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Investigaciones

El Contador y El JJ en las omisiones y pifias de Anabel Hernández

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Por Guadalupe Lizárraga

La nueva detención de Francisco José Barreto García, alias El contador, el 14 de abril, revivió en redes sociales y medios mexicanos e internacionales la historia trágica del futbolista paraguayo Salvador Cabañas Ortega, quien era integrante del Club América y se vio obligado a retirarse de su carrera deportiva tras recibir un disparo en la cabeza el 25 de enero de 2010.

Barreto García fue detenido la primera ocasión en junio de ese año tras su coparticipación en el atentado contra el futbolista, junto con José Jorge Balderas Garza, alias El J.J., detenido el 18 de enero de 2011; ambos acusados de delitos contra la salud y relacionados con el Cártel de los Beltrán Leyva.

En el atentado a Cabañas, según la narrativa de los medios, el sistema de videovigilancia captó el momento en que Barreto escoltaba a Balderas Garza, en el baño del Bar-Bar, y en sus declaraciones ministeriales dijo que había presenciado el momento en que Balderas disparó al futbolista. Pero también en las declaraciones de Balderas, tras su detención en 2011, señaló que él no había disparado, sino que había sido Barreto, ya consignado como copartícipe de la agresión.

En esta historia, no podemos eludir y dejar de contrastar las diferentes versiones publicadas por Anabel Hernández en sus libros, porque no hay ingenuidad en sus omisiones. Tampoco en sus calumnias y pifias que han afectado a personas inocentes, con procesos judiciales sin sentencia ejecutoria; todas han sido decisiones deliberadas de su parte, y como periodista tiene un compromiso ético sin cumplir desde hace más de una década. Los más desinformados creen que su ‘trabajo’ está relacionado con la DEA, pero ninguna instancia del gobierno de los Estados Unidos sostendría a una periodista tan desaseada en su información, violando contratos de confidencialidad, y con compromisos personales como el de Javier Lozano Alarcón, uno de los cómplices de Felipe Calderón, que también ha omitido en sus libros.

El nombre de Anabel Hernández a quien sí ha servido es a la PGR, desde los tiempos de Eduardo Medina Mora como procurador. Su nombre ha legitimado mentiras como las del ‘caso Wallace’ y ha desinformado sobre hechos relacionados con narcotraficantes, empresarios y funcionarios mexicanos. Anabel ha sido el gatillo de la SIEDO-PGR con el que pretendían controlar a García Luna en su carrera presidencial.

Las omisiones de El JJ

Las omisiones de Anabel Hernández en el caso de José Jorge Balderas Garza muy probablemente fueron acuerdos con la PGR. El JJ cumple una sentencia ejecutoria por 20 años de prisión, con cargos de delincuencia organizada y delitos contra la salud, de los cuales ha compurgado la mitad. Tras su detención, sirvió como testigo protegido bajo el alias de Némesis en contra de Édgar Valdez Villarreal «La Barbie», quien era su «amigo», palabras de Valdez Villarreal en videocámara, y de los Beltrán Leyva, para quienes trabajaba.

Sin embargo, como testigo protegido, El JJ fue desestimado por las extradiciones de sus objetivos a los Estados Unidos, y entonces se ofreció como colaborador de la autoridad penitenciaria en el mismo penal, lo cual le podía dar un beneficio a la larga, por ser beneficio de ley para una preliberación, pese a que está pendiente la sentencia sobre el homicidio en grado tentativa.

En 2011, quien dio a conocer en los medios la situación del JJ fue Facundo Rosas Rosas, entonces comisionado de la Policía Federal, y mencionado reiteradamente en los libros de Anabel, sobre todo en Los cómplices del presidente. Pero nada de este contexto fue dado por la periodista con el nombre de José Jorge Balderas. Actualmente, Rosas Rosas es una de las personas contra las que la FGR emitió órdenes de aprehensión el 9 de enero de 2022 por el tráfico ilegal de 2 mil 500 armas, acto conocido como «Rápido y Furioso» durante el periodo de mandato de Felipe Calderón.

La misma historia, Anabel la cuenta en versiones distintas y todas las ha vendido como historias verídicas.

