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África

Egipto, velado

Egipto, atrapado en los símbolos de sus disputas, mientras la esperanza de la justicia y libertad cambia de rumbo

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Velos islámicos: Hijab. Niqab, Chador y Burka (de izq sup. a der. inferior) Foto: AFP/2009

Antonio Hermosa Andújar*

Casi una eternidad después del inicio de lo que se dio en llamar la primavera árabe, un hecho banal podría ser la trompeta con la que se anuncia en Egipto el advenimiento del invierno musulmán, desde hace tiempo presente por doquier en todo el territorio donde la primavera una vez estuvo presente. Las decenas de millares de gargantas que rugían exigiendo trabajo y libertad, que apostaron su vida a la esperanza de un cambio, y que tuvo su momento álgido en el derrocamiento de Mubarak de su trono, han dado paso tras las elecciones vencidas por los Hermanos Musulmanes al nuevo rostro del mimo: una periodista de televisión tocada con el hiyab. Las decenas de vidas segadas en el camino de la lucha por el cambio, por la transformación social y política de Egipto, han muerto así por segunda vez.

Claro que, según las nuevas autoridades político-religiosas, no hay motivo alguno de inquietud: ¿por qué alarmarse de que una chica televisionaria aparezca con esa prenda tan sexy cuando la usan aproximadamente el 70% de las damas en Egipto? (Lo que no se dice al respecto es cuántas lo hacen libremente, pero tampoco hay que entrar en minucias). Además, en tiempos de Nasser, todo el vestuario femenino relacionado con la tradición era objeto de mofa, y en los de Mubarak estaba literalmente prohibido salir por la tele enseñando sólo la (más)cara; ahora ya, finalmente, son libres, ya pueden ellas mismas elegir voluntariamente su indumentaria. Visto así, no queda sino aplaudir. Y el hiyab hasta se convertiría de un solo golpe en continuidad y símbolo del cambio iniciado en la Plaza Tahrir.

Y hay muchos más argumentos, no crean, a favor de tan delicado taparrabos cabellero. Prescindiendo de que si los indios tan amados por John Wayne vieran la televisión egipcia no sabrían si debajo del velo hay cabezas rapadas o cabelleras por cortar, sino que verían sólo barbas reforestando híspidamente las mejillas de la entera varonía del entorno, lo que les disuadiría, ¡puaf!, de invadir el país; prescindiendo de esa potencial invasión que casi nadie parece tener en cuenta, digo, el hiyab, ¡palabrita de niño-jesús musulmán!, es una prenda más de las de andar por casa; vaya, por la casa pública que es la ciudad, y si a nosotros, los occidentales, no nos devoraran ni nuestro orgullo ni nuestros prejuicios, ni quisiéramos imponer a todo ente respirante nuestra visión del mundo, seguro que ya sabríamos desde hace siglos y más siglos que nada se dice del mismo ni en El Corán ni en los Hadizes del Profeta, y que por lo tanto nada tiene que ver con la religión.

Más claro: que de símbolo machista, señal de sumisión de la mujer al hombre, nada de nada. Más aún cuando feministas como Fátima Mernissi sí creen encontrar alguna referencia sagrada al mismo es para proteger a la mujer de toda agresión sexual. ¡Palabrita de adultitos tolerantes musulmanes!

Todo esto está muy bien, sin duda. ¿Pero dicen algo El Corán o los Dichos del Profeta acerca de Clinton o, en general, de los Estados Unidos? ¿Y dejan de considerarlos por eso muchos musulmaníacos como las oriflamas del demonio, o del infierno, o de algún cruce entre ambos? Pues no señor, tampoco. Y ya ven lo religiosos que resultan. Por lo demás, si de lo que se tratara en la cuestión del hiyab es del fundamento sagrado de la sumisión de la mujer al hombre, simplemente nos habríamos confundido de tecla, pero me da en la nariz que igual daríamos con otra en grado de justificarla. Tampoco me queda clara otra cosa: pero entonces, qué, ¿aparece o no aparece en el libro sacro alguna referencia al pañuelito de marras? ¿O es que se pretende emular chapuceramente las antilogías de Protágoras, y no aparece cuando se trata de sumisión, pero sí aparece cuando se trata de proteger sexualmente a su portadora?

