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Con voz propia

Eduardo Redondo Arámburo y su conversación con el mar

El Subsecretario de la Marina Armada de México, Almirante Eduardo Redondo Arámburo ha fortalecido la inteligencia naval para el combate al delito en México

Miguel Alonso Rivera

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* El Subsecretario de la Marina Armada de México, Almirante Eduardo Redondo Arámburo –originario de Escuinapa, Sinaloa- ha fortalecido la inteligencia naval a pasos agigantados en los últimos años y, en estos tiempos de polémica por la creación de la Guardia Nacional, el papel del Sistema de Inteligencia Naval sin duda será fundamental para la seguridad nacional y el combate al delito.

Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez 

La vocación de las armas le viene por la línea materna. El amor hacia el océano,  por el horizonte de arena y mar, con esos paisajes de embrujo de iluminadas copas de palmeras mecidas por la cálida brisa de su pueblo natal.

Cuando era niño, recuerda que en Escuinapa se dibujaba una majestuosa línea azul en el horizonte, que ascendía por los caminos del cielo, transformando su corazón en navegante.  Sus pequeños pasos lo guiaron a la cubierta de un barco y, parafraseando a Pablo Neruda, cuenta que salir a los mares fue una sensación infinita pues en la costa salió a recibirlo el extenso sabor del universo.

El Subsecretario de la Marina Armada de México, Almirante Eduardo Redondo Arámburo, guarda un lugar especial en sus recuerdos de niño para sus abuelos maternos: Rodrigo Arámburo Sánchez y Adela Cristerna Cruz.

Nació el 26 de julio de 1956 en cuna humilde. Creció con sus dos hermanos en una casa antigua de paredes anchas de aproximadamente ochenta centímetros, con un techo inclinado de horcones, latas y vara blanca cubierta con lodo y tejas de arcilla.

Su ombligo está enterrado en la vida tranquila de Escuinapa, un pueblo con tierra fértil, un mar generoso y una salinera donde la pesca y la agricultura son sus actividades principales.

De pequeño su diversión era ponerse los guantes de boxeo con sus hermanos, jugar béisbol en la calle con palos rústicos, canicas, trompo y balero. Fue un niño sobresaliente que incluso visitó, en julio de 1969, al presidente de México en Palacio Nacional.

En sus correrías deportivas participó en competencias de boxeo amateur, entrenado por boxeadores profesionales de la Perla Camaronera, como Víctor “Pajarito” Plascencia Gaspar.

Recuerda a su madre, Balbina Arámburo Cristerna, haberla visto llegar con sus hijos hasta el mar, sintiendo en el rostro el viento de las estaciones y recuerda las tribulaciones que pasaron. Pero más allá de esos bellos paisajes con olor a mar, a camarón, y sembradíos de chile, mangos y cocoteros, comprendió que, detrás de toda esa magia, estaban escondidos su futuro y su destino; su deber, era ir a buscarlo.

Esas son las remembranzas del Hijo Pródigo y Ciudadano Distinguido de Escuinapa; esa es la herencia familiar de una vocación de lucha por los ideales que forjaron su espíritu.

La lucha por los ideales: herencia familiar

Su abuelo Rodrigo fue un minero convencido del “magonismo”, movimiento social con un pensamiento revolucionario congruente. De hecho, Rodrigo se fue a vivir a Mexicali durante uno de los largos periodos de exilio de su guía ideológico, Ricardo Flores Magón.

A principios del siglo XX, antes del auge económico de estos lares, la mayoría de las casas en Mexicali  estaban construidas con adobe, pero fue en esa etapa que el “magonismo” hizo raíces en Baja California. Después de la muerte de Ricardo Flores Magón en una prisión de Estados Unidos, Rodrigo también falleció y fue sepultado en Mexicali.

