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Del campamento de “Los changos” al Aurora

Un relato sobre el campamento de la brigada internacionalistas revolucionaria llamada Campo Aurora, en Campeche, en el umbral de los años sesenta

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Ernesto ‘Che’ Guevara y Fidel Castro en los años 60. Foto: Editoral Celeste

Livia Díaz*

A mi padre

Dicen que “recordar es vivir”, lo fue al recordar con la comunidad una escena histórica que rememoró a ausentes a raíz de la publicación de un libro. Esto fue en Ciudad del Carmen, Campeche, el 2 de septiembre de 1996. Lo envié entonces en el Novedades de Tabasco y en El Financiero Sureste como corresponsal, y así, al prontillo, así que vale la pena volver a escribir esta historia, añadiendo lo que con motivo de la remembranza de los hechos, aportaron en situaciones, memorias, crónicas de lo acontecido los protagonistas.

Muchos de ellos ya no están en este mundo; y como el libro se hizo documental y en Cuba no contiene lo que recordando la gesta que otros, que ya partieron emprendieron con el afán de desbocar su espíritu revolucionario y apoyar a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara a hacer la revolución en Cuba para quitar del poder al general Fulgencio Batista y Zaldívar “El Hombre” en 1958, vivieron en el entorno campechano.

Los cubanos removieron esa historia en vísperas de los 40 años de la revolución, los carmelitas con su llegada a la isla del autor del libro y la comisión diplomática Mexicano-Cubana.

En el aula de medios, se armó un zafarrancho de opiniones encontradas y de precisiones que prolongó la presentación del libro varias horas, que a muchos de los presentes en la reunión, en la Biblioteca de la Universidad Autónoma del Carmen (UNACAR), citados por el rector

Eduardo del Carmen Reyes Sánchez, con el motivo de la presentación del viejo libro y la pre-edición de uno nuevo que se planteaba enriquecido con la lluvia de recuerdos y el trabajo de los escribidores en ambas islas, hermanadas por un accidente de un pequeño barco pesquero de camarón en el que viajaba una brigada internacionalista de revolucionarios que se iban a preparar en las artes de la guerra en un campo que el pueblo llamó oficialmente campo Aurora pero para el pueblo fue “el campamento de los changos”.

Pero no sería justo no decir que también entre ellos, los sobrevivientes del naufragio y los funcionarios cubanos discutieron hechos históricos, posiciones políticas y de acción por la guerra. Algunos de los retratados por los periódicos en la época no han sido identificados, otros lograron irse a la revolución a pesar del naufragio, y algunos, frustrados por no poderse ir de ninguna manera, lloraron por meses su suerte, echándole la culpa a los cubanos por dejarlos abandonados y, sin saber que la revolución ya se había consumado.

Podemos imaginar que esto último fue algo lógico en una época en la que la tecnología no permitió estar al momento enterados de tales acontecimientos, y que la mayoría estaban escondidos o regados en otros campamentos.

Es necesario decir que en la Península de Atasta, todavía viven pescadores que juran que Fidel Castro estuvo allí, e incluso señalan las piedras en las que se sentó, vestido con su caqui verde y con la barba tan larga como la lleva todavía. Esto lo comenté con Jorge Rosillo quien me dijo que seguramente era un tal Pedro de apellido Milet.

Para comenzar con la narración es necesario describir el lugar del naufragio desde donde los revolucionarios eran trasladados a la ensenada entre el río Grijalva y Usumacinta rumbo al rancho de Cabalán Macari, al faro de Xicalango, en la Península de Atasta, ubicada frente a Ciudad del Carmen en la Laguna de Términos, frente al Golfo de México la noche del 26 de abril de 1958.

Eran 83 y fueron llevados en varios grupos en barcos pesqueros que antes se usaban, de un tipo que parece una lata de sardinas y que echó al mar al cuarto grupo, unos 20, de los que se salvaron como pudieron 18.

