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Doce meses y contando: México, un Estado irresponsable

México, en alerta según el índice de estados fallidos en el mundo, con un gran desprecio por los derechos humanos, es lo que se destaca del gobierno de Peña

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El día del informe de su primer año en el gobierno. Foto: cnn.com

Ricardo V. Santes Álvarez (*)

En la vena weberiana el Estado se define como el conjunto de arreglos institucionales que se arrogan el ejercicio exclusivo de la violencia en un espacio geográfico. En ese sentido, es condición que un Estado no permita que sus decisiones y su ámbito de acción se vean interferidos por otro. Es decir, que hacia su interior tiene como compromiso brindar seguridad, estabilidad y bienestar, mientras que hacia el exterior se obliga a mantener soberanía.

En un Estado democrático el quehacer público es realizado en el contexto de un gran acuerdo entre gobierno y sociedad, donde la segunda adquiere un papel relevante en la toma de decisiones: el gobierno no actúa solo, la sociedad también tiene tareas que cumplir. Por tanto, en el Estado democrático el poder se ejerce en corresponsabilidad.

El compromiso de la sociedad para con los fines del Estado no es, por cierto, igual al que tiene el gobierno, dado que el segundo es quien no sólo enarbola el monopolio del uso legítimo de la violencia, sino quien tiene a su arbitrio el manejo de los recursos públicos; entre otros, esos con los que contribuyen los ciudadanos que pagan impuestos. Conducir la vida pública a la luz de un acuerdo de corresponsabilidad gobierno-sociedad remite a un Estado responsable.

La anterior es una perspectiva teórica que en México parece muy lejana. La experiencia acumulada nos dice que más bien ocurre todo lo contrario: vivimos en un Estado irresponsable. Ilustro con algunos ejemplos.

Cerco a la expresión ciudadana

Fue hace ya un año, el 1er. día de diciembre de 2012 cuando, en las inmediaciones del recinto de San Lázaro, en la ciudad de México, grupos de inconformes generaron disturbios que afectaron a ciudadanos que ejercían su derecho de manifestar públicamente su rechazo a Enrique Peña Nieto. Era el momento de toma de posesión del nuevo gobierno federal. Con el pretexto de contener la violencia y el consabido argumento oficial que los guardianes del orden “fueron agredidos primero”, la protesta ciudadana fue acallada mediante un exceso de fuerza pública. Los agresores, luego se supo, fueron grupos autodenominados “anarquistas”.

Diez meses después, diferentes sectores sociales realizaron una manifestación pacífica para rememorar el 2 de octubre de 1968. Nuevamente aparecieron los “anarquistas”, cuyos desmanes fueron excusa suficiente para la agresión de las fuerzas de seguridad hacia los manifestantes. Una semana después, durante su comparecencia ante los diputados, el Secretario de Gobernación afirmó que los agresores estaban identificados: “Sabemos quiénes son, pero también que hay una actuación en el marco del derecho, y cuando los detienen, por las leyes que existen en el Distrito Federal ellos quedan libres”. El funcionario insinuó que las normas del DF obstaculizan el logro de la expresión popular pacífica.

En todo esto se hace patente el desacuerdo, una situación donde el gobierno hace uso arbitrario de la fuerza en contra de una sociedad a la que, se supone, debe proteger. La opinión de Amnistía Internacional, capítulo México, sobre el desempeño de Peña Nieto en su primer año de gestión, no puede ser más contundente: “Un año perdido para los derechos humanos en México”.

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A un año de Peña, los derechos humanos sin respetar. Foto: Mario Castillo/terra

Soslayo a la protección civil

El mes de septiembre en plenos preparativos para la conmemoración de la independencia nacional, el gobierno federal se empeñó en que “El Grito” presidencial fuese todo un éxito. No deseaba que los maestros de la CNTE u otras voces disonantes le alteraran su “mexicana alegría”. Vallas por doquier y un aparatoso despliegue de cuerpos de seguridad para evitar cualquier intromisión en la principal plaza de la República fueron el sello de esa “fiesta popular”. En ese ambiente, el presidente recibió en Palacio Nacional el apapacho de la élite del poder; mientras afuera, Juan Pueblo, ataviado con chamarras, gorras, banderas, globos, etcétera, todos en singular tono tricolor y cortesía del PRI del Estado de México, saludaba a su héroe en las alturas.

A esas horas, sin embargo, en el estado de Guerrero el fenómeno meteorológico Manuel nos recordaba una realidad del país: el soslayo de la autoridad a la protección de los vulnerables. En el poblado de La Pintada, familias, casas y demás bienes eran sepultados por toneladas de tierra deslizada desde un cerro. Mientras la desgracia ocurría, en el palacio de gobierno de Chilpancingo el gobernador Ángel Aguirre celebraba también. Como suscribió un conocido medio, “mientras en Guerrero llovía y llovía, el gobernador bebía y bebía”.

