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Contra el silencio de la violencia sexual: el cine de Chelo Álvarez-Stehle

La violencia sexual como pandemia es el tema del documental Arenas de silencio premiado en España y Estados Unidos de la cineasta Chelo Álvarez-Stehle

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La cineata Chelo Álvarez-Stehle. Foto: Los Ángeles Press

Por Guadalupe Lizárraga

SAN DIEGO, California.- “Cuando éramos pequeñas, estábamos jugando en la playa mi hermana menor y yo, y un señor se la llevó y abusó de ella, y su vida, y nuestra vida, no fue la misma. Sin embargo, nunca rompimos el silencio con esa historia”.

Es la voz de la periodista Chelo Álvarez-Stehle, autora del documental Arenas de silencio, contándome su historia personal, su historia de familia sobre la violencia sexual que dio pie a su creación. Un trabajo testimonial tejido simultáneamente con la historia de Virginia Isaías, sobreviviente de trata sexual en el sureste mexicano, quien había huido de la violencia de su esposo en el sur de California.

Chelo y yo nos encontramos para la entrevista en medio del bullicio del Festival de Cine Latino en San Diego en su vigésima cuarta edición. Su largometraje era parte del programa de once días de festival, con más de 160 películas de América Latina, Estados Unidos y España. La cita fue después de mediodía a la entrada del cine AMC en el corazón del centro comercial de Fashion Valley, uno de los patrocinadores del festival. Al llegar, la llamé por teléfono. Estaba a escasos metros de mí, ya en espera. Una mujer madura y atractiva, rubia, de ojos pequeños, claros, de personalidad fuerte. Su rostro tenía la expresión de paz, pese al enorme y sobrecogedor trabajo que llevaba a cuestas.

Española afincada en California, Chelo Alvarez-Stehle lleva más de veinte años investigando temas de violencia sexual contra las mujeres y niñas en diferentes continentes. Uno de sus prominentes trabajos fue en Nepal, cuando hizo su primera entrevista a Anu Tamang, sobreviviente de explotación sexual que posteriormente inspiró la realización de Niñas de hojalata, dirigida por Miguel Bardem en 2002 para Canal+ España.

Ya para entonces, su periodismo se había transformado en activismo en busca de mujeres que rompieran el silencio. Su trayectoria profesional se escribía con las historias de las víctimas sobrevivientes de violencia sexual. Sin embargo había una inquietud en su interior que la mantenía en vigilia:

–Yo tenía algo que contar que no había contado nunca. Que yo minimizaba cuando pensaba «bueno, a todas nos pasa, no es importante…».

Al observarse a sí misma, empezó a escudriñar en su propio cajón de recuerdos aparentemente olvidados. Fue cuando decidió hablar de su propia experiencia, de «poner ese lente de aumento» en ese aspecto de su vida que había mantenido en la sombra, «en un cajón que nunca había querido abrir». Lo sacó del cajón y se enfrentó a él.

Así inició un viaje de introspección, como lo llamó ella, que va en paralelo con su propia historia de periodista investigadora recogiendo historias como la de Virginia Isaías, en el estado mexicano de Chiapas, donde fue retenida para obligarla a la prostitución con una hija en brazos. Arenas de Silencio, pues, corre en cuatro historias paralelas que dan cuenta de la violencia sexual en diferentes expresiones. Una periodista que va por el mundo contando las historias de las demás mientras se adentra en su propia historia oculta de abuso en su adolescencia, casi olvidada, la historia de abuso sexual a su hermana y la historia de trata sexual a Virginia.

–Ese viaje de introspección lleva al espectador, a la audiencia, a darse cuenta de que en todas las familias tenemos historias silenciadas, historias que no queremos tocar porque nos da miedo, pero lo que no sabemos es que al tocarlas, al sacarlas a la luz, la persona que es víctima y los que están alrededor van a poder sanarse –me explica haciendo referencia a que eso ha sucedido en su propia familia, una trasformación liberadora al romper el silencio.

