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Con voz propia

El careo de los inculpados en el Caso Wallace

El careo de los inculpados por Isabel Miranda Torres de Wallace revela las confesiones arrandas bajo tortura por agentes ministeriales

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Luis Vargas*

“La principal lección de la historia  es que no ha sido posible hacer compatible la coerción con la verdad”

John LANGBEIN, Yale University

Análisis

La tarde del 5 de marzo de 2014, en el Juzgado Décimo Sexto de Procesos Penales Federales, que preside el Juez  Raúl Angulo Garfias, se llevó a cabo la audiencia pública concerniente al careo entre Brenda Quevedo Cruz y sus co-procesados: Jacobo Tagle Dobín y César Freyre Morales. Todos ellos acusados de la supuesta privación ilegal de la libertad de Hugo Alberto Wallace, en la causa penal 35/ 2006, mejor conocida como el “Caso Wallace”.

En la misma, Brenda Quevedo, quien sostiene su inocencia y quien a seis años de proceso no ha sido juzgada aún, confrontó en primer lugar a Jacobo Tagle y luego, a César Freyre. En el careo, tanto Jacobo como César, la deslindaron de toda responsabilidad y además, los dos afirmaron que Brenda ni siquiera conocía a Hugo Wallace. Asimismo, Brenda puso de relieve la tortura y aleccionamiento de sus compañeros por parte de las autoridades a fin de obligarlos a incriminarla en la supuesta privación ilegal de Hugo Wallace. Por último, señaló otras contradicciones en el expediente relativas a la investigación sobre su participación en los hechos.

El careo

A continuación, sintetizaré los puntos más importantes derivados de las preguntas hechas por Brenda Quevedo a Jacobo Tagle y César Freyre durante el careo, las cuales refuerzan la hipótesis relativa a la inocencia de Brenda y la fabricación de acusaciones en su perjuicio. Debemos partir del supuesto que las declaraciones que incriminan a Brenda en la comisión de los hechos delictivos mencionados en las mismas, fueron obtenidas a base de torturas, malos tratos, amenazas y aleccionamientos como puede comprobarse mediante las pruebas existentes y las declaraciones desprendidas del presente careo.

  • Incriminación hecha por Jacobo Tagle y Cesar Freyre en perjuicio de Brenda Quevedo en el supuesto secuestro de Hugo Wallace.

Al respecto, Jacobo expuso que la razón de implicarla en tal crimen es debido a que fue víctima de tortura física y psicológica, amenazas a su familia y maltratos de los que ha sido objeto en el CEFERESO de Villa Aldama, Veracruz, tal como lo expresó en su declaración preparatoria. En el mismo sentido, Cesar manifestó que Brenda no fue participe y además, afirma haber sido víctima de tortura física y mental. Asimismo, Cesar señala que ni siquiera solicitó llevar a cabo esa declaración incriminatoria. Por último, Cesar nos remite a una denuncia interpuesta ante la Corte Interamericana denunciando los actos de tortura y las violaciones a sus derechos humanos en su perjuicio.

  • Exculpación de Brenda Quevedo por parte de los acusados, en su participación en el secuestro de Hugo Wallace.

Ambos acusados concuerdan que Brenda no tuvo nada que ver en los hechos que se le imputan y además, coinciden que ni siquiera conocía o había visto a Hugo Wallace. Asimismo, Jacobo afirma que Brenda nunca recibió dinero por parte de Cesar, o de cualquiera de las personas que formaban parte de la supuesta banda, más adelante el mismo Cesar confirmaría estas aseveraciones. Lo anterior, resulta contrario a lo que Jacobo había señalado en una de sus anteriores declaraciones obtenidas bajo coerción.

  • Exculpación de Brenda Quevedo por parte de los acusados, en su participación en otros secuestros o algún otro hecho delictivo.   