La prisa por Los señores del narco

En la primera edición de Los señores del narco, que empezó a circular en noviembre de 2010, Anabel Hernández afirmó que George Khoury Layón estaba involucrado en el atentado contra el futbolista Salvador Cabañas. Eran expedientes fabricados de la PGR que publicó a toda prisa y sin ninguna prueba. Para entonces, Khoury llevaba preso un año y dos meses, detenido arbitraria e ilegalmente el 2 de septiembre de 2009, por órdenes de Eduardo Cuauhtémoc Margolis Sobol y torturado por el expolicía federal Porfirio Javier Sánchez Mendoza, actualmente en prisión, y por su suboficial Rolando Mayorga Cordero, en estos momentos prófugo.

Anabel ignoró todas las violaciones de derechos humanos que Khoury Layón padecía por parte del empresario que pagaba la consigna y los policías de Felipe Calderón, y jamás publicó la versión de Khoury sobre los hechos pese a que habló con él en 2012; por el contrario, le dedicó seis páginas de calumnias en su libro redactadas después de la fecha del atentado al futbolista, entre febrero y octubre del 2010, puesto que en noviembre su libro ya estaba en circulación, y reiteró estas calumnias en otros títulos en 2013 y 2014 con el total apoyo de su empresa editorial.

En esas páginas lo señaló como el autor intelectual del supuesto secuestro de Hugo Alberto Wallace Miranda, dando por verídico el caso Wallace, fabricado por Isabel Miranda Torres y la PGR, pese a que en 2010 había información de las verdaderas víctimas. Además de secuestrador, Anabel se refirió a Khoury como homicida y narcotraficante, acusándolo de ser miembro de dos grupos delictivos opuestos, el del Cártel de los Beltrán Leyva y el de la célula El Apá.

En esa misma edición mencionó a César Freyre Morales con las mismas calumnias, diciendo que recibía órdenes de Khoury y que, cinco años antes, César había confesado sobre esto y el caso Wallace, incluso Anabel hizo referencia a Isabel Miranda como “la responsable de esas capturas”.

En contraste, los hechos son que el 2 de octubre de 2010, Freyre confesó bajo tortura, una de las más brutales de todas, que sí había secuestrado a Hugo Wallace y de todo lo que quisieran inculparlo, porque ya no aguantaba más, y agentes de la SIEDO tenían a su madre encañonada en su casa mientras él iba a presentarse a audiencia. Durante los cuatro años anteriores, a pesar de las torturas estuvo negando el supuesto crimen. Fue detenido directamente por Isabel Miranda Torres y el agente de la SIEDO Braulio Robles Zúñiga, con tres agentes más, el 23 de enero de 2006 y presentado tres días después; y no en 2005 como afirma Anabel Hernández en su libro, otra pifia insostenible porque además Isabel Miranda se había encargado de hacer mediática su detención con la increíble historia de su captura. Cualquier búsqueda en Google le hubiese dado a Anabel las fechas precisas.

Pero la periodista se ensañó con ellos, con las víctimas de Wallace, incluso con Juana Hilda González Lomelí. A Khoury lo relacionó falsamente con el Cártel de los Beltrán Leyva y con El Apá, pero también lo acusó de trabajar con otro grupo de secuestradores de la Ciudad de México llamado supuestamente «La Flor», que también resultó información falsa, utilizando nombres de detenidos por otros delitos o en otros estados. Más fabricaciones de la PGR que Anabel presentaba como «sus investigaciones». Incluso afirmó que Khoury había obtenido más de 100 millones de dólares por unos 40 secuestros y, al mismo tiempo, contra toda lógica también afirmó que la hermana de éste vendía “tachas” en las afueras de sus “antros” por lo que se le había girado una orden de aprehensión.

En cambio, en esta primera edición omitió el nombre de José Jorge Balderas Garza, alias El JJ, y el de Francisco José Barreto García, alias El Contador, pese a que para la fecha en que se editó el libro había información y fuentes para precisar sobre el atentado contra Salvador Cabañas, sobre todo tratándose de personas vinculadas a los Beltrán Leyva. Pero ni detalles ni contexto. Y en sus demás libros, Anabel omitió completamente la participación, la identidad y la trayectoria delictiva de Francisco José Barreto García.

Segunda edición de Los señores del narco, versión 2

Para mayo de 2014, el Grupo Editorial Penguin Random House sacó una edición de este título de Anabel Hernández, en el que eliminó por completo el párrafo sobre el atentado contra Salvador Cabañas.

El contexto omitido era que, tras la primera detención de Barreto, en junio de 2010, por su participación en el atentado contra el futbolista y distribuir drogas en Estado de México, declaró que El JJ era el que había disparado a Cabañas en los baños del Bar-Bar. Mientras que El JJ también en su detención dijo que había sido Barreto el responsable del disparo al futbolista, y argumentó que El Contador estaba encargado de su seguridad, además de operaciones financieras y administrativas.