Voy asimilando sus palabras, imagino el proceso de sanación que desde su perspectiva implica contar los secretos de familia, incluso me lleva a buscar mentalmente, de una manera vertiginosa, esos secretos en mi propia familia, en mi propia experiencia, cuando me sorprende con otra afirmación inaudita:

“Lo que ocurre con esta película es que no hay tanta diferencia entre la trata sexual y la pandemia del abuso dentro de las familias, en los lugares de deporte, en las escuelas, en los colegios. ¿Por qué? –enfatiza, y responde– porque todo viene de la misma raíz. No estamos siendo respetados, –sus palabras taladran mi conciencia, mientras continúa– hay una falta de respeto a la dignidad humana. La violencia sexual ha invadido todos los ámbitos de nuestra sociedad, todas las clases sociales, da igual de dónde vengas”.

Reviso cifras sobre explotación sexual en el mundo. Organizaciones de derechos humanos calculan que unas 27 millones de personas son esclavizadas en trabajos forzados, servidumbre, y prostitución. Naciones Unidas afirma que unos 36 mil millones de dólares al año se mueven en el negocio ilegal de la trata de personas. El Departamento de Estado en Estados Unidos especifica que unas 20 mil mujeres y niñas son víctimas de explotación sexual entre la frontera de Nepal y la India. Mientras en México, según las cifras conservadoras de la Procuraduría General de la República, cada año, entre 6,000 y 8,000 mujeres son víctimas de trata en la capital del país originarias de Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Hidalgo, Puebla, Michoacán, Guanajuato, Campeche, Zacatecas, Colima, Veracruz y Quintana Roo. Otras ciudades de alto turismo sexual a donde las trasladan son Cancún, Guadalajara y Tijuana para explotarlas como prostitutas en el mercado nacional e internacional.

Fue el caso de Virginia Isaías en Chiapas. Tres meses en cautiverio después de quitarle a su hija. Cuando logró recuperarla con promesas y esclavitud sexual, se aventuró a escapar de sus victimarios gracias a la ayuda de uno de los custodios. Una vez en California, se transformó en una activista contra el tráfico sexual de mujeres y niñas, y actualmente dirige la Fundación de Sobrevivientes de Tráfico Humano.

Las investigaciones sobre violencia sexual de Chelo Álvarez-Sthele no se han quedado del lado de las víctimas. Ha visitado tres cárceles para escuchar a los agresores sexuales. “La única forma de sanar a la sociedad es escucharlos”, dice convencida. “Tenemos que aprender de ellos, si no los escuchamos, no vamos a sanar el tejido social”.

La periodista no tiene ya más miedo, y lo hace saber. La última vez que visitó un penal presentó su documental ante 25 reclusos por delitos sexuales. Lo consideró un honor estar ahí. Un aprendizaje. La película ha sido como un doctorado, dice. Sus miedos internos se han desvanecido. Aunque siempre quedan los miedos como cineasta, justifica. “Tienes miedo del público, de sus reacciones, pero el cine independiente los haces desde dentro, tienes que ir con tu corazón, con tus agallas, es un trabajo muy honesto”.

Su documental recibió el Primer Premio y Biznaga de Plata en su estreno mundial en abril de 2016 en el Festival de Málaga (Afirmando los Derechos de la Mujer). Ese mismo año, en octubre, su trabajo fue reconocido con el premio del Público a la mejor película documental en el Awareness Film Festival de Los Ángeles. Al mes, vinieron los premios al Mejor Documental y Premio del Público en el Malibu International Film Festival.

Para la documentalista hay que empoderarse como personas, dice, además de educar a los hijos desde el primer momento que enfrentan su sexualidad, qué beso y qué abrazo es el apropiado. “Yo he revelado el abuso, he luchado contra mis miedos, porque la empatía con las víctimas me venía de un sitio muy profundo, de mi propia experiencia”, concluye.

En la sala de cine, la cámara enfoca la ventana a esa verdad oculta y aparentemente distante de nosotros, los espectadores. Sin embargo, la apuesta de la documentalista, es que conozcamos ––es decir, reconozcamos– el horror implícito en la violencia sexual que la mayoría de las veces se queda enterrado bajo Arenas de silencio.

