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El corazón de la apachería: crónica desde Chihuahua

Vinicio Chaparro entrega su primera crónica desde El corazón de la apachería en el marco de su libro El otro lado de la luna

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Foto: Historia de los apaches en Chihuahua/ compartehistoria.com


Crónica

Por Vinicio Chaparro

Capítulo Uno

La primera flecha envenenada

¡Ring, riiing!, sonó el Facebook.

Una nueva misión

Era Elías Ramos, me invitaba a ir allá, a su tierra, al corazón de La Apachería. Elías y Miguel Méndez habían formado un grupo sobre Apaches en la red social de Facebook y desde ahí dirigían las acciones. Se trataba de llevarme a Nuevo Casas Grandes para presentar ante la sociedad novocasagrandina a mi libro “El Otro Lado de la Luna”. Humm, qué delicia hacerlo en el lugar donde flotan más moléculas atapascanas de todo Chihuahua. El aire revitalizaría mis pulmones llenos de hollín.

El centro de operaciones de Proyecto Nedni, en Stockton, California, empezó a procesar un cúmulo de información. James Bond y Los Ángeles de Charlie nos hacían los mandados. Juntos. La misión se preparó con todo detalle. Se trataba de un viaje al Corazón de La Apachería. Genial. Al área de Casas Grandes y Janos. Genial, repetía La Jefa Colleen.

«¡Apolo XI llamando a Stockton, Apolo XI llamando a Stockton!», se empezó a escuchar en las pantallas de la NASA apache. «¡Santo llamando a Blue Demond, Santo llamando a Blue Demond!», se oía en otro lado del complejo cibernético. Las operadoras se volvían locas tratando de sincronizar todas las comunicaciones.

Después de una reunión a distancia con La Jefa Colleen, se autorizó la misión. Se planeó con toda pulcritud, como un viaje a la luna, entre logaritmos y fórmulas incomprensibles para un ser común y corriente.

Por órdenes superiores (siempre órdenes superiores), el 33.33% de Proyecto Nedni (o sea yo), empacó las maletas y se dirigió al noroeste del Estado Grande, a cumplir su labor, con toda devoción, como siempre, y alzando los ojos al cielo, como encomendándome a Ussen, el dios de los apaches, le pedí ayuda y permiso para penetrar en su territorio. Una vieja herida me llevaba hacia allá. La herida de una historia ignorada.

Otros apachólogos esperaban con ansias al enviado especial de Proyecto Nedni. Habían desenterrado las lanzas.

Objetivo: Rescatar la memoria indígena, en lo que a apaches se refiere. Juntar las tribus desperdigadas. Dos pantalones, dos pares de calcetines, los respectivos chones y mi camiseta de Einstein …-Fuga-, me dije internamente. Ah!, pero faltaban mi libro de Villa, de Paco Ignacio Taibo, y mi colección completa de los Rolling Stones y …-Se fueron-. Trataba de darme ánimos.

A medida que penetraba en territorio apache, mis sospechas encontraban fundamento a su existencia. La organización de ese viaje obedecía claramente a que en Casas Grandes (alias Chantes Longas) había otras gentes, amantes de la historia, trabajando sin denuedo en la misma dirección. Se iban a juntar los apaches. Cincho, no todo era casualidad en este mundo. Había un grupo ya, escarbando en la historia apache. Claro! Pasamos Flores Magón, podía imaginar aquella vieja historia de los apaches robándose a Pedro Cedillo y convirtiéndolo en El Gran Jefe Vitorio (Vitorio, sin C, como le decía mi abuelo). Podía imaginar fácilmente a los apaches cabalgando por las cumbres de las sierras que pasábamos. Entonces Galeana. Buscaba el cerro donde mataron a Mata Ortiz. Entonces empezó el diluvio. El camión parecía el arca de Noé. Pero sin animales.

Y llegamos a la tierra de Ju.