Pero los cuatro años de escándalos mediáticos que siguieron, con información profusa sobre los hechos relacionados con narcotráfico, no valieron a Anabel Hernández ni a la editorial para corregir lo publicado en 2010. Simplemente en esta edición eliminaron el párrafo con el nombre del futbolista y sus atacantes, pese a que estos pertenecían al mundo de los Beltrán Leyva, el que investigaba supuestamente Anabel Hernández.

Pero en cambio, la periodista reiteró todas las calumnias contra George Khoury Layón, César Freyre Morales y Juana Hilda González Lomelí sobre secuestros, homicidios y narcotráfico, pese a que el 31 de mayo de 2014, Los Ángeles Press, bajo mi autoría, revelaba las evidencias de la falsedad del caso Wallace y en una serie de reportajes revelaba las torturas a las víctimas para que se confesaran culpables de un crimen que no había sucedido. Anabel Hernández, por su parte, en la revista Proceso, ese mismo día, horas después, puso en duda el caso Wallace en un artículo titulado «El caso Wallace, más turbio que nunca».

Los otros libros y las otras versiones

En su libro México en llamas, en su edición de diciembre de 2012, que ya fue reeditada y aumentada, Anabel Hernández se refirió escuetamente a José Jorge Balderas, El JJ, como responsable de haber disparado contra el futbolista y volvió a omitir el nombre y la participación de Barreto García, El Contador.

Pero en el caso de los inculpados de Wallace, en el capítulo que le dedica, da credibilidad a la confesión obtenida bajo tortura con abuso sexual de Juana Hilda González Lomelí, y páginas más adelante, contradictoriamente, especifica que fue sacada del “centro de arraigo con lesiones y golpes” sin referirse a ello como tortura. Entre las partes aumentadas sobre el caso Wallace, refiere las evidencias además sobre la fabricación de pruebas, pero sigue tratando a Isabel Miranda con deferencia, sin señalarla directamente responsable de las torturas, pese a que esta información ya era pública a través de cartas abiertas escritas por las víctimas y dirigidas a funcionarios e instancias de derechos humanos.

En este título, los nombres difamados de las víctimas de Isabel Miranda vuelven a desfilar, excepto el de George Khoury, a quien había acusado de ser el autor intelectual del supuesto secuestro Wallace y omite el nombre de Jael Malagón Uscanga, quien también fue inculpado por Isabel Miranda y Braulio Robles Zúñiga “de otros secuestros”, para justificar “la temible banda de secuestradores”.

Narcoland, su versión en inglés

La versión en inglés de Los señores del narco, traducida por Verso Books, en 2013, fue recortada. También se eliminó el párrafo sobre el atentado de Salvador Cabañas, pero también todo lo referente al caso Wallace, eliminando el nombre de César Freyre. Sin embargo, Anabel Hernández siguió con todas las calumnias y difamaciones en contra de George Khoury Layón. En esta versión lo vincula directamente con Edgar Valdez Villarreal, y destaca que «fue detenido con armas calibre .35 y .22, además de pastillas psicotrópicas». Cuando en realidad, la defensa de Khoury demostró con evidencia videográfica y un audio grabado de su tortura que fue detenido en un gimnasio y de allí se lo llevaron para torturarlo durante 14 horas, hasta el día siguiente fue presentado a la SIEDO. Igual que en los otros libros, Anabel se ensañó acusándolo además de narcotráfico, de secuestros, homicidio y de poseer millones de dólares.

Un año antes de esta edición, Anabel Hernández había visitado a Khoury en el Reclusorio Oriente, y de acuerdo con el testimonio de la víctima, le ofreció disculpas por esas calumnias, prometiéndole que las corregiría si Khoury obtenía su reconocimiento de inocencia. Lo cual obtuvo en 2017 por parte del Grupo de Trabajo de Detención Arbitraria de Naciones Unidas y de la Secretaría de Gobernación en 2019. Incluso, en carta pública a Anabel, Khoury le pidió que corrigiera sus libros. Él había cumplido su parte, ahora faltaba ella. No obstante, hasta la fecha Anabel se mantiene firme en sus calumnias.

El JJ en Emma y otras señoras del narco

Francisco José Barreto García tampoco existe en este libro de Anabel Hernández, donde vuelve a mencionar el atentado contra Salvador Cabañas, un libro por el que está siendo demandada por varias figuras públicas del espectáculo. En la referencia al JJ dice las cosas a medias.

