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Con voz propia

¿Chavismo sin Chávez?

“Chavismo, sin Chávez” ha sido una frase incómoda para Venezuela y los seguidores del líder, sin duda con más implicaciones de las que se piensa. Reflexión de Antonio Hermosa

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Chavismo Foto: noticias24.com

Antonio Hermosa Andújar*

Cuando se trata de tiranos, hasta la salud es un enigma, dado que se trata de una ocasión más de ganar tiempo ante terceros o ante las propias huestes en la preparación de la estrategia a desarrollar en el próximo futuro, o bien de enmascarar grietas en el hasta entonces frente único y unido. El estado de salud de mandatario venezolano Hugo Chávez ha disparado por ello la rumorología, pese a que nadie sabe realmente cómo está porque sus gregarios tienen órdenes de disparar balas de salva informativa para entretener al personal, órdenes que los posibles sucesores intentan aprovechar para salir beneficiarios de la transición, en tanto ambos arremeten contra la oposición, que para algo está. Y quizá la orden provenga de Cuba, dado que éstos se han apresurado a culpar a los Estados Unidos de estar en la base de la “campaña” de desinformación desatada contra el chavismo, tan incólume y seguro de sí mismo que a la mínima se desata.

Así pues, nada de extraño hay en que los boletines informativos emitidos por el gobierno de Venezuela indiquen la gravedad de la situación, al tiempo que la gallardía con la que la encara el presidente, pero sin especificar más y sin dar pruebas de lo que dicen, y por otro lado, mientras la oposición se queja de desinformación, haya quien afirme que Chávez está como quisiera ver a sus enemigos políticos, es decir, en fase terminal.

En el “entramado mediático internacional”, como también se le llama, generador de una “guerra psicológica” que aspira a “desestabilizar la República” y “acabar con la revolución” -¿qué haría esta gente si por un sólo día se quedaran sin palabras exentas de connotaciones militares?-, participa naturalmente el diario español ABC, para quien Chávez tiene “las funciones vitales asistidas”. Como la credibilidad de ABC es más o menos la de la iglesia, y como la credibilidad del gobierno venezolano es la de ABC, lo único sabio es preguntar directamente a los Castro cómo debe encontrarse su visceral correligionario a día de hoy. Claro que como los Castro tienen la credibilidad del gobierno venezolano se da por descontada la perpetuación del enigma, hasta que se solucione en el día fijado en el momento convenido: y, previsiblemente, después del día 10 de enero.

La ocasión de jugar nuevamente con la verdad la ha proporcionado el hecho de ser ése el día constitucionalmente establecido para que, en este caso, Chávez asumiera su cuarto mandato, luego de su holgada victoria en las generales del pasado 8 de octubre. A lo que se suma la cuestión de su sucesión en el trono del chavismo, al que llegan dos aspirantes con desigual legitimación endógena. Si Chávez no tomara posesión en tal fecha porque muere, el poder recaería en el actual presidente del Parlamento y delfín secundario de aquél, Diosdado Cabello, quien debería convocar elecciones generales en los treinta días siguientes: quedaría incurso en uno de los casos de “falta absoluta” tipificados por el art. 233 de la Constitución Bolivariana. Si, por el contrario, la suya fuere una mera “falta temporal”, el art. 234 de la misma norma básica establece que el actual Presidente electo sería suplido por su vicepresidente y delfín primario, Nicolás Maduro, durante un periodo que puede llegar hasta seis meses.

El hecho de que el chavismo se presente con dos candidatos ante su cita con el futuro demuestra que se presenta dividido; el hecho de que el jerarca máximo nombrara a su heredero en público antes de su último vuelo a Cuba, ratifica la división. Y cada artículo de la Constitución, como se ve, tiene su candidato propio: ironías de la historia que una norma escrita por su amo de su puño y letra al compás de sus objetivos revolucionarios sirva ahora de motor de arranque para dividir su herencia. Mas quizá convenga matizar el poder real de la norma básica, pues si bien hasta aquí el candidato del art. 234 vence por puntos al conmilitón del 233, en toda tiranía hay una voluntad superior a la regla y el chavismo no va a ser su excepción, dado que no lo ha sido hasta ahora. Esa voluntad, paradójicamente, aparece allí donde el candidato se revela como menos aspirante, esto es, al declarar que el actual Presidente en funciones lo seguirá siendo aunque no jure su cargo el día 10, esto es, al declarar el juramento una “formalidad”: una formalidad que puede cumplimentarse en cualquier momento durante el periodo señalado ante el Tribunal Supremo de Justicia.

