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Oriente Medio

Egipto: del sueño a la pesadilla

En Egipto, se ha confundido votar con democracia y ha dado pie una nueva utopía totalitaria

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Mohamed Mursi jura como presidente de Egipto Foto: EFE

Antonio Hermosa Andújar*

Un retoño de Mubarak u otro de los Hermanos Musulmanes: entre ambos polos –bien que desiguales en autoridad y poder- del ancien règime debía decantarse la elección del pueblo egipcio por su futuro presidente. ¡Para ese viaje no necesitábamos alforjas revolucionarias!, habrán pensado las decenas de miles de personas que un año y medio atrás atestaban la Plaza Tahrir, cuando la incertidumbre del porvenir, tanto personal como del país, era lo único seguro y donde no estaban presentes los que hace unos días también la llenaban –los partidarios del hoy ganador-, cuando parecía que el golpe de Estado se consumaba y el candidato del ejército sería nombrado presidente. Una sorpresa contenida en la sorpresa fue el delgado número de votos que decidieron la elección.

Había sido un clamor sin duda acentuado por el contexto y ampliado por lo inesperado, un clamor que ya no exigía sólo pan, sino que, al socaire de su primera manifestación en Túnez, reclamaba la libertad que obligadamente debe acompañar a todo ser humano fiel a su dignidad. La emoción democrática recreó la ilusión de pensar que en el amanecer de la plaza de ese nombre se concentraba El Cairo en pleno, y que ése El Cairo era todo Egipto.

El ejército reaccionó con discreción y prudencia, con lo que la principal amenaza a la seguridad personal de los rebeldes parecía conjurada, al tiempo que el faraón se quedaba sin la férrea protección que hasta el momento había garantizado su celestial lugar entre los elegidos, deviniendo un mortal más. Hoy el sueño ha regresado bajo la forma de su peor pesadilla, y ni siquiera decir que haya llegado a su final, pues la amenaza de un golpe de Estado subsiste, entra dentro de lo extravagante. ¿Quién sabe cuántos hechos inesperados nos prepara todavía en Egipto la emboscada de la verdad?

No obstante, nuestros sesudos intelectuales han saludado con alborozo la asignación del cargo de Presidente a un miembro de los Hermanos Musulmanes. Han tildado el hecho de “revolucionario” y calificado como un paso adelante en el establecimiento de la “democracia” en Egipto. Desde luego, en lo que hace a la forma tienen razón, y puesto que dicha forma, en casos como el presente, es en sí misma un contenido quizá anden completamente en lo cierto (eso sí, cuando décadas atrás el amigo americano festejaba con el voto en las repúblicas bananeras centroamericanas la llegada de la democracia a las mismas, suscitaba protestas inmediatas por parte de quienes no confunden votar con democracia; y las críticas a la democracia occidental se han cebado hasta no hace mucho en el hecho de que votar una vez cada cuatro años en absoluto es democracia; y en cuanto a la revolución, no se olvidaba, al contrario que ahora, que a la Déclaration des droits de l’Homme et du Citoyen puede seguir un Robespierre. Mas tal vez los de ahora sean otros intelectuales).

En mi opinión, por el contrario, el cambio es legítimo, pero ni tan revolucionario ni, en especial, tan democrático: ha ganado las elecciones un candidato que ha hecho campaña bajo el lema el Islam es la solución. ¡Vamos, un lema rabiosamente democrático! El islam, algo que no vale ni para irse uno feliz al infierno, aunque sí para mandar gratis al infierno a los demás -y sin su permiso, oiga-, sería la solución a los problemas que mantienen a Egipto a la intemperie. ¿Qué hará ahora M. Morsi, impondrá quinientos rezos diarios en lugar de los cinco preceptivos, a fin de que la piedad produzca los efectos de las transformaciones sociales requeridas, las de justicia social y democracia en primer término; inventará –inspirado directamente en la tecnología coránica- el camello con cojinetes en las patas, o bien el dromedario a motor, para hacer 5 ó 10 viajes anuales a La Meca, y que la brisa marino-divina tan rica que allí sopla cree puestos de trabajo a destajo, tan vitales para mantener en vida al paciente?