«En 2010, el Bar Bar se volvió tristemente célebre cuando el futbolista Salvador Cabañas fue agredido con un disparo en la cabeza por José Jorge Balderas Garza, a quien en las noticias se identificó como el JJ, lugarteniente de la Barbie, aunque dentro de la organización criminal todos le decían Batman por su altura y aspecto.» Emma y las otras señoras del narco (Spanish Edition) by Anabel Hernández.

Es inverosímil pensar que Anabel desconoce la información relacionada con el caso Cabañas. Lo que no se explica es por qué omitir la participación en el crimen del Contador, cuando ha sido publicado en todos los medios, más aún cuando da detalles irrelevantes y de alcoba de otros narcotraficantes.

¿Por qué silencio de Anabel con El JJ y El Contador?

La forma en la que Anabel Hernández ha ido publicando y corrigiendo sus libros, sobre todo las versiones digitales, trazan una trayectoria de omisiones muy convenientes para el colaborador de la PGR El JJ y El Contador, y mantiene con obstinación falsedades y pifias para inculpar a inocentes, como en el caso de George Khoury Layón, consigna de Margolis.

Incluso a las víctimas de Isabel Miranda Torres, pese a que Anabel misma ha puesto en duda el caso, no le ha prestado interés en limpiar el nombre de sus inculpados, cuando es responsable de errores y contradicciones, que hemos señalado reiteradamente en Los Ángeles Press, desde donde se ha denunciado la persecución de Isabel Miranda contra quien esto escribe tras revelar la identidad del padre biológico de Hugo Alberto, el señor Carlos León Miranda, primo hermano de Isabel; las tres identidades oficiales de Hugo Alberto, dos de ellas activas en Hacienda hasta 2018; las declaraciones ministeriales falsas de Isabel Miranda; la fabricación de la gota de sangre; la identidad de los torturadores de los inculpados, activos en el servicio público todavía; la colaboración de Miranda en la Secretaría de Seguridad Pública en 2004 con Eduardo Medina Mora; su injerencia en el área de Secuestros de la SIEDO, desde 2001; su participación directa en las torturas y amenazas a sus víctimas, entre otras cuestiones más que nos llevan ineludiblemente a la PGR y al silencio de Anabel Hernández.

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Investigaciones

Con gastos de 5 mdp al año, exsenador Luis Fernando Salazar dice ‘tener las manos limpias, al igual que Calderón’

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Luis Fernando Salazar Fernandez, ex senador panista y ahora integrante de Morena

En cinco años, el exsenador y su esposa llegaron a gastar 21 millones de pesos con gastos exorbitantes en imagen política

Por Zavianny Torres Baltazar

Con la vista puesta en la próxima elección para la gubernatura de Coahuila, el exsenador panista Luis Fernando Salazar Fernández, no repara en gastos suntuosos.

Utiliza asociaciones civiles, grupos empresariales, agencias, para gastar de forma discrecional en su posicionamiento mediático, en redes sociales, reparto de “ayuda social” a cambio de afiliación a organización política, vinculada a él y su campaña de promoción.

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En tan sólo cinco años Salazar Fernández y su esposa, Karla Matilde Villareal, quien comparte los beneficios de la tarjeta American Express, han gastado cerca de 21 millones de pesos, es decir, cerca de 5 millones al año. Casi medio millón de pesos al mes. Ni lo que gana de forma neta el presidente de la república. En documentos que obran en nuestro poder, se puede constatar las operaciones financieras exorbitantes que la familia Salazar Villareal realizó en los últimos cinco años.

Entre los beneficiarios de esas transacciones bancarias está un grupo de empresarios del sector inmobiliario, medios de comunicación, notarios y colaboradores diversos además de negocios de la familia de su esposa Karla Matilde Villarreal Villarreal, quién también aparece como beneficiaria de la tarjeta de crédito con la cual se pagaron consumos de 20.9 millones de pesos entre 2017 y 2022 con 58 operaciones.

En la publicación que Proceso hizo esta semana, el señalado en ningún momento niega esos gastos excesivos, ni los millonarios gastos por concepto de proyección de su imagen. “A estos gastos se suman al menos 1.8 millones de pesos en publicidad pagada en la plataforma de Facebook, del 4 de agosto del 2020 al 11 de septiembre del presente año en dos de sus páginas identificadas como Luis Fernando Salazar Fernández y Luis Fernando Salazar.