Y, en efecto, la jura del cargo no es más que un “formalismo”, como lo llamó también, o sea, un formulismo que, llegado el caso, el poderoso sortearía como le viniese en gana, que ya precedentes sobran. La Constitución, después de todo, es una criatura suya, tan suya que su mayoría en la cámara y su dominio en los tribunales la convierten en una suerte de promesa hecha a sí mismo, un acto que no obliga porque se le hace decir en cada ocasión lo que aquél quiere; vamos, como la Biblia o El Corán, para entendernos. En realidad, no es sino un arma del poder contra la oposición. Eso es lo que en verdad trasparece tras la presunción de “flexibilidad dinámica” (sic) que se le atribuye. Así que, si vive, según el candidato del art. 234 el Sumo Sacerdote jurará cuando se tercie, ¡y cuidadito con oponerse, porque quienes lo intenten “se van a encontrar con el pueblo en la calle y se van a acordar del día en que nacieron”!, sentencia el candidato del art. 233 con ese tono seráfico que tanto aspira a imitar al de su patrón. En fin: formalismo de la norma constitucional, recurso populista al pueblo-pueblo, que misteriosamente coincide con sus votantes, y amenazas con la violencia a cuantos se opongan a la voluntad omnímoda que convierte en simple formulismo la norma constitucional: otra lección más de democracia chavista.

Debajo de esta normalización de la violencia en la escena política venezolana, con todo, no yace sólo el deseo personal de los futuros diádocos de adular al jefe con maneras simiescas a ver quién le hace más gracia, sino asimismo el miedo de los líderes del partido gobernante a su división por recibir una herencia demasiado grande para ellos. La deificación de Chávez convirtiéndolo en mito viviente -otro Alejandro más que un Bolívar- busca justamente apagar esa mecha, sin percibir que cuanto más grande hagan al tótem más pequeña será luego su figura en relación con él y menor el significado que cobrará para las tropas del chavismo. Sin el tirano, el movimiento que creó a fin de establecer su tiranía antes o después se esfumará con él, bien que en el ínterin surja una estela de rencillas personales y de enfrentamientos con la oposición que enconen aún más la vida política y lleven la paz social ante la guillotina.

Por ello, lo primero que deberían hacer dirigentes como Cabello es pedir perdón por haber afirmado categóricamente que “nunca pactarán con la oposición” para, acto seguido, sentarse a negociar con ella. Problemas como la pobreza, la desigualdad, la corrupción, etc., que actualmente agobian a Venezuela vienen de muy atrás todos ellos, y son crónicos en América Latina; Chávez los palió en parte mediante su política de vivienda y la ampliación patológica de empleo público con el que disimular la falta de trabajo ante la permanente crisis económica que vive el país, otro de sus méritos incontestables. Pero una inflación de funcionarios añadida a la alta inflación real (el 20%) sólo es pan para hoy, y únicamente para esos muchos que siempre son pocos en el conjunto de la población, y hambre para mañana; y la pobreza sigue teniendo un gran futuro en Venezuela al ser los pobres la principal cantera de donde el chavismo extrae el voto.

Por lo demás, en la balanza entre los problemas que ha creado el jeque venezolano y los que ha mejorado o resuelto pesan infinitamente más los primeros; si los dirigentes de su partido reconocieran la actual situación de desabastecimiento de algunos alimentos básicos, de empeoramiento de las infraestructuras, de criminalidad galopante, de crisis carcelaria, de inseguridad, de conflictividad laboral, la posible devaluación inminente, etc., por no hablar de su desprecio de la mitad del país –el no-pueblo de Venezuela– al ningunear a sus representantes, no tendrían mucho que pensar a la hora de analizar a qué ha abocado el gobierno de uno solo, por mucho dios que se crea o mucha reencarnación histórica que se sienta.

Por su parte, a la oposición le incumbe la delicadísima tarea de recomponer los puentes de diálogo que el gobierno sistemáticamente ha roto, pero sin dejar de hacer oposición, esto es, y por citar un ejemplo: denunciar ante el conjunto de la sociedad -los tribunales, en efecto, forman parte del partido en el gobierno, es decir, de la voluntad de Chávez-, que el juramento presidencial, como cualquier otro precepto constitucional, no es sólo un formalismo y que la violencia que le rodea no es sino el ejercicio de un poder arbitrario.