En la ronda de preguntas del público sobre su documental. Foto: Los Ángeles Press

Marla Ulloa, Editora y activista contra la violencia doméstica en la comunidad LGBTQ. Foto: Los Ángeles Press

Virgina Isaías, con su traductora, una de las protagonsitas de su documental que fue víctima de trata sexual en Chiapas, México. Foto: Los Ángeles Press

Arenas de silencio, documental.

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Censura en la era de la estupidez: el caso de Charles M. Blow

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Todo pareciera indicar que estamos viviendo bajo el manto de la era de la estupidez. Basta con observar que frente al importante margen de libertad en que nos vemos inmersos nos comportamos de manera peculiar –por decirlo de una manera menos drástica–, pues esa misma libertad la utilizamos para censurar, prohibir, cancelar, eliminar aquello que se considera políticamente incorrecto.

En los últimos días a través de los medios de comunicación hemos podido conocer que incluso las caricaturas que todos hemos visto alguna vez van a ser objeto de censura porque afectan supuestamente a las nuevas perspectivas de integración y/o cohesión social.

Así, Pepe Le Pew, Speedy Gonzales, The Flintstones, Pucca, Betty Boop, Johnny Bravo, entre otros dibujos animados, han sido puestos en tela de juicio tanto por la industria del entretenimiento como por diversas voces, pero sobre todo por los ya inevitables usuarios de redes sociales, siendo ellos una parte importante de la llamada generación de cristal, pues todo les molesta. Considerando por lo tanto que deben suprimirse por completo tales cartoons.

Es conveniente agregar que esta polémica se debe al columnista de The New York Times, Charles M. Blow, quien escribió, entre otras cosas, que a su parecer el actuar del personaje Pepe Le Pew contribuye a la “cultura de la violación”. Recordemos que Pepe Le Pew es un zorrillo con muy mal olor, quien se encuentra enamorado de Penélope, que es una gatita de color negro, que accidentalmente le cayó pintura blanca en su lomo, dándole apariencia de un zorrillo. Ella lo rechaza una y otra vez tanto por su olor como porque no son de la misma especie. Pero él como buen enamorado insistirá siempre en conquistarla. ¿Realmente esto nos llevaría a cometer una violación? Yo no lo creo.

A su vez, Blow asevera que la caricatura del ratón Speedy Gonzales fomenta los pensamientos racistas sobre los mexicanos. A este respecto, conviene evocar que las aventuras del “ratón más veloz de todo México” consistían en enfrentar a sus némesis, el gato Silvestre y el pato Lucas, pues ellos agredían a los demás ratones y Speedy intervenía exitosamente para salvarlos. Si bien este dibujo animado se encuentra estructurado con ciertos estereotipos, ¿el que un ratón siempre gane la batalla nos conduce al racismo?

Desafortunadamente el columnista nunca ofrece elementos de juicio objetivos para sustentar sus tesis y con ello poder responder punto a punto a su postura. De modo que, por consiguiente, cualquiera puede afirmar lo mismo que él. Todo en aras de la corrección  política. ¿Pero quién le concedió a este tipo de periodistas el carácter de juez, jurado y verdugo para decidir sobre lo que es “políticamente correcto” para todos?

Peor aún, he notado que estos personajes que se constituyen en el nuevo Santo Oficio del siglo XXI suelen caer en una especie de doble moral, pues lo que les llamó la atención desde una óptica totalmente subjetiva lo critican y piden su censura, pero cuando se trata de otras expresiones “artísticas” evidentemente objetables no dicen nada.

Como por ejemplo –aclarando que el que esto escribe no es un mojigato–, el baile que llaman los jóvenes “perreo”, en el cual las mujeres se frotan a los varones en posición cánida simulando tener relaciones sexuales. Otro ejemplo, las letras de las canciones del género reguetón, en donde el afán de obtener un coito es explícito, empleando un lenguaje totalmente soez.

