corporativos de medios, los fabricantes de noticias, están al servicio del poder. “Las noticias no hacen al periódico sino que el periódico hace las noticias”, dice Eco en su última novela.

La circulación ya no mantiene un medio impreso. Se ocupa de benefactores. Los medios viven de la publicidad y del sensacionalismo. Los criterios editoriales obedecen a intereses. Qué es lo que hay que decir, o qué es lo que hay que callar, cómo, cuándo, por qué y para qué, en beneficio y perjuicio de quiénes.

El escritor y filósofo italiano Umberto Eco tiene actualmente 83 años (nació en 1932) y es catedrático experto en semiótica, ciencia que estudia los signos como instrumentos de comunicación en sociedad. En 1980 salió a la venta la novela que lo catapultó a la fama: El nombre de la rosa. Después fueron publicadas sus novelas El péndulo de Foucault, La isla del día de antes, Baudolino, La misteriosa llama de la Reina Loana, El cementerio de Praga y este año, Número cero.

Ha cultivado también otros géneros como el ensayo, donde ha sido prolífico. Es miembro del Foro de Sabios de la Mesa del Consejo Ejecutivo de la Unesco y Doctor Honoris Causa por treinta y ocho universidades de todo el mundo.

Eco nos cuenta, en Número cero, la historia de un escribano que participa en la creación de Domani, un diario que pretende deformar la realidad y ejercer el chantaje. Cualquier semejanza con un periódico en el que usted identifique alguno de estos rasgos… no creo que sea mera coincidencia. Colonna, que tal es el nombre de este escritor fracasado, personaje central de la novela, sueña con lo que sueñan todos los perdedores: con escribir un día un libro que le dé gloria y riqueza.

En la búsqueda de convertirse en un gran escritor, este personaje ya la hizo de “negro” o ghost writer (escritor fantasma), lo que hacen muchos escribanos, algo parecido al “parador” en la cárcel. Un escritor fantasma es como la mujer que alquila su vientre para la gestación de un bebé que ya le es ajeno antes de parirlo. Un “parador” es aquel que, muchas veces teniendo todos los años del mundo por condena, asume las culpas de delitos cometidos por otros en prisión, a cambio de un pago.

Colonna ha reflexionado que el placer de la erudición está reservado a los perdedores. “Cuando vives cultivando esperanzas imposibles, ya eres un perdedor. Y cuando te das cuenta, te hundes”, confiesa Colonna, el protagonista de Número Cero.

La historia gira en torno a la promesa de un diario -financiado por el Commendatore Vimercate a través de un tal Simei- que arma un equipo de redactores y desea también que Colonna le escriba un libro. Por supuesto, el crédito será de Simei. “En vista de que ambos somos hombres sin atributos, acepto el pacto”, dice Colonna. Hablan de homogeneizar el estilo y hablar el lenguaje del lector, nada de palabras rebuscadas.

En la historia aparecen diversos personajes; uno particularmente importante es Braggadocio, el periodista detectivesco, quien confiesa que su padre lo acostumbró a no creer las noticias a pie juntillas. “Los periódicos mienten, los historiadores mienten, la televisión miente. Vivimos en la mentira y, si sabes que te mienten, debes vivir instalado en la sospecha”, dice.

Después de hablar con Braggadocio, cualquiera tendrá la seguridad de que hay alguien a sus espaldas que lo está engañando. Las sospechas nunca son exageradas. Sospechar, sospechar, solo de este modo se encuentra la verdad. ¿No es esto lo que dice la ciencia que hay que hacer? En las juntas editoriales se planea introducir a un hombre de la calle en una noticia, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos.

Se puede suponer que un periodista da voz solo a quien piensa como él, por lo que las declaraciones deben ser dos, en contraste entre ellas. Al lector se le induce a aceptar la opinión más convincente. El lector siempre se identificará con el texto que apunta a alguien o algo, con el que indica responsabilidades.

“No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Las noticias las hacemos nosotros, y hay que saber hacerlas ver entre líneas”, sentencia Simei, director de Domani, un hombre sin escrúpulos. Para hacer frente a un desmentido, asegura Simei, es mejor limitarse a insinuar en lugar de pregonar datos que alguien podría cotejar. Insinuar no significa decir algo preciso, sirve solo para arrojar una sombra de sospecha sobre el desmentidor.