Si finalmente Chávez desaparece de la arena política, Venezuela estará ante una ocasión pintiparada de volver a retomar el diálogo que conduzca a una institucionalidad nueva, menos personalista y autoritaria, y de forjar en torno a ella la reconciliación de un país casi dividido por la mitad. Desaprovechar ese regalo del presente podría significar que más pronto que tarde Venezuela, víctima de una inestabilidad sin freno, quede fuera de la historia.

 

* El autor es escritor filósofo español.

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Con voz propia

Andrés Manuel López Obrador, analfabetismo en Comunicación y las nuevas autodefensas.

Ramses Ancira

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Diario de un Reportero

Ramsés Ancira

La definición clásica de Comunicación es un intercambio de mensajes entre un emisor y un receptor. Con una conferencia diaria de más de dos horas parecería que Andrés Manuel López Obrador sería un excelente comunicador, pero como sólo habla y no escucha, en realidad es el peor, al menos desde que este reportero tiene memoria; y no es una memoria corta, porque he cubierto ocasional o con cierta permanencia las administraciones desde José López Portillo hasta Enrique Peña Nieto, e incluso ésta.

Incluso cuando el PRI mataba periodistas, como sucedió con Manuel Buendía, (cien por ciento un crimen de Estado) yo tenía una estrategia que nunca me fallaba: cuando acreditación en mano el Estado Mayor Presidencial no me dejaba pasar a un evento, quizá porque me habían comisionado de último momento o no era el reportero de la fuente, yo me ponía a gritar “¡Están agrediendo a la prensa! Evitar escándalos era prioritario, así que como mí única arma visible era mi gafete de periodista, siempre acababan cediéndome el paso, con tal de que me callara.

La ocasión más reciente fue con Enrique Peña Nieto, en un evento en Los Pinos al que me pidieron acudir como corresponsal de Hispan TV. Si el lector me juzga un irrespetuoso de la autoridad o un abusivo del “cuarto poder”, está en todo su derecho, pero se lo cuento tal como ocurrió.

Estaba alzando la voz cuando llegó el entonces gobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros y me llamó a la tolerancia. Yo estaba tan enojado que no sé exactamente lo que le contesté, pero fue algo así como que a nadie le interesaba lo que dijera el presidente y que yo estaba ahí para cubrir una orden y no por gusto. Finalmente pasé.

En otras dos ocasiones, cuando Andrés Manuel López Obrador estaba en su segunda campaña presidencial me pidieron solicitarle una entrevista exclusiva. La primera vez en un evento en Coyoacán, su jefe de prensa, César Yáñez, al que conocía desde que López Obrador era jefe de gobierno de la Ciudad de México, me invitó a acercarme personalmente a pedírsela.

Como el entonces candidato estaba sentado en primera fila en un evento de proselitismo, cuando me le acerqué de frente para hablar con él, noté que tapaba la visión de las personas que se encontraban en las sillas de atrás, así que me puse en cuclillas. De inmediato López Obrador me extendió el brazo para ayudarme a levantar y pidió que me cedieran una silla junto a él. “Póngase de acuerdo con César” me dijo amable, pero pasaron meses sin que recibiera respuesta.

Finalmente, un día me llamó César Yáñez para decirme que había una oportunidad durante una gira por Puebla y Veracruz. Lo perseguí todo el día en carreteras y mítines, pero siempre se retrasaba en sus actos de campaña y salía corriendo al siguiente. Esa noche mi equipo de producción y yo pernoctamos en el puerto y seguimos yendo a enormes mítines sin poder hablar con él. Finalmente, mi asistente, jugándose la vida al volante condujo al aeropuerto de Veracruz.

Mi camarógrafo y yo lo sorprendimos al bajar de su auto en carril de descenso y mientras salía su avión, él y su entonces compañero Dante Delgado me concedieron la anhelada exclusiva.

¡Ah, pero ése era otro López Obrador y no el más presidencialista de los presidentes que ha tenido México en el último medio siglo!

Todos estos antecedentes vienen a cuento porque el empresario y activista de Quintana Roo Carlos Mimenza Novelo dijo en una conferencia de prensa celebrada el 28 de octubre,  (ignorada por casi todos los grandes medios de información)  que está cansado de mandarle a Jesús Ramírez Cuevas, vocero de López Obrador, información sobre los asesinatos y desapariciones que ocurren a diario en su estado, detrás de los cuáles se encuentra la policía, misma que fue integrada con  el cártel morelense de Los Rojos y  ataviada con uniformes, por lo que ahora pueden secuestrar, violar y matar, con placas y toletes que les proporciona el mismo gobierno estatal.

El actual gobernador de Quintana Roo, Carlos Manuel Joaquín González, medio hermano del ex secretario de Energía, de Enrique Peña Nieto, y ex presidente del PRI, Pedro Joaquín Cadwell.