Cierto, sí hay un modo de cumplir lo anunciado en la consigna, aunque personalmente lo desaconsejo: imponer, por ejemplo, treinta días de rezos continuados, sin dedicarse a ningún otro menester. Seguro que mucho antes de llegar al último el islam ya ha solucionado los males pasados, presentes y futuros de Egipto. Si por lo menos, en aras de la decencia, el candidato vencedor hubiera dicho que el islam es el problema, no es que hubiera tenido plenamente razón, pues sólo se trata de uno de los problemas, pero habría andado mejor encaminado que aireando el lema opuesto. Claro que en ese caso igual habría terminado de presidente en alguna sección musulmana especial del infierno. ¿Cabe aducir el caso de Turquía como ejemplo en contra de cuanto afirmo? Mucho me temo que no sea un buen ejemplo, pues no es ni modelo ni, tampoco, consuelo. En Turquía hay democracia y hay islamismo, pero lo que en ningún caso hay es democracia islámica. En Turquía la democracia se construye contra y a pesar del islam, por mucho que se le promocione en el terreno de la fe y se propague su difusión en la sociedad; lo que, por otro lado, no permite augurar mucho de bueno a la democracia, aunque sí al nacionalismo.

Una mirada de urgencia al sistema democrático nos revelará como rasgo subyacente el dogma histórico-filosófico de la secularización; y como constitutivos, los rasgos ético-políticos del pluralismo, con su cohorte de relativismo e individualismo; el jurídico de la eliminación general de la violencia del proceso de justicia; el político de la libertad, la igualdad, la responsabilidad política y la legalidad; y, en fin, el humanista de la auto-construcción del futuro. El islam no sólo no cumple, en su más pura letra y todavía menos en su práctica, ninguno de ellos, sino que aparece como su mejor rival y más encarnizado enemigo. No en vano el intelectual libanés Samir Kassir consideró su ausencia como “colapso de la modernidad” y calificó el autoritarismo y violencia desprendidos de la misma como “enfermedad árabe”.

Pero volvamos a Egipto: ¿dónde figura en el programa del actual Presidente y su secta, que es la que le manda cual si se tratara de un títere, la idea de separación entre política y religión, el laicismo, la tolerancia, el individualismo separado del demonio, la libertad, la división de poderes? Su proyecto, por el contrario, es el de dar a Egipto “una nueva civilización”: algo no tan nuevo por su naturaleza, ya que es lo propio de las utopías totalitarias que no nacieron precisamente ayer.

Elecciones, por tanto, ha habido, pero democracia no hay. Ni la habrá con semejantes depuradores de almas en el poder. ¿Hay al menos revolución, ya que es el bando hasta ahora perseguido el que ahora ejerce el poder? No prejuzguemos el futuro contenido por la actual forma. En apariencia, por tanto, las cosas no podían haber cambiado más: Hermanos Musulmanes -e incluso salafistas- han monopolizado la cámara constituyente resultante de las elecciones celebradas entre enero y marzo. Los proscritos de la era Mubarak, y que ya lo fueran por Nasser desde 1954 pese a que le ayudaron a alcanzar el poder, dominan ahora los resortes del poder en el nuevo Egipto. Vaya, lo dicho: una revolución.

Mas vayamos por partes. Ejército y Hermanos Musulmanes son dos extremos, sí, pero no de ésos que se continúan, como diría B. Constant, sino de ésos que se necesitan y hasta cooperan, pues los proscritos políticos constituyeron en gran medida el aparato de la seguridad social del régimen, que tan populares los hizo a causa de la terrible pobreza que asola al país, como a Hezbolá en Líbano. Por fortuna, ahora, Alá, metido a panadero o a farmacéutico entre otros menesteres, seguro que les saca del pozo él solito, Corán en mano, claro.