Para rebatir una acusación, también, no es necesario probar lo contrario, basta deslegitimar al acusador. “Nadie es nunca integérrimo (superlativo de íntegro) al cien por ciento”.

Hay temas que hay que tocar a la fuerza y aventurar hipótesis que en pocos días pueden ser desmentidas, eso es un riesgo que un periódico verdadero tiene que correr. Número Cero juega con eso porque es un periódico que no existe y nunca saldrá un ejemplar a las calles.

Ante la indiferencia hacia la contaminación del mundo, propone Cambría, miembro del consejo editorial: si se difundiera la idea de que contaminar no solo perjudica a las ballenas sino también al falo (perdonen el tecnicismo), creo que asistiríamos a repentinas conversiones al ecologismo.

Al enamorarse de Maia, nuestro personaje suelta: «No hay mayor éxito que el ameno encuentro de dos fracasos». Maia, joven, inquieta y antojable, es la encargada de los chismes faranduleros, horóscopos y esquelas del periódico. Su experiencia le permite ubicar a los dolientes a látere, esos a los que les importa un bledo el difunto y su familia, pero que usan la esquela como name dropping, para decir: yo también lo conocía. Aunque esto último, muchas veces, tampoco sea cierto. Se trata de esos que compran esquelas con especial gusto en las muertes “importantes”.

Estas definiciones es preciso hacerlas porque el mundo de la apariencia y de la percepción, simular o fingir ser lo que no se es, resulta frecuente:

A látere, dícese de los legados extraordinarios que el papa envía escogidos entre sus cardenales.

Name-dropping (soltar nombres) es la práctica de mencionar a personas o instituciones importantes con el propósito de impresionar a otros.

Una persona usa el name-dropping con el objetivo de posicionarse dentro de cierta jerarquía social. Se usa continuamente para crear una sensación de superioridad al elevar su propio status, pero se trata de una falacia, una mentira.

Al implicar un lazo con una persona de alto status, esta persona espera levantar su propio status social a un nivel más cercano a aquellos cuyo nombre ha mencionado, situándose por tanto por encima, o igualando el status de sus interlocutores.

La frase del jefe del periódico: “Señores, estamos haciendo periodismo, no literatura”, nos recuerda la eterna frontera. La lección final es que los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar.

En este peregrinar de intereses y pensamientos, la novela nos indica que evidentemente, ha empezado la operación retorno y sobre todo, pedir perdón: la iglesia anglicana le pide perdón a Darwin; el estado de Virginia pide perdón por el drama de la esclavitud y, entre otras cosas, el papa pide perdón a Galileo, aunque no debe decirse que la Iglesia ha reconsiderado sus antiguas posiciones sobre la rotación de la Tierra.

El escándalo como materia prima es otro asunto a considerar en un periódico: schadenfreude es una palabra del alemán que designa el sentimiento de alegría creado por el sufrimiento o la infelicidad del otro. Es este el sentimiento que un periódico tiene que respetar y alimentar. Es el sensacionalismo, el amarillismo; es una tendencia iniciada por Joseph Pulitzer, la cual debe su nombre a un personaje de caricaturas que simbolizaba el exceso: el chico amarillo. Paradójicamente, Pulitzer estableció el premio de excelencia periodística que hoy todavía lleva su apellido. Hay quienes aseguran también que el término “amarillismo” se debe a que las hojas de los periódicos con el tiempo se hacían amarillas.

Volviendo a la historia de Número Cero, que gira en 1992, hay una parte donde Maia exclama: “Pero las cosas están cambiando; quizá dentro de diez años un gay podrá decir que es gay sin que nadie se inmute”.

Simei habla de las manzanas podridas en los partidos políticos y de las comisiones ilegales, sugiere advertir de una posible campaña contra los partidos, proponer un partido de los honrados, y un artículo de fondo sobre la honradez, la posibilidad de un partido de ciudadanos capaces de hablar de una política distinta.

En tales escenarios surgen vanos intentos por hacer periodismo; los redactores ven frustrados sus intentos y piensan en denunciar la farsa, pero ¿dónde? Lamentablemente, todos los periódicos son de la misma calaña y se protegen unos a otros.

Colonna tiene charlas estimulantes con Braggadocio quien le advierte: “El engaño es un estado de la mente, y es la mente de un Estado”.

