Connect with us

Arteleaks

El amor no es para los cerdos como tú, los cuentos de Alejandro Montes

Alberto Farfán

Published

on

Por Alberto Farfán                  

 De atmósfera sórdida y asfixiante, en donde no hay lugar para la esperanza, tenemos frente a nosotros el resultado de sondear ese lado oscuro de la condición humana, cuya posibilidad de redención se encuentra cancelada ya no por el destino, sino por el transitar equívoco de estos seres sin rumbo.

Alejandro Montes (CDMX, 1975) nos entrega en este su segundo libro de cuentos publicado, El amor no es para los cerdos como tú (Fontamara), una serie de quince historias que buscan enfrentar al lector con hechos impregnados de una cotidianidad avasallante y de absurdos vitales. Los finales felices por lo tanto están vedados.

Pareciera que la realidad bajo la cual se encuentran los personajes de Montes los catapulta hacia abajo, paradoja fatal, en una espiral descendente en donde ellos se afirman dentro del papel que ya no quieren seguir representando frente a sus semejantes, los cuales son todavía más degradantes y repulsivos que ellos.

 Selección de cuentos un tanto desigual en su plano formal, destaca sobre todo el texto que da nombre al libro: “El amor no es para los cerdos como tú”, en donde podremos distinguir con toda claridad la angustia de un niño de primaria al verse obligado a enfrentar al mismo tiempo al amor y a la violencia desbordada.

Narrado en tercera persona del singular como la gran mayoría de los cuentos, nuestro autor nos lleva de la mano, segundo a segundo, por las horas de ansiedad que tiene que vivir el personaje principal previas a su inevitable cita. El mismo día de la riña con el odiado y temido bravucón de su grupo escolar tendrá que declarársele a la niña que le gusta; sin embargo, su timidez e inocencia o desconocimiento lo congelan por entero, amén de que la niña ignora su existencia. No sabe qué decirle o cómo abordarla. Pero además corre el riesgo de verse estigmatizado como homosexual por sus demás compañeros si no logra ver cristalizado su objetivo.

Montes acrecienta la tensión de manera infalible al hacer coincidir este suceso con la infernal pelea a que deberá acudir el incipiente adolescente, para ello hace que los amigos de éste sean los que provoquen el duelo con el desalmado acosador debido a sus fanfarronerías en defensa de su amigo. Y aunque los giros que le imprime a la historia nos abren la posibilidad de encontrar un final loable para el pequeño héroe, el desenlace resulta fatal en ambas direcciones.

En “Más tristeza que odio” nos encontramos con un hombre joven que vive solamente con su padre ─un hombretón alcohólico y violento─ en una casa infame. Le teme y lo odia. Pero se refugia con su novia, una joven decente y cándida. A quien finalmente intenta violar. Y en plena fuga llega a su casa para tomar sus cosas, armado con su pistola calibre 45, y ve a su padre durmiendo la borrachera, y pierde el control.

“No tenemos razón de vivir” narra la historia de un joven sobre el que no sabemos quién es ni cuáles son sus aspiraciones concretas. No trabaja ni estudia. Lo único que conocemos es que no le agrada su realidad. Acude a un apartado poblado después de viajar por varias horas. Va armado y se encuentra sumamente deprimido, y decidido a utilizar su arma de fuego.

“En la lavandería” tenemos a un hombre solo ya maduro que no soporta la vida que lleva. Trabaja en una lavandería y como consuelo a su aletargante circunstancia se droga con marihuana, y cuando la situación le es propicia se masturba con la ropa que dejan las guapas clientas en su mismo lugar de labores. Pero piensa en un cambio para su gris vida y cree que puede concretarlo…

En “Tú tienes la culpa” observamos a una mujer dueña de una fonda que culpa a su nuevo empleado de hurto, hombre reservado que además rechazó los favores sexuales de la mujer. Ésta llega a odiarlo, más por el rechazo que por el robo. Unos agentes judiciales le harán el favor de poner en su sitio al sospechoso. La eventual golpiza y el dinero aludido desbordarán el interior de la mujer por mucho tiempo al final de la historia.

