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Con voz propia

Clément Méric, asesinato en París

El asesinato de Clément Méric, de 18 años, muestra una sociedad incapacitada por revancha para practicar respeto por la vida y moralidad humanista

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Clément Méric, joven de 18 años asesinado por fascistas. Foto: diarioprogresista.org

Clément Méric, joven de 18 años asesinado por fascistas. Foto: diarioprogresista.org

Antonio Hermosa Andújar*

Clément Méric, un joven de 18 años, natural de Brest, estudiante de ciencias políticas en París, miembro del sindicato Solidaires y del grupo Action antifasciste de la periferia parisina, fue asesinado el pasado día 6 en la capital francesa por un miembro del grupo skinheads de extrema derecha durante una pelea. Un fuerte golpe en la cara parece que le hizo perder el conocimiento que no volvió a recuperar. Una burla del grupo de Méric de la indumentaria pro nazi de los skinheads está en el origen de su provocación, que degeneró en desafío y terminó en duelo.

Fue un acto de suprema ingenuidad y estupidez por parte del grupo de Méric aceptar el reto lanzado por sus falsamente homólogos de la extrema derecha: sus reglas de juego se llaman vates de béisbol y barras de hierro, con las que se aprestan a la menor ocasión a descargar su furia contra el enemigo ideológico, étnico, religioso o racial. Ya el pasado 1 de mayo arremetieron contra una reunión de la extrema izquierda y en pleno corazón de París, en el quai Saint-Michel, provocaron una auténtica guerra campal que dejó bien claras sus intenciones de apoderarse de la calle parisina; ya antes, sólo desde 2010 y sólo en Lyon, se les habían computado cuarenta agresiones violentas al son del mismo himno.

Empero, se requería según se aprecia un muerto para que las autoridades afrontaran el resurgir de un fenómeno espantoso que parece volver por sus fueros en gran parte de Europa; la sociedad civil y política, por su parte, ya había reaccionado contra un movimiento cuya ideología es la total renuncia a las neuronas, y cuyo fin y medio es el uso de la violencia al servicio de un supuesto fantasma nacional ininteligible aunque cultural y racialmente puro.

Pero que en sociedades como las nuestras -asustadizas ante un futuro inasible; desmemoriadas y avejentadas por el bienestar; incapacitadas por ventajismo o revanchismo para practicar en su caso la virtud del olvido; vengativas por su inmadurez y escépticas a causa de sus creencias religiosas, que postergan toda solución para el más allá-, ejercen la fascinación del miedo y de la pereza, y dejan un poso de tranquilidad en las conciencias malolientes de estas democracias made in market al identificar con claridad a los culpables, es decir, al ocultar la parte de responsabilidad que nos toca en cuanto nos sucede.

Un movimiento que es en sí un monstruo pero en grado de producir otros infinitamente más nocivos: de ésos, ya se vio, capaces de acabar con la civilización al seguir con coherencia la línea recta que vincula sus principios a su conducta –y que no desaparecen sin dejar en el alma humana una semilla de lo que son: una huella de su poder que es el germen de su regreso.

¡Y bien, el muerto ya lo tienen! ¡Y en la capital, con su enorme poder de amplificación! Ahora que todos los partidos del arco parlamentario, incluido el Frente Nacional de Marine Le Pen, que ha abominado del asesinato y lo ha tildado de intolerable –aunque se olvida, sin duda, de que los lodos que matan provienen naturalmente de polvos que discriminan y deshumanizan al otro-, el gobierno ya tiene la vía libre social para hacer lo que debe: disolver a los grupos de extrema derecha. Porque si bien en democracia la responsabilidad es siempre individual, y es el asesino de Clément Méric quien debe pagar por su muerte, sus miembros lo son de asociaciones organizadas por y para la violencia, deliberadamente ajenas a la legislación y a toda moralidad humanista, que pretenden disponer a su antojo del cuerpo y aun las vidas de los que se opongan a su libre y cuerda demencia.