Antes de la tragedia, la Conagua había enviado al menos ocho advertencias sobre el inminente peligro. Lo constatan los comunicados de prensa del no. 620-13 al no. 627-13, entre el 13 y el 15 de septiembre. Ninguno de ellos fue considerado con la seriedad necesaria. Por caso, el Comunicado no. 624-13, del 14 de septiembre a las 22:00 hrs, informaba:

“Manuel se fortalece y podría alcanzar la categoría de huracán antes de tocar tierra durante las primeras horas de mañana. La influencia y la interacción entre el huracán Ingrid del Atlántico y la tormenta tropical Manuel […] generan las condiciones para que mañana -domingo 15 de septiembre- se registren lluvias muy fuertes […] La zona de alerta ahora por efectos de huracán se extiende de Lázaro Cárdenas, Michoacán, a Manzanillo, Colima, mientras que la de tormenta tropical inicia en Acapulco y termina también en Lázaro Cárdenas”.

Naturalmente, luego de conocerse la tragedia siguió el desmarque: El coordinador de protección civil del gobierno federal dijo que había mandado “twits” avisando del riesgo. ¡Ahh, claro!, el problema radicó en los habitantes de La Pintada, quienes tuvieron el “inadmisible descuido” de no revisar su cuenta de Twitter.

El titular de la Segob y el gobernador de Guerrero dijeron que ellos habían cumplido con su responsabilidad. Que los protocolos se habían cumplido… aunque en todo caso… habría que preguntarles a los presidentes municipales y ver quiénes habían fallado. Sí, por supuesto, y éstos dirían que el personal a su cargo en alguna dirección de atención ciudadana no hizo su trabajo; y éste a su vez que… ¿Alguien sabe si hubo indagación y se deslindaron responsabilidades?

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Desprecio al derecho a la vida

El 2 de octubre, en San Felipe Jalapa de Díaz, Oaxaca, una joven mujer, inminente parturienta acudió al centro de salud de esa localidad con la esperanza de ser atendida. La institución de salud la rechazó. La joven tuvo su parto en los jardines del lugar. Anteriormente, en el mes de julio, en ese mismo lugar otra mujer pasó por la misma situación. Ambas dieron a luz bebés que, desde el primer momento, supieron que llegaron al mundo para ser repudiados como sus madres por no tener los medios para solventar los pagos que demandan administradores, médicos y enfermeras, en ese y en muchos otros centros de salud.

Pero eso no es todo, el 30 de octubre, la Comisión Estatal de Arbitraje Médico de Oaxaca exoneró al personal del centro de salud. El presidente de la comisión afirmó que había sido pura casualidad que esas situaciones ocurrieran. En medios, se recogió esta perla de declaración:

“No hay negligencia médica. Son eventos fortuitos que salen de la competencia, los médicos tienen que dar un servicio eficiente, de calidad, oportuno y profesional; suceden estos detalles, bueno, hay niños que nacen en taxis, en las escaleras, en la puerta del hospital, porque son eventos fortuitos y esperamos que no se repitan”.

El 22 de octubre, a las afueras del Hospital General de Guaymas, Sonora, murió José Sánchez Carrasco, campesino que había acudido a esa institución en busca de atención médica. José no fue atendido y murió precisamente ahí, afuera, esperando ser visible para alguien. En un video que circuló en las redes, el propio José narró su periplo justo un día antes de su muerte.

En otros lados de la geografía nacional el estado de cosas es similar. Los centros de salud, los ministerios públicos, en fin, las autoridades y servidores públicos a los que el ciudadano recurre, se muestran indolentes, omisos y, en el extremo del cinismo, auto-justificantes. El ciudadano espera ser auxiliado, pero solamente recibe el desprecio a su condición y situación.

Banalidad en el tratamiento de la inseguridad pública

El viaje nos lleva a Michoacán, escala ineludible por ser una entidad que por años ha sido nota de primeras planas debido a la interminable violencia que ahí se vive. Los sucesos del 26 y 27 de octubre en Apatzingán, donde policías comunitarios fueron agredidos por un grupo criminal y donde tuvo que intervenir la policía federal, así como los atentados contra instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad, tuvieron la intención de desestabilizar aún más la entidad. No obstante, tanto federación como estado minimizaron la situación; para ellos, las balaceras han ocurrido entre “bandas rivales” y los atentados contra instalaciones federales son actos de “vandalismo”… nada más. Al día siguiente, el hecho parecía olvidado; no porque hubiese sido resuelto; para nada; sino porque a ese evento siguió otro, y luego otro más.

Y Michoacán sigue dando lecciones. En lo que podría entenderse como un reconocimiento que los boletines de prensa emanados de oficinas gubernamentales ya no tienen la mínima credibilidad, y a raíz de las declaraciones de la senadora panista Luisa María Calderón (hermana de usted sabe quién), ahora surge la figura de un influyente personaje local quien, mediante un video en YouTube, se propone echar por tierra los dichos de la senadora. La reacción de la señora Calderón no se hizo esperar, pues para ella no hay duda que ese video de tan singular vocero da espaldarazo al actual gobierno michoacano: “se nota que [el singular vocero] está muy cómodo con el gobierno actual”, expresó.

En el colmo de la ingobernabilidad, se informa que en los límites entre Jalisco y Michoacán, aunque también en otras geografías, se descubren cadáveres enterrados clandestinamente; presumiblemente por obra y gracia del crimen organizado. Al momento, son muchos… y contando.

Y hacia el exterior: sumisión y complacencia

Una de las características del Estado es la defensa de su soberanía. La experiencia mexicana, sin embargo, deja mucho que desear. Lo más reciente tiene que ver con las “noticias” del espionaje que la agencia de seguridad nacional de Estados Unidos ejerció sobre algunos personajes públicos, entre ellos el actual presidente. Con todo, a diferencia de, por ejemplo, la manifiesta indignación y rotundo reclamo del gobierno brasileño (que también fue espiado), el de México apenas se dio por aludido.