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Un total de 554 mil 988 pesos fueron pagados directamente por él mientras que el resto fue financiado por cinco distintas empresas y organizaciones como Comunicando ideas, Comunicación disruptiva y Cada día un mensaje, de las cuales no hay rastro. Hay otras como Movimiento Progresista, que impulsa la imagen de Marcelo Ebrard, así como la empresa Red Marketing con oficinas en Torreón.

Otro millón de pesos se ha invertido en su imagen, pero mediante “una organización no gubernamental” denominada La fuerza social, qué lleva las mismas siglas de Salazar y que en sus redes sociales pide un registro de afiliación, como si fuera una institución con fines políticos partidistas según constató esta reportera», menciona el semanario Proceso.

No olvidemos que en su momento, el entonces senador Luis Fernando Salazar fue señalado como uno de los legisladores que aceptaron los sobornos del ahora preso Emilio Lozoya. Las aventuras políticas de Salazar lo han llevado a militar en el PAN y a hacer campaña por el partido de Pedro Haces, Fuerza Social. Ahora busca ser el candidato de morena a la gubernatura del estado de Coahuila.

Al mismo tiempo, el exsenador panista, niega tener alguna investigación en curso o haber defraudado fiscalmente al gobierno. Sostiene que contrario a eso, cuenta con todas sus declaraciones en tiempo y forma. Sin embargo, en ningún momento niega haber realizado los gastos excesivos de decenas de millones de pesos en los últimos años.

Al igual que Peña Nieto, dice desconocer sobre los gastos que se hacen para promover su imagen y posible candidatura. Y al igual que Calderón dice “Tener las manos limpias».

 

 

 

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Fabricación de culpables

Quiénes torturaron a Israel Vallarta Cisneros

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Agentes de la AFI y hasta el reportero Pablo Reinah están entre los torturadores de Israel Vallarta

Los Ángeles Press

El caso de Israel Vallarta volvió a destacar en los medios y redes sociales luego de que el documental de Netflix, ‘El caso Cassez-Vallarta. Una novela criminal’, exhibiera el montaje y la fabricación de delitos que le hicieron a ambos personajes por parte del sistema de procuración de justicia mexicano.

Además de la fabricación de delitos y la exhibición mediática como secuestrador, Israel Vallarta Cisneros, quien se encuentra en prisión preventiva por más de 17 años, fue torturado y violado sexualmente en su detención, de acuerdo con los resultados del protocolo de Estambul publicado en Los Ángeles Press y las entrevistas a los peritos médicos hechas por la periodista Guadalupe Lizárraga.

Sin embargo, el caso se ha empantanado en el debate mediático debido a la perspectiva difundida por el corporativo de entretenimiento, y han quedado en el rezago judicial las denuncias contra los perpetradores de las torturas mencionados en el protocolo de Estambul.

Para saber más del tema: Netflix viola derecho de presunción de inocencia a Jacobo Tagle y protege a victimario de Israel Vallarta

Aquí la lista de los perpetradores:

Luis Cárdenas Palomino

Ex agente de la desaparecida Agencia Federal de Investigaciones y mano derecha de Genaro García Luna. Fue mencionado en 59 ocasiones por Israel Vallarta en su protocolo de Estambul identificándolo como su principal torturador. Cárdenas Palomino fue titular de Seguridad Regional y coordinador de Inteligencia para la Prevención del Delito en la Secretaría de Seguridad Pública Federal e incluso torturó a Vallarta frente a las cámaras de Televisa cuando se transmitió el montaje de su captura junto con Florence Cassez.

 

Pablo Reinah

El ex reportero de Televisa fue acusado por Israel Vallarta, mediante un testimonio que ventiló la periodista Emmanuelle Steels, de haberlo golpeado. Pablo Reinah también fue mencionado en el protocolo de Estambul como una de las personas que fue incitada por el propio Cárdenas Palomino para golpearlo, y previo al montaje televisivo propinó bofetadas a Vallarta.

Eduardo Cuauhtémoc Margolis Sobol

Empresario de Tecnología de Inteligencia y seguridad privada fue mencionado 22 veces en el protocolo de Estambul de Israel Vallarta, por haber intervenido directamente en las torturas a Israel propinándole patadas «una tras otra» y “con intensidad”. Según este documento oficial ordenado por el Consejo Federal de la Judicatura, «probablemente propinó (estas) patadas (que fueron) muy distintas a las que le realizaron los (integrantes de la) AFI«. Margolis ha sido denunciado también de ordenar las detenciones arbitrarias y tortura a George Khoury Layón por vía del expolicía federal Porfirio Javier Sánchez Mendoza, del mismo grupo de Cárdenas Palomino.

