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Con voz propia

Cártel del Noreste estrena plaza en Colima

El cártel de Noreste, Los Zetas, con presencia en el estado de Colima, en medio de una política de desarme y despido de policías estatales y municipales

Tomas Borges

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Tomás Borges

“El poder arbitrario constituye una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo, o la vanidad para la mujer”.

Jonathan Swift

La designación del nuevo secretario de Seguridad Pública del Estado, el coronel retirado de Infantería Enrique Alberto Sanmiguel Sánchez (nombrado el pasado 3 de julio tras el estrepitoso fracaso del partido en el poder) en Colima, pone en manifiesto cómo algunos gobernadores siguen utilizando su gestión, cual virreyes sin que les importe el bienestar y la seguridad de sus gobernados.

Lo anterior en virtud de que el gobernador José Ignacio Peralta Sánchez (mejor conocido como Nachito por los colimenses), al designar al actual secretario está poniendo en riesgo la seguridad del estado, ya que de una manera consciente (en política no hay casualidades) está permitiendo la entrada del Cártel del Noreste/ZETAS.

¿Por qué tal afirmación? Debido a que el recién designado secretario de Seguridad Pública Sanmiguel Sánchez puso como su operador, al sargento Florencio Santos Hernández, director Operativo de la Policía Estatal Acreditada (PEP), quien de una manera más que prepotente, se dedicó a desarmar al personal de la corporación cuando sale franco, a pesar de haber razones más que obvias, para que el personal uniformado se lleve su arma de cargo consigo para su protección, debido a que son amenazados por los delincuentes que operan en la entidad y han asesinado a mansalva a cuanto elemento puedan eliminar.

Este sujeto, quien piensa que los policías son corruptos y quien paradójicamente es quien está permitiendo el acceso del CDN/ZETAS al estado, está replicando su fallida estrategia de Guadalupe, Nuevo León, donde utilizando el pretexto de la pérdida de confianza y de que todos están coludidos con el crimen organizado, hizo que renunciaran o se separaran de su cargo a 56 elementos en el 2011.

Elementos entrevistados, solicitaron a este medio que el gobernador los voltee a ver y que “le ponga un alto a éste sujeto”, quien de entrada ya se dedicó a desarmar al personal y a pedirles “números”, sin importarle que se moleste a la población, la cual se siente sitiada con la presencia de elementos de la Gendarmería, quienes realizan operativos bajo el nombre clave “lluvia de estrellas”.

Aunado a lo anterior, también la Marina hace operativos mixtos con la municipal y la Estatal, lo que ha ocasionado que los visitantes que arriban al estado y al Puerto de Manzanillo, se sientan en estado de sitio y más los fines de semana, cuando se revisa a la gente que departe en el Boulevard Miguel Alemán (la costera manzanillense), sin que se hagan operativos en las colonias problemáticas como Santiago, Chandiablo, Barrio 5 y El Jabalí, donde están los picaderos de ICE o cristal.

Tal pareciese, que lo único que buscan las fuerzas del orden es justificar su presencia ante los turistas, ya que van en caravana todas unidades de los tres niveles de gobierno como si de un desfile y no un operativo se tratara.

No en vano, un ciudadano del Barrio de Santiago llegó a comentar que “antes los delincuentes eran los que se tapaban el rostro, hoy lo hacen los federales” en alusión de los elementos de las Fuerzas federales, quienes patrullan con personal embozado, incluso en el día y con temperaturas superiores a los 38 grados centígrados a la sombra, sin contar la humedad del puerto, que hace que portar un uniforme sea una odisea, por no decir tortura.

Florencio Santos Hernández fue nombrado director de la Policía Municipal en Guadalupe, Nuevo León, junto con Sanmiguel Sánchez, quien recibió el puesto de secretario de seguridad, en abril del 2011 por Ivonne Álvarez García alcaldesa en ese entonces. Al respecto, en aquella ocasión los egresados de la SEDENA se comprometieron a trabajar “día y noche hasta lograr que la tranquilidad vuelva a la población”.

Tras un atentado perpetrado por un comando armado en contra de Florencio Santos, en mayo de ese año, fue nombrado director del C4 tras una depuración de elementos policiacos, llegando a la suma de 56 bajo el socorrido pretexto de la perdida de la confianza, cuestión que busca replicar actualmente en Colima al decir que “para él todos los policías son corruptos”.

Prueba de que la militarización no ha dado resultados (debido en parte a la corrupción y a la ineficiencia de la actual estrategia de seguridad), es que lo único que ha hecho desde que los militares salieron de sus cuarteles con Felipe Calderón, es abatir unos cárteles en beneficio de otros, por lo que algunos especialistas hablan de cárteles del sexenio, o transexenales, como ocurrió con El Chapo Guzmán, quien tras su fuga de Puente Grande, en Jalisco en el 2001, comenzaron a caer como bolos de boliche todos sus contrincantes.

En el caso de Colima, el nuevo secretario está poniendo la seguridad pública en riesgo, debido a que, según una fuente consultada por el autor, “Él ya tiene arreglos con el Cártel del Noreste (CDN), ya que pactó con Alejandro Vázquez Araujo (a) Comandante GAFE (preso desde septiembre del 2017 en el Penal de Topo Chico) quien era el encargado de las operaciones en Nuevo León y Tamaulipas.

