Connect with us

Arteleaks

Bocafloja: El hip hop como resistencia contra el poder

Bocafloja ha destacado el hip hop entre las resistencias artísticas contra el poder. Desde Nueva York, cuenta sobre esta lucha.

Avatar

Published

on

Foto: Bocafloja Quilombo Oficial/FB

Entrevista a Bocafloja, rapero mexicano, uno de los artistas del hip hop más influyentes en Latinoamérica

Por Alberto Buitre

Bocafloja es el seudónimo de Aldo Villegas, rapero del Distrito Federal. Su trayectoria está marcada por líricas que reivindican acciones políticas y culturales contestarias. Desde el lanzamiento de su primer EP (“Lengua Insurrecta” 2002) hasta hoy (“Patologías del invisible incómodo” 2012), cada canción ofrece un mensaje crítico a lo que él llama “estructura de poder” en detrimento de los grupos más marginados de la sociedad: los pueblos indios, las comunidades afro descendientes, las juventudes.

Desde la ciudad de Nueva York, conversa vía Skype y ofrece su propio análisis sobre la crisis política y social en México, sus posibles salidas, el papel de los medios de comunicación y cómo la música se involucra en todo ello. Y sin más, sentencia que, para que las cosas cambien en el país, hubiera sido importante que Enrique Peña Nieto no llegara a la presidencia mexicana.

Alberto Buitre: ¿Qué te preocupa de México?

Bocafloja: De manera inmediata me preocupa el regreso de la dictadura. El regreso de ese gobierno exageradamente intolerante, exageradamente conservador, que por años y años ha abusado del pueblo, en general. El regreso de este sistema ene l cual, la posibilidad de diálogo se remite a un acto mínimo de esperanza. Me preocupa muchísimo el hecho de que en México hay una guerra, y esa guerra está permeando a gente que no voluntariamente accedió a participar a ese sistema de exterminio. Básicamente se vive un terrorismo sistémico por que el Gobierno, el Estado, está completamente involucrado en este proceso. Entonces, es complicado lo que pasa en México. Y una de las razones del éxodo de mucha gente, es la necesidad de entender México de una manera en la que constantemente entra en conflicto toda la manipulación histórica que por años y años ha fomentado ese nacionalismo exacerbado de defensa del opresor cuando, en realidad, este sistema y este Estado nunca ha velado por la mayoría de las personas que han sido ciudadanizadas bajo este esquema de la mexicanidad. Es complejo lo que está sucediendo en México y, evidentemente, me preocupa.

AB: Desde tu punto de vista ¿Cuál crees que sea la salida a esta crisis en el nuevo contexto del regreso del PRI a la presidencia del país?

BF: Nadie hasta este momento conoce una fórmula precisa que va a descifrar la trayectoria más positiva para la mayoría de la gente. Creo que son muchos elementos que se tienen que conjugar y, de alguna manera, hay muchas luchas, muchos movimientos que tienen que formar parte de este engranaje de transformación social e identitaria, incluso. Hay decisiones que son estratégicas, que no necesariamente tienen qué ver con una convicción ideológica, pero que tienen que formarse para poder seguir presionando a las estructuras de poder.

De entrada, hubiera sido muy importante que el Presidente electo no fuera Peña Nieto. Debíamos tener aunque sea la posibilidad de un diálogo con otro sistema de poder que al menos fuera un poco más flexible. Bueno, muchos elementos que tendrían que combinarse. Pero, básicamente es el seguir generando un pensamiento crítico en los jóvenes. Eso es fundamental para que la carga siga ejerciendo presión.

En concierto en la Ciudad de México en 2010 Foto: Bocafloja/FB

AB: ¿Tú crees que la salida a la crisis en México sigue estando en lo electoral y ves otras vías de organización?

BF: Yo siempre apuesto por la utilización de más vías. De entender el proceso democrático, entre comillas, como un ejercicio que no necesariamente se tiene que ver reflejado a través del voto, o de los procesos electoral o bi, tri-partidarios. También creo que hay que tomar decisiones estratégicas en momentos históricos donde, probablemente, las condiciones no estén dadas para formar una posibilidad de toma real de poder. Creo que, en el caso particular de esta elección, para poder abrir la posibilidad de dialogar con un sistema de poder, era necesario que estuviera un tipo como López Obrador; aunque, de alguna manera, ideológicamente pueda tener muchas diferencias en fondo y forma, definitivamente era importante tener a él como una manera de tener ese posible diálogo y seguir presionando. Evidentemente teniendo a un tipo como Enrique Peña Nieto, automáticamente, por todo lo que él y su partido representan, hay puertas que están cerradas de entrada sin tener la mínima posibilidad de diálogo; hay cosas que se cortan de facto. Eso es una cosa complicada y muy grave. Entonces, definitivamente apuesto en las decisiones que a veces van por la estrategia. Es una especie de juego de dominó en el que hay saber jugar las piezas de la manera más inteligente posible.