De hecho, el azar quiere que mientras estoy escribiendo este texto me llegue un mensaje de Le Monde que transcribo al lector: “Matignon [la residencia del Primer Ministro] inicia un procedimiento de disolución contra Tercera Vía y otros grupos de extrema derecha…”. Justo lo que Francia quiere y Europa necesita, un alarde de fuerza legal que frene en seco la expansión de la violencia de una desalmada y armadísima extrema derecha.

Con todo, no deja de producir hondísima desazón que la esperanza resuene como un eco de la pérdida de una vida humana, de que incluso la democracia necesite un mártir para hacer justicia. Confiemos en que de la muerte de Clément Méric los vivos no tengamos que deducir nuevas rentas para lograr preservar nuestras las calles, porque el espacio público de una calle libre es a la vez el símbolo y la realidad más representativos de una democracia.

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La marcha alegre, una apuesta al 2024 y… mucha tristeza

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La marcha de AMLO también tuvo una sensación de tristeza, escribe Néstor Ojeda.

Por Néstor Ojeda
@nesojeda

Sin duda miente quien se pueda llamar a sorpresa sobre lo que ayer vimos en la marcha oficial organizada bajo el pretexto de celebrar los cuatro años de gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Un poco de experiencia y conocimiento de cualquier observador común de la vida pública podría haber previsto el tamaño de la movilización y las definiciones que hizo el presidente. Lo interesante, la incógnita, eran los detalles.

¿Pero por qué decir que hubo alegría, futuro, torpezas y tristezas? Pues porque fuimos testigos de ello.

¡Claro que fue una marcha alegre! Muchos mexicanos están felices de que AMLO gobierne porque fue su decisión sacar de la Presidencia de la República a un gobierno corrupto como el de Enrique Peña Nieto y darle una lección a una clase política alejada de una sociedad empobrecida a la que no le han llegado a los bolsillos los beneficios de la modernidad.

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Y luego de eso, se mezclan muchas cosas que tienen un común denominador: el ADN priista inmoral, exhibicionista y antidemocrático del que por más intentos y buenas intenciones no puede escapar la clase política mexicana sea panista, morenista o perredista.

Quizá para los que marcharon, la abrumadora fuerza y capacidad de convocatoria no les permitió ver una exposición que -vista en perspectiva- generaba tristeza y desencanto en medio de la legítima alegría y orgullo de muchos.

Porque en verdad da tristeza ver que a pesar de décadas de lucha por la democracia que vivió el país desde las décadas de los 50, 60, 70, 80 y 90 del siglo XX, hoy estamos igual que hace más de 70 años viviendo a una clase política que en lugar de renovarnos nos devuelve a los usos y costumbres antidemocráticos que pensábamos desterrados.

Ya sabíamos que iban a estar presentes muchísimos miles en el Paseo de la Reforma y en el Zócalo, pero es ofensivo el cinismo de un secretario de gobierno local como Martí Batres, que superaría en descaro a sus antecesores, afirmando que en la previa marcha opositora habían asistido unas “10 mil o 12 mil personas” y ayer -dijera en modo chabacano- que acompañaron a AMLO “un chingo y dos montones”.

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También sabíamos que, brillante como es, el presidente iba a relanzar el rumbo de su apuesta política a las elecciones de 2024 y, por desgracia, confirmamos que lo hizo igualito que sus antecesores. Algo muy torpe, sin duda, pero no pudo evitarlo.

Y lo hizo como ellos; cambiando simplemente un slogan publicitario por otro al rebautizar la ‘Cuarta Transformación’ como “humanismo mexicano”; al igual que Carlos Salinas de Gortari se inventó el “liberalismo social” o Felipe Calderón la “guerra frontal contra el crimen organizado” o el PRI el “nacionalismo revolucionario” o la “Revolución Institucionalizada”, todo con tal de pretender justificar la prolongación de su poder político.

Vimos también con tristeza y decepción cómo de nueva cuenta se hicieron prácticamente inexistentes las fronteras entre el gobierno y su partido y el uso de los recursos del Estado para convocar, organizar y promover una manifestación de apoyo al presidente.

Fuimos testigos de la ruptura de algo que es fundamental en la democracia: la digna y obligada distancia entre el poder público que debe representar a todos y el partido en el gobierno.

