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Crónica de género: «La herencia moral de los pueblos»

Crónica de género en primera edición aborda la vida de Miriam Fabiola Soto, historiadora y cronista de la revolución de Badiraguato, Sinaloa

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Crónica de Mujeres sinaloenses

El XXXV Congreso de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas se realizará en Sinaloa del 26 al 29 de julio

La milagrosa experiencia de vida de Miriam Faviola Soto Quintero

“La historia es una corriente vigorosa de tradiciones, anhelos comunes e ideales mutuos: La herencia moral de los pueblos»

Cronista e historiadora Miriam Faviola Soto Quintero Foto: Miguel Alonso Rivera

Por Miguel Alonso Rivera *

Nadie se explica cómo logró sobrevivir a tan terrible accidente. Nadie entiende como Miriam Faviola Soto Quintero se ha logrado recuperar de las lesiones tan serias que sufrió. Regresaba de comprar unas pastillas para la gripa en la farmacia de la esquina cuando, el 1 de abril de 2012 por la noche, fue atropellada. Al estar en la seguridad de las puertas de su casa no se percató del motociclista que subió a la banqueta para atropellarla.

Fue el impacto de una cuatrimoto grande que iba a exceso de velocidad, al parecer jugando carreras, lo que le ocasionó traumatismo craneoencefálico y fractura de cadera. El imprudente conductor iba acompañado de otras personas en el vehículo y se dio a la fuga. El impacto que sufrió Miriam Faviola la impulsó a varios metros de distancia dejádola inconsciente. Así la encontraron sus familiares, agonizando en un charco de sangre tirada en la calle. Inmediatamente se dieron cuenta de la gravedad de la situación. Fue trasladada y hospitalizada en el área de terapia intensiva del Hospital Regional del ISSSTE “Dr. Manuel Cárdenas de la Vega” con un diagnóstico de pocas probabilidades de vida.

El neurólogo Miguel Humberto García Inda Villa la valoró de inmediato. El director y subdirector Martín Gaxiola y Efrén Encinas, al tener conocimiento del caso, expresaron su apoyo y cuidaron de su atención médica. Alguien le dijo a la familia: “Hay que prepararse para lo peor”. Pero Miriam logró sobrevivir en la Unidad de Cuidados Intensivos bajo la diligencia y fidelidad al paciente por parte de enfermería. Fue observada por el neurocirujano Sergio Antonio Mancillas Manjarrez y el traumatólogo De la Vega. Veintiún días después, el 22 de abril, la dieron de alta.

Durante los primeros dos meses requirió de cuidados y atenciones especiales en su hogar. Necesitaba auxilio para cualquier movimiento que quisiera realizar. La aseaban y le cambiaban los pañales en una cama donde estaba acostada todo el día. La situación económica era difícil y requería con urgencia de apoyo para salir adelante, de lo contrario el deterioro sería inminente.

No obstante, la ayuda llegó de donde menos imaginaba. “Estoy muy agradecida con el señor Juan Ernesto Millán Pietsch» –expresa-, «porque fue quien me dio lo que necesitaba para recuperarme». Miriam se refiere al funcionario titular de la Secretatría de Desarrollo Social y Humano, dependencia que la ayudó con una silla de ruedas, una andadera, un bastón, y apoyo económico para la terapia física. En mayo empezó a dar sus primeros pasos con una andadera, para junio ya podía usar el bastón. Los médicos que la atendieron califican su recuperación de impresionante. Es raro que alguien que es atropellado y sufre golpes tan severos, como en el caso de Miriam, se pueda salvar y mucho menos recuperar de una forma tan increíble.

Uno de sus secretos, dice, es la alegría. Ya desaparecieron las escoriaciones de su cuerpo y las hematomas de su rostro. También ha logrado recuperar la movilidad que había perdido en sus manos, extrañamente después de quitarle unas suturas de su cráneo. Han pasado casi cuatro meses y se ha fortalecido. Hoy en día, camina sin bastón dentro de su casa pero requiere andadera y silla de ruedas para acudir al centro de rehabilitación donde sigue con ahínco su terapia física. «No recuerdo nada. Mi memoria se borró –admite al contar su experiencia-, del día del accidente al momento en que abrí los ojos en el hospital no tengo ningún recuerdo”. Su familia la acompaña con sonrisas. Miriam no entiende qué fue lo que sucedió. Quizás no había llegado la hora de partir. Miriam es una cronista brillante. No cesa en su actividad creativa y tiene varios proyectos. Por eso, quizás, sigue aquí: porque tiene una cita con la historia y con su destino.