El amor no es para los cerdos como tú es un libro ameno de cuentos breves, unos mejor logrados que otros, que nos remite a reflexionar sobre la realidad actual que estamos viviendo ─soledad, amoralidad, disvalores, violencia, etcétera─, poniendo de relieve el lado oscuro del ser humano, ese plano del hombre que no deja de evidenciar situaciones abyectas y reprobables cuando sale a flote ante todos.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Arteleaks

Un relato feminista en Don Quijote de la Mancha

Alberto Farfán

Published

on

Por Alberto Farfán

Nadie podría objetar el carácter fundamental de Don Quijote de la Mancha (1605) tanto en la literatura universal como en el horizonte cultural de todos los tiempos. Sin embargo, difícilmente se ha hecho énfasis en la aportación feminista que su autor nos legó. Miguel de Cervantes (1547-1616) en su obra cumbre nos presenta una breve historia en donde refiere el conflicto amoroso entre la pastora Marcela y su enamorado Grisóstomo, que aparentemente carecería de relieves y hondura. No obstante, el objetivo del autor es poner de manifiesto la cuestionable sujeción de la mujer al hombre.

Marcela es una mujer de extraordinaria belleza, que opta por convertirse en pastora a pesar de provenir de una opulenta familia. Grisóstomo, del mismo nivel económico, se enamora profundamente de ella al encontrarla. Por lo cual la perseguirá con el propósito de cristalizar la autenticidad de su inclinación; pero Marcela lo rechazará sin más, una y otra vez, sin que exista razón oculta en ello.

A Marcela no le interesa ni él ni ningún otro hombre, sólo desea vivir entre su rebaño y la naturaleza, pues ama la libertad. Pero Grisóstomo no lo interpreta así; considera que ha sido burlado. Por ello, no soporta ser rechazado por última vez y se suicida.

Este hecho repercute en el ánimo de los amigos de Grisóstomo, quienes se unirán en coro para denostar la aparente maldad femenina de Marcela. Ella –concluirán—había jugado con el amor puro y la genuina entrega del frustrado joven.

Marcela, empero, rompiendo con la conducta milenaria de la mujer abnegada y sumisa, les hará frente, desarrollando un singular discurso en el cual pone en tela de juicio la desigualdad de los sexos: la postura tradicional sobre la designación del varón para decidir el vínculo amoroso por encima del criterio de la mujer.

Expresa Marcela: “Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis que esté yo obligada a amaros… Y, según yo, he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien?”.

Observemos que no es casual la espléndida belleza conferida a Marcela, pues se busca resaltar, precisamente, las directrices ideológicas de corte tradicional, que refieren la hegemonía del sexo masculino sobre el femenino. De tal modo, que redondeará Marcela: “Si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades?”.

El acierto de Cervantes al emplear el factor belleza es realmente excepcional, porque no sólo se limita a dibujar el supuesto derecho natural del hombre en la elección de pareja, sino porque además permite deslizar de manera literal el afán de que el amor debe ser entre dos seres en igualdad, con independencia del atractivo físico y considerando la voluntad personal: “el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario”.

Y sin perder su tono sutil, es más claro aún con respecto al cuestionar esta sujeción de la mujer al hombre, cuando Marcela enfatiza: “… Si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por  corresponder a la intención de aquel que, por sólo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda?”.

Por otra parte, sin perder su calidad de mujer no pasiva y asumiendo sus consecuencias, nuestra protagonista advertirá: “Quéjese el engañado; desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas; confíese el que yo llamare; ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito.”

Destaquemos que Marcela al decir “yo llamare”, “yo admitiere”, subraya su condición de mujer activa en la relación de pareja, situándose en el mismo rango del hombre poseedor. Sin embargo, ella no supone limitarse a un hecho que también forma parte de la tradición  predominante, evidentemente.