Más indignación mostró el que aún se cree presidente, Felipe Calderón, quien mediante su activísima cuenta de Twitter pidió al canciller mexicano demandara a Washington una satisfactoria explicación por haber sido, él también, espiado. Vaya postura de quien, durante su desgobierno, abrió las puertas del país al “socio” del norte para que entrara e instalara toda una red de espionaje, los “centro(s) de fusión”.

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Estado irresponsable vs. Estado fallido

En la pretensión de cercar la libertad de expresión ciudadana, en el soslayo a la protección civil, en el desprecio al derecho a la vida, en el desinterés por procurar la seguridad pública, e incluso de cara a las indignantes actitudes de servilismo hacia el exterior, ocurre una actitud gubernamental reprobable, por decir algo terso. Estamos inmersos en un Estado irresponsable. Prefiero utilizar esta última expresión porque, considero, refleja algo todavía más preocupante que la acepción de “Estado fallido” que otros han utilizado. Veamos.

De acuerdo con la organización Fund for Peace, un Estado fallido es aquel que presenta cierto nivel de desempeño en 12 indicadores; entre ellos, Pobreza y deterioro económico, Criminalización y deslegitimación del Estado, Violación de derechos humanos y del estado de derecho, Aparatos de seguridad que actúan como “un Estado dentro de un Estado”, e Intervención externa. Con esas medidas, la organización construye el famoso Índice de Estado Fallido, donde incluye evaluaciones de 178 países. En ese diseño, quien ocupa la posición número 1 es el más fallido de los estados (en 2013, tocó a Somalia ese escaño nada honroso). En el extremo opuesto, la posición 178 fue para Finlandia.

En su explicación de lo que es un Estado fallido, el Fund for Peace dedica unas líneas a México y da al gobierno un fuerte jalón de orejas:

“Un país puede, por ejemplo, experimentar niveles de Estado fallido en ciertas áreas geográficas (territorios desgobernados o pobremente gobernados). México, por ejemplo, está clasificado en el lugar número 97, pero aún así podría decirse que el Estado ha fallado en algunas áreas geográficas, hoy bajo la influencia de los carteles de la droga, más que el Estado en su conjunto”.

Fund for Peace examina más bien el desempeño de los gobiernos de los Estados, de manera que para esa organización uno de los primeros indicios de una falla es la pérdida de control del territorio o del monopolio en el uso legítimo de la fuerza. No brinda indicios sobre la relación de responsabilidad mutua gobierno-sociedad en la pervivencia del Estado.

Si bien es cierto que los ejemplos anteriores revelan que el gobierno falla a su responsabilidad de dar seguridad, lo mismo que confianza y certeza jurídica a la ciudadanía, y que hacia el exterior es más vulnerable que una señal WiFi, también nos dicen que la sociedad mexicana (esto hay que subrayarlo) también está fallando. Sin cortapisas, hay que decir que se falla a la responsabilidad de defender y hacer valer derechos de cara a las acciones u omisiones del gobierno.

En un Estado como el mexicano la buena relación entre gobierno y sociedad es prácticamente inexistente; por ello, lo que debe preocuparnos más es el insatisfecho propósito de la corresponsabilidad. Mi planteamiento es que más que el Estado fallido, debe atenderse el Estado irresponsable.

Tal vez la anterior se juzgue como una reflexión por demás exigente, pues ¿qué puede reprocharse a un ciudadano que muestra comprensible temor para manifestar en la calle su inconformidad a sabiendas que puede ser reprimido?; ¿qué se le reprocha a quien desconoce el impacto de un fenómeno natural por carecer de la información necesaria (acaso por no tener una cuenta de Twitter)?; ¿qué se le recrimina a una persona que recurre a instituciones de salud pensando ingenuamente que recibirá la atención que necesita?; ¿qué se exige a quien no percibe interés gubernamental en brindarle seguridad ante la descarada ola de violencia que priva en su entorno?

Combatir la corrupción, el reto mayor

La solución a la crisis de gobernabilidad que vive México no la va a proporcionar el gobierno por sí mismo. Sea del color que sea, las autoridades, los mal llamados “representantes populares”, y los partidos políticos, responden única y exclusivamente a sus intereses. NO a los intereses de la mayoría. Sabiendo esto, toca a los ciudadanos asumir su responsabilidad en la atención de los asuntos. No hay de otra. En tanto eso no ocurra, qué duda cabe que seguiremos viviendo en un Estado irresponsable.

La pregunta que surge es ¿cómo hacerle?

Un principio para la acción consiste en saber dónde estamos ubicados como país (aunque creemos saberlo, siempre es saludable que otro lo diga). El Fund for Peace ya nos da pistas. Abundaré, también con otra instancia orientadora, Freedom House, una organización que, afirma, apoya la expansión de las libertades en el mundo. Su informe más reciente, Freedom in the World 2013, presenta “el estado del mundo” en materia de libertades, mediante un esquema de agrupación de países en tres grandes categorías:

1) PAÍS LIBRE, caracterizado por la existencia de competencia política abierta, clima de respeto por las libertades civiles, vida cívica significativamente independiente, y medios independientes.