AB: ¿Cómo crees que ayude la música y el arte en general, para la construcción de otro país?

BF: La música y el arte en general es una actividad y una manifestación complementaria a todos los otros procesos de lucha. Por sí sola la música, si no se conecta con otros procesos u otros movimientos, probablemente no va a tener el mismo poder de impacto. De la misma manera, todos estos movimientos requieren ir acompañados de la comunidad artística socialmente responsable porque, definitivamente, nosotros fungimos como un agente de conexión de esas luchas con las masas. Aprovechamos nuestra influencia, nuestra imagen y nuestra capacidad de conectar con la gente a través de un lenguaje más afable, ya sea por la cuestión música, lírica o discursiva. Yo entiendo el arte como una cuestión complementaria de cualquier proceso. Entonces es más que útil; es necesario y es urgente asumir esta responsabilidad.

AB: ¿Tú crees en la revolución, o en qué clase de revolución?

BF: Es un tema complejo. Uno de los temas a tratar en México es que existe en proceso de colonialismo interno y manipulación histórica muy profundo que, de alguna manera, ha trastocado la identidad de lo que significa ser mexicano. Empezando desde ahí, creo que es un proceso fundamental y completamente urgente. El problema radica en que la misma izquierda de este país no está cómoda hablando sobre temas de raza; está cómoda siempre hablando sobre cuestiones de la lucha de clases, pero nunca se atreve a cuestionar la problemática de raza en este país, las problemáticas identitarias, la defensa o no defensa del aparato nacional y del Estado. Esa es una cuestión con la cual yo tengo un problema serio. Al menos en mi caso, es fundamental hacer trabajo en ese sentido. Porque en muchos de los casos, el problema de la raza, el problema de la identidad es el generador de muchos de los problemas sociales, al darnos cuenta de una izquierda que, en algunos casos, representa los beneficios los criollos. Por eso yo empezaría por deconstruir esta identidad nacional.

AB: ¿Hacia dónde apunta tu idea de identidad nacional?

BF: Apunta hacia la manipulación histórica en la cual los pueblos indios, las comunidades afro, y a la gente menos favorecida de este país que históricamente ha sido la gente con el color de piel más obscuro. La marginalización tiene que ver con el aspecto racial en este país. La creación de este concepto del mestizaje fue una estrategia que, de alguna manera, pretendió y logró sin duda alguna, eximir a México de este sistema de manifestación del racismo, al decir que todo mundo en México es un pueblo mestizo y que al ser mestizo no existía diferencia en cuanto al color de piel porque todos éramos un poquito de todo.

Aunque esto no refleja lo que verdaderamente pasa a nivel social, cultural, la capacidad de acceso a ciertos espacios. Los procesos de marginalización son muy poderosos y, evidentemente, las familias más beneficiadas y que tienen verdaderamente el poder son una cuantas y conocemos cual es su origen, su origen étnico, tal cual. Creo que hace falta atreverse un poco a cambiar y deconstruir esa estructura que ha sido manipulada por años, de la cual la izquierda ha mantenido una postura al margen, porque ellos mismos se ven beneficiados.

AB: ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en las problemáticas que aquí tocas?

BF: Los medios de comunicación están defendiendo deliberadamente las estructuras de poder. Algunos defienden alguna en particular, algunos defienden otra. Pero es muy claro que, como toda gran estructura de poder, las personas en esas posiciones de poder, en cualquiera de esos aparatos, son la misma población privilegiada. Es todo un gran consorcio de que defienden los mismos intereses.

AB: ¿Crees en la democratización de los medios o lo ves de forma distinta?

BF: Yo creo en que gente como tú o gente como yo debemos estar en la posibilidad de acceder a ciertas posiciones de control sobre las disciplinas que nosotros tengamos. Esto en sí habla de un ejercicio democratizador en el cual la estructura de poder se reparta de manera más congruente con los intereses de la mayoría de la población. Pero el poder no regala sus espacios, entonces nosotros tenemos que buscar la manera de encontrar otro tipo de espacios para transmitir información; háblese de cualquier tipo de información, ya sea yo como rapero o poeta o tú como periodista. A mi me interesaría tener acceso a ese tipo de espacios para poder tener un poder de impacto y de influencia mayor, pero sabemos bien cómo funciona el poder y eso lo tenemos que, o arrebatarlo, o crear nuevas plataformas de exposición. Porque definitivamente ellos no van a despertar un día y nos van a tocar la puerta y decir ‘Sí, ven, quiero que tú manejes Radio IMER o o dirijas el diario tal cual’; entonces, así es la jugada.

AB: ¿Ves en la independencia una alternativa ante la cerrazón de los grandes medios?

