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Con voz propia

Dos pasos para transitar a la democracia en México

La dictadura en México se ha instaurado desde los órganos electorales, manipuladores de fraudes, sgún el autor, y da su visión sobre cómo terminar con ello.

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Marcha en la Ciudad de México por Ayotzinapa. Foto: Frente Refundación

Marcha en la Ciudad de México por Ayotzinapa. Foto: Frente Refundación

Sergio O. Saldaña Zorrilla*

El Estado mexicano hace mucho que está deslegitimado. Sin embargo esta deslegitimación nunca había tenido tantas fuentes que la nutren:

Fraude electoral

Tanto el actual gobierno de Enrique Peña Nieto como el anterior de Felipe Calderón Hinojosa, tomaron el poder por la vía del fraude electoral. Mientras Calderón robó la elección, Peña la compró. Ésos son hechos de los cuales existe abrumadora evidencia. Sin embargo, el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE) hicieron caso omiso a las evidencias por complicidad.

Usurpación

Las acciones de los últimos dos gobiernos, por haber llegado por la vía del fraude electoral, son ilegítimas. Ambos, Calderón y Peña, carecen de mandato popular, pues no fueron elegidos por el Pueblo de México. En términos precisos de Teoría del Estado, los gobiernos de Calderón y Peña carecen de toda autoridad para el ejercicio del poder público. Si Calderón y Peña carecen de mandato popular y por tanto de autoridad, estrictamente, no han sido nunca presidentes de México, sino usurpadores.

Tiranía

Recordemos que cuando Felipe Calderón iba a tomar protesta como presidente ante el Congreso de la Unión, hizo incluso uso de la fuerza para que el clamor popular y de los legisladores ahí presentes no impidieran que le colocaran la banda presidencial. Tanto el fraude electoral de Calderón como el de Peña estuvieron cobijados por el uso de la fuerza pública para defender el fraude. Así, la usurpación del poder de ambos cobijados en el uso de la fuerza representa además la implementación de una tiranía en el país, pues el uso del fraude electoral defendido con violencia ha sido desde entonces replicado en la elección de legisladores, presidentes municipales, gobernadores y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN): todos ellos engranes de la misma tiranía.

Totalitarismo

Desde incluso algunos años previos a la elección de 2012, Enrique Peña Nieto y su grupo ya estaban colocando a sus aliados en posiciones clave de las instituciones en México. Para contar con complicidad para el fraude electoral, pusieron consejeros del IFE y magistrados del TRIFE afines a ellos. Para realizar pre-fraudes electorales, han ido colocando a las dirigencias de la mayoría de los partidos políticos, como quien nombra empleados en su negocio. Esto ha permitido que los fraudes se consumen con cada vez menos reclamos; si acaso ahora sólo reclaman los militantes que se sienten defraudados, a quienes pronto acuden las piadosas voces de sus líderes a calmarlos y pedirles que acepten el resultado del fraude (!).

Para manipular la información, desde el sexenio de Calderón, el equipo de Peña compró tiempo al aire en Televisa y colocaron como Director Editorial del diario El Universal a José Carreño, hoy Director General del Fondo de Cultura Económica (y antes Director de Comunicación Social con Carlos Salinas de Gortari). Para desmovilizar al estudiantado, desde el anterior sexenio ya tenían al priista José Narro como Rector de la UNAM (hoy premiado como Secretario de Salud) y recientemente colocaron a Enrique Graue en su lugar, igualmente, para desmovilizar al profesorado y estudiantado en caso de protesta. Para desmovilizar al empresariado ante la inminente venta de activos públicos a extranjeros, colocaron a los líderes empresariales de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA) y al del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), por lo que estas Cámaras están calladitas aún con los actuales estancamiento económico, criminalidad, niveles obscenos de corrupción para la asignación de obra pública, deudas a empresarios y demás agravios. Similarmente, tienen compradas a las principales organizaciones sindicales, campesinas, obreras y populares. Todo lo anterior sumado tiene un nombre: Totalitarismo. Esto es, ejercen el control total de las dirigencias de las principales instituciones públicas y privadas.

Reemplazar órganos electorales

Ahora bien, quiero ejemplificar sobre los riesgos de sostener la actual dictadura. Al momento en que escribo estas líneas, se cumple un año del fraude electoral en el estado de Chiapas. Ese fraude es el principal combustible de la actual movilización popular en apoyo al movimiento magisterial en ese estado. Los grandes responsables de ese fraude electoral son el actual gobernador del estado, Manuel Velasco Coello, quien colocó a consejeros locales del INE y del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana del estado de Chiapas (IEPC), así como a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial del estado de Chiapas. Éstos hicieron un desastre sobre el desastre que de por sí ya es el fraude electoral. Su descaro y cinismo fueron notorios e insultantes ya no sólo para candidatos y militantes, sino para toda la sociedad chiapaneca y mexicana. En una maniobra de justicia simulada, hace unas semanas el INE destituyó a los consejeros del IEPC. Sin embargo, los nuevos consejeros del IEPC han sido electos con las mismas mañas de los anteriores: nuevamente van a repetir el fraude para 2018.

No sólo en el estado de Chiapas, sino en la mayor parte del país, los titulares de los órganos electorales son panistas o priistas disfrazados de ciudadanos. Retomo el caso de Chiapas, pues es de donde, en este momento, dispongo de mejor información. En el Tribunal Electoral del estado de Chiapas fue designada Angélica Karina Ballinas Alfaro para ocupar el cargo de Magistrada Electoral por siete años (octubre del 2014 a octubre del 2021). Sin embargo, es de todos sabido que ella es militante activa del PAN (razón suficiente para su destitución), así como amiga cercana del actual Senador del PAN Roberto Gil Zuarth, quien está negociando para que ella quede como Magistrada Presidenta para la próxima elección de Gobernador de Chiapas y de Presidente de la República en la entidad. Lo anterior le permitirá al PAN favorecer a Margarita Zavala (cónyuge de un usurpador) desde el interior mismo de los órganos electorales así como negociar quien llegará de gobernador.

Si queremos tirar a esta dictadura, es por demás inocente creer que bastará con el voto masivo por algún candidato o partido. Antes debemos quitar a los que validan el fraude electoral. Ello implica: i) disolver todos los actuales órganos electorales (sí, todos), destituyendo especialmente a los actuales consejeros y magistrados electorales, pues todos ellos vienen viciados (sí, todos); ii) Reconstruir los órganos electorales eligiendo como sus titulares a personas honorables conocedoras de derecho electoral, que sean ciudadanos independientes de partidos y gobierno. Ello no excluye al actual personal de segunda línea de los órganos electorales, donde existe gente con sobrada honorabilidad, capacidad y experiencia profesional, pero que hasta hoy sigue siendo relegada de los altos cargos por ser desplazada por empleados de la tiranía. Una vez garantizado que nuestros votos se contarán por órganos imparciales y con credibilidad, podremos entonces salir a votar por quien queramos.

Concluyo. Para transitar a la democracia, debemos, en este orden:

1) Quitar a quienes validan los fraudes electorales.

2) Salir a votar masivamente.

¡No al revés!

*El autor es Coordinador Nacional del Frente Refundación en México.

@SergioSaldanaZ

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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