La editora recomienda: Tortura, secuestro y espionaje, vínculo Margolis con casos Israel Vallarta, George Khoury y Wallace

 

María Isabel Hernández Arzate, alias «Comandante Libra»

La ex comandante del área de secuestros de la AFI es acusada de violar sexualmente a Israel Vallarta con un tolete, además de darle golpes con un palo de escoba en la planta de los pies, torturarlo por aplastamiento, y de violencia verbal para su humillación. «Le introduce un palo por el ano, mientras le aplican corriente eléctrica en los testículos», se lee en una parte del protocolo de Estambul. Sin embargo, hasta este momento se desconoce alguna acción penal en su contra.

Israel Zaragoza Rico

Maestro de Derecho penal, con cédula Número: 9024565, obtenida en 2015. Intervino en la tortura de Israel Vallarta, bajo órdenes de Francisco Javier Garza Palacios, y presenció con burlas la violación sexual. En 2006, Zaragoza Rico fue nombrado director del área de Secuestros de la Agencia Federal de Investigaciones, bajo la dependencia de la Procuraduría General de la República al mando de Eduardo Medina Mora. En 2011, fue nombrado coordinador regional de la Policía Federal en el estado de México.

Recibió órdenes de uno de los agentes de la AFI de golpear, amenazar e intimidar a Vallarta. Después de intervenir en la golpiza, «(Realizó) burlas al presenciar la violación», se añade en otra parte del informe.

Francisco Javier Garza Palacios

Licenciado en Derecho por la UNAM, con cédula cédula número 4109671, era director de Operaciones Especiales de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) en 2005 cuando intervino en la tortura de Israel Vallarta. Luego ocupó el cargo de coordinador regional de la Policía Federal en Sonora y fue separado del cargo en 2007 tras permitir el paso de un convoy de sicarios del Cártel de Sinaloa con el que se le relacionó. Tras el enfrentamiento, García Luna lo incorporó a la Secretaría de Seguridad Pública en Colombia. En 2008 regresó a México para responder a investigaciones de la SIEDO por presuntos vínculos con el narcotráfico. Fue quien ordenó a Israel Zaragoza Rico intensificar la tortura a Vallarta.

Lee más: Eduardo Margolis, de empresario de Seguridad a redentor justiciero y vengativo

José Aburto Pazos

Con cargo de suboficial, fue uno de los cuatro agentes de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) que ingresaron al domicilio donde se realizó el montaje televisivo para la captura de Israel Vallarta y Florence Cassez. Ha sido comisario de la Policía Federal en San Luis Potosí, a partir de 2005.

Germán Ovidio Zabaleta Abad

Este hombre identificado como agente de la AFI es mencionado en el protocolo de Estambul de Israel Vallarta de haberlo torturado por «aplastamiento al sentársele encima” y de «burlarse al presenciar (su) violación». Enfrenta demandas por la empresa Transportes Unidos Castañeda en su cargo de subinspector, en 2018.

José Luis Escalona Aldama

Licenciado en Derecho, con Cédula Número: 9219813, por la UAEM, intervino directamente en la tortura de Israel Vallarta. En el protocolo de Estambul se menciona como responsable de haberle propinado una «golpiza con un objeto contundente, (le hizo) aplicación de corriente eléctrica y provocación de asfixia».

Además, dicho informe señala que hay otros siete perpetradores de tortura a Israel Vallarta observados que no han sido identificados con sus nombres.

 

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Con voz propia

El precio de la mentira: el caso Cassez-Vallarta

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¿Cuánto puede dañar una mentira?, se pregunta Xavier Sánchez sobre el caso Cassez-Vallarta

Uno no puede ponerse del lado
de quienes hacen la historia,
sino al servicio de quienes la padecen

Albert Camus

Por Xavier Sánchez

¿Cuánto nos cuesta, como individuos y sociedad, la mentira? ¿Cuánto nos cuesta, como país, un gobierno que miente, un gobierno que viola los derechos humanos de unos, fingiendo proteger los de otros?

¿Beneficia a alguien la farsa, que no sea a sus creadores? ¿Conviene el montaje considerando la inversión de recursos económicos, intelectuales y humanos que requiere sostenerlo? ¿Por qué hemos normalizado la mentira como únicos modus vivendi operandi posibles de nuestra clase política y del Poder Judicial mexicano, como si no hubiera otra opción?

