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Con voz propia

De la conquista de México a la marcha anti Trump

Con Trump se repiten las mismas debilidades que llevaron a millones de nativos de este continente a ser dominados por unos cientos de europeos.

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Isabel Miranda de Wallace, en la marcha “Vibra México”, momentos antes de huir por los insultos

Por Ramsés Ancira

Diario de un Reportero

 

La marcha desde el hoy privatizado Auditorio Nacional se convirtió en redes como una marcha de las televisoras o recibir llamados de la “gente de izquierda” para no participar simplemente porque no se le ocurrió a López Obrador, hay un gran trecho.

Ahora resulta que según algunos de estos personeros la izquierda debe dictarle a la derecha, o simplemente a quien no se ubica en ninguna geometría política, que es lo que debe o no debe de hacer, según sus buenas conciencias sociales justamente en lo contrario que pretendía, en un nuevo campo de batalla para dirimir la desunión de los mexicanos.

¿Quién dijo que protestar contra Trump y su muro era exactamente lo mismo que apoyar a Peña Nieto, el gasolinazo, la voluntad oficial de no resolver jamás el caso de Ayotzinapa o el de Tlatlaya; o la ejecución de narcotraficantes en vez de su aprehensión en Nayarit?

¿Por qué hay “chairos” buenos y “chairos” malos?  Sí, ya sabemos que las marchas de la gente de blanco son una tradición de la derecha, aunque en realidad lo que hay de fondo es que ningún partido político se identifique con la protesta social, pero de ahí a descalificarla de plano, calificarla.

Más bien nos parece que con Trump se repiten las mismas debilidades que llevaron a millones de nativos de este continente, a ser dominados por unos cientos de europeos que cabían en los barcos de Cortés.

No es el materialismo, como creyó Marx, negando cualquier influencia del espíritu humano, ni la economía, como se simplifica el marco teórico de Adam Smith, lo que puede explicar cómo una expedición de menos de 700 personas, no solo  hombres, porque también venían al menos 20 mujeres, logró conquistar una región de millones de habitantes, ubicada al otro lado del océano desde su lugar original de procedencia.

El historiador de origen británico John Huxtable Elliot, nacido el 23 de junio de 1930, doctorado en historia en la Universidad de Cambridge en 1952, y autor de España, Europa y el Mundo de Ultramar, publicada por primera vez en inglés en el año 2006 y traducida al español en 2009, aporta un análisis alternativo para comprender un suceso que sigue afectando la vida de Latinoamérica al paso de los siglos, pero que es mayoritariamente aceptado y poco comprendido.

Inicia Elliot el Capítulo VI de su libro, titulado La Apropiación de Territorios de Ultramar por las Potencias Europeas citando a Adam Smith cuando dice que el Establecimiento de colonias europeas en América y las Antillas, no nació de la necesidad”

Y en efecto, los europeos ya se habían instalado con relativa comodidad en las islas del Caribe. La naturaleza había sido pródiga con los nativos, lo que en una conclusión personal, les había dado lo necesario para una existencia pacífica, por lo tanto no tenían necesidad de la guerra, no de sus artes mortales.

Los salvajes eran los españoles, a esa condición les habían llevado siglos de guerra con los musulmanes.

Elliot dice que los europeos tenían distintas maneras que los  que después iban a ser llamados americanos para hacer la Guerra, los primeros mataban, para diezmar a los enemigos, los segundos tomaban prisioneros, para sacrificarlos en rituales.

Diezmados por la viruela y otras enfermedades, entre ellas las venéreas, además de la guerra de exterminio que los españoles realizaron, como consta en las cartas de Fray Bartolomé de las Casas, su dominio en las islas estaba consolidado, no así en el Continente donde sobrevivían españoles de otras expediciones, como es el caso de Jerónimo Aguilar, según anota en su cátedra de la UNAM el doctor Gerardo Martínez.

Si los mayas y los aztecas se hubieran comportado como europeos, muy probablemente hubieran asesinado a esos peninsulares y la conquista jamás hubiera culminado. La señora Malinche no le habría traducido al maya a Jerónimo de Aguilar lo que ella sabía en Náhuatl, y el fraile no le hubiera podido traducir a Cortés,  al castellano, lo que se sabía del Imperio Azteca.