En efecto, la heroína pretende no sólo romper con los roles sociales impuestos para ambos géneros, sino incluso con el vínculo formal  reestablecido y obligatorio para toda pareja. Dice: “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos…”.

Mejor aún, especifica: “… tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a éste, ni solicito aquél; ni burlo con uno, ni me entretengo con el otro.”

Como bien se desprende, con este relato Miguel de Cervantes buscó sensibilizar con respecto a la posibilidad de modificar la desigualdad en la pareja, pero no sólo para elevar a la mujer al nivel del hombre, sino en dirección de que ambos accedieran a la genuina libertad.

Continue Reading

Arteleaks

El talento de Freddie Mercury, a 29 de años de su partida

Enrique Dominguez Gutierrez

Published

on

Enrique Domínguez Gutiérrez

Con una media vocal de 117,3 Hz, propia de un barítono, sonidos subarmónicos más allá la velocidad de sus cuerdas vocales de 7.04 Hz (el vibrato típico fluctúa entre 5.4 Hz y 6.9 Hz) en su máximo esplendor, empleaba los pliegues ventriculares para emitir sonidos melodiosos y armónicos.

Farrokh Bulsara, conocido como Freddie Mercury, nació un 5 de septiembre de 1946, en Zanzibar, en Stone Town en la costa poniente de la isla, parte de lo que hoy es Tanzania, en África, cuando ésta era una colonia inglesa. A los siete años fue enviado a estudiar al St. Peter’s School en Bombay, India, donde además de efectuar sus estudios se concentró en el aprendizaje del piano, practicó boxeo y emprendió varias actividades como la formación de su primer grupo llamado “The Hectics”, donde cantaba y mostraba sus primeros brotes como pianista.

De origen Parsi y de religión Zoroástrica, su ascendencia tiene muchas mezclas que tienen su raíz en la India y en Irán, por ello hay algunas canciones de su extenso repertorio musical que hacen gala de esa influencia, podemos notarlo en la canción “Mustapha” y “My fairy King”.

El arte siempre estuvo ligado en su percepción para la composición, interpretación y un despliegue extraordinario en su voz. Siempre admiró a los bailarines Nijinsky y Nureyev, a las artistas Liza Minelli y Marlene Dietrich y al pintor Ricard Dadd, éste último fue considerado para componer una canción homónima llamada “The Fairy Feller’s Master-Stroke” donde al igual que: “Cuadros de una exposición” de Mussorgski, Freddie hace un análisis a su pintura entonando de una manera muy peculiar los distintos pasajes que su obra representaba. No solo eso, también hace énfasis a una extensa creatividad para darle vida a los personajes que integran la pintura.

Freddie además de concretarse a componer y a cantar, tenía un gran aprecio a Japón. Coleccionaba obras, jarrones y todo lo que implicara esa milenaria cultura. Hizo apariciones con la hoy también extinta Montserrat Caballé componiendo la totalidad de la opera “Barcelona”, en 1988, previo a las olimpiadas que se celebrarían en aquel lugar y cuyo tema central llevaría la interpretación de la obra que da título al álbum. Sin embargo, falleció meses antes y los planes cambiaron.

Hubo puestas en escena, coreografías de composiciones como “Bohemian Rhapsody”, “I Want to Break Free” (Compuesta por John Deacon) y “Made in Heaven”.

Su voz se hacía notar en sus armonías vocales, sus coros y movimientos en canciones como “Bohemian Rhapsody”, “Somebody to love”, “The march of the Black Queen”, “The prophet’s song” (Compuesta por Brian May), su faceta como solista destacan los falsetes en “Man made Paradise” (La parte final), “Exercises in the free love” que a la postre fue incluida en el álbum de “Barcelona”, titulada “Ensueño”, con la letra en español agregada por Montserrat Caballé.