En cuanto a los hechos delictivos anteriores al secuestro de Hugo Wallace de los que Brenda es acusada, cabe señalar que los mismos tuvieron lugar a mediados del año 2004. En este sentido, Jacobo afirma haber conocido a Brenda a finales del 2004, luego Cesar constató esta versión. Asimismo, Jacobo aseveró que Brenda nunca conoció al señor Trevedant, Rugueiro y Gina, personas mencionadas en las declaraciones que incriminan a Brenda. Al igual que Jacobo, Cesar afirma que Brenda no tuvo ningún tipo de relación o comunicación con Trevedant.  Además, Jacobo y Cesar coinciden que Brenda nunca ha participado en algún hecho ilícito, incluso Jacobo agregó que ella es una persona honrada y trabajadora.

  • Otros aspectos en el expediente relativos a la investigación de la presunta participación de Brenda en el secuestro de Hugo Wallace.

César Freyre señaló que nunca fue a la casa de Enriqueta Cruz, madre de Brenda, o a la casa de Brenda, mucho menos haber vivido ahí. También, menciona que el auto Corsa mencionado en sus declaraciones, en realidad nunca fue utilizado para cometer algún hecho delictivo. Asimismo, niega que Brenda haya ido alguna vez a la casa de su padrino. Por último, niega haber visto a Brenda usando algún tipo de peluca.

Isabel Miranda promoviendo en Twitter la confesión bajo tortura de Jacobo Tagle.

Isabel Miranda promoviendo en Twitter la confesión bajo tortura de Jacobo Tagle.

Las consideraciones finales.

Por último, dado que al final no fue necesario proceder a la fase de los careos procesales, puesto que no los confrontados no incurrieron en contradicción alguna que refutar, el juez procedió a otorgarle la palabra a Isabel Miranda de Wallace y a Brenda Quevedo Cruz para que expresaran sus consideraciones finales.

Isabel Miranda de Wallace señaló al juez “el aleccionamiento que han tenido los inculpados a fin de tratar de evadir su responsabilidad”. Asimismo, negó que Jacobo haya sido torturado, pues según ella en el video en el que se auto-incrimina ante el Ministerio Público “se aprecia la naturalidad con la que confesó todo lo relativo al secuestro y muerte de [su] hijo Hugo Wallace”. Además, Isabel de Wallace asegura que la prueba de la falsedad de tales acusaciones estriba en el hecho de que Jacobo la acusa de haberlo amenazado con meter a su hermano, Salomón Tagle, a la cárcel, sin embargo, remarco, “Jacobo Tagle Dobin se ha perdido en el tiempo ya que se encontraba preso cuando Jacobo fue detenido, por lo cual sería imposible que alguien lo hubiera amenazado con un hecho que ya había ocurrido”.

En cuanto a Brenda Quevedo, Isabel de Wallace alegó que la prueba de que miente es el hecho de que esta “[se haya internado] en otro país con identificaciones falsas a fin de no ser localizada”. En este sentido, menciona que “se tuvo que llevar la extradición durante dos años en la cual hubo causa probable para traerla y responder ante este Juzgado”.

Por su parte, Brenda Quevedo manifestó que ha sido torturada dos veces las cuales ha denunciado ante la PGR e instancias de derechos humanos nacionales e internacionales. Asimismo, solicitó que se investigue la tortura de sus co-procesados Cesar Freyre y Jacobo Tagle, y reiteró, “ya que evidentemente hemos sido de la misma forma amenazados y torturados físicamente para así arrancarnos una declaración, una confesión a base de coerción”.

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Isabel Miranda promoviendo un documento falso de la CNDH que niega la tortura a Brenda Quevedo Cruz.