BF: Sí. Apuesto a la autogestión. Y de alguna manera hay que reconocer que hemos sido orillados hacia esa ruta porque al no recibir ningún tipo de apoyo de estructuras privadas o publicas, estatales o independientes, nos hemos visto en la necesidad de buscar nuestras propias redes de autogestión para poder seguir produciendo, para poder expresarnos artísticamente. Y tiene muchas ventajas. Es un juego que al final del día otorga muchas más satisfacciones. Definitivamente no es fácil, porque estamos jugando a esta estrategia de la autogestión y la independencia bajo una estructura que está dominada por los medios masivos, entonces dealguna manera siempre tenemos que estar luchando en contracorriente para poder acceder a esos espacios, para poder acceder a sus redes de divulgación, acceder a sus espacios para sus salas de conciertos. Es complicado, pero al final del día es una lucha más genuina, más auténtica, más satisfactoria. Ya sin mencionar que un discurso como el que nosotros manejamos no es confortable ni adecuado para sus estructuras de poder y, obviamente, pocas veces vamos a ser invitados, firmados o contratados para sus espacios, justamente por lo que representamos.

AB:  ¿La autogestión es una plataforma viable en México, en cuanto a la cultura y el arte?

BF: Es una estrategia un tanto de emergencia. O sea, si no hay ninguna otra posibilidad de crear, las únicas dos opciones que te dan son: no crear, no hacer nada, mimetizarte al proceso de ciudadanización y buscar ganarte la vida de algo que no quieres hacer; o, buscar la manera de hacerlo tú mismo, organizarte, involucrarte con la comunidad y auto gestionar tu proyecto a cualquier escala, y asea grabando tu música de la manera más rudimentaria posible o hacer una producción musical de un nivel excelente de una forma independiente. Es una cuestión de necesidad y de emergencia. Hay que hacerlo porque no hay otra manera. Si yo me hubiera quedado sentado esperando a que alguien hubiera venido a hacerme un disco, ahora mismo sencillamente no existiría y no estaríamos hablando tu y yo.

Festival de las resistencias Ciudad de México 2010 Foto: Bocafloja/FB

Hip hop, soundtrack de procesos de resistencia

Las letras de Bocafloja se conectan con movimientos underground en México, especialmente en el Distrito Federal. Así la cultura hip hop y el rap, desde su surgimiento de entre los guettos afro descendientes y latinos de Nueva York, hasta los actuales apartados submundos de Asia y Europa, se han convertido en una de las diversas manifestaciones de la protesta política, y reivindicación cultural, étnica o geográfica.

Las líricas de Aldo Villegas lo mismo ensalzan las raíces negras del revolucionario morelense, Emiliano Zapata o las del presidente venezolano Hugo Chávez, que hacen frente a los abusos y mentiras de los medios de comunicación. De tal manera, su audiencia tiene en cada una de sus canciones, un acompañante a su rebeldía. Así lo corean en los lugares donde este rapero se presenta, ya en Cuba, Nueva York o Tijuana.

“Pienso que toda la experiencia del hip hop como cultura, manifestación artística, tiene que ver con todo este proceso de resistencia creativa a nivel histórico. El rap, el hip hop, es el soundtrack de muchos de estos procesos sociales. Es una música que está ligada a muchas experiencias de marginalización, a muchas experiencias ligadas a la cuestión identitaria de la gente oprimida y de color del mundo. De alguna manera, es una relación directa que es innegable. Ahora bien, eso implica una responsabilidad de los actores de esta representación los cuales somos nosotros que, de alguna manera, necesitamos asumir este rol. Y asumirlo con la mayor coherencia posible, en el sentido de saber de lo que estamos hablando y que no son palabras al viento. Hay que asumir un entendimiento bien claro del rol que estamos jugando”.

AB: Y sin embargo, por otro lado, el hip hop también es generador, mediante algunas sus letras y artistas, de misoginia, violencia y de violencia racial, inclusive ¿Cómo es que existe esta ambivalencia entre, por un lado, el hip hop algo tan profundo y por otro, el hip hop como algo que va en contra de valores que artistas como tú ponen el frente?

BF: El capitalismo juega constantemente a hacer ejercicios de cooptación. O sea, cualquier actividad, manifestación artística o expresión cultural que el sistema comienza a detectar como un agente causante de cualquier tipo de transgresión, inmediatamente el sistema desarrolla estructuras o estrategias para cooptarlo, transformarlo y después regresarlo a la comunidad con un mensaje coherente a los intereses del sistema. El hip hop no se ha quedad fuera de este sistema de cooptación. Lo hemos visto con casi cualquier manifestación cultural, lo hemos visto con el rock, con el arte, con la literatura.