La expedición de Cortés, dice Huxtable Elliot “comenzó autorizada como expedición de rescate (cambio o trueque) y acabó transformada por su comandante en expedición de conquista”

¿Qué hizo decidirse a Cortés a desobedecer a su jefe y buscar la conquista? Tal vez aquí sí aplique la explicación marxista de la lucha de clases.  Como apunta el doctor Martínez,  Hernán y sus soldados procedían de las regiones españolas de mayor pobreza y tradición militar. Es lógico pensar que con la mentalidad medieval que aún les dominaba: poseer tierras y renovar la gloria de ser Hidalgos (“hijos de algo” o de alguien que había  sido distinguido por sus hazañas militares o sus servicios a la Corona) les impulsara a conquistar nuevas tierras, sin importar que estas ya tuvieran dueño.

Aunque la inferioridad numérica de los europeos era tanta, que el uso de cabalgaduras no es suficiente para explicar sus victorias militares, sin duda también influyó. Eso de que los indígenas hayan creído que corcel y caballero eran lo mismo, puede funcionar como explicación didáctica o desde la perspectiva de las almas cándidas que quisieron ilustrar los misioneros, pero seguro no pasaron más de 10 minutos antes de que los naturales se dieran cuenta de que ambos eran sujetos distintos y también sangraban y morían.

España, dice Elliot citando a Adam Smith, no tenía un exceso de población que fuera esencial para impulsar a nuevas conquistas en Ultramar. Europa y Asia ya no ofrecían condiciones para la expansión de los españoles, ninguna otra región del mundo ofrecía tantas facilidades para la expansión que América.

Regresando al Siglo XXI, México no necesita para nada de los Estados Unidos. Ni siquiera en materia de ciencia o tecnología.

En este mismo momento en Nayarit desarrollan sostenes  capaces de diagnosticar el cáncer de pecho por fluctuaciones de calor, investigan sobre elementos que se adhieren a las células cancerígenas para matarlas con luz y no con quimioterapia. Hace más de 30 años existe la ingeniería genética para producir carne de cebúes en pequeños espacios; computadoras programables en español, aviones; los drones son invento desarrollado por un mexicano; los cereales más nutritivos crecen en México, la semilla de amaranto puede alimentar a los mexicanos en un bloque con miel, pasas y cacahuates que cuesta 25 centavos de dólar, gracias a esto los pobres e indigentes en México pueden vivir mucho mejor que los “homeless” en Estados Unidos.

No somos más pobres ni más desvalidos que nuestros vecinos del norte, sólo es una situación de percepción y de una desunión que no nos permite siquiera ponernos de acuerdo en una marcha por la soberanía, sin buscarle tres pies al gato, sabiendo que tiene cuatro.

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Arteleaks

Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, de Styron

Alberto Farfán

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Recordando a William Styron

Por Alberto Farfán

Lejano a nosotros desde hace catorce años, el escritor norteamericano William Styron (1925-2006) puede considerarse uno los autores de gran importancia de nuestro vecino país, quien nos lega una serie de obras para conocer con grata atención. En Un lecho de tinieblas (1951), su primera novela publicada a los 26 años, Styron nos relata el suicidio de una joven miembro de una peculiar y enigmática familia de Virginia, en cuya atmósfera se respira cierto aire faulkneriano. Las pasiones destructoras que socavan las instituciones de la sociedad y la absurdidad de la vida militar son el tema de La larga marcha (1955). Por otro lado, en Esta casa en llamas (1960), ambientada en la Italia de los años cincuenta, nos refiere que la violencia individual no constituye un remedio eficaz contra la decadencia moral.

Ganadora del premio Pulitzer en 1967 y reconocida a nivel mundial, la novela Las confesiones de Nat Turner refiere la verdadera historia de una sangrienta rebelión de esclavos que se suscitara en 1831 en Virginia; no obstante lo cual, grupos de militantes afroamericanos arremetieron contra nuestro autor acusándolo de racismo, pues para ellos el protagonista resultaba ser un negro con mentalidad del ominoso blanco norteamericano.

La decisión de Sophie (1979), que relata las vicisitudes de una superviviente del Holocausto, fue llevada al cine e interpretada por Meryl Streep con un gran éxito internacional. Con esta novela nuestro autor volvió a conocer la gloria, sin embargo, también tuvo que enfrentar una serie de cuestionamientos, ya que fue acusado de hacer una utilización acrítica de la exterminación de los judíos europeos por los nazis en aras de la comercialización.