La primera presentación sería a las seis. Faltaba hora y media. Todo indicaba que la fuerte lluvia no cesaría nunca. Seguro que los dioses de los hombres blancos intentaban un boicot. ¿Cómo tanta agua junta, en el mismo lugar donde hablaríamos de la apache historia? No podía ser una casualidad. Alguien en el cielo se molestaba, habían descubierto la misión supersecreta. No importa, si tuviera que llegar nadando, llegaría. Tenía una cita con esa apache historia.

Entre toneladas de agua que caían del cielo, por centímetro cuadrado, en unos segundos, mientras bajaba las maletas, me empapé, parecía que todo el cielo y los tornados de Okalhoma se venían sobre mí. Malos augurios. Mantuve el ánimo, nada desbarataría la misión. Entre la tempestad, apareció el coche de Miguel, jefe máximo de esta revolución apachosa. Y empezó la visita.

-El tiempo se nos echa encima y todavía tengo que ir por la señora Nelda, a Colonia Juárez- dijo Miguel. Y fue ahí que la vi por segunda vez. Era un honor que Nelda Whetten asistiera a la reunión. Eso le daría mayor nivel, (a la reunión, Nelda ya lo tenía), ella era de las personas que por años ha escarbado en la tierra (es un decir) tratando de desenterrar los pedazos rotos de la historia indígena de estos lugares. La acumulación de información (verso sin esfuerzo) que Nelda poseía era invaluable. Por años había hurgado en el pasado de los apaches. Era el mejor sinodal para la presentación de mi libro. Conversamos durante el camino de regreso, la lluvia amainaba, pero la enorme cantidad de charcos impediría la asistencia masiva a la vieja estación de ferrocarril que había sido convertida en Casa de cultura.

Alguna gente esperaba en el exterior. Poco más de diez. La lluvia había hecho estragos con nuestras expectativas de asistencia. Me escurrí para vestirme de acuerdo a la ocasión. Más rápido que Superman estuve listo, volví y me sentaron al frente. Observaba varias caras curiosas llenas de emoción. Esperando, reloj en mano. La presión crecía. –A ver a que horas-, me pareció escuchar entre la enorme multitud de veinte asistentes.

En La Ciudad de las Mulas (alias Chihuahua), en Cuauhtémoc, en mi tierra santa, Anahuita la Bella, había presentado mi libro. Saúl Vásquez había hecho un hermoso ensayo poético para presentarme al público. Polo Zapata, un excelente poeta de mi rancho, también había iluminado mi camino, el del libro, y apartado un poco los zarzales de la vereda de la sátira como recurso literario para hablar de historia. Ambos fueron buenísimos, en su estilo, pero el discurso de Miguel Méndez me dejó perplejo y anonadado. Ojalá y pronto lo podamos publicar aquí, como parte de la crónica de este viaje. Con precisión quirúrgica, Miguel abrió las puertas para mi participación. Nelda observaba con atención, me pareció ver brillar sus ojos. En efecto, los apaches se juntaban. Esta vez sería definitivo, rescatar la historia de los apaches no era cuestión de una persona. No son enchiladas, pensábamos.

Entre el extraordinario público asistente, mientras Miguel hablaba, en la segunda fila localicé a quién debía ser Elías Ramos, apachólogo de corazón y causante directo de esa reunión. Sereno, disfrutaba su éxito, había juntado a los apachólogos. Luego hasta mero, mero atrás vi una persona muy seria que después supe que era Javier Ortega Urquidi, adelante a la izquierda, oculto entre los demás, identifiqué a otra persona que después sabría que se trataba de Ernesto Beall, que junto con Nelda, para mi, eran los mejores historiadores apachosos del país. Claro que fue un honor tenerlos ahí, a ambos. Luego mi gran amigo Carlos Chávez animando todo con su característica pasión de apache. Miguel terminó, hay una excelente crónica de su discurso en el Diario de Casas Grandes (después les facilitamos los datos a los lectores).