El hecho que exista esta ambivalencia con respecto al hip hop, de alguna forma es muy notoria y mucho más satanizada por ciertos medios que por la gente que expresa hip hop. Que volvemos a lo mismo, e este carácter donde la marginalidad es inevitable. Al mismo tiempo, muy poca gente se incomoda o deconstruye la idea de que mucha de la música tradicional mexicana resulta profundamente más misógina que la canción más misógina de hip hop que puedas imaginar. Entonces, ahí viene también esta ambivalencia en el sentido crítico al análisis de la cultura como tal, donde siempre el hip hop va a jugar un papel marginal hasta en ese mismo proceso de criticarlo.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

Published

on

Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

Continue Reading

Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

Published

on

                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

Continue Reading

Arteleaks

Ricardo Raphael plagia título del libro sobre la vida de Luka Modric, El hijo de la guerra

El título del nuevo libro de Ricardo Raphael plagiado de los autores españoles José Manuel Puertas y Vicente Azpitarte.

Avatar

Published

on

Por Guadalupe Lizárraga

Ricardo Raphael plagia el título “Hijo de la guerra” para su nuevo libro, bajo el sello editorial Seix Barral, a los autores españoles José Manuel Puertas y Vicente Azpitarte, quienes publicaron originalmente en febrero de 2016, el título Luka Modric: El hijo de la guerra, bajo el sello Espasa Calpe, en España.

La publicación de Raphael, de acuerdo con su descripción en la prensa mexicana, es una serie de conversaciones con un presunto confundador del cártel de los Zetas. Mientras que El hijo de la guerra, de Puertas y Azpitarte, trata sobre la difícil vida como refugiado del futbolista del Real Madrid, de origen croata Luka Modric, quien sufrió los embates de la guerra de los Balcanes, y llegó a ser uno de los jugadores más reconocidos del mundo.

El periodista y escritor José Manuel Puertas al darse cuenta de la situación dijo que hablaría con su editorial para saber cómo actuar, porque era la primera vez que le sucedía.

Por otra parte, el abogado mexicano, especialista en derechos de autor, Jorge León, señaló que jurídicamente no existe el plagio, sino “el uso no autorizado de un contenido literario”, y que los derechos de autor protegen al contenido de la obra y no a los títulos.

Sin embargo, el especialista también apuntó que si hubiera similitudes del Hijo de la guerra, de Raphael, con El hijo de la guerra, de Puertas y Azpitarte, podría haber un conflicto autoral, aunque se trate de contextos y personajes distintos. También enfatizó que la situación propiciada en este caso resultaba interesante porque tenía varias vertientes, y una de ellas es que el autor mexicano podría beneficiarse del éxito de la obra de los españoles, más si se trata de un libro reconocido a nivel global.

Un caso similar se dio en España con el caso de la escritora Lucía Etxebarria, quien en su novela Ya no sufro por amor (2005) copió fragmentos del texto “Dependencia emocional y violencia doméstica”, del psicólogo Jorge Casteló. Cuando se le demostró el plagio a la escritora reconoció que parte del éxito de su libro se debía a las acusaciones de plagio.

El escritor mexicano Abelardo Gómez Sánchez, autor de varios libros de cuentos, crónica, ensayo y novela, e instructor de Literatura, opinó que “tiene que ver mucho la intencionalidad del autor que plagia, porque podría ser por ignorancia, pero si lo sabes y lo haces, es una chingadera”. Gómez Sánchez dio el ejemplo de su libro Mala mujer no tiene corazón. “Es el nombre de una canción de Matancera, y alude a Bienvenido Granda, Celia Cruz, Daniel Santos… a muchos de ellos, e incluso el personaje principal es un cantante y a través de éste hago un homenaje a la Matancera; estoy usando esa frase de la canción pero para hacer una apología de la Matancera”.  

El abogado Jorge León, por su parte, insistió en que “al final, si el contenido es similar o partes de la redacción del libro Hijo de la guerra, del autor mexicano al de El hijo de la guerra, de los autores españoles, ahí sí, sería un tema de piratería o estaría copiando el contenido de la obra original, o sería una obra derivada de ésta, si tuviera la autorización de los españoles”.

Es la segunda ocasión en que Ricardo Raphael es exhibido de usar contenidos no autorizados de otros autores, y enfrenta una denuncia formal ante la Fiscalía General de la República en México, por adjudicarse la investigación El falso caso Wallace, de la periodista Guadalupe Lizárraga, quien desde 2014, ha publicado más de cien reportajes, videos y un libro. Ricardo Raphael la entrevistó en su programa de televisión, en Canal 11, el 12 de diciembre de 2018, y a partir del 24 abril de 2019, el conductor se ha presentado a los medios como el “investigador” del caso, con un reportaje publicado en la revista Proceso, conteniendo datos e información que Lizárraga había publicado en su libro en 2018, y en el portal de noticias Los Ángeles Press.

Continue Reading

Trending