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El drama de la mujer más fea del mundo: Teatro sinaloense

Con la obra de teatro La mujer más fea del mundo, se rescata la dramática historia de la artista sinaloense Julia Pastrana en Culiacán, Sinaloa

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Escena de La mujer más fea del mundo. Foto: Miguel Alonso Rivera

Escena de La mujer más fea del mundo. Foto: Miguel Alonso Rivera

Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez *

Para conocer más allá de cualquier fantasía y de la mentira institucional disfrazada de “verdad oficial” nos llegó una invitación. Alguien nos dijo que con esta obra de teatro tendríamos la oportunidad de observar cómo se construyen las realidades y así fue: de pronto se reveló ante nuestros ojos el sufrimiento de un extraño y dramático personaje del siglo XIX llamado “la mujer mono” o “la mujer más fea del mundo”, y el telón dejó también al desnudo la mentira gubernamental. Nadie podría haber logrado mejor realización que el maestro, terapeuta, investigador y escritor, Dr. J. Alberto G. Solián, director de la Compañía de Teatro “Sin Espacio”.

Con la libreta de apuntes y la cámara fotográfica para capturar esos preciados momentos estuve en el lugar de la cita: el Teatro “Socorro Astol”, quien cumplió 33 años de fallecida el 5 de septiembre de 2016.

La actriz Marcela Burgos y los actores Luis Arriaga, Jesús Solián, Armando Silvia, Antonio Garcés nos presentan la verdad histórica de un personaje notable que enfrentó la más cruel adversidad en el siglo XIX, extendiendo la pena de esta mujer extraordinaria al siglo XXI.

Son estas luces y sombras las que nos describen más tinieblas que luces en la condición humana a través del teatro de la vida de Julia Pastrana. Penumbras absolutas y desesperanzadoras.

La puesta en escena muestra con un dramatismo desgarrador su tortura: se puede observar a Julia Pastrana en la soledad de un abandono sin tiempo exhibida a la morbosidad de la ignorancia. Hoy como ayer, Julia Pastrana es un objeto de lucro que acusa la discriminación social y la hipocresía de nuestro sistema de valores, de las ambiciones personales y de los políticos sin escrúpulos.

La historia transcurre en un ir y venir a través de un agujero en el tiempo, entre su dignidad humana lastimada y el regreso de sus restos a la tierra que la vio nacer.

En la historia interviene el gobernador, el secretario general de gobierno, un enterrador y sacerdote, un doctor, que exhiben conversaciones donde aparece la soberbia y la ambición, la oportunidad de ganar dinero de la desgracia de los restos de una mujer que expuesta en la vitrina de un circo, la condenan a ser un espectáculo también en la muerte. De tan vil mueve conciencias, resulta conmovedor y quizás aterrador.

Esta puesta en escena fue en el marco de la Muestra Estatal de Teatro (MET) 2016 y en memoria a la artista Itzel Navidad, una guerrera y activista contra el cáncer femenino. Es un contexto de enorme carga emocional que mueve las fibras más sensibles.

Por supuesto, hay que destacar el trabajo de Alberto Rosa en la música, Jesús Hernández en el diseño de espacio e iluminación, la labor de Colectivo Los Barbudos (alta costura machín) en el diseño de vestuario, la realización escenográfica de Macedonio de la Cruz, la realización de pisos de Paso de Gato, y la realización de objetos escenográficos de Pedro Manzón.

Como jefe de foro participó Iram Vega Palafox, en la producción ejecutiva Yolany Parrilla, diseño de imagen Rodrigo Ruiz, técnicos e iluminación Jaime Luis Valdez, y tramoya Enrique Díaz.

Foto: Miguel Álonso Rivera

Foto: Miguel Álonso Rivera

Julia Pastrana, la mujer mono

Julia Pastrana fue una mujer indígena que nació en lo que sería Sinaloa de Leyva en 1834, con una deformación genética: síndrome de hipertricosis lanuginosa, un desorden genético que cubre de pelo la cara y el cuerpo e hiperplasia gingival, con una mandíbula protuberante, entre otras malformaciones físicas. Por tal razón, huérfana a temprana edad, fue vendida y exhibida como un objeto en circos y ferias de Estados Unidos, Canadá y Europa como “la mujer mono” o “la mujer más fea del mundo”.

Sin embargo, la historia registra que era una mujer talentosa que bailaba, tocaba la guitarra y cantaba, con hermosa voz de mezzosoprano, en inglés, español y francés.

Es increíble como su aspecto físico fuera la catapulta de un salto monumental desde la sierra de Sinaloa al mundo entero, y que su espíritu fuera ignorado a lo largo de su desgraciada existencia.

En ese universo, Julia Pastrana conoció al empresario Theodore W. Lent, quien sería su esposo, carcelero y explotador.

Considerada un fenómeno, su caso fue estudiado por diversos científicos, incluyendo el naturalista británico Charles Darwin, quien escribió sobre ella en uno de sus libros.

Julia Pastrana murió a los 26 años de edad, cinco días después de parir a su único hijo. La causa de su fallecimiento fue fiebre puerperal, el 25 de marzo de 1860 en Moscú, Rusia. Su hijo, que nació con la misma enfermedad, murió 35 horas después de su nacimiento. Por órdenes de su esposo su cuerpo fue embalsamado tras su muerte en 1860 en Moscú.

Theodore W. Lent vendió el cuerpo de su esposa y de su hijo a la Universidad de Moscú. No obstante, los recuperó y siguió haciendo giras para exhibirlos por el continente europeo hasta que lo invadió la locura y fue internado en un manicomio hasta su muerte. Una mente desquiciada por las más bajas pasiones.