De este modo, tenemos a los miembros de la corrección política de doble moral y por otro lado a los jóvenes de la generación de cristal, los cuales en círculo vicioso se conjugan y alimentan unos con otros, fomentando lo que nos indica la Real Academia Española respecto a la estupidez: “Torpeza notable en comprender las cosas”.

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Stephen King y el escapismo literario

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

No cabe duda de que en ocasiones en una entrevista el personaje a interrogar desliza involuntariamente ciertas verdades que lo colocan en el sitio que mejor le corresponde. O quizás al contrario, se define tal y como considera que es en realidad, sin importarle las críticas que puedan surgir por ello.

Acaso el best seller número uno de la Unión Americana, Stephen King es un prolífico escritor que ha publicado alrededor de 61 novelas, siete libros de no ficción y cerca de 200 relatos y novelas cortas. Y por toda su obra se estima que ha vendido más de 350 millones de copias.

Generalmente se le sitúa como un autor de historias de terror. Pero en entrevista concedida a The Associated Press (25/02/21), no rechaza abiertamente tal indicación, sin embargo, responde diciendo que lo pueden encasillar como quieran.  “Mi idea es contar una buena historia, y si cruza ciertos límites y no encaja en un género particular, está bien”. Y resulta interesante que él mismo lo afirme pues en realidad al analizar con detenimiento sus obras más representativas sólo se observa eso, que nos relata una simple historia, no una ficción de terror.

Pensemos en Carrie, The Shining y en Misery, la estructura de estas tres novelas es lineal, el discurso narrativo es sumamente elemental y en lo absoluto complejo, los personajes obedecen a estereotipos, se exagera en las historias –sin fortuna alguna– para anular las escenas previsibles y no hay profundidad acerca del entorno de los personajes ni sobre sí mismos. Todo lo cual, en suma, nos entrega tres libros de factura puramente comercial para un público nada exigente y conformista. No por nada los críticos y académicos estadounidenses de notoriedad omiten a King de la alta literatura.

No obstante, hay que mencionar que estas obras en formato cinematográfico sufren una metamorfosis por demás inquietante y plausible. Es decir, como películas son bastante aceptables y dignas de verse. ¿Cuáles serían las razones? En el caso de Carrie, que el director fue el enorme Brian De Palma y por las extraordinarias actuaciones de Sissy Spacek (Carrie White) y Piper Laurie (Margaret White), madre e hija, respectivamente.

The Shining cobra relevancia por su director, el magistral Stanley Kubrick, y la incomparable interpretación del inigualable Jack Nicholson como protagonista. Y en Misery, sin duda alguna, la participación de la actriz Kathy Bates, quien como personaje principal realiza un trabajo perversamente perfecto.

De este modo, podríamos afirmar que al rehacer las obras de mediano nivel literario de King por verdaderos creadores de historias visuales y por excelentes actores de personajes memorables, todo cambia de manera favorable para un público más exigente y difícilmente condescendiente.

De ahí que sea sumamente revelador que Stephen King en el marco de la entrevista sobre sus pasiones como la política y sucesos de actualidad, pero sobre todo al referirse a la literatura y la política, estime lo siguiente: La ficción ha sido un “escape” de la política, no un foro. Y claro, si es sólo un escape, ¿por qué no seguir escribiendo pésimos best sellers? ¿Por qué no continuar enriqueciéndose sin aportar nada para el pensamiento reflexivo de sus lectores? Una posición apolítica siempre es política.

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Los sobrevivientes de la milenaria lengua Tu’un savi

Kau Sirenio

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La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes tu’un savi escribir, transcribir y divulgar su literatura, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística

Por Kau Sirenio

En el fondo de la montaña de Puebla, Oaxaca y Guerrero se pinta el arcoíris con la lluvia que sopla el viento del sur. Ahí, entre el colorido de la vestimenta de las mujeres Ñuu Savi (mixteca) y la música tradicional se forma el espiral de la lengua tu’un savi de un pueblo que se niega a morir. A pesar de los años, aún sobreviven los hablantes de esta lengua milenaria que resisten en todas las trincheras para no desaparecer ni quedarse en el olvido.