Adela, prima hermana de Refugio Cruz Gómez, mamá del famoso actor y cantante Pedro Infante Cruz, nació en El Rosario en la cuna del recaudador de hacienda Pedro José Cristerna Echeagaray y Agripina Cruz Acosta, quienes se casaron en 1898 y tuvieron nueve hijos.  De sus bisabuelos también guarda gratos recuerdos, aunque Agripina –a quien alcanzó a conocer- murió cuando él era pequeño.

Su tercer abuelo, o tatarabuelo, fue el coronel Modesto Cristerna García, quien llegó a ser comandante del octavo regimiento de caballería juarista en 1874.

Modesto se casó con Adela Echeagaray en 1873, con quien procreó dos hijos: el primero fue Pedro José, que vino al mundo en 1874, y Policarpo Alfredo, en 1875. Pedro José, también recordado como Pedro J. Cristerna. Esas son las raíces de Eduardo, que estudió hasta la secundaria en Escuinapa y luego se fue a la Escuela Naval siguiendo su vocación genética: luchar por los ideales y defender a la patria.

El coronel Juarista Modesto Cristerna: su tatarabuelo

Modesto Cristerna García nació en el Real de Ramos, Partido de Ojocaliente, San Luis Potosí, que actualmente pertenece al estado de Zacatecas, el primero de julio de 1828, en la cuna del herrero Ramón Cristerna y Francisca García.  Las crónicas cuentan que Modesto fue raptado a la edad de ocho años por una horda de indígenas sanguinarios venidos de la frontera a los que sirvió hasta la edad de 15 años colocando herraduras a sus caballos para despistar a los federales.

Se trataba de feroces apaches que se dedicaban al pillaje y a la depredación, dejando una estela de destrucción a su paso por las poblaciones. Por esta razón, en Estados Unidos y algunos gobiernos de México se ofrecía dinero por la cabellera de cada indígena.

Con los apaches aprendió a montar a caballo con apenas ocho años de edad y el pequeño herrero se convirtió en un fantasma de movimientos furtivos que sabía salir ileso de una ráfaga de balas; se hizo hombre a base de lecciones de supervivencia, desde descuartizar un animal a cuchillo, alimentarse en el monte, pescar en el río, y un soldado, un guerrero, en el uso del rifle y sus municiones.

En 1843 los federales sorprendieron a los apaches nómadas en Charco Blanco, resultando herido Modesto Cristerna, quien estuvo a punto de ser ejecutado pero, al hablar en español y narrar la odisea de su secuestro, logra salvarse. Por su conocimiento sobre las costumbres de los apaches es incorporado a las fuerzas militares y por su valentía, eficiencia y arrojo, ascendió de grado rápidamente.

 

Un duelo a muerte a punta de machete

Sus operaciones fueron en Coahuila, Durango, Jalisco, Zacatecas y Sinaloa donde, por cierto, Modesto Cristerna, con muy poca gente, defendió la plaza de El Rosario de las fuerzas nayaritas del indígena de la tribu cora Manuel Lozada. Durante ese hecho de armas un representante de Manuel Lozada, “El Tigre de Alica”, le pidió entregara la plaza, a lo que Modesto respondió:

– “Aunque somos pocos sabemos pelear hasta morir, dile a tu jefe que no le entregaremos Rosario y vamos a defendernos hasta el último hombre. Y a ti –le dice al enviado- te reto a un duelo a muerte con espada o sable”.

El enviado lleva el mensaje a Lozada, jefe de los sitiadores nayaritas, y pide permiso a este para celebrar el duelo. A lo que Manuel Lozada precisó:

– “Estoy de acuerdo y doy la venia para el duelo: si pierde Cristerna me entregan la Plaza y si pierde mi enviado nos retiramos sin combatir”. El acuerdo fue aceptado.

El duelo mortal a punta de machete se realiza en la comunidad de “Palo Cagao” y entre los espectadores había gente de ambos bandos. Los aguerridos soldados blandían machetes que surcaban el cielo buscando asestar un golpe certero en la humanidad de su oponente. Sin tregua, apenas lograban zafarse del envite asesino. Era matar o morir.