Miriam Fabiola en su convalecencia Foto: Miguel Rivera

Una cita con la historia

Miriam Faviola Soto Quintero nació en Alisos, Badiraguato el 20 de agosto de 1974, siendo la primera de dos hijas y un hijo de Héctor Soto Iribe e Irma Quintero Valenzuela, ambos originarios de Alisos y El Mezquite, Badiraguato, respectivamente. Su educación primaria y secundaria la realizó en escuelas públicas. Al culminar una carrera técnica, fue secretaria en el área de organización electoral  durante las elecciones locales en Sinaloa de 1992. De 1993 a 1997 fue secretaria de un funcionario electoral.

Durante 1998 se desempeñó como secretaria en un despacho de abogados y después en el XII Consejo Distrital Electoral para la organización de las elecciones locales de ese año. “Sin saber todavía si encontraría trabajo decidí renunciar a esas actividades, porque deseaba seguir estudiando y eran trabajos muy estresantes y absorbentes que, de continuar en ellos, no me lo permitirían».

De 1999 a 2000 fue secretaria del Director del Desarrollo del Deporte del Instituto Sinaloense de la Juventud y el Deporte (ISJUDE), actualmente Instituto del Deporte (ISDE), colaborando en la realización del 1er. Congreso Nacional de Medicina y Cultura del Deporte, y 1er. Encuentro Internacional de Profesionales de Medicina del Deporte y Ciencias Afines.

Durante esa misma época ingresó a la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), para ser –a partir de ese momento –siempre universitaria, al cursar la preparatoria en la Escuela Central Nocturna Semiescolarizada de la UAS.

Tenía que cumplir su primer cita con la historia: su vida cambió al ingresar al Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa (AHGS), el año 2000, al comenzar a desarrollar trabajos como archivista e investigadora. Era su primera contribución al libro Historia de la Educación en Sinaloa. Línea del Tiempo sobre Educación 1900-2000 editado por COBAES, AHGS y SEPyC, con la coordinación de los maestros en Ciencias Gilberto J. López Alanís y Margarita Armenta Pico.

Por su experiencia, en 2001, fue convocada para ser capacitadora electoral para las elecciones locales en Sinaloa de ese año. En 2002, colaboró en la Línea del tiempo del municipio de Badiraguato al trabajar en el Tomo I de la Colección “18 Encuentros con la Historia”. Este trabajo fue dedicado a Badiraguato, bajo auspicios instancias gubernamentales y culturales como la academia “Roberto Hernández Rodríguez”, AC, coordinados por José María Figueroa Díaz y Gilberto J. López Alanis.

“Redescubrí mi pasión por la historia. Todo lo que tiene que ver con el pasado me encanta, especialmente el amor a mis raíces y el periodo de la revolución en Badiraguato”, dice.

Fue así como acudió a su segunda cita con la historia en 2003, al seguir su vocación en la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), y obtener una beca del Proyecto Censo Guía de Archivos de Iberoamérica. Este proyecto fue posible gracias al auspiciado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España y la coordinación del Archivo General de la Nación, a través del Sistema Nacional de Archivos. De manera sobresaliente culminó su carrera como licenciada en Historia en 2007. Durante ese tiempo, fue Consejera Técnica de la Facultad de Historia de la UAS de 2003 a 2005 y posteriormente, Consejera Universitaria representando a la Facultad de Historia de la UAS, de 2005 a 2007.

Durante esa época de estudios, en 2004, participó en la elaboración de la Guía General del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa. Voz vieja (en Cahíta). Revista del AHGS y colaboró en la publicación Ciudad Universitaria (Culiacán) Utopía y realidades, bajo los auspicios del AHGS e Instituto de Investigaciones Económicas de la UAS. Ambos trabajos editoriales bajo la dirección de Gilberto J. López Alanís.

En 2005, participó en el trabajo Conductas y representaciones ante la muerte en el Noroeste y Occidente de México en las postrimerías de la Colonia 1750-1820, que encabezó el Dr. Samuel O. Ojeda Gastélum, Coordinador de la Maestría en Historia de la UAS.

En 2006, participó en el II Encuentro de Historiadores de Sinaloa: su quehacer y perspectiva con la ponencia «Población y vida en Badiraguato durante la revolución», y en la Segunda Jornada de Historia Sociocultural de la Facultad de Historia de la UAS presentó la ponencia «Rasgos demográficos de Badiraguato durante los años revolucionarios (1910-1920)», en la que hizo hincapié en un Badiraguato visto a través de los documentos del Registro Civil.

En ese mismo año, inició su trabajo asistiendo al investigador Alonso Martínez Barreda, catedrático de la Facultad de Historia de la UAS, sobre la Revolución en Sinaloa.

Asimismo acudió a los Seminarios La religión y los jesuitas en el noroeste novohispano del Colegio de Sinaloa en 2007 y en el Seminario Internacional sobre Gobierno y Políticas Públicas, con el tema Gestión para el Desarrollo: Los retos del sector público ante la crisis, en 2009.