Conclusiones

Las declaraciones desprendidas del careo se inclinan en la hipótesis del uso de la tortura como medio de incriminación de Brenda Quevedo Cruz, lo cual refuerza lo argumentado en mi artículo “25 razones para dudar del caso Wallace”. En esta misma línea, se deduce que si la mayoría de los acusados fueron torturados y obligados a declarar en perjuicio de Brenda, el resultado final es una nefasta fabricación de pruebas y acusaciones en su contra carentes de credibilidad, cuyo fin es   incriminarlos en el crimen en cuestión.

Asimismo, considero pertinente poner atención en las declaraciones y acusaciones de Jacobo Tagle y César Freyre, puesto que ellos también manifiestan haber sido torturados para auto-incriminarse e implicar a Brenda Quevedo en el secuestro de Hugo Wallace y otros hechos delictivos. Jacobo, al igual que Brenda, sostiene su inocencia, por lo que es prioritario hacer un seguimiento de ambos casos. Contrariamente a Brenda, quien a pesar de haber sido torturada  no aceptó su participación en los hechos, Jacobo y César debido a la brutalidad de los actos de barbarie perpetuados en su contra, aceptaron su implicación en el crimen del cual se les acusa.

Cabe señalar que en el caso de Brenda Quevedo y César Freyre, existe una denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por las violaciones a sus derechos fundamentales. Existen pruebas contundentes que demuestran el uso de tortura, malos tratos, humillaciones, amenazas y aleccionamiento, tales como el “Protocolo de Estambul” en el caso de Brenda y Jacobo. Si esta denuncia es admisible, en unos años, las autoridades mexicanas podrían ser juzgadas a la reparación integral de los daños y a la investigación de los responsables de haber llevado a cabo tales actos de brutalidad en perjuicio de Brenda y los demás acusados.

En cuanto a las declaraciones finales de Isabel Miranda de Wallace,  las considero irresponsables y carentes de argumentos sólidos, incluso absurdas. Procedamos a hacer un análisis minucioso.

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Copia del careo entre Jacobo Tagle y Brenda Quevedo en la audiencia del 5 de marzo de 2014.

a) El aleccionamiento que han tenido los inculpados a fin de tratar de evadir su responsabilidad.

En palabras de un ciudadano ejemplar esta acusación puede traducirse como la facultad de emprender nuestro derecho a una defensa adecuada, un derecho fundamental en el sistema acusatorio que nos permite ejercer el principio del contradictorio, cuya finalidad es refutar los dichos de la contraparte en un proceso justo e imparcial. Sin embargo, en la visión retrograda de Isabel Miranda de Wallace, los acusados deben de ser tratados como objetos y no sujetos del proceso. Isabel quiere ser juez y parte en el proceso. En su enfoque punitivista e inquisitorio, los acusados deben de ser tratados como terroristas, no deben tener ni voz ni voto, mucho menos ejercer su derecho a la defensa adecuada. Para Isabel, todo esto es mera formalidad carente de trascendencia en el proceso,  así lo declaró ante las cámaras respecto a la absolución de Florence Cassez, en donde también declaró que “los derechos constitucionales son diferentes a los derechos humanos”. Isabel desconoce que el principio pro persona otorga el rango constitucional a los derechos humanos contenidos en los tratados internacionales en la materia firmados por México. Isabel desconoce que los derechos fundamentales están dotados de contenido axiológico, de ahí la importancia del debido proceso, que por cierto es un derecho humano, fundamental y constitucional.

b) “La naturalidad de la confesión de Jacobo Tagle ante las cámaras”