2) PAÍS PARCIALMENTE LIBRE: caracterizado por algunas restricciones sobre derechos políticos y libertades civiles, frecuentemente en un contexto de corrupción, estado de derecho débil, conflictos étnicos, o guerra civil.

3) PAÍS NO LIBRE: caracterizado por ausencia de derechos políticos elementales; donde las libertades civiles son negadas sistemáticamente.

Freedom House ubica a México en la categoría de país parcialmente libre. Con las narraciones presentadas arriba, y otras muchas que se han acumulado en 12 aciagos meses (para no forzar la memoria, obvio la “docena trágica azul” y episodios anteriores similarmente deplorables), el lector puede sacar sus propias conclusiones.

Como muchos, creo que el principal problema de México es que el quehacer público (y mucho del privado) se desarrolla “frecuentemente en un contexto de corrupción”, como advierte Freedom House. La corrupción es el principal reto para el saneamiento de la vida nacional. En el esquema de corresponsabilidad gobierno-sociedad, es un cáncer que permea ambos universos y debe extirparse lo más pronto posible. La alternativa se ve sencilla, aunque no lo es: que cada uno de nosotros se comprometa a combatir la corrupción en todos los niveles.

El rechazo a la compraventa de favores al margen de la legalidad es apenas una parte de la solución. En adición, deben prohijarse acciones ciudadanas de honestidad y transparencia tanto en el trabajo como en cualquier otra actividad; respeto al derecho de los demás a pensar distinto; disposición al servicio comunitario; rechazo a la discriminación; fomento a la cultura de la denuncia; vigilancia permanente del trabajo de las autoridades; entre muchas otras.

El lamentable estado de cosas en que nos encontramos parece advertirnos que no hay mañana para un Estado tan irresponsable como el nuestro. ¿Quién dice “yo”?

(*) Analista político

Twitter: @RicSantes

 

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Claudia Sheinbaum, entre la demagogia electoral y la violación a derechos laborales

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claudia sheinbaum en campaña

Por Alberto Farfán

En agosto pasado cuando la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, acudió a Tabasco por sus actividades proselitistas para posicionarse como representante de su partido para las elecciones presidenciales del 2024, lo cual debe ser cuestionado. fue recibida por algunos grupúsculos y unos cuantos funcionarios con el grito de ¡presidenta, presidenta!

Días después, seis de esos servidores públicos fueron cesados de sus funciones. Ante ello, la gobernante indicó a la prensa: “No creo que esté bien, la verdad, yo creo que no está bien dentro del movimiento”. Pues según ella, se deben respetar los derechos políticos y de libertad de expresión de todos, porque la mandataria, además, actúa bajo esos principios.

En este contexto, el gobernador interino, Carlos Manuel Merino, explicó que “los despidos fueron simultáneos por coincidencia y pidió no hacer una novela por este caso”. Tal y como hubiera querido la viajera capitalina. Para ocultar lo que en realidad lleva a cabo con los empleados bajo su cargo en el gobierno de la capital, cuando no le son afines.

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Ficción o no, para el último día del mes en cuestión, una funcionaria del gobierno de la ciudad en su cuenta de Twitter acusa que ha sido despedida por su apoyo y aprecio a Marcelo Ebrard, otro de los posibles candidatos de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) a la Presidencia. Luz María Rodríguez, adscrita a la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (Sectei), prácticamente dijo lo mismo que Sheinbaum, indica: “Nuestras preferencias no deberían ser motivo de división, al contrario, son tiempos de unidad…”

Y al igual que Merino, la Sectei se deslinda de asuntos político-electoreros en sus acciones, respondiendo que fue una confusión, un error. Pero para fortuna de esta mujer influyente le indicaron que el cargo quedaba a su disposición si así lo decidía. Y no cabe duda de que el poder de Ebrard logró que se echara abajo el despido de la funcionaria Rodríguez. Y si esto no forma parte del amiguismo de las mejores épocas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no sé qué pueda ser.

Lamentablemente, decenas de servidores públicos que carecen de influencias han perdido sus empleos por los operadores de Sheinbaum en beneficio de su precampaña política.

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Ha habido decenas de despidos injustificados, acoso laboral, acoso sexual, casos de nepotismo, intimidación, amenazas directas, uso de la fuerza pública, tanto en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de esta ciudad con la imposición de Rebeca Olivia Sánchez Sandín, como en la Procuraduría Social de esta capital (Prosoc), con la hoy procuradora Claudia Ivonne Galaviz Sánchez, por citar sólo algunas dependencias, argumentando las déspotas nuevas titulares que tienen bastantes compromisos con mucha gente que deben incluir en las vacantes que exigen queden libres.

Y aunque todos estos exempleados de ambos sexos han acudido a las instancias correspondientes no han recibido respuesta favorable alguna, debido en definitiva a que ningún funcionario desea quedar mal con la jefa de Gobierno, no obstante que sus obligaciones radiquen en defender a los trabajadores frente al patrón o a los servidores públicos frente a su jefe, que en este caso su máximo patrón o jefe es una política a quien le deben pleitesía y su lugar de labores.