En 2010, acudió a su tercera cita importante con la historia, al escribir y publicar la Monografía de Badiraguato, proyecto coordinado por La Crónica de Sinaloa. Ha participado en diversos cursos, seminarios y diplomados de desarrollo integral de equipos laborales, ortografía y redacción avanzada, relaciones humanas y motivación laboral, administración de tiempo y manejo de prioridades, diplomados en administración de documentos, archivística general así como selección y valoración documental.

Desde 2010 es miembro activo de La Crónica de Sinaloa, tomando protesta al presentar como requisito un artículo de la historia del municipio de Badiraguato, y actualmente participa activamente con trabajos relativos a la historia de este municipio.

La muerte de Matías Lazcano, noticia de 1950 Foto: Archivo Histórico de Sinaloa

El estudio de las muertes como servicio social

“Mi servicio social –comenta- lo hice trabajando en el «proyecto Fuentes» para el estudio de las defunciones en Culiacán durante la segunda mitad del siglo XIX, en apoyo al titular de la investigación, Samuel Octavio Ojeda Gastélum. El trabajo consistía en la captura de testamentos obtenidos del Archivo General de Notarías y obtener información de las actas asentadas en los libros de defunción del Registro Civil del Municipio de Culiacán. De estos documentos, se tomaba el número de acta, el mes de fallecimiento, la causa de muerte, el sexo, edad, la ocupación, el mes del deceso y el lugar donde ocurrió el deceso”.

“La información –explica- que contienen los testamentos, así como la que se logró extraer de las actas sirvió para la construcción de una base de datos». Ello permitió al encargado del proyecto recrear un escenario y orientar a futuros investigadores sobre un estudio de la muerte y sus causas, la religión de las personas, cómo se hacían sus testamentos y qué información contenían. También ayudaba esta base de datos a estudiar algunas familias sobre su estatus económico, programas de salud, enfermedades, rango de edad en los fallecimientos, las profesiones con las que se contaban en la época y a qué se dedicaba la población y los lugares en los que ocurrían mayores decesos. Otro dato que se aportaba era medir en qué meses del año ocurrían más muertes y cuáles eran las causas, para poder explicar los factores que influían en las enfermedades. «Todo lo anterior quedaba en dichas fuentes documentales”, dijo.

“El objetivo principal de mi trabajo fue mostrar a los futuros prestadores del servicio social la importancia de contribuir con nuestros estudios al desarrollo de la sociedad», dice Miriam. “Pienso –sostiene- que es de gran importancia para nuestra sociedad conocer la historia de nuestros ancestros y con la información que he obtenido en mis investigaciones siempre he buscado enriquecer la historia del estado de Sinaloa, y el municipio de mis raíces, Badiraguato”.

Fue así como Miriam amplió el trabajo, por inquietudes personales, a Badiraguato, Cosalá, Concordia, Mazatlán y Mocorito. Los datos tomados de diferentes fuentes documentales comprendieron del año de 1829 a 1899.

“Durante cualquier investigación –reconoce- debemos estar concientes de que existen ciertos peligros al verificar los libros del registro civil y uno de ellos es el de salirse del protocolo del proyecto, ya que uno puede dejarse llevar por otros hechos, que son de gran importancia, pero poco tienen que ver con nuestro objeto o problema de investigación, restando así tiempo de culminación del proyecto, pero dando inicio, al mismo tiempo, al posible desarrollo de otros temas”.

Por ejemplo, independientemente de las defunciones de ese periodo, del análisis de este trabajo advirtió que durante esa época tuvo lugar una mejora y una baja en la exportación de garbanzo, debiéndose esto tanto a los factores internos como externos, dígase la Segunda Guerra Mundial y el proteccionismo de países como Estados Unidos.

Los archivos históricos en Sinaloa

El 23 de agosto de 1999, el gobierno de Sinaloa firmó el decreto que dió lugar a la creación del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa, el publicado el 15 de septiembre en el Periódico Oficial del Estado. La inauguración fue el 8 de octubre de ese mismo año.

El 13 de agosto de 2001, los acervos del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa fueron trasladados al edificio de la calle Gral. Antonio Rosales No. 256 Pte., del Centro Histórico de Culiacán, edificio que era ocupado por la Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa y tras su cambio, este inmueble pasó a ser el depositario del acervo documental de Sinaloa.

“El entonces gobernador –argumentó para la creación del Archivo Histórico- en su Plan Estatal de Desarrollo que, de manera cotidiana, en las diversas dependencias de la Administración Pública Estatal, se generan numerosos acontecimientos y actos políticos, jurídicos y sociales que marcan la vida y la historia de la entidad, quedando como testimonio los documentos, que serán las únicas pruebas fehacientes en un futuro y que, por carecer de un lugar adecuado para concentrarlos, se dispersan, dificultando la posterior reconstrucción de la historia del estado”. A partir de ahí se ha dado el rescate de la historia en Sinaloa.