La cosa no acaba ahí; los Hermanos Musulmanes, los Musulmanes sin Hermanar, los Primos de unos, de otros o de los dos, los Musulmanes que se odian religiosamente por imperativo no coránico ni profético, etc., etc., también coinciden en que el hiyab no es discriminatorio, pues lo usa quien quiere, y por eso hay, en algunas calles musulmanas, preferentemente de día o con luz, jóvenes que los usan seguramente de complemento erótico de sus ajustadas faldas y ceñidas camisetas. No comporta sumisión, por tanto, vale la pena insistir; no es una coacción contra la mujer por parte de padres, maridos, novios o lesbianas, que también las hay, porque junto a las activistas con velo pasan velos sin activistas, con los que las usuarias dan pábulo a su feminidad –no provocan al barbimacho que espera su contoneo para incendiar su lujuria y promover su remedio en la hoguera-, al igualitarismo entre la mujer rica y la pobre; y también, cómo no, dan pábulo a su religiosidad, pues cómo cabría ir por la calle sin cierta dosis de santificación (y sin que ni Alá ni Mahoma lo hayan impuesto, lo que representa una rebelión, un cisma, contra las máximas autoridades religiosas, un auténtico chute sacro de vanidad: ¡nada me extrañaría que un día las condenasen a la hoguera por ello, sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que les gustan a ambos dos las brasas!).

Lástima, dirá alguno, porque siempre hay quien se queja, que cuando van sin el citado taparrabos capilar y sufren por parte de los tolerantes islámicos agresiones y violencias no sólo verbales, pille siempre a la policía de turno mirando para La Meca; y luego, claro, cuando se quejan o denuncian, pues se les acuse de provocación: ¿se habrán pensado que los varones somos de piedra sin circuncidar, que los cabellos al viento nos inducen a la castidad y santidad del burka, por cuya rejilla trasparece al máximo, y no siempre, alguna piadosa caries ocular?

¡Vaya verbena de argumentos incontrovertibles!, pensarán: que una activista, máxime en una región como ésa, sea irremisiblemente irreligiosa; que el velo tape las diferencias de clase, cuando hasta hay pases de modelos de hiyab; que sea básicamente el fruto de una decisión libre y laica; o bien, mas sólo ocasionalmente, religiosa. Esa prenda se ha convertido sin más en símbolo de una disputa, y en ella el elemento que prevalece es el religioso. Incluso cuando ufanamente algunos musulmanes se remiten a la Declaración Universal de la Unesco como escudo jurídico de su aspiración al reconocimiento de la “identidad cultural”, y para defender con dicha norma “superior” los intentos locales de prohibirlo aquí o allá, en la que incluyen el uso del hiyab, ¿cabe pensar dentro del mundo musulmán en una cultura más allá o contraria de la religión?

Y si no es así, ¿por qué entonces la musulmanía al completo, desde los Hermanos Musulmanes y demás parientes próximos o enfrentados, como salafistas y chiís, por ejemplo, favorecen el velo y persiguen el desvelo, en nuevo y craso ejemplo de que no proviniendo el carácter sacro del mismo ni del Corán ni del Profeta hay gente por ahí que hace las veces de divinidad musulmana, demostrando cómo el hombre ensancha a voluntad el espacio religioso del Libro y su Dios? ¡No quiero pensar cómo responderá Alá a ese alarde politeísta el día que se entere del mismo: quizá los vuelva judíos ortodoxos o incluso efebos católicos, para mayor gloria de los genitales de sus pastores!

Un instrumento eficaz y silencioso de proceder a la consolidación interna del islamismo en las sociedades que emprendieron el camino de la revolución antes de terminar en el de la involución es la diplomacia. Máxime en un país como Egipcio, donde en absoluto se han apagado los ecos de ser el líder del mundo árabe que soñó Nasser, y que hoy es una niña mimada tanto por Israel, que quisiera mantener en vigor el tratado de Camp David, como por Arabia Saudí en su batalla político-religiosa con Irán, y viceversa; o como por Estados Unidos, que lo necesita como baluarte en el mundo árabe, sea para ejercer junto a Turquía presión sobre Irán, sea para frenar la influencia rusa –o china- en la región; o incluso por Europa, ante todo por Francia, el país más implicado en la cuestión Siria, sobre la que Egipto ya ha manifestado un nuevo y más profundo interés, intentando formar un grupo de contacto en el que participen países aliados y enemigos de Bachar Al Assad y entre sí, como Irán, Turquía y Arabia Saudí. La expulsión del tirano sirio del poder sería condición sine qua non de la nueva política a desarrollar.