¿Y las nuevas ofertas de trabajo, el apoyo a la mujer y a las personas de la tercera edad, la cero tolerancia a acciones de acoso sexual o laboral, el rechazo al nepotismo y al amiguismo, y un largo etcétera con que nos bombardea diariamente? Todo esto se va al bote de la basura con las decenas y decenas de personas que han quedado literalmente en la calle gracias a la mayor responsable de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.

 

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Foro Público: Caso Ayotzinapa, la imborrable huella del Estado homicida

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Lo único real del caso Ayotzinapa es que el ejército y Guerreros Unidos se coludieron para cometer el crimen

Foro Público

Este día se cumplen ocho años de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y lo único real es que el Estado fue el ejecutor de este crimen en colusión con el cártel de “Guerreros Unidos” y la impunidad permanece como resultado de los uno de los episodios más trágicos en la historia reciente del país.

Hace unos días, el presidente de la comisión de la Verdad, Alejandro Encinas, dio a conocer los resultados de la nueva investigación que desarrollan por el caso Ayotzinapa, misma que evidenció que la versión oficial de la “verdad histórica” impuesta por el ex titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, fue fabricada para tratar de silenciar los reclamos de la opinión pública.

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Las nuevas investigaciones mostraron que hubo participación del Ejército mexicano, pues los integrantes de la 27 Zona Militar de Iguala colaboraron para desaparecer a los estudiantes, situación que confirma lo que los padres de las víctimas y diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos habían señalado, los militares sí sabían sobre la operación delictiva e incluso colaboraron en la misma.

No sólo eso, sino que también se confirmó que seis de los estudiantes desaparecidos estuvieron en algún momento en el cuartel militar de Iguala, por lo cual participaron los agentes del Estado para beneficiar a un grupo del crimen organizado que supuestamente había actuado bajo las órdenes del entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca, quien era al mismo tiempo líder de “Guerreros Unidos”.

Las nuevas investigaciones indican que Abarca habría ordenado la detención de los normalistas que presuntamente intentaban boicotear un evento público en donde participaba su esposa, María de los Ángeles Pineda, quien era presunta integrante del crimen organizado, pero en el proceso de captura, los narcotraficantes habrían considerado que entre los estudiantes se encontraban miembros de la banda rival “Los Rojos”, por lo cual fueron asesinados y desaparecidos.

A través del nuevo informe de la comisión de la verdad se constató que uno de los 43 estudiantes era un soldado infiltrado que tenía la misión de conocer el comportamiento de los normalistas, y una vez que el gobierno federal se enteró de los hechos habría ordenado la salida de Abarca del gobierno municipal y comenzar a fabricar la denominada “verdad histórica”.

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Aunque diferentes columnistas cercanos al gobierno de Enrique Peña Nieto negaron que hubiera responsabilidad del Ejército mexicano, las nuevas pruebas confirman que hubo presencia significativa del personal castrense, lo que daña la imagen de la institución por su colusión tan evidente con el crimen organizado.

Ayotzinapa indudablemente es un crimen de Estado, en el que la policía municipal de Iguala, el Ejército y el gobierno federal participaron tanto en la desaparición de los estudiantes normalistas como en la presentación de la versión oficial para tratar de cerrar el caso que a ocho años sigue abierto y sigue doliendo a la sociedad.

Los estudiantes normalistas de Ayotzinapa fueron desaparecidos por la sinergia entre el crimen organizado y el Estado, por lo cual las autoridades federales trataron de encubrir la verdad con diferentes mensajes divulgados en medios de comunicación sobre documentales, reportajes, libros y hasta series que trataron de reforzar esa visión.

Ayotzinapa se ubica en la misma dimensión de tragedia que lo fue la matanza del 2 de octubre de 1968, donde los agentes del Estado también causaron la muerte de jóvenes en Tlatelolco.

Nota aparte: Aunque se han evidenciado los elementos que participaron en la desaparición de los estudiantes normalistas, no significa que habrá justicia, pues es algo que no vivido México.

 

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¿Quiénes fabricaron los delitos? Desde la prisión Santa Martha Acatitla, la columna del periodista Héctor Valdez

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hector valdez periodista en santa martha

Por Héctor Valdez

A todos mis amigos y a cualquiera que pudiera importar leer y compartir este texto, si le es posible.

Me acerco a la Ciudad de México a los dos años de estar recluido en prisión por un delito que jamás cometí y que fue ordenado en su fabricación, según abundantes evidencias, por personajes del poder del estado de Quintana Roo.

Como casi todos ustedes amigos y conocidos saben, salí de Tulum desde mayo del 2019, en medio de amenazas de todo tipo y luego del asesinato a balazos de dos amigos periodistas. Primero, José “El Güero”, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto; y luego, el de Rubén Pardo, en Playa del Carmen, municipio de Solidaridad. Ambos vecinos de Tulum. En esos años de violencia y sangre sin freno, denuncié periodísticamente la coalición de mafias y bandas criminales con los más altos niveles del poder político.

Entre las muchas amenazas que recibí, una incluso fue muy cordial, pues mientras un dirigente político me invitaba un café, me dejó saber que el jefe de ese político estaba harto de mí y me aconsejaba que aprendiera de aquellos amigos periodistas muertos, porque de hecho los que acabaron con ellos, me aseguró, se habían «saltado a Tulum donde estaba el que seguía», refiriéndose por supuesto a mí. Y agregó con desparpajo que precisamente por ser mi amigo, era que transmitía el peligro de no ser dócil con el gobernador y su gente, y que podían ser muy generosos conmigo si yo fuera su amigo.