Y en cuanto a los salafistas, recordemos de pasada que en su momento, aun no formando nunca parte del gobierno de Mubarak, sí colaboraron con él denunciando a sus hermanos ideológicos mayores, ampliando así su territorio entre los creyentes egipcios; de esta manera ponían de relieve, por cierto, que la división del islam no es sólo técnica, esto es, religiosa, entre chiís y sunís, ni nacional entre los musulmanes de cada Estado, ni ideológica entre conservadores y radicales: es o puede ser también una división política, instrumental, en la que intereses espurios de supervivencia a cualquier precio se desgajan en sectas de los dos troncos principales y ponen coto a sus principios para juntarse a los de sus declarados enemigos en la acción.

Más aún: ¿dominan realmente los Hermanos Musulmanes el poder en Egipto? La disolución de la cámara transitoria sin haber realizado su función de redactar una nueva constitución; las dudas hasta última hora por parte del ejército sobre si reconocer o no la victoria del candidato rival, vencedor en las urnas; la retracción de poderes al Presidente futuro aprovechando el vacío constitucional; la espada que sobrevuela como un cometa el entero escenario político, ¿de verdad que no significan nada? ¿No nos están diciendo todos esos hechos, y otros más, que los militares siguen ocupando el escenario político, que el poder civil sigue parcialmente en manos del militar, y que en el mejor de los casos lo que hay realmente es una cohabitación entre los bandos opuestos?

Claro que, vista así la cosa, igual cabría calificarla plenamente de revolución, aunque mucho me temo que sea en otro sentido distinto del habitualmente atribuido. Añadamos aquí que es asimismo revolucionario otro hecho que se propaga desde Túnez y al que no se le ha tomado en consideración: la restauración del califato. Es decir, la unidad del conjunto de los musulmanes bajo una misma autoridad político-religiosa, aunque ahí Alá tendrá que hacer algún milagro extra para ver cómo sunís y chiís practican el mismo credo sin matarse mutuamente en su nombre, o en el de su apoderado, que tanto monta. Con todo, la nueva política a desarrollar con Irán puede ser una buena piedra de toque.

Y un último aviso a los ingenuos, quizá embargada su memoria por un ataque de alegría revolucionaria: el voto en las elecciones no ha superado el 50% del electorado, lo cual supone una sensibilísima disminución de su porcentaje respecto de las primarias. El desencanto hace así con ello acto de presencia política en Egipto, convirtiéndose en uno de los mayores partidos, y esperemos también que entre los más prometedores, ya que se han comprometido a no dejar caer en barbecho los esfuerzos que produjeron la caída del rais y los fenómenos subsiguientes, o como también dicen: a hacer que “vuelva a brillar el sol”. Confiemos en que la sombra de violencia que aquí empieza a formarse no degenere en una matanza o en una persecución a la iraní contra la oposición ni, menos aún, en una guerra civil.

Así pues, muy poca revolución y menos democracia: a lo sumo, el resultado electoral sólo ha revelado la farsa de la primera y remarcado con fuego sagrado el día del entierro de la segunda.

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África

Marruecos: Pacto Mundial sobre Migración

Marruecos es la sede donde se reúnen más de 150 países para firmar el Pacto Mundial para una Migración segura, ordenada y regular, para dar salida a crisis humanitarias

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Raúl Ramírez Baena

Hace 70 años, el 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de la ONU aprobó en París la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, documento magno que dio origen al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

La Declaración se propone como ideal común de la humanidad, la consecución de la libertad, la justicia y la paz, el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, e inscribe dos principios fundamentales: la UNIVERSALIDAD y la PROGRESIVIDAD de los derechos humanos.

En este marco, la ONU ha convocado en Marruecos a los países miembros a debatir el acuerdo global sobre migración, llamado “Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular” (cuyo acuerdo inicial, a excepción de los Estados Unidos de América, fue aceptado en julio para su discusión los días 10 y 11 de diciembre), teniendo como objetivo “ayudar a aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los inmigrantes indocumentados.”