Mientras tanto príncipe encantado internacional corteja a la princesa egipcia, y mientras ésta se aclara con lo que afirma querer, puede llevar a cabo su obra de islamización tranquila de la sociedad egipcia: ¿quién desde fuera recordará los derechos humanos en tanto obra por seducirla, y quién desde dentro podrá impedirlo sin guerra civil de por medio? Quizá la televisión siga siendo el gran escaparate de la totalitarización paulatina de la sociedad; y el espectador egipcio vea cómo, en aras de su libertad de elección, la nueva presentadora haya sustituido el hiyab por el nikab, el chador o hasta por su perfeccionamiento erótico: el burka; mucho más difícil será que vea los cabellos sueltos de la periodista que quiso ser libre y se topó con el Islam, castizo o postizo, y ataviada con un vestido cuyo escote atraiga a los castos Hermanos Musulmanes y demás siervos de la gleba religiosa mucho más que la noticia que esté dando, aun cuando se trate del reciente hallazgo de un manuscrito autógrafo del propio Alá en el que recompensa a los primeros que empezaron a asesinar y morir en su nombre, con el consiguiente reparto de su ración de huríes.

*El autor es escritor y filósofo español.

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África

Marruecos: Pacto Mundial sobre Migración

Marruecos es la sede donde se reúnen más de 150 países para firmar el Pacto Mundial para una Migración segura, ordenada y regular, para dar salida a crisis humanitarias

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Raúl Ramírez Baena

Hace 70 años, el 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de la ONU aprobó en París la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, documento magno que dio origen al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

La Declaración se propone como ideal común de la humanidad, la consecución de la libertad, la justicia y la paz, el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, e inscribe dos principios fundamentales: la UNIVERSALIDAD y la PROGRESIVIDAD de los derechos humanos.

En este marco, la ONU ha convocado en Marruecos a los países miembros a debatir el acuerdo global sobre migración, llamado “Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular” (cuyo acuerdo inicial, a excepción de los Estados Unidos de América, fue aceptado en julio para su discusión los días 10 y 11 de diciembre), teniendo como objetivo “ayudar a aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los inmigrantes indocumentados.”

Como una manifestación de “aporofobia” (rechazo al pobre), países industrializados de Europa occidental y de Norteamérica no simpatizan con este Pacto Mundial, países de destino de la migración, que han girado sus políticas económicas hacia corrientes nacionalistas, conservadoras y proteccionistas de su planta laboral y mano de obra nativa, en contraste con la Globalización y el liberalismo del mercado, hoy en declive.

Son destacables las posiciones de Donald Trump, del Brexit en Inglaterra, de la Ley de Extranjería en España y de los duros controles migratorios en Sudamérica, en Alemania y en los países de Europa del Este, que bloquean y criminalizan la migración masiva de los países en crisis.

Recientemente, se calcula que 68 millones de personas desplazadas han salido de sus países, provenientes del Medio Oriente y de América Latina y el Caribe, huyendo de la pobreza y de los fenómenos naturales, pero más, de la guerra y de la violencia que los asola.

Este Pacto constituye el primer intento para gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional; “refleja el entendimiento común de los Gobiernos de que la migración que cruza fronteras es, por definición, un fenómeno internacional y que para gestionar con efectividad esta realidad global es necesaria la cooperación para ampliar el impacto positivo para todos”, apuntó el Secretario General de la ONU, António Guterres.

Se busca cambiar las políticas de rechazo y criminalización de la migración hacia una visión más positiva y propositiva donde todos los países ganen, los de origen, los de tránsito y los de destino de la migración.

Hay algunas metas genéricas del Pacto como la cooperación para abordar las casusas que motivan la migración o mejorar las vías de migración legal. Pero también hay compromisos concretos, como medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias, usar la detención de migrantes como última opción y reconocer el derecho de los migrantes irregulares a recibir salud y educación.