Aquella noche los agobió la lluvia y el alto oleaje a causa de un norte que los aisló por completo del resto del grupo. Como pudieron llegaron a la isla que en ese tramo ya estaba habitada y mostraba al mar el lugar en el que ahora se encuentra “La Puntilla”, a unos metros se concentraba la mayoría de la población, en la colonia El Guanal.

Pero para narrar esto se presentaron dos sobrevivientes, Gil Lino Suárez, cubano y Jorge M. Rosillo, mexicano. Dijeron que su grupo se llamo “La expedición de Campeche”, y que era una de tantas que había, no sólo en este país. Los náufragos muertos Álvaro Morell y Álvarez y Ramón Rodríguez Millán, fueron recordados por los dos.

La muerte trágica la asumieron hasta mucho tiempo después, porque enseguida que salieron del mar se integraron a la comunidad y permanecieron varios días, concentrados esperando indicaciones.

Compartieron cigarros y café con algunos españoles, refugiados de la Guerra Civil Española, exiliados políticos y por tanto reivindicados por la gesta que esos combatientes querían emprender.

Del Hotel Ganem, don José Ganem Elías les mandaba alimentos; don Pepe Sacarías también los ayudaba. Mencionaron a Antonio Litri que les daba la comida y cigarros de su restaurante de la calle 31 por 28; y “El Caballito” quien vendía fotos a los turistas cuando esto se recordó, se puso de pies y emocionado dijo que él era el niño al que Litri mandaba a atender a los náufragos.

En el café de Toñito Badillo les mandaban también apoyo a “Los changos” y don Carlos Salinas Shields, hizo una colecta para sacarlos de la cárcel en la que –a decir de El Caballito- todo el pueblo ayudó, hasta les mandaron ropa y tuvieron visitas y novias.

Pero como todos estos últimos datos no estaban en el libro presentado, allí mismo, la gente, emocionada pidió que le metieran al siguiente los testimonios y los datos aportados por los sobrevivientes de esta etapa histórica, incluso solicitaron el compromiso de hacer la segunda parte de la historia con la local.

II

Los revolucionarios tenían por tarea hacer un campo de aterrizaje para un avión que nunca llegó. Así que los que no eran náufragos y no pararon en Ciudad del Carmen, también lo pasaron mal. Estuvieron mucho tiempo en esa selva que entonces era virginal, sin caminos, construyendo con sus manos y con machetes en manos un área descampada en la que bajara el avión que luego de recogerlos los iba a llevar a Cuba. Estuvieron meses allí esperando y trabajando, comiendo lo que podían, asustando a quienes los percibieron y escondiéndose de víboras, los moscos, y el hambre.

Los ahogados son considerados soldados perdidos en combate, así que Lino Suárez quien entonces era ministro de guerra de la República de Cuba realizó al día siguiente de este encuentro con el libro en la UNACAR la comisión de darles el homenaje merecido a los dos “Héroes de la Revolución.” Para eso nos trasladaron en un catamarán a un lugar entre el río y la laguna en donde colocaron, después de una ceremonia, una corona de flores.

Don Jorge Lara Repeto quien dijo que le decían “Pastacha”, recordó la estancia de los soldados de la revolución cubana que no combatieron. Habló de sus partidos de básquet en la Cancha Revolución, también paseos y bohemias en grupo y la “hora del café” con Toñito.

El que fuera presidente del Consejo Coordinador Empresarial, se presentó y habló de que siendo un joven, con muchos ideales, también se preocupó por el destino de los detenidos, con quienes las autoridades locales no sabían qué hacer.

Sometidos y llevados a la cárcel que antes se encontraba detrás de la Iglesia de la Virgen del Carmen, en donde en los años 90 funcionó la Biblioteca Pública Municipal. Un edificio redondo de un piso, con ventanas a la calle. Dice en su libro Oscar Ascencio D. de H., titulado como la misma expedición, que los hicieron presos después de que salió a flote el cuerpo de Rodríguez Millán y al entrevistarlos se enteraron de otra posible defunción así que acusados de dos crímenes el 4 de mayo los metieron a la cárcel y después de la autopsia que realizó al cadáver el médico Juan José Bolívar Niño, que resolvió ahogamiento, los liberaron.