Bastó la propia convocatoria y promoción del presidente a esta marcha y la transmisión del Sistema Público de Radiodifusión para constatarlo, con la vergonzosa exposición de propaganda oficial indigna de un medio público -que no de gobierno- de parte de muchos, no todos, conductores indignos de mención.

Debatir sobre el número de asistentes o el significado del “humanismo mexicano” es simplemente ocioso.

Hay que ver a México en perspectiva, si levantamos la mirada nos veremos en verdad cómo somos y seguramente no nos gustará del todo.

Veremos sí a miles de mexicanos que hoy legítimamente marcharon porque aman al país a los qué hay que respetar, al igual que los muchos miles que por la misma razón marcharon el pasado 13 de noviembre para defender la democracia y al INE.

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Pero también veremos por a otros que, perdón, fueron acarreados porque nuestra clase política no cambia y que a pesar de que en 1997 ganó el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas el gobierno de la Ciudad de México y en el año 2000 Vicente Fox ganó la Presidencia, ni la derecha ni los progresistas le cumplieron a los mexicanos y siguieron conduciendo al país con las reglas del PRI: corporativismo, acarreo, corrupción, desprecio por la ley y la democracia.

Había esperanza de que el cambio nos llevaría a mejores cosas, pero no fue así, ni con el PAN ni con el PRD… no debe sorprender que con Morena sea más de lo mismo.

Sólo que no puede evitarse la decepción y la tristeza.

***

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CDMX: La última Madre de todas las Marchas  

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La marcha de AMLO recordó aquellas viejas tácticas en tiempos del PRI, sostien Jorge Octavio Ochoa

TRAS BAMBALINAS

Por Jorge Octavio Ochoa

Él lo necesitaba, porque en estos cuatro años de gobierno, Andrés Manuel López Obrador había perdido el contacto con el pueblo y el control entre los suyos. Más que una marcha, fue una asonada de advertencia para los opositores.

Cada pancarta, cada manta, cada rostro de sus portadores fue un mensaje admonitorio en eso que él llamó, paradójicamente, “El Humanismo Mexicano”. Fue una oleada que llenó de temor a muchos.

La marcha del 28 de noviembre de AMLO fue la expresión de una sola voluntad que costó más de mil millones de pesos al erario. Que revive una vieja guerra de clases y que crea una lucha de castas que creíamos superada desde la época de la Independencia.

Esta última concentración se convirtió en clarín de guerra para lo que queda del sexenio. No hay llamados a la reconciliación ni a la unidad. Es una concepción cosmogónica de adhesión definitiva a la causa de los pobres, de los marginados.

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Austeridad definitiva para todos, sin clasismos, ni racismos, ni sectarismos. Frases que en el discurso de campaña suenan bien, pero que en los hechos no cambian el estado de profunda corrupción y violencia que vive el país.

Hoy, para muchos, queda la sensación de que pronto se crearán, como pústulas, los Comités Vecinales, que estarán pendientes de todo cuanto haga el prójimo, para ir a denunciar actos y actividades que la 4T considere ilegales o pecaminosos.

El partido de Estado se aposentó. El color guinda campeó. Los presuntos “aliados” no sirvieron ni de comparsa. PT y PVEM seguirán siendo ese papel desechable que se usa y se tira.

Los contingentes fueron movidos por los gobernadores morenistas y por algunos grupos pseudo sindicales que ya gozan de pensiones vitalicias, como el SME, que ya cobra anualmente mil millones de pensión para trabajadores sin ser jubilados.

La solidaridad será obligatoria, por eso desde el sábado pululó una entrevista de Adán Augusto López, en la que desde hace tiempo se pronuncia por la disminución de los días de aguinaldo, porque simplemente “no alcanza”.

Ése es el México que se prefigura luego de esta gran marcha, porque casi 10 millones de adultos mayores, que no tenían ingreso alguno, recibirán una pensión de mil 500 mensuales que tendrán que salir “a ver de dónde”.

Habrá aumento al salario mínimo, aunque no haya más trabajo, mucho menos bien remunerado. Se hará crecer, a como de lugar, proyectos fracasados como el AIFA, Tren Maya y Dos Bocas, que no verán dividendos antes de que se vaya AMLO.

