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El drama afgano

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Por Mercè Rivas Torres

En primer lugar, voy a hablar de las personas, ya que me parece lo más importante. Todas esas mujeres y niñas que durante los últimos veinte años han podido estudiar, trabajar o pasear solas por la calle, están en estos momentos recluidas en sus casas y unas pocas han podido huir.

Se trata de una o dos generaciones que han conocido otro tipo de vida. Que han podido elegir entre casarse o seguir solteras, a pesar del conservadurismo de la sociedad afgana, que han reivindicado los derechos humanos y muy especialmente de las mujeres. De niñas que han podido ir a la escuela, jugar, escuchar música, ver la televisión, algo que en Occidente nos parece normal.

Pues bien, de la noche a la mañana y nunca mejor dicho, mandatarios que viven a miles de kilómetros decidieron abandonar el país y dejarlo en manos de unos barbudos, armados y violentos que a partir de ahora les van a hacer la vida imposible.

La decisión de Estados Unidos, de la OTAN y de los países que la componen, está basada en intereses occidentales, aunque no sé si saben y controlan lo que puede pasar en el futuro.

Llegaron para acabar con un refugio de terroristas y se van con un país con más violentos todavía. No hay que olvidar que en terreno afgano además de los conocidos talibanes hay numerosos grupos como Daesh, Estado Islámico Levante-Jorasán y alguno más.

Los ocupantes dijeron que iban a terminar con la amenaza terrorista mundial y habría que preguntarse qué piensan hacer si estos grupos comienzan a asesinar mañana en Manhattan o en Londres.

Pero mientras tanto, después de tomar el control parcial del país y digo parcial porque respetaron a muchos “señores de la guerra” durante su estancia, han dejado a una población de cuarenta millones de personas desamparada.

Se ha demostrado que ni formaron a un Ejército afgano ni acabaron con la corrupción. Los militares afganos no dispararon ni un tiro contra los talibanes que tomaron el poder como si fuesen de romería y el último presidente, formado en Estados Unidos, salió corriendo con bolsas llenas de dólares.

Los edificios que construyeron ahora son tomados por los barbudos, el gobierno también y las decisiones tomadas lo único que han hecho es enviar a las mujeres, a las niñas, a los periodistas e intelectuales que tenían el vicio de pensar y opinar, a sus casas en el mejor de los casos, otros han sido detenidos, torturados y los más afortunados consiguieron subirse a un avión para comenzar sus vidas desde cero en otro país.

Los múltiples “señores de la guerra” que controlaban territorios han vuelto a recuperar todo el poder, aunque alguno no lo perdió del todo. Están en el gobierno, en el tráfico de opio, en el control y tráfico de armas. Han vuelto a su cómodo status.

Entonces nos podemos preguntar. De qué ha servido la ocupación, el dinero gastado, los occidentales que perdieron la vida. Todo es un sin sentido.

En escasos días hemos vuelto al año 2000, con la salvedad de que las mujeres y niñas han probado un caramelo, que ya les hemos quitado a golpes, de la boca. Por lo que deberíamos plantearnos que se ha hecho mal para no repetirlo, pero tengo la sensación de que nadie va a hacer esa reflexión y esa forma de actuar se volverá a repetir en Afganistán o en cualquier otra parte del mundo.

La guerra/ocupación de Afganistán le costó al Tesoro estadounidense unos US$2,3 billones, de acuerdo con cálculos del proyecto Cost of War de la Universidad de Brown (Rhode Island), informa la BBC. Una cifra difícil de comprender y asimilar para un ciudadano normal. Pero frente al gasto del Tesoro de Estados Unidos están las empresas privadas que ganaron muchísimos millones de dólares.

Una parte muy importante de los 2.3 billones de dólares sirvieron para pagar los servicios de empresas que apoyaron las operaciones estadounidenses en Afganistán. «Esa guerra contó con unas fuerzas estadounidenses muy pequeñas -todas voluntarias- que estuvieron complementadas por contratistas militares», comentaba Linda Bilmes, profesora de la Universidad de Harvard a la BBC.

Las empresas más beneficiarias de esta forma de actuar fueron: Dyncorp, Kellogg Brown Root (KBR), Raytheon Technologies, Aegis LLC o Raytheon. Estas son las que actuaban sobre el terreno haciendo todo aquello que se atribuye al Ejército Americano.

Casi 20 años después de la llegada a Afganistán, 2.442 soldados estadounidenses y 1.144 de diferentes países de la OTAN, además de al menos 3.846 contratistas, murieron en dicho  país.

Un caos y un despropósito.