En espera de una razón que debía venir del centro del país, acusados de homicidio, y como ya se sabe en lo que se aclaraban las cosas de si los iban a liberar, a trasladar al Distrito Federal, a devolver a sus tierras natales Jamaica, Italia, Cuba y otros lugares, a la isla llegaron reporteros y gente de la Secretaría de Gobernación. Como estos náufragos de varios países permanecían indecisos de llegar al campamento o irse a Cuba, sin papeles ni visa y además en la clandestinidad, los atraparon, sin poder ordenar sus asuntos civiles y con autoridades que no podían ni consignarlos ni perdonarlos ni extraditarlos en su caso. Lo siguiente fue terrible para ellos, se dispersaron y anduvieron escondidos, huyendo e intentando salir del país, don Jorge Rosillo nos confió que se fue caminando a Cancún, se subió a escondidas a un barco y así llegó a La Habana.

*La autora es escritora originaria de Veracruz , México, y administra el blog La poesía no se vende.

 

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La banalización del lenguaje neofeminista sobre asesinos seriales en México: el caso de Atizapán

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Por Alberto Farfán

Siempre ha sido tema de discusión la forma en que algunos medios de comunicación, sobre todo impresos, tratan las noticias relativas a asesinatos. Y son los medios amarillistas los que en general resaltan por el uso de palabras viciadas para adjetivar o describir dichos crímenes, con el objetivo de generar mayor morbosidad entre sus lectores y con ello obtener un mayor número de ventas.

En la actualidad, se dice que no se debe estigmatizar a un posible delincuente con adjetivos que vulneren su integridad y derechos humanos. Además de que en todo momento se incluirá la grafía “presunto”, pues sólo existe la suposición de que cometió algún delito que le ha sido imputado, pero que aún no se le ha comprobado jurídicamente.

Curiosamente, a nuestro juicio, dicha visión no guarda relación con el discurso de las neofeministas, aquellas que predican la doctrina de género de forma radical e intransigente, cuyo soporte apela siempre al lenguaje, tanto en la esfera morfológica, así como en el plano semántico.

A este respecto (siguiendo a Reporte Índigo en su web), consideremos el caso del presunto asesino serial de mujeres de Atizapán de Zaragoza del Estado de México, Andrés “N”, de 72 años, originario de Oaxaca y miembro activo del equipo de campaña del candidato a la presidencia municipal de la entidad por parte de la coalición Vamos por el Estado de México (PRI, PAN y PRD), quien fue detenido en días pasados por el presumible asesinato de Reyna, cuyo cadáver fue encontrado en su domicilio al momento de la intervención de la policía, sujeto que al parecer al ser asegurado por la autoridad ministerial confesó haber acabado con la vida de más de 30 mujeres durante los últimos 20 años.

Denominado por los medios como el “Monstruo de Atizapán”, las neofeministas de un grupo de Twitter han puesto de manifiesto que no se debe utilizar el concepto de “monstruo” para designar a Andrés “N”, pues según ellas: “Andrés Mendoza no es un monstruo, dicho por quienes lo conocen, es un hombre ‘bastante normal’, y en un país con 12 feminicidios diarios sí lo es. No es un monstruo, es un hombre que odia a las mujeres y que por 20 años las estuvo asesinando en completa impunidad”.

Así las cosas, añade Marisol Calva, secretaria de la Comisión de Redes Sociales de Movimiento Ciudadano (adversario de Vamos por el Estado de México), quien afirma a los medios: “No son los monstruos deshumanizados. Son hombres con vidas normales que son vecinos, colaboradores, amigos y hasta militantes de partidos. Es lo más peligroso de todo, están entre nosotros, asesinando mujeres como deporte. Aquí un feminicida serial”.

En síntesis, para estas neofeministas si a los asesinos seriales se les cataloga como “monstruos”, no se les estigmatiza, sino más bien se les deshumaniza, restándoles responsabilidad en sus crímenes, pues no son personajes de ficción o algo parecido; al contrario, son hombres que odian a las mujeres y las asesinan por deporte: feminicidas seriales y punto.