Durante muchos años, era impensable que las comunidades indígenas usaran su usanza en fiestas o que desfilaran en las calles para celebrar el día internacional de lengua materna, así ha sido siempre, maestros bilingües tratan de recuperar la memoria cultural de sus comunidades, sin embargo, no todos lo hacen, el miedo al rechazo aún es mayor.

En 2019, se celebró en San Luis Acatlán el encuentro de hablantes de tu’un savi, ese día, cientos de niños y jóvenes salieron a las calles para gritar que ahí están y que su lengua materna aún vive y que pueden cantar y gritarlo, durante el recorrido los muchachos bailaron al compás de las bandas tradicionales que no pararon en tocar piezas Ñuu Savi.

La fiesta era emotiva, sin embargo, algo faltaba en la pachanga Ñuu savi, a pesar de que los directivos permitieron que sus alumnos desfilaran, pero solo fue para los hablantes, mientras que los niños y jóvenes mestizos no tuvieron la oportunidad de convivir con sus compañeros que negaban su identidad en salón de clase.

Esta ciudad fundada por el español Pedro de Alvarado en 1522, de inmediato se convirtió en el sexto ayuntamiento de la Nueva España. De ese linaje “español” San Luis Acatlán cargó con sus prejuicios durante años sin reconocer a la población indígenas que la compone: Ñuu Savi, Me´phaa (tlapaneco) y nahua, a los que siempre llamaron como “huanco”, “indio”, “montañeros”, entre otros motes que les ponían a los indígenas que bajaban a mercar cada domingo.

La carga racista en este municipio no ha cambiado en lo absoluto, los partidos políticos se opusieron para que los pueblos indígenas eligieran a sus autoridades por usos y costumbres, es más hicieron contra labor a la consulta que el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de Guerrero (IEPC-Guerrero), llegaron al grado de usar a los líderes indígenas para desinformar a la población los pros y los contras de la elección por uso y costumbres.

A pesar de todo, el IEPC-Guerrero, encontró que hay un 65.2 por ciento de población indígenas y sobreviven las lenguas maternas en barrios y colonias de la cabecera municipal. A pesar de los datos duros que se tienen, el ayuntamiento no cuenta con información en lengua materna y mucho menos espacios culturales que promuevan la identidad cultural lingüística.

Los funcionarios de la alcaldía dan por hecho que no necesitan intérpretes o difusión de información en lengua materna porque tienen trabajadores que hablan su lengua madre, sin embargo, nada está resuelto porque en San Luis Acatlán, lo que menos quieren los indígenas es aceptarse como tal para no ser discriminados.

Lo que debe de preocuparse que, en diez años, la lengua pierde portadores o los padres de familia prefieren enseñar a sus hijos a hablar el español, lo triste de todo es que de 6.6% hablantes de lenguas indígenas en 2010 bajó a 6.1% en 2020.

Así las cosas, a 21 años de que la Unesco declaró el Día Internacional de la Lengua Materna, no ha cambiado nada, no hubo cambio de fondo en el sistema educativo, la educación intercultural bilingüe, en nivel básica continúa con el mismo esquema “castellanizante”, porque solo se enseña la lengua materna en el aula por unas cuantas horas, aún peor, los profesores son analfabetos de su propia lengua.

El activismo lingüístico debe continuar desde todas las trincheras, porque es necesario repensar la política pública dirigida a las poblaciones indígenas. Porque no basta con celebrar cada 21 de febrero, para desempolvar la ropa tradicional, pero al día siguiente se guardan y los hablantes se enmudecen para no dar explicaciones si hablan una lengua o un dialecto como se educó durante años para enterrar las lenguas maternas que aún florecen en las comunidades indígenas.

Por lo pronto, los maestros Ñuu Savi deben reclamar el espacio para hablar y escribir tu’un savi, y generar condiciones para que la música, la poesía, el teatro, el periodismo, la literatura y el discurso ceremonial se repitan en tu’un savi.

La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes escribir, transcribir y divulgar la literatura en tu’un savi, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística.

Fuente original: piedepagina.mx

 

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