Los Estados se comprometen también a mejorar su cooperación a la hora de salvar vidas de migrantes, con misiones de búsqueda y rescate, garantizando que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter exclusivamente humanitario.

Además, los Estados que suscriban el Pacto prometen garantizar un regreso seguro y digno a los inmigrantes deportados y no expulsar a quienes enfrenten un riesgo real y previsible de muerte, tortura u otros tratos inhumanos, como es el caso de los hondureños hoy refugiados en México en espera de la resolución de asilo en los Estados Unidos de América

Destaco dos cosas en lo que se refiere a México: primero, en razón de su campaña de reelección, la no adopción por Donald Trump de este mecanismo mundial, impidiendo entre otras cosas ayudar a resolver la crisis de los migrantes centroamericanos en la frontera con Tijuana (crisis que, por el contrario, ha exacerbado), éxodo cuya responsabilidad recae en las políticas económicas, sociales y de seguridad impuestas por los EUA en América Latina y el Caribe.

Por otro lado, la muy lamentable posición intolerante, xenófoba y racista (no les gusta que les digan así) que sin el menor recato y análisis de contexto ha asumido buena parte de la población tijuanense, que denota una deficiente cultura de los derechos humanos y una falta de sentimientos de empatía y solidaridad para con los migrantes hondureños, a quienes se ha rechazado, discriminándolos y estigmatizándolos negativamente.

Según Juan José Gómez Camacho, embajador de México en la ONU, “los migrantes hacen una contribución económica extraordinaria en los países donde están trabajando. Las remesas representan un 15% de los ingresos del migrante; el otro 85% se queda en el país de destino”. Además, existen hoy 250 millones de migrantes que representan un 3,4% de la población mundial, que contribuyen con un 9% del PIB mundial con casi 7 trillones de dólares al año.

Por lo pronto, el Canciller Marcelo Ebrard se encuentra ya en Marruecos asistiendo al Pacto Mundial sobre Migración. Doy por seguro que México suscribirá este importante acuerdo y que se traducirá en una política migratoria humanitaria, no criminalizante.

Fotografía:  El presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez Castrejón, saliendo de la conferencia. (Tomada de su perfl de Twitter).

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África

Vivir sin miedo, la explotación sexual en el tránsito a Europa

La migración de africanos a Europa para salvar sus vidas de la violencia de dictaduras y miseria enfrenta la explotación y violencia sexual a niñas y mujeres

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Por J. Marcos y Ma. Ángeles Fernández
@desplazados_org

MADRID.- La nigeriana Juliet nunca llegó. Su camino fue siniestro y la meta, imposible. Murió en el mar, con su hija, huyendo de la organización que le obligaba a prostituirse. Su tránsito a Europa es otra historia más teñida por la explotación sexual. Partió de Nigeria, cruzó Benín y llegó a Bamako, la capital de Malí, donde la obligaron a vender su cuerpo. Sus planes hacia una vida mejor nunca imaginaron la esclavitud.

No hay imágenes de mujeres saltando las concertinas de Ceuta y Melilla, esas mallas de alambre que seis metros por encima culminan en afiladas cuchillas. No las hay porque, según confirman los registros, ellas no intentan saltar la valla. Apenas se conocen unas pocas excepciones. Pero la ausencia de espinas metálicas no evita que niñas y mujeres ingresen en Europa a través múltiples fronteras que también rasgan sus cuerpos y sus vidas.

Su entrada al territorio europeo se produce sobre todo a través de embarcaciones o a nado, con Almería, Motril, Cádiz, Ceuta y Melilla como los principales puntos de llegada en el caso del Estado español. Y ahí ya sí que existen fotografías, incluso de embarazadas y con bebés en sus brazos. Pero el mar es apenas el penúltimo obstáculo fronterizo en su camino.

“En Bamako es horroroso. Allí comienza lo que será tu vida en Europa. Te tienes que acostar con todos los hombres que quiera el connection man [también conocidos como captador, pasador o patrón] y no hay preservativos y hay muchas enfermedades”, cuenta Precious en la investigación Vivir sin miedo, publicada por CEAR-Euskadi.