Fue entonces que me cayó el veinte, estaban reunidos ahí, los mejores historiadores apachosos de México. Bueno, claro, hay otros, pero esta vez estaban reunidos muchos de ellos. Tal vez los mejores. Nomás. Solo nos faltó Víctor Orozco y Martha Rodríguez.

Ningún lugar como Casas Grandes para hablar de apaches.

Y entonces inicié mi intervención, les dije de cómo había nacido la idea del libro El Otro Lado de la Luna, de cuando primero, cuando andaba de mojado por allá por Phoenix, Arizona, me encontré el libro de Betzinez, donde leí de la última saga de Gerónimo y Ju, les dije que era un libro muy valioso. Luego les platicaba, con mi estilo churriguresco y renegado, de cuando encontré el libro de Kaywaykla y conocí de la versión de la muerte de Vitorio y, finalmente, les receté un resumen condensado de la guerra apache.

Desde 1599 los fui llevando hasta cuando Johnson masacró a la tribu de su amigo Juan José. Las fechas se acumulaban y algunos ojos se cerraban involuntariamente, excepto los ojos de Nelda y Ernesto Beall que no perdían detalle y yo aceleraba mis intentos por llamar la atención del público dormido y aumentaba mis peroratas sobre el robo de la historia indígena. En la primera fila, un reportero friccionaba su pluma con inusitada pasión, en una libretita, mientras sacaba la lengua como Mafalda cuando quería proteger al mundo. Al otro día publicaría un excelso resumen de la reunión. Pero Nelda, Elías, Urquidi (Jorge Ortega), Ernesto Beall, Carlos Chávez y Miguel a mi lado, me mantenían la ilusión de que alguien me escuchaba después de la larga exposición.

Fue hasta que llegamos a la parte de Gerónimo cuando recuperé un poco el interés de la audiencia. No obstante, el aburrimiento hacía estragos con mi público femenino. Cuando apareció Vitorio, en la plática, algunos bellos durmientes levantaron la cabeza y un poco sus hombros y vivieron la aventura de Tres Castillos. Al escuchar como encontraron al cuerpo de Vitorio abrieron sus ojotes y a duras penas contenían sus preguntas internas, yo nos les brindaba la menor oportunidad de intervenir y sin puntos y aparte también les receté las palabras de Kaywaykla, observaba escepticismo en la cara de Nelda. Como que aquella versión de la muerte de Vitorio no la convencía del todo. Pero entonces, puse el turbo e imprimí mi toque personal, hablé sobre la necesidad de rescatar la historia apache y la lucha mano a mano contra la versión oficial y echando madres contra Joaquín Terrazas, con otras palabras, claro, hice el cierre entre una lluvia de aplausos, (como cinco).

Y empezaron las preguntas. Fue delicioso, hablar con gente que sabía, que conocía el tema. Y fue entonces que Urquidi levantó la mano. -Dios mío-, me dije por dentro, -ahí viene la primera flecha.

Urquidi, acababa de publicar su libro Los Apaches del desierto que rompía récord de ventas en las librerías de Chihuahua y en él, sostenía que la muerte de Ju se había dado en otras circunstancias, diferentes a como yo lo planteaba en El Otro Lado de la Luna. Temía que El otro Lado y los Apaches del Desierto chocaran como en la guerra de verdad. El debate real iniciaba. Cada palabra era importante.

–Ya sé por donde vienes-, pensé, mientras acomodaba las flechas de mi carcajada para poder rápidamente responder al ataque, al más puro estilo de Mangas Coloradas, quién atravesaba un venado con una flecha. No fue así, su pregunta era sobre la reunión de Ju y don Porfirio (alias don Porfis), me sorprendió entre segunda y primera, su flecha dio en el blanco a un lado de mi pobre corazón desvalido.