“Por eso, recuerda Miriam, fue un honor para mí, hacerme responsable del Departamento de Fondos Históricos, Colecciones y Restauración del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa». Ahí estuvo de enero de 2011 al 9 de febrero de 2012, dependiente de la Secretaría General de Gobierno, y participar en el Programa Operativo Anual 2012”. Ésa fue su cuarta cita importante con la historia.

“Una satisfacción personal –recuerda- fue recibir, en enero de 2012 -en calidad de resguardo-, el acervo cultural de la primer escuela de periodismo en el noroeste de México, la Escuela de Comunicación Social, y por eso mantengo mi deseo de impulsar la creación, desde entonces, de la Biblioteca “María Teresa Zazueta y Zazueta” en el Archivo Histórico de Sinaloa”.

Su quinta cita con la historia fue el 2 de septiembre de 2011, en Sesión Extraordinaria, cuando fue aprobado por unanimidad de los regidores en Sala de cabildo, los nombramientos de cronistas oficiales del municipio de Badiraguato, en las figuras de Miriam Faviola Soto Quintero y José de Jesús Caro Medina.

Dos meses después, el 12 de diciembre de 2011, fue inaugurado el proyecto de creación del Archivo Municipal e Histórico de Badiraguato con el propósito de poder divulgar los valores humanos, regionales e históricos que fortalezcan la identidad cultural de los badiraguatenses. En ese escenario, Miriam presentó el libro Badiraguato, una monografía en la que relata los postulados básicos de la Revoución Mexicana y la historia del municipio. Actualmente, la cronista, aunque en recuperación, sigue trabajando en el fortalecimiento del Archivo Municipal e Histórico de Badiraguato.

Su sexta cita con la historia se dio cuando, siendo desde 2011, tesorera de La Crónica de Sinaloa, AC, encabezó los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2012, el XII Congreso Estatal de la Crónica de Sinaloa, AC, en Mocorito, Sinaloa. Miriam fue, a partir de entonces, parte importante del comité organizador del XXXV Congreso de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas, A.C., a desarrollarse en las ciudades de Guamúchil, Mocorito y Angostura, Sinaloa del 26 al 29 de julio próximos, del año en curso.

Recuerda que el último Congreso Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas celebrado en Sinaloa correspondió a la XXIV edición y fue del 26 al 30 de septiembre de 2001, en el Casino de la Cultura en Culiacán, con una inusual invitación del Capitán José Román Pedregal Soto, entonces Director de Prevención y Readaptación Social, que lo hizo inolvidable para muchos: una comida en la penitenciaría de Aguaruto, en la que los cronistas convivieron con los internos rehabilitados del Programa Tú Puedes Vivir sin Drogas.

“A este Congreso, a esta cita con la historia, no puedo acudir físicamente, pero en espíritu estaré con todos mis compañeros cronistas”.

La herencia moral de los pueblos

“La historia es una corriente vigorosa de tradiciones, anhelos comunes, ideales mutuos», describe Miriam: «es la herencia moral de los pueblos”. Defensora de la historia, enfatiza que la historia no admite fraudes ni escamoteos. Lo que ya fue, es inmutable, guste o no a las personas. Intentar falsear la historia es pretender cambiar lo que no puede ser cambiado sino a condición de mentir, señala. «La mentira en la historia de los pueblos es un monstruoso atentado, porque corrompe y disgrega”.

He visto, reconoce, en muchas ocasiones, un obstinado afán de adulterar el pasado de los pueblos, pero es una pretensión tonta intentar falsear la verdad histórica por capricho. Todo lo que es parte del pasado está fuera de nuestro alcance cambiarlo. Son parte del tiempo que nos precede y debe respetarse. Lo digo porque –comenta- la misma historia registra vanos intentos por alterarla pero no se puede lograr cambiar algo que ya se encuentra dentro de nuestro corazón y nuestros recuerdos históricos, todo eso forma parte de nuestra Patria.

Miriam tiene muchas citas con la historia que cumplir todavía, aunque no pueda acudir a este Congreso Nacional. Y tiene claras sus definiciones: “Definitivamente para saber hacia dónde vamos primero tenemos que saber de dónde procedemos. Debemos honrar a México, a Sinaloa, que con ello honraremos nuestra vida y pondremos cimientos a nuestra identidad como compatriotas, como paisanos y como seres humanos”, concluye.