Mimenza Novelo dice que Joaquín González es “asesino, extorsionador e invasor de terrenos, involucrado con el narco”, y las pruebas fueron entregadas tanto a Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad Pública (actualmente en fuga para convertirse en candidato a la gubernatura de Sonora) como a Jesús Ramírez Cuevas, vocero del presidente Andrés Manuel López Obrador, por lo que es imposible que el presidente las ignore.

El empresario es también activista por los derechos humanos, sostiene una fundación para la atención de niñas violadas y sujetas al comercio sexual, situación en la que, según Mimenza, Quintana Roo ocupa el primer lugar nacional.

Entre muchas acusaciones, asegura que una persona de Tulum, llamada Héctor Valdez fue amenazado de muerte por el gobernador, y luego golpeado policía enfrente del director de Seguridad Pública de Quintana Roo, Alberto Capella.

En ese estado todos los días se padecen extorsiones, secuestros y desapariciones forzadas, pero no se habla de esto porque los medios “están siendo callados a punta de billetazos”, dijo Mimenza, quien agregó que el 95 por ciento de los informativos locales están al servicio del gobernador” y los medios nacionales tampoco atienden el problema.

El cobro de piso a los empresarios y los pequeños comerciantes, dice el empresario y activista, es realizado en su mayoría por gente de Seguridad Pública de Quintana Roo.

Capella, agrega el denunciante, llegó al estado precedido de acusaciones de corrupción en Tijuana y Morelos. El propio gobernador de este estado, Cuauhtémoc Blanco, le advirtió a Carlos Manuel Joaquín los riesgos de darle ese puesto. Sus advertencias fueron desoídas.

Como consecuencia Capella importó de Morelos a integrantes de la organización delictiva “Los Rojos”, involucrada en la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, y los vistió de policías que se dedican al secuestro, entre otros del comisario ejidal de Playa del Carmen por quien pidieron un cuantioso rescate.

Según el denunciante, también ha llegado a Quintana Roo, desde la Ciudad de México, la banda criminal llamada Unión Tepito. Además, acusó al gobernador de tener como secretario particular a Óscar Montes de Oca, quien antes fue Secretario de Turismo y despojó de sus tierras a varias personas en Tulum, acusándolos falsamente de distintos delitos, que los mantienen en la cárcel.

Tulum, será una de las estaciones más representativas del Tren Maya, por lo que algunos de los principales beneficiarios serán los que inventaron falsos culpables, para apoderarse de sus tierras.

Toda esta información le ha sido proporcionada a López Obrador, sin que se haya actuado al respecto durante más de dos años. De manera que hace dos semanas decidieron formar un grupo de autodefensas en Tulum, que ya tuvo su primer éxito, la captura de un falso guardia nacional que se dedicaba al cobro de piso.

Si el presidente López Obrador no hace nada para detener los delitos atribuidos al gobernador y a su secretario de Seguridad Pública, varios empresarios, que ya antes habían apoyado al doctor José Manuel Mireles en Michoacán, están dispuestos a financiar autodefensas en los once municipios de Quintana Roo.

Así que además de los gobernadores del PRD, PAN, Movimiento Ciudadano y el independiente de Nuevo León, quienes integran la alianza federalista, mayoritariamente en el Norte del país, el presidente tendrá que sumar la inconformidad de empresarios organizados en el sureste, indignados por las mujeres violadas y las personas despojadas de sus tierras, que además de tener que pagar para que les reciban denuncias en el Ministerio Público, no tienen seguimiento de sus demandas.

¿Se acordará el presidente López Obrador que, en 1847, Zacatecas, ¿uno de los estados con más recursos económicos y militares se negó a participar en la defensa de la Nación durante la invasión de Estados Unidos?

Hoy el gobernador de Durango dice que: “El diálogo deberá ser el único instrumento que nos ayude a resolver puntos de vista distintos. Coincidimos en que a México y a nuestra entidad les vaya mejor. Confiamos en la sensibilidad del presidente”.

El problema es que para dialogar se necesitan al menos dos; pero como el nuevo personaje de López Obrador solo sabe hablar, y no escuchar, porque, según él, solo se trata de maniobras electoreras, los ciudadanos tenemos que rezar para que “sus datos” sean ciertos y   la 4a transformación no consista en una nueva fragmentación, como empezó sucediéndonos  con Texas, antes de perder dos millones de kilómetros cuadrados que hoy ocupan California, Nevada, Utah y Nuevo México.

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Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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