Como una manifestación de “aporofobia” (rechazo al pobre), países industrializados de Europa occidental y de Norteamérica no simpatizan con este Pacto Mundial, países de destino de la migración, que han girado sus políticas económicas hacia corrientes nacionalistas, conservadoras y proteccionistas de su planta laboral y mano de obra nativa, en contraste con la Globalización y el liberalismo del mercado, hoy en declive.

Son destacables las posiciones de Donald Trump, del Brexit en Inglaterra, de la Ley de Extranjería en España y de los duros controles migratorios en Sudamérica, en Alemania y en los países de Europa del Este, que bloquean y criminalizan la migración masiva de los países en crisis.

Recientemente, se calcula que 68 millones de personas desplazadas han salido de sus países, provenientes del Medio Oriente y de América Latina y el Caribe, huyendo de la pobreza y de los fenómenos naturales, pero más, de la guerra y de la violencia que los asola.

Este Pacto constituye el primer intento para gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional; “refleja el entendimiento común de los Gobiernos de que la migración que cruza fronteras es, por definición, un fenómeno internacional y que para gestionar con efectividad esta realidad global es necesaria la cooperación para ampliar el impacto positivo para todos”, apuntó el Secretario General de la ONU, António Guterres.

Se busca cambiar las políticas de rechazo y criminalización de la migración hacia una visión más positiva y propositiva donde todos los países ganen, los de origen, los de tránsito y los de destino de la migración.

Hay algunas metas genéricas del Pacto como la cooperación para abordar las casusas que motivan la migración o mejorar las vías de migración legal. Pero también hay compromisos concretos, como medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias, usar la detención de migrantes como última opción y reconocer el derecho de los migrantes irregulares a recibir salud y educación.

Los Estados se comprometen también a mejorar su cooperación a la hora de salvar vidas de migrantes, con misiones de búsqueda y rescate, garantizando que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter exclusivamente humanitario.

Además, los Estados que suscriban el Pacto prometen garantizar un regreso seguro y digno a los inmigrantes deportados y no expulsar a quienes enfrenten un riesgo real y previsible de muerte, tortura u otros tratos inhumanos, como es el caso de los hondureños hoy refugiados en México en espera de la resolución de asilo en los Estados Unidos de América

Destaco dos cosas en lo que se refiere a México: primero, en razón de su campaña de reelección, la no adopción por Donald Trump de este mecanismo mundial, impidiendo entre otras cosas ayudar a resolver la crisis de los migrantes centroamericanos en la frontera con Tijuana (crisis que, por el contrario, ha exacerbado), éxodo cuya responsabilidad recae en las políticas económicas, sociales y de seguridad impuestas por los EUA en América Latina y el Caribe.

Por otro lado, la muy lamentable posición intolerante, xenófoba y racista (no les gusta que les digan así) que sin el menor recato y análisis de contexto ha asumido buena parte de la población tijuanense, que denota una deficiente cultura de los derechos humanos y una falta de sentimientos de empatía y solidaridad para con los migrantes hondureños, a quienes se ha rechazado, discriminándolos y estigmatizándolos negativamente.

Según Juan José Gómez Camacho, embajador de México en la ONU, “los migrantes hacen una contribución económica extraordinaria en los países donde están trabajando. Las remesas representan un 15% de los ingresos del migrante; el otro 85% se queda en el país de destino”. Además, existen hoy 250 millones de migrantes que representan un 3,4% de la población mundial, que contribuyen con un 9% del PIB mundial con casi 7 trillones de dólares al año.

Por lo pronto, el Canciller Marcelo Ebrard se encuentra ya en Marruecos asistiendo al Pacto Mundial sobre Migración. Doy por seguro que México suscribirá este importante acuerdo y que se traducirá en una política migratoria humanitaria, no criminalizante.

Fotografía:  El presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez Castrejón, saliendo de la conferencia. (Tomada de su perfl de Twitter).