Es inevitable cuestionar y cuestionarse al terminar de leer El teatro del engaño(Grijalbo, 2015), de la periodista belga Emmanuelle Steels, quien decidió descorrer y desgarrar el negro velo frío de una de las «verdades históricas» más infames del docenio panista.

Noveleta negra que inició en el sexenio de Vicente Fox y que enarboló con gran orgullo Felipe Calderón, la administración que vestía azul y terminó empapada de rojo sangre, con más de 120 mil muertos, aunque hay quienes calcularon 150 mil.

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Ese mismo gobierno que convirtió el cuerno de la abundancia en el cuerno del diablo, en la tierra de las narcofosas, las desapariciones forzadas, los desplazados, las narcomantas, las ejecuciones extrajudiciales, y en el que los carteles del narcotráfico arrasaron municipios enteros. Violencia extrema que no ha dejado de aumentar –en números y en saña– desde entonces.

Recuerdo vagamente el inicio del caso Cassez-Vallarta, que este libro desmitifica de cabo a rabo. No recuerdo porque, aquel viernes 9 de diciembre de 2005, estaba viendo la televisión cuando el matutino de Carlos Loret de Mola (Primero noticias, se llamaba entonces) transmitió en vivo la «detención» de la francesa Florence Cassez y su novio Israel Vallarta, de quienes entonces los mexicanos no teníamos idea y que no imaginábamos que se convertirían en los protagonistas de un linchamiento mediático, que duraría más de seis años. Mientras vi esa detención no noté nada extraño. Creía, como la mayoría de los mexicanos, en las historietas que Noticieros Televisa nos presentaba como verdad.

Prácticamente ningún medio de comunicación se quedó fuera de ese gran teatro del engaño. En los periódicos, reportajes, columnas, artículos de opinión, entrevistas, crónicas, primeras planas. En la televisión, notas, reportajes.

Una y otra vez la misma narrativa, la versión oficial que la mayoría creímos. Un guion con el que medios y autoridades se engolosinaron, añadiéndole detalles, adjetivos, escenas, diálogos.

Era como un fresco, un mural al que no se cansaron de agregarle colores, para convertirlo en un thriller dantesco, melodramático, que enturbió las aguas de la verdad y la justicia. Lo suficientemente impactante para indignar, lo suficientemente repetido y publicitado para creerlo al pie de la letra, al mejor estilo goebbeliano: «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad».

Una «malvada» pareja de secuestradores (Florence Cassez e Israel Vallarta), líderes de una nebulosa banda llamada «Los Zodiaco» habían sido detenidos, en un operativo emitido en vivo por el duopolio televisivo.

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Sádicos, codiciosos, torturadores. Villanos dignos de las páginas más negras de la prensa roja. Las presuntas víctimas del supuesto secuestro, principalmente un joven llamado Ezequiel, contando en televisión una y otra vez su secuestro, siempre acompañado por Isabel Miranda de Wallace, ya entonces convertida en la «activista» favorita del calderonismo.

¡Oh, truhanes! ¿Cómo han podido hacer tanto daño? ¡Sí, que paguen sus crímenes! ¡Castigo, castigo, que nunca salgan de la cárcel! ¡Hoguera para estos monstruos! El público gritaba ávido de una justicia que casi nunca llega a los mexicanos, absortos en una especie de catarsis como en las condenas de la Edad Media.

Se señaló a Cassez y Vallarta como torturadores, pero poco o nada dijeron los medios de esa época, de las torturas que sufrieron los supuestos victimarios, incluidos familiares de Israel que fueron igualmente arrestados y violentados para intentar darle verosimilitud a la historia.

Años después, tímidamente, se acepta parte de la mentira. Genaro García Luna, el secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, y Televisa se culpan mutuamente de haber sido los autores intelectuales de la detención televisiva de Florence Cassez e Israel Vallarta. Empero, esa escenificación no significaba que no fueran culpables, ni que el delito fuera falso, repitieron hasta el cansancio. Era necesario que todo México los creyera culpables, mientras no se exhibiera mediáticamente lo contrario.

Por eso cuando Florence Cassez fue liberada en 2013 por violaciones al debido proceso, la noticia cayó como bomba y aún en pleno 2019, miles de usuarios de redes sociales muestran enojo por su liberación; reflejo no solo de lo poderosa que es la manipulación mediática, sino de la falta de lectura en nuestro país, pues ya existen dos investigaciones periodísticas, una novela y tesis de Derecho que desmienten el thrillerde Genaro García Luna.