Habla Precious, pero bien se podría hablar de las congoleñas Charlotte (“en la frontera es obligatorio acostarse con policías marroquíes y argelinos. Me han violado delante de la niña”), Hope, Dorcas y tantas otras mujeres que encuentran barreras, violencia y agresiones físicas y sexuales en un trayecto que nunca imaginan tan cruel.

Fronteras blindadas

El blindaje de las fronteras europeas se traduce en el surgimiento de vías alternativas, rendijas del sistema que se traducen en el incremento de las violencias para las migrantes. El tránsito de personas no merma mientras sí crecen los peligros e inseguridades. FRONTEX, la Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembro, lidera en el ámbito europeo las variadas estructuras para la vigilancia y el castigo, encargadas de la violencia en las líneas divisorias: patrulleras, estancias de detención en terceros países, devoluciones en caliente, Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), acuerdos de readmisión, vuelos de deportación.

Solo en 2016 y solo por la llamada Frontera Sur, que apenas concentra el cuatro por ciento de las entradas irregulares en la UE, llegaron a España 14.128 personas. De ellas, cerca de 1.500 mujeres, 65 embarazadas. Y más de un millar de niñas y niños. Los datos de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) se completan con 295 muertes, que se elevan a más de 5.000 ampliando el área a toda la frontera mediterránea del bloque comunitario, la ruta más mortal del mundo y eso que se desconocen las cifras que deja la travesía por el desierto norafricano.

“En el camino he trabajado de chacha, he cuidado cabras, he sido víctima de violaciones y como resultado de ellas he tenido un embarazo. Cuando di a luz no tenía ni dónde dormir. Soy una mujer llena de cicatrices, cicatrices de mis deportaciones al desierto, del camino, de todas las violaciones. He sufrido mucho y eso ha dejado señales en mi cuerpo y en mi alma”, cuenta Charlotte y recoge Vivir sin miedo.

El endurecimiento de las condiciones de entrada infringe un golpe extra a las niñas y las mujeres, tal y como atestigua la Comisión Española de Ayuda al Refugiado en el País Vasco (CEAR-Euskadi): “En estos contextos de militarización, el sistema de dominación patriarcal se refuerza, haciendo más profundas las desigualdades de género. Las mujeres y las niñas se ven expuestas a las relaciones de poder, dominación y abuso sexual por parte de personas en tránsito, por las fuerzas de seguridad y control fronterizo, y por las redes de trata de personas”. Las redes de tráfico y trata de seres humanos se convierten con frecuencia en su única llave de entrada a Europa, en el sacrificio necesario para escapar del sufrimiento en sus países de origen: el conflicto armado, el matrimonio forzado, la mutilación genital o el terrorismo son algunas de las razones que les obligan a migrar. Sin duda el género es un motivo de marcha.

Los embarazos y abortos forzados también funcionan como control de los cuerpos en ese purgatorio migratorio. “Muchas no conocen el significado del término ‘violación’ y tampoco tienen el mismo concepto del embarazo y del aborto que manejamos en Europa. Las redes no les facilitan anticonceptivos, sometiéndolas a prácticas sexuales de alto riesgo y obligándoles a interrumpir sus embarazos en condiciones de extrema insalubridad. Pero también les obligan a gestar cuando lo consideran conveniente para alcanzar Europa”, añaden desde Women’s Link Worldwide. Esta violencia reproductiva en ocasiones termina con la apropiación de su maternidad, con los bebés al servicio de sus fines, tal y como denuncian desde el colectivo Caminando Fronteras.

La trata, una parte del tránsito

“La posibilidad de emprender un proceso migratorio sin sufrir violencia sexual o acabar en manos de las redes de trata es casi inviable para quienes vienen de África subsahariana”, añaden desde CEAR-Euskadi. Nigeria es, por cierto, el país de origen que, según sus datos, presenta los peores registros: en 2016, más de 40 mujeres nigerianas han sido atendidas en el País Vasco por la organización de refugio con síntomas de haber sido víctima de trata con fines de explotación sexual.

De acuerdo con Women’s Link Worldwide, en la travesía aparecen figuras tan controvertidas como el ‘marido del camino’, una especie de ‘protector’ que ‘cobija’ a las mujeres a cambio de ejercer de esposas sexuales, pudiendo además estar vinculado con redes de trata.