Es evidente que después de haber sido torturado, amenazado y aleccionado, Jacobo actúe con naturalidad frente a las cámaras y medios de comunicación presentes. Al respecto, surgen las siguientes incógnitas ¿Quién nos puede asegurar que cuando no veíamos a Jacobo alguien lo estaba torturando?  ¿Cómo podemos saber que Jacobo no fue drogado para parecer tranquilo? ¿Por qué Jacobo declaró su crimen en ausencia de un abogado? Para muestra basta un botón, en el “Caso de Cassez”, tanto Florence Cassez como Israel Vallarta acusaron a las autoridades de haber sido coaccionados, aleccionados y forzados contra su voluntad para admitir su participación en los hechos frente a los medios de comunicación que transmitían a nivel nacional. En el caso de Israel existe el “Protocolo de Estambul” como prueba que fue sometido a tortura. Posteriormente, se destaparía el montaje y la falsedad del caso. Unos años después Florence Cassez sería liberada por las violaciones a su derecho a la presunción de inocencia, a la defensa adecuada y a la asistencia consular inmediata. En el caso en cuestión, estamos frente a una violación flagrante a los derechos fundamentales de Jacobo, tales como el derecho a la presunción de inocencia y a la defensa a adecuada, lo que  implica contar con un abogado, no declarar, no auto-incriminarse y a la prohibición de la tortura, así como el respeto de la regla de tratar al acusado como inocente durante todo el proceso. Tal parece que Isabel Miranda y las autoridades olvidaron los derechos Miranda, ¡que ironía!

c) El éxito en el proceso de extradición y el internamiento de Brenda Quevedo con identificaciones falsas en los Estados Unidos.

La razón por la que Brenda Quevedo se refugió en los Estados Unidos, es porque antes de notificársele presentarse ante la autoridad por medio de algún tipo de orden judicial, Isabel Miranda de Wallace ya tenía montados en las partes más importantes de la Ciudad de México, una serie de espectaculares que la acusaban de haber secuestrado a su hijo. Isabel pasó por alto el hecho de que los ciudadanos mexicanos tenemos derechos, puesto que ordenó levantar esos murales en perjuicio del derecho al respeto a la honra y dignidad de Brenda, difamándola de secuestradora y afectando su imagen y reputación -quizás para toda la vida. Isabel de Wallace usó los mismos métodos empleados en la época de la inquisición para influenciar a las autoridades a la captura de Brenda; la diffamatio, la delación por rumores o sospechas. Ante tal situación, Brenda decidió exiliarse en el país vecino.

Tiempo después, Brenda se encontraba trabajando en un restaurant en Louisville, Kentucky, cuando fue detenida por el FBI. Durante el proceso de extradición, el abogado defensor de Brenda, Stanley Horn, alegó la posibilidad de que Brenda Quevedo fuera torturada a su llegada a México, al igual que lo habían sido los demás acusados. El motivo de la amplia duración del proceso es el hecho de que la defensa solicitó el asilo político de Brenda y el juez analizó esta posibilidad. Para su mala suerte, el juez de la causa denegó su petición pero mostró interés en conocer más a fondo el caso, en donde además, relució el hecho de que las autoridades mexicanas encubrieron la existencia de antecedentes penales del hijo de Isabel de Wallace.

En conclusión, se puede apreciar claramente como Isabel de Wallace intenta tergiversar y manipular las declaraciones, los hechos y la información contenida en los expedientes con la finalidad de ¿confundir?, ¿engañar?, ¿enredar?, al juez y a la sociedad. Isabel Miranda de Wallace carece de una formación en Derecho, y aun así, se permite hacer declaraciones que implican un pleno conocimiento de la ley, los derechos fundamentales y la misma Constitución. Si Isabel Miranda de Wallace hubiera leído nuestra Carta Magna se daría cuenta que lo único que intentan hacer los acusados es ejercer su derecho a defenderse. Para Isabel de Wallace, los acusados de delincuencia organizada no tienen derechos, porque su pensamiento es el mismo que el de Montiel “los derechos humanos son para los humanos y no para las ratas”. Isabel Miranda de Wallace se vio cegada por el poder que obtuvo en el mandato calderonista y ahora le cuesta trabajo aceptar que está equivocada y mando encerrar a personas inocentes. Isabel Miranda de las Wallace contempla como el asunto se le está yendo de las manos y como la verdad está saliendo a la luz. Isabel de Wallace arruinó la vida de Brenda Quevedo Cruz y de las familias de todos los acusados. Isabel de Wallace es un peligro para la democracia y el Estado de Derecho. Isabel de Wallace “se ha perdido en el tiempo”, ya que el derecho en México ha evolucionado y personas con su mentalidad no podrán parar esa evolución. Isabel Miranda de Wallace, como le gusta que le llamen porque suena más chic, desde ahora es Isabel Miranda Torres, punto y final.