 * El autor es miembro de La Crónica de Sinaloa, A.C. (periodismoespaciodigital@gmail.com)

 

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Masacre El Charco, 24 años de impunidad del Ejército mexicano

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El 7 de junio de 1998, el Ejército mexicano masacró a diez campesinos indígenas en El Charco, Ayutla de los Libres, Guerrero. Los campesinos descansaban en la Escuela Primaria «Profr. Caritino Maldonado Pérez», después de una reunión sobre proyectos productivos para la comunidad, cuando fueron rafagueados, les lanzaron dos granadas, detuvieron a 25 personas, de las cuales dos estuvieron presos y fueron torturados.

Desde entonces, ha sido una larga lucha por la justicia para las víctimas que ha liderado la organización Red Solidaria Década contra la Impunidad, AC, ante diferentes instancias mexicanas, y posteriormente ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que tardó seis años en admitir el caso para su revisión. Por lo que a 24 años de la masacre, la organización mantiene la exigencia de justicia que ha ignorado el Estado mexicano.

Comunicado Red Solidaria contra la Impunidad

A 24 AÑOS DE LA ATROS MASACRE DE EL CHARCO, AYUTLA DE LOS LIBRES, GUERRERO, COMETIDA POR INTEGRANTES DEL EJERCITO MEXICANO, MANTENEMOS LA EXIGENCIA DE JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS; NO PERDONAMOS, NO OLVIDAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS.

El 16 de julio del 2012, la Red Solidaria Década Contra la Impunidad AC solicitó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) la Petición de Admisibilidad del caso la masacre de El Charco. Para el 19 de diciembre del 2018, la CIDH nos otorga el Informe de Admisibilidad 166/18, en diciembre del 2018.

El caso gira en torno a que el 7 de junio de 1998, en la comunidad del Charco, Ayutla, Guerrero, el ejército mexicano masacró a 10 campesinos indígenas Nu’Saavi y al estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, Ricardo Zavala Tapia, 4 adultos y un niño fueron gravemente heridos, mientras  que otras 22 personas, 4 de ellas adultos y un niño y una estudiante universitaria, fueron ilegalmente detenidas y posteriormente torturadas.

Actualmente representamos  a 3 viudas y a la familia del estudiante de la UNAM, Ricardo Zavala Tapia, a 6 sobrevivientes, entre quienes se encuentran Ericka Zamora Pardo y Efrén Cortes Chávez, por lo que nos unimos con las víctimas para recordar la deuda de justicia que existe a 24 años plagados de impunidad. Las víctimas aún siguen caminando en busca de la justicia, tienen sus esperanzas en que la CIDH, emita su Informe de Fondo y de traslado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y a nivel internacional se logre la justicia que a nivel nacional no se logró.

Hoy traemos a la memoria que Ericka Zamora Pardo, junto con Ricardo Zavala Tapia, entonces estudiantes de la UNAM, soñadores y comprometidos con las causas del pueblo, fueron agredidos por el Estado; Ricardo ejecutado extrajudicialmente, Ericka torturada, acusada de formar parte de un grupo guerrillero, ingresada al penal de máxima seguridad de “Puente Grande”, exclusivo para varones, por ser catalogada de alta peligrosidad. Efrén Cortes Chávez, activista social que se encontraba en la comunidad de El Charco, también fue torturado y encarcelado, ambos; Ericka y Efrén salieron absueltos de la prisión 4 años después de su detención.

Sin embargo, los generales que encabezaron esta masacre, Juan Alfredo Oropeza Garnica y Luis Humberto Portillo Leal, militares expertos en contrainsurgencia que combatieron al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, se mantienen totalmente impunes. Los obstáculos enfrentados por las víctimas, son el termómetro que mide la impunidad en este país, es tiempo de derribar la impunidad que prevalece y se pueda lograr la verdad y justicias para las víctimas, México tiene una deuda histórica con las víctimas y con la comunidad de El Charco. Las víctimas hoy encienden una luz contra la impunidad.

¡NO PERDONAMOS, NO OLVIDAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS!

¡HASTA QUE LA JUSTICIA SE SIENTE ENTRE NOSOTROS!

 Responsables: Ericka Zamora Pardo y María Magdalena López

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El infierno de ser mujer, migrante y negra en México

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Por Rodrigo Soberanes

MÉXICO – Joy es originaria de Camerún. Logró llegar viva a Tijuana, en Baja California, en el noroeste de México. Betty nació en Haití y viajó hasta Tapachula, en el sureño estado de Chiapas, al igual que Elena, proveniente de El Congo. Las tres huyeron de sus países para escapar de un destino de pobreza, violencia y muerte.

Recorrieron miles de kilómetros. Un largo camino lleno de abusos, maltratos y discriminación. Llegaron a México con la esperanza de una vida mejor. No la encontraron.

Como ellas, miles de personas provenientes de Haití y África que en los últimos años han llegado a México, forman parte de un flujo inédito en la historia de este país.

La situación de vulnerabilidad de estas mujeres migrantes es evidente. Alejandra Elizalde Trinidad, coordinadora del Programa de Género de Formación y Capacitación  (Foca), califica la situación humanitaria que atraviesan de “terrible”.