En 1993 publica Una mañana a la orilla del mar: Tres relatos de juventud, cuyo sustento narrativo descansa en los momentos dolorosos de su infancia (amén de ciertas obras póstumas). Pero antes da a conocer su texto Esa visible oscuridad: Memoria de la locura (1990), sobre el cual deseo abundar con cierto detalle.

De este relato, titulado de manera exacta como Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, surge inexorable el testimonio de un hombre que se enfrenta con el infierno. Los abismos de la locura y la inconsistencia de psiquiatras y la medicina, más los deseos de muerte, el suicidio, se entrelazan vertiginosamente para abatirlo.

En ciertos instantes pareciera que su autor refiere una honda y, al mismo tiempo, terrible pesadilla de ficción que reúne todos los elementos necesarios para su inequívoca cristalización. Sin embargo, nada de lo escrito es resultado de la imaginación creadora. Styron nos habla de la experiencia vivida, de su propio caso clínico.

Nuestro autor visita al psiquiatra por presentar insomnio, pero, en realidad, es objeto de un trastorno depresivo mayor (TDM), nunca diagnosticado oportunamente.

Y a pesar de que “el horror de la depresión es tan abrumador que excede con mucho toda posibilidad de expresión”, Styron viaja a París para recibir un premio, el cual bien valía un regocijo interior; no obstante, su actuación es desastrosa. A su retorno nada cambia. Su malestar se agudiza. Se encuentra inmerso en el pánico, en la ansiedad; hay confusión, fallas de enfoque mental, agitación, temor difuso. “La oscuridad me invadía tumultuosamente, tenía un sentimiento de terror y enajenación, y, sobre todo, de sofocante ansiedad”. Experimentaba “pánico y desgobierno, y la sensación de que el proceso de mi pensamiento se hundía bajo una marea tóxica e inenarrable que obliteraba toda respuesta placentera al mundo viviente.”

Debido a su afección, Styron investiga en diversos textos de autoridades en la materia, además de acudir con otro especialista; los anteriores a quienes recurrió por insomnio, que aún persistía, sólo le recetaron dosis de halcion y lorazepam. Pero su estado no se modifica. “La locura de la depresión es, generalmente hablando, la antítesis de la violencia. Es una tormenta, sí, pero una tormenta de tinieblas. Pronto se manifiestan síntomas como la lentitud cada vez mayor en las respuestas, una semi parálisis, el corte de la energía psíquica hasta casi cero. Por último es afectado el cuerpo, y se siente socavado, exangüe.”

Por ello, ya empieza a definirse por el suicidio, que no lleva a cabo porque oportunamente pide se le interne en una institución mental. En este sentido, Styron hace un llamado con respecto al uso del halcion, cuya peligrosidad no es cosa de la imaginación, pues, si así fuese, no hubiera sido “terminantemente prohibido en los Países Bajos”, afirma. Pero también llama la atención sobre la negligencia de algunos médicos al prescribir dosis de otros medicamentos similares sin un diagnóstico adecuado.

De impecable factura, Esa visible oscuridad: Memoria de la locura nos arroja a la terrible odisea del infierno interior, pero además nos obliga a reflexionar acerca de nuestra vulnerabilidad en manos no siempre consecuentes con su profesión.
Finalmente, estimado lector, lo invito a leer todas sus obras como un mínimo homenaje.

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Con voz propia

#Justicia para….

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Contrafilo

José García Segura

En dos semanas más se conmemora en México el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer. Ese festejo será triste otra vez. Hace apenas 24 horas, Florisel Ríos Delfín, alcaldesa perredista de Jamapa, Veracruz fue secuestrada y asesinada por un grupo armado que opera en la región.

La semana anterior, policías de Cancún, Quintana Roo pusieron fin, a tiros, a una manifestación feminista. Para no ir muy lejos, ¿Se acuerda usted de Diana (Diana Carolina Raygoza Montes) estudiante nayarita asesinada hace tres años en su propia casa?, y de la estudiante mexiquense, o de….

Un reporte reciente del Sistema Nacional de Seguridad Pública refiere que feminicidio, homicidio culposo, lesiones dolosa y/o culposa,
secuestro y trata de personas están a la alza, aun en medio de la pandemia.

