Crisis política, Guerra comercial, Oscuros intereses del gran capital… ¿y los migrantes?

Por Manuel Aranda

La oposición fue lo que se esperaba, apátrida, mezquina y traidora.

Es inconcebible como muchos integrantes de la oposición y especialmente varios de los empresarios de Coparmex, en verdad no merecen generar tanta riqueza a costa de una nación y un pueblo al que evidentemente desprecian y consideran tan solo como el “ganado” que debe consumir los productos  –generalmente de muy mala calidad, por cierto- , para que se hagan ricos, pero que es un pueblo al que creen no deber reconocimiento ni gratitud.  Ese pueblo que el 1º. de diciembre pasado puso en la silla presidencial a su más legítimo representante en décadas, electo por una abrumadora  y aplastante mayoría sin precedentes recibió la encomienda de dar un golpe de timón al rumbo de México.

El mensaje es claro, entiéndanlo, no se trata de AMLO, se trata de respetar y apoyar la inobjetable decisión de un pueblo que logra por primera ocasión en décadas que se respete su voluntad plasmada en las urnas. Hay líder, hay dirigente elegido verdaderamente por decisión popular y su principal cruzada, es la que más de 30 millones de votantes impulsaron. Fin al régimen de corrupción, tranzas y cochupos incluso institucionales, que no sería entendible sin un letargo casi inexplicable y a la degradación de la conciencia de mucha de la población, que les permitió no solo permanecer, sino incluso generó un crecimiento malévolo, insaciable y depredador. Como siempre, como muchos, como tantos, estos egoístas le apostaron al fracaso de las acciones de diplomacia y estrategia que ordenó el presidente López Obrador. Se frotaban las manos deseando fervientemente el fracaso presidencial mexicano. No les importaba incluso verse afectados ellos mismos con tal de poderse llenar la boca diciendo “”Se los dijimos, ese “peje” nos está llevando al abismo, debe renunciar””.

Fallaron, y por más que paguen a los agoreros de la mentira y el engaño mediático, nuestro gobierno actuó con el necesario grado de firmeza y dignidad que la ocasión ameritaba y que no habíamos visto en más de un cuarto de siglo. No se trataba de ser igual de bravucón que el presidente vecino, ni de una competencia de gritos, amenazas y estridencia.

El objetivo fue inteligencia, diplomacia, posición firme y dignidad. El asunto que genera todo esto (en buena medida provocado por grandes potentados internacionales y sus oscuros intereses) en forma del exponencial incremento de migrantes de paso por nuestro país y rumbo a la frontera norte, es de proporciones enormes y sin precedentes. Dramáticas.

¿Cuál es la solución a un problema que plantea varias vertientes y ópticas distintas? No hay una sola solución ideal, sin embargo hay elementos básicos que son esenciales de considerar. El más importante garantizar la seguridad y derechos humanos tanto de la población en general como de estos hermanos desplazados y caídos en desgracia. De entre ellos, es importante resaltar que en el último año y medio, cerca de 45,000 menores de edad viajaron solos, sin un adulto que los cuide. Son estas situaciones en las que ojalá vivamos y que no sea esto necesario para sensibilizarse y no permanecer como seres inhumanos, vacíos e indiferentes.

México mostró que no iba desarmado a la confrontación con el gigante, quien no esperaba que el gobierno vecino respondiera en el mismo tenor, lo cual se dio con el anuncio de la proyectada aplicación de aranceles a productos estadounidenses muy bien elegidos, muy cuidadosamente. El blanco era principalmente lo que los estados “republicanos” producen para principalmente exportar a nuestros país, y con ello afectar a aquellos que con su voto colocaron a Trump en la Casa Blanca, lo que en términos reales representaría un impacto por aranceles aplicados, del orden de 3 mil millones de dólares, lo que sería directamente proporcional al monto de afectación que el gobierno estadounidense tenía calculado aplicar a México.

Nuestro contragolpe se centraría en la carne de cerdo y  para cubrir esa necesidad, ya se buscaban abiertamente otros países proveedores en la Unión Europea. Muy en especial el golpe más fuerte habría sido el derivado de la orden de AMLO, “Si Trump insiste y va en serio para imponer aranceles a México, háganles saber que México “no volverá a comprarles ni un elote” a los productores estadounidenses”. México importa el 60% del maíz que consume y de ese, el 90% se importa de granjeros norteamericanos. No comprarles más, sería también económicamente devastador. Manzanas, arándanos y varios productos más que se producen como ya se mencionó en los estados que apoyan al partido republicano y al gobierno de Trump, eran otro objetivo bien enfocado, lo que en pocas semanas o meses generaría una reacción interna de rechazo a las políticas estadounidenses que en un escenario como este, llevaría sin duda a la quiebra a los  productores del campo estadounidense. Seguramente comenzarían por miles, a reconsiderar el sentido de su voto cuando vean que su bolsillo es más importante que su racismo. Eso fue lo que obligó a Trump a recular, sin importar la faramalla que continúe haciendo para fingir ante su electorado que el es “El Duro”.

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

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