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Oriente Medio

Séptimo aniversario de la guerra en Siria: sexo por ayuda humanitaria

La guerra en Siria se ha cobrado cientos de miles de vidas y ha obligado a 5,6 millones de refugiados a huir a países de la región como Turquía, que alberga a algo más de 3 millones de desplazados.

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Albert Naya

ANKARA, Turquía.- La guerra en Siria ya suma siete años, los mismos que Fatma acumula sin Aziz, su marido. “Teníamos una vida cómoda en Alepo y mi marido trabajaba en una fábrica de zapatos”, recuerda la mujer, ahora refugiada junto a sus dos hijos en Turquía.

En junio de 2011, cuatro meses después de las primeras protestas contra el Gobierno, Aziz cerró los ojos por última vez. “El pequeño no se acuerda de él”, afirma Fatma mirando fijamente a su hijo menor.

Recuerda como si fuera ayer ese caluroso día de junio. “No me dijo que se iba a una manifestación, dijo que tenía trabajo por hacer”. Según relata, él se encontraba en la primera línea de manifestantes y la violencia ya había alcanzado niveles insospechados. “Fue apuñalado por los hombres de Assad”, asegura. Una estampida le dejó solo y herido en el suelo, donde falleció poco después.

Este jueves se cumplen siete años desde el inicio de la guerra en Siria, que se ha cobrado cientos de miles de vidas y ha obligado a 5,6 millones de refugiados a huir a los países de la región como Turquía, que alberga a algo más de 3 millones de desplazados sirios. Estas cifras contrastan con los 180.000 refugiados que la UE acordó acoger en 2015, un compromiso que los Estados europeos han incumplido.

La guerra en el país árabe ha provocado, denuncia la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), “una colosal tragedia humana”, recrudecida en las últimas semanas con la ofensiva del Gobierno sirio sobre Guta Oriental (Damasco), que ha dejado centenares de muertos.

La contienda iniciada en 2011 derivó en un conflicto internacional en el que intervienen Rusia, Estados Unidos, Francia y Turquía. ONG como Amnistía Internacional llevan años alertando de que las fuerzas gubernamentales, y también grupos insurgentes, están  perpetrando crímenes de guerra como bombardeos indiscriminados contra la población civil.

Las trabas para iniciar una nueva vida lejos de Siria

El día de la muerte de  Aziz fue un punto de inflexión en la complicada vida de la joven de 30 años, que dejó los estudios hace 15 para sumergirse en un matrimonio concertado. “A los 19 ya tenía dos hijos”, explica con una sonrisa, la misma que se apagó cuando Aziz murió y emergieron las consecuencias del abandono de los estudios tras su boda prematura. “Mi vida se vino abajo. Todos mis hermanos tenían que cuidar de su propia familia y yo me quedé sola con dos niños”.

Sus raíces turcomanas y el conocimiento de la lengua la empujaron a tomar la decisión de alcanzar Turquía en busca de un futuro mejor para sus hijos. La negativa de sus progenitores a emprender el largo viaje hacia zona turca no evitó que cruzara, de la mano de un grupo de traficantes, la frontera con destino a Gaziantep, una ciudad del sur de Anatolia que hoy acoge a 400.000 refugiados con el recelo de parte de la población local.

Una mujer mayor siria pasa al lado turco de la frontera ayudada por dos hombres. Cientos de personas se amontonaban en la alambrada pidiendo auxilio a los soldados turcos que tenían la orden de frenar su entrada, aunque finalmente abrieron el paso, según informa EFE / Foto: Lefteris Pitarakis

Allí vivió en un espacio minúsculo con diez sirios más, entre los que se encontraba su hermana, pero optó por trasladarse a la capital poco después. En Ankara, trabaja actualmente para sacar adelante a sus hijos. Su bilingüismo árabe-turco le permite trabajar como intérprete en un hospital atendiendo a otros refugiados. “A veces también voy a los juzgados u otros lugares para ayudarlos”, destaca.

