“Coyotes” de Europa y EEUU piratean “Tenangos” indígenas

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Puesto de tenangos hidalguenses y otras artesías indígenas que son revendidas en EEUU y Europa sin ganancia para sus creadores. Foto: Alejandro Gálvez

Por Alejandro Gálvez

TENANGO DE DORIA, Hidalgo.- Explotados, mal pagados, olvidados y casi al borde del exterminio, así pasan sus días cientos de artesanos indígenas de la sierra hidalguense, dedicados a la confección de los tradicionales tenangos, esas telas preciosas distinguidas por sus coloridas figuras, bordadas a mano y cuyo valor económico ha sido una fuente de jugosas ganancias para los “coyotes”, no así para sus creadores, quienes si bien les va, apenas tienen para comer “frijoles, quelites y chile”.

Un tenango de gran tamaño (por ejemplo un mantel), puede llegar a revenderse hasta en 8 mil pesos (USD 630 dlls); aunque los artesanos en su mayoría indígenas, solo reciben cerca de mil 200 pesos (USD 94 dlls).

Por su belleza y alto costo, la fama de los tenangos ha trascendido fronteras, de ahí que los llamados “coyotes” no solo provienen de México, también llegan de Estados Unidos, Francia y Alemania, debido a que han visto en la reventa de éstas prendas un redituable negocio que en contraparte poco a poco ha ido acorralando a los artesanos de Tenango de Doria, uno de los municipios más pobres y marginados del estado de Hidalgo.

Algunos incluso han pensado seriamente en dejar el bordado, “pues el trabajo es pesado y la recompensa muy poca, basta decir que algunos llegan a vivir solo con 30 pesos al día”.

Situación muy diferente enfrentan los revendedores, quienes ofertan estas prendas casi 10 veces más el precio que pagan a sus creadores. Incluso, algunos diseñadores de moda han “plagiado” el estampado de los tenangos para convertirlos en prendas de vestir, atribuyéndose la idea.

Por ejemplo, el diseñador estadounidense Mara Hoffman, cuyo negocio se ubica en Manhattan, ofrece vestidos y hasta bikinis con dibujos de tenangos, los cuales oferta a través de internet.

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En 2009 durante un desfile de primavera-verano celebrado en Nueva York, Hoffman lanzó su línea de natación, donde se incluía una colección de bikinis, entre estos, algunos estampados con figuras de los famosos tenangos. Dicha colección fue exhibida durante la semana de moda de Mercedes-Benz realizada en Miami.

“Coloridos diseños de Hoffman han recibido reconocimiento entre celebridades como Blake Lively, Ashley Tisdale, Helena Christensen, Rihanna, Katy Perry, Jennifer López, Drew Barrymore, Ginnifer Goodwin, Kerry Washington, Whitney Port, Lauren Conrad, Paula Patton, LeAnn Rimes, Kim, Kourtney”, explica en su red social Facebook el propio Hoffman.

En la ciudad de Pachuca la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno estatal, opera la tienda Hidarte, donde se venden tenangos a precios muy por arriba de lo que se les paga a los indígenas, quienes a su vez, acusan la falta de apoyo por parte de éste comercio que exige una serie de requisitos “imposibles” para quienes quieran ser proveedores.

En Hidarte se exhiben artesanías tradicionales de Hidalgo, elaboradas en diversos materiales, y cuenta con un exclusivo restaurante. Sin embargo, además de diseñadores y “coyotes”, las coloridas telas algún día llamaron la atención del hombre más rico del mundo, Carlos Slim, quien intentó contratar la mano de obra de los indígenas de la sierra hidalguense, para que bordaran pequeñas manteletas para dar vida a las mesas de su cadena de restaurantes Sanborn’s.

Pero el negocio se cayó, porque el trabajo implicaba una gran producción de manteletas, y los artesanos no contaban con los recursos materiales ni humanos para llevar a cabo tan titánica labor. Tampoco hubo reacción por parte de las autoridades, para apoyarlos y concretar lo que pudo haber sido el gran negocio de su vida.

En la miseria, creadores de tenangos

Es en la comunidad de San Nicolas, ubicada a 7.5 kilómetros de la cabecera municipal, donde se bordaron las primeras telas coloridas, “muchos dicen que los primeros tenangos se bordaron en el municipio de Tenango de Doria (de ahí su nombre), pero no es cierto, son de aquí, aquí se hicieron los primeros”, dice con peculiar sentido de pertenencia Rebeca López, quien tiene su propio taller de bordados.

Durante la época revolucionaria, San Nicolás (la comunidad más grande de Tenango de Doria), fue cuartel de guerra; Carlos y Santos Patricio, primeros presidentes municipales, se desempeñaban entonces como jefes de armas.