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Ahora viene la radicalización 

Ahora vendrá el gran ajuste de cuentas y la radicalización. En los próximos días serán llevados a la hoguera aquellos que se opusieron a la reforma política y que se atrevieron a criticar la militarización.

López Obrador premiará a los que convirtieron en moneda de uso común el espionaje, la filtración e intervención de las comunicaciones privadas, como Layda Sansores, para perseguir a los “desleales al régimen”.

La descalificación incentivará la polarización. Se dará vuelo a la división social con críticas al “aspiracionismo”, a los que ocupan posiciones económicas más ventajosas. La cultura regresará a la guerra de castas y de colores de piel.

Después de esto vendrá la agresión. No hay un mensaje de paz y hermandad tras la gran marcha. Fue un grito para reducir al adversario, así sea de tu familia. Los que no acudieron a la marcha serán estigmatizados.

El diálogo está roto y es posible que esta semana se profundicen las disputas y la fractura dentro del partido en el poder, así como los jaloneos de cara a la sucesión.

En el cenit de la madre de todas las marchas, el golpeteo entre las proclamadas corcholatas se dejó sentir. Adán Augusto López resultó el más dañado, pero Marcelo fue agredido.

No hubo, contra lo que se esperaba, una alusión directa y obsesiva contra el INE, porque la pretendida reforma electoral nacerá muerta. Pero soplan vientos de venganza.

A López Obrador le queda la satisfacción del sudor derramado. el andar por las calles nuevamente, codo a codo, como dice la canción; pero ya sin el tiempo, ni las fuerzas, ni la razón.

La realidad no acepta medias tintas. Su gobierno está a medio aire, su movimiento se desfonda. La honestidad no es ya distintiva de la 4T. Hubo un abusivo acarreo; amenazas, chantaje para multiplicar la participación.

Resulta inmoral que el actual secretario de Gobernación haya columbrado alguna vez reducir el número de días de aguinaldo de los trabajadores. “Tenemos el derecho como gobierno y lo vamos a hacer si no, no alcanza”.

O que el presidente de México diga que le hicieron llegar 956 millones de pesos para la campaña (2021). ¿Quién o quienes le aportan esas cantidades? ¿Por qué sus hermanos Pío y Jesús Martín son exonerados pese a recibir sobres de millones?

“Vamos a tener mayoría en el Congreso para imponernos por la fuerza; convencer, persuadir. Entonces, no creas que me preocupa mucho la saturación de hospitales, los muertos…” Se escucha decir a López Obrador en un audio filtrado.

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Ese es el tamaño de la soberbia con que gobiernan. La verdadera indiferencia con que abordan el dolor profundo de los mexicanos. De los que buscan a sus hijos desaparecidos, de las mujeres que sufren el acoso y las violaciones.

En Guerrero, se empeñó en colocar en el poder a la familia de un sujeto acusado de violación. Él, desoyó las protestas. Lo mismo ocurre con su candidata al gobierno del Estado de México, Delfina Gómez, que desvió tres años el salario de sus trabajadores.

No es posible creer en un nuevo régimen cuando amigos y primos de su hijo Andrés Manuel ocupan cargos importantes en el gobierno para controlar licitaciones, en un sexenio donde el 80% de los contratos se han otorgado de manera directa.

Es materialmente imposible ocultar todas estas desviaciones, como imposible ocultar las caravanas descomunales de camiones que llenaron las calles para la marcha. Las mantas y pancartas con consignas preestablecidas, al viejo estilo PRI.

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Estas conmigo o estas contra mí, no hay espacio para las medias tintas”. Ésa es la consigna ahora, porque la marcha del 13 de noviembre fue una movilización que realmente le preocupó, que agitó su conciencia.

Cientos de miles, millones, no están ya satisfechos con los resultados de su gobierno. Ese fue el verdadero motivo de su descomunal movilización.