Cuando finalizó el duelo, Cristerna se limpió la sangre y el sudor de su rostro. No era su sangre, sino la de su oponente. Sin saña dejó a su rival desangrándose, muriendo por la gravedad de las heridas.

Sanguinario pero hombre de palabra, “El Tigre de Alica” cumplió su promesa y retiró el sitio sin combatir.

Por esta razón se le rinde homenaje al valiente coronel Modesto Cristerna en una de las céntricas calles en El Rosario, misma que lleva su nombre hasta la fecha.

Julia, “La Rojeña”

Corría el año de 1876 cuando Julia “La Rojeña” se incorporó a las fuerzas del Coronel Modesto Cristerna. Era una mujer varonil que le gustaba la vida de soldado, vestir de charro, andar a caballo, pelear, entrar a combate al frente de la tropa y batirse en duelo. Valiente y agresiva, mató a muchos hombres en combate y fue protagonista guerrera de grandes hazañas. La historia de Julia, en una sociedad de hombres, es curiosa. La razón por la que adaptó su vida de mujer a la de soldado fue la muerte de su esposo. “El Rojeño” era un soldado raso, originario de Escuinapa, que formaba parte de las fuerzas del Coronel Jorge Granados. “El Rojeño” murió en un enfrentamiento contra los invasores en Concordia.

Días después, se presentó ante el jefe Camilo Isordia esa legendaria mujer del pueblo de Escuinapa:

– Vengo a enlistarme como soldado en las tropas del general Ramón Corona, porque quiero vengar la muerte de mi esposo. Me pueden llamar desde ahora “Julia La Rojeña” y quiero morir por la misma causa que defendió mi esposo.

No cabía de la sorpresa Don Camilo Isordia cuando “La Rojeña” agregó.

– También quiero que enliste a mi hijo único para que sirva a la tropa como “trompeta de órdenes”.

Fue respetada como militar y es una singular historia de género que trasciende, con mucho, los sexos. En 1872, tras concluir la intervención francesa, “La Rojeña” forma parte de las tropas del general Rubio. Ese mismo año, con motivo del plan de La Noria, “La Rojeña” se dio de alta en las tropas del General Domingo Rubí, y en las del Coronel Don Manuel Martínez.

Su hijo se separa de su madre y se va a las fuerzas de vanguardia del Ejército de Occidente, que marcharon a Querétaro al mando del Coronel Don Eulogio Parra.

En 1876, se suma a las fuerzas de Don Modesto Cristerna. Se hizo famosa en Mazatlán, Concordia, Escuinapa, Rosario y San Ignacio. En una ocasión fue herida y hecha prisionera, logrando fugarse enseguida.

Modesto Cristerna García sirvió con honor al gobierno de Benito Juárez García. De manera oficial, el coronel Cristerna murió en combate en Cosalá al frente de una columna de ataque, el 5 de enero de 1877, al recibir la embestida del general Jesús Ramírez Terrón, quien posteriormente buscó la gubernatura como recompensa a sus servicios como dirigente militar de la revuelta tuxtepecana en Sinaloa. Francisco Cañedo mandó matar a Jesús Ramírez Terrón en El Salto, cerca de Mazatlán, el 22 de septiembre de 1880. Lo veía como un peligro para su permanencia en el poder.

El 21 de enero de 1877, en el parte firmado por el general Jesús Ramírez Terrón, enviado al General Porfirio Díaz, sostiene que dio muerte en batalla al coronel Modesto Cristerna, sin embargo, otra versión indica que fue tomado prisionero y asesinado a traición por un pistolero. Por su parte, “La Rojeña” perdió a su hijo en un combate en Tamiahua en contra del General Donato Guerra. Luego de la muerte de Modesto Cristerna,  “La Rojeña” formó parte de las tropas del general Jesús Ramírez Terrón y murió ahogada al cruzar un río.