Las evidencias recogidas confirman que gran parte de las que transitan por la Frontera Sur son víctimas de estos entramados, como sucede por ejemplo con quienes llegan al CETI de Ceuta, según recoge Amnistía Internacional. Porque las que consiguen llegar no escapan a la vulneración de sus cuerpos: la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) estima que 140.000 niñas y mujeres sufren trata con fines de explotación sexual en Europa. Los guarismos en el Estado español tampoco son mejores: el año pasado se han detectado el 12.419 personas en riesgo de explotación sexual (la mayoría, entre el 80 y el 90 por ciento, de origen extranjero), a pesar de que únicamente se identificaron 591, según el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), Rumanía, Nigeria y China son los principales países de captación.

Un derecho de asilo condicionado

Todos estos hechos, que podrían dar pie a establecer un protocolo especial en la frontera, no brindan para las mujeres la opción preferencial de ser refugiadas ni de recibir protección, pues no son consideradas como un grupo de especial vulnerabilidad. Hasta 2016, apenas seis personas (cuatro mujeres y dos menores) recibieron protección internacional por esta haber sido víctima de trata en el Estado, si bien es cierto que en el último cuatrimestre del pasado ejercicio el Ministerio del Interior se la concedió a 19 africanas, cuentas que refleja CEAR-Euskadi en #Refugiadas. La trata con fines de explotación en el contexto de militarización y cierre de fronteras, asegurando sin embargo que “aún es pronto para ver si esta protección se afianza o se circunscribe a circunstancias especiales de carácter político”.

Por sí solos, ni el género ni la orientación sexual justifican para la legislación un motivo de marcha

La legislación española vigente (Ley de Asilo de 2009) por primera vez incluye expresamente como causa de asilo la persecución por motivos de género y orientación sexual, pero ninguna de estas dos causalidades tiene el mismo nivel de protección de la que gozan otros motivos de persecución como la raza, la religión, la nacionalidad, el grupo social y las opiniones políticas. Por sí solos, ni el género ni la orientación sexual pueden dar origen a la aplicación de la legislación, siendo necesarias otras circunstancias que justifiquen la salida de los países de origen. Todas estas solicitudes suelen ser rechazadas sin un estudio individual.

Además, esta normativa excluye a las personas comunitarias, así como a las que procedan de un país considerado seguro. En definitiva, denuncia CEAR-Euskadi, “son muy pocas las mujeres que, superados los obstáculos, acceden al procedimiento de protección internacional”. El Defensor del Pueblo recoge en uno de sus informes esta realidad: en 2015 y en la primera mitad de 2016 no hubo resoluciones favorables a la concesión del estatuto de refugiado o protección subsidiaria a las víctimas de trata.

Y cuando las autoridades aceptan revisar las peticiones de estas mujeres, el camino sigue cuesta arriba, subrayan desde la delegación vasca de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado: “El miedo a exponer su verdadera situación, especialmente cuando aún se encuentran bajo la influencia de la red, las lleva a ocultar información o a mentir sobre su procedencia y sobre los motivos de persecución. Como consecuencia, sus solicitudes son inadmitidas o denegadas por inverosímiles o incoherentes”.

Fuente: publico.es

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África

Por Helena Maleno, defender a quien defiende

La activista de derechos humanos Helena Maleno es obligada a comparecer ante juez en Tánger, Marruecos, por supuesto delito de tráfico de personas al salvar vidas de migrantes y evitar que murieran ahogadas en el Estrecho.

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Marta Abiega*

El apremio nunca fue una fuente de inspiración, pero hoy la urgencia llama a mi puerta ante el enjuiciamiento de la defensora de derechos humanos Helena Maleno por los Tribunales marroquíes.

El 16 de octubre cogí un autobús a Gasteiz con un solo propósito, conocer a Helena Maleno que comparecía ante la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco. En mi bolsa, un mensaje “Mundu berri bat daramagu bihotzean” (Llevamos un nuevo mundo en el corazón), y un regalo, un pañuelo de Ongi Etorri Errefuxiatuak, en la completa seguridad de que si a alguien le iba a sentar bien ese pañuelo amarillo que da la bienvenida a las personas migrantes y refugiadas, ésa era Helena, la voz de las que no tienen voz, el grito valiente de las mujeres que desafían el Mar de Alborán en busca de una vida mejor, el dedo acusador de las criminales políticas de la Unión Europea, una ACTIVISTA con mayúsculas, de unos derechos que cada vez son más inhumanos.

