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DisArt: la creación desde las capacidades diferentes

DisArt, proyecto para la promoción del arte y de los artistas con capacidades diferentes desarrollado en Grand Rapids Michigan por la artista Reyna García

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Detalle de composición fotográfica de Reyna García.

Detalle de composición fotográfica de Reyna García.

Reyna García*

No todos tenemos la misma capacidad para enfrentar los desafíos de la vida cotidiana. Parece una obviedad, pero a la mayoría de las personas se les olvida que los seres humanos somos una variedad de talentos, aptitudes y capacidades, y que el sentido de pertenencia en este mundo consiste en el reconocimiento de estas diferencias paradójicamente con la inclusión.

Una democracia verdadera no sólo se vale de procesos políticos. Necesita, en palabras de Robert A. Dahl, un sistema de derechos. Y ese sistema de derechos sólo es posible ejerciéndolo. Es decir, aunque no todos tenemos las mismas capacidades y aptitudes, sí tenemos los mismos derechos. Más aún, yendo más lejos, saber que tenemos los mismos derechos no es suficiente para hacer democracia, es necesario también ejercerlos, practicarlos, hacerlos valer, especialmente quienes gozan de menos recursos físicos e intelectuales para enfrentar la vida en colectividad. Reconocer esta diversidad y aceptarla, bajo el manto del Estado y la comunidad, es lo que nos permite crecer colectivamente y enriquecernos como seres humanos. Con esta idea nace nuestro proyecto DisArt. Un camino al arte desde las capacidades diferentes.

Tenemos la firme convicción de que el arte creativo estimula el compromiso cívico en una comunidad e impacta el entorno para transformarlo en cultura, es decir, en principios, valores y saberes de los que nos valemos para convivir en armonía y respeto. Con la celebración de prácticas artísticas elevamos la comprensión del ser humano y, con ello, su condición. El arte desempeña un papel crucial en el ejercicio de la igualdad y en la superación de los diversos obstáculos que enfrentan las personas con recursos distintos a la mayoría. Allí donde los demás observan una discapacidad, hay una capacidad diferente para la creación artística. Allí donde los demás ven una minusvalía, hay un desafío que superar a través de la expresión estética. Esto es DisArt. Un espacio donde convergen las complejas identidades del ser humano con capacidades diferentes.

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Obra de la artista Reyna García

En DisArt se recupera y se enseña el valor de la igualdad, con el que todos los seres humanos nacemos en un entorno de libertad y armonía. Ello nos permite estimular el sentido de pertenencia sobre todo a quienes poseen capacidades diferentes para enfrentar la vida. Renan, en su concepto de nación, describe la pertenencia como el acto de incluir al otro al que se le señala como diferente. Esa inclusión significa reconocimiento y aceptación como un acto cotidiano para formar lo que sustenta a un colectivo como nación.

DisArt trabaja en la construcción de la igualdad, de la inclusión social, de la accesibilidad física, y crea ese sentido de pertenencia, ese sentido de “mi lugar”, para las personas con capacidades diferentes.

La prueba definitiva de la vida en colectivo se encuentra en nuestra capacidad de incluir al otro, al “diferente”. No hay comunidad sin sentido de pertenencia, y es en la vida cotidiana donde la inclusión va de la mano de nuestra voluntad para aceptar el cambio. DisArt pone de manifiesto que el arte es una forma única, multisensorial, del conocimiento, que nos permite obtener una comprensión más allá de nuestra propia experiencia inmediata, es decir, nos permite conocernos como colectividad a través de las percepciones de las personas. El arte que viene de la experiencia de quien posee capacidades diferentes, puede desafiar la tradición de una sociedad y arrasar prejuicios y estereotipos con formas imaginativas que unen nuestras diferencias físicas y mentales.