Mi orgullo: ser marino

Terminando la secundaria en Escuinapa, Eduardo se fue a la Escuela Naval. Sabía que había elegido una carrera para toda su vida.

Ya era un muchacho sencillo del  sur de Sinaloa, de ese pequeño pueblo  heroico que fue quemado tres veces por Manuel Lozada, “El Tigre de Alica”, cuando se dispuso a salir del hogar para continuar con su proceso educativo. Atrás quedaron los mares del Océano Pacífico que describiera Julio Verne en El Eterno Adán.

Su destino era contemplar el vasto horizonte del Golfo de México en el municipio de Alvarado, Veracruz. Eduardo realizó su formación de oficial de la Armada de México en “Antón Lizardo”, localidad sede de la Heroica Escuela Naval Militar.

La historia recuerda la gesta heroica de los cadetes de esta escuela naval que defendieron la patria de las fuerzas de Estados Unidos en 1914.

El nombre de este pueblo es en honor de un capitán de piratas español llamado Antonio Lizardi, que fue bautizado por la gente como Antón Lizardo, una especie de Robin Hood que robaba a los saqueadores de oro y plata de la nación.

Luego de graduarse como Ingeniero en Ciencias Navales en 1977, hizo su especialidad en Mando Naval, y las Maestrías en Administración Naval y Planeación y Seguridad Nacional, en el Centro de Estudios Superiores Navales.

Posteriormente, obtuvo el primer lugar en aprovechamiento académico en Curso Avanzado Internacional de Inteligencia, en Guatemala, con una preparación permanente en diversos ámbitos del conocimiento y una experiencia operativa que lo ha llevado a ocupar diversos puestos estratégicos de importancia en la Secretaría de Marina, destacando su paso reciente como Jefe de la Unidad de Inteligencia Naval, periodo en el que implementó el Centro de Operaciones de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento de la Armada de México.

A Eduardo Redondo Arámburo se debe la estandarización de la doctrina para el empleo de la Inteligencia de Señales en el marco del sistema de inteligencia naval para la seguridad nacional, que provee de información valiosa al Estado Mexicano, sobre todo para el combate de la delincuencia organizada.

Este trabajo ha sido fundamental para la detención de capos, líderes del narcotráfico, cierre de empresas empleadas para el lavado de dinero y el aseguramiento de grandes cantidades de sustancias ilícitas.

Tiene también una amplia trayectoria en el área académica como investigador, docente, conferencista, escritor de diversas obras de consulta obligada y responsable de la capacitación en derechos humanos en la SeMar.

Entre los reconocimientos que se le han otorgado destacan “Mérito Docente Naval” Primera Clase, “Mérito Profesional R.I.A.N.”  y la “Orden del Mérito Naval” en grado de Caballero, otorgada por el gobierno de la República de Chile, así como diversas menciones honoríficas.

En la época que fue jefe de la Unidad de Inteligencia Naval (UIN), Eduardo Redondo Arámburo no solamente fortaleció la estructura de inteligencia naval sino la tecnología para diversas tareas y la formación de personal especializado con un alto desempeño y efectividad profesional.

Las capacidades operativas y los recursos del Sistema de Inteligencia de la Marina Armada de México, le han permitido destacar en el combate a la delincuencia en todas sus formas.

Hay que destacar que la Marina ha fortalecido su inteligencia a pasos agigantados en los últimos cinco años y su personal se ha especializado dentro y fuera de México. Sin duda, en estos tiempos de polémica por la creación de la Guardia Nacional, el papel del Sistema de Inteligencia Naval será fundamental para la seguridad nacional y el combate al delito.