Helena es la piedra en el zapato de Zoido, el “pepito grillo” en la conciencia inexistente de tanto Guardia Civil de Fronteras con una sospechosa entrega y dedicación a su trabajo. Pero corren malos tiempos para las defensoras de derechos humanos en el mundo.

La externalización es un mecanismo muy utilizado a muy distintos niveles. Abrumadas ante tanta crueldad humana desplegada por nuestros gobiernos, externalizamos la culpa y olvidamos que por acción u omisión también tenemos responsabilidades en las decisiones que toman.

El Gobierno Vasco recurre a la incompetencia, a mi juicio en sus dos acepciones, para externalizar su culpa ya que, con su apoyo a los presupuestos del PP, demuestra una importante capacidad de presión que ejerce en nombre de intereses económicos, pero en ningún caso en nombre de intereses humanos.

El gobierno del estado externaliza sus culpas en relación al incumplimiento de las cuotas de personas refugiadas responsabilizando de ello a una burocracia ajena a su voluntad. Al mismo tiempo deniega la posibilidad de petición de asilo de determinadas nacionalidades en las fronteras y establece mecanismos draconianos e ilegales como las devoluciones en caliente, haciendo oídos sordos a los tribunales de la Unión Europea y redefiniendo a su antojo la palabra “legalidad” con subterfugios que a nadie engañan.

Sus tribunales de justicia, en este caso la Fiscalía de la Audiencia Nacional, descartaron investigar a Helena Maleno al no ver indicios de delito en sus llamadas a salvamento marítimo alertando de pateras a la deriva. Así pues, han decidido externalizar la injusticia, al igual que el control de fronteras, jactándose de demócratas y acusando de falta de democracia a monarquías amigas que engordan con la sangre de una ciudadanía que está más que harta de tanta connivencia.

El intachable historial de Helena Maleno como defensora de los Derechos Humanos en la frontera sur de España y el hecho de que la Audiencia Nacional archivara la denuncia interpuesta por la Policía Nacional deberían ser suficientes para el sobreseimiento de este juicio-farsa en el país vecino norafricano.

Por si alguna persona tiene dudas de cómo los derechos humanos se utilizan como moneda de cambio, sabemos que la política de fronteras se vuelve más o menos beligerante en función de los acuerdos económicos que tenga que firmar la monarquía marroquí con su homónima española. La externalización de las fronteras tiene un precio muy alto, pero el que me preocupa en este momento no es el económico, sino el precio de las personas víctimas con sus nombres y sus apellidos.

Me estremezco, Helena, ante tanta frivolidad cotidiana cuando te oigo decir que acompañas en la identificación de los cadáveres en las morgues y me pregunto cómo sobrevives a esa experiencia. Ahora sé que es porque hiciste todo lo que estaba en tus manos para que no ocurriera y aun así ocurrió.

Por todas las personas que has salvado con tus llamadas de socorro y también por aquellas que no conseguiste salvar a pesar de esas llamadas. Porque contigo aprendí la importancia de poner nombres a las víctimas y la de comunicar a sus familiares esas tragedias –para mí asesinatos– más cotidianas de lo que quisiéramos. Por Patience, Bebe, Dalloba, Aminatou, Clemence, Melville y Karmeline, que en septiembre murieron ahogadas después de que una patrullera española frenara el paso de su patera con el objetivo de que fuesen alcanzados por la Marina marroquí para proceder a su devolución a Marruecos. Por todas nosotras que también morimos con su muerte. Por los familiares de las víctimas de Tarajal que siguen pidiendo una justicia que no debería entender de fronteras, clases ni colores. Por la tristeza que nos produce esta injusticia. Porque todas somos Helena Maleno. Lucharemos juntas sin dejar que nos venzan. Sabemos que estamos en el lado correcto, el lado de los derechos humanos.

 * Colaboradora de Pikara Magazine

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