Para concluir, no debemos perder de vista que la finalidad del proceso es la obtención de la verdad material y la impartición de justicia para todas las partes implicadas en el mismo. Los argumentos que justifican la tortura a personas acusadas de delincuencia organizada en detrimento de sus derechos fundamentales, es un argumento peligroso, puesto que  los derechos humanos son para todos y el día menos esperado podemos vernos envueltos en un asunto de esta naturaleza, tal como le paso a Florence Cassez, Alberto Patishtán y ahora a Brenda Quevedo. Muy acertadamente afirmó el Ministro Zaldívar en su obiter dictum del “Caso Cassez” cuando reprendió a los tribunales recordándoles que “el fin no justifica los medios”.  Cabe señalar que en sistemas como el británico, ni siquiera es tomada en cuenta la confesión del inculpado. Los jueces tienen la obligación de velar por el respeto de los derechos humanos, la justicia, la verdad y la implementación del sistema acusatorio en México. Al final de cuentas, lo único que podemos pedirle al Juez, es lo que humildemente Brenda le solicitó al final de la audiencia “que la ley sea imparcial en este juicio”, amén.

*El autor es especialista en abogado de la Asociación contra la Fábrica de Culpables y por la Defensa de los Derechos Humanos. Posee una maestría en Derecho Internacional de los Derechos Humanos por la Universidad de Montreal.

Con voz propia

Las coincidencias de dos casos en paralelo en las manos del fiscal de México: Isabel Miranda y el General Cienfuegos

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Guadalupe Lizárraga

La Fiscalía General de la República, bajo la administración de Alejandro Gertz Manero, ha llevado los casos judiciales del general Salvador Cienfuegos, acusado por la DEA en Estados Unidos de narcotráfico en octubre de 2020, y el de Isabel Miranda Torres, señalada por la investigación periodística El falso caso Wallace, desde diciembre de 2018.

Dos casos en paralelo en las manos del fiscal, que presentan ciertas coincidencias.