Los restos fueron comprados en 1921 por el empresario noruego Haakon Lund, dueño del mayor parque de atracciones de Rusia, donde el cadáver de Julia, junto a su hijo, permaneció expuesto hasta 1970.

La exhibición de los cuerpos fue interrumpida por las severas críticas a tan denigrante espectáculo. Los restos acabaron en un almacén. El caso de Julia Pastrana inspiró en 1963 la película italiana “La Donna Scimmia”.

Los cuerpos fueron robados en 1976 y recuperados por la Policía noruega, aunque sólo los restos de Julia estaba en condiciones para ser trasladado al Instituto de Medicina Forense de Oslo.

Años después, su cuerpo fue trasladado a una ubicación mejor en el Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad de Oslo, donde permaneció hasta su repatriación a México.

El 7 de febrero de 2013, la Universidad de Oslo, Noreuga, entregó los restos de Pastrana a México y el 12 de febrero fue sepultada en Sinaloa de Leyva, Sinaloa, donde había nacido en 1834.

Finalmente regresó a la tierra que la vio nacer en un ataúd blanco, a prueba de actos de vandalismo. Esta repatriación fue gracias a las gestiones de la artista Laura Anderson Barbata.

La artista universitaria Laura Anderson nació en la Ciudad de México en 1958 pero su crianza, infancia y adolescencia, transcurrieron en Mazatlán. Creadora del concepto de “transcomunalidad” que establece que para el arte no existen fronteras.

Hay que mencionar que Laura Anderson hizo una residencia en Noruega en el 2004. Tiempo en el que comienza a investigar el caso de la artista sinaloense Julia Pastrana. Es cuando se da cuenta que los restos de Julia Pastrana se encuentran en un museo de Noruega. La lucha por repatriar a Julia Pastrana dura casi una década.

Foto: MIguel Alonso Rivera

Foto: MIguel Alonso Rivera

Compañía de Teatro “Sin Espacio”

Surge a principios de la década de los 90’s con la firme convicción de crear un teatro sinaloense de la mejor factura. “Un teatro que nos identifique y que nos defina, un teatro que sane, un teatro sinaloense, libre, lúdico, creativo”.

En estos 25 años de hacer teatro, ha realizado más de 30 puestas en escena, ha cabalgado por un número importante de ciudades del país y rincones de nuestro estado.

En cuatro ocasiones, realizó el Programa Nacional de Teatro Escolar, atendiendo a más de cien mil estudiantes, así como también participó en diversos festivales; el del Caribe en Santiago de Cuba en 1996, en dos ocasiones en la Muestra Nacional de Teatro en el año 1995 y el 2000, en el Festival Sinaloa de las Artes en su primera época en varias ediciones.

Ha obtenido diversos estímulos y becas; del FONCA con lo que produjo Quinto Mandamiento, de Dolores Espinoza en 1997 y en el 2000 para Contrabando de Víctor Hugo Rascón Banda, del FOECA para poner en escena Muchacha del Alma y en la mesa Quién Baila Mambo, ambas de Jesús González Dávila.

Sus integrantes han participado en procesos de formación con los más diversos maestros y conforman quizá la más brillante generación de creadores de escena de nuestro estado.

Esta agrupación creativa ha formado un equipo interdisciplinario; actores, bailarines, cantantes, escritores, escenógrafos y músicos que realizan proyectos en diversas partes de nuestro estado, del país y del mundo.

Generalmente, sus puestas en escena, de factura profesional, aspiran a la combinación de todas las manifestaciones artísticas.

* Con información y fotografías de la reportera gráfica Isis Tatiana García Sánchez

Espero sus comentarios en:

E-mail: correo@miguelalonsorivera.com

https://twitter.com/Miguel_A_Rivera

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Poeta Amanda Gorman en la inauguración presidencial de Biden: “Incluso mientras lloramos, crecimos”.

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Los Ángeles Press

La poeta Amanda Gorman, de 22 años, ha compuesto y recitado un poema sobre la unidad nacional para la ceremonia de inauguración del periodo presidencial de Joe Biden. La poeta destacó en una entrevista con el New York Times que el asalto al Capitolio del pasado 6 de enero le ayudó a terminar la composición y varios versos hacer referencia al ataque contra el Congreso. Pero también usó un lenguaje que hace referencia a las escrituras bíblicas y, a veces, eco de la oratoria de John F. Kennedy y el reverendo Martin Luther King Jr.

Comienza preguntando: “¿Dónde podemos encontrar luz? ¿En esta sombra interminable? y usó su propia poesía e historia de vida como respuesta.

“De alguna manera, hemos resistido y hemos sido testigos de una nación que no está rota, sino simplemente inacabada. Nosotros, los sucesores de un país y una época en la que una chica negra delgada, descendiente de esclavos y criada por una madre soltera, puede soñar con convertirse en presidente, sólo para encontrarse ahora declamando para uno”, dijo Gorman.

“Hemos visto una fuerza que destrozaría nuestra nación en lugar de compartirla; que destrozaría nuestro país si ello supusiese retrasar la democracia; y este esfuerzo casi triunfa. Pero aunque la democracia puede ser retrasada, nunca puede ser derrotada”, reza el poema.

Gorman es la poeta más joven que ha participado en una ceremonia de toma de posesión presidencial. Ha recitado su poesía en la Biblioteca del Congreso, el Symphony Hall de Boston, la plataforma de observación del Empire State Building y en todo el país, actuando para políticos como Hillary Clinton, Al Gore y Lin-Manuel Miranda.

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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