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Navegar por las diferentes realidades estéticas y culturales puede ser una tarea ardua cuando la experiencia se vive desde las capacidades diferentes. Entre los desafíos, se encuentra una sociedad que teme la diferencia física y mental. Sin embargo, con frecuencia, es el arte mismo el que nos enseña que la diferencia es un constructo social, es decir, algo aprendido como negativo, y por lo tanto, si es aprendido puede también desaprenderse. La percepción negativa puede transformarse en una experiencia colectiva positiva, en un franco ejercicio de igualdad y pertenencia. El arte en sus diversas expresiones nos abre estas puertas, y nos conmina a pintar de colores para transformar lo que se ha concebido como “errores” de la naturaleza.

El Festival Disart 2015 ha sido creado con esta visión. Pretende ser un puente de comunicación, de diálogo y aprendizaje, entre la comunidad artística con capacidades diferentes y la sociedad. Un reto para todos.

El Festival DisArt se realiza el 10 de abril en Grand Rapids, Michigan. Entre los artistas que participan destaca Robert Coombs con su trabajo “Art is Everybody”, junto con los artistas Deb Dieppa, Marylu Dykstra, Reyna Garcia, and Anna Greidanus; también participan los estudiantes del Calvin College con sus proyectos de diseño integral y adaptativo.

Videograma del programa de televisión sobre el arte y las capacidades diferentes en GRTV

Videograma del programa de televisión sobre el arte y las capacidades diferentes en GRTV

Capacidades diferentes, arte y cultura en televisión

El proyecto de DisArt se ha expandido en las diferentes esferas de la vída pública de la comunidad de Grand Rapids. A través de video-testimonios, debate y reflexiones en los medios masivos de comunicación, así como la organización de uno de los festivales artísticos más importantes en el campo de las capacidades diferentes, DisArt se da a conocer, abriendo espacios a nuevos artistas y presentando los alcances en el desarrollo emocional y profesional de sus miembros.

En este enlace puede encontrar los videotestimonios de los principales artistas que han impulsado el proyecto.

Reyna García, fundadora del proyecto DisArt

Reyna García, fundadora del proyecto DisArt

Quién es Reyna García

Reyna García es una artista plástica originaria de Netzahualcóyotl, Estado de México. Su arte imprime la consciencia por la defensa de los más vulnerables. Desde hace diez años, hizo a Grand Rapids, Michigan, su ciudad adoptiva, después de vivir 15 años en Nueva York.

Coordinó el “Proyecto Cultural Mexicano” con la misión de reforzar la identidad originaria en los niños y jóvenes descendientes de familias mexicanas.

Reyna ha destacado en su trayectoria artística expresando temas de justicia social en su creación. Para ella, su arte no se concibe sin un mensaje de conciencia por la igualdad, la justicia, la inclusión y la diversidad.

Obra de la artista Reyna García.

De niña, Reyna García en su ciudad natal. Foto: especial

Reyna sufrió la enfermedad de la Poliomielitis a la edad de 6 años. Cuenta que en aquel entonces, despertó un día y simplemente no pudo caminar. Sus padres ignoraban lo que estaba pasando. No los culpa. En aquel tiempo no había una educación acerca de las vacunas, y la importancia de la prevención de las enfermedades.

Reyna, en su adolescencia, despertó su pasión por estudiar, y desde a muy temprana edad descubrió el arte. Pero en años de escuela fue discriminada y hostigada por su condición diferente al resto de las niñas. Así fue que a la edad de 13 años abandonó la escuela y estudió sólo en su casa. Recuerda que su hermano mayor la invitó a ir a la preparatoria a tomar clases de arte. Fue una puerta de esperanza y luz para inquietud creativa que llevaba dentro.

Reyna emigró a los Estados Unidos en busca de una vida con calidad, y años más tarde pudo tener una cirugía en su pierna izquierda que le ayudaría a caminar mejor.

Hoy, la artista nos comparte que la mejor etapa de su vida es cuando descubrió que necesita aceptarse a sí misma primero, para ser aceptada por los demás. Desde ese momento su vida tomó un nuevo rumbo: de liberación y de amor a sí misma. Ahora puede compartir su historia para inspirar y educar a otros sobre el tema de las capacidades diferentes.

Para mayores informes de DisArt en Grand Rapids:

Reyna Garcia
Activist Artist&

250 Monroe Street Gallery

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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