Para saber más del tema: Periodista preso Héctor Valdez, trasladado con tratos crueles y aislado en Santa Martha Acatitla por revelar corrupción

También me dijo que el entonces presidente municipal de Tulum, Víctor Mas Tah, era uno de los más cercanos al gobernador, «era su gente». Después de esa amenaza -y por no suspender mi trabajo periodístico de denuncia sustentada y sin esbozo-, recibí un atentado a mi vida y otros más a mi patrimonio. Entre algunas bombas incendiarias a mi casa y a mis vehículos e incluso mi más cercano círculo familiar se vio afectado.

Por supuesto, en todos los casos interpuse denuncias formales tanto en la fiscalía de Quintana Roo, donde varias veces intentaron negarme su recepción, incluso cerrando las puertas de la fiscalía. Como después las interpuse ante la Procuraduría General de la República, que así era entonces, a través de la Fiscalía Especializada en la Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión, denuncias que sumaron en esos tiempos, quizá una docena, y en las que, por supuesto, no hubo avance ni esclarecimiento de ningún tipo.

De todos es sabido el clima de terror que invadió a Quintana Roo, en el gobierno de Carlos Joaquín González, que está por terminar; y a Tulum, sobre todo durante la presidencia del jefe de criminales Víctor Mas Tah, quien comandó por esos años a su banda familiar llamada “Los Cebúes”, también con otros grupos delincuenciales asociados a su banda.

No me arrepiento ni de los riesgos a los que me expuse entonces ni a los de ahora. Ni de las consecuencias a mis denuncias periodísticas que siempre han sido frontales, pero también siempre han sido responsables y fundamentadas y además firmadas con mi nombre.

No me arrepentiré nunca porque con ese trabajo y con el de otros libres periodistas, algunos acallados triste e impunemente a balazos, una gran parte de la sociedad de Tulum y de Quintana Roo abrió los ojos y en las elecciones pasadas pudo sacudirse parcialmente de esos personajes.

Aunque el posible retorno de ese nefasto poder continuar vigente, ya que la próxima gobernadora mantiene una cercanía muy estrecha con el todavía gobernador, que en la realidad siempre la impulsó. Y políticos como Víctor Mas Tah saltaron del partido que se hunde en su descrédito, al Partido Acción Nacional donde militaban a las nuevas banderas políticas de la llamada 4T.

Nada de qué sorprenderse, ya que antes el gobernador Carlos Joaquín González, como el presidente municipal Víctor Mas Tah, habían saltado del PRI donde militaron casi toda su vida al PRD, y luego de ahí rápidamente al PAN, donde Carlos Joaquín González fue incluso presidente nacional de la convención de gobernadores.

Para leer más sobre el autor: Una voz que no se silencia, la del periodista preso Héctor Valdez Hernández en CDMX

Ahora como el símil de las ratas que, para no ahogarse abandonan el barco que se hunde y se suben al que flota, esos y muchos otros políticos han de inocular su miseria a los partidos de la llamada ‘Cuarta transformación’, que por eso no llegará a hacerlo, no llegará a ser transformación. Pues con esas nuevas militancias a revista empezará demasiado pronto su descomposición, para desgracia de quienes creímos y votamos siempre por esas opciones políticas con la esperanza de que el país pudiera cambiar.

El teatro de la humanidad y su pretensión de poder es la historia del hombre y quizás sobre todo en lo que al género se refiere.

En estos casi 22 meses en prisión, he podido confirmar que la mayor reserva de humanidad que tiene el hombre está depositada en las mujeres, cuyo aprecio y respaldo he recibido en abundancia.

No me detendré en los detalles del delito que me imputaron falsamente y por el que me condenaron sin pruebas verdaderas, excluyendo además prácticamente todas las pruebas presentadas por mi defensa, entre ellas testimonios de los vigilantes de mi departamento, señores de la tercera edad, un hombre y una mujer que afirmaron nunca haber percibido ningún disturbio en ese departamento.

Y durante más de dos semanas, en referencia al supuesto delito que me imputaron, aseguraron haber visto todos los días entrar y salir a la supuesta víctima sin ninguna asomo de aflicción, e incluso dieron testimonio que en dos ocasiones esta supuesta víctima les ofreció dinero por ser sus testigos en un ataque que les aseguró había ocurrido semanas atrás de cuando les pidió que fueran sus testigos. Ellos se negaron, por supuesto, y en cambio declararon posteriormente ese intento de cohecho ante la Fiscalía de la Ciudad de México y en referencia a mi acusación y a mi caso.

En el proceso que duró casi un año para condenarme, la juez del caso no tomó en cuenta esos testimonios, pero además excluyó dos peritajes uno médico y otro criminalístico que concluían varias incongruencias entre las declaraciones de la supuesta víctima y las evidencias que más bien apuntaban a falsedad de declaraciones.

En el colmo de la evidente juez de consigna para declararme culpable, ésta permitió que la parte acusadora jamás se presentara las audiencias del caso y no sólo eso, sino que validó el argumento de esa falsa víctima y del Ministerio Público de que yo era “muy poderoso política y económicamente” y que por eso podía mantener agentes en Tulum -donde afirmó- se refugiaba a escondida, pues por mis órdenes amenazaban su vida.