Un gran liderazgo, extravagancia y un auténtico “frontman” en los conciertos que congregaban multitudes. Hasta la fecha no ha habido una persona que haya sido más aclamada que Freddie Mercury. Poseía un carisma y una conexión vital con el público que hacía estremecer, vibrar y sentir la música en los conciertos.

A diferencia de esa vitalidad manifestada en público, su imagen personal era introvertida, discreta y amilanada sumergido en vicios como el consumo de drogas y alcohol. Las depresiones eran constantes, el sufrimiento y la paranoia generaban retiros parciales de la banda. En cambio, su afición por las fiestas hicieron de él un empedernido vicioso de la perversión y depravación. Cabe recordar el ejemplo de una de sus famosas fiestas organizada en el Hotel Fairmont en Nueva Orleans, titulada “Bienvenidos a Sodoma y Gomorra”. Cientos de invitados eran recibidos por enanos con charolas repletas de cocaína, hechiceros que descabezaban gallos, lanzafuegos, Mujeres desnudas luchando en amplias tinas repletas en sangre de cerdo, cortesanas y cortesanos en los baños brindando placer oral a los invitados, el tercer sexo se ofrecía a fumar por cualquier orificio de su cuerpo, fiesta que duró al menos 3 días. De manera anecdótica y con cierta sorna, un periodista que acudió a esa fiesta comento: “no sé si por haber asistido a ese evento me iré al infierno”.

Las fiestas en Berlín, Alemania, eran un pasatiempo para Freddie, pues ahí organizaba y asistía a eventos donde se concentraban comunidades homosexuales, se organizaban orgías y la promiscuidad era el pan de cada día. 

Su bisexualidad la mantuvo en su vida, sin embargo, quien fue su consorte en toda esa vida de excesos, de alegrías, tristezas y agonías fue y lo será siempre Mary Austin.

Hoy su Casa en Kensington, Londres, luce triste, una gruesa lámina de policarbonato con un letrero: prohíbe las ofrendas, flores o pintas, con penas de arresto para proteger la privacidad de la hoy morada de Mary Austin

El 24 de noviembre de 1991 a la edad de 45 años pierde la vida Freddie Mercury, causada por Bronconeumonía debido a una complicación del SIDA.

A 29 años de su partida es digno recordar a uno de los más grandes músicos que han existido por su talento, creatividad y originalidad.

“Amo a la multitud. Amo más que nada el momento en que estoy frente a ella. Amo cantar nuestras canciones, pero más que nada sentir que la multitud es parte del espectáculo, cuando son ellos los que cantan”.

Freddie Mercury

Casa de Freddie Mercury, heredada a su pareja Mary Austin, en Londres. Foto: Enrique Domínguez.

Continue Reading

Arteleaks

Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, de Styron

Alberto Farfán

Published

on

Recordando a William Styron

Por Alberto Farfán

Lejano a nosotros desde hace catorce años, el escritor norteamericano William Styron (1925-2006) puede considerarse uno los autores de gran importancia de nuestro vecino país, quien nos lega una serie de obras para conocer con grata atención. En Un lecho de tinieblas (1951), su primera novela publicada a los 26 años, Styron nos relata el suicidio de una joven miembro de una peculiar y enigmática familia de Virginia, en cuya atmósfera se respira cierto aire faulkneriano. Las pasiones destructoras que socavan las instituciones de la sociedad y la absurdidad de la vida militar son el tema de La larga marcha (1955). Por otro lado, en Esta casa en llamas (1960), ambientada en la Italia de los años cincuenta, nos refiere que la violencia individual no constituye un remedio eficaz contra la decadencia moral.

Ganadora del premio Pulitzer en 1967 y reconocida a nivel mundial, la novela Las confesiones de Nat Turner refiere la verdadera historia de una sangrienta rebelión de esclavos que se suscitara en 1831 en Virginia; no obstante lo cual, grupos de militantes afroamericanos arremetieron contra nuestro autor acusándolo de racismo, pues para ellos el protagonista resultaba ser un negro con mentalidad del ominoso blanco norteamericano.