Por supuesto, Braggadocio investiga cómo el poder hegemónico ha deformado la historia a través de la Operación Gladio y una serie de hipótesis conspiratorias desde la Segunda Guerra Mundial. Sostiene que las pruebas de su investigación demuestran que Mussolini, el dictador italiano, no murió asesinado en 1945, sino que pudo huir a Argentina con el apoyo de los aliados y que el cuerpo exhibido fue de otra persona. Cuando estaba a punto de concluir esta investigación de manera personal, junto con otra indagación sobre prostíbulos que le habían encargado en la redacción, es asesinado y el periódico también muere, antes de nacer.

Del inesperado idilio de Colonna con Maia, veinte años más joven, surge una nueva vitalidad y comparten sus pensamientos mientras escapan de la muerte. El caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias. Hay cosas de las que la prensa apenas habla y la opinión pública se entera vagamente meses después.

La cuestión es que todo lo que sabemos es falso, deformado, vivimos en el engaño. Nunca hay que creer lo que nos cuentan. Quizás sea también porque la gente quiere milagros, no escepticismo radical chic.

Lo peor es que siempre existirá quien quiera silenciarlo y eso represente la muerte de un periodista, como en esta historia. Las historias existen pero son borradas de la mente colectiva. Siempre hemos sido un pueblo de puñales y venenos. Estamos curados de espanto ante cualquier historia nueva que nos cuenten.

Los soñadores, enamorados y frustrados, al final piensan en buscar un país, o quizás un estado, donde no haya secretos y todo se desarrolle a la luz del sol.

Quizás esta reflexión -que se asemeja a una realidad que nos lastima a todos- tampoco sea una mera coincidencia, porque no parece existir tal esperanza en una sociedad acostumbrada a perder la vergüenza cuando los delincuentes –así lo escribe Umberto Eco- cuentan sus fechorías como esperando una medalla, aflora la corrupción autorizada, los mafiosos en el parlamento, y el ladrón o el defraudador fiscal en el gobierno.

 

*E-mail: correo@miguelalonsorivera.com

https://twitter.com/Miguel_A_Rivera

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Emma Albertina Quiroz Acuña, la ‘diva’ del Periodismo en Sinaloa

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emma quiroz acuña, periodista de sinaloa

Una guerrera del periodismo sinaloense en los temas de Seguridad pública y Procuración de justicia. Su campo de batalla:  la lucha por la justicia.

Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez

Ella, Emma Albertina Quiroz Acuña, siempre ha tenido la fortaleza para conseguir sus propósitos con la certeza de que nada podrá detenerla. A sus 55 años, es una mujer que lleva tres décadas dedicada a su pasión más grande: el periodismo.

Auténtica admiradora del talento, el carácter y la belleza de María Felix, la Doña, Emma también es diva, se considera como tal y ciertamente lo es porque tiene la esencia de una “Diva” con un espíritu fuerte, generoso y empoderado, no sólo por ser hermosa, carismática y excepcional.

Emma Albertina Quiroz Acuña cumple años este 4 de octubre.

La “Diva” del periodismo sinaloense es una figura respetada con una amplia experiencia en materia de seguridad pública que ha acumulado en el último tramo de su vida.

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En un mundo que había sido vedado para las mujeres, Emma Albertina Quiroz ha demostrado que es fiel a su esencia intrépida y determinada porque nunca la han detenido los estereotipos ni el qué dirán. Además es claro que no le tiene miedo a nada ¡Pobre de aquel que se interponga en su camino!

Como periodista nunca ha podido ser indiferente ante la desigualdad y la injusticia porque va contra su esencia de “Diva” y sin importar en donde esté, ella siempre alza la voz para ser escuchada hasta excesos criticados.

Emma Albertina Quiroz, la mujer

Nació el 4 de octubre de 1967 en Culiacán, Sinaloa, como la única hija que meció la cuna Alberto Quiroz Soto, su padre, y Emma Acuña, su madre. Alberto Quiroz era originario del puerto de Topolobampo, y Emma Acuña, del poblado de Metates, Durango. Fue la única mujer entre cuatro hijos varones. “Lo Diva lo tengo en la sangre”, admite.

Fue una niña sumamente consentida, querida por todos, y criada junto a sus hermanos se hizo más combativa.

No obstante, siendo la única hija fue protegida de los latidos de su propio corazón colocando sobre ella un manto protector para que no tuviera contacto con los misterios y los imponderables del mundo.