 

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La nueva casta privilegiada de AMLO, los hijos de Morena

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Los hijos de políticos vinculados a Morena se encuentran en el gobierno de AMLO. Alberto Farfán destaca algunos casos

 

Por Alberto Farfán

El 7 de noviembre del año en curso el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en su conferencia matutina en Palacio Nacional acuñó la siguiente desafortunada frase, a todas luces absurda y cuestionable, aseveró que “el 90% de un buen servidor público es la honestidad. El otro 10% es que sea inteligente…” Palabras más, palabras menos, eso fue lo que dijo.

Y por supuesto que esta afirmación es un atentado contra toda lógica, ética y sentido común. Pero es más grave aún si consideramos por un momento a todas aquellas personas que, al margen de su coeficiente intelectual, por el sólo hecho de ser hijos o hijas de funcionarios, legisladores o gobernadores, cual innegable requisito, forman parte de la casta privilegiada que gobierna a millones de mexicanos en la actualidad bajo el régimen del Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Para saber más del autor: Karl Marx, de la poesía y el amor

En efecto, existen decenas de hijos de altos funcionarios del partido gobernante que relajadamente ostentan cargos bastante bien remunerados por únicamente haber tenido la suerte de ser vástagos de los artífices de la llamada cuarta transformación. Emulando, en cierto sentido, el nepotismo que en su momento ejercieran con toda desfachatez los partidos que ahora forman la oposición, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN). ¿Pues no que no son iguales?, me pregunto.

Por ejemplo, tenemos a Argel Gómez Concheiro, cuyo cargo que desempeña es el de director general de Grandes Festivales Comunitarios en el Gobierno de la Ciudad de México (lo que sea que signifique tan rimbombante puesto). Y es hijo ni más ni menos que del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Pablo Gómez Álvarez, personaje que tiene como cónyuge a Elvira Concheiro Bórquez, quien es la que dirige la Tesorería de la Federación. Prácticamente toda la familia viviendo del erario.

Alejandro Encinas Nájera, por su parte, es el titular de la Política Laboral y Relaciones Institucionales de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS). Y es hijo del subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas Rodríguez, el encargado del área de derechos humanos del gobierno federal.

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A su vez, tenemos a Luisa María Alcalde Luján y a su hermana Bertha Alcalde Luján, la primera es secretaria del Trabajo y la segunda es directora de Operación Sanitaria en la Cofepris, ambas altas servidoras públicas son hijas de Bertha Luján Uranga, quien es la presidenta del Consejo Político Nacional de Morena.

Pero también tenemos a Jorge Alcocer Varela, el flamante titular de la Secretaría de Salud. Su vástago Jorge Adrián Alcocer Castillejos, es director general de delitos financieros en la Secretaría de Hacienda; en tanto que su hija Natasha Viviana Alcocer Castillejos, se ostenta como médica especialista en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas.

Y de parte del saltimbanqui político y/o tránsfuga Porfirio Muñoz Ledo, interfecto que ya no sé en qué partido milita dados sus aspavientos y reuniones con la derecha opositora, debemos decir que tiene un retoño de nombre Porfirio Thierry Muñoz Ledo Chevannier, quien se desarrolla como cónsul en Toronto, Canadá.

Y un par de casos de gran envergadura en términos de responsabilidad política tienen que ver con la hija del senador por Morena Félix Salgado Macedonio, Evelyn Salgado Pineda, quien es gobernadora del estado de Guerrero, sustituyendo a su progenitor cuando éste al ser candidato al mismo cargo fue cuestionado con relación a temas de carácter de violencia sexual, y debido a ello Salgado Pineda fue impuesta por la cúpula de Morena y al final logró obtener la gubernatura en juego.

El otro cargo de gran relevancia guarda relación con Pablo Daniel Taddei, quien tomará las riendas de Litio de México como director, una de las empresas emblema del gobierno de AMLO porque será la encargada de la explotación de dicho mineral en el país. Pero este joven tiene a su favor más que sus estudios en Harvard el ser hijo de Jorge Luis Taddei Bringas, el superdelegado de Sonora de Morena, ya que carece de toda experiencia práctica real en el ámbito en que se va a desempeñar y aun así el presidente lo impondrá.

Y podría continuar con el listado, pero francamente no tiene fin. Pero sí puedo añadir: pobre país.

 

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