La aceptación de tan burdo como falso argumento por parte de la juzgadora me dejó en absoluta vulnerabilidad legal, al no poder rebatir ni contrastar en nada mi defensa ante una juez que decidió por supuesta perspectiva de género, condenarme sin prácticamente atender a ninguna prueba, más que a la fe ciega de una falsa acusación que decidió hacer verdadera para ella.

La fe, la creencia ciega, la fe sin pruebas y dogmáticas alumbró hace siglos el nacimiento de la inquisición que condenaba igual y sin defensa posible a muchos acusados. Hoy, algunos jueces y juezas aprovechan la coyuntura necesaria de la justa lucha del feminismo y la perspectiva de género para cumplir consignas, para castigar inocentes, para subir índices de castigo y los acusados son pobres en su mayoría o personas que tenían consigna en contra de ellos, porque una defensa adecuada cuesta demasiado dinero, y a veces ni con eso es suficiente para lograr justicia donde debía imponerse al menos la duda razonable.

La muerte me ha rondado mucho en estos últimos años, pues además de los dos amigos periodistas que mencioné, habían matado antes de salir de Quintana Roo un tercer periodista también amigo mío. Fue muerto a balazos en Playa del Carmen, apenas unos días después de que yo abandonara el estado para salvar mi vida. Más de un año después de esto y ya prisionero con la ominosa figura de prisión preventiva que tanto daño hace a miles de gentes.

Apenas al comenzar mi proceso, mataron también a balazos a mi abogado defensor titular. Lo mataron el 1 de julio del 2021, por supuesto no hay ningún avance en su investigación. Es terrible y debilita mucho el alma un clima tan sangriento.

Apenas en marzo pasado, ya en medio de otros peligros en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México, donde positivamente terco sigo siendo periodista y lo seguiré siendo así, una trifulca campal dio inicio con la versión circulada entre algunos reclusos de que mi persona supuestamente protegida -desde hace poco antes por las autoridades penitenciarias, pero en realidad duramente segregada por la autoridad penal-, había regresado a mi antiguo dormitorio y con facilidades de elementos policíacos fungiendo como custodios penitenciarios, un grupo de internos que forman parte de la mafia local de “Los Duques”, del dormitorio anexo 7, intentó tomar por asalto al dormitorio 3, donde antes yo estuve y donde el rumor era que yo había regresado.

Por eso empezó ese caos que se sofocó horas después y que en medios de comunicación se calificó como ‘intento de motín’ con un saldo, un triste saldo, de dos fallecidos.

Queridos amigos, estoy seguro de que muchos pueden aterrorizarse, no desgraciadamente para quienes idearon y operaron mi entrada a la cárcel. Quizá tenían previsto que mucho antes de finalizar mi proceso, yo habría muerto en prisión donde muere tanta gente, tanta gente, incluso por constantes y extraños suicidios en los que quien supuestamente se quita la vida parece amordazado y maniatado, tal vez ésa podría ser su previsión que muriera en esas condiciones u otras completando así el asesinato civil que me impusieron abundantemente en decenas de medios de comunicación, tanto nacionales como estatales, y voy a citar algunos ejemplos: “Resultó un violador el reportero que intentó desacreditar en la mañanera de AMLO al tolerante y respetuoso buen gobierno de Carlos Joaquín en Quintana Roo”, eso podía leerse en un medio digital de Guerrero. Otro ejemplo: “Periodismo criminal: el caso del reportero Héctor Valdés”, eso pudo leerse en el periódico Excélsior, de circulación nacional, uno de los más antiguos del país, pero también de los más desprestigiados y reconocidos como conservadores.

Hace unos momentos decía que la mayor reserva de la humanidad son las mujeres, y tengo sobrados motivos para confirmarlo. Ni el aberrante delito que me causaron con falsedad y por el que ahora estoy prisionero, incluso siendo inocente, ha hecho dudar a tantas mujeres amigas a quienes ahora debo tanto y a quienes no quiero dejar de mencionar.

Nunca tendré con qué compensar el aprecio, la calidez, la ayuda emocional, las charlas larguísimas por teléfono y la ayuda de todo tipo incluso económica que muchas veces recibí en estos casi dos años de parte de tantas mujeres valiosas.

Gracias a Nancy mi admirada y brillante, intelectual y profesional amiga que me ha regalado tanto tiempo y tanto cariño; gracias a Laura, que como Nancy, me mostró un inacabable afecto y que -incluso sabiendo mi imposibilidad de devolver-, me ayudó económicamente por muchos meses en los que benefició a otros ocho reos que vieron cambiar completamente sus condiciones de reclusión, pues la celda comunal en la que entonces el Reclusorio Oriente, estaba terrible, ruinosa, ominosa y opresiva, pudo renovarse y equiparse por esas posibilidades. Uno de los compañeros internos siempre me decía “tu amiga es una santa, dile que Dios la bendiga”… en realidad mi querida Laura es una empresaria exitosa y una política íntegra y de verdadera convicción social.

Gracias a otra amiga Laura que también, como Neus y como Karina, no dudaron ni un poco en enviar cartas de buena referencia y de confianza dirigidas a un juez de encauzamiento en el caso inicial, en el que narraban una constante convivencia conmigo, competencia que siempre fue de respeto hacia ellas, y a muchas mujeres. Y la seguridad -decían ellos- de que lo que se me trataba un día con mi persona.