Deje le cuento que el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer se conmemora cada 25 de noviembre en honor a
las activistas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, asesinadas hace más de medio siglo por la policía secreta del entonces presidente dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Día de la NO violencia verbal o física, sexual, psicológica… contra indígenas, refugiadas, migrantes, que habitan en comunidades rurales o
remotas, indigentes, recluidas, con alguna discapacidad, ancianas o que enfrentan un conflicto armado.

Violencia de pareja o no. Violencia doméstica o no; violencia patrimonial, económica…

La Organización de Naciones Unidas revela que “mujeres y niñas constituyen la mitad de la humanidad” y que la violencia contra ellas
se ha convertido en un grave problema de salud pública.

Para la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres “han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual
por terceros en algún momento de su vida”.

Expertos aseguran que la violencia de pareja tiene un elevado costo social y económico para la mujer, su familia y la sociedad y que puede
tener consecuencias mortales, como el homicidio o el suicidio.

En México el Instituto de las Mujeres publicó recientemente un texto alusivo:

“No es mi cumpleaños o ningún otro día especial; tuvimos nuestro primer disgusto anoche y él me dijo muchas cosas crueles que en verdad
me ofendieron. Pero sé que está arrepentido y no las dijo en serio, porque él me mandó flores hoy.

No es nuestro aniversario o ningún otro día especial; anoche me lanzó contra la pared y comenzó a ahorcarme. Parecía una pesadilla, pero de
las pesadillas despiertas y sabes que no es real; me levanté esta mañana adolorida y con golpes en todos lados, pero yo sé que está arrepentido; porque él me mandó flores hoy.

Recibí flores hoy y no es día de San Valentín o ningún otro día especial; anoche me golpeó y amenazó con matarme; ni el maquillaje o las mangas largas podían esconder las cortadas y golpes que me ocasionó esta vez.

No pude ir al trabajo hoy, porque no quería que se dieran cuenta. Pero yo sé que está arrepentido; porque él me mandó flores. Recibí flores hoy y no era el día de las madres o ningún otro día especial. Anoche el volvió a golpearme, pero esta vez fue mucho peor.

¡Le tengo tanto miedo! dependo tanto de él que temo dejarlo. Pero yo sé que está arrepentido, porque él me mandó flores hoy.

Recibí flores hoy. Hoy es un día muy especial: “Es el día de mi funeral”.

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Con voz propia

Ackerman, el Covid y otras historias de horror

Ramses Ancira

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Historias para armar la Historia

Ramsés Ancira

 Esta semana John Ackerman mostró que no tiene ningún rigor profesional como comunicador, es un vulgar propagandista del gobierno en turno y ni siquiera tuvo el tacto de aprovechar la oportunidad periodística para abordar el tema de la violencia y los feminicidios en Cancún, como atinadamente se lo propuso la conductora Sabina Berman en el programa “John y Sabina”.

Con tono conciliador, Sabina Berman inició la emisión en vivo del programa del 10 de noviembre: “Esta noche como notarán, hemos vuelto al formato original del programa, el formato que mantuvimos a lo largo de todo el año pasado, el formato igualitario. A veces yo presento, a veces John lo hará, ambos elegiremos los temas a tratar y los invitados, y no habrá un conductor que ceda y quite la palabra. La igualdad tiene sus problemas, sus tropiezos, pero la igualdad es más fértil que el monotemático autoritarismo”.

Durante la hora de duración del programa, Ackerman jamás le respondió a Berman. Definitivamente no es el mismo que hace seis años convocaba a la participación ciudadana en los grandes debates de México.

Conocí a John Ackerman en el Club de Periodistas de México, durante una conferencia de prensa donde se hablaba de la corrupción de Enrique Peña Nieto como gobernador del Estado de México y de todos los gastos injustificados de su administración.

Dio tres datos que se me quedaron en la memoria, uno de ellos el presupuesto destinado a desayunos escolares, si se hacía la cuenta del dinero y se repartía entre el número de desayunos, resultaba que el precio promedio era más alto, que los costos más altos de los menús en restaurantes.

El otro fue que a todos y cada uno de los diputados del Estado de México, incluidos priistas, panistas y perredistas, les había regalado una camioneta de lujo al terminar su administración y empezar a prepararse como candidato a la presidencia de la República. Al parecer solo un legislador, del Partido del Trabajo, había rechazado el regalo.