Desnudó mi ignorancia de las cosas de Don Porfis. Argumentó que Don Porfis (alias, don Porfirio) no había estado en Chihuahua en esas fechas. Con un gran esfuerzo, saqué de mi costado la flecha envenenada mientras con una mano trataba de detener la hemorragia y le manifesté mis personales dudas sobre el particular, le expliqué que no era mi versión sino la de Daklugie, hijo de Ju. Le dije que en las memorias de Joaquín Terrazas, éste describía una visita de Don Porfis a tierras chihuahuenses. Me rebatió que esa visita de Díaz fue después de la desaparición de Ju. Herido de muerte acepté mi derrota. Entonces la cosa se puso candente, por todos lados volaban flechas, el público cayó en la provocación, eso era el libro, una provocación, les explicaba. Pos más flechas me tiraban.

Nelda pidió la palabra. Su tranquilidad calmó un poco los ánimos. Era una apache amiga y no llevaba armas, calculé, y sí, sólo hizo un comentario sobre Gerónimo. Discretamente dejó para otra ocasión sus observaciones sobre el libro y la muerte de Vitorio. Sí, el verdadero debate sobre algunos eventos muy polémicos para los historiadores, iniciaba soterradamente. Se auguraba una visita posterior a Colonia Juárez, donde ella vive. Agradecí su discreción, ya eran muchas las flechas que mi cuerpo había recibido.

 Miguel me arrastró entre la multitud y ayudó a escurrirme de nuevo, pero ahora para escapar. Temblando y con la ropa interior mojada de sudor, salí de mi primer encuentro con la sociedad apachosa, en el corazón de La Apachería, donde sí saben de apaches. Aún temblando salí a fumar un cigarrillo, evadía la plática directa. ¡Dalai, dalai!, repetía.

Había que prepararse mejor para el otro día cuando nos presentaríamos en El Pueblo (Casas Grandes), al otro lado del río. Los paquimeítas nos esperaban ansiosos. Tenía un día para lamer mis heridas. Primera batalla. Cero hits, cero carreras. Tres ponches.

Esto no se acaba hasta que se acaba, recordé al gran Yogui Berra.

Continuará…

Os seguiré reportando desde El Corazón de la Apachería. Manden curitas.

Vinicio Chaparro

Enviado especial de Proyecto Nedni

 

 

 

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Ucrania retira a los autores rusos y bielorrusos del temario de secundaria

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Ucrania retira a los autores rusos y bielorrusos del temario de secundaria

 

El Ministerio de Educación y Ciencia de Ucrania ha anunciado que retirará a los autores rusos y bielorrusos del programa de la enseñanza secundaria de cara al curso que empieza.

Según el temario actualizado, en la asignatura de Literatura extranjera solo se estudiará a partir de ahora a los autores de obras en lengua rusa nacidos en la actual Ucrania o que tuvieran una relación especial con este país.

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“Revisar y actualizar el contenido del currículum general de la educación secundaria es una reacción ante los retos surgidos en relación con la agresión armada a gran escala de la Federación Rusa contra Ucrania,” ha indicado el ministerio en un comunicado.

Según ha indicado la agencia ucraniana “Unian”, esto implica que los alumnos ya no estudiarán al poeta nacional ruso Alexander Pushkin, aunque el programa sí incluirá a Nikolái Gogol y Mijaíl Bulgákov, ambos nacidos en el territorio de la actual Ucrania aunque escribían en ruso.

Obras de otros autores como rusos y soviéticos (que no nacieron en Ucrania) como Leon Tolstói, Fiodor Dostoyevski, o Alexander Pushkin, tampoco podrán enseñarse en los programas escolares, según informó hoy (16.06.2022) el portal de noticias Strana. Además, también se prevé que ‘Guerra y paz’, de Tolstói, tampoco estará disponible para los alumnos, porque se consideró que «glofirifica al ejército de Rusia«.

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Andri Vitrenko, viceministro de Educación y Ciencia de Ucrania, adelantó en una entrevista para la cadena Ucrania 24 que la novela ‘Guerra y paz’, también de Tolstói, sería eliminada del programa ya que «glorifica» al Ejército de Rusia, al igual que todas aquellas que hicieran «propaganda rusa».