  1. Con el proceso de Cienfuegos, el fiscal se sintió “linchado” por la prensa, mientras que con el de Isabel Miranda ni asomó la cabeza. En ambos, la FGR determinó el no ejercicio de la acción penal. La supuesta investigación judicial sobre el General duró dos meses. La de Miranda, dos años.
  2. En el primero, la DEA entregó parte de conversaciones que involucraban al General con el narcotraficante H2, del Cártel de los Beltrán Leyva, en un seguimiento de hace diez años; con la segunda le entregué una investigación que me ha llevado seis años de mi vida bajo riesgo, y una serie de hallazgos.
  3. Por una parte, en el caso Wallace, estos hallazgos revelaban que las personas privadas de su libertad eran inocentes; y por otra, las relaciones de Miranda y su hijo con el mismo cártel. En ningún de los dos casos, hubo un seguimiento riguroso a manera de investigación por parte de la FGR.
  4. Dos hechos relevantes a mi mirada: En febrero de 2017, el general Dauahare, asesor de Cienfuegos, visitó el Reclusorio Oriente para visitar a un miembro del Cártel de los Beltrán, en el dormitorio VIP, testigos de por medio. A la semana extraditaron al interno, y ejecutan en Nayarit al H2.El otro suceso, ocurrió en julio de 2019, cuando informé al fiscal Gertz Manero que el narcotraficante Héctor Huerta Ríos, alias “La Burra”, líder de una facción del mismo cártel, había confesado en su celda que él personalmente había asesinado a Hugo Alberto Wallace Miranda.
  1. Esto habría pasado tiempo después de que Hugo Wallace se negara a entregar cargamento de droga al mismo cártel, con el que se relacionaba en términos de tráfico y consumo. El día que yo hablé con Gertz fue el 4 julio 2019, por las 2 pm. Seis horas más tarde, Huerta Ríos era acribillado.
  1. Al día siguiente, a las 7hrs, me enviaron fotos a mi celular de Huerta acribillado en su auto. Fue cuando decidí regresar a California ese mismo día sin concluir mi trabajo en CDMX.
  1. Ahora, el Gral. Dauahare está en la Segob, el narcotraficante que podía aclarar lo de la supuesta muerte de Hugo Wallace está muerto, y Cienfuegos y Miranda, protegidos por la fiscalía. Todos con vínculos al mismo cártel.
  1. De acuerdo con el testimonio del narcotraficante Huerta Ríos, el cuerpo de Hugo Wallace habría sido enterrado en Nayarit. Y quien habría operado como intermediario del cártel de los Beltrán Leyva para que se lo entregaran a Isabel Miranda era el exfiscal Edgar Veytia, alias “El Diablo”.
  1. El exfiscal Veytia, actualmente en prisión estadounidense por narcotráfico, mantenía una relación muy cercana con Isabel Miranda, quien lo reconoció públicamente cuando estaba en funciones por su supuesta eficiencia en la disminución del secuestro en Nayarit.
  1. En entrevista para Aristegui, el fiscal Gertz Manero dijo con respecto a Cienfuegos, “que argumenten lo que les dé la gana, es una primera acción del proceso y es absolutamente combatible”. Refiriéndose a que podía ser impugnado.
  1. Lo que no dijo el fiscal es que el lapso de impugnación es de 10 días, si no dan por cerrado el caso. Con Miranda lo hice, pero entre Navidad y la pandemia, el proceso está detenido, igual que los amparos de las víctimas en busca de que se hagan valer sus derechos, mientras siguen sufriendo el maltrato, amenazas y extorsiones de los directores de penales.
  1. También señaló el fiscal que deben de impugnar con pruebas legales. De las pruebas de Isabel Miranda ninguna era legal, todas fueron fabricadas. En mayo de 2019, Gertz habló delante de mí con el padre biológico de Hugo, y yo le entregué el peritaje original de ADN femenino coincidente con José Enrique Wallace Díaz.
  2. También entregué los videos y documentos apócrifos que me presentaron agentes de la SEIDO cuando me quisieron secuestrar en noviembre 2016 y febrero 2018, bajo órdenes de Miranda por difundir una versión del caso “diferente a la oficial”.
  3. De la recopilación de evidencias por la DEA sobre Cienfuegos, entre otros diez generales, la FGR determinó que no había responsabilidad del General. De Miranda se determinó lo mismo. Lo curioso son las aparentes coincidencias: torturadores, con vínculos al mismo cártel.
  4. Gertz dijo que recurriría a instancias internacionales para que analicen la legitimidad, juridicidad, y el respeto a los derechos humanos con el caso de Cienfuegos, porque se cree que la fiscalía actuó de manera parcial. Y ese linchamiento no lo va a permitir, así lo advirtió.
  5. Sin embargo, en el caso de las víctimas de Isabel Miranda, Gertz no reparó en los factores que hoy menciona, mucho menos en la legalidad de las pruebas. Ni aludió a La Haya ni a CIDH, pese a 8 personas sobrevivientes de tortura, violencia sexual y encarcelamiento injusto.
  6. Concluye Gertz: “Todos somos inocentes hasta que se nos demuestre que somos culpables”. Frase elocuente, cuando las víctimas de Miranda no han tenido la misma suerte que el general Cienfuegos, traducido en un debido proceso y en el respeto a sus garantías constitucionales.
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Arteleaks

Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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