Gracias a Gaby, a mi amiga y ex jefa que tanto me ha animado y también tanto me ha rogado que evite los riesgos de seguir siendo periodista en la prisión.

Gracias a Liliana, una corresponsal extranjera, por el ánimo. Gracias a América por sus palabras, gracias a Gabriel las mayores muestras de aprecio que tanto le costaron y que nunca podría pagar con nada, también gracias a su madre de quien recibí por su intermedio muchas oraciones que, seguro estoy pudo con varios males y demonios. Gracias a varios amigos que, pese al señalamiento del que fui objeto, del que soy víctima, pese a eso, durante los meses previos a mi detención y todavía en libertad, me visitaron para hacerme sentir su afecto y su confianza me visitaron directamente al departamento.

Gracias incluso a dos amigas que pude conocer en esos días, los últimos meses en que estuve libre y que igual conociendo la infamia que se me achacó profusamente en medios de comunicación, decidieron regalarme su amistad y su confianza durante varios meses.

Gracias a quienes más dulcemente quiero y a quienes por las dudas callo. Gracias finalmente a muchas mujeres y hombres de la CNDH, específicamente del Mecanismo contra la Tortura, que hace meses ya se enfrascan en conservar intacta mi vida de prisionero.

Pero sobre todo gracias a una de las mejores periodistas y luchadoras de derechos humanos de México que trabaja desde los Estados Unidos. A quien ahora le debo varias veces la vida, a Guadalupe Lizárraga, quien no sólo en los primeros días de mi encierro y sin que yo lo esperara, me hizo llegar hasta aquella celda de 12 metros cuadrados que estuvimos más de 20 días 22 prisioneros, hasta allí me hizo llegar un milagroso paquete de sobrevivencia que consistió en ropa, en libros, en artículos de higiene, en dinero, en una tarjeta telefónica.

Y aquí de verdad quiero hacer mención esto porque es necesario, sin eso no hubiera yo podido sobrevivir, porque es necesario decir que las cárceles de México son no sólo de las más corruptas en el mundo, sino también de las más salvajes, de las más sorpresivas, y créanlo en esas cárceles mucho menos las de la Ciudad de México, no mejoran en nada; tristemente empeoran en estos tiempos de supuesta transformación del país.

A Lupita, (Guadalupe Lizárraga) pues que desde aquellos días asumió una defensa mediática al contemplar la injusticia terrible de la que soy objeto, defensa que hasta ahora continúa, junto con la de otros inocentes cuya causa enarbola.

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A mis amigos hombres, la fortuna es que son muy pocos por mencionar y en el infortunio he aprendido que los hombres somos poco empáticos y pocos solidarios. Gracias Carlos B., ese catalán formidable que además de brillante académico es un comprometido con sus amigos. Gracias a él por sus muchos libros, por la ropa, los insumos en sus visitas. Gracias también en su memoria a dos grandes amigos fallecidos, víctimas del Covid, que tanto me mostraron aprecio fuera y luego en prisión. Al doctor Juan Mena Ramos, de Tulum, Quintana Roo, que en vida trató de interceder por mí con algún otro amigo que pudo ayudar en aquel momento.

Gracias también a la memoria de Luis, un amigo a quien conocía en la Ciudad de México y que en pocos meses se convirtió en leal amigo, falleciendo el año pasado en Playa del Carmen. Gracias a Francisco Canul, periodista y antiguo colaborador de mi portal de noticias “Tulum en Red”. Gracias por recibirme algunas llamadas y también gracias por aconsejarme, buscar y rogar por mi libertad al gobernador Carlos Joaquín y al nefasto Víctor Mas Tah. Gracias por ese consejo que tuvo sus fundamentos, tristemente, porque él mismo también estuvo en prisión en Playa del Carmen, acusado falsamente también de esos delitos que les gusta fabricar el gobierno de Quintana Roo, de un delito incluso más ominoso que el que se me fabricó.

Francisco tuvo rogar por su libertad a esos terribles señores del poder y fabricantes de delitos, a quienes tuvo que prometer sometimiento y servicio. No me lo contó nadie, lo sé por él mismo, pues solo así logró -con la intervención de estos señores- que un juez lo exonerara después de seis meses de prisión.

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¿Quién puede criticar? ¿Quién busca salvar su vida, conseguir su libertad y reparar su honra lastimada? ¿Quién puede criticar a esas personas? Yo no podría. Pero espero que tampoco se me critique por ejemplificar fehacientemente lo que pueden hacer y el grado de daño que pueden lograr impunemente los hombres del poder en México.

Después de todo ya lo dijo Don Quijote de la Mancha: “solo hay dos cosas por las que sin dudar deben exponerse la vida, una es la libertad y la otra la honra, no lo olvides nunca Sancho”, decía Don Quijote. Creo que todos debemos ser Sanchos. Sigo luchando por salvar al menos mi honra, que es mi dignidad, sobre todo ante ustedes queridos amigos a quienes va dirigido este mensaje de la penitenciaría de la Ciudad de México en Santa Martha Acatitla, en los días de septiembre.

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Gracias a la periodista Joselaine Gutiérrez por la asistencia en edición.

 

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