La religión ha sido uno de los principios básicos bajo los cuales, los habitantes de San Nicolás se rigen; existen varios templos de adoración y los fieles siguen al pie de la letra las normas; por ejemplo, aquí la gente no bebe, “es raro ver un borracho por acá”, dicen los lugareños, quienes recuerdan que antes de la fundación del municipio, aquí “llegó un señor de Estados Unidos a evangelizar, desde entonces la religión se quedó muy arraigada entre la población”.

Durante un recorrido por San Nicolás, algunos artesanos abren las puertas de sus humildes viviendas habilitadas como talleres de confección; la mayoría, en teoría, no debería tener carencias, ni privaciones de lo más básico, pues se ha creado erróneamente la idea de que estos viven holgadamente, dado el alto precio que tienen sus artesanías que lo mismo pueden dar vida a los muebles de una oficina gubernamental, que a la sala de algún coleccionista de estas “carísimas” telas.

Pero la idea es abismalmente opuesta:

Gente enferma, discapacitada y explotada, que no pierde las ganas de seguir bordando sus preciosas telas, aunque saben que la recompensa económica por semanas, incluso meses de trabajo no será la que esperan; si tienen suerte obtendrán de 30 a 45 pesos (USD 2.50 a 3.50) por una pequeña manteleta que los coyotes revenderán hasta en 300 pesos (USD23.50); o un mantel que en la reventa se cotiza hasta en 4 y 6 mil pesos (USD 315.00 a 472.00), pero ellos solo reciben entre 800 y mil 200 (USD 63.00 a 95.00)si es que corren con suerte.

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Desde niña tejedora de Tenangos. Foto: Alejandro Gálvez

Juanita es una mujer de 80 años de edad, lleva 74 bordando, pues desde que tenía 6 aprendió el oficio de su madre; ella, como el resto de artesanas de la región, bordan para subsistir, no para vivir.

Se encuentra en el abandono total, pues sus hijos emigraron a Estados Unidos y no ha sabido de ellos en años. No le mandan dinero, cartas, nada. Muestra un mantel de cuatro metros de largo, el cual, lleva bordando desde hace seis meses. Espera obtener por éste trabajo al menos 800 pesos (USD 63.00), que en números fríos equivalen a una jornada laboral pagada a 133 pesos al mes (USD 10.45).

Un caso aún más angustiante es el de Justina Valerio de 60 años de edad; como el resto de las entrevistadas, casi no habla español, por ello, las mujeres indígenas que acompañan en el recorrido hacen la labor de traductoras.

Al percatarse de la presencia de los visitantes, Justina sale de una pequeña choza de madera, de donde emana humo de un fogón; postal viva de la pobreza y marginación; apenas puede andar, al parecer tiene una grave herida en el pie, producto de la diabetes que la aqueja desde hace años.

Apoyándose de lo que encuentra a su paso, camina un poco hasta un tronco de madera que utiliza como silla para reposar un poco, se quita uno de sus zapatos y la aparatosa herida sale a relucir en el pie; el dedo regordete, de una tonalidad blanca, casi amarillenta, parece que está a punto de reventar.

“Tiene diabetes, y esas heridas no le cicatrizan tan rápido, por eso tiene así el pie”, argumenta una mujer.

Justina, además de la diabetes que le está generando estragos en su salud, también debe sortear las dificultades que le provoca su discapacidad en el brazo izquierdo; hace tiempo le dio una embolia, desde entonces solo borda con una sola mano.

“Estoy triste porque así no puedo trabajar bien, mi cuerpo no trabaja”, sostiene, mientras hace un esfuerzo sobrehumano por bordar sobre el arillo que coloca con impaciencia sobre sus piernas.

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Tejedoras de tenangos muestran sus creaciones exclusivas. Foto: Alejandro Gálvez

Lejos de ahí, Georgina de 46 años mantiene clavada la mirada en sus costuras que borda a la entrada de su casa; el esplendoroso paisaje, de verdes campos, grandes riscos, enormes árboles y un cielo azulado coronado con abultadas nubes, contrasta con la pobreza de su hogar, y con la tragedia que no la deja en paz.

De entrada, ante la falta de clientes y con cierta impaciencia ofrece sus tenagos a los reporteros:

“¿Ustedes no me compran?”, pregunta con mirada desconfiada.

“No es justo que hagamos bordados y los vendemos tan baratos, lo hacemos por la necesidad, pero es un abuso lo que hacen algunas personas”, interviene Elisa de 22 años, hija de Georgina.

La mujer se sienta sin ganas sobre una silla, su mirada se pierde en los colores de su bordado, habla sin querer pero no deja de bordar, responde sin ganas a las preguntas, luego cuenta la tragedia que carga en hombros como el mayor de los suplicios.

Sus hijos se encuentran en Estados Unidos; uno de ellos, recluido en una cárcel de Texas, acusado de asesinato imprudencial, pues en un accidente vial su hijo perdió la vida; no tuvo argumentos ante los jueces, quienes le impusieron una condena de 20 años.