Un ejemplo son las originarias de Haití quienes padecen “subordinación racial y xenofóbica”, señala E. Tendayi Achiume, relatora especial de las Naciones Unidas sobre las Formas Contemporáneas de Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia.

Elena, de El Congo

Elena huyó de la guerra civil en El Congo, viajó hasta Brasil donde encontró otro tipo de violencia: el desprecio por ser pobre… Y negra.

Con su familia emprendió el viaje hacia el norte, pero a la mitad del camino encontró un nuevo infierno: la selva conocida como el Tapón de Darién, una de las regiones más peligrosas del mundo para las personas migrantes, que separa a Colombia de Panamá, y está controlada por bandas de narcotráfico y tráfico de personas.

Elena fue una de sus víctimas. Durante 10 días fue separada de su esposo e hijo de ocho años, para ser convertida en esclava sexual. Cuando finalmente lograron escapar, pudieron llegar a Tapachula, Chiapas. Pero su alma quedó atrapada en la selva de El Darién.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2021 más de 133 000 personas migrantes cruzaron el Tapón del Darién; cuatro veces mayor al récord de 2016, cuando pasaron por esa región selvática unos 30 000 migrantes.

En Tapachula –ciudad mexicana fronteriza con Guatemala– muchas personas migrantes, sobre todo de Haití y África, viven en casonas o grandes construcciones con una multitud de habitaciones pequeñas llamadas cuarterías.

Cuarterías, habitaciones muy pequeñas donde se hacinan personas migrantes en Tapachula. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

En una de esas cuarterías un joven originario de El Congo grita desesperado, una mezcla de portugués y español. Es Djingo, el esposo de Elena. “¡La máquina de la prostitución está funcionando en México!”, grita el congolés.

Sus vecinos en la cuartería, que sostenían una intensa discusión sobre la forma de abandonar Tapachula, enmudecen. Saben que Elena se ha visto obligada al trabajo sexual, porque su esposo no ha logrado conseguir un empleo.

“¡Sus manos, sus manos!”, insiste Djingo sobre su esposa. “¡Están manchadas por el contacto con tanta persona!”. En la cuartería donde se encuentran, como en el resto de la comunidad migrante de la frontera sur, es secreto a voces que las crueles prácticas sexuales de El Tapón del Darién también llegan a Tapachula y persiguen, sobre todo, a mujeres vulnerables.

Djingo, en la azotea de la cuartería donde vive junto a su esposa e hijo de ocho años. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

La dramática experiencia marcó la vida de la mujer migrante. Las huellas visibles están en sus manos con manchas y escoriaciones, que parecen surcos que se prolongan hasta los antebrazos.

La familia no sabe qué son. Ningún médico la ha revisado, pero Elena cree que es una reacción al estrés, que su cuerpo grita algo por el dramático paso por El Darién.

Necesita ayuda, no sólo por las manchas sino porque desconoce el impacto por el daño físico por los días de esclavitud sexual sin métodos de protección. También requiere apoyo psicológico con urgencia, sobre todo porque sigue sometida a un infierno.

Elena se comunica más con su lenguaje corporal que con el habla. Se muestra silenciosa, casi por completo. Esconde sus manos entre las telas de su vestido. Las escoriaciones son un símbolo de su martirio en la selva, pero esas sólo son las huellas visibles, las otras se notan en la mirada triste y apagada, por momentos, ausente.

Joy, de Camerún

Joy –no es el nombre real, pidió usar este por seguridad– tiene 39 años y es enfermera. Escapó de Camerún, su país natal, donde era perseguida política e intentó refugiarse en Ecuador, en 2018, el único país latinoamericano donde no le requerían visa. Ahí, durante meses, sufrió maltrato, discriminación y abusos laborales. Vivió en la calle y en cuanto pudo emprendió camino al norte.

Joy recorrió miles de kilómetros desde Camerún para escapar de la violencia. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

En Quito, la capital ecuatoriana, consiguió empleo en un restaurante, pero se enfrentó de lleno con la discriminación hacia las mujeres negras. Una vez, mientras trabajaba en la cocina, escuchó un reclamo airado al propietario del negocio.

“Una cliente le dijo que, si tenía en la cocina a una mujer negra, se iría de su restaurante. Pero el dueño insistió en dejarme y los clientes comenzaron a irse. Luego me dijeron que si me despedían, en pocos días volverían los clientes”, cuenta.

Joy hizo todo lo posible por conservar el empleo, pero tres meses después fue despedida. Sola, sin dinero para pagar el alquiler de la habitación donde vivía, no tuvo otra opción que vivir en la calle.