Como bien se observa, la trivialización del hecho que comentamos se inicia cuando estas neofeministas se aferran a su esgrima verbal ideológica de que hablábamos, para ponerla, en última instancia, al nivel de la gravedad de los feminicidios en sí. Pues debido a su intransigencia se les olvidó revisar en principio cuál es el significado de “monstruo” para la Real Academia de la Lengua Española. Y aunque de las siete acepciones sólo una habla de un ser fantástico, todas las demás se sintetizan en la siguiente: “Persona muy cruel y perversa”.

En conclusión, partir de una cuestión semántica retorcida, hablar de “deporte” sin decoro alguno y evitar el vocablo “presunto” a la aseveración “feminicida serial”, no es más que banalizar los supuestos crímenes de Andrés “N”, degradando la importancia de las muertes aún no comprobadas jurídicamente de las mujeres víctimas de este sujeto. Tanto es así, que este texto ─como otros más ya publicados─ también se centró en el lenguaje que invisibiliza los feminicidios. Pero conscientemente lo he redactado de esta forma para poner en evidencia al neofeminismo que nada aporta en nuestros días.

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Censura en la era de la estupidez: el caso de Charles M. Blow

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Por Alberto Farfán

Todo pareciera indicar que estamos viviendo bajo el manto de la era de la estupidez. Basta con observar que frente al importante margen de libertad en que nos vemos inmersos nos comportamos de manera peculiar –por decirlo de una manera menos drástica–, pues esa misma libertad la utilizamos para censurar, prohibir, cancelar, eliminar aquello que se considera políticamente incorrecto.

En los últimos días a través de los medios de comunicación hemos podido conocer que incluso las caricaturas que todos hemos visto alguna vez van a ser objeto de censura porque afectan supuestamente a las nuevas perspectivas de integración y/o cohesión social.

Así, Pepe Le Pew, Speedy Gonzales, The Flintstones, Pucca, Betty Boop, Johnny Bravo, entre otros dibujos animados, han sido puestos en tela de juicio tanto por la industria del entretenimiento como por diversas voces, pero sobre todo por los ya inevitables usuarios de redes sociales, siendo ellos una parte importante de la llamada generación de cristal, pues todo les molesta. Considerando por lo tanto que deben suprimirse por completo tales cartoons.

Es conveniente agregar que esta polémica se debe al columnista de The New York Times, Charles M. Blow, quien escribió, entre otras cosas, que a su parecer el actuar del personaje Pepe Le Pew contribuye a la “cultura de la violación”. Recordemos que Pepe Le Pew es un zorrillo con muy mal olor, quien se encuentra enamorado de Penélope, que es una gatita de color negro, que accidentalmente le cayó pintura blanca en su lomo, dándole apariencia de un zorrillo. Ella lo rechaza una y otra vez tanto por su olor como porque no son de la misma especie. Pero él como buen enamorado insistirá siempre en conquistarla. ¿Realmente esto nos llevaría a cometer una violación? Yo no lo creo.

A su vez, Blow asevera que la caricatura del ratón Speedy Gonzales fomenta los pensamientos racistas sobre los mexicanos. A este respecto, conviene evocar que las aventuras del “ratón más veloz de todo México” consistían en enfrentar a sus némesis, el gato Silvestre y el pato Lucas, pues ellos agredían a los demás ratones y Speedy intervenía exitosamente para salvarlos. Si bien este dibujo animado se encuentra estructurado con ciertos estereotipos, ¿el que un ratón siempre gane la batalla nos conduce al racismo?

Desafortunadamente el columnista nunca ofrece elementos de juicio objetivos para sustentar sus tesis y con ello poder responder punto a punto a su postura. De modo que, por consiguiente, cualquiera puede afirmar lo mismo que él. Todo en aras de la corrección  política. ¿Pero quién le concedió a este tipo de periodistas el carácter de juez, jurado y verdugo para decidir sobre lo que es “políticamente correcto” para todos?