Sin embargo, en ese momento no había especificado que obras literarias abarcaría esta medida hasta que finalmente se hicieron oficiales los anuncios actuales para el futuro de los planes educativos de Ucrania.

 

A través de EFE.

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Las claves secretas del arte, la columna de Miguel Ángel Sánchez de Armas

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Las claves secretas del arte, la columna de Miguel Ángel Sánchez de Armas

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

Pasamos por alto que el arte tiene una función comunicadora. Cierto que la estética habla con un lenguaje propio al espectador y despierta emociones que escapan a la razón, pero una escultura o una pintura también pueden contener un mensaje social o una declaración política. El Guernica de Picasso es un ejemplo clásico. 

El cuadro fue comisionado por la Segunda República durante la guerra civil para la Exposición Universal de París de 1937. Picasso plasmó la destrucción de la villa de Guernica por la Legión Cóndor nazi el 26 de abril de 1937. Es una combinación única de elementos cubistas y expresionistas y su presentación provocó un profundo impacto y desató polémicas que hoy siguen vivas.

El muralismo mexicano utilizó las técnicas de la pintura para informar una visión del mundo y lo mismo se puede decir del arte religioso. 

Otras columnas del autor: Cervantes y Freud en el diván de un mexicano

 

Es en las obras del pasado en donde mejor se puede apreciar que la pintura, la escultura y la arquitectura tenían, a más de las expresiones propias de la creación, funciones no tan diferentes a las que hoy cumplen los medios masivos. Veamos algunos ejemplos:

La matanza de los inocentes de Pieter Breugel El Viejo (1565). El relato bíblico del infanticidio de Herodes ha sido un tema recurrente entre los pintores de la antigüedad y modernos, desde El Geronés en 1275 hasta Gjertson en 1991, pasando por Pisano, Fra Angelico, Mocetto, Aspertini, Tintoretto, Poussin, Castello, Doré y Rubens. Breugel lo usa para describir un episodio de la ocupación de los Países Bajos ordenada por Felipe II para reprimir la herejía calvinista y anabaptista, cuando la tropa española y un escuadrón de valones, al mando del Duque de Alba, masacran a los habitantes de un pueblo flamenco.

El cuadro, entonces, adquiere carácter de una declaración. Reseña un episodio histórico, pero es a la vez una denuncia. Provocó tal repulsión que eventualmente hubo de ser retocado para reemplazar con animales domésticos los dibujos de los niños que eran pasados a cuchillo por las tropas invasoras. Esto es el equivalente a la moderna eliminación de escenas en una película.

La ejecución de Maximiliano de Edouard Manet (1867). El artista pintó tres versiones, todas censuradas en Francia por razones políticas y una de ellas seccionada y recuperada entre 1890 y 1912 por Edgar Degas. Hoy se exhiben los fragmentos en la Galería Nacional de Londres.

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Un mexicano educado en la historia de ángeles y demonios que se imparte en nuestras aulas puede experimentar sentimientos encontrados frente al cuadro, dependiendo si considere a Maximiliano salvador o anticristo. ¿Pero Manet? Por sus convicciones republicanas no era simpatizante de Napoleón III. Si examinamos la composición del cuadro y recordamos las circunstancias de la época, la conclusión es que nos encontramos no ante una obra de arte, sino frente a una pieza de propaganda política.

El fusilamiento de Maximiliano fue motivo de gran descrédito para el dictador sobrino del Corzo, quien primero alentó y apoyó la aventura mexicana de Maximiliano y después, con el retiro de sus ejércitos, le despejó el camino al Cerro de las Campanas. Es en este contexto que la intención de Manet debe considerarse. 

El peso del cuadro está en el pelotón de fusilamiento, no en los fusilados cuyo destino ha quedado sellado con la descarga. Pero los militares mexicanos visten uniformes franceses. El artista nos dice que fueron Francia y Napoleón, no México y Juárez, los responsables de la muerte de Maximiliano y sus generales. 