Fatma puede desenvolverse en turco, pero otros muchos refugiados se encuentran con un problema lingüístico que les impide desenvolverse con normalidad. Como consecuencia, reconstruir su vida en una nueva sociedad resulta aun más difícil, a lo que se une la escasez de programas y servicios en su idioma que algunas voces han denunciado.

“Muchas ONG de mujeres carecen de los recursos financieros necesarios para contratar intérpretes. Las instituciones públicas importantes tampoco emplean traductores y esto se usa generalmente como una excusa para no proporcionar servicios a las mujeres refugiadas sirias”, señala Yelda Şahin Akıllı, activista turca de la Foundation for Women’s Solidarity, en una entrevista a ONU Mujeres.

El idioma es una barrera para Hanan, cuyo esposo falleció hace cuatro años en un bombardeo. “¿Cómo voy a aprender turco? No sé leer ni escribir, dejé el colegio a los 14 años” se pregunta esta refugiada siria. A esa edad, al igual que Fatma y miles de mujeres sirias, se casó y comenzó a tener hijos.

Cuenta que, tras la muerte de su marido, su primogénito se enroló en el Ejército Libre Sirio y ella cocinó para sus combatientes. Con ese dinero, explica, pudo mantener a sus otras tres hijas y aguantó en Alepo hasta hace tres meses, momento en que la familia puso rumbo a Ankara.

Hanan explica que, además de tener pocas opciones de trabajar, sufre las presiones del machismo en el seno de su conservadora familia: “Él es el hombre de la familia y me impide tener un empleo”.

Para esta familia, la capital turca es solamente una parada en este largo viaje de ida y vuelta: “No nos planteamos llegar a Europa ni quedarnos en Turquía, cuando acabe la guerra volveremos a Siria”.

Un camino minado para las mujeres

Las mujeres refugiadas sirias están expuestas a mayores riesgos por el hecho de ser mujeres durante todas las etapas de su viaje, también en suelo europeo. El duro camino hasta zona denominada “segura” conlleva episodios de violencia sexual y de género que también se producen en el destino.

El informe  Voces de Siria, editado por el Fondo de Población de la ONU, recoge testimonios de chicas que denuncian haber sido forzadas a realizar “servicios” sexuales a trabajadores de organizaciones humanitarias a cambio de pan en campos de refugiados sirios. El alto índice de violencia sexual en estos espacios es una amenaza para mujeres y niños que huyen de las zonas devastadas.

efugiadas sirias trasladan bolsas de alimentos en el paso fronterizo de Öncüpinar, en Kilis, Turquía / Foto: Agencia EFE

Cuando salen de ellos, Turquía no es el mejor destino para las mujeres. En 2017, fueron asesinadas 409 mujeres en el país, 81 más que en 2016. Es decir, más de un asesinato machista al día, según la plataforma turca ‘We Will Stop Feminicide’.

Fatma niega haber vivido episodios de violencia machista, pero denuncia su existencia en Ankara. “Les dicen a las refugiadas que las ayudarán con comida. Luego las violan”, dice. Pero el silencio se impone y pocas mujeres denuncian al agresor, un dato que también recoge el informe Voces de Siria. “Es raro que hablen de ello abiertamente por razones culturales, religiosas y zona geográfica”. El Gobierno turco instruye a policías especializados en situaciones donde hay refugiados y, según defiende, pone especial énfasis en el conocimiento de la lengua árabe.

Mientras, en Turquía, Hanan vive gracias a la caridad de una ONG local y el trabajo de su hijo mayor. Fatma reconoce sentir una mayor libertad: “En Siria las familias no permiten que te puedas mover sola”. Aquí no tiene a nadie más con quien hacerlo, solamente a sus hijos preadolescentes.

Afronta el día a día mirando de reojo las últimas noticias de su desmembrado país. Pero no quiere volver. Los últimos ataques sobre Ghuta y Afrin alimentan una guerra que creen sin horizonte, al igual que la vida de Fatma: “Trabajo para dar un futuro a mis hijos. Yo no lo tengo, mi vida finalizó hace siete años”.