 

Fuente original: El drama afgano (nuevatribuna.es)

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El Consejo de Europa pide crear tribunal especial para juzgar a líderes rusos por crimen de agresión

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La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) ha aprobado este jueves una resolución para que se cree urgentemente un tribunal penal internacional ‘ad hoc’ que investigue y juzgue el crimen de agresión cometido por los líderes políticos y militares de Rusia, cuya sede estaría en Estrasburgo.

El crimen de agresión está definido en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (artículo 8 bis) y supone el uso de la fuerza militar de un Estado contra la soberanía, integridad territorial o independencia política de otro, incluyendo la invasión de otro Estado, el bombardeo y el bloqueo de puertos.

Ese tribunal tendría el poder de emitir órdenes de arresto internacionales y no estaría limitado por la inmunidad del Estado, de los jefes de estado y de gobierno, y otros funcionarios.

La creación del Tribunal ‘ad hoc’ se haría con un tratado multilateral aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas, con el apoyo del Consejo de Europa, la Unión Europea y otras organizaciones internacionales. La sede estaría en Estrasburgo, ante las posibles sinergias con el tribunal Europeo de Derechos Humanos, que examina numerosas demandas individuales e interestatales relacionadas.

El texto asegura que “esta guerra se lleva a cabo con una brutalidad sin precedentes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”. La resolución se ha aprobado por unanimidad de 115 votos.

Con información de Agencias.

 

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Ayer y ahora, paralelismos con Díaz Ordaz 

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TRAS BAMBALINAS 

Por Jorge Octavio Ochoa

La semana pasada hablábamos en este espacio, sobre el incipiente surgimiento de una especie de “terrorismo de Estado”, y ya tenemos las primeras pruebas.  La reciente marcha de mujeres, el pasado 8 de marzo, fue el pretexto para que, desde los dos Palacios del epicentro de la República, surgiera la primera versión de posible violencia extrema a manos de grupos “radicales”

La escenografía con el tapiado de la residencia presidencial, subrayó el tono de tensión que ya en los dos años anteriores se había perfilado, con la presunta irrupción de “grupos radicales”.

La intensión evidente, era generar miedo, temor, para inhibir la participación social y preparar el terreno por si se requería el uso de la fuerza. El lenguaje del gobierno, y el tono de la comunicación es, paradójicamente, similar a lo que se vivió en 1968.

Por aquellos años, previo a las olimpiadas, el mundo experimentaba una ola de agitación estudiantil precisamente contra el mundo capitalista y el transnacionalismo que pretendía dominar la economía global.

Por un lado, los jóvenes se quejaban del autoritarismo del régimen priista; de la falta de oportunidades y libertades. A su vez, el gobierno federal hablaba de intentos de infiltración, de radicalización y de penetración de grupos de ultraizquierda.

Esto, según los politólogos e historiadores, dio paso a un creciente abuso de la fuerza y brutalidad policiaca. Así se empezaron a generar los dos bloques ideológicos que chocaron en la segunda mitad de 1968.

Otro paralelismo entre aquella época y la actual, es la guerra. En aquel entonces en Vietnam, como hoy en Ucrania, se enfrentaron los dos principales ejes ideológicos: la extrema derecha y la extrema izquierda.

El expresidente Gustavo Díaz Ordaz estaba obsesionado, abrigaba grandes temores sobre presuntos intentos de desestabilización a través de grupos fascistas que buscaban alterar el orden institucional.

Incluso llegó a considerarlo como parte de una asonada internacional para implantar nuevos equilibrios. Bajo esa lógica, decidió cerrarse. No escuchó a nadie más que a su intuición y se negó a dialogar con los estudiantes. Los hizo sus adversarios.

Díaz Ordaz empezó a tomar decisiones unilaterales, basado sólo en comentarios de su gente más cercana, pero no de sus asesores profesionales ni de sus secretarios de Estado.

Hay autores que consideran esto, como parte de todo un proceso mental para construir un discurso y acciones que justificaran la “racionalización de la violencia”, el uso de la fuerza y la violación de los derechos humanos.

Es decir, se creó el fantasma de enemigos peligrosos al régimen, a los cuales había que combatir. A eso puede considerársele “terrorismo de Estado”, porque son las propias autoridades quienes infunden el terror.

Bordan y elaboran escenarios para la toma de decisiones, aunque éstas violen derechos elementales. Igual antes que ahora, existía un partido de Estado, poderoso, sin oposición, en el que descansaba el autoritarismo de Díaz Ordaz.