¿Que se derramó sangre real? No es cosa que concierna al Imperio y así nos lo dice el despreocupado jefe del pelotón, quien ajusta su fusil para el tiro de gracia. El mensaje del conjunto es una acerba crítica a Napoleón III. Así se entendió en su momento y ni una de las tres versiones pudo ser exhibida en Francia. ¿Le recuerda el lector el caso de La sombra del caudillo, la película maldita de la cinematografía mexicana?

La ejecución de Lady Jane Grey de Paul Delaroche (1834). Cuando se presentó en París, arrancó exclamaciones de dolor en la concurrencia y uno que otro desmayo entre las sensibles damas de la aristocracia. Habían transcurrido apenas 40 años de la decapitación de María Antonieta y la visión de otra joven reina momentos antes de sufrir la misma suerte conmovió al público.

 

Jane Gray era nieta de Enrique VII y fue proclamada reina de Inglaterra en 1553 a la edad de 17 años, pero sólo ocupó el trono durante nueve días. Los seguidores de María Tudor la depusieron, fue encerrada en la Torre de Londres y decapitada el 12 de febrero de 1554. He aquí todos los elementos de una tragedia romántica (hoy llamada telenovela): una princesa joven, bella y virginal es atrapada en la lucha entre protestantes y católicos; los complotistas de la Corte organizan su coronación; el bando rival la derroca; se convierte en un símbolo incómodo para todas las facciones y es entregada al verdugo.

En el cuadro de Delaroche, la joven se dispone a colocar el cuello sobre el bloque de madera, gentilmente auxiliada por el Guardián de la Torre, frente a un verdugo de semblante grave y decidido. Jane Grey viste un fondo de satén blanco y lleva vendados los ojos. Es la imagen misma de la fragilidad, la inocencia y el desamparo. A un lado, una dama de compañía se ha desmayado, mientras que otra llora con el rostro contra la piedra, incapaz de atestiguar la escena.

Es en verdad una imagen conmovedora. La técnica realista y las dimensiones del cuadro (2.5 por 3 metros) dan al conjunto un aire trágico. Sólo que, a la manera de los productores actuales de telenovelas, Delaroche conocía a su público y se permitió algunas licencias para exprimir al máximo su sentimentalismo. En la realidad, Jane Grey fue decapitada en los jardines de la Torre de Londres, no en su celda. No le vendaron los ojos y vestía un ajuar completo. Y el pelo, que en la pintura es una cascada dorada, lo habría llevaba en un chongo. Puesto que se trató de un acto político que involucraba nada menos que la sucesión al Trono del Imperio Británico, fue atestiguado por un numeroso grupo. Así, de un hecho histórico documentado, el pintor construye un drama para mover a las masas. ¿Suena conocido?

Alegoría con Venus y Cupido de Agnolo di Cosimo di Mariano Tori, llamado El Bronzino (1545), es una de las pinturas más conocidas y apreciadas del manierismo, el estilo artístico de transición del renacimiento al barroco. Para el espectador moderno el primer impacto es el de una exquisita mezcla de texturas, colores y formas que se resuelve en un conjunto de fuerza y equilibrio: una Venus nívea recibe de Cupido un beso en el centro de un conjunto de personajes de posturas artificiosas y expresiones contrastantes. 

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La beatífica expresión de la Diosa, la juguetona mirada del infante a la derecha, el anciano que extiende un brazo protector o la doncella que parece lanzar una mirada ausente a los demás personajes, nos arrancan expresiones de asombro y admiración. ¡He aquí una gran obra de arte!

Pero en su momento fue un cuadro erótico en la corte florentina de los Medici y en los salones de Francisco I de Francia, si bien hoy sus significados más ocultos no han sido del todo esclarecidos: domina el cuadro la figura de Venus, quien besa a Cupido, su hijo, al tiempo que con la mano derecha le sustrae una de sus flechas y en la izquierda sostiene la Manzana Dorada, regalo del pastor Paris. 