 “Fui una niña muy consentida. Creo que por eso he sido tan altanera y caprichosa. Mi padre era la disciplina y el castigo, pero también el protector, proveedor, y su familia siempre fue su tesoro más preciado. Mi madre una mujer entregada a su hogar, esposo y sus hijos.  Organizada para con su familia y alcahueta con sus hijos”, recordó.

Desde pequeña le apasionaron los fenómenos sociales, el comportamiento humano y la lucha por las causas justas. Por eso, su primer impulso fue estudiar Psicología. Sin embargo, al salir de la preparatoria, por los avatares del destino en un hogar sobre protector que no le permitió ir a estudiar a Jalisco, decidió ingresar a la licenciatura en ciencias de la comunicación y relaciones públicas en la Universidad Autónoma de Occidente.

“Entré a la carrera de comunicación porque cuando salí de la preparatoria le comenté a mis papás que quería estudiar Psicología en Guadalajara, pero mi padre no lo autorizó y me dijo que lo que quisiera estudiar lo haría aquí en Culiacán”, comentó.

Fue así como hizo su servicio social en la Coordinación General de Comunicación Social del Gobierno del Estado de Sinaloa durante la administración del gobernador Francisco Labastida Ochoa.

“Me gusta la comunicación, el contacto con la gente, me considero una mujer intolerable ante las infamias u ofensas.  No las permito a nadie. ¡A nadie!”, comentó.

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Al concluir su carrera, una vez graduada, estudió italiano y viajó con dos amigas a Florencia, Italia, para estudiar Diseño Gráfico. «Una experiencia maravillosa», dice, pues a sus 21 años conoció el viejo continente.

Al regresar de Europa, Emma fue a buscar a Ignacio Lara Herrera, un zacatecano que se trajo Francisco Labastida de la Ciudad de México para que fuera su jefe de prensa. Fue él quien incorporó a Emma al servicio público, primero en el área de Relaciones Públicas, del Titular del Ejecutivo del Estado, y luego como jefa de prensa de la Dirección de Vialidad, Tránsito y Transportes del Estado.

En 1993, se trasladó a Guadalajara para laborar en el área de ventas de la empresa Promomedios Radio, y también fue conductora del programa “Las viejas en el deporte”. Allí conoció al hombre con el que se casaría.

En 1996, su novio Carlos Mar Blanco fue a Culiacán a pedir la mano de Emma a su padre, y en ese mismo año nació su única hija Carla Valeria Amor Mar Quiroz. “Siempre quise tener nueve hijos, lamentablemente no pude”, confesó.

Al terminar esa relación amorosa, dos años después regresaría a Culiacán, junto con su hija. “Mi mayor satisfacción es haber sacado a mi hija adelante.  Hoy es una extraordinaria profesionista”, afirmó.

Emma Albertina Quiroz, una periodista en peligro 

En 1999, Rigoberto Félix Díaz, gerente de JAPAC, la contrató para el programa “Cultura del Agua” y en el año 2000 se incorporó al Consejo Estatal de Seguridad Pública, iniciando su formación y trayectoria en las áreas de la seguridad pública.

De esta manera, fue directora de comunicación social del Consejo Estatal de Seguridad Pública, secretaria técnica de la Procuraduría General de Justicia y directora de Planeación y Participación Ciudadana del Consejo Estatal de Seguridad Pública donde, fiel a su temperamento de mujer fuerte, nunca pudo quedarse callada ante las injusticias.

En el sexenio del gobernador Jesús Aguilar Padilla fue vocera del Gobierno del Estado de Sinaloa y enlace entre el Ejército Mexicano, la Policía Federal Ministerial y corporaciones estatales y municipales.

En ese periodo, de 2008 a 2013, fue el Operativo Conjunto Culiacán-Navolato, cuando recrudeció la guerra contra el narcotráfico en el estado, emprendida por el entonces presidente de México, Felipe Caderón.

A lo largo de la trayectoria de Emma, su integridad ha estado varias veces en peligro. En esos años de vocería, la sinrazón de la delincuencia siempre fue peligrosa.

En la actualidad, la gente comprende la labor de un vocero que consiste en transmitir información, pero hubo un tiempo en que eso no se entendía y Emma tuvo experiencias donde casi pierde la vida.