Joy es enfermera. Abandonó Camerún y ahora intenta sobrevivir en Tijuana. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

“Comencé a dormir en el parque. Empecé a aprender a vivir así. Sin país y sin dinero. Aprendí a comer de la basura. Tenía hambre, quería comer”.

Contactó a otra mujer africana que podría ayudarla a conseguir trabajo, pero lo que ofreció fue meterla en el trabajo sexual. “Quiso usar mi cuerpo para hacer negocios. Yo no acepto eso, yo soy enfermera y auxiliar en farmacia”, dice.

Un día, cuando ya llevaba un mes en la calle, encontró a una paisana suya que estaba a punto de viajar al norte. Joy había ganado unos dólares trabajando en otro restaurante y recolectando botellas de plástico que vendió a un centro de reciclado. Usó ese dinero para irse.

La mujer camerunesa enfrentó un camino pleno en abusos y violencia. “Mucha gente murió enfrente de mí, vi demasiada gente muerta en la jungla”, dice.

Joy cruzó el río Suchiate, que divide la frontera entre Guatemala y México, en agosto de 2019, y entró a Tapachula, Chiapas, donde fue detenida y encerrada en la Estación Migratoria Siglo XXI. Un mes después hubo protestas por el maltrato hacia las personas detenidas que fueron disueltas por la Guardia Nacional.

“Yo estaba adentro. Sufrí discriminación. Sufrí racismo adentro. Cuando llegas, personas africanas están apartadas del resto. Te dan un ticket de diferente color. Tu color es diferente, ¿por qué? La comida que te dan es diferente al resto”, relata Joy.

Después del incidente, la camerunesa fue liberada y permaneció algunos días en un campamento en Tapachula, mientras conseguía dinero para seguir el viaje. En ese lapso sufrió incidentes con la policía.

Uno de ellos ocurrió durante una manifestación de personas migrantes, cuando preguntó a un agente, traductor de por medio, si tenía el poder de retener sus documentos.

El policía contestó con un insulto racista e insistió al traductor que lo dijera tal cual: “Cerdos, no sé qué vienen a hacer a mi país”.

“¿Por qué nos escogen para pedirnos nuestra identificación? Nos dicen que tenemos apariencia peligrosa. ¡Wow! ¿Apariencia peligrosa? Porque somos negras nos miran así, lo siento”, se pregunta Joy.

Ocho meses después de cruzar el Río Suchiate consiguió un documento de refugio de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar) y logró llegar a Tijuana. Allí se encuentra, a la espera de solicitar asilo humanitario al gobierno de Estados Unidos.

En esta ciudad fronteriza del norte de México no hay muchos cambios para Joy. Como en Ecuador, El Darién o en Tapachula, la camerunesa enfrenta su realidad: es la misma mujer vulnerable y sin derechos.

Cuando llegas aquí es lo mismo. Cada vez que camino veo cómo la policía arresta a las personas. A mí los policías me pidieron mi identificación y me la quitaron. Me dijeron que no era válida. Me registraron, tocaron mi cuerpo.

El mural de un albergue en Tijuana muestra el nuevo rostro de la ciudad fronteriza. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

Betty, de Haití

Haití siempre ha sido el país más pobre de América Latina, pero su marginación histórica se profundizó con el terremoto que en 2010 lo devastó. Fue el inicio de una diáspora que en los siguientes años expulsó a decenas de miles de personas. Betty y su esposo fueron parte de ese éxodo.

Hace ocho años llegaron a Ecuador, donde nacieron sus dos hijos y creyó que podría refugiarse de la discriminación y la violencia por el color de su piel, pero estaba equivocada.

Aunque tenían una mejor vida que en Haití no era suficiente y, al inicio de 2021, vendieron sus pocas pertenencias e iniciaron el camino a Estados Unidos. El viaje marcó su vida. “Soy una persona destrozada”, confiesa.

Betty escapó de Haití, devastado por sismos, pobreza y violencia. Atravesó la selva del Darien, donde sufrió violencia sexual. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

Como miles de haitianos que han compartido la misma ruta de migración, la familia se vio obligada a cruzar por el Tapón del Darién. El costo fue muy alto, sobre todo para Betty.

Ahora en una cuartería de Tapachula, a Betty le cuesta hablar del viaje. Platica en tercera persona, como si con eso intentara creer que se trata de otra persona.

Quitan a la madre enfrente de los niños para hacerle cualquier cosa. Los niños están llorando y el esposo no puede hacer nada. Una se tiene que aguantar todo lo que está pasando”, dice.

Robaron, violaron y mataron a muchos de nosotros. Es una mezcla de dolor, miedo. De todo”, dice Betty en voz baja.