El niño que se acerca por la derecha es Frivolidad, quien además de estar a punto de arrojar sobre la pareja las rosas del placer, lleva en el tobillo los cascabeles del bufón de la Corte. A sus espaldas vemos el rostro de una bella joven que ofrece un trozo de colmena, símbolo del placer; pero un examen más detallado revela que sus manos están invertidas y su cuerpo es el de un monstruo cuya garra está entre las piernas de Frivolidad, mientras que con la otra mano sostiene el aguijón en el que culmina su cola escamosa. En la parte superior derecha, Tiempo impide que Olvido, representado por una máscara y una peluca, arroje su manto sobre la escena.

Los públicos del siglo XVI entendieron -y sin duda se regocijaron- con la trama: Venus se involucra en una relación incestuosa con su hijo, Cupido, quien cínicamente pisotea los votos de fidelidad marital de su madre, representados por la paloma en la parte inferior izquierda. 

Frivolidad ciega a la pareja a las consecuencias de su conducta, que además del engaño puede traer enfermedades, lo cual sería un amargo aguijoneo a su placer, posibilidad que también se les oculta. Sólo Tiempo podrá revelar la verdad de los hechos y frena la intención de Olvido para ocultarlos. 

Sabemos que El Bronzino modificó la obra conforme avanzaba en ella, y hay personajes que sufrieron hasta tres cambios de postura. Eso nos habla del carácter dinámico del arte, rasgo que no siempre es evidente para el espectador moderno, acostumbrado al movimiento en la pantalla del televisor. He aquí el sueño de la llorada Corín Tellado.

En Los Embajadores, cuadro pintado por Hans Holbein el Joven (1533), tenemos otra muestra de la naturaleza comunicativa y simbólica del arte pictórico. 

 

A primera vista es un retrato más para adornar la estancia de un palacio. Dos hombres jóvenes ricamente ataviados miran al espectador con aplomo y seguridad. A la izquierda, Jean de Dinteville, embajador francés ante la corte inglesa; a la derecha, su amigo Georges de Selve, obispo de Lavaur y enviado a la Santa Sede. 

Estos poderosos y jóvenes personajes -29 y 25 años respectivamente- tuvieron participaciones destacadas en los movimientos religiosos y políticos desatados por la Reforma.

Frente a una cortina de rico brocado, y apoyados en un elegante mueble, De Dinteville y De Selve parecen tomar un respiro a la mitad de alguna discusión filosófica, científica o teológica. En los entrepaños se agrupan diversos objetos propios de su interés, como libros, aparatos para la astronomía, globos terráqueos, instrumentos musicales, un compás y un catalejo.

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Un extraño objeto en la parte inferior llama la atención y nos introduce a la multiplicidad de mensajes contenidos en el óleo: Los Embajadores es en realidad un apunte biográfico. De Dinteville simboliza la vida secular y De Selve la contemplativa. Hay entre los amigos un complemento y equilibrio perfecto. El objeto a sus pies, visto desde el ángulo inferior derecho, es una calavera humana, distorsionada, que no sólo simboliza la brevedad de la vida, sino que dice al espectador que, sin importar la condición económica, social o académica, todos deberemos rendir cuentas. 

Los objetos narran la vida de los personajes. Los instrumentos para medir el tiempo y para comprender el movimiento de los astros, hablan de lo que la racionalidad de aquel momento no podía comprender. 

Otros objetos se refieren a actividades mundanas: un globo, una mandolina, un libro de matemáticas, un estuche de flautas y un himnario abierto en la traducción de Lutero a “Viene el Espíritu Santo”, mensaje que en su época no pasó desapercibido, pues la Reforma protestante estaba en su apogeo. 