Fue precisamente en esa época cuando conoció más de cerca las detonaciones, las ráfagas de AK-47, buscando su cuerpo, las explosiones y el humo que sobrevuela y lo impregna todo de olor a pólvora. Sensible y valerosa no se amedrentó. Pero fue entonces que volvió a nacer tras un terrible atentado.

Durante la administración del gobernador Mario López Valdez, se alejó de la comunicación y se convirtió en emprendedora al abrir con el apoyo de su padre el Spa “Divas y Reyes Spa”.

En el 2017, aceptó el llamado del gobernador Quirino Ordaz Coppel para trabajar nuevamente en la Secretaría de Seguridad Pública del Estado.

En 2019, ingresó a la Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas donde permaneció hasta junio de 2022 y en julio de este mismo año fue invitada por el rector de la Universidad del Policía, Óscar Fidel González Mendívil, para incorporarse a esa institución cuyo propósito fundamental es formar policías profesionales y preparados.

También en 2019, inició su programa “Sin Mentiras”, de transmisión en vivo a través de las redes sociales con contenidos periodísticos de interés social.

No ha sido fácil sacar adelante este proyecto periodístico, pues durante los dos últimos años ha sufrido pérdidas dolorosas. La pandemia del Covid-19 le arrebató a su madre Emma Acuña, murió su hermano Ramón Quiroz Acuña por cáncer de páncreas y su sobrino Carlos Arturo Quiroz Ramírez falleció en un accidente. Su fortaleza resiliente le permitió superar tales adversidades.

Lee más: Reposa la pluma del periodista y trovador Víctor Eduardo Valdez Verde, exdirector de El Sol de Sinaloa

 

“He sido una mujer afortunada en muchos aspectos, privilegiada en otros, pero en gobierno me he abierto las puertas yo sola, debido a que creo oportunidades, porque padrinos políticos no tengo. Tampoco partido político”, subrayó.

A pesar de haberse desarrollado en el frente de la guerra, en las áreas de seguridad, Emma es una mujer protectora y niñera de vocación porque le encantan los chiquillos, ama a las personas mayores y a los animales, quizás por ser más vulnerables. Emma, la Diva del periodismo, es una figura complicada y aguerrida, pero entrañable. Es uno de esos personajes que siempre hacen falta para hacer contrapeso y alcanzar la sociedad que anhelamos.

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Septiembre

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kissinger y nixon golpe de estado Chile

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

Si alguien dudaba que algo tiene de inquietante el mes de septiembre, el pasado lunes 19 borró toda incertidumbre.

Septiembre significa “séptimo mes”, pero en el calendario es el noveno y además transcurre bajo la protección de Vulcano, dios de muy corta mecha. Es una anomalía lunaria.

Quienes tuvieron el presentimiento de que el viaje de Isabel II para encontrarse con Cerdic de Wessex precisamente en septiembre anunciaba el fin de la civilización occidental, seguramente confirmaron su corazonada.

No pretendo alarmar a mis lectores ni escribo en la negra sombra del recelo por un evento que tenía 0.0000021% de posibilidades de ocurrir. El sismo de 2007 me cambió la vida y el lunes anterior no fue un día fácil, pero garantizo que tengo firme la rienda en el oficio de articulista no político.

Veamos algunas razones por las que atisbo nubarrones en este mes. El primero de septiembre de 1939 los nazis desencadenaron la II Guerra Mundial, que terminaría en el mismo mes con la rendición de Japón seis años después. 

El onceavo día me parece particularmente siniestro. Ese día de 1973 se concretó en Chile el golpe de estado asestado por Mr. Nixon y Herr Kissinger en contra del gobierno de Salvador Allende y en el 2011 tuvo lugar en Nueva York el espeluznante ataque a las Torres Gemelas

Un repaso histórico revela otros episodios hórridos del séptimo mes que se creyó noveno. Se dirá que fueron casualidades o no, mas no siendo la parapsicología hagiográfica el fuerte de JdO, permítaseme una ociosa reflexión septembrina en lugar de la apología patriótica de la temporada mexicana.

Para leer más del autor: Ve y dilo en la montaña, la columna de Miguel Ángel Sánchez de Armas

En la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541 fue la catástrofe que costó la vida a doña Beatriz de la Cueva, viuda de Pedro de Alvarado, noticia que conocemos como “Relacion del espantable terremoto que agora nuevamente ha acontecido en las Yndias en una ciudad llamada Guatimala es cosa de grade admiración y de grande exemplo para que todos nos enmendemos de nuestros pecados y estemos aprescibidos para cuando Dios fuerere servido de nos llamar”, crónica del notario Juan Rodríguez que inaugura el género periodístico en América. 