El tercer dato que dio Ackerman estaba relacionado con las obras que se habían encargado en el Estado de México a la empresa española OHL para la construcción de vialidades. Los contratos establecían, según se dijo entonces, que a cambio de la concesión de carreteras urbanas se realizarían obras gratuitas, situación con la que no habían cumplido.

En 2014, Ackerman lanzó la iniciativa de un Congreso Popular. La inscripción podía hacerse por internet y la posibilidad de una democracia real, con la participación directa de los ciudadanos y no a través de representantes que ni conocemos, ni realmente nos representan. Realmente me entusiasmó. Me adherí al proyecto.

Los niveles de violencia y agresión a los que hemos llegado, dijo entonces  el también profesor de la UNAM, son inadmisibles.  Las marchas son buenas, pero desgastantes. “Los desplegados de las grandes figuras públicas también son importantes, pero tienen menos impacto que antes…tenemos que empezar desde ahora a construir experiencias de poder popular y de trabajo conjunto”.

El primer y prácticamente último acto del Congreso Popular fue una marcha para protestar “por el traslado de lo público a lo privado”. El aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917 fue la ocasión para anunciar el inicio de una serie de debates sobre los asuntos nacionales más importantes.

¡Que se vayan todos!, era la consigna.

Artistas como Daniel Giménez Cacho, y académicas como Irma Sandoval, entonces directora del Laboratorio de Documentación y Análisis de la Corrupción y la Transparencia de la UNAM, convocaron al Congreso Popular, en aquel tiempo se ignoraba que era la esposa de Ackerman.

También participaron en este Congreso varios escritores, como Elena Poniatowska, Javier Sicilia, Julio Hernández, autor de la columna Astillero, Guadalupe Lizárraga, fundadora de Los Ángeles Press y Paco Ignacio Taibo, además del autor de esta columna.

Ese mismo año, ocho meses después ocurrió la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, pero el Congreso Popular no realizó deliberaciones. Prácticamente había desaparecido. Tengo la impresión de que muchos de los convocantes sintieron que Ackerman solo deseaba llevar agua a su molino.

Así lo señaló recientemente el director de la revista Proceso, Jorge Carrasco, cuando dijo que este es un proyecto periodístico y no un proyecto político como el de Ackerman y agregó “tus declaraciones sobre el “periodismo sicario” no pueden ser compartidas por esta casa editorial”.

En efecto, el reduccionismo de Ackerman de comparar a quien tenga el mínimo desacuerdo con el proyecto presidencial, con un asesino a sueldo del crimen organizado, no debería ser tolerado en un programa subsidiado por un medio público como es Canal Once.

 

El Covid y las clases sociales

Algo mal debe estar haciendo la Secretaría de Salud si todos los días aparece México entre los cinco países con mayor número de muertes por Covid, y una posibilidad es que lo que está mal es ser demasiado obedientes con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre qué medicinas se pueden usar y cuáles no.

El Tec de Monterrey montó un hospital para atender a enfermos de COVID y ha muerto uno de cada 10 pacientes; en la Secretaría de la Defensa Nacional 12 de cada 100; en la de Marina 16 de cada 100 y en Hospitales Privados 18 de cada 100. En los Institutos Nacionales la muerte asociada a este virus es del 27%, en los Hospitales de PEMEX del 36%; en el ISSSTE el 38% y en el IMSS 43%.

No se vale lo que dijo Hugo Gatell de que los muertos ya están muertos. Urgen congresos de médicos, que pueden ser virtuales, para que nos cuenten sus experiencias buenas y malas; las medicinas que emplearon y los resultados que tuvieron.

 

Bitácora suplementaria

Las críticas al presidente Andrés Manuel López Obrador por no felicitar a Joe Biden como presidente electo de Estados Unidos han llegado de todas partes. En realidad, la Doctrina Estrada de no reconocer ni desconocer gobiernos, al menos hasta que estos sean oficialmente reconocidos, ha sido benéfica en la historia de México. Hoy, y hasta enero, Donald Trump seguirá siendo presidente y sigue tomando decisiones radicales, como la de haber despedido al jefe del Pentágono Mark Esper.

Apenas el 11 de noviembre se hizo oficial el triunfo de Trump en Alaska. Esto no cambia los resultados definitivos, pero ¿cuál es la prisa?

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