Según lo vertido a este medio, Sanmiguel tiene como enlace con el CDN al sargento Florencio Santos, quien fue conocido de Miguel Ángel Treviño Morales (a) Z40 (capturado en el 2013), por lo que tiene compromisos con lo que queda de dicho grupo criminal, quienes movieron sus influencias para que Sanmiguel y Santos fueran recomendados para los puestos en Colima, tras la vacante dejada por el anterior secretario Hugo Vázquez Colorado, quien renunció a su cargo el 18 de junio argumentando problemas de salud, cuando en realidad salió por haber hecho mal uso de los recursos asignados y no dar resultados.

“Tal parece que Colima es un estado donde no hay un plan integral de seguridad y cada vez que llega un titular, inicia un borrón y cuenta nueva en perjuicio de los colimenses y de los miles de visitantes que vacacionan en sus playas y ciudades, como Cómala, el pueblo mágico y el puerto de Manzanillo, el cual desafortunadamente está a merced del crimen organizado”, dice el entrevistado.

Como muestra tenemos que el actual secretario quien, como todos, juró “ir al fondo y con todo en materia de seguridad”, ha dado la orden a sus policías (mal equipados y pagados, sin prestaciones de ley como INFONAVIT) para que pongan a disposición a 5 personas diario como mínimo, sin importar el motivo o la gravedad.

Lo anterior, ha traído como consecuencia que los uniformados sólo estén poniendo a disposición del Centro Preventivo a drogadictos y vagabundos sin una estrategia clara para erradicar el narcotráfico, ya que como se mencionó en mi anterior entrega, el nuevo titular tiene al parecer compromisos con el CDN.

No conforme con lo anterior, el sargento Florencio Hernández está hostigando al personal al grado de que acuarteló como viles soldados a más de 300 policías quienes, tras laborar más de 20 horas, fueron encerrados sin explicación alguna en el destacamento de Colima el pasado 29 de julio, quedando en el destacamento encerrados sábado y domingo sin alimento alguno, tal como informó El Diario de Colima sólo por el capricho del nuevo director, quien ha manifestado “no confiar en ningún uniformado”.

Derivado de lo anterior, ha ocasionado que algunos uniformados hagan tropelías con tal de satisfacer las órdenes del mando en turno, como sucedió el pasado 27 de julio, cuando Efrén Narrín Casillas de Guadalajara (se anexa foto), al negarse a una revisión fue golpeado por el Policía Cristian Otoniel Padilla Montes adscrito a Colima (y escolta del Director General), quien tras vejar al ciudadano, lo pusieron a disposición del juez cívico en el centro preventivo por “ultrajes a la autoridad”, cuando lo único que reclamó fue el porqué de la revisión.

Lo anterior orilló al reclamo de sus familiares y amigos quienes dijeron a este medio, que “en lugar de estar deteniendo a ciudadanos, deberían estar agarrando a narcos”, lo que pone en evidencia que un militar está ordenando arbitrariedades y violentando los derechos humanos.

Efrén Narrín Casillas, golpeado por la PEP

“Un soldado no debe de estar de titular de una policía ciudadana, ya que el país no es un cuartel y a los militares les cuesta mucho entender que un civil no es un enemigo, que hay derechos que se deben proteger y velar” comenta Oscar “N”, policía tercero desde hace 4 años y quien pide que se deje de experimentar con la institución y su personal.

Al respecto, Colima News en su página de Facebook, reportó la inconformidad de los uniformados, quienes se sienten abandonados por el actual gobernador al poner como responsables de la seguridad de los ciudadanos a gente ajena a la problemática de los colimenses. Gente proveniente de otras latitudes, con otra idiosincrasia, de tal manera que ya desapareció a la Policía de Investigación (a quienes uniformó) e incluso desarmó al personal de los municipios de Tecomán y Manzanillo considerados como los municipios con mayor incidencia delictiva.

Los elementos al comentarle al director sobre el riesgo que tienen de no portar un arma para su defensa cuando salen de descanso (pese estar activos y haber acreditado los exámenes de la Licencia Oficial Colectiva (LOC) ante la SEDENA), de una manera burlona les dice “El que nada debe, nada teme”, sin que éste sujeto prescinda de sus seis escoltas quienes no lo dejan de custodiar.

Asimismo, algunos policías que llevan más de 20 años de servicio y por cuestiones de salud y humanitarias, fueron colocados en servicios fijos, para que sigan siendo útiles en lo que esperan su jubilación, de buenas a primeras fueron amenazados con la baja, por no estar en condiciones “optimas” de laborar.

En espera de que el gobernador ponga los ojos en su policía y vea las condiciones laborales con las que trabajan sus policías estatales quienes, pese a no tener los elementos necesarios, realizan un trabajo digno, por lo que hartos de que se tengan que traer gentes de otros lados, se les dé la oportunidad a sus elementos, egresados de la academia para que sean mandos y no sean elementos de gente ajena y prepotente, que sólo viene a lucrar con la seguridad.

Como dijo Peter Drucker a propósito de los incompetentes; “Se puede decir que no hay países subdesarrollados sino mal gestionados”, a lo que yo agregaría, “no hay malos policías, sino malos mandos”.

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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