Un año después, las fuerzas de Michimalonco destruyeron la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura, en territorio que hoy llamamos Chile. En 1649 Cromwell se cubrió de gloria con la masacre de Drogheda y en 1714 Barcelona es arrasada por las tropas borbónicas.  

En 1943 los nazis iniciaron el exterminio de los judíos en los guetos de Minsk y Lida. En 1965 llegó a Vietnam la primera división de caballería del ejército yanqui y quedó sellado el destino de cientos de miles de jóvenes gringos y vietnamitas, peones en un tablero de ajedrez manipulado desde Washington, Moscú y Pekín. 

En 1972 el comando palestino “Septiembre Negro” secuestró a once israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich. En 1973 el general Augusto Pinochet derrocó al presidente Salvador Allende. En 1982, Israel invadió Líbano y se dieron las masacres de Sabra y Shatila.

De todos esos acontecimientos, sólo uno, el de Guatemala en 1541, fue un desastre natural. Todos los demás tienen que ver con lo humano. Permítaseme el lugar común: “Homo lupus hominem”. 

Mas el tiempo, que todo pone en su lugar, un día levanta los velos y nos enteramos de las razones ruines, casi siempre impunes, con que los poderosos siegan vidas y destruyen pueblos por “razones de Estado”, cuidando siempre que tales “razones” se cumplan puntualmente en las vacas del vecino y no en las reses propias. 

Hay en el documental Fahrenheit 9/11 de Michael Moore una escena conmovedora en donde el robusto director se apuesta a las afueras del Congreso e invita a los padres de la Patria que acaban de votar la invasión a Irak a que enlisten a sus hijos para defender la tierra que los vio nacer. Todos sin excepción -a semejanza del señorito Aznar, que en un encuentro con estudiantes en México declaró que había sido “engañado” en ese asunto-, huyen con risas nerviosas. En mi rancho a eso le llamamos mariconería.

Hace tiempo el Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad de Georgetown (NSA por sus siglas en inglés), desveló las transcripciones de telefonemas entre el señor presidente Richard Nixon, el señor profesor Henry Kissinger (asesor de seguridad nacional y Premio Nobel de la paz), el señor secretario de Estado William Rogers y el señor director de la CIA Richard Helms, que confirman lo que todos sabíamos: en 1973 el gobierno de Estados Unidos organizó y estuvo tras el golpe militar de Pinochet, tal como organizó y estuvo tras los asesinatos de Madero y Pino Suárez en 1913, en contubernio con Inglaterra y Alemania. 

Nixon murió hace 28 años, Rogers hace 21, Helms hace 20. Pero el professor K. sigue vivito y coleando a los 99. ¿Pisará la cárcel por acciones que hubiesen tenido cabida en el tribunal de Núremberg? Apueste usted a que no.

Poco después de la asunción de Allende en 1973, este feroz retoño de Metternich gritaba a Helms: “¡No permitiremos que Chile se vaya por el drenaje!” 

No te pierdas: Al cielo por el arte: la obra pictórica de Rosalío González, la columna de Miguel Sánchez Armas

Leemos en la transcripción del Archivo Nacional de Seguridad: “Después de que Nixon habló personalmente con Rogers, Kissinger grabó una conversación en la que el secretario de Estado estuvo de acuerdo en que, ‘como tú dices, deberíamos decidir a sangre fría qué hacer y después llevarlo a cabo’; mas aconsejó proceder ‘con prudencia para que no nos salga el tiro por la culata’. El secretario Rogers consideró que ‘después de lo que hemos dicho acerca de las elecciones, si la primera vez que un comunista gana los E.U. intentan impedir el proceso constitucional, nos vamos a ver muy mal’”.

Demos dar gracias a la diosa Walpurga o a nuestra deidad favorita de la antigua Alemania, de que el señor profesor Kissinger, a imagen y semejanza de los represores de izquierda y derecha con los que seguramente no estaría dispuesto a convivir, haya grabado secretamente sus conversaciones telefónicas como la que tuvo el ¡16 de septiembre! de 1973 con su jefe Nixon. Es posible que tenga efectos eméticos en algunos lectores, por lo que se recomienda precaución:

(Saludos respetuosos. Nixon pregunta si hay novedades.)