Betty, en una de las cuarterías donde viven principalmente personas migrantes de Haití. Foto: Duilio Rodríguez / PdP

Su esposo escucha la narración en silencio. A unos metros otros migrantes haitianos asienten: ellos también saben de las caminatas a ciegas por una selva desconocida, el cansancio, sed extrema y el riesgo permanente a convertirse en víctimas de cualquier crimen grave.

“Mi sueño solamente era sacar a mi familia adelante, un buen futuro para mis hijos. Un futuro que no tenía y quería para mis hijos”, cuenta.

El tono de su voz parece desesperanzado. Puede que tenga razón. Hasta ahora en México no ha encontrado la ayuda que necesita.

Sus hijos, por ejemplo, cuando se han enfermado de fiebre y diarrea, no han sido atendidos por ningún médico porque la familia no puede acreditar su estancia regular en el país.

“Están destruidos, no tienen escuela, no tienen ayuda”, confiesa Betty. “Tengo el corazón destruido como madre”.

Éxodo en medio de discriminación

Las historias de Joy, Betty y Elena son un reflejo de la cruda realidad que enfrentan las mujeres migrantes en México y que en su caso resulta aún peor, pues también padecen discriminación por su piel.

El éxodo se siente en México, a donde llegó la mayoría de estas personas. De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría /ministerio) de Gobernación (Segob), en 2021 el Instituto Nacional de Migración detuvo a cien mil 64 mujeres. De ellas, 32 mil 393 eran menores de edad.

Las estadísticas nada dicen sobre su destino. De acuerdo con organizaciones civiles, muchas fueron deportadas, pero otras solicitaron asilo humanitario en México.

El año pasado, según la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar), 53 mil 745 mujeres migrantes pidieron refugio en el país. La dependencia enfrenta la mayor ola de solicitudes en su historia, y los recursos con que cuenta han sido insuficientes para atender la demanda.

El daño que sufren las mujeres migrantes y sobre todo las afrodescendientes es grave, dice Paulina Olvera, directora de la organización Espacio Migrante que trabaja con esta población en Tijuana.

“El viaje tiene un gran impacto en todos los sentidos. El tema de la salud mental es preocupante. Vienen desde Brasil, Chile y Venezuela. Hay muchos casos que llegaron aquí con anemia severa. Muchas mujeres embarazadas llegaban aquí con desnutrición y con cero revisiones médicas en su haber”, cuenta.

Alejandra Elizalde, de Foca, insiste en que las mujeres en las mismas circunstancias que Betty, Joy y Elena deberían tener de inmediato la posibilidad de permanecer en el país. “Se tiene que garantizar el acceso pleno a sus derechos, reconocer su situación de vulneración de derechos, acercarles servicios médicos y acompañamiento psicológico”, señala.

En la presentación del informe “Un viaje de esperanza: La migración de mujeres haitianas a Tapachula, México”, Achiume, la relatora especial de las Naciones Unidas sobre las Formas Contemporáneas de Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia, reconoce que las mujeres migrantes “deben navegar la intolerancia y exclusión basada en su raza e identidad de género, las cuales se exacerban por la intolerancia racista en las regiones por las que se mueven e intentan asentarse”.

Las personas migrantes, en general, viven en situación de vulnerabilidad, debido a su situación irregular, cultural, muchas veces de idioma. Sin embargo, para las mujeres y en particular para las de color, la vulnerabilidad es aún mayor y la padecen a cada paso de su trayecto, sin que existan mecanismos efectivos de protección para ellas.

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Este artículo se publicó originalmente en Pie de Página, de la mexicana red Periodistas de A Pie.

RV: EG

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El Consejo de Europa pide crear tribunal especial para juzgar a líderes rusos por crimen de agresión

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La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE) ha aprobado este jueves una resolución para que se cree urgentemente un tribunal penal internacional ‘ad hoc’ que investigue y juzgue el crimen de agresión cometido por los líderes políticos y militares de Rusia, cuya sede estaría en Estrasburgo.

El crimen de agresión está definido en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (artículo 8 bis) y supone el uso de la fuerza militar de un Estado contra la soberanía, integridad territorial o independencia política de otro, incluyendo la invasión de otro Estado, el bombardeo y el bloqueo de puertos.

Ese tribunal tendría el poder de emitir órdenes de arresto internacionales y no estaría limitado por la inmunidad del Estado, de los jefes de estado y de gobierno, y otros funcionarios.

La creación del Tribunal ‘ad hoc’ se haría con un tratado multilateral aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas, con el apoyo del Consejo de Europa, la Unión Europea y otras organizaciones internacionales. La sede estaría en Estrasburgo, ante las posibles sinergias con el tribunal Europeo de Derechos Humanos, que examina numerosas demandas individuales e interestatales relacionadas.

El texto asegura que “esta guerra se lleva a cabo con una brutalidad sin precedentes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”. La resolución se ha aprobado por unanimidad de 115 votos.

Con información de Agencias.

 

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