 

Conversación con el mar

“Conversación con el mar” es un poema que Elías Nandino dedicó a Ramón López Velarde. He aquí un fragmento: “Yo comprendo tu ausencia de palabras, la frase blanca de tu errante espuma, el delirio que asoma por tus ojos y el cambiante color de tu esperanza. Yo también, como tú, sufro los cambios  que te imponen los astros y la atmósfera al urdir plenilunios o relámpagos. Del muro de mi pecho al horizonte se estrella el retumbar de tus oleajes y soy de tus vaivenes, el reflejo. Los dos, en invencibles litorales, sufrimos la experiencia de la vida sin poder evadir nuestro destino. En tu flujo y reflujo me recuesto mecido por tu hamaca ilimitada y en tu regazo azul vierto mi tiempo escuchando el reloj de mis latidos”. Esos versos los conoce Eduardo.

En la última hora del viernes 30 de noviembre de 2018, el Almirante Vidal Francisco Soberón Sanz entregó el sable de mando al Almirante José Rafael Ojeda Durán, como Secretario de Marina de México para el periodo 2018-2024, en ceremonia solemne celebrada en la Explanada de Honor de la SeMar en la Ciudad de México.

El nuevo titular es el Almirante más antiguo en la Marina y cuenta con maestría en Seguridad Nacional. Conoció Sinaloa por aire, mar y tierra en la época que fue comandante de la Cuarta Región Naval, cuya jurisdicción abarca los estados de Sinaloa y Sonora.

Al finalizar el protocolo de entrega recepción y transferencia de mando, en los primeros minutos del sábado 1 de diciembre, el Secretario de Marina, Almirante José Rafael Ojeda Durán, tomó protesta al niño que salió de Escuinapa con el mar como destino, ahora convertido en hombre, Almirante del Cuerpo General, Diplomado de Estado Mayor, Eduardo Redondo Arámburo, como Subsecretario de la Marina Armada de México.

Parafraseando el “Himno Cadetes de la Naval”, el subsecretario Eduardo Redondo sostiene: “¡Mi orgullo es ser marino! Feliz con mi destino, mi patria y mi bandera. Por un honor que debo honrar con dignidad y valor”.

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Las coincidencias de dos casos en paralelo en las manos del fiscal de México: Isabel Miranda y el General Cienfuegos

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Guadalupe Lizárraga

La Fiscalía General de la República, bajo la administración de Alejandro Gertz Manero, ha llevado los casos judiciales del general Salvador Cienfuegos, acusado por la DEA en Estados Unidos de narcotráfico en octubre de 2020, y el de Isabel Miranda Torres, señalada por la investigación periodística El falso caso Wallace, desde diciembre de 2018.

Dos casos en paralelo en las manos del fiscal, que presentan ciertas coincidencias.