Calentamiento político

Ésa es la retórica que cruza en nuestros días. El enrarecimiento social, acompañado por un insólito e increíble sobre calentamiento del discurso político, alimentado desde los dos Palacios del Zócalo. Teorías de complots, “golpe de Estado blando”, “ataques de la derecha al proyecto de transformación”. Así se ha estructurado el discurso del presidente, con un abierto maniqueísmo de los extremos.

El presidente López Obrador se ha colocado en un extremo radical, bajo la frase: “estás conmigo o estás contra mí”, con una actitud intolerante, que lo lleva a creer que él es el centro y el objeto de todos los ataques internos y externos.

Ésa fue la manera con que abordó la marcha de las mujeres, segmentando a muchas de ellas en un “grupo de interés”, encabezado -dice él- por el poderoso empresario Claudio X González y su hijo, a quienes tilda de feministas tardíos.

Así, dice que hay grupos de provocación, de infiltrados, en todos los campos de la vida nacional: desde el feminismo hasta el periodismo; el sector empresarial, el mundo judicial, la Suprema Corte.

Tres años han pasado sin que el presidente López Obrador haya podido presentar una sola prueba de esa asonada de la ultraderecha en su contra, apoyada con “periodistas corruptos”.

Miles de imágenes han circulado, de mujeres efectivamente violentas, que atacan, que causan destrozos; que agreden a mujeres policías. Pero no ha podido presentar ni una sola prueba de vínculo alguno con grupos de ultraderecha.

Fue más eficaz y veloz el gobierno de Querétaro en identificar por video y fotos a los implicados en la violencia en el estadio La Corregidora, que el aparato de la Guardia Nacional para dar a conocer los nombres de las presuntas provocadoras.

La victimización y la impotencia

El presidente ha mantenido, desde hace ya más de un año, una actitud de permanente victimización: intereses “injerencistas” y aviesos tratan de frenar la marcha de su 4ª Transformación, dice.

Obsesionado con esos fantasmas, asegura que en esto participan Estados Unidos, al financiar a organizaciones no gubernamentales; y el Parlamento Europeo, al seguir “como borregos”, los dictados de esos grupos de interés “colonialista”.

Bajo esa lógica se inscribe también el próximo periplo que realizará por América Central y Cuba, entre reclamos por la poca ayuda que brinda el vecino del norte para combatir la pobreza, y sus intentos personales de convertirse en líder regional.

Insistimos: quizá López Obrador cree que Estados Unidos estará más preocupado por ver lo que pasa en Ucrania, pero el desarrollo de la guerra lo único que traerá para México es más angustia, más asfixia y más intervención.

El FBI en México

Baste ver lo ocurrido el sábado pasado en Playa del Carmen, tras el asesinato de un empresario canadiense, el tercero en menos de tres meses. Hace dos semanas fueron tiroteados otros dos en el hotel Xcaret.

Estados Unidos ha puesto en marcha una investigación a cargo del FBI por la frecuencia de estos crímenes en Quintana Roo. Estos hechos serán la punta de lanza para investigar también los depósitos de rusos en la Rivera Maya.

No hay espacio para la ingenuidad. López Obrador cree que con estos acercamientos en Honduras, El Salvador, Guatemala o Cuba logrará crear un bloque “anticolonialista” o de exportación de sus políticas del “bienestar”.

Pero no. Nada cruzará por nuestros territorios, sin que pase por el cedazo de la lógica belicista. La misma lucha entre cárteles podría adquirir nuevas dimensiones, si esos capitales rusos deciden también intervenir o ponerse a salvo en el occidente.

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Fusilamientos, terrorismo… resurge la barbarie en México

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TRAS BAMBALINAS

Por Jorge Octavio Ochoa

La violencia y brutalidad imperante en México es ya incontenible. Lo ocurrido el sábado 5 de marzo en el estadio de futbol Corregidora, en Querétaro, es la evidencia. Aunque no es un hecho nuevo, el contexto, el saldo de víctimas y los posibles implicados en la trifulca, sí lo coloca como un suceso preocupante. Bandas del crimen organizado y el narcotráfico metidas en el deporte.

De por sí, el debate ya se encuentra enconado, desde el momento mismo en que el presidente López Obrador trivializó la ejecución de 17 personas en San José de Gracia y se rio por el uso de la palabra “fusilamiento” en algunos medios de comunicación.

No debería sorprendernos ya la irresponsable simpleza con que el primer mandatario ve los asuntos de Estado, como es el tema de la seguridad nacional y la seguridad interior.