Los ojos de Georgina se rozan, parece estar al borde del llanto, pero aguanta, respira un poco y suelta:

“Mi deseo es volver a ver algún día a mi hijo, no sé cuándo, pero ojalá lo vuelva a ver”.

-¿Con cuánto vive al día?.

“Pues con 30 pesos”.

-¿Qué come tu familia?

“Pues frijoles, quelites y chile”.

Don Apolonio otro caso no menos grave; él se encarga de dibujar las figuras de personas y animales que posteriormente son bordadas con especial cuidado con hilos de diferentes colores. Sin embargo, también es mal pagada su labor que la tiene perfectamente ensayada.

-¿Cuánto cobra por dibujar?

“Pues como 35 pesos”, responde, sin quitar la vista de la manta donde a plumón realiza trazos perfectos de personas.

-¿Eso vale su trabajo?

“Pus no; pero la gente ya no quiere pagar, porque se les hace muy caro”, dice esbozando una sonrisa.

Rebeca López, bordadora de tenangos denuncia que además de lo mal pagada que está su labor, los artesanos también enfrentan la discriminación por parte de algunos compradores, ya que muchas veces “dan prioridad a los estadunidenses quienes vienen a comprar nuestros productos y los revenden”.

“Nuestro trabajo está vías de desaparecer, porque nadie quiere pagar al precio”, añade Rebeca, quien reconoce que los coyotes han sido el principal problema al que se han enfrentado los artesanos de Tenango de Doria.

“Nos da coraje”, se queja.

-¿Qué le ocasiona ese coraje?

“Hay una señora de Estados de Unidos que viene a comprar acá (tenangos) se los lleva y los vende allá, los franceses también vienen a comprar, y por esa razón está muy marcada la discriminación”.

-¿Cómo se les discrimina?

“Como nos ven pobres y mal vestidos muchas veces en las propias dependencias nos discriminan cuando hemos pedido apoyo para que nos compren nuestros productos, pero eso sí, llegan coyotes americanos, gueritos y de ojos verdes y a ellos sí hasta les abren la puerta”.

La crisis que enfrentan los artesanos, también ha llegado a afectar incluso su vida personal.

“Tenemos conflictos con nuestras parejas, mi esposo me regaña, porque dice que estamos muy mal pagados, y pues la verdad creo que estamos en vías de desaparecer”.

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Twitter: @editorademedios

Comentarios: editorademedios@gmail.com

*El autor es reportero hidalguense, colaborador de diferentes medios de comunicación tanto locales, como internacionales. Actualmente dirige el grupo periodístico Editora de Medios de Comunicación (Emecom).

 

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

2 comentarios en ““Coyotes” de Europa y EEUU piratean “Tenangos” indígenas

  1. 1. Los intermediarios son una parte del rompecabezas que provocan muchos problemas al círculo productivo del trabajo en arte popular. Ahí tenemos las tiendas de museos como la del Museo de Arte Popular o el mismo FONART, con precios muy elevados.

    2. En México se acostumbra a no considerar el precio real del trabajo, y eso es en general, no sólo en la parte artística. Por lo que estamos acostumbrados a regatear

    3. La situación económica en México también afecta el poder adquisitivo, dado que en gran parte del país, lo primordial es comer y no comprar productos de éste tipo que pueden ser incluso un lujo para mucho que con trabajo sobreviven.

    4. El ámbito turístico ha intervenido fuertemente en la mercantilización de los productos de los trabajadores en arte popular, pero desafortunadamente los han incitado a tener que vender a una galería o tienda porque la gente no tiene los medios para ser autogestivos y peor cuando a tantas personas que se les considera como parte del comercio informa, se les impide vender. De hecho es el caso de los pueblos mágicos, que al ser declarados, desde el Estado se les pide un estricto control del mercado informal, que incluye a la gente lugareña fuera de la FORMALIDAD gubernamental.

    5. La problemática económica en el país insta a los vendedores a dar sus productos mucho más bajo del precio. La lógica del mercado que entre más productos sale más barato, evidentemente no resulta para éste comercio en particular, ya que como no es producción en serie como se acostumbra en la lógica fordista, entonces para la gente que hace estos productos no le conviene incluso hacerlo con los métodos tradicionales, ya que no se les paga, es el ejemplo de los textiles de Zinacantán, Chiapas, en donde les conviene más usar máquinas industriales para los textiles que las técnicas tradicionales que implican muchísimo esfuerzo. Sin embargo el trabajo no se debe demeritar. Finalmente pueden existir los dos tipos de producciones, la diversidad de costos ayuda.

    En fin hay mucho que decir, pero recomiendo el texto de Canclini de culturas híbridas que habla un poco al respecto, al igual que estaría bueno revisar a COlombres que ha trabajado el tema del arte popular en Latinoamerica

    (aún hay mucho qué decir, pero es lo que a primeras se me ocurre con lo que leí de la nota)
    Otra cosa sería preguntar si es posible vivir en México del mercado artesanal sin tener que usar otros medios, incluyendo la posibilidad de la migración a EU

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