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La red en lucha

Juez militar aplaza decisión de liberar a activista palestina Ahed Tamimi

Corte militar de Israel retrasa liberación de la activista palestina Ahed Tamimi, de 16 años, encarcelada por “humillar” al ejército

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OFER, Cisjordania.- La activista palestina Ahed Tamimi, detenida tras aparecer en un vídeo haciendo frente a dos soldados israelíes, seguirá en prisión al menos dos días más, hasta que la corte militar decida si la deja en libertad hasta la celebración del juicio.

“Hasta el momento la corte ha decidido que las cosas que ha hecho son peligrosas. Esperamos que hayamos podido ser capaces de exponer evidencias de que las pruebas por las que se la acusa fueron creadas después del arresto”, declaró su abogada, Gaby Lasky, al finalizar la vista celebrada este lunes en la corte de Ofer, en territorio ocupado de Cisjordania.

La letrada argumentó que la detención de Ahed, de 16 años, se produjo “después de que la gente pensara que ella había humillado a la nación (Israel)”, al aparecer en la puerta de su casa de Nabi Saleh empujando y golpeando a soldados israelíes, que no respondieron a la provocación.

El vídeo se grabó hace un mes, durante unos altercados en protestas por la declaración estadounidense de reconocer Jerusalén como capital de Israel, y aquel día su primo Mohamed de 14 años había sido herido en el rostro por una bala recubierta de caucho, secuencia que ha recordado su abogada este lunes para justificar la reacción de Ahed.

La menor fue detenida cuatro días después, el 19 de diciembre, durante una redada nocturna en su casa, y al día siguiente su madre Nariman, que también compareció en la corte, y su prima Nour, liberada bajo fianza hace dos semanas, también fueron arrestadas al aparecer junto a Ahed en el vídeo.

“Lo que se ha dicho en el juicio es que Ahed es peligrosa porque ha estado resistiéndose a la ocupación durante varios años y por eso deberían mantenerla detenida”, asegura Lasky, al estar acusada de doce cargos, incluido el asalto agravado y otros que pertenecen a hechos anteriores.

La defensa puso sobre la mesa la Convención de los Derechos del Niño al considerar que ha sido infringida con la actual detención y dijo que “no se juzga igual a la población palestina de Cisjordania que a los israelíes que residen en colonias judías en esta zona“.

Ahed apareció escoltada por policías israelíes y con esposas en los pies e intentó comunicarse con su padre mediante susurros en la sala donde escuchó los doce cargos que se le imputan.

En la sala, repleta de medios de comunicación y representantes diplomáticos, entre ellos del consulado de España en Jerusalén, estaba su padre, Basem Tamimi, que aseguró a Efe no creer en el “sistema de la ocupación que la está juzgando”.

Parte del grupo de diputados españoles, que visita esta semana Palestina, se ha reunido con la familia de la adolescente palestina. “Es un espanto todo”, valoró la diputada socialista, Soraya Rodríguez, tras escuchar las explicaciones de Basem Tamimi.

Los parlamentarios del PSOE, Unidos Podemos y Compromís acudieron a la casa familiar en la villa cisjordana de Nabi Saleh, donde fue detenida Ahed. “Hemos visitado a su familia en Nabi Saleh para expresarle nuestro apoyo. Su padre nos ha dicho: “No somos víctimas, somos luchadores, y resistiremos hasta el fin de la ocupación“, declaró el diputado de Podemos, Pablo Bustinduy, en un mensaje que difundió en sus redes sociales.

Los diputados -a excepción del PP y Ciudadanos que, aunque forman parte de la delegación, no participaron en el encuentro extraoficial- han posado con carteles de la campaña de Avaaz que pide la liberación de la adolescente.

Foto: La adolescente palestina Ahed Tamimi, es escoltada por agentes de la policía israelí hacia un juzgado en la localidad de Betunia (Palestina). EFE/ Abir Sultan

Foto: palestinalibre.org

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