Desde el “Culiacanazo”, cuando las Fuerzas Armadas fueron doblegadas por el Cártel del Pacífico, los hechos demuestran que el gobierno federal, dígase 4T, ha sido incapaz de someter a los cárteles de la droga, la extorsión y tráfico de personas.

Lo que priva en México es una total descomposición que, a la luz de lo ocurrido en San José de Gracia, nos coloca como país en los linderos del narcoterrorismo. Los jefes criminales dominan amplias zonas a base del terror.

Es inaudito leer, por ejemplo, que los habitantes de poblados en Zacatecas serán custodiados por las fuerzas armadas para regresar a sus pueblos, pero sólo a recoger pertenencias y bienes indispensables.

Es decir, en términos reales, el Estado garantiza la libre operación, pero a los grupos criminales que se encuentran en esos lugares. Son decisiones difíciles de entender en un país que se dice libre y democrático.

Esto se ve también, a la luz de la reciente evidencia dada a conocer por Reforma, que pone al descubierto el contubernio, la manipulación, el acoso que viven los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Un fiscal general de la república bajo sospecha, que utiliza la ley para beneficio personal. Involucrado en transferencias de recursos millonarios a paraísos fiscales, y respaldado sin requiebros por el presidente de México.

Es una mescolanza, con tufo de delincuencia organizada al más alto nivel, donde puede darse incluso el terrorismo de Estado, porque es el presidente quien propone el uso de información fiscal contra periodistas, y a los cárteles de la droga sólo les pide el cambio de nombre.

Es brutal ese abuso de poder por donde se le quiera ver. Incluso tan o más salvaje que los “fusilamientos” o el enfrentamiento de “barras” de pseudo fanáticos ahítos de sangre.  Es hasta aterrador ver como López Obrador se mofa, ríe, propone linchamientos públicos, para convertir a los presuntos reporteros de “la mañanera” en delatores, para que sean ellos quienes pidan datos fiscales de un periodista.

Enfrentar a los ciudadanos contra los ciudadanos y cambiar de nombre a los cárteles, parece ser la estrategia de Estado para transformar al país. Bajo este tipo de regímenes, no dude que pronto, un vecino sea su peor espía y enemigo.

Recomposición estratégica

Todo esto ocurre en México, mientras en el concierto internacional se empiezan a dar definiciones y recomposiciones estratégicas de carácter político, ideológico, comercial y financiero.

De no lograrse un acuerdo en las próximas dos semanas, el mundo empezará a vivir los efectos de una crisis de carácter global, no sólo por el acomodo de flujos financieros, sino por la reacción de las partes en conflicto.

El rechazo de México a suspender los intercambios financieros y comerciales con Rusia, sin duda tendrá una respuesta airada de los Estados Unidos, que pueden empezar con presiones de bajo nivel, pero muy efectivas.

Una de ellas se encuentra muy cerca. El gobierno de Biden tiene razones de sobra para declarar a los cárteles mexicanos de la droga como NARCOTERRORISTAS, y con ello cortar también flujos financieros, confiscar cuentas y suspender apoyos.

Así como López Obrador dijo hace poco que “si no están conmigo, están contra mí”, para Estados Unidos la disyuntiva es la misma, más aún en un estado de guerra contra su acérrimo rival: Rusia.

Se equivocan quienes piensan que el deslinde no tendrá repercusiones. Por lo pronto, los accesos de vuelos vía la Unión Americana podrían quedar restringidos, o atrapados en trámites migratorios excesivos.

Así pues, mal hace el presidente de México en burlarse tan sardónicamente de sus adversarios. El financiamiento a organizaciones no gubernamentales y el espionaje se incrementará y se le puede quedar chueca la boca en una de esas risitas.

La Casita Gris de José Ramón sólo será la puntita. Ni tan honesto, ni tan decente. Los macedonios, los ayotzinapos, son temas pendientes, que enlodan muchas manos, en territorios de tierra caliente.

El presidente abusa, porque tenemos una oposición miserable, cuyos líderes de partido están más ocupados en auto candidatearse para el 2024, como si tuvieran autoridad moral para aspirar a eso.

Pero hay hartazgo. El fastidio ya se revela a flor de tierra. El INE ha tenido problemas para reclutar funcionarios de casilla que participen en la dichosa consulta de abril próximo. Nadie cree.

Aun así, debemos ser muy cautos con los reclamos, porque el país se encuentra en esa finísima línea de pasar de la anarquía y el desorden, al autoritarismo, la militarización y el terrorismo de Estado so pretexto de la pacificación que hoy demanda el pueblo. Mucho cuidado con lo que se pide y se desea.

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