K. No. Nada de importancia. El asunto chileno se está consolidando. Claro que los periódicos están desgarrándose porque un gobierno pro-comunista fue derrocado.

N. Vaya, vaya. Qué cosas.

K. Digo, en vez de celebrar. En la administración de Eisenhower seríamos héroes.

N. Bueno, no lo hicimos –como sabes- no aparecimos en esto.

K. No lo hicimos. Quiero decir los ayudamos ______ generamos condiciones tan amplias como fue posible.

N. Así es. Y así es como se va a jugar. Pero escúchame, en lo que toca a la gente, déjame decir que no se van a tragar ninguna mierda de los liberales en ésta.

K. De ninguna manera.

N. Saben que es un gobierno pro-comunista y eso es lo que es.

K. Exactamente. Y pro-Castro.

N. Bueno, lo principal fue… Olvidémonos de lo pro-comunista. Fue un gobierno totalmente antiestadounidense.

K. Ferozmente.

N. Y los fondos de que dispusiste. Vi el memorándum que giraste acerca de la plática confidencial _________ para una política de reembolsos para expropiaciones y cooperación con Estados Unidos y por romper relaciones con Castro. Bien; diablos, ése es un gran aliciente si lo piensan. No, de ninguna manera te fijes en las columnas y en los desgarres sobre eso.

K. Oh. No me molesta. Sólo se lo informo a usted.

N. Sí. Me lo informas porque es típico de la mierda a la que nos enfrentamos.

K. Y la increíblemente sucia hipocresía…

N. Eso lo sabemos.

K. De esa gente. Cuando se trata de Sudáfrica, si no los derrocamos arman un escándalo.

N. Sí. Tienes razón.

En fin, ¡otra historia septembrina!

25 de septiembre de 2022

@juegodeojos  facebook.com/JuegoDeOjos sanchezdearmas.mx

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El amante, un encuentro con la escritura de Marguerite Duras

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El amate, de Marguerite Duras, es un viaje a la memoria de la autora

 

Por Guadalupe Lizárraga

De París a Saigón. De la adolescencia al “envejecimiento brutal” en tan sólo dos años. Es El amante de Marguerite Duras. La escritora viaja –a través de su memoria– no sólo hacia el pasado, sino hacia el interior de sí misma, para construir de nueva cuenta aquellas fronteras que a sus quince años traspasó apenas sin percibirlas y que inseminaron su ser-escritora. Transgresora de culturas, el amor la transforma en “Otra”, re-descubriéndose, despojándose de la sombra de su propio origen, para entregarse a lo “extraño”, a lo extranjero, en una fusión que le asigna una nueva esencia, desde donde aprende a contarse su transición, mucho tiempo después.

“Tengo un rostro destruido. Diré más, tengo quince años y medio. El paso de un transbordador por el Mekong. La imagen persiste durante toda la travesía del río. Tengo quince años y medio. En ese país, las estaciones no existen, vivimos en una estación única, cálida, monótona, nos hallamos en la larga zona cálida de la tierra, no hay primavera, no hay renovación.”

Lee más: Ve y dilo en la montaña, la columna de Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

Su escritura es un acto solitario en la búsqueda de los confines de su corta edad. De una existencia que configura su sentido en una amalgama de sentimientos y desazones que sólo podía comprender a través de la existencia necesaria del “otro”: su amante chino. La adolescente envejecida escudriña, a través de la escritura, sus pudores, sus ocultamientos, sus miedos, sus deseos y liviandades; “para ellos”, un acto moral, para ella, nada; y mientras escribe va corriendo el velo de esa su historia que no existe y que sin embargo da origen a su realidad de futuro:

“Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros, llegó a París con su mujer. Él le telefoneó. Soy yo. Ella le reconoció por la voz. Él dijo: sólo quería oír tu voz. Ella dijo: soy yo, buenos días. Estaba intimidado, tenía miedo, como antes. Su voz de repente, temblaba. Y con el temblor, de repente, ella reconoció el acento de China. Él sabía que ella había empezado a escribir libros. Lo supo por la madre a quien volvió a ver en Saigón. Y también por el hermano menor, que había estado triste por ella. Y después ya no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte.”

El amante. Marguerite Duras, Madrid, Ed. El País, 2002.

Reseña.

el amante

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