 

Incluso el diseño del piso es otro capítulo de la historia, pues se deriva de los símbolos cósmicos de la Abadía de Westminster. La cuerda rota en la mandolina simboliza ya sea la fragilidad de la vida o las consecuencias de los enfrentamientos religiosos; en tanto el libro de salmos un ruego por la unidad cristiana. Este cuadro en su época fue el equivalente a uno de los tomos de la Biografía del poder de Enrique Krauze.

14 de agosto de 2022

@juegodeojos  facebook.com/JuegoDeOjos sanchezdearmas.mx

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Aristas históricas en torno a la sexualidad

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 Por Alberto Farfán

Al indagar sobre el papel de la sexualidad en el ámbito social que ha registrado nuestra singular humanidad civilizada, me encontré con ciertos datos que no dejan lugar a dudas acerca del control de ésta a través de la censura o del rechazo sistemático por parte de la esfera del poder.

La prostitución organizada, el adulterio tanto de hombres como de mujeres, los delitos sexuales, los mitos orientales, la danza del vientre y el remedio para eliminar enfermedades venéreas, serían algunos de los puntos que Emmett Murphy nos revela en su estudio Historia de los grandes burdeles del mundo de una manera accesible y amena.

Por ejemplo, con relación a los castigos infligidos a los transgresores de la moral, nos dice Murphy: “En el año 450 d. C. la tradición tribal dictaba que se debía azotar en público y cortar la nariz a las mujeres dedicadas a la prostitución, desagradable costumbre que pervivió en Inglaterra hasta una época tan tardía como el siglo XVIII. Por otra parte, ya en el año 100 a. C., Tácito nos informa que entre los castigos impuestos a las prostitutas por los teutones se contaban, como formas preferidas de ejecución, el ahogamiento de la culpable en excrementos o la extracción de las vísceras”.

No obstante, hay que resaltar la postura más tolerante y permisiva sobre este tema por parte de la India en el siglo III a. C., pues sucedía “que los negocios sexuales se veían con indulgencia o se fomentaban desde el templo, la corte y el burdel,” lo cual no quería decir que se admitiera el adulterio. Ya que acerca de esta materia, “Manu, el eminente legislador indio, recomendaba castigar la infidelidad conyugal con la pena capital. El Manu Smriti Samhita cita 371 delitos sexuales a los que deben aplicarse castigos severos. Al marido adúltero se le podía quemar vivo, mientras la mujer acusada del mismo delito sería castigada a ser devorada por perros”.

Por otro lado, resulta interesante la visión de las prostitutas japonesas del siglo XIX con relación a ciertas características de sus clientes: “se pensaba que los hombres de pelo rizado eran extremadamente lujuriosos y que un estornudo estaba cargado de presagios: si se estornudaba una vez significaba que alguien estaba hablando bien de ti, si se estornudaba dos veces alguien estaba hablando mal de ti, tres estornudos significaban que alguien te quería y cuatro que habías cogido un resfriado”.

Y acerca de la mítica danza del vientre de la Arabia del siglo XV, se indica: “Dado que acumular numerosas grasas se consideraba como un signo de gran riqueza y poder, los sultanes, khanes, visires e incluso los pachás locales tendían a sobrealimentarse. El resultado era que sus grandes barrigas convertían en muy difícil, si no imposible, el mantener relaciones sexuales en las posturas comunes. Por ello, la sehniqueh se veía obligada a realizar contorsiones frente al obeso cliente hasta conseguir excitarle”.

Pero acaso la arista que mayormente llama la atención no es más que aquella que en la Inglaterra del siglo XIX todavía siguió vigente como un hecho irrefutable y rotundo, es decir, “el mantener relaciones sexuales con una mujer virgen como un remedio para las enfermedades venéreas”.

En definitiva, hablar de sexualidad desde una perspectiva histórica es conocer y/o re-conocer que ésta ha sido y será un tema sensible que implica moral y poder. Y que se ha visto oscilando entre la brutalidad inhumana y su opuesto. Nunca en el justo medio aristotélico, que esperamos algún día alcanzar.

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