Peor aún, he notado que estos personajes que se constituyen en el nuevo Santo Oficio del siglo XXI suelen caer en una especie de doble moral, pues lo que les llamó la atención desde una óptica totalmente subjetiva lo critican y piden su censura, pero cuando se trata de otras expresiones “artísticas” evidentemente objetables no dicen nada.

Como por ejemplo –aclarando que el que esto escribe no es un mojigato–, el baile que llaman los jóvenes “perreo”, en el cual las mujeres se frotan a los varones en posición cánida simulando tener relaciones sexuales. Otro ejemplo, las letras de las canciones del género reguetón, en donde el afán de obtener un coito es explícito, empleando un lenguaje totalmente soez.

De este modo, tenemos a los miembros de la corrección política de doble moral y por otro lado a los jóvenes de la generación de cristal, los cuales en círculo vicioso se conjugan y alimentan unos con otros, fomentando lo que nos indica la Real Academia Española respecto a la estupidez: “Torpeza notable en comprender las cosas”.

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Stephen King y el escapismo literario

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Por Alberto Farfán

No cabe duda de que en ocasiones en una entrevista el personaje a interrogar desliza involuntariamente ciertas verdades que lo colocan en el sitio que mejor le corresponde. O quizás al contrario, se define tal y como considera que es en realidad, sin importarle las críticas que puedan surgir por ello.

Acaso el best seller número uno de la Unión Americana, Stephen King es un prolífico escritor que ha publicado alrededor de 61 novelas, siete libros de no ficción y cerca de 200 relatos y novelas cortas. Y por toda su obra se estima que ha vendido más de 350 millones de copias.

Generalmente se le sitúa como un autor de historias de terror. Pero en entrevista concedida a The Associated Press (25/02/21), no rechaza abiertamente tal indicación, sin embargo, responde diciendo que lo pueden encasillar como quieran.  “Mi idea es contar una buena historia, y si cruza ciertos límites y no encaja en un género particular, está bien”. Y resulta interesante que él mismo lo afirme pues en realidad al analizar con detenimiento sus obras más representativas sólo se observa eso, que nos relata una simple historia, no una ficción de terror.

Pensemos en Carrie, The Shining y en Misery, la estructura de estas tres novelas es lineal, el discurso narrativo es sumamente elemental y en lo absoluto complejo, los personajes obedecen a estereotipos, se exagera en las historias –sin fortuna alguna– para anular las escenas previsibles y no hay profundidad acerca del entorno de los personajes ni sobre sí mismos. Todo lo cual, en suma, nos entrega tres libros de factura puramente comercial para un público nada exigente y conformista. No por nada los críticos y académicos estadounidenses de notoriedad omiten a King de la alta literatura.

No obstante, hay que mencionar que estas obras en formato cinematográfico sufren una metamorfosis por demás inquietante y plausible. Es decir, como películas son bastante aceptables y dignas de verse. ¿Cuáles serían las razones? En el caso de Carrie, que el director fue el enorme Brian De Palma y por las extraordinarias actuaciones de Sissy Spacek (Carrie White) y Piper Laurie (Margaret White), madre e hija, respectivamente.

The Shining cobra relevancia por su director, el magistral Stanley Kubrick, y la incomparable interpretación del inigualable Jack Nicholson como protagonista. Y en Misery, sin duda alguna, la participación de la actriz Kathy Bates, quien como personaje principal realiza un trabajo perversamente perfecto.

De este modo, podríamos afirmar que al rehacer las obras de mediano nivel literario de King por verdaderos creadores de historias visuales y por excelentes actores de personajes memorables, todo cambia de manera favorable para un público más exigente y difícilmente condescendiente.

De ahí que sea sumamente revelador que Stephen King en el marco de la entrevista sobre sus pasiones como la política y sucesos de actualidad, pero sobre todo al referirse a la literatura y la política, estime lo siguiente: La ficción ha sido un “escape” de la política, no un foro. Y claro, si es sólo un escape, ¿por qué no seguir escribiendo pésimos best sellers? ¿Por qué no continuar enriqueciéndose sin aportar nada para el pensamiento reflexivo de sus lectores? Una posición apolítica siempre es política.

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