La decisión de Sophie (1979), que relata las vicisitudes de una superviviente del Holocausto, fue llevada al cine e interpretada por Meryl Streep con un gran éxito internacional. Con esta novela nuestro autor volvió a conocer la gloria, sin embargo, también tuvo que enfrentar una serie de cuestionamientos, ya que fue acusado de hacer una utilización acrítica de la exterminación de los judíos europeos por los nazis en aras de la comercialización.

En 1993 publica Una mañana a la orilla del mar: Tres relatos de juventud, cuyo sustento narrativo descansa en los momentos dolorosos de su infancia (amén de ciertas obras póstumas). Pero antes da a conocer su texto Esa visible oscuridad: Memoria de la locura (1990), sobre el cual deseo abundar con cierto detalle.

De este relato, titulado de manera exacta como Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, surge inexorable el testimonio de un hombre que se enfrenta con el infierno. Los abismos de la locura y la inconsistencia de psiquiatras y la medicina, más los deseos de muerte, el suicidio, se entrelazan vertiginosamente para abatirlo.

En ciertos instantes pareciera que su autor refiere una honda y, al mismo tiempo, terrible pesadilla de ficción que reúne todos los elementos necesarios para su inequívoca cristalización. Sin embargo, nada de lo escrito es resultado de la imaginación creadora. Styron nos habla de la experiencia vivida, de su propio caso clínico.

Nuestro autor visita al psiquiatra por presentar insomnio, pero, en realidad, es objeto de un trastorno depresivo mayor (TDM), nunca diagnosticado oportunamente.

Y a pesar de que “el horror de la depresión es tan abrumador que excede con mucho toda posibilidad de expresión”, Styron viaja a París para recibir un premio, el cual bien valía un regocijo interior; no obstante, su actuación es desastrosa. A su retorno nada cambia. Su malestar se agudiza. Se encuentra inmerso en el pánico, en la ansiedad; hay confusión, fallas de enfoque mental, agitación, temor difuso. “La oscuridad me invadía tumultuosamente, tenía un sentimiento de terror y enajenación, y, sobre todo, de sofocante ansiedad”. Experimentaba “pánico y desgobierno, y la sensación de que el proceso de mi pensamiento se hundía bajo una marea tóxica e inenarrable que obliteraba toda respuesta placentera al mundo viviente.”

Debido a su afección, Styron investiga en diversos textos de autoridades en la materia, además de acudir con otro especialista; los anteriores a quienes recurrió por insomnio, que aún persistía, sólo le recetaron dosis de halcion y lorazepam. Pero su estado no se modifica. “La locura de la depresión es, generalmente hablando, la antítesis de la violencia. Es una tormenta, sí, pero una tormenta de tinieblas. Pronto se manifiestan síntomas como la lentitud cada vez mayor en las respuestas, una semi parálisis, el corte de la energía psíquica hasta casi cero. Por último es afectado el cuerpo, y se siente socavado, exangüe.”

Por ello, ya empieza a definirse por el suicidio, que no lleva a cabo porque oportunamente pide se le interne en una institución mental. En este sentido, Styron hace un llamado con respecto al uso del halcion, cuya peligrosidad no es cosa de la imaginación, pues, si así fuese, no hubiera sido “terminantemente prohibido en los Países Bajos”, afirma. Pero también llama la atención sobre la negligencia de algunos médicos al prescribir dosis de otros medicamentos similares sin un diagnóstico adecuado.

De impecable factura, Esa visible oscuridad: Memoria de la locura nos arroja a la terrible odisea del infierno interior, pero además nos obliga a reflexionar acerca de nuestra vulnerabilidad en manos no siempre consecuentes con su profesión.
Finalmente, estimado lector, lo invito a leer todas sus obras como un mínimo homenaje.

Continue Reading

Trending