Lastimosamente no han faltado personajes identificados con la Cuarta Transformación que se pronuncian contra los periodistas que desmienten el caso, como hizo el año pasado la directora de Notimex, Sanjuana Martínez, lanzándose contra Jorge Volpi y Emmanuelle Steels en sus redes sociales.

Pero, ¿a quién le importó Israel Vallarta y su familia? Eclipsados por el linchamiento público que vivió Cassez en la lucha por su libertad, permanecieron en la sombra hasta que la corresponsal en México de Radio France, Emmanuelle Steels, empezó a jalar del hilo que dejó flotando Florence. ¿Y si no solo Florence merecía la libertad? ¿Y si eran inocentes? ¿Y si fueron víctimas de una fabricación para ocultar algo aún más oscuro?

El teatro del engaño es el espejo de la decadencia humana de las autoridades, en el sexenio de Felipe Calderón. Una investigación crítica sobre los abusos y simulaciones del Poder Judicial y jurídico.

Una muestra de cómo una venganza se puede salir de control hasta involucrar a las más altas autoridades y poner en riesgo relaciones diplomáticas. Una historia de terror sin ficciones, como las cientos de miles que al periodismo le han faltado manos, voces y plumas para reportar.

Un libro que recuerda a El falso caso Wallace porque se repiten algunos de sus siniestros personajes, aterradoramente reales y aún poderosos. Investigación que sirvió como base e inspiración para Una novela criminal de Jorge Volpi, el cual ganó el premio Alfaguara y ha servido para que se conozca la verdad de este caso a nivel internacional.

¿Cómo es que no percibí nada raro en la «detención», si en el video que aún circula en YouTube es claro que algo no estaba bien?

¿Cuánto le cuesta la mentira a un país en que la impunidad roza el 100 por ciento, de acuerdo a diferentes estudios? ¿Cuál es el precio de que tengamos cárceles con un alto porcentaje de inocentes, y calles donde los delincuentes se pasean y operan con tranquilidad? ¿Cuál es el precio de nuestra ignorancia, inconsciencia e indolencia como sociedad, en un tema tan común en los hechos pero tan poco explorado en los medios de comunicación como lo es la fabricación de culpables?

¿El endurecimiento en las políticas punitivas llevaría a una reducción de la criminalidad, o estaríamos mandando un buen porcentaje de inocentes a la horca? ¿Cómo acabar con esas inercias que alientan la corrupción y la falsedad?

¿Cuál es el precio que pagamos cada vez que damos por hecho la culpabilidad de un presunto responsable, estigmatizado por los medios de comunicación? ¿Cuál es el precio –moral, social, económico, emocional– que pagan las familias de las víctimas de un montaje? ¿Cómo se les puede reparar un daño, que es incalculable? ¿Ha pensado este gobierno en políticas que ayuden a una verdadera e integral reparación del daño para estos casos?

Como escribió el año pasado la estupenda escritora española Almudena Grandes, sobre el libro de Jorge Volpi, en su columna del diario El País, yo tampoco puedo quitarme de la cabeza a Israel Vallarta, quien continúa preso, como los inculpados del caso Wallace.

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Y cada vez que veo una detención en un noticiero y la facilidad con la que se presentan culpables en la televisión, me pregunto cuántas veces nos habrán engañado medios y autoridades.

¿Cuántos de esos periodistas estarán conscientes de lo grave que puede resultar violar la presunción de inocencia? ¿Cuántos estarán conscientes de su papel en los linchamientos mediáticos, y cuántos lo realizarán sin saberlo? ¿Qué debemos hacer los periodistas y que debemos dejar de hacer?

No hay mejor momento que éste para leer El teatro del engaño, en que pequeñas rendijas de libertad de expresión empiezan a abrirse para tocar estos temas en medios de alcance masivo, como el pasado jueves 22 de agosto en que el periodista Julio Hernández López «Astillero» abordó el tema con amplitud, en su programa de Grupo Radio Centro, entrevistando a la familia Vallarta.

¿Cuántos libros como El teatro del engañoUna novela criminal El falso caso Wallace necesitamos para sacudirnos y entender que el precio de la mentira lo pagamos todos, y es demasiado caro –en tiempo, dinero, tranquilidad y vidas humanas– como para seguirlo pagando?

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Este artículo se publicó originalmente en reversos.mx con la autorización de su autor.

 

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