  1. Con el proceso de Cienfuegos, el fiscal se sintió “linchado” por la prensa, mientras que con el de Isabel Miranda ni asomó la cabeza. En ambos, la FGR determinó el no ejercicio de la acción penal. La supuesta investigación judicial sobre el General duró dos meses. La de Miranda, dos años.
  2. En el primero, la DEA entregó parte de conversaciones que involucraban al General con el narcotraficante H2, del Cártel de los Beltrán Leyva, en un seguimiento de hace diez años; con la segunda le entregué una investigación que me ha llevado seis años de mi vida bajo riesgo, y una serie de hallazgos.
  3. Por una parte, en el caso Wallace, estos hallazgos revelaban que las personas privadas de su libertad eran inocentes; y por otra, las relaciones de Miranda y su hijo con el mismo cártel. En ningún de los dos casos, hubo un seguimiento riguroso a manera de investigación por parte de la FGR.
  4. Dos hechos relevantes a mi mirada: En febrero de 2017, el general Dauahare, asesor de Cienfuegos, visitó el Reclusorio Oriente para visitar a un miembro del Cártel de los Beltrán, en el dormitorio VIP, testigos de por medio. A la semana extraditaron al interno, y ejecutan en Nayarit al H2.El otro suceso, ocurrió en julio de 2019, cuando informé al fiscal Gertz Manero que el narcotraficante Héctor Huerta Ríos, alias “La Burra”, líder de una facción del mismo cártel, había confesado en su celda que él personalmente había asesinado a Hugo Alberto Wallace Miranda.
  1. Esto habría pasado tiempo después de que Hugo Wallace se negara a entregar cargamento de droga al mismo cártel, con el que se relacionaba en términos de tráfico y consumo. El día que yo hablé con Gertz fue el 4 julio 2019, por las 2 pm. Seis horas más tarde, Huerta Ríos era acribillado.
  1. Al día siguiente, a las 7hrs, me enviaron fotos a mi celular de Huerta acribillado en su auto. Fue cuando decidí regresar a California ese mismo día sin concluir mi trabajo en CDMX.
  1. Ahora, el Gral. Dauahare está en la Segob, el narcotraficante que podía aclarar lo de la supuesta muerte de Hugo Wallace está muerto, y Cienfuegos y Miranda, protegidos por la fiscalía. Todos con vínculos al mismo cártel.
  1. De acuerdo con el testimonio del narcotraficante Huerta Ríos, el cuerpo de Hugo Wallace habría sido enterrado en Nayarit. Y quien habría operado como intermediario del cártel de los Beltrán Leyva para que se lo entregaran a Isabel Miranda era el exfiscal Edgar Veytia, alias “El Diablo”.
  1. El exfiscal Veytia, actualmente en prisión estadounidense por narcotráfico, mantenía una relación muy cercana con Isabel Miranda, quien lo reconoció públicamente cuando estaba en funciones por su supuesta eficiencia en la disminución del secuestro en Nayarit.
  1. En entrevista para Aristegui, el fiscal Gertz Manero dijo con respecto a Cienfuegos, “que argumenten lo que les dé la gana, es una primera acción del proceso y es absolutamente combatible”. Refiriéndose a que podía ser impugnado.
  1. Lo que no dijo el fiscal es que el lapso de impugnación es de 10 días, si no dan por cerrado el caso. Con Miranda lo hice, pero entre Navidad y la pandemia, el proceso está detenido, igual que los amparos de las víctimas en busca de que se hagan valer sus derechos, mientras siguen sufriendo el maltrato, amenazas y extorsiones de los directores de penales.
  1. También señaló el fiscal que deben de impugnar con pruebas legales. De las pruebas de Isabel Miranda ninguna era legal, todas fueron fabricadas. En mayo de 2019, Gertz habló delante de mí con el padre biológico de Hugo, y yo le entregué el peritaje original de ADN femenino coincidente con José Enrique Wallace Díaz.
  2. También entregué los videos y documentos apócrifos que me presentaron agentes de la SEIDO cuando me quisieron secuestrar en noviembre 2016 y febrero 2018, bajo órdenes de Miranda por difundir una versión del caso “diferente a la oficial”.
  3. De la recopilación de evidencias por la DEA sobre Cienfuegos, entre otros diez generales, la FGR determinó que no había responsabilidad del General. De Miranda se determinó lo mismo. Lo curioso son las aparentes coincidencias: torturadores, con vínculos al mismo cártel.
  4. Gertz dijo que recurriría a instancias internacionales para que analicen la legitimidad, juridicidad, y el respeto a los derechos humanos con el caso de Cienfuegos, porque se cree que la fiscalía actuó de manera parcial. Y ese linchamiento no lo va a permitir, así lo advirtió.
  5. Sin embargo, en el caso de las víctimas de Isabel Miranda, Gertz no reparó en los factores que hoy menciona, mucho menos en la legalidad de las pruebas. Ni aludió a La Haya ni a CIDH, pese a 8 personas sobrevivientes de tortura, violencia sexual y encarcelamiento injusto.
  6. Concluye Gertz: “Todos somos inocentes hasta que se nos demuestre que somos culpables”. Frase elocuente, cuando las víctimas de Miranda no han tenido la misma suerte que el general Cienfuegos, traducido en un debido proceso y en el respeto a sus garantías constitucionales.
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Arteleaks

Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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